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14 abril 2019

Diez años en Twitter

Diez años en Twitter, casi nada. Es momento de pensar en lo que me ha aportado esta red social, en lo que fue y en lo que se ha convertido para mí. Seis meses después de crearme la cuenta, escribía esto en el blog:

El descubrimiento de Twitter hace aproximadamente seis meses me proporcionó una sala de profesores virtual. (...) En Twitter converso con personas a las que conocía del mundo de los blogs; comentamos noticias, compartimos recursos, contamos chistes, pinchamos música, decimos tonterías, nos indignamos con los políticos, etc. Y, del mismo modo que hay días en los que no hablas con nadie en una sala de profesores, hay periodos en los que permanezco escuchando sin hablar, o ni tan siquiera me asomo a la puerta de Twitter para no enredarme en conversaciones más o menos banales. Seguramente, Twitter ofrece posibilidades didácticas que saldrán a la luz cuando las aulas tengan acceso normalizado a las redes. Mientras tanto, Twitter es mi sala de profesores a medida.

¿Qué queda de aquello? En realidad, sigue siendo un claustro a medida, aunque con mi actual nivel de seguidores y seguidos me resulta inabarcable. También sirve para comentar y compartir noticias del ámbito educativo. Sin embargo, cada vez converso menos con mis compañeros de los blogs, algunos de los cuales han ido abandonando no solo los blogs sino también Twitter. Mantengo lo de decir tonterías, pero voy perdiendo esas conversaciones banales de tú a tú, a veces porque se llenan de ruido o de comentarios inesperados fuera de lugar. Pero lo que me mueve a la reflexión es este comentario: "hay periodos en los que permanezco escuchando sin hablar, o ni tan siquiera me asomo a la puerta de Twitter". He llegado a un punto en el que no desconecto, en el que vivo inmerso en la red. No es que esté continuamente leyendo y escribiendo, pero sí que hay una adicción al timeline, un enganche que me preocupa, ya que quita tiempo al ocio y a otro tipo de tareas. Decía hace poco Alberto Bustos que se había tomado un descanso de las redes, y me planteé hacer lo mismo, empezando por desinstalar las aplicaciones de Facebook y Twitter del móvil. Llevo una semana con ello, pero compruebo que hago trampas, porque comencé entrando en Twitter con el navegador del móvil y pronto he pasado a tener Twitter como pantalla de inicio, lo que me lleva de nuevo al punto de salida. ¿Y qué tiene de malo pasar tanto tiempo en Twitter? os preguntaréis algunos. Bueno, es cierto que esta red social aporta un flujo continuo de información de calidad sobre educación (y otros campos de interés), con opiniones y materiales muy interesantes para nuestro oficio. También es un lugar propicio para la protesta y para el activismo, aunque a menudo solo de boquilla. Sin embargo, se ha convertido también en un territorio hostil de enfrentamiento, con perfiles que se parecen demasiado a los matones de barrio o a los chulitos de instituto, con mucho grito y poca cabeza. He visto insultos, menosprecios, acoso, burlas... ejercidas por docentes, algo que me sobrecoge, porque creo que no se puede ser buen educador si no se es primero buena persona. Escribí hace unos años que las redes se habían llenado de malos humos, especialmente en un Twitter polarizado en dos bloques con los que no me sentía a gusto. No me gusta bloquear (apenas lo he hecho en dos o tres ocasiones), pero últimamente tengo que silenciar cuentas que solo destilan odio. No me gusta y por eso me planteo, como Alberto Bustos, un descanso en las redes. No sé si lo conseguiré y si acabaré escribiendo algo así como "21 días sin Twitter", al estilo de mi artículo "21 días en Twitter", que ahora miro casi como una reliquia de otros tiempos. Diez años en Twitter, uf.

21 días en Twitter by on Scribd

10 abril 2016

Diez años de Twitter: entre el pasquín y el dazibao

Serios y compungidos se aproximan al Muro de las Lamentaciones. Lo llevan haciendo durante siglos. Dejan un papelito con sus plegarias entre las grietas ya milenarias. Confían en un dios omnipresente que, desde el otro lado del muro, lee con sigilo sus mensajes y atiende sus demandas. Al marcharse, anhelan que ese deseo escrito quede grabado en su divinidad ad aeternam, como un grafiti indeleble; pocos quieren pensar en el terrible momento en que sus notas serán recogidas y enterradas en el monte de los Olivos, en una ceremonia más profiláctica que devota, necesaria para dar cabida a nuevas plegarias. 

No pensemos que ese atávico impulso de exteriorizar los deseos y peticiones es exclusivo de los visitantes de Jerusalén. Hace siglos, el pasquín nació como hojita satírica pegada a una estatua de Roma, no sabemos bien si de la mano de un zapatero tan ingenioso como mordaz, o de la de los alumnos burlones de un maestro de gramática. Los pasquines recorrieron la historia desde entonces, sublevando a las minorías oprimidas por la política y la religión. Allá donde había una injusticia, se podía encontrar un pasquín pegado precariamente en la pared. Pasquines pergeñados en sótanos oscuros por impresores arriesgados; pasquines encolados en noches apresuradas; pasquines con sabor a rebelión.

Mientras esto ocurría en nuestro cercano Occidente, en la lejana China también los ciudadanos andaban ávidos de información, sobre todo bajo la censura imperial, así que decidieron usar el dazibao, una especie de mural pegado en la pared, en el que se podían hallar noticias, reflexiones morales, críticas ideológicas… A su modo oriental, las inmensas minorías chinas tejían también a la sombra de las murallas sus gritos de tinta. 

Es evidente que todas las tradiciones evidencian fallos estructurales, pues fueron diseñadas para sociedades menos numerosas, menos impúdicas o menos ruidosas. Si tuviésemos que inventar hoy las nuevas fiestas y religiones, las diseñaríamos a prueba de multitudes: los sanfermines, por ejemplo, se correrían por el Paseo de la Castellana y la tomatina en los Monegros; el Muro de las Lamentaciones, por supuesto, sería un mural virtual con sticky notes… y los pasquines y dazibaos se habrían formado al amparo de una red social: las minorías discrepantes buscarían sin duda cobijo y difusión en Twitter, esa red que cumple ahora diez años. 

Basta darse un somero paseo por Twitter para ver que el espíritu que hizo surgir pasquines y dazibaos sigue vivo en forma de tuiteos. Sus usuarios vierten en ella todo aquello que en su día se pegaba en las paredes, en los tablones de anuncios, en los corchos de la oficina: la crítica, la burla, la protesta, el sarcasmo, la indignación, el grito desesperado… Twitter se ha convertido en un espacio alternativo en el que esas minorías encuentran la noticia que nunca verán en la televisión, el aviso que jamás les dará su banco, la opinión que ocultan los diarios. Es cierto que en Twitter encontrarán también publicidad encubierta, propaganda institucional, romanticismo caduco, ñoñería existencial, pero, del mismo modo que los lectores de pasquines habían de andar ojo avizor para estar al día, los tuiteros avezados deben filtrar la información para quedarse con lo más sustancial: la ya extinta “ballena de Twitter” podría haber sido el símbolo de ese filtrado del plancton comunicativo. Alguno dirá que no todos los usuarios de Twitter buscan esa información alternativa y, en efecto, supondría una reducción inapropiada juzgar al todo por la parte. Sin embargo, cuando analizamos la literatura, por ejemplo, dejamos de lado ciertos subgéneros que no consideramos canónicos -la novela rosa, el folletín, la novela del oeste…-, sin que ello implique expulsarlos del panteón literario. Considero que, en Twitter, el principal género es el que representa el discurso alternativo, esto es, la opinión divergente, la crítica, el chiste, la protesta, la apología, la réplica, la elegía… en fin, pasquín y dazibao. Discurso alternativo es mantenerse al día en un mundo anclado en la rutina, es agitar conciencias en un ambiente pasivo, es refrescar la memoria ante el olvido general, es rescatar informaciones útiles frente a unos medios anestesiados por noticias repetidas hasta la saciedad, es proponer visiones distintas ante problemas mal resueltos, es buscar la innovación cuando la tradición es ineficaz, es hallar amigos en una tierra de zombis, es dialogar en un mundo de sordera social. Todo eso es discurso alternativo, todo eso es, para mí, Twitter. 

Una vez definidos los contenidos de Twitter, entramos ahora a plantear las modalidades, las diferentes manifestaciones de ese discurso alternativo, y para ello recurriré a ciertos tópicos que me servirán de alegoría ilustrativa. Mientras Occidente basa sus revoluciones en el arrebato y cierto efectismo impulsivo, Oriente se mueve con la levedad del aleteo de una mariposa, con el pausado ritmo de las secuencias del tai chi. Mientras el dazibao fluye bajo los preceptos del feng shui formando un río revolucionario, el pasquín agita nervioso el pendón de la rebelión. De igual manera, tenemos tuiteros que se exaltan con soflamas incendiarias por la mañana mientras por la tarde recomiendan viajes a islas paradisíacas; y tenemos tuiteros que van tejiendo sin ruido una implacable red de acción social a través de un lento pero persistente acopio de tuiteos libertarios. Si el pasquín tiende al trending topic, el dazibao lo hace a la marea. No es difícil imaginar ciertos tuiteos como las “95 tesis” de Lutero pinchadas en Wittenberg o como el “Yo acuso” de Zola en el diario La aurora. Son voces que soliviantan, proclamas que enganchan a miles de tuiteros, abanderados a veces por figuras de relieve dentro de las redes sociales. Es la búsqueda del efecto guerrilla, del factor sorpresa, de las palabras como dardos o como bombas incendiarias. Pero, no todo es acción directa; hace muy poco se hizo popular el fenómeno de las mareas ciudadanas, en las que la punta de lanza se sustituye por una ola con fuerza imprevisible. Cuesta un poco más vislumbrar la soterrada labor tuitera de muchos movimientos sociales que crecen en la red gracias al goteo continuo de pequeñas argumentaciones retuiteadas a hurtadillas y que constituyen esas mareas, a menudo más eficaces en la calle que en las redes. Diferentes modos, diferentes visiones. Incluso podríamos decir que esta división oriente-occidente puede darse en un mismo individuo: hay días en los que uno se puede sentir Pancho Villa, mientras otros se despierta con el cuerpo a lo Gandhi.

En cualquier caso, tanto la guerrilla tuitera occidental como el imparable ejército oriental han elegido esta red social como vehículo del discurso alternativo que se postulaba arriba como hecho diferencial de Twitter. Cientos de docentes -al igual que miles de administrativos, mecánicos, autónomos, ingenieros o marinos mercantes- cocinan sus protestas y burlas en la soledad de sus aulas, oficinas, talleres y hogares, que sustituyen a los sótanos de la revolución; han reemplazado al impresor cómplice por un dispositivo informático y una red de contactos afines. Los tuiteros lanzan sus pasquines y dazibaos aprovechando las esquinas más transitadas de la red, con la certeza de que serán leídos por sus cofrades de la minoría silenciada, pero también con la esperanza de captar nuevos acólitos. Los tuiteros saben también que el poder les tolera esa rebeldía porque sus hojas volantes se despegan enseguida arrastradas por el viento. Los tuiteros son conscientes de que una lápida es menos visible que un grafiti, y por eso son más dados a escribir que a actuar, a no ser que los envuelva la marea. En este contexto, vivir en Twitter es columpiarse entre el pasquín y el dazibao, siempre indignados o, al menos, periféricos. Como consuelo nos queda el término medio de ese balanceo, un respiro en el que podemos colgar plegarias en ese muro digital de las lamentaciones, con la tranquilidad de que no las enterrará ninguna brigada de limpieza y que permanecerán visibles hasta la eternidad, si es que dicho concepto existe en el mundo virtual.

23 abril 2015

Completamente quijotizados...



Como muchos de nuestros lectores saben, este año se celebra el IV Centenario de la edición de la segunda parte del Quijote y desde varias bitácoras de Lengua, Literatura y Educación hemos dedicado parte de nuestro quehacer y trabajo este curso escolar a impulsar un nuevo proyecto que presentamos hace unos meses: Quijote News.

Hoy, 23 de abril, basta echar un ojo a la Wikipedia para recordar que quedan 252 días para terminar el año, que es el Día Internacional del Libro y que hay tres efemérides ligadas a tres excelsos nombres de la literatura universal: Miguel de Cervantes, William Shakespeare y Garcilaso de la Vega. También queremos celebrar con todos vosotros,-as que nuestro proyecto sigue a buen ritmo y queremos compartir algunos datos que nos hacen sentirnos muy orgullosos y felices:
  • número de centros participantes: 46
  • número de alumnos, -as: 2367
Así mismo, nuestros compañeros de Tres Tizas han lanzado otra iniciativa para conmemorar esta efeméride que queremos compartir hoy con todos: buscad en vuestras bibliotecas, rescatad vuestro ejemplar del Quijote y publicad en Twitter un selfie o selfi para la colección conjunta con la etiqueta #selfiequijote. Aquí tenéis algunos ejemplos.


Aún estáis a tiempo de participar en esta feliz celebración, bien en Quijote News o bien en nuestra colección de selfies del Quijote. Animaos, esperamos vuestras colaboraciones…


06 marzo 2012

Leer es


Leer es gozar de la compañía de un libro.
Leer es viajar sin prisas.
Leer es reír con la vista.
Leer es volver a ser joven.
Leer es compartir universos consagrados.
Leer es un acto de rebeldía.
Leer es revivir pasiones añejas.
Leer es rendir homenaje a la palabra.
Leer es perseguirse hasta el infinito.
Leer es hacer de la muerte un porvenir.
Leer es un acto prohibido.
Leer es entregarse a los sueños.
Leer es ser un poco rarito.
Leer es una práctica canibal.
Leer es un vicio prematuro.
Leer es altamente contagioso.
Leer es releer.
Leer es tomar caminos divergentes.
Leer es abrirse al futuro.
Leer es recorrer calles en libertad.
Leer es amar.
Leer es todo y es nada, porque leer es aquello que uno desee...


El portal Leer.es otorga mensualmente unos sellos de Buenas Prácticas a experiencias diversas relacionadas con el fomento de la lectura. Este blog, haciendo honores a esa caótica lista de enlaces propios que encabeza esta nota, ha recibido dos menciones directas, una por Tuenti de bohemia y otra compartida por Callejeros literarios. Por la participación en el proyecto colectivo "Poesía eres tú" también llegó una pequeña porción a mis alumnas y alumnos. Y hoy mismo, recibo mi parte alícuota por la aportación a "El bazar de los locos", un artículo en clave humorística que podéis leer en la red: 21 días en Twitter. Para los nostálgicos del papel, también se puede conseguir el libro en Novadors edicions. Sin duda, una buena ocasión para leer es.

Crédito de la imagen: BEST (26)

23 agosto 2010

De bazares y locos

Alguna vez he mencionado mi participación en Twitter y lo he descrito como una especie de corrillo virtual, semejante a esas salas de profesores en las que uno charla con los colegas o pega el oído a tres o cuatro conversaciones sin implicarse en ninguna. Ese corrillo global ha encontrado una definición más exacta en un proyecto que ha nacido hace pocos días: El bazar de los locos. Coordinado por @FrancescLlorens y @eraser busca convertirse en una obra colaborativa en la que los usuarios de Twitter en general, y los educadores en particular, escriban sus experiencias, sus teorías y sus impresiones acerca de esta herramienta. Los primeros textos publicados son muy suculentos y creo que animan a los usuarios de Twitter a participar con sus visiones particulares; me parece que también sirven para que los profanos vayan perdiendo el miedo o los prejuicios y descubran el potencial de unas aplicaciones que son comunicación en estado puro y en tiempo real.
Por mi parte, he colaborado con un texto con poco rigor y mucha parodia, que he titulado "21 días en Twitter". Os animo a los tuiteros a que participéis en ese bazar de los locos; si a mí me han dejado entrar, seguro que a vosotros os acogen con los brazos abiertos.

26 noviembre 2009

El corrillo digital de Twitter

En el vasto mundo de los ecosistemas, la sala de profesores constituye uno de los hábitats más diversos y pintorescos. Allí, sus habitantes conversan, discuten, se odian, se enamoran, etc. Hay todo tipo de fauna (tierna o peligrosa) y de flora (bacteriana, sobre todo). Pero, la sala de profesores es, ante todo, la prolongación de nuestro oficio y nuestra vida fuera de las aulas. En ella se trabaja y se habla de trabajo, pero también es lugar de convivencia. En charlas apresuradas se intenta arreglar el instituto, la educación, el país, el mundo... En los corrillos, uno se ríe o se indigna; alguien pasa y comenta una noticia; otro revela altos secretos de aula, de despacho o de alcoba; un padre manifiesta sus preocupaciones por las clases de ballet y una madre aclara cuestiones sobre el tubo de escape del coche; el de educación física cuenta al de religión las actividades TIC que ha preparado para el trimestre, etc.
La sala de profesores es un hervidero de voces sobre lo divino y lo humano (al menos en centros -como el mío- en los que no hay departamentos). Sólo una pega: Tienes que conformarte con la compañía que te ha tocado.
Pero, al margen de los ecosistemas reales (analógicos), tenemos los ecosistemas digitales. El descubrimiento de Twitter hace aproximadamente seis meses me proporcionó una sala de profesores virtual. Todo lo descrito arriba se puede vivir en Twitter, que viene a ser, más que una sala, un ágora en la que pululan cientos de personas y personajes cada uno con su nombre de guerra. Me muevo por allí bajo el alias @tonisolano y escribo mensajes (de menos de 140 caracteres) a través de un complemento de Firefox. En esas microcharlas he experimentado algo parecido a lo que ocurriría en una sala de profesores en la que los contertulios son colegas a los que escoges de manera voluntaria. En Twitter converso con personas a las que conocía del mundo de los blogs; comentamos noticias, compartimos recursos, contamos chistes, pinchamos música, decimos tonterías, nos indignamos con los políticos, etc. Y, del mismo modo que hay días en los que no hablas con nadie en una sala de profesores, hay periodos en los que permanezco escuchando sin hablar, o ni tan siquiera me asomo a la puerta de Twitter para no enredarme en conversaciones más o menos banales.
Seguramente, Twitter ofrece posibilidades didácticas que saldrán a la luz cuando las aulas tengan acceso normalizado a las redes. Mientras tanto, Twitter es mi sala de profesores a medida. Y para quienes no se han decidido aún, deben saber que empezar es muy fácil, incluso para una abuelita:



Crédito de la imagen: Wikimedia: Japanese-Teacher's-Room

09 noviembre 2009

Pulgartuito

En una casa en medio del bosque 2.0 vivía una familia de blogueros. Los padres escribían largas notas en sus blogs, sin apenas imágenes, tochos en los que hablaban de lo divino y lo humano. Con una mayor profusión de widgets, los hijos siguieron la tradición y mantuvieron blogs temáticos: Garrapunto.com, Microciervos, Mantasverdes, Motosierrapasion, etc. Sin embargo, el más pequeño de todos ellos, tras un curso de escritura zen por correspondencia, decidió que sus escritos nunca superarían los 140 caracteres, unas frases que se pueden tapar apenas con un pulgar; por eso, lo llamaron Pulgartuito.

Los padres blogueros advertían siempre a sus hijos de los peligros que acechaban en el bosque 2.0.
-Tened cuidado, que hay mucho troyano tras los arbustos -decía papá Blogger.
-A ver si un psicopedagogo desalmado os hace una adaptación curricular on-line -apuntaba mamá Wordpress.

Y los niños, alocados como corresponde a su edad y condición, nunca hacían caso de sus padres y paseaban por el bosque de feed en feed sin la mayor preocupación. Pulgartuito era sin duda el más avispado de todos ellos. La filosofía zen había impregnado su espíritu, y sus notas rebosaban sabiduría e ingenio. Por eso, cuando sus padres les avisaron de que los ingresos publicitarios eran cada vez más bajos y que quizá tendrían que cerrar los blogs, Pulgartuito convenció a sus hermanos para ir, cruzando el bosque, en busca de patrocinadores.
Aquella misma tarde, salieron con sus netbooks, sembrando el camino de tags, hashtags, pingbacks y trackbacks, una idea que se le había ocurrido a Pulgartuito para no perderse. Sin embargo, al caer la noche, descubrieron que tanto Twitter como Blogger se habían colgado por un ataque masivo de monjas-bulo antigripales.
-¿Qué vamos a hacer ahora :-((((?- lloraba desconsolado uno de los hermanos que sólo posteaba vídeos de niños riéndose o llorando.
-¡Nunca volveremos a casa! -sollozaba otro, conocido en toda la blogosfera por sus powerspoint de frases sobre la amistad con fondo de paisajes y música new age.
-Llorad como cobardes. Pensaré como un valiente -lanzó Pulgartuito en un arrebato tuitero de primer orden.

Y, sin miedo alguno, Pulgartuito, alzado por la ballena de Twitter, descubrió en un claro del bosque una casa de colorines. Hacia allí se dirigieron, con tan mala fortuna que se trataba de una sede de Microsoft Corporation.
-Pasad, pasad, chicos. Soy el Hada Messenger y también escribo y me comunico en la red, como vosotros. Os podéis quedar a dormir, pero debo esconderos. Mi padre Windows vendrá pronto y a él siempre le apetece comerse todo lo que se mueve por el bosque 2.0.

De este modo, los chicos se escondieron en un repositorio de archivos ocultos, intentando no hacer ruido al teclear sus notas. Pero, cuando llegó Windows, la tragedia se mascaba en el ambiente.
-¡Cuidadito conmigo, que vengo caliente! Otra vez se me han adelantado los niñatos de Google con su computación en la nube... En la nube, en la nube... ¿quién demonios va a pagar por algo que no se puede vender en una cajita de colores?... Estoy que me comería tres wikis y dos redes sociales. Pero..., ¿a qué huele aquí?

Abriendo carpetas y subcarpetas, ignorando sus propias advertencias de que el ecosistema podría dejar de funcionar si se removían los archivos, Windows encontró a los niños escondidos entre una pila de librerías dll.
-¡Vaya, vaya! Unos sabrosos niños blogueros. Y, este pequeñajo, ¿quién es?
-Soy Pulgartuito y, aunque pequeño, tengo ya más de tres mil followers.
-Eso, a mí, me la trae al pairo. Acabo de firmar planes exclusivos con algunas comunidades autónomas para instalar mi sistema operativo de Siete leguas.
Y, diciendo esto, Windows cerró todas las carpetas de golpe y los dejó allí encerrados.
-Mañana daré buena cuenta de vosotros.

Pulgartuito y sus hermanos se quedaron allí, rodeados de archivos temp, de registros de configuraciones polvorientos... Pero, Pulgartuito, tras hacerles un retuit de urgencia a varios followers desesperados que pedían su ayuda, se puso a hurgar en un ejecutable malicioso que un antivirus gratuito había guardado en un baúl y consiguió resetear la habitación. Mientras sonaba la sintonía de Windows, Pulgartuito y sus hermanos se calzaron unas botas ADSL de 20 megas reales y huyeron de aquella casa maldita.
-¡Qué flipe! -decía uno de los chicos, que siempre llenaba su blog de gifs animados.
-¡Quién iba a pensar que existían de verdad los 20 megas reales...! -gritaba lleno de alborozo otro que llevaba tres meses sin meterse con la SGAE.

De este modo, veloces como el viento, Pulgartuito y sus hermanos llegaron a su casa en un periquete.
-¡Por fin, hijos! ¡Pensábamos que habíais sido víctimas de las redes P2P!
-Padre, madre -dijo Pulgartuito-, no debéis preocuparos más por Google AdSense y sus anuncios inteligentes. Aquí os traigo lo que nos sacará de la ruina.
Y abriendo su netbook, descargó el código secreto de Windows: Una ristra de unos y ceros -más ceros que unos, en realidad- se derramó por el salón e inundó los verdes prados del bosque 2.0. convirtiendo toda la flora y la fauna en un ecosistema copyleft.
-Bien está lo que bien acaba -tuiteó Pulgartuito-. Y se puso en modo off.


Este cuento surge a iniciativa de Juanjo Muñoz y su Caperucita 2.0., en una serie que han seguido otros ilustres blogueros con más salero que yo:

20 abril 2009

Pasión y muerte de los blogs

En estas Pascuas de resurrección, he vivido en una dualidad conflictiva: por un lado, he estado probando twitter y observando casi como convidado de piedra el vértigo del microblogging; por otro, he visitado un montón de blogs que se han presentado al premio Espiral Edublogs 09, cuyos finalistas podéis conocer ya. Mientras en twitter se hablaba de los blogs como una especie de dinosaurios al borde de la extinción, en las aulas da la impresión de que los blogs son flores a las que les quedan bastantes primaveras (este año se han presentado al premio casi 700 blogs). Los blogs parecen trenes de mercancías cargados de actividades y recursos, y en twitter, las cosas van tan deprisa que casi no da tiempo a comentarlas, pues se hacen viejas en menos de un día (acabo de leerle a Potâchov una cita de Carlos Cabanillas: "twitter es al blog lo que la barra de un bar a un salón de conferencias").
No me atrevo a sacar la bola de cristal para ver el futuro de todos estos artilugios. Como profe de lengua y literatura, me siento más cerca del blog, pues permite construir textos y planificar tareas de "media distancia". Como seguidor de las TIC, veo que el microblogging es más ágil y fragmentario, algo mucho más acorde con el futuro que nos acecha. Si tengo que pensar en términos semióticos, creo que el blog es un instrumento más cargado de sentido que los gorjeos de twitter. El blog nos otorga un valor semántico dentro de una red de signos de distinto orden (como identidad, como proyección de tareas, como estructura textual...), mientras que twitter, en su minimalismo, nos convierte en puntos de una red de caminos que se cruzan.
El próximo mes de mayo, acudo invitado por Adela a las jornadas de Getxolinguae, un evento que, con una trayectoria de nueve años, se ha convertido en un clásico de su género. Allí pienso hacer una defensa del blog como signo y como eje de relaciones sintácticas y textuales. Espero que, de aquí a mayo, no se nos hayan muerto todos los blogs, pues de lo contrario, tendré que improvisar unos gorjeos de cisne.

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/11599314@N00/2355409494