24 mayo 2017

Cruzando la frontera

El próximo viernes este blog cumplirá once años, que en la vida de los humanos es casi una eternidad. Cuando en 2008 recibí el premio Espiral Edublogs, escribí acerca de los blogs, poniendo en relación su crecimiento con la biografía de las personas; blogobiografía lo llamé en su momento. No sé si este blog, siguiendo aquella lejana disertación, se encuentra atravesando la edad madura o ha cruzado ya la frontera hacia la vejez. Debo reconocer que, desde que celebré la década el año pasado, he notado que el ritmo de la escritura en el blog ha cambiado, que las notas se van espaciando y que las preocupaciones también son distintas. No hace mucho explicaba cómo escribo en el blog: el período de incubación de los escritos, la necesidad de dejar madurar cada nota antes de publicarla. Quizá mi ritmo actual de trabajo, con poco tiempo para reposar las ideas, con la inmediatez de una agenda frenética que solapa un día con otro, una semana con otra, impide que las reflexiones se decanten y dejen el poso necesario para fraguarse en el blog. A lo largo de estos meses he tenido en mente muchos artículos para el blog que se han quedado en notas nonatas (¡qué bonito sintagma!), unas veces porque han caducado, otras porque nuevas preocupaciones han tomado el relevo. También es cierto que muchos días me da una pereza enorme sentarme ante el ordenador por la noche, después de haber pasado todo el día haciendo cosas en Ítaca*. 
Sin embargo, este viernes, a pesar de la mil veces anunciada muerte de los blogs, a pesar de las intermitencias de esta escritura reflexiva, a pesar de los achaques de una bitácora que se hace mayor, cumpliremos mi blog y yo once años en las redes educativas. Once años compartiendo más alegrías que sinsabores, porque de eso se trata, de que haya siempre lugar para la esperanza, para soñar con una Escuela mejor más allá de la frontera de nuestros miedos y prejuicios. Espero que sigáis por aquí para verlo.

* Aunque suene paradójico, "hacer cosas en Ítaca" es algo muy poco poético, ya que se refiere a pasar horas introduciendo o extrayendo datos de la plataforma de gestión docente de esta comunidad. Demasiado a menudo, una ventana emergente te recuerda que no debes usar la tecla de borrar cuando te equivocas escribiendo. Imaginad el tormento que ello supone para grafómanos como un servidor.

Crédito de la imagen: 'Bingo Number 11'

14 mayo 2017

Entre el séptimo y el octavo arte



Esta semana pasada, la Academia de Cine ha organizado la jornada ‘Cine y Educación’ con el objetivo de analizar y debatir sobre la necesidad de integrar el cine en el sistema educativo español, como objeto de estudio, recurso didáctico y medio de expresión. En esa jornada, en la que participó nuestra amiga y compañera Mercedes Ruiz, entre otros profesionales de ambos campos, se evidenció por un lado el interés de muchos docentes por fomentar la educación audiovisual en el aula, pero también las carencias y dificultades a la hora de ponerlo en práctica. 
Como docente he comprobado que el alumnado desconoce el buen cine. Precisamente, el curso pasado estuvimos trabajando el cine mudo y comprobé que muy pocos conocían a figuras como Buster Keaton o Harold Lloyd. Dedicar tiempo a ellos en el aula supuso una experiencia distinta y muy productiva que les abrió nuevos horizontes de creatividad. Este año he vuelto a recuperar fragmentos cómicos y resulta igual de terapéutico y educativo.
Al igual que ocurre con la literatura, para acercarse a los grandes del género cinematográfico se necesita formación y sensibilización. Para la lectura desarrollamos planes con los que intentamos que nuestros alumnos evolucionen desde la literatura juvenil hasta los clásicos, fomentando la autonomía, el espíritu crítico y el placer estético. Sin embargo, la introducción del cine en las aulas es, por lo general, algo anecdótico, discontinuo, lúdico y destinado a menudo a rellenar tiempos vacíos. No suele haber en los centros un plan audiovisual, una filmoteca, una dedicación horaria en las asignaturas para la educación mediática ni para el estudio del cine como expresión artística. 
Aprovechando que los profesionales del cine y la educación han entrado en una mágica conjunción estos días, os animo a que realicéis vuestras propuestas para un posible pacto Cine-Educación a través del formulario que se enlaza en esta página: 

También os recomiendo que descarguéis la revista de la Academia de Cine con el monográfico Cine y Educación:

Y, por último, os invito a que llevéis el cine a las aulas, educando y disfrutando con él a la vez, apreciando al máximo el valor del Séptimo Arte y soñando con que, quizá algún día, la sociedad apreciará el acto de "Educar" como el Octavo Arte.

Enlaces de interés: