20 abril 2015

Muchos clásicos poco clásicos

Invitado por la Asociación de Amigos del Libro Infantil y Juvenil (ALIN) a través de Marisa Zapata y el CEP de Almería, pude participar el sábado pasado en las Jornadas "Es moderno ser clásico", que tuvieron lugar dentro de la semana del Teatro del Siglo de Oro. Allí fui a contar lo que hacemos en clase con los clásicos, que es básicamente leerlos para convertirlos en otros textos audiovisuales, algo que ya sabéis de sobra quienes pasáis por aquí.
Aunque pude mantener una charla informal sobre literatura juvenil con Fernando Lalana, apenas tuve tiempo para saludar a Rosa Navarro, a quien admiro y de quien hubiese podido aprender mucho. Por suerte, de quien sí aprendí fue de Pepe Cañas, que nos regaló una excelente apología del teatro escolar bien salpicada de anécdotas y consejos. Curiosamente, ambos coincidimos en que los proyectos, sean teatro, vídeo o cualquier otra manifestación artística, acaban sacando a la luz el potencial oculto de muchos alumnos.
Como suele ser habitual, al margen de la ponencia formal, lo mejor del viaje fue el contacto humano con profesionales magníficos y con buenas personas de verdad, como Carmen Cañabate, Adrián Zapata, Mª Jesús Escarabajal o Rubén Martínez, a quienes agradezco sus atenciones y paciencia. A modo de colofón, pudimos ver la representación de la comedia El rey Perico y la dama tuerta, una adaptación muy divertida de otro clásico. También mi amiga Carmen Cañabate ha reseñado la jornada en su blog.

Más información sobre las actividades de aula de las que hablé:
En este vídeo podéis hallar un resumen de algunos fragmentos de esos proyectos mencionados:

13 abril 2015

No soy yo, son ellos


Aunque es habitual entre los profes usar las palabras que dan título a esta nota como muestra de una fingida modestia, no es este el propósito con el que las recojo en esta ocasión. He visitado Gijón hace muy poco para impartir (o compartir, mejor) unas jornadas formativas en diversos foros y me he encontrado varias veces con unos elogios que agradezco pero que debo matizar. Al acabar mis exposiciones, algunos profes comentaban: "¡qué trabajos más interesantes haces!", a lo que siempre tenía que responder: "lo que he enseñado no son mis trabajos, sino los de mis alumnos".
Es posible que mi mayor mérito sea el de ser pesado y de no cansarme de mostrar lo que hacemos en clase. Desde hace tiempo, en el blog, en las redes o en los eventos educativos, insisto en la necesidad de difundir el trabajo de aula, independientemente de lo llamativo o innovador que sea. Los profes tenemos que asumir esa tarea de abrir el aula como algo fundamental. Muchos de los trabajos que muestro en jornadas y cursos no son brillantes: tienen fallos, son simples, esconden vicios o descuidos garrafales... pero son los trabajos de mis alumnos, con sus luces y sus sombras. Está claro que suelo enseñar los más originales, pero todos los demás también están en la red y, lo que es más importante, también está visible en parte la trastienda de todos ellos. Esta era otra de las cuestiones que quería comentar: mi trabajo no es que mis alumnos hagan vídeos divertidos o creativos; eso es un elemento más de las tareas, pero no el objetivo final. En todos los proyectos hay una gran parte del trabajo que no sale a la luz, como en un iceberg. Cuando trabajamos con Google Drive es fácil colgar los documentos de trabajo (portfolios o sitios web de algunos proyectos, por ejemplo), pero en otras ocasiones, ese esfuerzo queda en las libretas o en borradores que permanecen en la sombra. Esos trabajos -textos expositivos, instructivos, guiones, resúmenes, biografías, etc.- también son tareas suyas, tareas en las que ejerzo mi tutela curricular tanto como en el desarrollo de las competencias digitales o la alfabetización audiovisual. Por eso, son mis alumnos y alumnas quienes merecen todos los elogios. Y por ellos seguiré contando todo lo que pase en el aula.

En cuanto a mi ponencia en Gijón, os dejo los materiales, tanto la presentación como el vídeo del streaming. Como dije en la charla, si durante un tiempo hemos permanecido al margen de la ley desarrollando metodologías que muchos consideraban cuanto menos dudosas, quizá valga la pena seguir siendo un forajido educativo y tratar de promover un cambio para ese posible BOE de 2020. No creo que sea fácil, pero tampoco es sencillo para muchos de nosotros resignarnos al fracaso o a la rutina. ¿Cuáles serían esos objetivos?
  • Dar prioridad a las competencias 
  • Abolir los deberes 
  • Flexibilizar etapas y niveles 
  • Aprendizaje móvil y ubicuo 
  • Trabajo por ámbitos 
  • Pedagogía de la lentitud 
  • Invisibilidad de las TIC 
  • Derribar los muros de aulas y centros
  • Desaparición de las notas numéricas 
  • Leyes educativas del siglo XXI
De momento, sólo una lista de aspiraciones y deseos, que quizá se vayan cumpliendo si nos empeñamos en empezar a cambiar nosotros mismos.

Por último, aprovecho para mostrar mi agradecimiento: a mi amigo Xulio Berros, que me acompañó en el periplo asturiano como un estupendo cicerone; a Lucía Álvarez y Alberto García, a quienes admiro desde hace tiempo y con quienes pude charlar un rato; a los equipos docentes del CPR Gijón Oriente, del IES Emilio Alarcos, del CP El Lloréu y de la CEPA de Gijón, que me abrieron sus puertas y mostraron su gran profesionalidad y una gran cordialidad; a Queli Fueyo y a sus alumnos de Pedagogía, por la magnífica iniciativa de compartir experiencias reales de aula con alumnado de Primaria; y finalmente a todos los profes que dedicaron un poco de su tiempo a escuchar todas estas experiencias de las que solo soy un mero relator, porque el protagonista no soy yo, son ellos.

22 marzo 2015

Hace un año en Sevilla...

El día 22 de marzo, hace ahora un año, tuvo lugar el I Encuentro de Docentes de Lenguas en Secundaria. En este año de conmemoraciones cervantinas cobran más sentido que nunca aventuras quijotescas como esta. 
La idea del Encuentro, que reunió a 110 profesionales de la enseñanza para reflexionar, compartir y aprender de manera colaborativa, comenzó como una charla de café, una de esas charlas sin mayor trascendencia en la que se apuntan ideas, se esbozan proyectos, se avistan nuevos caminos… 
En el transcurso apareció la Red: los documentos compartidos, el intercambio interminable de correos, las vídeo conferencias nocturnas, las herramientas de difusión, los materiales de trabajo… Todo surgió casi sin darnos cuenta, movidos por el entusiasmo y el reto de poner en marcha una idea, un proyecto. 
Después apareció la gente, los asistentes, todos vosotros que comenzasteis a apuntaros y a inscribiros mientras nuestro asombro crecía ante el número de personas dispuestas a participar: 50, 70, 90, 110...
Y, por último, llegó el día... Un día de la recién estrenada primavera sevillana (aunque llovió por la mañana para confirmar aquello de que la lluvia en Sevilla es una maravilla…) y primero fue la recepción de los asistentes, con la ayuda de un grupo de alumnos de 1º de la ESO que actuaron de embajadores de su centro; y después la charla de Felipe Zayas, que nos hizo un magistral recorrido para llevarnos desde donde estuvimos a donde estamos en cuestión de enseñanza de las lenguas (cuánto camino recorrido…); y después los grupos de trabajo, trabajando entre iguales acerca de puntos calientes de las materias lingüísticas: educación literaria, lengua escrita, metodología, lengua oral, reflexión sobre la lengua…, revisando problemas, compartiendo dudas y buscando alternativas, ideas, mejoras… 
Y luego la comida, ocasión impagable para conocer a tantos compañeros de comentarios en la red, para ampliar horizontes e ir consolidando ese claustro virtual que conformamos entre todos; y luego los talleres y las comunicaciones, momento de conocer de primera mano las buenas prácticas que se hacen en torno a la enseñanza de las Lenguas en diferentes lugares y en diferentes situaciones. Y, para finalizar, ya al borde de la extenuación, las conclusiones de los grupos de trabajo y el cierre, una marea azul de ideas, sentimientos y sensaciones que se habían ido fraguando a lo largo de una jornada intensa e inolvidable. 
Con las escasas fuerzas que nos quedaban, vino la cena y el último momento de charla distendida, de encuentro entre profesionales que se encuentran y se reúnen porque sí, sin que lo mande ni la dirección, ni la inspección; que se reúnen porque saben que la reflexión compartida es un camino seguro para la mejora. Nosotros lo vivimos así... 
En fin, un Encuentro que dejó con ganas a los asistentes y con más ganas a los que no pudieron asistir… Así que, con esta crónica melancólica del año pasado, os queremos comunicar que tenemos algunas noticias sobre el II Encuentro de Docentes de Lenguas que nos llevan a pensar que pueda celebrarse tras el verano, en una ciudad quijotesca, donde esperamos volver a encontrar a todos los que lo hicisteis posible.

P.D: Aunque personalmente solo pude vivirlo entre bambalinas y seguir el encuentro de manera virtual, he de reconocer que la emoción compartida fue la misma.

18 marzo 2015

Sesquidécada: marzo 2000

Esta sesquidécada que recupera las lecturas de marzo de 2000 es un poco rarita. En ocasiones, el azar nos lleva a leer obras extrañas que difícilmente caerían en nuestras manos si no es por una conjunción de casualidades.
El primer autor que recupero es Marcel Schwob y lo hago con una de sus novelas más inquietantes: La cruzada de los niños. Este relato breve llegó a mí de la mano de Vicent-Josep Escartí, que, junto con Antoni Tordera, se habían encargado de editar y traducir al valenciano. De aquella versión, La croada dels infants, me encargaron una reseña; con ello alimentaron mi curiosidad por Schwob, su vida y su obra. Descubrí que se relacionó con Julio Verne y fue traductor de Stevenson; como otros artistas de la época, escapó a la Polinesia buscando tal vez la libertad creadora.
La cruzada de los niños narra un episodio a mitad de camino entre la historia y la leyenda: unos miles de niños se encaminan hacia Jerusalén para liberarla de la dominación musulmana. Tal vez sea una lectura apropiada para estos tiempos en los que se habla tanto de yihadismo y jóvenes. Por supuesto, Schwob construye un relato ficcional, cargado de simbolismo y con unas técnicas muy singulares, alejadas ya del naturalismo del XIX, tal como explico con excesiva prolijidad en aquella reseña. Schwob es autor además de otra obra igualmente curiosa: Vidas imaginarias, que prefigura el juego de las falsas identidades que tanto juego dará en las vanguardias.

La segunda obra de la que hablaré se llama Las letrinas. Historia de la higiene urbana, de Roger Henri Guerrand. Ya entendéis por qué dije que era una sesquidécada rarita, ¿no? Todo tiene su explicación. En aquel tiempo en que trataba de orientar mi tesis doctoral, me documentaba sobre microhistoria (o intrahistoria, que decía Unamuno), esos pequeños sucesos que quedan al margen de la historia oficial. Curiosamente, los cambios en la organización urbana tuvieron mucha relación con la recogida de residuos y el alcantarillado. Como ejemplo, mencionaré que la primera -y polémica- disposición sobre recogida selectiva (papel, orgánicos y vidrio-cerámica) data de 1883, promovida por el prefecto Poubelle, quien, ironías de la historia, acabó dando nombre a la basura en francés. 

El último protagonista de la sesquidécada es un cronista de Indias: Polo de Ondegardo, de quién leí la Relación de los fundamentos acerca del notable daño que resulta de no guardar a los indios sus fueros. En realidad, más que un aventurero, se trataba de un funcionario comisionado por Pizarro para ordenar administrativamente sus territorios. Me resultó curioso observar la visión poco típica de este relator, más interesado en las cuestiones legales del imperio Inca que en las hazañas bélicas de los conquistadores. Por ello orienté uno de mis trabajos de doctorado a compararlo con Pascual de Andagoya, un militar, mucho más interesado en el oro que en la ley. Podéis echar un vistazo a aquellas reflexiones en mi artículo "Dos visiones del Nuevo Mundo: el oro y la ley".

A modo de colofón, el podcast de "El recreo" con la sección literaria de la sesquidécada (a partir del min. 33'12) en la que hablo con Gorka Fernández de estas lecturas. No dejéis de escuchar también a Marcos Cadenato, que inaugura una sección sobre dichos, ni a Manuel Jesús Fernández, que habla de la "clase al revés".

10 marzo 2015

Festina lente: aprender sin prisas


Al hilo del Slow movement (ciudades lentas, educación lenta o pedagogía del caracol) la introducción de metodologías basadas en proyectos (ABP) me lleva cada día más a no tener prisas, a dejar que los procesos ocupen paulatinamente más tiempo en el aula y que la clase acabe convertida en un taller de producción en lugar de un auditorio de explicaciones. Por ejemplo, lo último que hemos estado trabajando en 2º de ESO es el Plan Lector del Año Internacional de la Luz. Los Planes Lectores, a pesar de ser de obligado cumplimiento y de afectar a TODAS las áreas del currículo, son una especie de leyenda urbana en los institutos, algo de lo que todos hablan sin haberlo visto o sin saber bien cómo aplicarlo. Por suerte, en mi centro somos bastante pesados y llevamos unos años promoviendo actividades globales para que todos los departamentos se impliquen en ello. A fin de cuentas no es tan difícil: en un plan lector se ha de leer de manera comprensiva, se ha de extraer información, se ha de reelaborar y se ha de presentar, es decir, competencias básicas, competencias clave de todas las asignaturas.
Para nuestra actividad, elegimos cuatro bloques dentro del tema de la luz. La ficha es esta:


A partir de aquí, tenían que trabajar en pareja, buscando información en sus casas pero trayéndola en bruto al aula para sintetizarla en clase con nuestra ayuda. Una vez preparada esa síntesis, la actividad se abría en dos líneas:

a) Un breve trabajo monográfico que debía cumplir los requisitos formales y de contenido exigidos para ello: portada, índice, epígrafes, bibliografía, tipo de letra, números de página, etc.
b) Un mural de cartulina con imágenes y notas aclaratorias.
Además, en la libreta debían recoger una memoria de lo que se había ido haciendo día a día.

Para trabajar a gusto en grupo con murales, ordenadores y material fungible, desarrollamos la actividad en la biblioteca del centro, que acabó convertida casi en un scriptorium medieval. Debo decir que las tres semanas que nos ocupó esta tarea fueron frenéticas y que ni siquiera los dos profes que compartimos docencia dábamos abasto a supervisar y ayudar con las tareas. Eso sí, podemos dar fe de que todo el trabajo se hacía en el aula, pues cada pareja tenía su carpeta de material y estaba prohibido llevarse los deberes a casa. Con el trabajo artesanal de los murales, también comprobamos que todos los alumnos al final hacían algo, bien en su pareja o bien ayudando a otros (se daban casos de "subcontratación de especialistas", por ejemplo en hacer títulos o dibujos).

Al acabar los trabajos, cada pareja exponía su mural y explicaba tanto el contenido como la disposición del mural y el reparto de tareas. Esta exposición se evaluaba por parte de sus compañeros con una rúbrica de evaluación. Con ello también verificamos que este modo de trabajar había dado como resultado un aprendizaje real, pues el alumnado sabía responder las preguntas trampa que lanzaban algunos de sus compañeros. Los resultados de los murales y un fragmento de exposición podéis verlos en este vídeo:


Siguiendo el curso de este Plan Lector, dado que dentro de los textos argumentativos explicamos siempre la instancia como género de interés, aprovechamos para redactar instancias protestando por el exceso de iluminación urbana y su impacto en la contaminación lumínica. Curiosamente, esto nos sirvió también a los profes para aprender mucho más sobre las leyes actuales al respecto.
El redactado de la instancia también sigue esta pedagogía de la lentitud, pues las instancias se revisan una y otra vez hasta que están perfectas. Esta tarea cobra sentido también en la evaluación, ya que en el examen ya tienen que redactar una instancia siguiendo este modelo que se ha trabajado a conciencia en el aula. Hay alumnos que a la segunda vez ya la tienen lista, pero otros llegan a hacer cuatro o cinco borradores. Ello obliga a que los profes estemos en clase supervisando y corrigiendo continuamente: ortografía, pragmática, cuestiones formales... Para evitar tiempos muertos en el aula, se combina la instancia con otros textos como el anuncio por palabras. Os dejo una muestra de una de las libretas con tres borradores y la definitiva:

Clic en la imagen para ampliar

Como decía al principio, creo que este es el camino para desarrollar destrezas básicas. Muchos docentes se quejan de que el alumnado no sabe buscar información, que no sabe redactar un trabajo, que no sigue las normas mínimas de presentación. Curiosamente, nuestros alumnos reconocían que nadie les había dicho jamás cómo tenían que hacerlo y que de ese modo era difícil que lo hiciesen bien. En la Escuela, en lugar de correr tanto de unidad en unidad, más nos valdría ir paso a paso caminando sobre seguro: vísteme despacio, que tengo prisa, o festina lente que decían los romanos.

Crédito de la imagen: 'snails & math'

02 marzo 2015

El ABP y la paella


Estamos en los albores de marzo y brotan con la primavera los proyectos en las aulas. Ahí tenemos, por ejemplo, Quijote News o las Infografías educativas o Van Gogh 2015, entre otros. También florecen cursos de formación, como los que organiza el INTEF y otros más cercanos como las jornadas y el curso de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) en el que he participado recientemente, organizado por el Cefire de Castellón, del que hablaré al final de esta nota.

Llevamos ya mucho tiempo compartiendo proyectos en las redes, la mayoría de ellos colaborativos. No sé si todos los que he llevado al aula han seguido al pie de la letra los postulados del ABP. Eso sí, cuando leí la Orden del BOE, que apunta las orientaciones metodológicas para trabajar por proyectos (léanse las páginas 17-18 del documento), por lo menos me sentí identificado en la acción y en la intención. Conozco la teoría del ABP bastante bien y me gusta; por eso siempre he tratado de cambiar mi aula en la línea de esos enfoques. Sin embargo, como ocurre con la paella, hay tantas fórmulas del ABP como docentes, o más bien habría que decir como aulas. Porque, al igual que la paella, cada docente debe elaborar su plato con los ingredientes que tiene a mano y con la tradición que ha heredado. Por estas tierras, por ejemplo, a la paella se le pone costilla de cerdo, un anatema para los de pueblos más al sur; en otros lares, añaden romero o tomillo, incluso cebolla. Los puristas se echan las manos a la cabeza porque no conciben semejantes atropellos. Parece evidente que el "arroz con cosas" que se ofrece en muchos lugares no debería llamarse paella, pero, ¿dónde está el límite?
Como decía, algo similar ocurre con el ABP, que también tiene sus puristas y exegetas. ¿Hay ABP sin trabajo cooperativo? ¿Hay ABP sin uso de las TIC? ¿Hay ABP sin socialización fuera del aula? ¿Y sin pregunta o producto final? De todo esto se habla en los cursos y jornadas sobre ABP, y yo me acuerdo entonces de la paella con costillas, que bien buena está. Los de lengua conocemos bien una dicotomía saussuriana fundamental, la de lengua y habla, esto es, el sistema ideal y abstracto, y su ejecución real y concreta. Llevar el Aprendizaje Basado en Proyectos al aula como sistema abstracto es imposible, tanto como encontrar la receta original de la paella, pero cada docente debería saber actuar en su aula de acuerdo con los principios que lo rigen, adaptándose a las circunstancias propias de su formación, de sus intereses y del propio contexto educativo en el que se halla. Sin embargo, deberíamos reflexionar en esos cursos y jornadas acerca de cuáles son los límites que separan el ABP de los "proyectos con cosas". Por si sirve de consuelo, tampoco yo los tengo claros, aunque intento cada vez aproximarme más al ideal. 

Después de este preludio gastronómico, doy paso a la crónica de las Jornadas #CsABP. En estas jornadas pude charlar un rato con buenos colegas como Jordi Doménech, Jordi Martí o Ramón Paraíso, además de otros muchos docentes a los que veo más a menudo. Por mi parte, estuve contando los aciertos y errores de un proyecto que llevé a las aulas hace un par de años: "Vamos a venderlo todo". Como ya lo expliqué aquí, os dejo los vídeos (gracias a Sergio Mestre) y el enlace a la presentación:

Para cerrar las jornadas, alguien tuvo la idea de contratar a dos farsantes (en su acepción más literal) para hablar de ABP y TIC con el tono de una charla intrascendente de taberna. Solo os dejo una imagen que puede dar idea aproximada del resultado. Por suerte, mi histriónico compañero Juanfra Álvarez supo dar el toque de seriedad que la ocasión requería (*).


Tras las jornadas, ha dado comienzo un curso de ABP en siete días cuya sesión inicial corrió a cargo de mi compañero de centro (y de PQPI) Francesc Collado y de un servidor. Se trataba de un minitaller para abrir boca y para esbozar in situ un proyecto. Es evidente que los límites de tiempo no dieron para mucho, pero resultó curioso comprobar que hay numerosos docentes que apuestan por el cambio metodológico y que está dispuestos a formarse para ello, lo que es sin duda motivo de alegría en estos tiempos inciertos.




(*) ADENDA 7/03/15:
Disponible el vídeo de la charla sobre ABP y TIC:



19 febrero 2015

Sesquidécada: febrero 2000

La sesquidécada de febrero tiene protagonistas marca España, para que luego digan que no hacemos patria. Se trata de dos figuras fundamentales de la narrativa de finales del siglo XX: Antonio Muñoz Molina y Juan José Millás.

Muñoz Molina es conocido por sus obras de gran peso: las novelas negras o el ciclo de memoria histórica ambientado en Mágina, y sus obras de carácter cercano al ensayo. Sin embargo, son menos conocidas sus novelas cortas, muy interesantes por la condensación y por cierto aire de delicatessen literaria: En ausencia de Blanca, El dueño del secreto o Carlota Fainberg. Precisamente esta última fue la que leí en febrero de 2000 y la que ahora recupero para esta sesquidécada. En Carlota Fainberg, dos personajes se cruzan al azar en un aeropuerto e intercambian historias del pasado. No voy a desvelar mucho de la trama, pero quiero subrayar el gran trabajo de Muñoz Molina como creador de narradores interpuestos y como gestor de la tensión y el suspense, incluso sin necesidad de elementos rebuscados o artificiosos. Es un texto breve que, de verdad, merece la pena conocer.

Juan José Millás ha aparecido muchas veces en este blog, sobre todo elogiado por su capacidad de dotar de lógica a los mayores absurdos. En muchos casos, ese manejo del absurdo permite a Millás generar columnas periodísticas que demuestran que la ficción no llega a la suela de los zapatos de la realidad. En No mires debajo de la cama son precisamente los zapatos los protagonistas de la historia, aunque poco a poco ceden terreno a otras tramas y a otros personajes. La vida secreta de los zapatos por la noche sirve de excusa para mostrar, una vez más, la materia absurda de nuestra realidad. Sin embargo, creo que también a Millás se le escapa el hilo narrativo y sus alegorías resultan desmesuradas para el formato novelístico, que acaba pareciendo una columna periodística exagerada en extensión.

Para cerrar esta sesquidécada, mencionaré un libro del que apenas recuerdo nada, pero que significó mucho para mí en su día. Se trata de la Guía para el profesor de idiomas, de Maximiano Cortés, un libro que leí con fruición para ponerme al día en las claves de la docencia de Español como Lengua Extranjera. Digo que significó mucho para mí porque en aquel momento empecé a dar clases on line para un college de EE.UU., lo que me abrió las puertas al mundo de las TIC. Hace quince años empecé a manejar los cursos virtuales y las clases a través de salas de chat de voz que permitían sesiones de intercambio en tiempo real. Tuve conciencia entonces de que los contextos de aprendizaje estaban cambiando y de que el mundo se había hecho muy pequeño. Poco tiempo después, cuando comencé a dar clases en el sistema educativo general, también me di cuenta de que en este país estábamos todavía anclados en el pasado, en el "Cuéntame" del que todavía parece que no hemos salido.

Como dije en la anterior sesquidécada, esta sección también podéis escucharla en los podcasts de El Recreo que graba para la red mi buen amigo Gorka. En esta ocasión, mi intervención (a partir del minuto 24) va precedida de la excelente charla con Maru Domenech, que también nos habla del Quijote News.

07 febrero 2015

Vuelve Espiral Edublogs



Un año más llega la convocatoria de los Premios Espiral Edublogs. Por si alguien todavía no la conoce, esta convocatoria es el referente más sólido en el panorama de los blogs educativos en nuestro ámbito. Y digo la convocatoria y no los premios porque, al margen de llegar a la clasificación final, participar en el certamen y descubrir a otros que también lo hacen es ya de por sí un privilegio y un placer.
El premio Espiral Edublogs tiene para mí un sabor especial, quizá porque cumple nueve años, como pronto los cumplirá este blog, o quizá porque supuso para mí una de las mayores alegrías obtenerlo en la edición de 2008. Inevitablemente, esta nota se convierte en una recuperación nostálgica de aquel momento, no solo por el premio en sí, sino porque dio pie al comienzo de la amistad con profes estupendos como Lourdes Domenech, a quien ya idolatraba en aquella época, como Patxo Landa y Marcos Cadenato, como Isidro Vidal, Charo FernándezXavier SuñéJuanmi Muñoz, Irene Pelegrí, Pedro Villarrubia, Víctor Cuevas y muchos otros a quienes admiro y con quienes sigo compartiendo alegrías y trabajos. Aquí podéis recuperar algunas de aquellas notas que aparecieron en este blog en su día:
Ha llovido mucho desde aquellos premios Espiral, aunque, en el fondo, tampoco hemos cambiado tanto. Por suerte, los blogs son una herramienta habitual en las aulas, a diferencia de entonces, donde apenas unos pocos locos sabían qué hacer con ellos; también ha cambiado la percepción del profe que trabaja con las TIC, en aquellos años una especie de ser extraño que pergeñaba sus actividades digitales casi en la clandestinidad. Quienes estaban allí saben que no exagero.

He querido redactar esta nota para invitar a los que pasáis por aquí para que hagáis visibles vuestros blogs en la red, para que lo que ocurre en el aula no se quede oculto entre cuatro paredes. Sé que no es fácil alcanzar el premio, cada día más reñido por la cantidad y calidad de los blogs presentados (fui jurado en una ocasión y sufrí mucho para decidir), pero, más allá del galardón, la gracia de todo esto es tejer una red de docentes y alumnos lo más tupida posible, para que fluyan las buenas prácticas. 

Finalmente, os dejo aquella intervención en la que hablé sobre la blogobiografía, esto es, el nacimiento, la vida y la muerte de los blogs, un texto con algo de reflexión y con su preceptiva dosis de humor.