31 enero 2019

III Encuentro de docentes de lenguas: “Maneras y motivos para leer”

El azar es un milagro disfrazado, Alejandro Jodorowski

En un 23 de marzo fue elegido Antonio Machado para ocupar un sillón de la Real Academia, era el célebre año de la Generación del 27, el mismo año en el que nacía Gabriel García Márquez, también en marzo, un premio Nobel que falleció en 1982, año en que se publica La casa de los espíritus, de Isabel Allende, una autora que situó uno de sus relatos en el Guggenheim de Bilbao. Si esto no os parece motivo suficiente para celebrar un encuentro de profes en Bilbao, no sabemos qué otras razones podemos dar.
Así, el próximo sábado 23 de marzo de 2019 estáis convocados los docentes de Lengua y Literatura a este III Encuentro de docentes de lenguas en la ciudad natal de Miguel de Unamuno, de Ramiro Pinilla, de Blas de Otero, de Alfonso Irigoyen y tantos otros ilustres escritores y lingüistas.
Este encuentro, continuación de otras dos convocatorias anteriores, quiere centrar su contenido en la reflexión compartida entre profesionales de la materia sobre uno de los temas más polémicos y candentes de la misma: la lectura de los textos literarios. En efecto, en esta ocasión, os invitamos a uniros a nosotros para analizar diferentes aspectos de la lectura literaria en las aulas. A lo largo del sábado 23 intentaremos acercarnos a algunas de las cuestiones que más dudas y desencuentros suscitan entre el profesorado. Hablaremos, por tanto, de los siguientes temas:
1. Planes de lectura. El plan lector.
2. El canon literario en Bachillerato
3. La literatura de hoy
4. La animación a la lectura
5. El papel de los clásicos en la educación literaria
Estas serán las líneas de reflexión, espacio central del Encuentro, que permitirán conocer y analizar diferentes puntos de vista sobre los mismos, para intentar llegar a una propuesta consensuada entre los participantes que ayude a mejorar las prácticas de aula. Combinaremos a lo largo de un intenso día de trabajo diferentes formatos (conferencias, talleres, comunicaciones…) con diferentes objetivos: reflexionar, conocer y compartir y aprender a hacer. Siempre con el objetivo de enriquecer la didáctica de la lectura literaria. Como grandes amantes de la Filología y las Humanidades, el Encuentro está abierto a profesionales de todas las lenguas y esperamos que los pasillos se conviertan en una rica torre de Babel, pero, a efectos organizativos e instrumentales, se utilizará el castellano como lengua vehicular.
Sin duda, será una jornada llena de emoción y aprendizaje, una jornada en la que disfrutar de buena compañía, todos a una, como en Fuenteovejuna, cuya publicación cumple justo ahora 400 años. Si las casualidades no existen, habrá que pensar en el azar o la serendipia para justificar todas estas circunstancias que nos llevan a celebrar el Encuentro, cuyo título es un guiño a dos jornadas que se celebraron en Madrid en 2011 (Maneras de leer y Motivos para leer) y que abrieron nuevos espacios de reflexión sobre la lectura en las aulas. Os esperamos en Bilbao.

Más información en el blog del encuentro, en Twitter y en Facebook:

19 enero 2019

Sesquidécada: enero 2004

Hace diez años que empecé esta serie de las sesquidécadas en las que voy glosando algunas de las obras que me han marcado pasados quince años de su lectura. Ciento veinte artículos en el blog sobre literatura, ciento veinte reencuentros con el lector que fui y no volveré a ser, pues uno nunca se baña en el mismo libro aunque lo lea mil veces, como bien lo explicó Heráclito. Aquella primera sesquidécada inició también un hábito de escritura en el blog que lo ha mantenido vivo, cuando tantos otros blogs educativos han ido desvaneciéndose por el camino, arrumbados por las redes sociales o desfallecidos por motivos varios. Nadie sabe si esta serie continuará otros diez años más o morirá de inanición en el momento menos pensado. Son malos tiempos para los blogs, para la lectura y para la literatura en las redes, contaminadas por la inmediatez, por el deslumbrante brillo de los booktubers o la narrativa interactiva. También he de decir que hay momentos en los que me planteo regresar al blog y abandonar Twitter, obligándome a comulgar con mi idea de la pedagogía de la lentitud y volviendo al "slow blogging". Mientras tanto, aquí sigo un año más, fiel a esta reseña mensual.

El primer libro rescatado del mes es una obra muy interesante de G.K. Chesterton: El Napoleón de Notting Hill. Se trata de una novela futurista, escrita en 1904 y ambientada en 1984, con una crítica política y social llena de ironía y humor, como es habitual es este autor. Merece la pena conocer a Chesterton y acercarse a sus novelas, casi todas ellas con un estilo inconfundible y un fino sentido del humor que conecta enseguida con el lector avisado. Releyendo algunos fragmentos, me parece una lectura muy apropiada para estos tiempos del Brexit, para entender los mecanismos absurdos de la política y el poco sentido común que tiene la ciudadanía cuando se deja llevar por la irracionalidad.

También en enero de 2004 me llegó por azar una colección de relatos de lectores desconocidos estadounidenses, recopilados en una antología por Paul Auster: Creía que mi padre era Dios, subtitulado como "Relatos verídicos de la vida americana". Es un libro que no he podido volver a ojear porque, como tantos otros, lo disfruté gracias a la biblioteca municipal, pero del que guardo un buen recuerdo. Las antologías de relatos siempre son un buen consuelo cuando no sabes qué leer o para rellenar huecos entre lecturas de mayor enjundia.

Por último, una novela juvenil de corte simbólico: El almacén de las palabras terribles, de Elia Barceló, una lectura interesante para trabajar la empatía, el perdón o las emociones. En alguna ocasión pienso que los docentes deberíamos leer muchas más novelas juveniles para no olvidar estas cuestiones tan básicas y necesarias.

30 diciembre 2018

Sesquidécada: diciembre 2003

Repasando para las sesquidécadas las lecturas de hace quince años descubre uno momentos en los que hay un vacío, un bache en apariencia inexplicable, que contrasta llamativamente con la exuberancia de otros periodos. En aquel diciembre de 2003 algo no debía de funcionar bien en mi vida o en mi cabeza, porque, de los tres libros que tengo anotados, solo conseguí acabar uno. El primero era El oficio de vivir, un diario íntimo de Cesare Pavese. Había leído hacía muchos años El diablo en las colinas y me pareció una prosa sugerente y un estilo muy particular del que guardaba buen recuerdo. Me acerqué a este diario pensando encontrar algo parecido al Libro del desasosiego de Pessoa, pero no hallé más que un conjunto de pensamientos deshilvanados, con comentarios bastante machistas, con un poso de resentimiento generalizado que me hizo abandonar el libro a mitad, algo bastante inusual para mí en aquella época. Me hubiese gustado darle una segunda oportunidad, pero, cada vez que leo al azar algún fragmento, vuelve esa sensación de rechazo, así que ahí se quedó como un fósil de mi biblioteca.
El segundo libro también quedó a mitad de leer, aunque en este caso quizá algún día sí que lo acabe. Se trata de Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil. Como dije arriba, es posible que mi cabeza no tuviese suficiente aguante en aquel momento para una prosa de tanta enjundia.
El tercero fue uno de los libros de la saga del capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte: El caballero del jubón amarillo. Es una intriga histórica y literaria ambientada en el Siglo de Oro y con el teatro barroco de telón de fondo. Creo que es una novela de mayor calidad que la que inaugura la saga y contiene numerosos guiños literarios que pueden satisfacer al lector que conoce la época. Durante un tiempo la recomendé en 1º de Bachiller y creo que llegamos a leerla y comentarla en clase en alguna ocasión, aunque no tuvo demasiado éxito entre los jóvenes.
Como esta sesquidécada ha sido poco productiva en recomendaciones, me animo a compartir con vosotros, a modo de regalo de fin de año, una antología de lecturas destacadas de este año 2018. Felices lecturas:


25 diciembre 2018

El juego de las diferencias


"Todos nos hemos considerado mejores, mejores que los demás, y lo que es aún peor, hemos excluido de nuestro grupo a todos aquellos que no pensaban igual. Les hemos hecho daño". (La ola, 2008)

Aquel instituto tenía un proyecto educativo con un enfoque muy democrático, respetuoso con la multiculturalidad, laico, plurilingüe y todos esos valores que nos hacen tolerantes con los demás.
La mayor parte de los miembros de la comunidad educativa se consideraban representados por esos valores del siglo XXI que los alejaban de épocas pasadas en las que predominaba la segregación, el machismo, la discriminación o la desigualdad.
Sin embargo, a aquel proyecto educativo le faltaba algo, le faltaban recursos para garantizar todos esos valores que los sustentaban. Por ejemplo, había estudiantes que, por diversos motivos, no cumplían con las normas de convivencia. Había estudiantes que no tenían recursos materiales para desempeñar su labor en condiciones. Había quienes, incluso, renegaban de esos principios compartidos por la mayoría y se dedicaban a poner trabas en la vida del centro.
En aquel instituto, cuando las cosas empezaron a torcerse, hubo voces que se alzaron para protestar y en los claustros era frecuente oír este tipo de discusiones:
-Tenemos un proyecto compartido y unas normas. Hay que cumplirlas.
-Eso, hay que hacer algo con quienes no aceptan la convivencia.
-Pero no tenemos recursos para atender a los que incumplen las normas…
-Pues, entonces, habrá que echarlos.
-Eso, echarlos es la única solución.
-Pero nuestro proyecto habla de respeto, de educación, de diversidad… Tal vez deberíamos hacer un esfuerzo por integrar a través de la educación.
-Es cierto, algunos estudiantes no encajan porque no tienen apoyo familiar o porque no tienen recursos en sus casas para valorar debidamente lo que les ofrece este instituto.
-De eso nada, si no son capaces de integrarse, que se marchen a otro centro o a su casa.

Y así pasaban el tiempo debatiendo, mientras en las aulas, en los pasillos, la convivencia era cada vez más compleja. Curiosamente, nadie había pensado que los problemas de convivencia se resuelven garantizando recursos para la convivencia, no con castigos ni con debates educativos. Pero al final, los que viven inmersos en el conflicto acaban pensando que solo se solucionan los problemas haciendo desaparecer al que piensa diferente, al que vive de manera diferente, al que tiene un color, orientación sexual o religión diferente. Y en silencio o a gritos, a pesar de sentirse orgullosos de su proyecto democrático y multicultural, se suman al creciente coro: “echarlos es la única solución”.
Aquel país tenía una constitución con un enfoque muy democrático, respetuoso con la multiculturalidad, laico, plurilingüe y todos esos valores que nos hacen tolerantes con los demás.
La mayor parte de los ciudadanos se consideraban representados por esos valores del siglo XXI que los alejaban de épocas pasadas en las que predominaba la segregación, el machismo, la discriminación o la desigualdad.
Sin embargo, a aquella constitución le faltaba algo, le faltaban recursos para garantizar todos esos valores que la sustentaban. Por ejemplo, había ciudadanos que, por diversos motivos, no cumplían con las normas de convivencia. Había trabajadores que no tenían recursos materiales para desempeñar su labor en condiciones. Había quienes, incluso, renegaban de esos principios compartidos por la mayoría y se dedicaban a poner trabas en la vida del país.
En aquel país, cuando las cosas empezaron a torcerse, hubo voces que se alzaron para protestar y en los debates parlamentarios era frecuente oír este tipo de discusiones:
-Tenemos un proyecto compartido y unas normas. Hay que cumplirlas.
-Eso, hay que hacer algo con quienes no aceptan la convivencia.
-Pero no tenemos recursos para atender a los que incumplen las normas…
-Pues, entonces, habrá que echarlos.
-Eso, echarlos es la única solución.
-Pero nuestra constitución habla de respeto, de educación, de diversidad… Tal vez deberíamos hacer un esfuerzo por integrar a través de la educación.
-Es cierto, algunos ciudadanos no encajan porque no tienen apoyo social o porque no tienen recursos en sus ciudades para valorar debidamente lo que les ofrece este país.
-De eso nada, si no son capaces de integrarse, que se marchen a otro sitio o a su país.

Y así pasaban el tiempo debatiendo, mientras en los centros de trabajo, en las calles, la convivencia era cada vez más compleja. Curiosamente, nadie había pensado que los problemas de convivencia se resuelven garantizando recursos para la convivencia, no con castigos ni con debates parlamentarios. Pero al final, los que viven inmersos en el conflicto acaban pensando que solo se solucionan los problemas haciendo desaparecer al que piensa diferente, al que vive de manera diferente, al que tiene un color, orientación sexual o religión diferente. Y en silencio o a gritos, a pesar de sentirse orgullosos de su proyecto democrático y multicultural, se suman al creciente coro: “echarlos es la única solución”.


Crédito de la imagen: Crítica de "La ola"

22 diciembre 2018

A modo de memoria

Estamos en el primer día de vacaciones, así que vais a tener que disculparme si esta memoria del trimestre no está contada con todo el detalle que merece. Ha sido un periodo largo, casi cuatro meses de un tirón para los que empezamos a finales de agosto, un periodo intenso con pocos momentos libres para detenerse a pensar. Por eso, este alto en el camino permite sentarse, aunque solo sea unos minutos, para pensar y evaluar lo vivido hasta ahora.

En el aula tengo este año tres grupos, un 1º y un 2º de ESO y el reducido grupo de compensatoria Riu Sec-Casa Camarón, de alumnado de etnia gitana. Con los grupos ordinarios de la ESO hemos dedicado mucho tiempo a leer en el aula, algo que ya he contado con detalle en el blog y en un artículo de IneveryCrea. Estos grupos tienen alrededor de 20 alumnos cada uno. Son agrupaciones heterogéneas, compartidas con otros colegas del departamento, en las que el alumnado no se selecciona por su nivel académico o su comportamiento. En 1º de ESO, además, tenemos un día a la semana grupos cooperativos con alumnado de espectro autista, en los que Ester, responsable del aula CiL (Comunicación y lenguaje), entra en clase y comparte docencia conmigo. En este grupo, además de la lectura, estamos trabajando la redacción de textos periodísticos como la noticia, pues la idea es comenzar en enero con los podcasts, dentro del plan lector de centro, que mencionaré más adelante. Hemos visto también, muy de soslayo, las clases de palabras, pues ya tendrán tiempo de profundizar en ello en cursos superiores.
En 2º de ESO, hemos seguido la misma pauta, lectura y redacción de textos, haciendo hincapié en la revisión y la corrección. También hemos enriquecido el vocabulario con la propuesta #aciertalapalabra, que anima al alumnado a rebuscar palabras desconocidas en el diccionario para compartirlas en clase. Tanto en 1º como en 2º de ESO hemos dedicado una sesión en diciembre a grabar poemas para #poema27, el homenaje a la Generación del 27. Los podéis escuchar en la cuenta de instagram de LenguaBovalar.
Como decía en este tuit, por primera vez (si no contamos mi experiencia con el PCPI) no he planteado exámenes para obtener la calificación. Las rúbricas de autoevaluación de cada grupo (1ESO - 2ESO), la libreta-portafolio y las anotaciones del cuaderno del profesor me han dado elementos suficientes para evaluar. Además, he entregado un breve informe cualitativo para que las familias sepan los puntos débiles y fuertes de sus hijos e hijas. Como he comentado también en un artículo del Diario de la Educación, esto es posible de manera experimental por mis pocos grupos y por los desdobles. Sería muy complicado llevarlo a cabo con éxito de forma general. Tampoco descarto hacer pruebas escritas más adelante, pues el sentido es que aprendan mejor combinando diferentes modelos de evaluación.
En el grupo de Riu Sec, estamos trabajando la guía de la Fundación Secretariado Gitano, Lección Gitana, para elaborar materiales que sirvan para desterrar prejuicios y facilitar la convivencia. También estamos escribiendo guiones para un posible vídeo que represente escenas de costumbres gitanas de nuestros alumnos. Hemos revisado vocabulario caló para elaborar un panel de palabras de uso común y otras que se están perdiendo. Ahora nos toca darle forma a todo ello, algo bastante difícil cuando el principal reto es vencer el absentismo de este colectivo.

Dentro del proyecto de dirección, este es nuestro tercer año en el equipo directivo, algo que nos hace pisar un poco más seguros el camino del curso. Seguimos cometiendo errores y pagando algunas novatadas, pero ya no nos espanta casi nada de lo que sucede alrededor, por ejemplo, el abandono institucional en el tema de servicios sociales (desbordados), de salud mental (más desbordados y solo llegan a los 15 años, así que los que obligatoriamente escolarizamos hasta los 16 quedan fuera), de las fuerzas de seguridad (llamadas desatendidas para garantizar la seguridad o la salud del alumnado), de la administración educativa (soluciones limitadas a problemas infinitos)... Reconozco que hay generalmente buena voluntad de todas las personas que representan a esos colectivos, pero los recursos son tan escasos y están tan dispersos y burocratizados, que resultan ineficaces, si es que llegan a tiempo.
Sin embargo, hay muchas cosas que nos hacen sentir satisfechos como centro. Seguimos promoviendo el compromiso de centro sin deberes, con un tercio de la plantilla suscribiéndolo. Continúa el desarrollo de proyectos y la formación continua bajo el paraguas de Bovalar projecta, ahora planteado como plan integral de formación en centro, con intervenciones formativas variadas para promover enfoques y puntos de vista alternativos. Con ese hilo de los proyectos, llevamos adelante el plan lector de centro, dedicado a los "Viajes por el mundo", un tema que ha aglutinado a profes de muy diversos departamentos para trabajar en tareas comunes. Por otro lado, estamos comenzando el desarrollo del programa de tutoría entre iguales (TEI), que ha conseguido que pasemos de 164 partes de convivencia en 1º de ESO en el primer trimestre del año pasado a unos 37 este año, algo que nos da un respiro en uno de las grandes preocupaciones de nuestro proyecto de dirección: la convivencia. Nos hemos apuntado a la red de centros sostenibles que impulsa la consellería, y ya hemos comenzado a elaborar propuestas e intervenciones, gestionadas en parte por alumnado y profesoras de la FP Básica de jardinería. También somos los anfitriones del seminario de directores y directoras de Castellón, un foro donde surgen muchas dudas y alguna buenas ideas. Y mantenemos otras acciones de vertebración con el contexto, como el órgano de participación ciudadana de la infancia y la adolescencia, con el ayuntamiento de Castelló, las sesiones formativas con alumnado del Máster de Secundaria de la Universitat Jaume I, o los proyectos de intercambio docente entre los colegios adscritos y los tutores de 1º de ESO. Un no parar...
En la formación del profesorado apenas tengo ocasión de participar últimamente en cursos o jornadas, salvo visitas esporádicas a algún centro cercano. Estuve hace un mes en Santander, invitado por el Consejo Escolar de Cantabria, para hablar de la escuela nueva en estos tiempos modernos, un alegato por la actualización metodológica del profesorado, pero también una llamada de atención a todos los agentes implicados en la educación para que cumplan con su parte de responsabilidad. Para enero también quiero contar en algunos foros el desarrollo del plan lector de centro. A veces, la tentación de decir que no es muy grande, pues esa formación siempre es a costa de nuestras escasas horas de ocio, pero, por otro lado, igual que me gusta aprender de muchos docentes que comparten sus experiencias, creo que es justo devolver de alguna manera ese favor.
Dije al principio que no me extendería, pero ya veis que no tengo remedio; encima, seguro que se me olvidan cosas. Que paséis unas felices fiestas.

06 diciembre 2018

Con nostalgia de Felipe Zayas, vuelve #poema27

Vuelve por diciembre una nueva edición del acontecimiento poético por excelencia: #poema27, siendo ya la undécima ocasión para compartir poesía en las redes. Esta cita anual celebra el acto fundacional de la Generación del 27, cuando en los próximos días 16 y 17 de diciembre se cumplan los 91 años del encuentro de algunos autores de ese movimiento literario en el Ateneo de Sevilla. Este aniversario poético lo celebramos llenando la red de poemas y versos de aquellos poetas. La edición de este año tiene un punto triste, que es la ausencia de Felipe Zayas, inspirador de todo este enredo, pues en diciembre de 2009, el maestro escribió una nota en su blog recordando el Día de la Lectura en Andalucía, que tomaba como referencia la reunión de los poetas del 27 que daría origen a esa "generación". En un comentario apunté la idea de convertirlo también en un día poético en las redes, en una época en que por redes se entendía el mundo de los blogs, y hasta hoy, así ha sido. Por eso, esta convocatoria va especialmente dedicada a Felipe y a su incomensurable amor por la poesía y por la educación.

Os animo a que publiquéis poemas (o versos) en los blogs, en Facebook, en Instagram y, por supuesto, en Twitter, bajo la etiqueta #poema27. La nómina de autores es bastante extensa y podéis encontrar suficientes poemas de ellos en la red. Es también una oportunidad para llenar las aulas de poesía y para jugar en familia con la narrativa digital. Os dejo unos ejemplos y variados enlaces al final por si queréis investigar. En mi clases de 1º y 2º de ESO he repartido poemas de una antología del 27, confeccionada ex profeso para el aula, cuyas copias he ofrecido de manera voluntaria para ser grabadas en vídeo. Nos quedan diez días para pensar y programar, siempre con la poesía por delante. ¿Os animáis?







Mis homenajes:
Año 2017: Al final de la tarde (Ernestina Champourcín)
Año 2016: Underwood girls (Pedro Salinas)
Año 2015: La tarde... Josefina de la Torre
Año 2014: Dos poemas y más
Año 2013: Canción que nunca pone el pie en el suelo (Rosales)
Año 2012: Al oído de una muchacha (Lorca)
Año 2011: Amor oscuro (Altolaguirre)
Año 2010: Cernuda y Morente
Año 2009: Cernuda

30 noviembre 2018

Sesquidécada: noviembre 2003


Dos lecturas, dos niveles, dos estilos. La selección de lecturas de aquel noviembre de hace quince años, me lleva a puntos muy dispares. Una recomendación quizá os valdrá para el aula, y la otra para vuestro propio disfrute, un disfrute un tanto doloroso.

Cuando leí Hoyos, de Louis Sachar, me pareció una novela ideal para Secundaria. Creo que la utilicé unos cuantos años en 3º y 4º de ESO y luego cayó de mi catálogo, si no recuerdo mal, porque habían sacado una película que reducía su lectura a un nivel demasiado básico de interpretación. Hoyos es una buena novela juvenil, con una estructura muy bien trazada y con un fondo de reflexión muy interesante sobre la culpa, el castigo y la consideración de los menores como un problema social. Al margen de todo ello, es también una novela entretenida, con intriga y con buenas dosis de azar o serendipia. Recuperarla para esta sesquidécada me ha traído gratos recuerdos y tal vez me anime en algún momento a devolverla al aula.

La segunda lectura que reseño es Desgracia, de J.M. Coetzee, que en aquella época recibió el premio Nobel. Se trata de una novela dura, sin el más mínimo espacio para las alegrías, una novela que aborda problemas sobre las decisiones personales y sobre los dramas sociales. Desgracia es una de esas obras que te dejan con una sensación terrible de desamparo. Una lectura no apta para malas rachas... o sí.

17 noviembre 2018

Evaluación decente

Centros pequeños con seis o siete docentes y grandes institutos con centenares de ellos. Escuelas rurales y colegios urbanos. Barrios de lujo y áreas marginales. Funcionarios interinos que no han pasado nunca por una oposición y funcionarios de carrera que han aprobado varias. Interinos que han aprobado muchos exámenes y ninguna oposición y funcionarios de carrera que, por azar, aprobaron a la primera. Docentes que se esfuerzan en cada clase como si les fuese la vida en ello y profes que huyen de sus responsabilidades como si fuese la peste. Buenas personas y malas personas. Buenos profesionales y malos profesionales... Este es el sistema, esto es lo que hay. Seas docente, familia o alumno, te toca la lotería de tu centro, aunque siempre puedes huir a probar suerte en otro.
Se está hablando mucho de evaluación docente y también yo creo que es necesaria, precisamente para que la educación de todos no sea una lotería. Hace falta una evaluación que corrija los errores del sistema y sus desigualdades. Una evaluación que facilite la mejora profesional y el rendimiento de los centros y del alumnado. Evaluarse es sano y muchos lo hacen. No como se está diciendo en las redes, con una evaluación diaria ante la comunidad educativa, porque sabemos que un mal profe, detectado y comprobado en su mala praxis, es una "patata caliente" que queda enquistada en un departamento como una dolencia crónica, si es funcionario de carrera, o va pasando de centro en centro, si es interino. Nos molesta hablar de ello y tratamos de defender nuestra integridad como colectivo, pero una buena evaluación ayudaría a que estos casos minoritarios no empañasen la imagen del profesorado, y tal vez les ayudase a ellos también para tomar conciencia de sus fallos. Es necesaria la evaluación para que los centros aprovechen sus recursos. Es necesaria también para que los proyectos educativos tengan sentido para toda la comunidad educativa. Evaluar es dar valor a lo que nos importa a todos.
Tras este panegírico de la evaluación docente llega la cruda realidad: es imposible una evaluación docente ahora. Ni docente ni decente. Y probablemente lo sea en los próximos años. Toda la evaluación del sistema pasa por asumir la diversidad de contextos que se mencionan al inicio de esta nota, así que no se pueden establecer criterios generales para hacerlo. Una evaluación que no tenga en cuenta el contexto educativo y la diversidad de los miembros que lo conforman es errónea desde la base. Es más, la propia presencia de contextos anormales (guetos educativos, escuela concertada, centros bilingües o de excelencia) dificulta que los resultados de una evaluación tengan valor más allá del aquí/ahora. Por ejemplo, evaluar positivamente a un profe en un centro sin apenas alumnado de compensatoria ¿lo hace competente para trabajar en otro barrio con alto índice de inmigración? Es más, los contextos no son fijos, cambian con el tiempo, con lo cual, la evaluación debería realizarse con cierta frecuencia, lo que exige recursos.
Hablando de recursos para evaluar, se habla poco de quién o quiénes tendrían que realizar esa evaluación del profesorado o de los centros. ¿Una empresa externa? ¿La inspección educativa? ¿Los equipos directivos? No vale la pena extenderse en esto. Las empresas externas no saben lo que es enseñar ni podrán nunca comprender en una o dos sesiones de evaluación la dificultad que entraña nuestro trabajo. Imaginad al auditor que vaya a un centro un lunes a primera hora y a otro el viernes a última. Ah, no, ellos solo medirán la documentación, es decir, no evaluarán la práctica docente, sino las programaciones, las rúbricas, etc. Así sí, claro. En cuanto a la inspección, tal vez en algún caso estén en condiciones de evaluar un centro, pero ni tienen recursos ni capacidad para hacerlo con los docentes, en la mayoría de casos pertenecientes a un nivel o asignatura distinto, e incluso a épocas o ideas educativas distantes. Finalmente, los equipos directivos somos parte implicada y por ello no deberíamos asumir más que aspectos organizativos de esa evaluación y ser también evaluados. Por cierto, imagino que si llega a hacerse esa evaluación, también habría que establecer criterios para evaluar a la inspección, al personal de administración y servicios, ¿a las familias...?
Pero, si hay algo que definitivamente impida la evaluación docente hoy día es el "para qué". Arriba he explicado mis ideas acerca de los objetivos de la evaluación, centrados especialmente en la mejora profesional. Sin embargo, con unos políticos incapaces de ponerse de acuerdo en las líneas generales de la educación, unos políticos que usan la Escuela como un tablero de batalla política, ideológica e incluso religiosa, unos políticos que con una mano aplauden a los profes mientras con la otra les recortan recursos imprescindibles para su trabajo, con esos políticos, la evaluación se convierte en una maquinaria de terror, el instrumento para justificar que no funcionan las cosas que a ellos no les gustan y que hay que promover las que ellos diseñan. Evaluar, para muchos, es una manera de castigar al disidente y premiar al lisonjero. También, si se hace para racionar (que no racionalizar) recursos, se puede convertir en la excusa para privatizar, segregar, excluir... Lo hemos visto demasiadas veces y los resultados han sido demoledores. No, la Escuela no se va al garete por los innoveitors ni por los guruses ni por los profesaurios, tampoco por la LOGSE ni por la LOMCE; la Escuela no arranca porque no hay un pacto de estado a largo plazo que siente las bases de un horizonte educativo en el que todos podamos avanzar hacia objetivos comunes. No existe ese pacto y por tanto no hay ni recursos ni financiación justa. Con una visión de futuro se pueden detectar las carencias y reducir ratios donde haga falta, asignar profesorado para paliar desequilibrios sociales o familiares, trazar mapas escolares con sentido común, eliminar conciertos donde no sean necesarios, potenciar la Escuela pública inclusiva, etc. Por eso, hablar ahora de evaluación docente, cuando hay tantas cosas que solucionar antes, es un tanto temerario, por no decir inconsciente. Espero que a nuestros gestores se les pase esta fiebre evaluadora tan poco meditada y se pongan de verdad a solucionar los problemas de la educación, que empiezan justamente en esa gran pregunta: ¿para qué queremos la Escuela? Mientras tanto, cuenten con que la mayoría de docentes seguirán esforzándose en su trabajo docente y decente, como siempre.

Crédito de la imagen: 'IMG_0037' y 'Feet Direction'