29 junio 2016

Sesquidécada: junio 2001

Me ha costado decidir las tres lecturas que ocupan esta sesquidécada de junio, ya que me he encontrado con un listado muy intenso entre el cual escoger; se ve que hay meses en los que un lector está en racha y va acertando en sus lecturas casi como si le tocase la lotería. Así que voy a tener que dejar para otra ocasión el recuerdo de la magnífica novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero, o la poesía de José Ángel Valente.

Hablando de poesía, el primer rescatado es un poeta, Francisco Brines, a quien me aproximé en aquel junio de 2001 a través de una antología bastante completa. Brines es un poeta muy mediterráneo, que particularmente me recuerda al modo de escribir de Manuel Vicent. Sus poemas apelan a lo sensorial y erótico, pero también al desasosiego crepuscular que marca el paso del tiempo. Es un poeta que vale la pena leer ahora, de cara al verano, sentado en una hamaca en los atardeceres mediterráneos. Os dejo uno de sus poemas:

Lamento en Elca

Estos momentos breves de la tarde, 
con un vuelo de pájaros rodando en el ciprés, 
o el súbito posarse en el laurel dichoso 
para ver, desde allí, su mundo cotidiano, 
en el que están los muros blancos de la casa, 
un grupo espeso de naranjos, 
el hombre extraño que ahora escribe. 
Hay un canto acordado de pájaros 
en esta hora que cae, clara y fría, 
sobre el tejado alzado de la casa. 
Yo reposo en la luz, la recojo en mis manos, 
la llevo a mis cabellos, 
porque es ella la vida, 
más suave que la muerte, es indecisa, 
y me roza en los ojos, 
como si acaso yo tuviera su existencia. 
El mar es un misterio recogido, 
lejos y azul, 

y diminuto y mudo, 
un bello compañero que te dio su alegría, 
y no te dice adiós, pues no ha de recordarte. 
Sólo los hombres aman, y aman siempre, 
aun con dificultad. 
¿Dónde mirar, en esta breve tarde, 
y encontrar quien me mire 
y reconozca? 
Llega la noche a pasos, muy cansada, 
arrastrando las sombras 
desde el origen de la luz, 
y así se apaga el mundo momentáneo, 
se enciende mi conciencia. 
Y miro el mundo, desde esta soledad, 
le ofrezco fuego, amor, 
y nada me refleja. 

Nutridos de ese ardor nazcan los hombres, 
y ante la indiferencia extraña 
de cuanto les acoge, 
mientan felicidad 
y afirmen inocencia, 
pues que en su amor 
no hay culpa y no hay destino.

(Francisco Brines)

También de cara al verano, recupero uno de esos novelones imprescindibles de la literatura universal: Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski. Las novelas rusas del siglo XIX tienen algo que las hace especiales, por exóticas y cercanas a la vez. Exóticas por ese mundo de costumbres tan distantes y cercanas por los paralelismos literarios con autores muy nuestros como Clarín o Galdós. Creo que Crimen y castigo no necesita una reseña a estas alturas; es una novela que hay que leer en alguna ocasión en la vida, como placer literario y como ejercicio filosófico. Entender a Raskólnikov es también entender la condición humana.

Por último, no quería dejar en el olvido a un autor poco conocido pero muy meritorio, Sławomir Mrożek, cuya recopilación de relatos Juego de azar me sorprendió tan gratamente que he ido leyendo con posterioridad casi todo su repertorio de cuentos. No es justo establecer comparaciones para elogiar a un autor, pero las historias de Mrożek tienen cierto paralelismo con el absurdo mundo de Millás o con el humor de Quim Monzó, bajo el sello personal, eso sí, de la narrativa centroeuropea.

Espero que esta selección justifique haber dejado de lado a mi estimado Italo Calvino, al que sin duda tendré ocasión de volver no muy tarde. Feliz verano.

18 junio 2016

Feliz cumpleaños, #FelipeZayas: maestro y amigo

Es posible que alguien no conozca a Felipe Zayas, pero sólo en el caso de que no sea profe de lengua o de que no lleve unos cuantos años en las redes, pues Felipe es un referente de redes educativas y de didáctica de la lengua, pródigo en publicaciones y muy visible durante años en su blog Darle a la lengua

Cuando terminé mi carrera de Filología y hube de cumplir con el C.A.P. (aquel curso de aptitud pedagógica, más trámite que curso y más escalón que barrera), Felipe Zayas fue el encargado de ilustrarnos en el módulo lingüístico y literario. Para un recién licenciado con ínfulas de sabio, como lo era yo en aquel entonces, escuchar a Felipe hablar de Proyectos de Lengua, de Educación Literaria, de Enfoques Comunicativos… me producía una gran desazón, pues pensaba que me había equivocado de carrera y de curso. Todo aquello sonaba nuevo y extraño, ya que en la Filología nunca se mencionaba ni la Didáctica, ni la Pedagogía, ni siquiera se daban unas mínimas indicaciones acerca de la metodología para el ejercicio de la docencia. Quizá por eso muchos pensábamos que dar clase era repetir con mayor o menor gracia lo que habíamos aprendido. Pero me topé con Felipe y empecé a intuir que eso de dar clase iba a ser más complicado de lo que parecía en principio, y que enseñar lengua y literatura requiere una planificación exhaustiva de objetivos y procesos. Aún me faltarían unos años para entender lo complejo que resulta enseñar cuando alguien no está dispuesto previamente a aprender. Como digo, Felipe Zayas sentó mis bases de formación pedagógica y todavía hoy guardo aquellos apuntes y artículos que subrayé en su día. Después de las miniprácticas del C.A.P. no volví a saber de él; yo seguí con los cursos de doctorado y otros menesteres durante unos años y él seguiría formando a nuevos licenciados bisoños. 

Sin embargo, en el año 2006, con mi plaza docente bien asentada, abrí este blog y empecé a husmear en las redes. Y ahí estaba Felipe de nuevo, con su blog de referencia. En aquel blog -y en otros que ya he mencionado aquí anteriormente- encontré una vez más las claves que necesitaba para mi enfoque didáctico de la lengua y la literatura. En octubre de aquel año ya nos habíamos reencontrado en una jornada de blogs en Sagunt en la que también conocí a Ana Ovando y a Antoni Navarro. Sería mi primer contacto con Novadors y casi un rito iniciático en mi despertar al mundo de las redes educativas. A partir de entonces, las relaciones con Felipe han sido continuas, en lo presencial y en lo virtual: emocionante aprendizaje del maestro en Getxolinguae, junto a Tres Tizas y Blogge@ndo, otros referentes de la lengua en la red; o el encuentro Maneras de leer, donde se habló mucho, con vehemencia y con regocijo a la vez, de la muerte de la Gramática… Recientemente, Felipe y otros cuantos profes de Lengua pudimos organizar juntos el I Encuentro de Docentes de Lengua y el esbozo de Quijote News. Por último, no quisiera dejar de mencionar que a raíz de un post de Felipe en el año 2009 surgió el homenaje a los poetas del 27 que todos los años celebramos en la red bajo el hashtag #poema27

Felipe Zayas se jubiló hace poco, o no, nunca se sabe, porque anda siempre enredando con artículos, propuestas y reflexiones. Cuando menos lo esperas, aparece alguna publicación en la que ha vuelto a poner negro sobre blanco la necesidad de los planes lectores, del uso de las TIC en la enseñanza de la literatura, de la comprensión lectora en PISA... siempre defendiendo, eso sí, la pedagogía funcional, el enfoque didáctico centrado en lo comunicativo y unas metodologías en las que la metalingüística no devore al propio acto de comunicación. Felipe anda detrás de algunos desarrollos curriculares de referencia, de la correcta implementación de las competencias en el currículo de lengua. Como le he dicho con cariño en más de una ocasión, para muchos profes de lengua, Felipe es el dinosaurio de Augusto Monterroso, pues da la impresión de que no nos queda ningún camino por recorrer que no haya desbrozado él antes. Es lo que tiene ser un maestro y un pionero.

Felipe se asoma hoy a este blog porque es su cumpleaños y porque es un placer para el discípulo rendirle este pequeño homenaje: Felicidades, Felipe.

11 junio 2016

Explicaciones, las justas

En Educación, los procesos son largos y requieren tiempo para madurar, para ser supervisados y para ser evaluados. No es fácil contar con alumnado al que puedas someter a experimentación durante el tiempo necesario para observar cambios evidentes. Por suerte, en alguna ocasión he podido acompañar a grupos de alumnos en más de un curso y, de este modo, voy tanteando nuevas ideas que me permitan mejorar el proceso de enseñanza y aprendizaje. En esta nota voy a hablar de mis dos grupos de 3º de ESO, que ya fueron en su mayoría alumnos míos en 2º de ESO.


Clic en la imagen para acceder
En 3º de ESO estuvimos desarrollando en el primer trimestre el proyecto Quijote News, que ya conté con detalle en el blog. De manera paralela, habíamos creado unos portafolios digitales, con un planteamiento similar al de otros que hicimos en 1º de Bachiller hace un tiempo, pero corrigiendo errores. A pesar de promocionar la idea entre el equipo docente, sólo el compañero de Emprendimiento se animó a usar el portafolio también en su asignatura. Los portafolios son públicos y abiertos, de modo que se pueden observar en ellos las tareas finales.


Lo que no se ve en los portafolios es la ingente tarea oculta que hay detrás de cada proyecto de escritura. Son borradores compartidos con el profesor que sirven para documentarse, para hacer guiones, para tomar notas... porque hay que decir que, a partir de enero, la libreta de papel ha quedado reducida a la mínima expresión, ya que casi toda la faena se realizaba en Google Drive: sesiones de lectura o puesta en común en el aula ordinaria y sesiones de escritura en el aula de informática.


Dos proyectos nos han tenido ocupados: Lazarillo de Hollywood, que vinculaba el cine mudo con la picaresca, para lo que vimos El maquinista de la General y leímos el Lazarillo; y Pícaros refugiados, que conectaba a su vez la picaresca con el drama de los refugiados de Siria. Bueno, también hemos hecho, a modo de divertimento, un Kahoot sobre el Lazarillo y unos abecés a la manera de Lope de Vega en su Peribáñez, pero eso casi no cuenta.

En el Lazarillo de Hollywood dedicamos alguna sesión a realizar los guiones (storyboard) a la antigua usanza, lo que resultó bastante relajante. Luego elaboraron reseñas de la película y de la novela, que publicaron en el portafolio. Finalmente, han elaborado unos cortometrajes con el estilo del cine mudo. En algún caso, incluso han compuesto e interpretado la banda sonora original. Os dejo tres de muestra, aunque podéis ver el resto en nuestro canal de Youtube:






Por otro lado, el proyecto Pícaros refugiados surgió de unas interacciones que tuvimos varios profes a principio de curso a partir del caso Aylan. Ligado a aquello apareció también el blog Maestros con los niños de Siria, que recomiendo vivamente. Por eso, la idea de trabajar el tema de los refugiados rondaba mis clases sin saber muy bien cómo encajar con el currículo, hasta que me vi incapaz de seguir dando teoría de la literatura del Siglo de Oro y pensé que podríamos ponernos a escribir en serio. A esto me ayudó también Joselu, que anunció en su blog que haría una novela con sus alumnos. De este modo, antes de Pascua nos lanzamos a documentarnos y a preparar guiones y novelas, de las que os dejo aquí un ejemplo (al final de esta nota están todos los enlaces para verlas).



Esas novelas, llenas de acción y emoción, de dolor y amor, son producto de horas de escritura, sobre todo en clase. Los textos podéis leerlos en el blog de aula y en Issuu, aunque también tienen sus versiones en Google Drive insertas en los portafolios. Podréis comprobar, más allá de la calidad literaria, que todas ellas están llenas de solidaridad y compromiso. El remate de este proyecto fue la visita esta pasada semana de la Vicepresidenta Autonómica de Cruz Roja y de dos cooperantes que han vivido la realidad de los campos de refugiados en Grecia, una visita que hicimos coincidir con la convocatoria #Humanizando16. Comprobar que muchas de aquellas ficciones se parecían terriblemente a la realidad ha dejado impactados a muchos de mis alumnos y alumnas. No descartamos agrupar estas narraciones en un volumen conjunto y difundirlas entre la comunidad educativa.


Después de ver tantas explicaciones, quizá no entendáis el porqué del título de esta nota. En realidad, explicaciones he dado pocas en clase. Como decía al principio, cuesta darse cuenta de que muchas certezas que damos por buenas no lo son en absoluto. Pensamos, por ejemplo, que nuestras explicaciones son muy necesarias (y nosotros disfrutamos con ellas), pero resulta que apenas nos escuchan y pocas veces nos entienden. Para los proyectos que he reseñado arriba, casi no he explicado nada: tenían una ficha con lo que se les pedía, tenían enlaces en el blog, tenían libros de texto para consultar... Mis explicaciones durante este curso se redujeron a una semana de sintaxis (les di diez oraciones modelo de las que han salido tres o cuatro al azar por evaluación), algunas anotaciones sobre el contexto histórico medieval y clásico (unos veinte minutos a principio de trimestre), unos mínimos apuntes de métrica y alguna historieta sobre los corrales de comedias, ilustrada por vídeos e imágenes de Internet. Sinceramente, creo que no han necesitado mucho más para trabajar. En las clases, quien quería trabajar podía hacerlo con la confianza de que contaba conmigo para supervisar, para corregir, para preguntar; los que no querían avanzar, tampoco interrumpían al resto. Al final, han entregado una autoevaluación a partir de la rúbrica que se les dio al empezar la novela, acompañada de algunas preguntas sobre lo que han aprendido y lo que les ha costado más alcanzar. Han aprendido porque he visto su evolución; han aprendido porque hemos hecho controles en los que se evidenciaba ese avance.

Algunas reflexiones metodológicas al respecto: aunque parezca que el profe no hace nada, le toca revisar y corregir más de 50 portafolios, con sus respectivos documentos compartidos de Google Drive. También es necesario contar con disponibilidad del aula de informática, algo cada día más difícil. El portafolio digital, realizado sobre Google sites, es una herramienta con mucha potencialidad, pero sería mucho más eficaz si fuese utilizado por varias asignaturas. Por último, el alumnado escribe bastante mal, pero no me cabe duda de que la razón de ello es que han recibido más explicaciones que oportunidades de ponerse ante un ordenador para escribir una novela. Por eso, estoy cada día más convencido de que hemos de dar la clase con la boca cerrada y, explicaciones, las justas.

Más información:

26 mayo 2016

Una década en el camino


Hace 10 años, el 26 de mayo de 2006, empezaba la andadura de este blog. Aunque no era mi primer blog, pues ya en 2003 había comenzado a escribir en la red algunos artículos, Re(paso) de lengua sería mi primer blog profesional orientado a la Educación. Después de aquella primera entrada, he publicado otras 650 notas que jalonan esta década en un camino más vital que virtual. Muchas cosas han cambiado desde entonces en la red, en la Escuela y también en el propio blog. Quizá lo único que permanece casi inmutable es esa declaración de intenciones que todavía hoy encabeza este espacio digital:
Para los profesores de lengua y literatura, este blog pretende ser la Cueva de Alí Babá, en la que encontrar alguna idea, algún germen que permita abrir caminos, sembrar dudas, avivar el seso de los más inquietos. 
No soy el más apropiado para juzgar si Re(paso) de lengua ha cumplido aquellas expectativas para los lectores que se acercan a mi cueva de Alí Babá. Es cierto que he compartido auténticos tesoros, especialmente los trabajos de mi alumnado; también he ido abriendo caminos que me han llevado con mayor o menor acierto a terrenos desconocidos. En ocasiones, la cueva ha sido albergue para el encuentro de forajidos educativos. Pero, al final, más que cueva, este blog ha sido un club social, un salón en el que he podido disfrutar de buenas compañías y llenar mi red de excelentes amigos y amigas. Conviene recordar que, allá por el 2006, la blogosfera ofrecía pocos lugares cálidos para la charla educativa, de ahí que guarde especial cariño a aquellos pioneros virtuales: Lourdes Domenech, José Luis González, Eduardo Larequi, Angus Iglesias, Felipe Zayas, Ana Ovando, Elisa de Armas, Leonor Quintana, Pedro Villarrubia, Fernando Trujillo, Néstor Alonso, Francisco Muñoz de la Peña, José Luis Gamboa, Domingo Méndez, Juanmi MuñozVíctor Cuevas, Isidro Vidal, Charo Fernández… A la mayoría he podido conocerlos después en persona y hemos acabado siendo amigos, lo que confirma que las redes pocas veces engañan, al menos si uno se mantiene activo en ellas durante suficiente tiempo. 

En diez años en la red, que, como todos saben, equivalen a cincuenta de la vida real, uno ha visto de todo un poco: optimismo innovador, eclosión de las TIC, invasión de cacharrería, efervescencia de aplicaciones, web 2.0, web 3.0, Hawaii 5.0… He visto también desengaños y abandonos; sueños utópicos y pesadillas distópicas; mercachifles y buhoneros vendedores de humo, mucho humo. Es algo que ocurre en todos los ámbitos de la vida, así que en Educación también tenemos nuestra ración. Pese a ello, el balance después de este tiempo es muy positivo y no reniego ni de mis esperanzas, ni de mis ilusiones, puestas siempre en un cambio metodológico que, poco a poco, van favoreciendo las tecnologías educativas.

Recibir el premio Espiral Edublogs fue una de mis grandes alegrías como autor de un blog educativo; pasado el tiempo, ver que los blogs siguen vivos y cada día más activos, es otra gran satisfacción. Quizá marcado por ese sentimiento de bloguero primigenio, nunca he hablado mal de nadie ni aquí ni en la red, a veces mordiéndome la lengua, lo que me ha permitido mantener una relativa calma en esta casa: no juzgues y no serás juzgado, o nunca digas de este agua no beberé... Sí que me he quejado del desamparo que hemos sufrido en muchas ocasiones, como colectivo docente y como Escuela Pública. De esas quejas he recibido sobre todo solidaridad, apoyo y consuelo. Por eso siempre he defendido la necesidad de compartir y de visibilizar las tareas, así como las preocupaciones personales y colectivas. Un blog es siempre una ventana abierta, oxígeno vital. Escribir en este blog, en ese sentido, sigue siendo un bálsamo reparador

Ahora, con este décimo cumpleaños, se cierra también una etapa profesional en mi vida y se abre otra. A partir de julio me pongo al frente del Equipo Directivo de mi centro, el IES Bovalar, un centro al que llegué precisamente con destino definitivo en aquel mayo de 2006. Un instituto cuyas actividades siempre he difundido a través de este blog y del que me he sentido orgulloso en todas mis intervenciones virtuales y presenciales, especialmente en las relacionadas con la formación del profesorado. Asumir tareas directivas no era el sueño de mi vida, lo reconozco, pero hay momentos en los que hay que decidir entre la comodidad y la lucha por mejorar. Sé que no será tarea fácil y que exigirá renuncias, pero también me enfrento a ello con mucha ilusión y con buena compañía, intentando poner en marcha un proyecto ambicioso que nos lleve un paso adelante hacia el futuro. Espero que esta nueva labor nos permita hacer realidad ideas y proyectos sobre los que llevamos tiempo dando vueltas. Espero también tener tiempo para seguir con tareas de aula y poder contarlas en este blog, un blog que seguirá siendo vuestra cueva, vuestro albergue, vuestra casa.


Crédito de la imagen: '10'

18 mayo 2016

Sesquidécada: mayo 2001


Mayo es un mes tradicionalmente flojo en lecturas, sobre todo por el ritmo frenético de trabajos y exámenes que imprimen los finales de curso. Curiosamente, para elaborar esta sesquidécada, me encuentro en las lecturas de aquel mayo de 2001 con un denominador común: el ritmo pausado de la narración y cierto gusto por la retórica y la reflexión. Tres obras bastante dispares he seleccionado para ilustrar ese fenómeno.


Antonio Muñoz Molina es un habitual de este blog y, en esta ocasión, viene con una obra singular dentro de su producción: Sefarad. Se trata de una una novela que es casi un ensayo, una hibridación con la que Muñoz Molina seguiría experimentando en obras posteriores y que daría lugar también a esa corriente posmoderna del ensayo-novela en la que destacan Vila-Matas o Javier Cercas, por mencionar a los más conocidos. Sefarad traza un viaje a través de nuestra historia, de la historia de nuestros exilios, poniendo el foco en la cuestión judía, algo que quizá haya costado a su autor ciertas críticas, pues ya se sabe que es difícil ser neutral en esta tierra de afinidades tan polarizadas y cainitas. Si queréis una información más completa sobre esta obra, os recomiendo la reseña que publicó en su día nuestro compañero Eduardo Larequi. Personalmente, guardo un buen recuerdo de ella, aunque no he vuelto a sus páginas desde hace tiempo y puede que hoy me resultase demasiado densa.

Cambiando de estilo y de género incluso, nos vamos a Álvaro Cunqueiro, cuya novela Las mocedades de Ulises, me sorprendió muy gratamente. Los mitos actualizados son un tema recurrente en todas las literaturas, pero es muy reparador encontrar al joven Ulises en ese ambiente gallego tan cercano como sugerente. Una novela refrescante y con mucho guiño a los amantes de la literatura clásica. Es una pena que algunos de estos autores hayan quedado marcados a veces con el estigma del aciago tiempo que les tocó vivir.

Para finalizar, un relato también clásico: Bartleby, el escribiente, de Herman Melville. La antológica frase que repite su protagonista, "preferiría no hacerlo", ha dado pie a toda una filosofía, convirtiendo a Bartleby en un precursor de la procrastinación sine die. El relato de Melville condensa muy bien la desazón de lo cotidiano, la angustia sorda ante las responsabilidades, el estupor que provoca quien decide nadar contra corriente. El mundo está lleno de Bartlebys (de los Bartlebys literarios también se ocupó Vila-Matas) y convendría recordar que, en más de una ocasión, nuestra mejor respuesta sería esa, preferiría no hacerlo.

08 mayo 2016

El olivo: así que pasen dos mil años


Hace poco más de un mes, Mercedes Ruiz me propuso diseñar una actividad a partir de un fragmento de guion. La información al respecto era escasa: la película se llamaba El olivo. Mercedes y la tribu del cine habían abierto un blog para ir recogiendo tareas y sugerencias al hilo de la película. Aquel mínimo fragmento de guion estaba descontextualizado, aunque permitía hacerse una idea del tema y de los posibles sentidos que se abrían a partir de él. Con tanta ilusión como intriga, esbocé una propuesta didáctica que comparto aquí: 

Es una propuesta provisional que seguramente exigiría adaptaciones y cambios (o no) para llevarla al aula. En todo caso, os recomiendo que leáis la actividad que preparó Lourdes Domenech y las que se están publicando en ese blog, bajo enfoques interdisciplinares y orientadas a diversos niveles.


Después de aquello, fuimos conociendo más detalles de la película, y la productora nos invitó al preestreno en Valencia, al que acudí acompañado de mi familia y de Bernat Llopis y los suyos. Fue una velada emocionante, ya que la película El olivo cuenta una historia muy humana, llena de matices tragicómicos. Para mí fue también una gran alegría conocer a sus actrices (genial Anna Castillo) y felicitar personalmente a Icíar Bollaín y a Paul Laverty, directora y guionista, a quienes admiro desde hace años. Dado que el filme se estrenó este viernes pasado, seguro que encontráis información y noticias al respecto en todos los medios, aunque os recomiendo que vayáis a verla antes de leer nada. Personalmente, he escrito ya una reseña sobre mis impresiones nada más ver la película, una reseña más lírica que técnica. Como decía en ella, para los aficionados a la poesía, El olivo es un regalo maravilloso, porque sus imágenes se abren en un abanico de sentidos lleno de sugerencias: la familia, el viaje iniciático, la libertad, la tradición, las raíces de los pueblos, el medio ambiente, el amor, el paso del tiempo, la solidaridad... Podría decirse que cada cual completa la película en función de sus propias vivencias, lo que la convierte de verdad en una historia para todos los públicos. Como iba acompañado de mi familia, pedí opinión a mi hija Lucía, que cursa 1º de ESO:
Es una película muy bonita. Me ha encantado la historia que cuenta, es muy sentimental. Creo que los actores están muy bien escogidos. Por supuesto, me ha gustado mucho que el señor que hacía de abuelo de Alma tuviera el acento valenciano típico de aquí.
Me sorprendió esta última frase, porque en casa no somos valencianoparlantes, lo que indica que estamos echando ya raíces a través de las generaciones más jóvenes. Esto indica también que sentirse extranjero (o hacérselo sentir a los demás) es una cuestión de actitud interior, una mera convención que debería ignorar de una vez por todas cualquier prejuicio, sin esperar a que pasen dos mil años. También de ello habla la película.

29 abril 2016

Sesquidécada: abril 2001

En la primavera de 2001 tuvieron lugar mis primeras tomas de contacto con los intereses lectores de los adolescentes. Quizá fue entonces cuando descubrí que mis gustos y los de los jóvenes no coincidían demasiado. En esta sesquidécada, recupero dos de aquellas lecturas que ejemplifican esa brecha entre la literatura de un filólogo y la de un adolescente, la distancia entre Jan Neruda y J.K. Rowling, un abismo que solo el tiempo y la persistencia lectora pueden salvar. 

Probablemente, la obra más famosa del checo Jan Neruda sean los Cuentos de Malá Strana, una colección de relatos de finales del siglo XIX, que poseen el encanto de la literatura centroeuropea de su época. Neruda, al que algunos críticos atribuyen haber inspirado el seudónimo de nuestro Pablo Neruda, es un perspicaz observador de la vida cotidiana de su tiempo y, a la vez, sabe captar los elementos líricos precisos para no quedarse en el mero costumbrismo. Los que hayan viajado por Praga, podrán evocar con facilidad rincones y aromas de un tiempo pasado al que resulta complicado volver en esta era del turismo masivo.

Como decía al principio, mientras en mis noches viajaba por las calles de Malá Strana, durante el día lidiaba con unos jóvenes que habían descubierto, gracias a J.K.Rowling, unas lecturas que los mantenían enganchados: las aventuras de Harry Potter, un aprendiz de magia en un colegio escocés llamado Hogwarts. Harry Potter y la piedra filosofal fue también para mí un descubrimiento, pues desmentía esa idea de que los jóvenes no leen libros largos o que no les interesa la mitología o la cultura en general. Harry Potter es un excelente ejemplo para desmontar esos tópicos, como luego lo serían autores como Laura Gallego, Blue Jeans, Federico Moccia, etc. Una vez más, la Escuela ha dado la espalda a los cambios históricos y sociales, minusvalorando estos fenómenos de lectura juvenil, juzgándolos y condenándolos con parámetros extraídos de cierto canon elitista, como si sólo se pudiese acceder a la lectura desde los clásicos. Aquel Harry Potter sería el primero en mi lista de lecturas juveniles, una lista que iría creciendo con el tiempo y que espero mantener fresca y viva. En cuanto a la pervivencia de Potter, creo que los modelos actuales se han alejado un poco de esa mitología mágica y se han aproximado al erotismo más o menos explícito, a la fantasía neogótica o a las distopías con aire romántico. Sin embargo, no deberíamos olvidar que un lector adolescente siempre acabará convertido en lector adulto: tiempo habrá de madurar (o no).

23 abril 2016

Cervantes, siempre



Lanzamos a la aulas el proyecto Quijote News como recordatorio de la publicación de la segunda parte del Quijote y volvemos ahora conmemorando la muerte de Cervantes. En unas fechas en las que instituciones y medios de comunicación quieren reivindicar nuestro clásico, habría que recordar que el amor por la literatura se fragua en las aulas, en la formación de jóvenes lectores, en el aprecio desde la infancia de figuras universales que forman parte de nuestra historia y de nuestra identidad. Es innegable que es un deber conmemorar a Cervantes en estos días y en estas circunstancias que nos colocan, a veces, demasiado cerca de la sociedad del Barroco. Pero el verdadero deber de las instituciones consiste en promover una Escuela en la que el arte y la cultura sean valores destacados. Leer el Quijote en las aulas no debería ser una obligación, sino una actividad deleitosa y educativa, pero eso requiere un esfuerzo de toda la sociedad, no el trabajo abnegado y solitario de unos pocos docentes.
En este proyecto, en el que han participado 40 centros de toda España, cientos de niños y jóvenes han leído a Cervantes, han recreado las aventuras de sus personajes y han construido nuevas historias que mantienen viva su memoria. Los clásicos tienen esa virtud, permanecer siempre vivos, abrir nuevos sentidos con cada lectura.
Muchos olvidarán a Cervantes y al Quijote hasta dentro de diez o veinticinco años, cuando una fecha señalada les avise desde la agenda. Sin embargo, para quienes viven las aulas con pasión, cualquier ocasión será propicia para volver a recorrer los caminos de la Mancha. En las aulas, Cervantes y el Quijote siempre son celebrados con la lectura y la relectura; en las aulas, los clásicos nunca mueren. Muchas gracias a todos los que habéis hecho posible este proyecto.

Otras entradas en el blog sobre este proyecto: