20 septiembre 2016

Sesquidécada: septiembre 2001

Septiembre, septiembre... mes de vuelta al cole, aunque en 2001 aún no tenía un aula a la que volver, ya que estaba en el limbo de los que esperan una llamada de la bolsa de interinos, una llamada que en aquella ocasión se haría de esperar demasiado; pero eso es otra historia. En las lecturas de aquel septiembre de 2001 todavía encuentro textos relacionados con mi tesis inconclusa, libros sobre bibliotecas antiguas y pliegos de cordel. Sin embargo, para esta sesquidécada voy a optar por tres lecturas más asequibles, algo que se pueda aprovechar en este siglo.

El primer elegido es un autor poco conocido, Jan Potocki, que ha pasado sin embargo a la historia de la literatura gracias a su extraña novela Manuscrito encontrado en Zaragoza. No es una lectura fácil, quizá por responder al gusto de principios del siglo XIX, cuando fue escrita, pero sí que encandila a los amantes de la narratología por el inusual juego de narraciones incrustadas, a modo de muñecas rusas, sometidas además al recurso clásico -tan cervantino- del manuscrito encontrado. La trama puede resultar también muy apetecible en nuestra época, en la que tanto se ha revalorizado lo gótico y lo grotesco, con cabalistas, bandoleros, demonios y otras gentes de mal vivir. Recientemente, he leído La torre de los siete jorobados, de Emilio Carrere, y me ha recordado mucho a Potocki y a aquellos otros grandes autores de relatos fantásticos del XIX que abrieron las puertas al cuento moderno.

La segunda lectura es una novela de Elena Poniatowska, La piel del cielo, de la que también guardo buen recuerdo, no tanto por el argumento, sino por el deleite de su prosa y el lirismo de su universo narrativo, un universo, en este caso, con constelaciones de fondo. Posteriormente leí Leonora, de la misma autora, y confirmé que se trata de una escritora inexcusable en el panorama literario actual. 

Para finalizar, una recomendación tan ligera como divertida: el ensayo de Carlo M. Cipolla, Allegro ma non troppo, que incluye dos artículos muy conocidos suyos: "El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media" y "Las leyes fundamentales de la estupidez humana". El primero es una parodia de las monografías universitarias y de ciertas investigaciones tan absurdas como irrelevantes. Por otro lado, el análisis de las leyes fundamentales de la estupidez humana es, a pesar de su carácter satírico, un ensayo certero y atinado sobre la condición humana y la relación entre las personas. 
  1. Siempre e inevitablemente cualquiera de nosotros subestima el número de individuos estúpidos en circulación.
  2. La probabilidad de que una persona dada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica propia de dicha persona.
  3. Una persona es estúpida si causa daño a otras personas o grupo de personas sin obtener ella ganancia personal alguna, o, incluso peor, provocándose daño a sí misma en el proceso.
  4. Las personas no-estúpidas siempre subestiman el potencial dañino de la gente estúpida; constantemente olvidan que en cualquier momento, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia, asociarse con individuos estúpidos constituye invariablemente un error costoso.
  5. Una persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que puede existir.


Sin duda, Cipolla nos quiere advertir del peligro de topar con personas de ese cuadrante inferior, en el que los estúpidos no sólo generan perjuicio propio, sino que provocan la desgracia general, algo especialmente grave si, además, forman parte de la clase gobernante.
Una lectura altamente recomendable en estos tiempos de mediocridad y escasa estima de la inteligencia humana.

07 septiembre 2016

En marcha

Decía a principios de agosto que, en esta nueva etapa como director de mi instituto, el tiempo pasaba apresurado y exigía resolver urgencias dejando de lado las cuestiones importantes que guiaban nuestro proyecto de dirección. Estamos a 7 de septiembre y mañana comenzarán las clases. Estos días han sido más de lo mismo, un frenesí que no cesaba ni un momento, con demasiados frentes a los que atender, bien por nuestra impericia o bien porque los plazos en la Escuela son inexorables. La cuestión es que hay que parar y reflexionar, aunque no haya tiempo para ello, aunque día tras día la tentación de procrastinar y dejar de escribir en el blog sea una fuerza poderosa que te invita a callar o a no airear los pocos aciertos y las muchas preocupaciones. Es muy necesario detenerse a pensar en lo importante, en lo que no acabé de contar en aquella nota de principios de agosto. Vamos con ello.

En el claustro inicial tuvimos un tiempo para hablar del Proyecto Educativo de Centro y de las señas de identidad que queríamos mantener vivas: 
1. Ser un centro plural y democrático.
2. Promover la socialización y la normalización lingüística
3. Apostar por la formación integral del alumnado.
4. Promover metodologías activas.
5. Dar un impulso a la innovación y la formación.
6. Implementar las tecnologías educativas.

Este es el proyecto educativo que ya teníamos en el centro y que queremos garantizar mediante las cinco grandes líneas estratégicas de nuestro programa de dirección:

1. Centrar recursos humanos y materiales en la lucha contra el elevado fracaso escolar, especialmente, en los primeros cursos de la ESO.
2. Abrir canales de comunicación eficaces con la comunidad educativa, especialmente con las familias.
3. Promover un Plan de Convivencia centrado en el alumnado, incidiendo en la mediación entre iguales, y procurar que el reglamento de régimen interno sea un documento que se conozca y se cumpla, estableciendo los mecanismos adecuados para hacer las modificaciones necesarias y para aplicarlo.
4. Organizar los espacios y los horarios escolares hacia un mejor aprovechamiento del aprendizaje.
5. Crear grupos de trabajo interdisciplinares para la innovación y mejora educativa.

Estas líneas estratégicas las hemos concretado en 20 aspectos concretos para el periodo 2016-2020, con el fin de evaluar dentro de cuatro años si hemos sido eficaces:

1. Revisar la asignación de grupos para evitar la segregación
2. Reconfigurar los espacios públicos (patios, pasillos, zonas comunes...)
3. Reforzar el Plan Lector
4. Dinamizar la Biblioteca
5. Revisar, renovar y contextualizar el Plan de Acción Tutorial
6. Incidir en aspectos fundamentales para la convivencia del centro, como puntualidad, imagen limpia del centro, respeto al profesorado y a los compañeros...
7. Reformular el Aula de Convivencia como espacio educativo y no meramente sancionador
8. Promocionar la cultura de prevención de conflictos y refuerzo de la figura del mediador
9. Aclarar y mejorar las normas de convivencia existentes (plan de convivencia y reglamento de régimen), así como mejorar la aplicación de medidas correctoras
10. Promocionar la inclusión efectiva del Aula de Comunicación y Lenguaje (autismo) en la organización del centro
11. Reformular las sesiones de evaluación como herramientas de reflexión y mejora didáctica
12. Promocionar un Consejo Escolar más efectivo y participativo
13. Convocar Claustros más transparentes y participativos
14. Realizar Comisiones de Coordinación Pedagógica más centradas en aspectos organizativos y educativos
15. Dinamizar la participación e implicación del alumnado en el funcionamiento del centro
16. Dinamizar la participación de las familias a través de la activación del AMPA
17. Garantizar la prevención de conductas conflictivas a través de la ocupación lúdico-cultural del tiempo libre
18. Racionalizar las actividades extraescolares, vinculándolas al proyecto educativo para que sean inclusivas y formativas
19. Organizar sesiones de intercambio de experiencias educativas al final de curso
20. Difundir públicamente las actuaciones educativas más destacadas

Por otro lado, a final del curso pasado, publicamos un formulario con 25 propuestas concretas para comenzar a poner en marcha de manera inmediata. Esas propuestas tenían una escala del 0 al 5 para que los docentes pudiesen valorar su importancia. Las más votadas han sido las siguientes:

Propuestas para poner en marcha durante el curso 2016-2017

  • Establecer vínculos de interacción con la Escuela Oficial de Idiomas y la Universitat Jaume I para mostrar trabajos de nuestros alumnos o recibir agentes externos en las aulas (en marcha).
  • Promover una Asociación de Alumnos con la participación de los Delegados para gestionar la comunicación con la comunidad educativa (en estudio).
  • Modificar la distribución de los espacios para recibir a las familias en la Planta Principal (en marcha).
  • Promover juegos populares no sexistas a la hora del patio, con acompañamiento de un docente de Educación Física (en marcha).
  • Habilitar un Aula de Ocio a la hora del patio, cediendo responsabilidades a los alumnos que pidan la llave y con supervisión del docente de guardia (en marcha).
  • Establecer una reunión mensual de la Junta de Delegados con asistencia del Equipo Directivo y mediadores (en marcha).
  • Mentorización del profesorado nuevo por parte de compañeros definitivos en el centro, con los que comparta guardias (en marcha).
  • Reactivación de la Revista Riu Sec (en papel/digital) como órgano de visibilización y difusión de las actividades del centro (en marcha).
  • Asignar a cada Departamento un fragmento de pared de los muros del centro para realizar propuestas de intervención plástica relacionadas con su ámbito (renovables periódicamente) (en estudio).
  • Establecer una semana de los proyectos en el centro para compartir y difundir trabajos de cada asignatura, con talleres organizados por el alumnado (en marcha).
  • Revisar y mejorar la imagen corporativa del centro mediante un concurso de ideas entre alumnado y profesorado (en marcha).
  • Crear una mediateca orientada a la educación en valores para servir de apoyo al Aula de Convivencia (en estudio).
  • Crear un canal de difusión de noticias por Telegram para las familias (en estudio, aunque de momento está en marcha el twitter oficial @iesbovalar)
  • Promover un grupo de trabajo para estudiar las necesidades del barrio y llevar al aula preguntas que den pie a desarrollar actuaciones concretas como respuesta (aprendizaje-servicio) (en marcha).
  • Identificar al alumnado con Altas Capacidades y promover un plan de actuación que no suponga más tarea para ellos sino motivación añadida (en estudio).
  • Organizar unes jornadas lúdico-formativas (dentro del Plan de Formación en Centros) a principios de julio, en las que cada Departamento muestre las actividades más destacadas del curso (en estudio).
  • Organizar una jornada de puertas abiertas para el público en general con especial difusión en el barrio (en estudio)
  • Suprimir el timbre de separación de clases y sustituirlo por música (o silencio) (en estudio).
Veréis que, como balance general, la mayoría de propuestas están ya en marcha o se están estudiando en distintas instancias. También, hemos renovado y actualizado la documentación del centro con ayuda de algunos compañeros y la hemos digitalizado para que cualquiera pueda acceder a ella fácilmente. Además, hemos empezado a desarrollar algunas propuestas y proyectos para ver su calado entre el profesorado. Las más destacadas son las siguientes:

Bovalar projecta: Incentivar el ABP en los primeros cursos de ESO y en el PMAR. Con el apoyo de Francesc Collado, compañero en esto del aprendizaje basado en proyectos y flamante coordinador de secundaria, vamos a intentar que los profes se animen a trabajar de manera cooperativa (ver documento en valencià).

Centro sin deberes: Es una apuesta casi personal y obsesiva, lo reconozco (y lo he contado en el blog), que tiene como finalidad reducir el número de deberes, el peso de las mochilas y el cambio metodológico. Se ha ofrecido a los docentes la firma de un compromiso personal y ya veremos si hay un número considerable de valedores de esta propuesta (ver documento en valencià).

Proyecto Futuro: Son horas del Contrato-programa que irán destinadas a alumnado con perfil de fracaso escolar y de altos problemas de convivencia. Tenemos diez horas de profesorado diverso que, en principio, entrarán en clase con otros profes en aquellos grupos más complejos. Si no funciona el acompañamiento, formaremos pequeñas segregaciones con el fin de hacer aulas-taller y poder dar alternativas inclusivas a este alumnado (ver documento en valencià).

Riu Sec: Cinco horas para levantar de nuevo la revista Riu Sec que durante unos años fue un elemento de difusión y de integración de competencias y que ha permanecido más o menos latente en lo digital en los últimos años. En esas horas también atenderemos al alumnado más difícil de los grupos de ESO para que puedan reforzar competencias comunicativas.

Patios lúdicos: Docentes de Educación Física promoverán juegos no sexistas a la hora del patio para fomentar hábitos saludables y un ocio inclusivo.

Todo está ya en marcha, a pesar de que el día a día no nos deja apenas respirar. No voy a decir que sea fácil, pues en muchos momentos dan ganas de tirar la toalla y echar a correr. La sensación de angustia también está ahí, porque los pequeños problemas surgen a cada momento y todos necesitan una respuesta inmediata. Lo más terrible es saber que cada vez que solucionas uno, generalmente provocas otro, porque el engranaje de un instituto es complejo y hay poco margen de maniobra. Por suerte, tenemos el apoyo del claustro y del resto de la comunidad educativa, y eso nos anima a seguir en la brecha y aguantar. Aunque todo esto nos quite el sueño por la noche, durante el día seguiremos soñando con una Escuela mejor. 

Crédito de la imagen de cabecera: IES Bovalar en el Instagram de Nuño Jiménez

23 agosto 2016

Sesquidécada: agosto 2001

En agosto de 2001 estaba preparando algunos artículos sobre Juan Luis Vives, ese casi desconocido en esta tierra y que en cualquier otro lugar del mundo sería un referente. Mientras leía algunas monografías sobre el humanista valenciano, me asombraba la paciencia con que tuvo que aguantar su exilio, ese retiro forzado por sus antecedentes familiares judíos. Lo imagino en Brujas enterándose de que la Inquisición ha desenterrado los huesos de su madre para quemarlos en público. Lo imagino rechazando una y otra vez, por miedo o por despecho, volver a una España de rencorosos mediocres y de envidiosos ante la inteligencia ajena. Lo imagino muriendo lejos de su tierra y con la espina clavada de no haber podido saldar con su inmensa obra la mancha del odio racial. Nada nuevo, en fin.

Entre aquellos manuales de historia y filología se colaron, sin embargo, algunas lecturas que conviene traer a la memoria en esta sesquidécada. El primer autor es un clásico de nuestra literatura, Benito Pérez Galdós: su novela Miau impregnó algunas de aquellas tardes de verano con el aroma del Madrid castizo finisecular, con funcionarios cesantes y preocupaciones pequeñoburguesas. Es una obviedad recomendar a Galdós en un blog de filólogo, pero ante los retazos de lecturas digitales fragmentarios y dispersos de nuestros días, tal vez sea buena prescripción recuperar la prosa sosegada y llena de detalles del maestro canario.

También leí en aquellos días una antología de cuentos de Dino Buzzati, un autor para mí imprescindible tras la lectura de su novela El desierto de los tártaros. Los relatos de Buzzati son siempre inquietantes, como corresponde al cuento moderno, y dejan al lector balanceándose en esa estrecha franja entre el desasosiego intelectual y la satisfacción estética.

La última recomendación enlaza casi con el próximo inicio de curso, pues se trata de los textos del Juan de Mairena, de Antonio Machado, un imprescindible conjunto de reflexiones heterónimas acerca del arte, de la pedagogía, de la historia, de la literatura... Pasearse por los textos de Mairena es casi vivir en directo las preocupaciones de una generación que quiso renovar una España caduca, aquella misma España que quemó a los padres de Luis Vives y que con gusto hubiese hecho lo propio con él mismo de no haber puesto tierra de por medio. Leer a Juan de Mairena, a Abel Martín, a Antonio Machado es también redescubrir el oficio de maestro, algo necesario, cada día más:
No olvidéis que es tan fácil quitarle a un maestro la batuta, como difícil dirigir con ella la quinta sinfonía de Beethoven. 

03 agosto 2016

Lo urgente y lo importante

Llevo apenas un mes a cargo de la dirección de mi instituto y es un tanto apresurado lanzar reflexiones con esa poca perspectiva. No resulta sencillo ponerse al mando de una organización que debe satisfacer en dosis equilibradas a familias, alumnado, docentes y administración, pero es cierto que hay un punto de aventura y de ilusión en ello, sobre todo para los que amamos el oficio y queremos ser un poquito mejores día a día.
En este mes de director he descubierto que el sistema educativo es poliédrico, cambiante, confuso, inabarcable y, sobre todo, inmovilista. Cualquier acción o movimiento parece obedecer a los usos y costumbres, a caminos trazados de los que es difícil salir. La Escuela (y la Administración en general) sigue siendo un animal grande y torpe que hay que conducir con cuidado y paciencia. Por ejemplo, el discurso de la autonomía de centros se ve lastrado por una hiperregulación que va dejando caer decretos, órdenes e instrucciones día a día, en una sucesión de normativas legales difíciles de cumplir al pie de la letra, bien porque se aprueban de manera apresurada cuando ya hay establecido un orden distinto, bien porque no se ajustan a las posibilidades espaciotemporales de la vida real. A veces, incluso, son buenas ideas que, convertidas en leyes, se vuelven abstrusas y perversas. Aun así, hemos sobrevivido a la formación y gestión del banco de libros, al diseño de las plantillas, a la confección de los horarios, al frenesí del proceso de admisión y a todos esos pequeños obstáculos que parecen diseñados exclusivamente para medir la paciencia de los funcionarios. Contar con el apoyo de mi equipo, de la inspección (sí, de verdad) y de muchos compañeros de claustro ha sido vital para ello.
Al terminar julio, sin embargo, me he dado cuenta de que lo urgente ha desplazado a lo importante. Esos trámites que había que ir rellenando y solucionando casi al minuto no nos han dejado tiempo para desarrollar con más profundidad el proyecto de dirección que nos ha traído hasta aquí. Lo importante era, por ejemplo, pulir el Proyecto Educativo de Centro y complementarlo con nuestras líneas de actuación prioritarias y nuevos enfoques metodológicos: ABP, trabajo cooperativo, transparencia docente, visibilidad, conexión con el contexto... Lo urgente se ha impuesto como una espada de Damocles, dejando esa sensación de trabajar en vacío y con la conciencia de estar cometiendo graves errores por acción u omisión, cuando el principal error sería dejar de lado lo importante, lo que puede salvar a nuestros alumnos del fracaso escolar, lo que puede mejorar la convivencia, lo que nos puede unir a las familias. Seguramente, en septiembre (o unos días antes) volvamos al centro y sigamos con la ilusión de retomar el proyecto que acabamos de empezar. Tendremos otras espadas sobre la cabeza (como esas reválidas recién aprobadas, un hachazo a las competencias, a la escuela inclusiva y al aprendizaje significativo) y sobreviviremos al oleaje de nuevas urgencias, pero confío en que nos quedará tiempo también para lo importante, para nuestra idea de Escuela, porque ese debería ser el verdadero horizonte.

P.D: El título de esta nota coincide con la reflexión en el blog de Salva Barrientos, amigo y compañero en el cursillo de nuevos directores de Castellón.

Crédito de la imagen: 'Lichtkunst Esel'

23 julio 2016

Sesquidécada: julio 2001

En época veraniega, la selección de lecturas para estas sesquidécadas se decanta hacia lo lúdico, dejando orillados algunos libros más densos y enjundiosos. Por ello no hablaré aquí ni de la prosa festiva de Quevedo ni los orígenes judíos de Luis Vives, textos que incluso a mí me sorprende haber leído bajo la canícula de aquel julio de 2001.

El primer libro seleccionado merecería casi una nota en exclusiva, aunque apenas necesite presentación: La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. Un libro de verano, de invierno y de todas las estaciones, el paradigma de la novela de aventuras, una delicia para disfrutar en cualquier tiempo y edad. Resulta curioso que llegase a mi lista de lecturas de manera tardía, pero eso tiene su explicación: la mayoría de clásicos juveniles los había leído en aquellas colecciones de tebeos de Clásicos Ilustrados Bruguera, de modo que me resultaban tan familiares John Silver o Jim Hawkins como cualquiera de los personajes de Julio Verne, de Dickens y tantos otros. Como digo, La isla del tesoro no necesita recomendación, sino ser leída y releída con la misma ilusión de un niño disfrazado de pirata.

Aprovechando la reivindicación de las Humanidades en el sistema educativo y del valor de esa Filosofía que casi se ha extirpado del Bachillerato, recupero una extraña novela policíaca con fondo filosófico: Filosofía a mano armada, de Tibor Fischer. Es una intriga protagonizada por un profesor de filosofía entregado al atraco de bancos con continuas referencias a los grandes del pensamiento. Sólo para valientes lectores de Humanidades.

Por último, otro clásico de la novela centroeuropea del siglo XX: Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hašek . Se trata de una divertida parodia de la novela bélica, con un protagonista tan ingenuo como histriónico, que acaba trazando con sus fracasos una mordaz crítica a la guerra y al absurdo mundo de las jerarquías militares. Como el tiempo termina cerrando círculos sobre sí mismo, quince años después acabo de leer otra novela muy similar, la Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin, de Vladímir Voinóvich. El absurdo de la guerra reducido al humor; lástima que el ser humano no haya sido capaz de leer más y disparar menos.

16 julio 2016

Somos competentes en 2º ESO

Procuro siempre dejar memoria en abierto de las actividades llevadas a cabo durante el curso. Lo llevo haciendo desde que comencé a publicar mis andanzas docentes en este blog y creo que es una extensión casi obligatoria de mi oficio, de nuestro oficio, pues exige hacer balance público de aciertos y errores. Hace poco publiqué la memoria de 3º de ESO y hoy toca hablar de los dos grupos de 2º de ESO. Dejaré en el olvido los grupos de 2º de Bachiller, cuya orientación a la Selectividad no requiere más explicación que remitir a su blog de aula, donde podéis ver los materiales que hemos trabajado.

Mis dos grupos de 2º de ESO podrían representar las dos Españas educativas: por un lado, un grupo muy cohesionado, poco heterogéneo, con gran apoyo familiar, en el que nadie ha suspendido (si exceptuamos alguna evaluación de manera puntual), y por otro lado, un grupo de alta complejidad, con numerosos alumnos que llevaban a cuestas ya alguna repetición, con problemas de adaptación al medio escolar, con escasas competencias comunicativas en nuestro idioma y con poco apoyo educativo fuera del aula. La noche y el día.

En el primer grupo tuvimos la suerte de poder desarrollar la docencia compartida, de modo que podríamos decir que hemos llevado el currículo a su máximo nivel. En el segundo, los desdobles han sido insuficientes y eso ha lastrado los resultados; aun así, me doy por satisfecho -junto a mis colegas- por haber podido derivar  hacia 3º ESO ordinario, PMAR o FP Básica a casi todos los del grupo. De ahí salen las primeras luces y sombras, especialmente la dificultad de atender una diversidad extrema bajo un sistema de organización que se configura antes de conocer a los grupos. Probablemente, sabiendo el perfil, hubiésemos debido cambiar la docencia compartida del primer grupo al segundo, pero eso hubiese requerido unos recursos estables en la previsión de julio, y no la asignación tardía de una maestra en octubre, cuando ya están los horarios fijados.

Como es ya habitual, en 2º de ESO combinamos la metodología tradicional (explicaciones y ejercicios del libro, especialmente al inicio del curso) con la elaboración de proyectos. Este año hemos vinculado las tareas al Plan Lector del Cine, de modo que durante el primer trimestre trabajamos los textos expositivos mediante murales que luego se exponían oralmente y se coevaluaban con una rúbrica. Lo conté en otra nota del blog, referida al plan lector del año pasado, así que no insistiré, aunque os dejo al final los enlaces por si queréis acceder a los materiales. 

En el segundo trimestre, al hilo del texto argumentativo, redactaron instancias abogando por la recuperación de los cines de pueblo como espacios lúdicos y culturales, con lo que trabajábamos algunos valores y, en cierta medida, la sostenibilidad, que probablemente será el tema del plan lector del curso que viene. También dimos comienzo a la redacción de los textos instructivos, con la lectura de instrucciones literarias de Julio Cortázar. Estas instrucciones se hacían primero en el cuaderno de clase y se revisaban uno por uno todos los borradores hasta que estuviesen correctas.


En el tercer trimestre, se pasaron a formato digital las instrucciones realizadas por los alumnos y, de nuevo, se hizo una presentación oral de las mismas, también coevaluada por los compañeros. La versión digital sólo se pudo llevar a cabo en el grupo de docencia compartida, ya que al contar con dos docentes se podía gestionar fácilmente la diferencia de ritmos de trabajo del grupo, atendiendo casi de manera individualizada las necesidades de los más lentos en un principio y de los más avanzados en las últimas sesiones. Os recomiendo que echéis un vistazo a algunas de esas presentaciones, realmente creativas y originales.


Para acabar el curso, hemos vuelto a nuestras propuestas poéticas, con la lectura en voz alta (también coevaluada), recitación, análisis y recreación plástica de la antología de poemas De todo corazón, un proyecto que nos ocupa más de un mes y que llena las aulas de alegría y color. Además de vídeos e ilustraciones, el alumnado presentaba un dossier con una docena de poemas analizados, que se habían trabajado previamente en el aula. La única faena extra para casa era pasar a limpio lo que se corregía en clase.


Mirando atrás, veo que seguimos en la línea de dar mucho más peso al trabajo por competencias que a la consecución de objetivos puntuales de la asignatura, tal y como vienen configurados en los libros de texto, que apenas nos sirven en cinco o seis sesiones por trimestre. Esto nos da una visión integral del avance en el aprendizaje del alumnado. De hecho, resultó especialmente gratificante ver que en la evaluación final, quienes habíamos trabajado así podíamos dar indicaciones del logro de casi todas las competencias-clave sin haber tenido que rellenar previamente un listado de ítems. A pesar de que los dos grupos eran muy diferentes, este modo de trabajar nos ha permitido hacer las mismas tareas en distintos niveles curriculares, adaptando la exigencia de las rúbricas a las capacidades del alumnado. Todo lo que hacía el grupo de "alto nivel" podía hacerlo el grupo de nivel inferior, quizá dedicando más tiempo y con unos resultados menos espectaculares pero igualmente formativos. La sintaxis y la morfología quedaban como islas de enfoque tradicional en un curso que tenía más de taller que de aula. Creo que los resultados, una vez más, demuestran que trabajar por competencias es posible, sobre todo si entendemos que eso nos obliga a aplicar otro modo de enseñar, en el que se da importancia a los procesos, y no otro modo de rellenar programaciones de manera distinta para seguir usando la misma metodología. Ojalá acabemos siendo todos "competentes" en el reto de formar a los nuevos estudiantes de este siglo.

Adenda 17/07/16: Las lecturas que hemos trabajado en el aula han sido La piel de la memoria, de Jordi Sierra i Fabra, La bruja de abril y otros cuentos, de Ray Bradbury, y la antología poética De todo corazón. 111 poemas de amor, ya mencionada. De las novelas juveniles se realizaron fichas en el aula y una sesión de puesta en común a modo de tertulia. Tuvimos la suerte de contar con Marina, una profe de prácticas que nos echó una mano con la revisión de todo el material de aula y con las tertulias.

Enlaces de interés:

10 julio 2016

Túneles y literatura


Tal vez hayáis visto este vídeo de promoción de la secuela de Cazafantasmas: una estación de metro, unos andenes semivacíos y unos fenómenos paranormales. Nada más verlo, recordé un relato que leí hace años en la revista Cacumen, Un subte llamado Moebius, de A.J. Deutsch. En ese cuento se plantea una red subterránea tan topológicamente compleja que adopta la estructura de la banda de Moebius, ese cuerpo tan singular que sólo tiene una cara y una arista. Os dejo el relato por si os apetece compararlo y comprobar que la realidad acaba pareciéndose a la ficción: Un metropolitano llamado Moebius

Aprovechando esa coincidencia, he descubierto que voy acumulando lecturas diversas que tienen como escenario los túneles que horadan montañas y ciudades, túneles que, siendo para algunos tan cotidianos, encierran a menudo misterios y fantasmagorías. Por ejemplo, sin ir muy lejos, seguro que conocéis la historia de las estaciones fantasma del metro de Madrid o de las cercanías de Barcelona.

Al margen de esos pequeños engaños y abandonos de la realidad, es en la literatura donde se vuelve más interesante el tránsito por los túneles. Así nos encontramos en primer lugar con el imprescindible Julio Cortázar, del que vale la pena recuperar un relato inquietante como casi todos los suyos: Texto en una libreta


Gentes que entran en túneles pero que no salen, un auténtico universo oculto... La salida de un túnel es también un elemento central en uno de los relatos más conocidos de Charles Dickens, El guardavía, un cuento salpicado por el misterio y lo sobrenatural que podrían haber firmado Edgar Allan Poe o el propio Cortázar.

Siguiendo con historias de miedo y avanzando hacia el horror, encontramos un cuento de Clive Barker, uno de los escritores más sanguinarios (no os perdáis los Libros de Sangre) de los últimos tiempos. Se trata de el Tren de la Carne de Medianoche, una de esas historias que te quitan las ganas de viajar a deshora.

De la ficción a la ciencia-ficción, para encontrarnos con una novela de Dmitri Glujovski, Metro 2033, ambientada en el Moscú postapocalíptico de esa misma fecha. Es una historia tan interesante como claustrofóbica, aunque encierra un mensaje bastante profundo, nunca mejor dicho.

Para los más jóvenes, quizá convenga recordar uno de los títulos de la serie Los tres investigadores (y Alfred Hitchcock), Misterio del dragón, que transcurre en una ciudad costera que esconde unos túneles de un metro inacabado. En esta aventura, Júpiter, Pete y Bob tendrán que esforzarse por resolver las apariciones de un extraordinario monstruo que, como es habitual, esconde unos entresijos de lo más prosaicos.

Cerraré este monográfico de túneles con una novela cuyos protagonistas son precisamente los túneles: Los túneles del paraíso, de Luciano G. Egido. No es una novela metropolitana, sino un homenaje literario a los esforzados trabajadores de la línea ferroviaria que unía La Fregeneda con Barca d'Alva, una línea clausurada que encierra un tesoro paisajístico singular y una obra civil descomunal. Literatura y realidad unidas por los túneles de la lectura.

29 junio 2016

Sesquidécada: junio 2001

Me ha costado decidir las tres lecturas que ocupan esta sesquidécada de junio, ya que me he encontrado con un listado muy intenso entre el cual escoger; se ve que hay meses en los que un lector está en racha y va acertando en sus lecturas casi como si le tocase la lotería. Así que voy a tener que dejar para otra ocasión el recuerdo de la magnífica novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero, o la poesía de José Ángel Valente.

Hablando de poesía, el primer rescatado es un poeta, Francisco Brines, a quien me aproximé en aquel junio de 2001 a través de una antología bastante completa. Brines es un poeta muy mediterráneo, que particularmente me recuerda al modo de escribir de Manuel Vicent. Sus poemas apelan a lo sensorial y erótico, pero también al desasosiego crepuscular que marca el paso del tiempo. Es un poeta que vale la pena leer ahora, de cara al verano, sentado en una hamaca en los atardeceres mediterráneos. Os dejo uno de sus poemas:

Lamento en Elca

Estos momentos breves de la tarde, 
con un vuelo de pájaros rodando en el ciprés, 
o el súbito posarse en el laurel dichoso 
para ver, desde allí, su mundo cotidiano, 
en el que están los muros blancos de la casa, 
un grupo espeso de naranjos, 
el hombre extraño que ahora escribe. 
Hay un canto acordado de pájaros 
en esta hora que cae, clara y fría, 
sobre el tejado alzado de la casa. 
Yo reposo en la luz, la recojo en mis manos, 
la llevo a mis cabellos, 
porque es ella la vida, 
más suave que la muerte, es indecisa, 
y me roza en los ojos, 
como si acaso yo tuviera su existencia. 
El mar es un misterio recogido, 
lejos y azul, 

y diminuto y mudo, 
un bello compañero que te dio su alegría, 
y no te dice adiós, pues no ha de recordarte. 
Sólo los hombres aman, y aman siempre, 
aun con dificultad. 
¿Dónde mirar, en esta breve tarde, 
y encontrar quien me mire 
y reconozca? 
Llega la noche a pasos, muy cansada, 
arrastrando las sombras 
desde el origen de la luz, 
y así se apaga el mundo momentáneo, 
se enciende mi conciencia. 
Y miro el mundo, desde esta soledad, 
le ofrezco fuego, amor, 
y nada me refleja. 

Nutridos de ese ardor nazcan los hombres, 
y ante la indiferencia extraña 
de cuanto les acoge, 
mientan felicidad 
y afirmen inocencia, 
pues que en su amor 
no hay culpa y no hay destino.

(Francisco Brines)

También de cara al verano, recupero uno de esos novelones imprescindibles de la literatura universal: Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski. Las novelas rusas del siglo XIX tienen algo que las hace especiales, por exóticas y cercanas a la vez. Exóticas por ese mundo de costumbres tan distantes y cercanas por los paralelismos literarios con autores muy nuestros como Clarín o Galdós. Creo que Crimen y castigo no necesita una reseña a estas alturas; es una novela que hay que leer en alguna ocasión en la vida, como placer literario y como ejercicio filosófico. Entender a Raskólnikov es también entender la condición humana.

Por último, no quería dejar en el olvido a un autor poco conocido pero muy meritorio, Sławomir Mrożek, cuya recopilación de relatos Juego de azar me sorprendió tan gratamente que he ido leyendo con posterioridad casi todo su repertorio de cuentos. No es justo establecer comparaciones para elogiar a un autor, pero las historias de Mrożek tienen cierto paralelismo con el absurdo mundo de Millás o con el humor de Quim Monzó, bajo el sello personal, eso sí, de la narrativa centroeuropea.

Espero que esta selección justifique haber dejado de lado a mi estimado Italo Calvino, al que sin duda tendré ocasión de volver no muy tarde. Feliz verano.