23 julio 2016

Sesquidécada: julio 2001

En época veraniega, la selección de lecturas para estas sesquidécadas se decanta hacia lo lúdico, dejando orillados algunos libros más densos y enjundiosos. Por ello no hablaré aquí ni de la prosa festiva de Quevedo ni los orígenes judíos de Luis Vives, textos que incluso a mí me sorprende haber leído bajo la canícula de aquel julio de 2001.

El primer libro seleccionado merecería casi una nota en exclusiva, aunque apenas necesite presentación: La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. Un libro de verano, de invierno y de todas las estaciones, el paradigma de la novela de aventuras, una delicia para disfrutar en cualquier tiempo y edad. Resulta curioso que llegase a mi lista de lecturas de manera tardía, pero eso tiene su explicación: la mayoría de clásicos juveniles los había leído en aquellas colecciones de tebeos de Clásicos Ilustrados Bruguera, de modo que me resultaban tan familiares John Silver o Jim Hawkins como cualquiera de los personajes de Julio Verne, de Dickens y tantos otros. Como digo, La isla del tesoro no necesita recomendación, sino ser leída y releída con la misma ilusión de un niño disfrazado de pirata.

Aprovechando la reivindicación de las Humanidades en el sistema educativo y del valor de esa Filosofía que casi se ha extirpado del Bachillerato, recupero una extraña novela policíaca con fondo filosófico: Filosofía a mano armada, de Tibor Fischer. Es una intriga protagonizada por un profesor de filosofía entregado al atraco de bancos con continuas referencias a los grandes del pensamiento. Sólo para valientes lectores de Humanidades.

Por último, otro clásico de la novela centroeuropea del siglo XX: Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hašek . Se trata de una divertida parodia de la novela bélica, con un protagonista tan ingenuo como histriónico, que acaba trazando con sus fracasos una mordaz crítica a la guerra y al absurdo mundo de las jerarquías militares. Como el tiempo termina cerrando círculos sobre sí mismo, quince años después acabo de leer otra novela muy similar, la Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin, de Vladímir Voinóvich. El absurdo de la guerra reducido al humor; lástima que el ser humano no haya sido capaz de leer más y disparar menos.

16 julio 2016

Somos competentes en 2º ESO

Procuro siempre dejar memoria en abierto de las actividades llevadas a cabo durante el curso. Lo llevo haciendo desde que comencé a publicar mis andanzas docentes en este blog y creo que es una extensión casi obligatoria de mi oficio, de nuestro oficio, pues exige hacer balance público de aciertos y errores. Hace poco publiqué la memoria de 3º de ESO y hoy toca hablar de los dos grupos de 2º de ESO. Dejaré en el olvido los grupos de 2º de Bachiller, cuya orientación a la Selectividad no requiere más explicación que remitir a su blog de aula, donde podéis ver los materiales que hemos trabajado.

Mis dos grupos de 2º de ESO podrían representar las dos Españas educativas: por un lado, un grupo muy cohesionado, poco heterogéneo, con gran apoyo familiar, en el que nadie ha suspendido (si exceptuamos alguna evaluación de manera puntual), y por otro lado, un grupo de alta complejidad, con numerosos alumnos que llevaban a cuestas ya alguna repetición, con problemas de adaptación al medio escolar, con escasas competencias comunicativas en nuestro idioma y con poco apoyo educativo fuera del aula. La noche y el día.

En el primer grupo tuvimos la suerte de poder desarrollar la docencia compartida, de modo que podríamos decir que hemos llevado el currículo a su máximo nivel. En el segundo, los desdobles han sido insuficientes y eso ha lastrado los resultados; aun así, me doy por satisfecho -junto a mis colegas- por haber podido derivar  hacia 3º ESO ordinario, PMAR o FP Básica a casi todos los del grupo. De ahí salen las primeras luces y sombras, especialmente la dificultad de atender una diversidad extrema bajo un sistema de organización que se configura antes de conocer a los grupos. Probablemente, sabiendo el perfil, hubiésemos debido cambiar la docencia compartida del primer grupo al segundo, pero eso hubiese requerido unos recursos estables en la previsión de julio, y no la asignación tardía de una maestra en octubre, cuando ya están los horarios fijados.

Como es ya habitual, en 2º de ESO combinamos la metodología tradicional (explicaciones y ejercicios del libro, especialmente al inicio del curso) con la elaboración de proyectos. Este año hemos vinculado las tareas al Plan Lector del Cine, de modo que durante el primer trimestre trabajamos los textos expositivos mediante murales que luego se exponían oralmente y se coevaluaban con una rúbrica. Lo conté en otra nota del blog, referida al plan lector del año pasado, así que no insistiré, aunque os dejo al final los enlaces por si queréis acceder a los materiales. 

En el segundo trimestre, al hilo del texto argumentativo, redactaron instancias abogando por la recuperación de los cines de pueblo como espacios lúdicos y culturales, con lo que trabajábamos algunos valores y, en cierta medida, la sostenibilidad, que probablemente será el tema del plan lector del curso que viene. También dimos comienzo a la redacción de los textos instructivos, con la lectura de instrucciones literarias de Julio Cortázar. Estas instrucciones se hacían primero en el cuaderno de clase y se revisaban uno por uno todos los borradores hasta que estuviesen correctas.


En el tercer trimestre, se pasaron a formato digital las instrucciones realizadas por los alumnos y, de nuevo, se hizo una presentación oral de las mismas, también coevaluada por los compañeros. La versión digital sólo se pudo llevar a cabo en el grupo de docencia compartida, ya que al contar con dos docentes se podía gestionar fácilmente la diferencia de ritmos de trabajo del grupo, atendiendo casi de manera individualizada las necesidades de los más lentos en un principio y de los más avanzados en las últimas sesiones. Os recomiendo que echéis un vistazo a algunas de esas presentaciones, realmente creativas y originales.


Para acabar el curso, hemos vuelto a nuestras propuestas poéticas, con la lectura en voz alta (también coevaluada), recitación, análisis y recreación plástica de la antología de poemas De todo corazón, un proyecto que nos ocupa más de un mes y que llena las aulas de alegría y color. Además de vídeos e ilustraciones, el alumnado presentaba un dossier con una docena de poemas analizados, que se habían trabajado previamente en el aula. La única faena extra para casa era pasar a limpio lo que se corregía en clase.


Mirando atrás, veo que seguimos en la línea de dar mucho más peso al trabajo por competencias que a la consecución de objetivos puntuales de la asignatura, tal y como vienen configurados en los libros de texto, que apenas nos sirven en cinco o seis sesiones por trimestre. Esto nos da una visión integral del avance en el aprendizaje del alumnado. De hecho, resultó especialmente gratificante ver que en la evaluación final, quienes habíamos trabajado así podíamos dar indicaciones del logro de casi todas las competencias-clave sin haber tenido que rellenar previamente un listado de ítems. A pesar de que los dos grupos eran muy diferentes, este modo de trabajar nos ha permitido hacer las mismas tareas en distintos niveles curriculares, adaptando la exigencia de las rúbricas a las capacidades del alumnado. Todo lo que hacía el grupo de "alto nivel" podía hacerlo el grupo de nivel inferior, quizá dedicando más tiempo y con unos resultados menos espectaculares pero igualmente formativos. La sintaxis y la morfología quedaban como islas de enfoque tradicional en un curso que tenía más de taller que de aula. Creo que los resultados, una vez más, demuestran que trabajar por competencias es posible, sobre todo si entendemos que eso nos obliga a aplicar otro modo de enseñar, en el que se da importancia a los procesos, y no otro modo de rellenar programaciones de manera distinta para seguir usando la misma metodología. Ojalá acabemos siendo todos "competentes" en el reto de formar a los nuevos estudiantes de este siglo.

Adenda 17/07/16: Las lecturas que hemos trabajado en el aula han sido La piel de la memoria, de Jordi Sierra i Fabra, La bruja de abril y otros cuentos, de Ray Bradbury, y la antología poética De todo corazón. 111 poemas de amor, ya mencionada. De las novelas juveniles se realizaron fichas en el aula y una sesión de puesta en común a modo de tertulia. Tuvimos la suerte de contar con Marina, una profe de prácticas que nos echó una mano con la revisión de todo el material de aula y con las tertulias.

Enlaces de interés:

10 julio 2016

Túneles y literatura


Tal vez hayáis visto este vídeo de promoción de la secuela de Cazafantasmas: una estación de metro, unos andenes semivacíos y unos fenómenos paranormales. Nada más verlo, recordé un relato que leí hace años en la revista Cacumen, Un subte llamado Moebius, de A.J. Deutsch. En ese cuento se plantea una red subterránea tan topológicamente compleja que adopta la estructura de la banda de Moebius, ese cuerpo tan singular que sólo tiene una cara y una arista. Os dejo el relato por si os apetece compararlo y comprobar que la realidad acaba pareciéndose a la ficción: Un metropolitano llamado Moebius

Aprovechando esa coincidencia, he descubierto que voy acumulando lecturas diversas que tienen como escenario los túneles que horadan montañas y ciudades, túneles que, siendo para algunos tan cotidianos, encierran a menudo misterios y fantasmagorías. Por ejemplo, sin ir muy lejos, seguro que conocéis la historia de las estaciones fantasma del metro de Madrid o de las cercanías de Barcelona.

Al margen de esos pequeños engaños y abandonos de la realidad, es en la literatura donde se vuelve más interesante el tránsito por los túneles. Así nos encontramos en primer lugar con el imprescindible Julio Cortázar, del que vale la pena recuperar un relato inquietante como casi todos los suyos: Texto en una libreta


Gentes que entran en túneles pero que no salen, un auténtico universo oculto... La salida de un túnel es también un elemento central en uno de los relatos más conocidos de Charles Dickens, El guardavía, un cuento salpicado por el misterio y lo sobrenatural que podrían haber firmado Edgar Allan Poe o el propio Cortázar.

Siguiendo con historias de miedo y avanzando hacia el horror, encontramos un cuento de Clive Barker, uno de los escritores más sanguinarios (no os perdáis los Libros de Sangre) de los últimos tiempos. Se trata de el Tren de la Carne de Medianoche, una de esas historias que te quitan las ganas de viajar a deshora.

De la ficción a la ciencia-ficción, para encontrarnos con una novela de Dmitri Glujovski, Metro 2033, ambientada en el Moscú postapocalíptico de esa misma fecha. Es una historia tan interesante como claustrofóbica, aunque encierra un mensaje bastante profundo, nunca mejor dicho.

Para los más jóvenes, quizá convenga recordar uno de los títulos de la serie Los tres investigadores (y Alfred Hitchcock), Misterio del dragón, que transcurre en una ciudad costera que esconde unos túneles de un metro inacabado. En esta aventura, Júpiter, Pete y Bob tendrán que esforzarse por resolver las apariciones de un extraordinario monstruo que, como es habitual, esconde unos entresijos de lo más prosaicos.

Cerraré este monográfico de túneles con una novela cuyos protagonistas son precisamente los túneles: Los túneles del paraíso, de Luciano G. Egido. No es una novela metropolitana, sino un homenaje literario a los esforzados trabajadores de la línea ferroviaria que unía La Fregeneda con Barca d'Alva, una línea clausurada que encierra un tesoro paisajístico singular y una obra civil descomunal. Literatura y realidad unidas por los túneles de la lectura.

29 junio 2016

Sesquidécada: junio 2001

Me ha costado decidir las tres lecturas que ocupan esta sesquidécada de junio, ya que me he encontrado con un listado muy intenso entre el cual escoger; se ve que hay meses en los que un lector está en racha y va acertando en sus lecturas casi como si le tocase la lotería. Así que voy a tener que dejar para otra ocasión el recuerdo de la magnífica novela de Italo Calvino Si una noche de invierno un viajero, o la poesía de José Ángel Valente.

Hablando de poesía, el primer rescatado es un poeta, Francisco Brines, a quien me aproximé en aquel junio de 2001 a través de una antología bastante completa. Brines es un poeta muy mediterráneo, que particularmente me recuerda al modo de escribir de Manuel Vicent. Sus poemas apelan a lo sensorial y erótico, pero también al desasosiego crepuscular que marca el paso del tiempo. Es un poeta que vale la pena leer ahora, de cara al verano, sentado en una hamaca en los atardeceres mediterráneos. Os dejo uno de sus poemas:

Lamento en Elca

Estos momentos breves de la tarde, 
con un vuelo de pájaros rodando en el ciprés, 
o el súbito posarse en el laurel dichoso 
para ver, desde allí, su mundo cotidiano, 
en el que están los muros blancos de la casa, 
un grupo espeso de naranjos, 
el hombre extraño que ahora escribe. 
Hay un canto acordado de pájaros 
en esta hora que cae, clara y fría, 
sobre el tejado alzado de la casa. 
Yo reposo en la luz, la recojo en mis manos, 
la llevo a mis cabellos, 
porque es ella la vida, 
más suave que la muerte, es indecisa, 
y me roza en los ojos, 
como si acaso yo tuviera su existencia. 
El mar es un misterio recogido, 
lejos y azul, 

y diminuto y mudo, 
un bello compañero que te dio su alegría, 
y no te dice adiós, pues no ha de recordarte. 
Sólo los hombres aman, y aman siempre, 
aun con dificultad. 
¿Dónde mirar, en esta breve tarde, 
y encontrar quien me mire 
y reconozca? 
Llega la noche a pasos, muy cansada, 
arrastrando las sombras 
desde el origen de la luz, 
y así se apaga el mundo momentáneo, 
se enciende mi conciencia. 
Y miro el mundo, desde esta soledad, 
le ofrezco fuego, amor, 
y nada me refleja. 

Nutridos de ese ardor nazcan los hombres, 
y ante la indiferencia extraña 
de cuanto les acoge, 
mientan felicidad 
y afirmen inocencia, 
pues que en su amor 
no hay culpa y no hay destino.

(Francisco Brines)

También de cara al verano, recupero uno de esos novelones imprescindibles de la literatura universal: Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski. Las novelas rusas del siglo XIX tienen algo que las hace especiales, por exóticas y cercanas a la vez. Exóticas por ese mundo de costumbres tan distantes y cercanas por los paralelismos literarios con autores muy nuestros como Clarín o Galdós. Creo que Crimen y castigo no necesita una reseña a estas alturas; es una novela que hay que leer en alguna ocasión en la vida, como placer literario y como ejercicio filosófico. Entender a Raskólnikov es también entender la condición humana.

Por último, no quería dejar en el olvido a un autor poco conocido pero muy meritorio, Sławomir Mrożek, cuya recopilación de relatos Juego de azar me sorprendió tan gratamente que he ido leyendo con posterioridad casi todo su repertorio de cuentos. No es justo establecer comparaciones para elogiar a un autor, pero las historias de Mrożek tienen cierto paralelismo con el absurdo mundo de Millás o con el humor de Quim Monzó, bajo el sello personal, eso sí, de la narrativa centroeuropea.

Espero que esta selección justifique haber dejado de lado a mi estimado Italo Calvino, al que sin duda tendré ocasión de volver no muy tarde. Feliz verano.

18 junio 2016

Feliz cumpleaños, #FelipeZayas: maestro y amigo

Es posible que alguien no conozca a Felipe Zayas, pero sólo en el caso de que no sea profe de lengua o de que no lleve unos cuantos años en las redes, pues Felipe es un referente de redes educativas y de didáctica de la lengua, pródigo en publicaciones y muy visible durante años en su blog Darle a la lengua

Cuando terminé mi carrera de Filología y hube de cumplir con el C.A.P. (aquel curso de aptitud pedagógica, más trámite que curso y más escalón que barrera), Felipe Zayas fue el encargado de ilustrarnos en el módulo lingüístico y literario. Para un recién licenciado con ínfulas de sabio, como lo era yo en aquel entonces, escuchar a Felipe hablar de Proyectos de Lengua, de Educación Literaria, de Enfoques Comunicativos… me producía una gran desazón, pues pensaba que me había equivocado de carrera y de curso. Todo aquello sonaba nuevo y extraño, ya que en la Filología nunca se mencionaba ni la Didáctica, ni la Pedagogía, ni siquiera se daban unas mínimas indicaciones acerca de la metodología para el ejercicio de la docencia. Quizá por eso muchos pensábamos que dar clase era repetir con mayor o menor gracia lo que habíamos aprendido. Pero me topé con Felipe y empecé a intuir que eso de dar clase iba a ser más complicado de lo que parecía en principio, y que enseñar lengua y literatura requiere una planificación exhaustiva de objetivos y procesos. Aún me faltarían unos años para entender lo complejo que resulta enseñar cuando alguien no está dispuesto previamente a aprender. Como digo, Felipe Zayas sentó mis bases de formación pedagógica y todavía hoy guardo aquellos apuntes y artículos que subrayé en su día. Después de las miniprácticas del C.A.P. no volví a saber de él; yo seguí con los cursos de doctorado y otros menesteres durante unos años y él seguiría formando a nuevos licenciados bisoños. 

Sin embargo, en el año 2006, con mi plaza docente bien asentada, abrí este blog y empecé a husmear en las redes. Y ahí estaba Felipe de nuevo, con su blog de referencia. En aquel blog -y en otros que ya he mencionado aquí anteriormente- encontré una vez más las claves que necesitaba para mi enfoque didáctico de la lengua y la literatura. En octubre de aquel año ya nos habíamos reencontrado en una jornada de blogs en Sagunt en la que también conocí a Ana Ovando y a Antoni Navarro. Sería mi primer contacto con Novadors y casi un rito iniciático en mi despertar al mundo de las redes educativas. A partir de entonces, las relaciones con Felipe han sido continuas, en lo presencial y en lo virtual: emocionante aprendizaje del maestro en Getxolinguae, junto a Tres Tizas y Blogge@ndo, otros referentes de la lengua en la red; o el encuentro Maneras de leer, donde se habló mucho, con vehemencia y con regocijo a la vez, de la muerte de la Gramática… Recientemente, Felipe y otros cuantos profes de Lengua pudimos organizar juntos el I Encuentro de Docentes de Lengua y el esbozo de Quijote News. Por último, no quisiera dejar de mencionar que a raíz de un post de Felipe en el año 2009 surgió el homenaje a los poetas del 27 que todos los años celebramos en la red bajo el hashtag #poema27

Felipe Zayas se jubiló hace poco, o no, nunca se sabe, porque anda siempre enredando con artículos, propuestas y reflexiones. Cuando menos lo esperas, aparece alguna publicación en la que ha vuelto a poner negro sobre blanco la necesidad de los planes lectores, del uso de las TIC en la enseñanza de la literatura, de la comprensión lectora en PISA... siempre defendiendo, eso sí, la pedagogía funcional, el enfoque didáctico centrado en lo comunicativo y unas metodologías en las que la metalingüística no devore al propio acto de comunicación. Felipe anda detrás de algunos desarrollos curriculares de referencia, de la correcta implementación de las competencias en el currículo de lengua. Como le he dicho con cariño en más de una ocasión, para muchos profes de lengua, Felipe es el dinosaurio de Augusto Monterroso, pues da la impresión de que no nos queda ningún camino por recorrer que no haya desbrozado él antes. Es lo que tiene ser un maestro y un pionero.

Felipe se asoma hoy a este blog porque es su cumpleaños y porque es un placer para el discípulo rendirle este pequeño homenaje: Felicidades, Felipe.

11 junio 2016

Explicaciones, las justas

En Educación, los procesos son largos y requieren tiempo para madurar, para ser supervisados y para ser evaluados. No es fácil contar con alumnado al que puedas someter a experimentación durante el tiempo necesario para observar cambios evidentes. Por suerte, en alguna ocasión he podido acompañar a grupos de alumnos en más de un curso y, de este modo, voy tanteando nuevas ideas que me permitan mejorar el proceso de enseñanza y aprendizaje. En esta nota voy a hablar de mis dos grupos de 3º de ESO, que ya fueron en su mayoría alumnos míos en 2º de ESO.


Clic en la imagen para acceder
En 3º de ESO estuvimos desarrollando en el primer trimestre el proyecto Quijote News, que ya conté con detalle en el blog. De manera paralela, habíamos creado unos portafolios digitales, con un planteamiento similar al de otros que hicimos en 1º de Bachiller hace un tiempo, pero corrigiendo errores. A pesar de promocionar la idea entre el equipo docente, sólo el compañero de Emprendimiento se animó a usar el portafolio también en su asignatura. Los portafolios son públicos y abiertos, de modo que se pueden observar en ellos las tareas finales.


Lo que no se ve en los portafolios es la ingente tarea oculta que hay detrás de cada proyecto de escritura. Son borradores compartidos con el profesor que sirven para documentarse, para hacer guiones, para tomar notas... porque hay que decir que, a partir de enero, la libreta de papel ha quedado reducida a la mínima expresión, ya que casi toda la faena se realizaba en Google Drive: sesiones de lectura o puesta en común en el aula ordinaria y sesiones de escritura en el aula de informática.


Dos proyectos nos han tenido ocupados: Lazarillo de Hollywood, que vinculaba el cine mudo con la picaresca, para lo que vimos El maquinista de la General y leímos el Lazarillo; y Pícaros refugiados, que conectaba a su vez la picaresca con el drama de los refugiados de Siria. Bueno, también hemos hecho, a modo de divertimento, un Kahoot sobre el Lazarillo y unos abecés a la manera de Lope de Vega en su Peribáñez, pero eso casi no cuenta.

En el Lazarillo de Hollywood dedicamos alguna sesión a realizar los guiones (storyboard) a la antigua usanza, lo que resultó bastante relajante. Luego elaboraron reseñas de la película y de la novela, que publicaron en el portafolio. Finalmente, han elaborado unos cortometrajes con el estilo del cine mudo. En algún caso, incluso han compuesto e interpretado la banda sonora original. Os dejo tres de muestra, aunque podéis ver el resto en nuestro canal de Youtube:






Por otro lado, el proyecto Pícaros refugiados surgió de unas interacciones que tuvimos varios profes a principio de curso a partir del caso Aylan. Ligado a aquello apareció también el blog Maestros con los niños de Siria, que recomiendo vivamente. Por eso, la idea de trabajar el tema de los refugiados rondaba mis clases sin saber muy bien cómo encajar con el currículo, hasta que me vi incapaz de seguir dando teoría de la literatura del Siglo de Oro y pensé que podríamos ponernos a escribir en serio. A esto me ayudó también Joselu, que anunció en su blog que haría una novela con sus alumnos. De este modo, antes de Pascua nos lanzamos a documentarnos y a preparar guiones y novelas, de las que os dejo aquí un ejemplo (al final de esta nota están todos los enlaces para verlas).



Esas novelas, llenas de acción y emoción, de dolor y amor, son producto de horas de escritura, sobre todo en clase. Los textos podéis leerlos en el blog de aula y en Issuu, aunque también tienen sus versiones en Google Drive insertas en los portafolios. Podréis comprobar, más allá de la calidad literaria, que todas ellas están llenas de solidaridad y compromiso. El remate de este proyecto fue la visita esta pasada semana de la Vicepresidenta Autonómica de Cruz Roja y de dos cooperantes que han vivido la realidad de los campos de refugiados en Grecia, una visita que hicimos coincidir con la convocatoria #Humanizando16. Comprobar que muchas de aquellas ficciones se parecían terriblemente a la realidad ha dejado impactados a muchos de mis alumnos y alumnas. No descartamos agrupar estas narraciones en un volumen conjunto y difundirlas entre la comunidad educativa.


Después de ver tantas explicaciones, quizá no entendáis el porqué del título de esta nota. En realidad, explicaciones he dado pocas en clase. Como decía al principio, cuesta darse cuenta de que muchas certezas que damos por buenas no lo son en absoluto. Pensamos, por ejemplo, que nuestras explicaciones son muy necesarias (y nosotros disfrutamos con ellas), pero resulta que apenas nos escuchan y pocas veces nos entienden. Para los proyectos que he reseñado arriba, casi no he explicado nada: tenían una ficha con lo que se les pedía, tenían enlaces en el blog, tenían libros de texto para consultar... Mis explicaciones durante este curso se redujeron a una semana de sintaxis (les di diez oraciones modelo de las que han salido tres o cuatro al azar por evaluación), algunas anotaciones sobre el contexto histórico medieval y clásico (unos veinte minutos a principio de trimestre), unos mínimos apuntes de métrica y alguna historieta sobre los corrales de comedias, ilustrada por vídeos e imágenes de Internet. Sinceramente, creo que no han necesitado mucho más para trabajar. En las clases, quien quería trabajar podía hacerlo con la confianza de que contaba conmigo para supervisar, para corregir, para preguntar; los que no querían avanzar, tampoco interrumpían al resto. Al final, han entregado una autoevaluación a partir de la rúbrica que se les dio al empezar la novela, acompañada de algunas preguntas sobre lo que han aprendido y lo que les ha costado más alcanzar. Han aprendido porque he visto su evolución; han aprendido porque hemos hecho controles en los que se evidenciaba ese avance.

Algunas reflexiones metodológicas al respecto: aunque parezca que el profe no hace nada, le toca revisar y corregir más de 50 portafolios, con sus respectivos documentos compartidos de Google Drive. También es necesario contar con disponibilidad del aula de informática, algo cada día más difícil. El portafolio digital, realizado sobre Google sites, es una herramienta con mucha potencialidad, pero sería mucho más eficaz si fuese utilizado por varias asignaturas. Por último, el alumnado escribe bastante mal, pero no me cabe duda de que la razón de ello es que han recibido más explicaciones que oportunidades de ponerse ante un ordenador para escribir una novela. Por eso, estoy cada día más convencido de que hemos de dar la clase con la boca cerrada y, explicaciones, las justas.

Más información:

26 mayo 2016

Una década en el camino


Hace 10 años, el 26 de mayo de 2006, empezaba la andadura de este blog. Aunque no era mi primer blog, pues ya en 2003 había comenzado a escribir en la red algunos artículos, Re(paso) de lengua sería mi primer blog profesional orientado a la Educación. Después de aquella primera entrada, he publicado otras 650 notas que jalonan esta década en un camino más vital que virtual. Muchas cosas han cambiado desde entonces en la red, en la Escuela y también en el propio blog. Quizá lo único que permanece casi inmutable es esa declaración de intenciones que todavía hoy encabeza este espacio digital:
Para los profesores de lengua y literatura, este blog pretende ser la Cueva de Alí Babá, en la que encontrar alguna idea, algún germen que permita abrir caminos, sembrar dudas, avivar el seso de los más inquietos. 
No soy el más apropiado para juzgar si Re(paso) de lengua ha cumplido aquellas expectativas para los lectores que se acercan a mi cueva de Alí Babá. Es cierto que he compartido auténticos tesoros, especialmente los trabajos de mi alumnado; también he ido abriendo caminos que me han llevado con mayor o menor acierto a terrenos desconocidos. En ocasiones, la cueva ha sido albergue para el encuentro de forajidos educativos. Pero, al final, más que cueva, este blog ha sido un club social, un salón en el que he podido disfrutar de buenas compañías y llenar mi red de excelentes amigos y amigas. Conviene recordar que, allá por el 2006, la blogosfera ofrecía pocos lugares cálidos para la charla educativa, de ahí que guarde especial cariño a aquellos pioneros virtuales: Lourdes Domenech, José Luis González, Eduardo Larequi, Angus Iglesias, Felipe Zayas, Ana Ovando, Elisa de Armas, Leonor Quintana, Pedro Villarrubia, Fernando Trujillo, Néstor Alonso, Francisco Muñoz de la Peña, José Luis Gamboa, Domingo Méndez, Juanmi MuñozVíctor Cuevas, Isidro Vidal, Charo Fernández… A la mayoría he podido conocerlos después en persona y hemos acabado siendo amigos, lo que confirma que las redes pocas veces engañan, al menos si uno se mantiene activo en ellas durante suficiente tiempo. 

En diez años en la red, que, como todos saben, equivalen a cincuenta de la vida real, uno ha visto de todo un poco: optimismo innovador, eclosión de las TIC, invasión de cacharrería, efervescencia de aplicaciones, web 2.0, web 3.0, Hawaii 5.0… He visto también desengaños y abandonos; sueños utópicos y pesadillas distópicas; mercachifles y buhoneros vendedores de humo, mucho humo. Es algo que ocurre en todos los ámbitos de la vida, así que en Educación también tenemos nuestra ración. Pese a ello, el balance después de este tiempo es muy positivo y no reniego ni de mis esperanzas, ni de mis ilusiones, puestas siempre en un cambio metodológico que, poco a poco, van favoreciendo las tecnologías educativas.

Recibir el premio Espiral Edublogs fue una de mis grandes alegrías como autor de un blog educativo; pasado el tiempo, ver que los blogs siguen vivos y cada día más activos, es otra gran satisfacción. Quizá marcado por ese sentimiento de bloguero primigenio, nunca he hablado mal de nadie ni aquí ni en la red, a veces mordiéndome la lengua, lo que me ha permitido mantener una relativa calma en esta casa: no juzgues y no serás juzgado, o nunca digas de este agua no beberé... Sí que me he quejado del desamparo que hemos sufrido en muchas ocasiones, como colectivo docente y como Escuela Pública. De esas quejas he recibido sobre todo solidaridad, apoyo y consuelo. Por eso siempre he defendido la necesidad de compartir y de visibilizar las tareas, así como las preocupaciones personales y colectivas. Un blog es siempre una ventana abierta, oxígeno vital. Escribir en este blog, en ese sentido, sigue siendo un bálsamo reparador

Ahora, con este décimo cumpleaños, se cierra también una etapa profesional en mi vida y se abre otra. A partir de julio me pongo al frente del Equipo Directivo de mi centro, el IES Bovalar, un centro al que llegué precisamente con destino definitivo en aquel mayo de 2006. Un instituto cuyas actividades siempre he difundido a través de este blog y del que me he sentido orgulloso en todas mis intervenciones virtuales y presenciales, especialmente en las relacionadas con la formación del profesorado. Asumir tareas directivas no era el sueño de mi vida, lo reconozco, pero hay momentos en los que hay que decidir entre la comodidad y la lucha por mejorar. Sé que no será tarea fácil y que exigirá renuncias, pero también me enfrento a ello con mucha ilusión y con buena compañía, intentando poner en marcha un proyecto ambicioso que nos lleve un paso adelante hacia el futuro. Espero que esta nueva labor nos permita hacer realidad ideas y proyectos sobre los que llevamos tiempo dando vueltas. Espero también tener tiempo para seguir con tareas de aula y poder contarlas en este blog, un blog que seguirá siendo vuestra cueva, vuestro albergue, vuestra casa.


Crédito de la imagen: '10'

18 mayo 2016

Sesquidécada: mayo 2001


Mayo es un mes tradicionalmente flojo en lecturas, sobre todo por el ritmo frenético de trabajos y exámenes que imprimen los finales de curso. Curiosamente, para elaborar esta sesquidécada, me encuentro en las lecturas de aquel mayo de 2001 con un denominador común: el ritmo pausado de la narración y cierto gusto por la retórica y la reflexión. Tres obras bastante dispares he seleccionado para ilustrar ese fenómeno.


Antonio Muñoz Molina es un habitual de este blog y, en esta ocasión, viene con una obra singular dentro de su producción: Sefarad. Se trata de una una novela que es casi un ensayo, una hibridación con la que Muñoz Molina seguiría experimentando en obras posteriores y que daría lugar también a esa corriente posmoderna del ensayo-novela en la que destacan Vila-Matas o Javier Cercas, por mencionar a los más conocidos. Sefarad traza un viaje a través de nuestra historia, de la historia de nuestros exilios, poniendo el foco en la cuestión judía, algo que quizá haya costado a su autor ciertas críticas, pues ya se sabe que es difícil ser neutral en esta tierra de afinidades tan polarizadas y cainitas. Si queréis una información más completa sobre esta obra, os recomiendo la reseña que publicó en su día nuestro compañero Eduardo Larequi. Personalmente, guardo un buen recuerdo de ella, aunque no he vuelto a sus páginas desde hace tiempo y puede que hoy me resultase demasiado densa.

Cambiando de estilo y de género incluso, nos vamos a Álvaro Cunqueiro, cuya novela Las mocedades de Ulises, me sorprendió muy gratamente. Los mitos actualizados son un tema recurrente en todas las literaturas, pero es muy reparador encontrar al joven Ulises en ese ambiente gallego tan cercano como sugerente. Una novela refrescante y con mucho guiño a los amantes de la literatura clásica. Es una pena que algunos de estos autores hayan quedado marcados a veces con el estigma del aciago tiempo que les tocó vivir.

Para finalizar, un relato también clásico: Bartleby, el escribiente, de Herman Melville. La antológica frase que repite su protagonista, "preferiría no hacerlo", ha dado pie a toda una filosofía, convirtiendo a Bartleby en un precursor de la procrastinación sine die. El relato de Melville condensa muy bien la desazón de lo cotidiano, la angustia sorda ante las responsabilidades, el estupor que provoca quien decide nadar contra corriente. El mundo está lleno de Bartlebys (de los Bartlebys literarios también se ocupó Vila-Matas) y convendría recordar que, en más de una ocasión, nuestra mejor respuesta sería esa, preferiría no hacerlo.