07 agosto 2020

Sesquidécada: agosto 2005

Agosto es un mes propicio para lecturas variadas, que lo mismo te dejan registro de bests sellers como El código da Vinci que novelas juveniles como Los hijos del Trueno, de Fernando Lalana y J.M. Almárcegui. Pero esta sesquidécada rinde homenaje a otros títulos con más empaque, también muy variados como comprobaréis.

El primero es un clásico de la educación, casi de obligada lectura para cualquier docente de lengua: Gramática de la fantasía, de Gianni Rodari. Al margen de que se obtienen de su lectura infinidad de ideas y propuestas para el aula, el texto de Rodari es una invitación a observar el mundo con otra mirada, a pensar en la lectura y la literatura como en la materia prima de la imaginación, de los sueños, de la creatividad... La gramática de la fantasía aborda el arte de contar historias pero también abre la puerta a plantear un modo diferente de enseñar a leer y escribir. Solo por eso merece la pena acercarse a Rodari.

Muy relacionada con la lectura y los libros está también la novela Auto de fe, de Elias Canetti, un autor que considero imprescindible para entender el siglo XX. Es una obra intensa, intelectual, simbólica y un tanto quijotesca. La obsesión por los libros de su protagonista lo convierte en un títere de los acontecimientos en una trama que recuerda bastante a las pesadillas de Kafka. Un libro para leer con reposo y buen ánimo.

Por último, una obra de un género menor del Renacimiento, las misceláneas: Floresta española, de Melchor de Santa Cruz. Si hubiese un Twitter en aquella época, la floresta sería lo más parecido a ello: chistes, cotilleos, cuentecillos, crítica, sentencias, burlas, aforismos, sátira... totum revolutum. Os dejo unos pocos ejemplos para vuestro solaz:

Cuando un cirujano a un pobre hombre, que le habían dado una pedrada en un ojo, que se le echó fuera, preguntó al cirujano: señor, ¿perderé el ojo? Respondió: no, que yo le tengo en la mano.

Ofreciéndosele a uno un viaje, aconsejábanle que fuese por la mar, que iría más presto y a menos costa. Respondió: no quiero ir en bestia que se gobierna por el rabo y no se puede el hombre apear de ella cuando quiere.

El mismo decía que era bueno hablar de la guerra y no ir a ella, y hablar de la mar y en ella no entrar, y hablar de la caza y tomalla en la plaza.

Diciendo un gentilhombre a una señora cuando se despedía de ella: beso pies y manos de vuestra merced. Le respondió: Señor, no se olvide otra estación que está en medio.

Leía siempre y fue reprehendido de algunos caballeros. Respondió: converso con los libros, porque hallo en ellos mejor conversación que no en vosotros.

El duque Philipo de Borgoña decía: de los grandes señores no digáis bien, ni mal. Porque si decís bien, mentiréis; y si mal, poneisos a peligro.



22 julio 2020

La versión de Eric: cuando lo normal es la excepción

Las películas de Almodóvar pueden resultar exageradas, rocambolescas en ocasiones, pero más de uno se reconoce en ellas. Lo mismo pasa con el cine de Berlanga, tan desmesurado como la vida misma. No existe eso que la gente llama normalidad y, como decía Tolstoi, todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera. En las novelas de Nando López todo es tremendamente normal en su excepcionalidad. Esas situaciones que pueden parecer azarosamente anómalas se acaban convirtiendo en momentos ordinarios de lo cotidiano. Esa es para mí la mayor virtud de sus obras, junto con el impecable manejo de los diálogos. 
La versión de Eric, su última novela, sigue en esa línea de presentar al lector una realidad tan habitual como invisible, la realidad de unos personajes que se buscan a sí mismos dentro y fuera de sus cuerpos, la realidad de unos pensamientos que afloran en diálogos intensos y verosímiles, la triste realidad de una sociedad que trata las diferencias como trastornos, en lugar de considerarlas una riqueza. Para mayor gozo del lector, la estructura narrativa permite mantener el suspense hasta prácticamente las últimas cinco páginas de la novela, un logro que no resulta fácil sin recurrir a efectismos o lugares comunes.
No entiendo muy bien por qué hay novelas que se encasillan en la literatura juvenil y acaban siendo etiquetadas como lecturas para jóvenes. La versión de Eric, a pesar de haber ganado un premio de literatura juvenil, es mucho más que una novela juvenil. Es cierto que la trama implica a adolescentes y se articula sobre un suceso que se ha de resolver, pero la profundidad de los temas y la técnica empleada la acercan más a la novela negra que a la novela juvenil. Ya ocurrió lo mismo con otras obras del mismo autor, La edad de la iraNadie nos oye, ambas novelas difíciles de encasillar. En cualquier caso, hay que leer La versión de Eric sin esa presión de la etiqueta, para poder disfrutarla como una buena novela, simple y llanamente. 
En cuanto a Nando López, quienes lo seguimos de cerca sabemos que está convirtiéndose en un referente de nuestra época, como también lo han sido Berlanga o Almodóvar, un referente literario, pero también una figura clave en la reivindicación de la diversidad, esa diversidad que nos hace más ricos y más humanos. 

18 julio 2020

Sesquidécada: julio 2005

No he podido recordarlo, pero algo estaría maquinando para revisar de cabo a rabo la Poética de Aristóteles en pleno julio de 2005. Es una obra de referencia para los filólogos, breve, amena y muy clara, que también resulta interesante (igual que su Retórica), para entender el discurso de la política o de la publicidad. Por ejemplo, dice Aristóteles que "es preferible elegir cosas naturalmente imposibles, con tal que parezcan verosímiles, que no las posibles, si parecen increíbles"; les suena ¿verdad? 

En esta sesquidécada hay también ansia de viajes, con un autor que merece la pena seguir: Paul Theroux. Es un referente en la literatura de viajes y recupero aquí Las columnas de Hércules, un periplo por países del Mediterráneo. Su estilo es muy ameno y lleno de referencias culturales que no llegan a ser eruditas ni didácticas. La buena literatura de viajes no debe confundirse con una guía turística y en ello Theroux es muy habilidoso. Casi todos sus libros ofrecen esa grata sensación de convertirse en acompañante del viajero, descubriendo con él cada lugar como un hallazgo. Con tanta plataforma digital de contenidos, puede que este tipo de literatura quede cada día más relegada a unos pocos friquis.

Y para terminar, un poco de música. Las memorias ochenteras de Sabino Méndez en Corre, rocker, una crónica personal del integrante de Loquillo y los trogloditas y varias bandas más. Es un buen libro para recordar momentos de aquella época y para entender lo que ocurría en la trastienda de la movida. Un documento para la nostalgia y para entender que los héroes también tienen sus ruindades.
Felices lecturas veraniegas. 

11 julio 2020

Amor intempestivo, vidas en desazón

Y pues Vuestra Merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso, parecióme no tomarle por el medio, sino del principio, porque se tenga entera noticia de mi persona, y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial, y cuánto más hicieron los que, siéndoles contraria, con fuerza y maña remando, salieron a buen puerto.

La última novela de Rafael Reig bien podría llevar algo parecido al prólogo del Lazarillo de Tormes. No es una novela-epístola, aunque sí autobiográfica, protagonizada por un pícaro que quizá no sabe que lo es, y explica el caso, casus, la caída, el azar de su protagonista hasta llegar a la atalaya desde la que se dirige al lector.
Me confieso admirador de ese Rafael Reig del Manual de literatura para caníbales y del articulista incisivo en las columnas de diferentes medios. Sus novelas tienen ese tono de humor inteligente que las convierte en objetos de lujo para minorías, objetos que sin ser brillantes son elegantes. Por eso no es un escritor de masas, por eso tendrá que seguir esperando para escribir su obra maestra.
En Amor intempestivo Rafael Reig cuenta por extenso su caso, haciendo de la novela un diario, o viceversa. Sin embargo, no sería una novela si la narración se redujese a unas memorias. Hay ficción, más de la que los lectores pensamos (creo), y hay un estilo particular en el que recuperamos al mejor Reig. La trama se enrosca sobre sí misma para volver una y otra vez a los elementos fundamentales que configuran la narración: el amor en todas sus dimensiones (amor filial, amor sexo, amor amistad) y la búsqueda de una identidad perdida. Vamos, la base de casi cualquier novela. Pero la novela es también el retrato de una generación literaria intempestiva, fuera de tiempo y sazón, como afirma el autor. Una generación que parece haber nacido tarde para convertirse en referente, como Muñoz Molina, Millás, etc. y demasiado pronto para ejercer de modelo en unos tiempos en los que apenas se lee. ¿Cuál es el papel del novelista perdido en ese interludio? Encontrar su voz, elegir su obra, ajustar cuentas con su pasado: "Si no tienes cuentas pendientes con el mundo, no te pones a escribir novelas". Rafael Reig traza en esta novela un mapa de sus elecciones, de todo ese abanico de vidas posibles que le han ido saliendo al paso. He leído la novela imaginándolo atado al mástil de su obra rechazando una y otra vez los seductores abrazos de las sirenas que pasan por su vida, unas sirenas demasiado humanas, demasiado carnales. En ese destino trágico se halla también el caso, que no mencionaré aquí por no desvelar el núcleo argumental que para mí tiene la novela, un núcleo que también se relaciona directamente con el amor, con la creación, con la vida.
Amor intempestivo es una novela para amantes de la literatura, para filólogos, para desubicados, para escritores que siguen esperando su musa, sin saber que la han echado de su cama cientos de veces. Igual que el lector del Lazarillo se queda con esa amarga sensación de haber padecido mucho sufrimiento para acabar de cornudo y apaleado, el lector de Reig también experimenta la desazón de ese narrador que parece claudicar ante la adversidad. Sin embargo, nada mejor que retroceder para coger carrerilla. ¿Quién iba a pensar que aquel pregonero de vinos se convertiría en un personaje inmortal? ¿Quién pone en duda que Reig sea capaz de escribir una obra maestra? Ojalá. 

28 junio 2020

1617: suceso en el convento. Historias de sexo y género

Relación verdadera de una carta que envió el padre prior de la orden de Santo Domingo de la ciudad de Úbeda al abad mayor de San Salvador de la ciudad de Granada, de un caso digno de ser avisado, cómo estuvo doce años una monja profesa, la cual había metido su padre por ser cerrada y no ser para casada, y un día haciendo un ejercicio de fuerza se le rompió una tela por donde le salió la naturaleza de hombre como los demás, y lo que se hizo para sacarla del convento, ahora sucedido en este año de mil y seiscientos y diez y siete.

Impreso con licencia del señor Conde de Salvatierra, asistente de Sevilla, por Francisco de Lyra, en la Calle de las Armas, en el Callejón de los Ingleses. 


Las cosas notables de admiración (dijo un sabio) no se deben tratar entre los que solo las juzgan por la limitada capacidad de su entendimiento; pero aunque esto es así, no faltarán muchos que se acomoden a creer los milagros de naturaleza. El de que se da cuenta en esta carta tiene en su abono la calidad de la persona que lo que lo escribe, y la del señor Provisor de Granada, a quien, para dar licencia, le debió contar el caso. La carta es esta:

Sabrá vuestra merced que en el Convento de La Coronada de esta ciudad de Úbeda había doce años que recibieron una monja natural de Sabiote, junto a esta dicha ciudad de Úbeda, llamada doña María Muñoz; y por ser mujer varonil y que echaba mano a una espada y disparaba un arcabuz, y otras cosas que hacía de hombre, vinieron unos hombres de su lugar, siendo novicia, y dijeron a las monjas que cómo habían recibido un hombre en su convento (no porque lo fuese) sino por las condiciones dichas. Con esto, las monjas, como han menester poco como mujeres para inquietarse, se alborotaron de manera que la priora hizo examinar el dicho de los hombres y ver si era hombre o mujer; y halló ser mujer.
Esta monja está profesa y por el discurso de doce años en muchas ocasiones vieron las monjas no ser hombre, porque unas veces cogiéndola dormida, otras por vía de trisca, la descubrían para satisfacerse, porque las fuerzas y ánimo y las propiedades y condiciones eran de varón. 
Ahora, víspera de San Francisco este año de 1617, la dicha monja me escribió un billete pidiéndome le oyese una palabra, que le importaba su salvación. Fui al convento y, estando solos en un locutorio, me dijo cómo era hombre y me contó lo siguiente. Que ocho o nueve días antes habían traído al convento una partida de cien fanegas de trigo; lo había medido y traspasado todo en una tarde, del cual ejercicio sintió una gran dolor entre los dos ingles y que se le había hinchado y, entendiendo se había quebrado con la fuerza, se afligió mucho y no se atrevió a decirlo: lo uno porque no la viese médico, lo otro porque no la tuviesen por quebrada; y que al cabo de tres días se había resuelto la hinchazón, y le había salido naturaleza de hombre.
Y entonces le obligué a que me certificase de la verdad. Y descubriéndose, vi ser tan hombre como el que más y, por no alborotar el convento, instruila en que dijese que había profesado forzada y amenazada de su padre, y que había enviado a Roma por un Buleto para ser oída en orden de que no era monja.

Con esto, llamé a la priora y le hice que la encerrase en una celda y que, para darle de comer, entrasen seis monjas juntas, las más ancianas y religiosas, porque aquesta monja quería poner pleito de su profesión, y no quería que comunicase con nadie hasta dar aviso al Padre Provincial. Ella fingió muy bien el caso y yo luego envié a llamar el padre prior de Baeza, para que juntos lo examinásemos. Y el día de San Francisco entramos en el convento de las monjas los dos y, en achaque de tomarle su dicho a solas en la celda donde estaba encerrada, lo vimos con los ojos y palpamos con las manos, y hallamos ser hombre perfecto en la naturaleza de hombre, y que no tenía de mujer sino un agujerillo como un piñón más arriba del lugar donde dicen que las mujeres tienen su sexo, a pie del que le había salido de hombre. Díjonos cómo, por ser mujer cerrada y que no tenía más de aquel pequeño agujero, se había me había metido a monja, y ni tenía su padre otro hijo mi hija. De donde coligimos que aquel agujero era la raíz de la misma vía de hombre por naturaleza para despedir la orina a falta del miembro principal que se le quedó por falta de virtud expulsiva en lo interior. Confesó que jamás le había venido su mes y, porque las monjas no le llamasen marimacho, que cuando se disciplinaba hacía ostentación de la sangre en las camisas, diciendo estaba con su regla. Miramos los pechos y, con ser de 34 años, no los tenía más que una tabla. En seis o siete días qué le había salido el sexo de hombre, le comenzaba a negrejear el bozo y se le mudó la voz muy gruesa.
Visto esto, yo luego envié a llamar a su padre, el cual vino luego, por estar Sabiote una legua desta ciudad. Contele el caso y pensó morir de espanto. Al fin, aquella noche, una hora después de la oración, fui al sobredicho convento con su padre y le pusimos una saya de color y un manto, y se la entregué, y, salida del convento, declaré el caso a las monjas.

El padre está muy contento, porque es un hombre rico y no tenía heredero, y ahora se halla con un hijo muy hombre y que se puede casar. Ella también va contenta, porque, después de doce años de cárcel, sabe muy bien la libertad, y se halla de mujer, varón, que, en las cosas y bienes temporales, ninguna merced mayor le pudo hacer naturaleza.
El caso es extraño y que se puede escribir al mismo rey, como entiendo se le han escrito.
De Octubre de 1617 años.

Fray Agustín de Torres. 

Esta relación fue impresa en la ciudad de Granada, con licencia del señor Provisor don Francisco Ledesma y, por su original, en Sevilla, con licencia, por Francisco de Lyra.



Créditos: Reproducción del facsímil original extraído de: Noticias del siglo XVII: relaciones españolas de sucesos naturales y sobrenaturales, Henry Ettinghausen, Puvill Libros, 1995

26 junio 2020

Sesquidécada: junio 2005

La lectura en dispositivos digitales cambia notablemente el recuerdo que dejan ciertos libros. Creo que hay estudios sobre ello y puedo constatar, por mi propia experiencia, que los ebooks dejan un poso más efímero que los libros en papel, al menos si comparamos lecturas de una calidad similar.

En la lista que he consultado para esta sesquidécada encuentro, por ejemplo, dos lecturas que me cuesta recordar: La velocidad de la luz, de Javier Cercas, y La misteriosa llama de la Reina Loana, de Umberto Eco. De la primera recuerdo vagamente una trama universitaria, con un profesor visitante en Estados Unidos, que me lleva a otras novelas similares de David Lodge, Antonio Muñoz Molina o Luis Landero. De la novela de Eco solo me acuerdo de que hacía referencias al mundo de los cómics y la literatura popular. Estoy convencido de que si las hubiese leído en formato impreso recordaría más detalles.

En ese sentido, la tercera lectura de esta sesquidécada es buena muestra de ello: Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl. No veo necesidad de reseñar este clásico de la literatura juvenil, del que se hizo incluso una interesante versión cinematográfica a cargo de Tim Burton. Sus personajes configuran ya una especie de arquetipos literarios y, como todo buen clásico, su relectura siempre es fructífera. Personalmente, recuerdo las ilustraciones, el tacto y el olor de aquel libro, lo que lo hace bastante más memorable que el de Umberto Eco, a pesar de tener diez veces menos páginas.

20 junio 2020

No future

Banksy
No hay futuro. Era el lema punk, pero podría convertirse en el lema de la Educación en este país. No hay futuro porque ninguna administración ha planificado una Escuela pública de calidad y no segregadora con la mirada puesta más allá de los 4 años de una legislatura. Hay que decirlo claro: ninguna administración lo hace porque sabemos que nuestros políticos se inspiran en el sudario de Penélope, y destejen en cuatro años lo que otros tejieron en años anteriores. La ciudad en la que vivo, como otras tantas ciudades, apenas tiene espacios para niños y jóvenes. Los barrios crecen y faltan plazas escolares. Colegios e institutos suelen estar al completo. El último instituto que se terminó de construir en Castellón fue en 2010, sobre una planificación de diez años antes. Es el único para toda la zona oeste. 600 plazas ocupadas por 700 adolescentes. Leer hoy la queja que publiqué en el blog hace 14 años resulta tremendamente agorera y desesperanzadora. Puede que una persona ajena a la educación no sepa que eso va a ocurrir, pero hemos tenido cargos que cobran por planificar durante esos 20 años. ¿Qué planificaron? Nada ¿Qué reserva de terrenos hicieron? Ninguna. Tal vez sí que planificaron algo: la carencia de plazas escolares públicas, que seguro que beneficia a alguien, lo hemos vivido en nuestra comunidad, lo siguen viviendo en otras y lo empiezan a comprobar en algunas. Pero no voy a entrar en ese tema.

Ahora ha llegado una pandemia y descubrimos (oh, qué sorpresa) que no hay donde meter a los escolares. No pasa nada. Ya ven que se puede actuar con normalidad abriendo las aulas sin despeinarse. Si después de dejar morir a los ancianos ningún cargo político va a ser responsable ¿creéis que alguien lo será si hay contagios en los centros educativos? En septiembre, habrá comunidades que abrirán igual que cualquier otro año. El resto de comunidades harán lo mismo, porque ¿cómo se van a oponer a la conciliación y al derecho a la educación? Claro que hay que abrir, pero con un plan que garantice una convivencia segura. Para ello hubiese hecho falta la planificación que no hubo, y no podemos volver atrás en el tiempo. Así que ahora se necesita un plan de vuelta segura, un plan que permita que los menores no estén hacinados en los centros. Porque si se meten 700 niños donde solo cabían 600, pasará una desgracia. Es más, os voy a decir quiénes serán los responsables cuando ocurra una desgracia. Los más tontos y los más débiles. Hay una estrategia para ello, que ya lleva tiempo funcionando. Todos conocéis las leyes educativas y toda la regulación de un centro. Normas e instrucciones imposibles de cumplir, entre otras cosas, porque a veces son incluso contradictorias. Mientras todo va bien, las instrucciones se firman y no pasa nada. Si hay una reclamación, se resuelve y adelante. Pero ahora puede haber responsabilidad penal. Las autoridades obligarán a firmar planes de contingencia en los que los centros aceptamos que todo está en orden para garantizar la seguridad. En algún punto señalaremos que no hay espacio suficiente. Nos dirán que lo anotemos en las observaciones o que enviemos un informe a algún despacho, pero el plan se firmará. Todos sabremos las normas y nos comprometeremos a cumplirlas y hacerlas cumplir.

Pero tal vez llegue septiembre y no haya nueva normalidad, y la normalidad sea volver a lo de siempre. Empezarán los problemas: hacinamiento, grupos agolpados en los pasillos, en el patio, en la cantina. Profesores persiguiendo niños sin mascarilla o poniendo partes porque uno le tose al otro en la cara. Relajación de las medidas ante el descontrol diario. Un día, a las 12, un niño se encontrará mal, tendrá fiebre y lo aislaremos. Al día siguiente, después de un agitado tráfico de wasaps en el grupo de padres/madres, vendrán solo la mitad de los alumnos. Si se confirma el positivo, nos pondremos en cuarentena. Si hay algún caso grave o un fallecimiento, alguien tal vez denuncie al centro porque un día, en el patio estaban todos apelotonados (habrá fotos). Basta una denuncia y un imagen de un grupo de niños sin mantener distancia para que el juez pida el plan de contingencia. Firmado por el director o directora. La imagen del director/a en todos los periódicos.

Si la Conselleria es del bando X, los medios afines al bando Y intentarán echar leña al fuego acusando al político que permitió la vuelta sin garantías. Los medios del bando X esquivarán esa responsabilidad derivándola al director del centro por no hacer cumplir las normas. En algún medio marginal aparecerá que el equipo directivo ya avisó en un correo al despacho tal de los problemas detectados. Nadie hará caso de esto. Probablemente, no haya nadie tampoco en ese despacho. Se armará mucho ruido y al final todo prescribirá o se difuminará, porque en política las cosas funcionan así. Pero para los que están en el centro, nada se borrará, porque no somos iniciales en un periódico, sino personas reales que damos la cara a diario ante las familias, que cogemos el teléfono y respondemos a los correos, que reímos y lloramos cuando toca, no cuando hay un fotógrafo delante. 

Llevo semanas pensando si debía publicar una reflexión tan pesimista. Siempre trato de mirar con optimismo hacia el futuro y aprovechar las oportunidades de mejora que salen al paso. Seguro que hay cambios para mejor en todo esto, aspectos organizativos, académicos y humanos que nos tendremos que replantear después del confinamiento. Saldrá mucho bueno de todo ello. Sin embargo, también creo que esta crisis sacará lo peor de muchos, la inquina y la negligencia de unos pocos se amplificará y contaminará el ámbito de la Educación que ya está en el punto de mira de políticos y empresarios sin más intereses que los económicos. Ojalá no nos dejen en manos de ellos. Ojalá la Escuela quede al margen de la disputa política y empresarial, como debería estarlo la Sanidad... ¡oh, cielos!

Crédito de la imagen: Banksy

26 mayo 2020

10+4

Hoy cumple 14 años el blog. No parece un número muy significativo, pero coincide con que hace cuatro años que anuncié mi entrada en el equipo directivo del IES Bovalar, en una nota que celebraba los diez años del blog, así que en realidad celebro un 10+4. Todo es circular, ya lo sabéis, sobre todo si sois aficionados a la Edad Media y sus símbolos. Todo acaba llevándonos al lugar de donde vinimos, como esta pandemia que parece que nos ha devuelto a los emocionantes tiempos en los que nació el blog. En estos días releo muchos artículos de entonces y veo que casi hemos regresado a la línea de salida, que seguimos anclados en los mismos errores, lastrados por los mismos prejuicios y por la misma falta de previsión (y de presupuesto educativo).

Por otro lado, hace cuatro años me embarqué en una aventura que he tratado de gestionar de la mejor manera posible, con la inestimable ayuda de mi equipo y del resto del claustro y familias. No es modestia, es realidad. Quien piense que puede dirigir un centro como un monarca está muy equivocado: hace falta lidiar con los intereses de muchos colectivos, intereses que no siempre son compatibles. Incluso, tiene su gracia, las cosas llegan a destiempo: siempre reclamando más autonomía para la gestión de los centros y nos la dan justo cuando tenemos que lidiar con una situación que desborda nuestra capacidad. Aun así, poco antes de esta crisis sanitaria, tuve la inmensa alegría de ser reelegido por mayoría en la renovación al cargo. Otros cuatro años que no han empezado con buen pie, aunque al menos no es culpa mía.

Pero hoy es el cumpleaños del blog, un blog que ha ido madurando, mutando hacia un diario sereno que se mantiene bastante lejos del ruido de las redes. Por eso hay tan poca reflexión educativa en los últimos tiempos, porque la vorágine de Twitter agota las energías y no queda tiempo para venir aquí con la reflexión serena. Sigo publicando, en la medida de lo posible, las memorias del trimestre, los desvelos de la dirección y las sesquidécadas, además de algún artículo o reseña suelto. Lejos queda aquella actividad febril de otros tiempos. No tengo ya tantas horas de aula como para buscar actividades o proyectos propios, y me dejo llevar por colegas que llegan con energía, como Anna Navarro, con quien comparto codocencia en 1º de ESO. 

Hoy miro alrededor y quedan pocos de aquellos que compartíamos inquietudes en lo que llamábamos blogosfera educativa. Apenas se leen blogs y algunos de los grandes van cayendo poco a poco. Tal vez ahora sí que haya llegado la siempre anunciada muerte de los blogs. No sé si este blog seguirá cumpliendo años, espero que sí. No será aquel blog bisoño de sus inicios ni tampoco el blog gamberro de la efervescencia 2.0. Pero tampoco yo soy el que era. Tempus fugit.

Crédito de la imagen: "Fourteen - The Number Set