17 agosto 2014

Sesquidécada: agosto 1999


El mundo ha cambiado bastante en los últimos años. Preparando esta sesquidécada que recupera lecturas de hace 15 años me he dado cuenta de cómo hemos modificado ciertos hábitos que parecían inmutables y cómo nos hemos acostumbrado fácilmente a ciertas comodidades por aquel entonces impensables.
En agosto de 1999 existía internet, claro, pero el ADSL solo empezaría a desplegarse en los años posteriores, así que no resultaba fácil ver vídeos o fotos en la red. Además, en el ámbito de la cultura, los sitios web eran todavía escasos y con recursos muy limitados.
Digo esto porque las dos antologías que reseño aquí son casi reliquias de tiempos pasados, tiempos en los que los lectores inquietos teníamos que rebuscar en catálogos de librerías y pedir por correo libros que nunca obtendríamos de otro modo.

La palabra imaginada es un compendio de poesía visual editado en 1999 por la Casa de Cultura de Don Benito (como para buscarlo entonces en la FNAC). Hoy basta teclear esas palabras en Google para encontrar miles de poemas visuales de todo el mundo. En aquella época, exceptuando las joyas de Joan Brossa, poco podíamos hallar para ilustrar una clase con poesía visual, ni siquiera a Chema Madoz, inalcanzable.

De la "palabra imaginada" saqué más de un ejemplo para mostrar en el aula y, en las actividades de creación poética, tenía siempre alguna fotocopia de la "Historia de amor" o de "Mar de dudas". En el siguiente vídeo he seleccionado unos pocos poemas visuales.

 

La otra antología es de microrrelatos y se llama Dos veces cuento, editada por Joseluis González. Junto a figuras consagradas como Luis Mateo Díez, Gabriel García Márquez, Max Aub, Alfonso Sastre, José María Merino, Franz Kafka o Eduardo Galeano, aparecían otros autores que han conseguido hacerse un nombre en el género como Pilar Pedraza, Fernando Iwasaki o Pedro Ugarte, hasta alcanzar el más de medio centenar de microrrelatos que ofrece esta edición. Al igual que ocurría con los poemas visuales, resulta bien fácil encontrar hoy en internet miles de ejemplos para llevar al aula. Cualquiera puede acceder tras una simple búsqueda a textos como "Ecosistema", "El pozo", "Soledad", "Alas" ... incluso se pueden hallar algunas versiones en podcast.

De la antología utilizaba a menudo como dictado en clase el siguiente relato de Tanith Lee:

Eustace

Amo a Eustace a pesar de que me lleva cuarenta años, es totalmente mudo y no tiene ningún diente. Me da igual que Eustace esté completamente calvo- excepto los pelos esos que se le ven entre los dedos de los pies-, que cuando ande se le note la joroba y a veces se caiga en medio de la acera. Si cree que tiene que emitir uno de esos cortos sonidos agudos suyos como silbando, o si se le da por mordisquear con su boca sin dientes en el sofá o irse a dormir al jardín, yo lo acepto todo como cosas bastante normales. Porque le amo. A Eustace le amo porque es el único hombre del mundo al que no le importa que yo tenga tres piernas.


Los tiempos han cambiado y gracias a ello podemos disfrutar de poemas visuales compartidos en las redes, algunos exquisitos y otros de dudoso gusto (quizá ahí se echa en falta la habilidad de un buen editor). También gracias a la red disfrutamos de microrrelatos excelentes, como los que nos ofrecen colegas como Aster Navas o Elisa de Armas. Ya pocos piden libros por catálogo; si acaso, algunos descatalogados se pueden encontrar en librerías digitales. Lo que no cambia es la emoción del hallazgo, el feliz encuentro con una lectura que parecía destinada para ser leída por ti.


Crédito de la imagen: '15'

23 julio 2014

Sesquidécada: julio 1999

Hay libros que uno acaba de leer con la inquietante sensación de no haberlos saboreado al completo, de no haber paladeado bien los matices... con la sensación de haberlos tomado a destiempo y haber echado a perder su bouquet. Me ocurrió con La región más transparente, de Carlos Fuentes, con Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, con las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, y también con una de las lecturas rescatadas en esta sesquidécada: Rayuela, de Julio Cortázar.

Leí Rayuela con la impaciencia de un joven ante su primer amor, con la exigencia -moral y profesional- de disfrutar de una obra maestra. Me impactó el universo de la Maga, Horacio Oliveira y Rocamadour; noté que paseaba por las calles de un París mítico y, todavía hoy, quince años después, veo a los personajes vagar por sus calles con un cierto halo de nostalgia. Aunque había leído bastantes relatos de Cortázar, me pareció una escritura nueva, un estilo distinto, intelectual pero profundamente humano. Sé que he de volver a Rayuela cuando llegue su momento, con la serenidad de un tiempo sin prisas y sin miedo, como se reviven los amores juveniles desde la atalaya de la edad. 

Reconozco que la segunda lectura que rescato me impresionó tanto o más que la anterior. Se trata de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Os voy a ahorrar cualquier reseña de esta novela mal catalogada como infantil, como tantas otras de su estilo. El universo de Lewis Carroll es una delicia para cualquier lector en general y para los filólogos en particular. Por cierto, si os gusta Carroll y tenéis ocasión, leed el relato de Fredric Brown La noche a través del espejo, otra delicatessen.

Por último, no voy a dejar pasar la ocasión de reseñar una joya de la literatura tal vez relegada por la grandeza de otras obras del autor. Se trata del Tirano Banderas, de Ramón María del Valle-Inclán. En esta época de calor no sé si será procedente embarcarse en una "novela de tierra caliente" sin sufrir en demasía. Lo que sí recomiendo es que os acerquéis en alguna ocasión a esa prosa inimitable de Valle, a su humor negro, al preciosismo lingüístico y literario de sus diálogos, a la creación de un arquetipo, el del tirano americano, que ha traspasado ya las fronteras del tiempo y del espacio. Lecturas que son un lujo a nuestro alcance.

15 julio 2014

Novadors y buena compañía



Mi primer Novadors fue en 2009 y llegué a él de la mano de mi maestra y mentora en el mundo de las TIC: Ana Ovando. Aquel Novadors, junto a Getxolinguae y Espiral Edublogs supusieron la confirmación de que mis ídolos de la red eran personas de carne y hueso; de hecho, algunos de ellos acabaron siendo buenos amigos en la red y fuera de ella.
Hoy día me resulta imposible hacer una crónica de mi paso por Novadors14 y mencionar a todos aquellos con los que compartí aunque fuese unos minutos. Estos encuentros presenciales tienen sus ventajas y sus inconvenientes: por un lado, puedes abrazar a esa gente a la que conoces en lo virtual y echas de menos en lo presencial, pero por otro resulta complicado hablar con todos en tan poco tiempo. No insistiré en la emoción de poner cara a tantos avatares de Twitter o el placer de tomarse un aperitivo con profesionales a quienes admiras profundamente. Si queréis conocer todo lo que pasó, os recomiendo que rebusquéis entre los enlaces que recopiló Sergio Mestre en este storify.


Ante la incapacidad de mencionar uno a uno sin dejarme a nadie, en esta nota voy a agradecer de manera general el cariño de todos los que acompañaron en esa jornada y también manifestar mi particular reconocimiento a Juanfra Álvarez por su paciencia y profesionalidad durante el taller y las pechakuchas. 
De paso, aprovecho para enlazar mi pechakucha "Sueñan los profes con tareas eclécticas", en la que se hacía referencia al proyecto "20 años después...", que surgió a partir del MOOC sobre Aprendizaje Basado en Proyectos del INTEF, y del que podéis encontrar más información en mi blog De textos.
Gracias a las ubicuas tecnologías, tenéis ocasión de ver y escuchar la pechakucha en distintos formatos y desde distintos puntos de vista, pero no os preocupéis, porque, en el fondo, lo que importa es soñar.
Feliz verano
 

08 julio 2014

Dotando de sentido a la sinrazón


Todos los finales de curso acaba uno enfadado, sobre todo porque alguien, desde un despacho, considera que la Educación no es un oficio humano sino un tablero estadístico en el que se juega con piezas que cuestan tanto o cuanto dinero. No os cansaré con el tema de las características particulares de mi centro ni con las filigranas que hemos de hacer todos los años para cuadrar horarios (ni de las protestas que elevamos año tras año). Si creéis que exagero, os dejo solo un dato: para el curso que viene tenemos 6 grupos de 1º de ESO (unos 180 alumnos), 3 grupos de 4º ESO (menos de 70) y un 2º de Bachiller (no llega a 30). ¿Se puede hacer más visible el fracaso y el abandono escolar?
Pero no voy a ser pesimista. Esta nota está dedicada a mis alumnos/as de PQPI, un alumnado especialmente destinado al fracaso escolar y al que logramos salvar con mejor intención que recursos. He hablado ya en el blog de mi decisión de no hacer exámenes con este grupo y también he contado algunos de los proyectos que hemos llevado a cabo este año y que he recogido este Symbaloo. Por eso, me parece una sinrazón que ahora, con la FP básica, se nos deje fuera del PQPI y se nos asigne de oficio un programa exclusivamente diseñado para combatir el absentismo y favorecer la integración, un programa que no conduce a ninguna titulación, un programa que viene a decir a nuestro alumnado -a voz en grito- que no se esfuercen por salir del fracaso, que ya tienen un lugar en el que ocupar el rato hasta los 23 años (que es la edad límite). Es una sinrazón porque los programas de PQPI estaban funcionando bien ahora, después de que los profes nos los hayamos tomado en serio y hayamos puesto algo de nuestra parte para que cumplan con su cometido.
A pesar de tanta sinrazón, si algo ha dotado de sentido a este curso de PQPI ha sido la última tarea del año, el trabajo dentro del proyecto El barco del exilio. Por un lado, hemos leído y recuperado al maestro Benedetti y por otro hemos realizado un trabajo sobre el Stanbrook. En este último, los alumnos, por parejas, se ponían en la piel de algunos de los protagonistas que aparecen en esta noticia: El Stanbrook, los últimos exiliados de la República y en el documental "Cautivos en la arena". A partir de ello construían un diario en primera persona sobre las vidas de aquellos que huyeron de la represión franquista.
Los resultados se pueden leer en este documento:

En su día, me sorprendieron mucho el afán y la emoción de Katya y Carliane a la hora de documentarse y revivir las penurias de Helia González, una de esas supervivientes del Stanbrook. Indagando sobre ella, descubrí que seguía activa y reivindicativa. Me puse en contacto con su hijo Jorge y le conté el proyecto. Me dio permiso para enviarle a su madre los diarios de mis alumnos y para publicar este intercambio epistolar. El remate del proyecto llegaría en forma de correo electrónico de la propia Helia, que reproduzco a continuación:

Estimado Toni Solano:
  Mi hijo me hizo llegar en su día los trabajos de sus alumnos -las dos chicas que estaban en jardinería y el chico que también escribió un trabajo muy interesante- y el amable escrito suyo.
  Me ha emocionado en primer lugar su iniciativa de trabajar este tema tan entrañable para mí y luego cómo los alumnos han sabido reflejar tan hondamente la situación que viví.
  Felicito con todo mi cariño a usted y sus alumnos. Gracias, porque solo ustedes los profesores pueden trabajar nuestras memorias para los jóvenes, tan ignorantes de todo esto. Yo doy charlas en los institutos, las universidades y las asociaciones que me solicitan. Creo que la gran ignorancia y las grandes falsedades que han llegado a los oídos de los jóvenes solo nosotros podemos subsanarlas.
  Gracias.
Helia González

Mis alumnos pueden sentirse satisfechos: su tarea ha tenido sentido. Además, todo el grupo ha obtenido su título de ESO, lo que demuestra que hay caminos para luchar contra el fracaso, siempre que seamos algo más que piezas de un ajedrez económico. Todos ellos han demostrado ser más humanos y capaces que quienes diseñan para ellos unos itinerarios sin salida, unas vías muertas de sinrazón educativa.

Crédito de la imagen: 'Escape from Life'

03 julio 2014

Memoria de la buena


En el ámbito docente, hay dos tipos de memoria: la que sirve para reflexionar, aprender y mejorar, y la que se archiva en un departamento para que nadie la lea. La memoria que me interesa es la primera, memoria de la buena, la que trato de recoger en este blog o en los distintos blogs de aula que mantengo. Recopilé hace poco los trabajos de 2º de ESO dentro del Plan Lector; ahora toca hacer memoria, de la buena, de lo que hemos trabajado en 1º de Bachiller. 
Como en el curso anterior, hemos desarrollado el proyecto "Piénsame el amor y te comeré el corazón", un proyecto que aglutina diversas competencias y que exige el dominio de destrezas comunicativas en diversos códigos y medios. Como novedades, este año teníamos los libros del proyecto, así que los materiales eran más accesibles y homogéneos; también hemos optado por el modelo pechakucha, sin paliativos, lo que ha resultado una gran sorpresa, ya que el alumnado se ha adaptado bastante bien a este modo de contar.


Por otro lado, para dar respuesta a las competencias digitales, hemos mantenido el proyecto del Portafolio Digital, en el que cada alumno ha difundido sus trabajos.
El balance general ha sido satisfactorio. La mayor parte de los problemas se han debido a la falta de tiempo para trabajar en grupo o para hacer compatibles las tareas con otras asignaturas. Creo que, más allá de las posibles mejoras, ha valido la pena insistir en las presentaciones orales y en la autoevaluación. Se van, al menos, con la experiencia de defender ante un público un proyecto de investigación... en menos de 7 minutos, que no es fácil.
Os dejo los enlaces para que podáis ver los trabajos:

27 junio 2014

Blog Hop Project: así escribo

Hubo un tiempo en el que los blogs eran zarandeados frecuentemente por los memes. Había memes numéricos, indiscretosagoreros, entrañables, literarios, poéticos...  De aquello hace tanto, que ya apenas queda memoria, salvo en las crónicas de los más añejos blogueros. En la era de los desafíos en Facebook, de los trending topics en Twitter y de los virales en Whatsapp, recoger y difundir un meme bloguero es casi un acto de rebeldía, una acción inusitada contracorriente, mucho más atrevida aún si supera con creces los 140 caracteres a los que se ha acostumbrado el ciber-ojo humano.

Este meme del Blog Hop Project, nacido en esta entrada de esplinGo Coaching, busca "responder a cuatro preguntas acerca de nuestra experiencia escribiendo en nuestro blog e invitar a otros tres blogueros para recoger el testigo y continuar la cadena". A mí, el turno me ha llegado de mi colega Iñaki Murua, a quien conocí en Getxolinguae hace ya cinco añazos, y a él le llegó de otro buen amigo de la red, Guillermo Gómez
Incapaz de decir no a tan buena gente, y afectado por una profunda grafomanía, he aquí las preguntas y las respuestas:


1) ¿Sobre qué estoy escribiendo actualmente?
En los ocho años que lleva vivo este blog, los temas se han mantenido con leves variaciones: experiencias didácticas, reflexiones de aula, actualidad educativa, literatura, formación y TIC. En un principio, recogía todo tipo de curiosidades relacionadas con el oficio, algo que he relegado a mi actividad en redes sociales. Actualmente, en el blog escribo notas sobre proyectos que llevo a cabo en clase o sobre formación del profesorado; también suelo dedicar alguna nota a aspectos críticos del sistema educativo. Intento mantener el vínculo con la literatura a través de las sesquidécadas.

2) ¿En qué difiere mi escritura de la de otros que desarrollan el mismo género?
Como no podía ser de otro modo en un profe de lengua, intento cuidar mucho el estilo de mis notas en el blog. Sé que tiendo bastante a la retórica y que algunos de mis textos tienen regusto barroco, pero es mi seña de identidad, igual que el humor. Desde el primer momento decidí que este blog iba a ser un lugar amable en el que los lectores y amigos lo pasasen bien, por ello es habitual que aparezca algún guiño humorístico o algún escrito de docencia-ficción que relaje las tensiones del oficio.

3) ¿Por qué escribo lo que escribo?
Escribo por necesidad. Necesidad de contar lo que vivo en el aula, las tareas de mi alumnado, las (muchas) dudas que me atenazan y las (pocas) certezas con las que me enfrento a la docencia. Necesidad de crear vínculos con otros compañeros a quienes conocí a través de los blogs y que ya son grandes amigos. Escribo para romper los muros del aula, para que otros se asomen y vean lo mucho que se aprende y se enseña en la Escuela. Escribo porque hay que contar las cosas a los cuatro vientos.

4) ¿Cómo es mi proceso de escritura?
Si exceptuamos la serie de sesquidécadas, que tiene prefijada la aparición mensual, y algunos textos que se publican al hilo de proyectos colaborativos, el resto de notas del blog aparecen cuando me lo dicta la conciencia, pues no rindo cuentas a nadie, ni nadie me subvenciona (ni siquiera admite publicidad). Reconozco que la impulsividad de los primeros años ha quedado atrás y que ahora trato de ofrecer una escritura más serena; también contribuye el hecho de poder compartir actividades en redes sociales, lo que deja el blog para notas más tranquilas. Cuando tengo decidido el asunto del que voy a escribir, suelo elegir una imagen Creative Commons para ilustrar el texto. Entonces escribo casi de un tirón, pues ya he pasado tres o cuatro días dándole vueltas en la cabeza para dar con el tono y estilo. Muy pocas veces dejo las entradas en borrador para seguir con ellas: si no están maduras, no me pongo hasta que lo tengo claro. Una vez publicadas, las muevo en las redes durante una semana como mucho. Y a empezar de nuevo. 

Y ahora viene lo mejor (o lo peor, para algunos). Nombro como candidatos para seguir este meme bloguero a tres buenos amigos del blog (que espero que no dejen de serlo). Por supuesto, dadas las fechas en las que estamos, no seré riguroso con esta exigencia de continuidad, aunque sí que me gustaría conocer sus respuestas. Ahí van: 


Panta Hernández, artista de un blog que sigo desde hace tiempo: Oteando desde proa, científico y gran amigo de la lectura y de la ciencia-ficción. También visible en Twitter (@wraitlito) y en algún que otro MOOC educativo. 

Joaquín Mesa es un profe de lengua a quien pude conocer en un encuentro de Buenas Prácticas en Madrid y a quien admiro por su rigor profesional y por sus propuestas y reflexiones más que sensatas. Además de su perfil en Twitter (@jmesa65), tiene un blog con un largo recorrido que recomiendo vivamente: EduCAP-TIC


Por último, me gustaría enredar en este meme a Jesús Hernández, activo tuitero (@jhergony) y artífice de Crea y aprende con Laura, un prolífico blog lleno de buenas ideas y propuestas. Seguro que aprendería muchas cosas de él.

23 junio 2014

Tres meses después


Tres meses han pasado ya del I Encuentro de Docentes de Lenguas en Educación Secundaria celebrado en Sevilla. Un tiempo de reposo, un tiempo de asimilación en el que participantes y seguidores han podido revisar los materiales publicados en el blog y sacar algunas conclusiones al respecto. Hasta ahora no os habíamos mostrado las conclusiones de la evaluación del Encuentro.

Muchos de nosotros pensamos que un encuentro de estas características era necesario; vuestra participación, vuestras opiniones y la retroalimentación a lo largo de estos meses ha demostrado que no estábamos equivocados. Aquí queda todo el trabajo desarrollado durante aquella mañana de sábado y alguna que otra más: conferencia inaugural, líneas de reflexión, talleres, experiencias didácticas...

En este siglo de la hipercomunicación, los docentes de lengua hemos de encontrar claves que nos ayuden a ser más profesionales y más eficaces a la hora de formar a los adultos del mañana. Es posible que en algunas de aquellas líneas de reflexión se hayan planteado cuestiones que nos faciliten esa labor. Es posible que de aquella jornada hayan surgido también las dudas fundamentales que habremos de resolver en el próximo encuentro… porque esperamos que haya un II Encuentro. ¿Alguien se anima a tomar el relevo?


19 junio 2014

Sesquidécada: junio 1999

Esta sesquidécada viene con sabor clásico por partida doble. El protagonista inicial es Luciano de Samósata, pero para llegar hasta este poco conocido autor sirio en lengua griega, tuve que partir de nuestro célebre Lázaro de Tormes. Aquí va la historia.
La obra del Lazarillo de Tormes es una de las más leídas del panorama literario hispánico, incluso en las aulas. Sin embargo, pocos saben que tuvo al menos dos segundas partes, una también anónima y otra de Juan de Luna. En la versión anónima, Lázaro cae de un barco y se convierte en atún para vivir una serie de peripecias en el reino de los atunes. Como podéis imaginar, se trata de una transformación con carácter satírico-burlesco que tenía como finalidad poner en evidencia muchos de los males políticos y sociales de la época, y para ello había de servirse del anonimato y la alegoría como instrumento para salvar la censura inquisitorial. Ese género de las transformaciones ya estaba inventado y su referente más conocido era el Asno de oro, de Apuleyo, pero, rascando un poquito más en las fuentes, se podía llegar a los relatos de Luciano, concretamente a "El gallo" y a "Lucio o el asno", ambos muy relacionados con el estilo y la intención de aquel Lázaro atún.
Así fue como, saltando de uno a otro, llegué a los Relatos fantásticos de Luciano y, posteriormente, a sus hilarantes Diálogos, de los que quizá hable en otra ocasión. Aunque podéis encontrar algunas reseñas y fragmentos en la red, recomiendo la edición de los clásicos de Alianza en la que están recogidos los "relatos verídicos" (auténticas joyas del surrealismo), "Icaromenipo o Menipo en los cielos", "El descreído", "El gallo" y "Lucio o el asno". Los relatos de Luciano son ágiles y muy divertidos. Contienen numerosas referencias a la mitología, pero el autor se apoya en ellas utilizando a menudo a ironía y el humor como elementos de crítica hacia costumbres y normas de la época. En ocasiones recuerda a los sueños de Quevedo, otras a los bestiarios medievales, otras a la picaresca, otras a Bocaccio, otras al viaje a la Luna del Barón de Munchausen... La lectura de aquellos relatos fue en aquel junio de 1999 un gran hallazgo que me abrió camino hacia géneros que desconocía.
Esta es, pues, la historia de un paseo por los clásicos y sus fuentes. Para todo filólogo es un deleite revisar esas obras que están en los márgenes de la literatura, esos textos que ya solo tienen sentido para los pocos que se atreven a recomponer el género y la historia que les dio origen. Para el ávido lector también son fuente de disfrute por su originalidad y porque avivan el deseo de coleccionar una rareza lectora más.