15 enero 2017

Sesquidécada: enero 2002

Todos los comienzos de año traen consigo un montón de buenas intenciones que suelen quedar en nada. Para eso se inventaron las colecciones de quiosco, para que, al menos, supiéramos de antemano que perdíamos el tiempo en algo inútil. En este sentido, he decidido empezar una de esas colecciones inútiles que pienso ir publicando en el blog mientras me duren las ganas y no haya algaradas entre los visitantes. Se trata de recuperar algunas de mis lecturas de hace quince años...

Lo que empezó como uno de esos propósitos de año nuevo lleva cumplidos ocho años, y va ya camino del noveno. Dentro del ecosistema del blog, las sesquidécadas son los textos de menor audiencia, se podría decir incluso que son pequeñas exquisiteces que escapan del ruido de las aulas y de las reflexiones más orientadas a la educación. Suponen para mí, como lector, como filólogo y como profesor, una antología de recuerdos literarios y de impresiones muy subjetivas sobre lecturas diversas, algunas veces con obras de amplio espectro y otras con escritos casi marginales. Son también una exigencia de continuidad en la escritura digital, sobre todo ahora que el tiempo se me está convirtiendo en un bien aún más preciado. Por eso, aunque las sesquidécadas sean las hermanitas pobres del blog, mientras el cuerpo aguante, seguirán formando parte de este saloncito virtual que comparto con vosotros.

Enero de 2002 llegó acompañado de prodigios. Como ya avancé hace unos meses, mi tesis inconclusa se orientaba al mundo de los sucesos extraordinarios, lo que me proporcionó innumerables lecturas de monstruos y prodigios medievales y renacentistas. Tuve ocasión de rebuscar en bibliotecas y catálogos y familiarizarme con los investigadores más curiosos de estos márgenes de la literatura. Sin duda, el más destacado de ellos es Bartolomé José Gallardo, autor del Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos, una obra de referencia para viajar por el mundo de la subliteratura. Este catálogo, que fui consultando durante meses en la biblioteca de la Facultad de Filología de la Universitat de València, me abrió las puertas a libros muy interesantes, como el Bestiario, de Dioscòrides, o el Libro de los prodigios, de Julio Obsecuente, dos de las obras que leí aquel enero de 2002. Quizá me anime más adelante a publicar un breve artículo sobre Gallardo, otro de esos muchos olvidados de nuestra historia.

En segundo lugar, voy a destacar una obra de Juan José Millás, ilustrada por Forges, que seguro conocéis: Números pares, impares e idiotas. Es un delicioso librito que merece la pena leer, por su sentido del humor y también por el trasfondo ético de algunos de sus microrrelatos, pues se trata de eso, de pequeñas historias que tienen como protagonistas a los números. Recientemente, esta obra se ha incluido en los catálogos de lecturas juveniles y creo que es una buena idea para llevar al aula, salvando así la brecha entre ciencias y letras, como ya expliqué en otra ocasión en el estupendo blog de los Tres Tizas.

Por último, con gran pena por dejar fuera de esta sesquidécada el Cándido de Voltaire, voy a recomendar la lectura de una excelente novela del siglo XIX: La dama de blanco, de Wilkie Collins. Es una de esas novelas de época, con el ambiente británico de las obras de Dickens, que bajo la forma epistolar va desarrollando una intriga detectivesca que sumerge al lector en el placer de la lectura de calidad, de la lectura sin prisas. Si os engancháis al autor, también merece la pena leer La piedra lunar. Espero que tengáis tiempo este año para leer sin prisas y, sobre todo, para disfrutar de ello.

31 diciembre 2016

Hacia el 2017

Acostumbro a dejar a final de año una nota con las entradas del blog más visitadas o más apreciadas del año, que son las siguientes:
También quedan ahí las sesquidécadas, esos jalones de reseñas literarias con la mirada puesta quince años atrás. No puede faltar tampoco la selección de algunas de las lecturas que más poso dejaron este 2016.
Gracias por vuestra compañía y, ahora sí, feliz camino hacia el 2017

Crédito de la imagen: 'untitled'

29 diciembre 2016

De qué se ríen los docentes, por no llorar

El año pasado surgieron, casi como una broma ligera, las inocentadas educativas, una serie de tuiteos en los que los docentes planteaban un universo educativo paralelo lleno de problemas y soluciones al mundo real. Este año se ha repetido la convocatoria, en la que se han escrito casi mil aportaciones, y que ha conjurado a cientos de participantes con ingenio desaforado, cuyos tuits más destacados he recopilado en el storify que acompaña esta nota. He tenido ocasión de leerlos casi todos y he aquí mis conclusiones acerca de las quejas más habituales en la comunidad educativa, principalmente entre los docentes.

De qué se quejan los docentes:
  • Falta de consenso en las leyes educativas
  • Dificultades para atender la diversidad en el aula
  • Ser cuestionados de continuo por las familias
  • No disponer de tiempo para organizarse y coordinarse
  • Falta de equipamiento y recursos materiales
  • Malas conexiones a redes en los centros
  • Falta de esfuerzo del alumnado
  • Excesiva burocracia o problemas con las plataformas de gestión docente
  • Poco reconocimiento por parte del resto de la comunidad educativa
  • Escaso apoyo de la administración, especialmente de la inspección o de los políticos
  • Inestabilidad de la plantilla, especialmente con profesores interinos
  • Poco valor de la pedagogía de salón procedente de expertos ajenos al aula
También se observa autocrítica:
  • Incomprensión de sus colegas cuando innovan contra corriente
  • Tendencia a no implicarse en el correcto funcionamiento de los centros
  • Abuso del libro de texto o de los deberes
  • Poca disposición a cumplir las normas que les afectan
  • Metodologías obsoletas o prácticas rutinarias
  • Diferencias entre profesores según su condición laboral
  • Falta de formación
  • Adopción superficial de supuestos métodos modernos
Y críticas desde otros sectores de la comunidad:
  • Falta de empatía con el alumnado o con las familias
  • No revisar las tareas que se mandan
  • Representar los tópicos del "funcionariado castizo"
  • Tener una jornada y calendario privilegiados
Por supuesto, aparecen muchas más críticas, de tipo político, con referencias concretas a la (mala) gestión de tal o cual partido, la eterna lucha entre escuela pública y concertada, la pervivencia atávica de la religión católica en el currículo oficial, o la reivindicación de visibilidad de escuelas rurales, de la FP, de las escuelas de adultos, del colectivo LGTB, de la formación inicial del profesorado... Todos esos tuits los podéis encontrar en la etiqueta #educentadas

Esperemos no nos falte el humor en este año 2017 que está a punto de comenzar y que, algún día, no olviden estas pequeñas bromas tan serias quienes asuman la tarea de dotar de un marco educativo estable a este país.



26 diciembre 2016

Sentado y mirando hacia atrás


Mis recientes funciones de Director han tenido como efecto colateral el retraso en la entrega de las memorias trimestrales de actividad que voy publicando en el blog desde hace años. Aunque la carga de trabajo docente es inferior, sólo diez horas lectivas semanales, la complejidad y diversidad del cargo, y más para un novato, provoca que siempre haya tareas urgentes que me alejan de la vida en las redes. Sin embargo, he defendido -y defiendo- hasta la saciedad la exigencia profesional de detenerse en el camino, de sentarse y mirar hacia atrás, para contar públicamente nuestra tarea docente a los cuatro vientos, por un lado, como bálsamo contra la impotencia o la tristeza de los momentos duros, y por otro, como testimonio de los logros, pequeños o grandes, que llevamos a cabo a diario en nuestro oficio. Ahí va, pues, esta memoria en tres actos.

Primer acto: la dirección

Allá por septiembre, conté en el blog todas las actuaciones que estábamos poniendo en marcha dentro de nuestro proyecto de dirección. Pasado el trimestre, algunas están ya funcionando con mayor o menor éxito. Veamos algunas:
Hemos establecido vínculos de interacción con la Universitat Jaume I, concretamente a través del Máster de Secundaria y del Máster de Psicopedagogía. Todos los alumnos del máster de Secundaria, al margen de los que vengan a hacer las prácticas al centro, tienen que resolver un caso práctico de atención a la diversidad con los parámetros reales de nuestro centro. En un par de sesiones, les conté los recursos y las necesidades que tenemos y ellos deben organizarse como pequeños equipos directivos para darnos sus soluciones, que contarán en unas sesiones en mayo. Por otro lado, tenemos dos alumnas de Psicopedagogía haciendo prácticas en el Departamento de Orientación.

Se han puesto en marcha las reuniones mensuales de Delegados de grupo, con interesantes aportaciones que intentamos resolver. De este estímulo a la participación del alumnado ha surgido el Front d'Estudiants del Bovalar, la primera asociación de alumnos del centro. Siguen adelante los patios lúdicos, la propuesta de juegos populares no sexistas a la hora del patio, con acompañamiento de un docente de Educación Física. También a la hora del patio se ha habilitado un Aula de Ocio (Aula d'Esbarjo), cediendo la gestión al alumnado de Bachiller.

Estamos reactivando la Revista Riu Sec, de momento en versión digital (en formato blog y en Facebook y Twitter) como órgano de difusión de las actividades del centro, pero con intenciones de que haya una versión impresa antes de final de curso. En la revista se van haciendo visibles todas las actividades y hechos relevantes que afectan al centro, como, por ejemplo, el reconocimiento en la lucha contra la violencia de género.

Se ha puesto en marcha la iniciativa Bovalar projecta, que busca incentivar el ABP en los primeros cursos de ESO y en el PMAR. Con el apoyo de Francesc Collado, estamos haciendo un curso de formación en el centro y queremos preparar una semana de los proyectos para compartir y difundir trabajos de cada asignatura, orientados al tema de la Sostenibilidad, principalmente con el leit-motiv del uso de la bicicleta.

Hemos revisado y digitalizado toda la documentación organizativa del centro para mejorar la imagen corporativa, incluyendo la actualización de la página web. Ya se ha creado también un canal de difusión de noticias por Telegram para los docentes y otro para las familias. También se ha activado el twitter oficial @iesbovalar. Hemos comenzado una campaña para identificar al alumnado con Altas Capacidades. Con ellos queremos montar un comité de jóvenes expertos, una especie de consejo de redacción para la elaboración de la revista en versión impresa.

Al margen de todas estas propuestas, se ha incidido en la colaboración con otros agentes de la comunidad educativa: AMPA, asociación de vecinos, Fundación Punjab, Secretariado Gitano, AMICS, SPAM o el Consulado de Rumanía. Todo ello va dando pequeños resultados en forma de colaboraciones más o menos puntuales, como el banco de libros de lectura, las sesiones de mediación o refuerzo, con el alumnado gitano, talleres de habilidades sociales, clases de lengua y cultura rumana, etc.

Con el profesorado, la tarea de Dirección ha sido muy cómoda, ya que los apoyos han sido firmes y hemos contado con la confianza de los docentes desde el primer momento, incluso cuando nos hemos equivocado. Quisiera destacar el esfuerzo por sacar adelante la Comisión de Convivencia, que exige una dedicación extra para renovar unos protocolos y documentación que habían quedado obsoletos. Tampoco he tenido problemas con los miembros del personal de administración y servicios, que han mostrado a diario su gran profesionalidad.

El cargo de director me ha conducido, por otro lado, a conocer, casi de manera personal, a cada uno de los 650 alumnos del centro. Es quizá una de las tareas que más tiempo me ocupa, resolver conflictos y problemas de convivencia entre el alumnado. En la mayoría de casos, se arregla con diálogo, paciente y continuo, aunque es cierto que hemos tenido que abrir numerosos expedientes disciplinarios, generalmente cuando afectan a agresiones físicas o verbales (por suerte sin mucha trascendencia). 



Segundo acto: la docencia

Tengo diez horas lectivas, como decía arriba: un grupo desdoblado de 2º de ESO, un taller instrumental de 1º de ESO, un grupo de Proyecto Futuro y dos horas de refuerzo para atender a la revista de centro. Todo mi alumnado tiene problemas, muchos problemas, académicos y sociofamiliares: alrededor de 140 alumnos del centro tienen necesidades de educación compensatoria por situación de riesgo socioeconómico, familiar o étnico. Ello obliga a quienes trabajamos en el centro a trabajar la inclusión como una estrategia fundamental dentro del aula, ya que de lo contrario sería imposible hacer frente a la diversidad.

Mi desdoble de 2º de ESO son doce alumnos que han repetido ya en alguna ocasión y que tienen el Castellano pendiente de 1º de ESO. La mayoría de ellos son absentistas parciales y alguno total. Este absentismo es la principal causa de fracaso en mi centro, ya que los alumnos no pueden seguir las programaciones ordinarias debido a que faltan uno o dos días a la semana o, a veces, semanas enteras. La regulación de los protocolos de absentismo es ineficaz, como demuestra el hecho de que casi todos ellos ya han sido absentistas en el colegio. Desde que se detecta el absentismo hasta que se activan las actuaciones legales pueden pasar meses... o años. Incluso en el caso de que Servicios Sociales intervenga de manera eficaz con visitas a las familias, suele ocurrir que esos alumnos vienen un par de semanas seguidas y luego vuelve a comenzar el ciclo de ausencias. De ahí que no resulte extraño que en mi grupo de 2º de ESO nunca hayamos estado todos juntos; hay días en que sólo hay tres o cuatro alumnos. Un horror. ¿Qué se hace en el aula, entonces? Hemos estado trabajando la sostenibilidad, viendo el documental Océanos de plástico y elaborando fichas para buscar información al respecto. También en diciembre, junto a los alumnos de Proyecto Futuro, hemos leído el Romancero Gitano para participar en el homenaje a la Generación del 27. Pequeños pasos.

En el taller instrumental de 1º de ESO, hemos leído los Mitos griegos, ampliando la lectura con el conocimiento de expresiones artísticas relacionadas, como la pintura de Velázquez o los poemas de Garcilaso. También realizamos nuestra pequeña aportación a la Semana Europea de la Robótica, inventando robots.

El Proyecto Futuro es un banco de horas de atención a la diversidad que, de momento, se ha articulado en un grupo de refuerzo instrumental de tres horas, que he asumido yo, y otro grupo interdisciplinar que incluye al Aula CiL (alumnado con diversos grados de autismo), que integra artes plásticas y música. Los destinatarios del proyecto son alumnos/as con alto riesgo de fracaso y abandono escolar, generalmente por una trayectoria continuada de absentismo o de inadaptación al medio escolar. Aunque la mayor parte de ellos son de etnia gitana, no se pretende que sea un grupo segregado, ya que el objetivo es que puedan continuar estudios en algunas de las opciones que ofrece el sistema educativo, sobre todo la Formación Profesional Básica. Estos grupos tienen muchos condicionantes, siendo el más destacado el absentismo de nuevo. También se complica la intervención cuando hay expulsiones por expediente disciplinario. Sin embargo, debo decir que, pasado un mes de su puesta en marcha, hemos comprobado que vienen con ilusión y me buscan para que no me olvide que tengo clase con ellos. Creo que, con esa pequeña ilusión, si conseguimos reducir el absentismo mínimamente, habrá una posibilidad de salvar a algunos de ellos.

Con este alumnado llevamos a cabo otra intervención digna de reseña: el estreno de Piratas y libélulas, una película de Isabel de Ocampo, que recomiendo vivamente conocer y llevar a aulas como las nuestras. Llegué a esta película de la mano de la siempre activa Mercedes Ruiz, que me puso en contacto con la protagonista, Matilde Martínez, y con la directora. El pase fue muy interesante, con pasarela de fotos incluida y con una atención y silencio inusitados para este tipo de espectadores. Posteriormente, llevamos al aula el debate sobre la visión que se da en la película sobre los gitanos, que nos llevó a debatir después sobre los roles de género. Cuando volvamos de vacaciones tienen pendiente la realización de las reseñas, que intentaré compartir.

Tercer acto: la vida pública

Antes de llegar a la dirección de mi centro, tenía cierta proyección pública, sobre todo a través de las redes, pero me he dado cuenta de que, según se asciende en el escalafón, las miradas confluyen en uno de manera exponencial. Esto puede ser una gran ventaja si aprovecha para potenciar lo positivo del centro, pero también puede ser un riesgo, teniendo en cuenta lo fácil que resulta cometer un error y que los medios se ensañen con ello. Por ello, me he propuesto moderar mi presencia pública en las redes y mis manifestaciones más o menos ideológicas en los medios. Es autocensura, lo asumo, pero creo que nos falta mucha alfabetización mediática o, al menos, la necesaria para distinguir un perfil personal de uno profesional. Ahora represento -de lunes a viernes- a una comunidad educativa, la de mi centro, y no quisiera perjudicar a nadie por decir en público lo que pienso en privado. Dicho esto, quisiera mencionar un par de acontecimientos de esa vida pública de los que me siento bastante orgulloso.

Por un lado, la repercusión de nuestra iniciativa Centro sin deberes. Se trataba de una propuesta que tiene como finalidad reducir el número de deberes, el peso de las mochilas y el cambio metodológico. Desde el primer día, se ofreció a los docentes, de manera voluntaria, la firma de un compromiso personal. No hemos llegado a la mitad del claustro, pero casi: 27 docentes la han firmado y, de momento, están bastante contentos con los resultados. Nuestra iniciativa nos ha llevado a la portada de algún periódico y a la participación en alguna jornada de debate sobre deberes escolares. No tengo certezas al respecto, ni creo tampoco que sea extrapolable a más contextos, pero creo que en mi centro acabará siendo un elemento positivo, sobre todo para ese alumnado que, lamentablemente, no tiene ayuda ni supervisión fuera de las horas de clase.

Por otro lado, ando muy satisfecho con el reconocimiento por parte del PSPV de mi labor en Educación dentro del campo de las TIC. Ha sido un premio sorpresa, pues no soy militante y estoy seguro de que hay profes igual de válidos que yo, o más; sorpresa, además, por haber compartido premio con mi maestro Felipe Zayas y con los integrantes de PROESO, representados por Elena Baviera, con quien he coincidido en los goliardos educativos y en la farsa de la evaluación. Como dije en el acto, las TIC cobran para mí valor por la "C" de Comunicación. Después de diez años en las redes, el uso de las tecnologías está casi normalizado, pero tal vez el esnobismo está convirtiendo a las TIC en herramientas de exclusión, en barreras que contribuyen a agrandar la brecha entre centros "supermodernos" y centros sin equipamiento digno. Las TIC han tenido y tienen para mí el valor de convertir las aulas en ventanas para ver y para ser vistos, y creo que las administraciones deberían velar para que la Escuela Pública tenga la dotación necesaria para que todo el alumnado llegue adonde tiene que llegar.

Creo que no debo dejar pasar tanto tiempo si hacer memoria, porque, al final, me salen unas parrafadas enormes que pocos se atreverán a leer. Espero que la del siguiente trimestre no resulte tan prolija. Felices fiestas.

Crédito de la imagen: 'Autumn bench'

16 diciembre 2016

Underwood girls #poema27

UNDERWOOD GIRLS
(Pedro Salinas)

Quietas, dormidas están,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.
Míralas, aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas, y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta,
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula, como siempre.
Tú alócate
bien los dedos, y las
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco a blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras, sin sentido,
ese, zeda, jota, i...

(Fábula y signo, 1931)

Siempre me ha gustado este poema de Pedro Salinas, muy distinto de sus célebres versos de amor. Es un poema vinculado a las vanguardias, con guiños al creacionismo y al futurismo, pero que conserva también el estilo aparentemente sencillo de Salinas. Me gusta su lado lúdico, el poema como acertijo, casi como adivinanza, pero que requiere una lectura en bucle para descubrir la clave que lo descifra por completo y que permite degustarlo palabra a palabra, como ocurre con la buena literatura. Si queréis jugar, no veáis el vídeo que hemos hecho en casa hasta adivinar por vosotros mismos qué o quiénes son esas "underwood girls". Ánimo.



NOTA: No olvidéis que, durante el viernes 16 y el sábado 17 de diciembre, vamos a difundir en las redes y en el aula poemas y versos de la Generación del 27 con la etiqueta #poema27

10 diciembre 2016

Sesquidécada: diciembre 2001

Diciembre de 2001 fue un mes extraño, en el que se preparaban grandes cambios en mi vida, y en el que las lecturas de aquel momento evidencian el rumbo errático de mis gustos e intereses: lo mismo leía la erudita prosa de la Historia de la bibliografía en España, que la violencia explícita de La virgen de los sicarios; al tiempo alternaba la didáctica de La adquisición del español como lengua extranjera, con la ficción oscura de Cerbero son las sombras; el ensayo riguroso de El señor inquisidor, con la deliciosa narrativa de El diablo meridiano... Ya veis, todo un popurrí inconexo de lecturas para un lector descoyuntado.

Pero estas sesquidécadas me obligan a seleccionar y, en esta ocasión, aprovecho para rendir homenaje al recientemente fallecido Umberto Eco. Me animo a reseñar quince años después su curiosa novela Baudolino, novela de intriga y aventura ambientada en la Edad Media con un protagonista que tiene algo de cervantino pero que, a veces, recuerda un poco a Forrest Gump. Quizá no sea ésta una obra recomendada para todos los públicos, pues las múltiples intertextualidades con el universo histórico y literario medieval hacen que el lector poco avisado la lea como una novela de aventuras sin mucho sentido. Sin embargo, si os gustan las narraciones clásicas de viajes, el mundo de los bestiarios y la novela bizantina, disfrutaréis bastante de este relato. En estos días de sofá y mantita que se acercan, a muchos viajeros de salón nos apetece soñar con aventuras remotas; viajar por la Europa real y fantástica del siglo XIII puede ser divertido si uno no tiene prisa por llegar a puerto, incluso si no tiene pensado llegar a puerto alguno. Felices lecturas.

02 diciembre 2016

Ya falta poco para #poema27

Por noveno año consecutivo, volverán las redes a pintarse de poesía con #poema27, la cita anual que celebra el acto fundacional de la Generación del 27. En un par de semanas se cumplirán los 89 años del encuentro de algunos de los autores de ese movimiento literario en el Ateneo de Sevilla. Este aniversario poético lo celebramos llenando la red de poemas y versos de aquellos poetas, sobre todo durante el viernes 16 o sábado 17 de diciembre. Os animo a que publiquéis poemas (o versos) en los blogs, en Facebook, en Instagram, en Google + y, por supuesto, en Twitter, bajo la etiqueta #poema27. La nómina de autores es bastante extensa y podéis encontrar suficientes poemas de ellos en la red. Es también una oportunidad para llenar las aulas de poesía y para jugar en familia con la narrativa digital. Os dejo unos ejemplos y variados enlaces al final por si queréis investigar. Nos quedan por delante dos semanas para que la red se vista de poesía. ¿Os animáis?





Mis homenajes:
También con el alumnado: 

26 noviembre 2016

La farsa de la evaluación



Este vídeo es el producto de una de esas casualidades gozosas del oficio. A principios del verano, José Luis Liarte me propuso participar en unas jornadas sobre evaluación que se realizarían en la Universitat Jaume I en septiembre. Me animó a que escribiese un guion para un entremés cómico y en un par de semanas preparé el texto y se lo hicimos llegar a Joan Collado y Elena Baviera, profes del IES Berenguer Dalmau de Catarroja. Joan, como buen artista de teatro, adaptó el texto pensando en su alumnado y, en los primeros días de este curso, puso en marcha los ensayos y la grabación de esta Farsa de la evaluación. Así pues, han sido ellos y no yo los verdaderos artífices de esta obrita.

Según el diccionario de la RAE, una farsa es una "obra de teatro cómica, generalmente breve y de carácter satírico". Si habéis visto el vídeo que encabeza esta nota, quizá esa definición sea la primera que os venga a la cabeza. Sin embargo, si sois docentes, tal vez hayáis pensado también en la segunda acepción: "Acción realizada para fingir o aparentar". No sé en vuestras sesiones de evaluación cuánto hay de fingimiento, aunque es cierto que muchas de ellas se convierten en auténticos sainetes en los que los actores acaban entre risas y llantos.
He escrito en alguna ocasión sobre la dificultad de evaluar y sobre las contradicciones que genera el trabajar por competencias mientras se sigue evaluando estrictamente la memorización de contenidos. En esas jornadas llegué a plantear incluso lo que llamo la "deslocalización" de la evaluación, es decir, desplazar la mayor parte de la evaluación hacia el propio alumnado, haciendo explícitos los criterios de evaluación antes de cada tarea y tratando de que ellos mismos orienten su desarrollo para cumplir con la mayor exigencia posible con esos criterios. De ese modo, el docente "sólo" tendría que supervisar esos procesos y hacerse cargo de la calificación.
Sin embargo, frente a esa complejidad del acto de evaluar, las sesiones de evaluación siguen siendo más parecidas a la mencionada farsa que a una reunión en la que se cuestionan y replantean métodos y estrategias de aprendizaje. El acto formal de las sesiones de evaluación es meramente sancionador y burocrático, con poco margen para la corrección de errores. Algunas veces funciona más como terapia de grupo para docentes que como elemento pedagógico. Es cierto que esas sesiones constituyen uno de los pocos momentos en los que se reúne el equipo docente, pero las prisas con las que se abordan impiden que esa interacción sea productiva. Si tenéis dudas de ello, ahí está también el bingo de la evaluación, esa viñeta satírica de Xavier Àgueda, con la que tantos os sentiréis identificados.

En ocasiones me he preguntado qué se podría hacer para que las sesiones de evaluación fueran más eficaces. En Secundaria creo que hay poco margen para la mejora. Me gustaría que hubiese posibilidad de cambiar alumnos de grupo, si las relaciones entre ellos no favorecen el aprendizaje; retocar desdobles, sobre todo si no están funcionando como medida de atención a la diversidad; modificar horarios, si se comprueba que atentan contra la lógica del aprendizaje. Como podéis comprobar, son medidas que resulta difícil llevar a la práctica bajo el modelo de un centro de secundaria, donde la organización suele ser un rompecabezas cuyas piezas no pueden moverse una vez montado. También me gustaría que fuésemos honestos, reflexivos y autocríticos hasta el punto de admitir que no es normal que todos los alumnos de un grupo sean excelentes, que ninguno de los alumnos de un grupo merece aprobar, que no podemos deshacernos de los alumnos con dificultades, que no toda la culpa de que el alumnado no aprenda es exclusivamente suya y de su familia. Me gustaría oír en las sesiones de evaluación que los profes proponen alternativas metodológicas y que otros las escuchan y las aceptan o, al menos, no se burlan de ellas. Me gustaría que las sesiones de evaluación acabasen con la sensación positiva de pensar que el próximo trimestre van a mejorar los resultados, que no se van a esgrimir como excusa ante el fracaso ninguno de esos mantras del bingo de la evaluación, porque, por mucho que queramos ocultarlo, en ese fracaso también nosotros tenemos nuestra ración de culpa. Es esa parte de culpa la que puede conducirnos a la última acepción de la palabra farsa, la que convierte la sesión de evaluación en una "obra dramática desarreglada, chabacana y grotesca". Ojalá no sea así.