08 junio 2006

Mi (cara) partida por una dama

Golpes en la Olimpiada de Ajedrez por una dama
El armenio Levon Aronián, que bailaba con una jugadora, noqueado por un rival celoso
(Leontxo García - Irún)
EL PAÍS - Gente - 07-06-2006

El ajedrecista armenio Levon Aronián, de 23 años, tercero del mundo y vencedor del último Torneo de Linares, fue noqueado el pasado miércoles durante una fiesta nocturna en Turín, sede de la Olimpiada de ajedrez, que Armenia ganó el domingo. La agresión no fue por envidia, sino por celos: Aronián bailaba voluptuosamente con la australiana de ascendencia filipina Arianna Caoili, de 19 años, cuando el británico Danny Gormally, de 30 y enamorado de ella, empujó, golpeó y tumbó al armenio, ídolo nacional. Directivos de los tres países intentan ahora que el incidente no pase a mayores.
El ajedrez es muy importante en Armenia, hasta el punto de que el presidente de la Federación, Serzh Sargisián, es también el ministro de Defensa. Pero nadie pensaba en eso cuando una gran parte de los 2.000 ajedrecistas de 148 países que participaron en la Olimpiada bienal dieron rienda suelta al placer en el tradicional Bermuda Party, que, con abundante alcohol y música estridente, se celebra la noche anterior a la jornada de descanso.
Pero la agresión a Aronián, de 24 años, muy pacífico y sociable, tuvo consecuencias que pudieron ser graves: varios jugadores armenios rodearon y pegaron levemente a Gormally al día siguiente; por fortuna, uno de los acompañantes del británico hablaba ruso y pudo calmar a los agresores.
Caoili está entre las jugadoras catalogadas por la prensa especializada como "la Anna Kurnikova del ajedrez", lo que ha dado mayor eco al suceso. Tras la queja oficial de la delegación armenia, las federaciones australiana e inglesa (Gales y Escocia tienen sus propias selecciones) han abierto sendos expedientes. Allan Beardsworth, capitán de la selección inglesa, se apresuró a pedir disculpas a los armenios, y explicó: "Sé que Aronián es tan famoso en Armenia como David Beckham entre nosotros".

Aparte del valor plástico que tiene imaginarse a estos ajedrecistas de elite, siempre tan estirados, siempre tan raritos, desplegando esas pasiones tan humanas, la noticia anterior tiene un evidente atractivo: su equívoco titular. Los ajedrecistas se pelean por una dama, y el lector entiende, por sus conocimientos pragmáticos, que se trata de una disputa sobre la pieza de los escaques. Sin embargo, pronto descubrimos que es una dama de verdad la que desata el furor pugilístico. Era un titular impropio de una noticia ‘seria’, pero aceptable dentro de esa sección frívola de ‘Gente’.
A partir de aquí se me ocurren infinidad de juegos. Pensemos en la inmensa cantidad de palabras polisémicas y homónimas que pululan por nuestra lengua. Juguemos a construir titulares con equívocos evidentes:
‘El golfo de México en peligro’
Pedro Morales, conocido como ‘el golfo de México’ por su irrefrenable tendencia a la mala vida, se encuentra en el hospital de Zacatecas aquejado por la gripe aviaria
(es solo un ejemplo).
El equívoco ha sido una figura literaria empleada desde los orígenes de la lengua. Lo usamos en chistes: ‘Arriba las velas’ gritó el marinero; los de abajo quedaron a oscuras...
Pero también la gran literatura ha hecho uso de él en buena medida. Pienso sobre todo en Quevedo, aunque no quisiera olvidar a Calderón, tan serio y tan poco apreciado hoy día.
Una comedia de Calderón se llama ‘Los cabellos de Absalón’ y recrea un pasaje bíblico (capítulos 13-19 del segundo libro de Samuel) lleno de incestos, venganzas, ambiciones y, sobre todo, equívocos.
A Absalón, una pitonisa le vaticina el siguiente futuro:

Ya veo
que te ha de ver tu ambición
en alto por los cabellos.


El muchacho piensa que se lo dice por su bella melena:

Luego justamente infiero,
pues que mis cabellos son
de mi hermosura primeros
acreedores, que a ellos deba
el verme en el alto puesto;

Sin embargo, al final de la obra, la ambición le lleva a la batalla y, mientras cabalga enloquecido:

¡Que en las copadas encinas
se me enredan los cabellos!

Sus hombres lo encuentran de este modo:

A Absalón pendiendo
de sus cabellos asido,
teniendo por patria el viento.

Incluso el pobre Absalón, en sus últimos suspiros, reconoce el gran equívoco:

¡Yo muero,
puesto, como el cielo quiso,
en alto por los cabellos,
sin el cielo y sin la tierra,
entre la tierra y el cielo!

Imagino que a Absalón le hubiera ‘venido al pelo’ aquello de ‘salvarse por los pelos’; pero otra vez estaríamos jugando con los múltiples sentidos de las palabras...