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09 febrero 2011

Vidas interesantes

En 2 días no has cambiado tu estado, algo interesante habrás hecho.

Esto me lo recordaba hoy mi cuenta de Tuenti. Probablemente, Tuenti tiene razón y habré hecho infinidad de cosas interesantes en las últimas 48 horas: Sobrevivir varias veces en 2º de ESO, preparar materiales para Bachiller, recopilar recursos para jornadas que se avecinan, leer blogs, tuitear... y eso sin contar la vida privada. De ahí que haya sentido cierta desazón: "¿Por qué he dejado mi Tuenti abandonado dos largos días?".
Soy un adulto y siento la necesidad de comunicarme con mis semejantes; de hecho, en más de una ocasión tuiteo compulsivamente informaciones irrelevantes de las que me olvido al instante. ¿Cómo se sentirán entonces esos adolescentes cuyas redes sociales son la prolongación natural de sus vidas? Hemos de entender que esas vidas no tienen aún trazada la frontera entre lo profesional y lo privado, precisamente porque ambas facetas se unen en la jornada académica sin solución de continuidad. ¿Por qué nos espanta, pues, que acudan enseguida al Tuenti (al Facebook...) para compartir esas vidas interesantes? Nos choca esa actitud tan aparentemente impúdica y nos llena de temor que esa comunicación sea tan pública, tan "peligrosa". A muchos nos asusta pensar en ello con efecto retroactivo: ¿Imagináis que pudiérais acceder a un historial detallado de vuestras conversaciones de adolescentes? ¿Creéis que el fondo y la forma serían muy distintos de los que ahora podemos encontrar en cualquier red social? Todo aquello que nos parecía tan interesante en el día a día, observado con la perspectiva de los años se nos antoja banal, y aplicamos ese criterio a lo que vemos en los jóvenes de hoy. Para anticiparnos a ello, como adultos experimentados que ya hemos pasado por eso, querríamos salvarlos de ese desengaño, aun a costa de privarlos del placer de lo efímero.
Sin embargo, hay en ese salto generacional un elemento de distorsión. Nuestras voces se perdieron; nuestras fotos y esos pequeños objetos que guardamos como fetiches quedaron arrinconados en cajas polvorientas que nadie mira (o directamente acabaron en el rastrillo). Para los jóvenes de hoy no existe esa posibilidad: Sus vidas interesantes de un día están condenadas a la pública perpetuidad. No cabe el olvido. Subir una foto a Tuenti puede ser el primer paso de un fracaso en la vida; un comentario desafortunado puede convertirnos en monstruos (véanse los casos recientes de Bisbal o Vigalondo).
Los educadores estamos obligados a advertir de ciertos peligros, pero no podemos negarles esas herramientas de comunicación, pues ello impediría que creciesen a través de la relación con los demás. Al mismo tiempo, como educadores y como ciudadanos del siglo XXI, también deberíamos exigir el derecho al olvido, exigir que los cotilleos de un adolescente desaparezcan de la red con el tiempo, que sus errores puedan quedar arrinconados donde nadie los vea, que sus tonterías de juventud no se conviertan en testimonio perenne de su inmadurez. Es el único modo de conseguir que sus vidas sigan siendo interesantes minuto a minuto, sin remordimiento, sin miedo a que, desde el futuro, alguien les eche en cara lo jóvenes que eran.

ADDENDA 10/02/11:
Al hilo de lo anterior, incluyo la noticia aportada por Lu:
El 45% de los niños es más feliz con su vida online que en la realidad
También un titular del periódico de hoy referido a la Comunidad Valenciana:
Educación corta el acceso de los alumnos a las redes sociales en los colegios e institutos

No quisiera mostrarme negativo, pero una vez más la Escuela da la espalda a la realidad. Los jóvenes tienen teléfonos móviles que con un leve roce envían imágenes a sus redes, sin conectarse al instituto, sin ordenadores, sin permiso paterno. ¿Cuáles serán las próximas medidas? ¿Cacheos selectivos? ¿Inhibidores de frecuencia? ¿Mutilación de falanges? ¿Educar?

24 enero 2008

Quien calla otorga

Vuelvo a impartir los cursos para el profesorado que tienen como objetivo iniciarse en las TIC como herramientas imprescindibles en el aula. Uno de los asuntos que surge en las clases es la privacidad de los alumnos cuando utilizamos aplicaciones de Internet. Alguna vez he comentado que este tema también me preocupa, pero que debemos encontrar soluciones para ello sin escudarnos en las hipotéticas situaciones de riesgo. Internet, para un alumno que trabaja bajo la tutela de un profesor, ofrece menos riesgos que un rincón oculto del patio de recreo.
En cierta medida, la actual ley nos ampara al respecto. En el REAL DECRETO 1631/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria, podemos encontrar el Anexo I en el que se definen las competencias básicas. En la definición del Tratamiento de la información y competencia digital encontramos esto:
...esta competencia permite procesar y gestionar adecuadamente información abundante y compleja, resolver problemas reales, tomar decisiones, trabajar en entornos colaborativos ampliando los entornos de comunicación para participar en comunidades de aprendizaje formales e informales, y generar producciones responsables y creativas. (...)
Igualmente permite aprovechar la información que proporcionan y analizarla de forma crítica mediante el trabajo personal autónomo y el trabajo colaborativo, tanto en su vertiente sincrónica como diacrónica, conociendo y relacionándose con entornos físicos y sociales cada vez más amplios.
Además de utilizarlas como herramienta para organizar la información, procesarla y orientarla para conseguir objetivos y fines de aprendizaje, trabajo y ocio previamente establecidos.
Y en el Anexo II, en el que se establecen los contenidos de las distintas materias, concretamente para la Lengua castellana y literatura, establece como aportación a las competencias básicas algunas de las prácticas que ya usamos con las TIC:
La materia contribuye al tratamiento de la información y competencia digital al tener como una de sus metas proporcionar conocimientos y destrezas para la búsqueda y selección de información relevante de acuerdo con diferentes necesidades, así como para su reutilización en la producción de textos orales y escritos propios. La búsqueda y selección de muchas de estas informaciones requerirá, por ejemplo, el uso adecuado de bibliotecas o la utilización de Internet, la realización guiada de estas búsquedas constituirá un medio para el desarrollo de la competencia digital. A ello contribuye también el hecho de que el currículo incluya el uso de soportes electrónicos en la composición de textos de modo que puedan abordarse más eficazmente algunas operaciones que intervienen en el proceso de escritura (planificación, ejecución del texto, revisión) y que constituyen uno de los contenidos básicos de esta materia.
También pueden contribuir al desarrollo de esta competencia el uso en esta materia de los nuevos medios de comunicación digitales que implican un uso social y colaborativo de la escritura y de los conocimientos.
Por ello, lejos de asustarnos como tiernos infantes, hemos de ofrecer alternativas prácticas para trabajar en Internet y asegurarnos de que los padres, madres o tutores conocen estas exigencias. En este curso, para los alumnos de 3º de ESO he realizado un modelo de autorización TIC. Como ya sé que cuesta conseguir que devuelvan algo firmado, lo he planteado a la inversa: Deben firmar quienes NO estén de acuerdo en que sus hijos participen de este tipo de actividades. Como nadie lo ha devuelto firmado, considero que cuento con su autorización. Os dejo el enlace del PDF con una plantilla en blanco y el de Google docs por si queréis 'tunearlo':

Plantilla Autorización (PDF)
Plantilla Autorización (Docs)

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/74418275@N00/358352515

12 octubre 2007

Administrar perfiles

En lugar de ver cómo pasean cientos de militares detrás de una cabra mientras tanques y aviones exhiben su capacidad de matar (y mientras personas supuestamente serias que nos representan se pelean por un trapo de colores), me dedico en esta fiesta tan señalada a preparar lo que será mi curso de Web 2.0 para docentes. En realidad son dos cursos que impartiré a través del CEFIRE. La semana que viene tengo tres sesiones sobre la Web 2.0 que heredo de mi colega y maestra Ana Ovando. Y en noviembre imparto un curso completo de TIC en el aula para mis compañeros de claustro.
Con todo este panorama, una de las reflexiones de última hora me lleva a la necesidad de controlar y administrar los perfiles públicos que ofrecemos en las redes sociales. Ya he hablado en alguna ocasión de los cuidados que hay que tener sobre la privacidad de los alumnos, pero también los docentes debemos ser cautelosos al respecto. Es evidente que la red es pública y que una simple búsqueda con Google nos hace aparecer a la primera de cambio. Eso no quita para que establezcamos unas parcelas diferenciadas en cada una de nuestras intervenciones, ya sea como docente en el ámbito del aula, como profesional dentro de la comunidad docente o como persona privada. A veces, esta multiplicidad de perfiles genera cierta esquizofrenia virtual, pero el esfuerzo vale la pena.
Además, con la cantidad de herramientas y aplicaciones en red, se hace aún más necesario controlar en qué ámbito estamos haciendo uso de ellas. Al menos en mi caso, todos estos problemas los he ido solucionando sobre la marcha con mayor o menor eficacia, pero lamento no haber tenido un plan previo de actuación.
Por todo ello, ofrezco un par de imágenes que servirían de modelos de plantilla para que quienes empiezan pongan en orden sus perfiles públicos. El primero sería un administrador de perfiles, para saber qué imagen nuestra corresponde a cada ámbito de uso en internet. Los sitios pueden ser servicios (Slideshare, Flickr, etc.) o aplicaciones en el aula (blogs, wikis, etc.):

Otra posibilidad, sobre todo cuando no tenemos un plan de trabajo preestablecido a medio plazo, es ir anotando sucesivamente los servicios a los que uno se suscribe:

Quizá a algunos de vosotros esta cuestión os parezca demasiado obvia, pero muchas veces he tenido que darme de alta varias veces en un servicio por no recordar qué cuenta de usuario había empleado en la primera ocasión, o he publicado una entrada en un blog de clase con la cuenta de usuario de mi blog de profesor, etc. Espero que la idea sea útil.

17 febrero 2007

Privacidad

A raíz del comentario de Lu a mi nota anterior, he creído preciso escribir una reflexión acerca de la privacidad en las actividades TIC que conciernen a Internet.
Creo que quienes andamos con este asunto desde hace algún tiempo, somos conscientes de que trabajamos con menores de edad y de que Internet aparece en la sociedad como el Lobo Malo de los cuentos. De nuevo se trata de una cuestión de educación. Conviene que los chavales sepan cuanto antes qué clase de herramienta tienen a su disposición, con sus ventajas y sus inconvenientes. Resulta curioso que unos padres me pusieran pegas para la actividad de Tagzania (poner banderitas en los lugares de origen de un alumno), mientras yo podía comprobar que el chico diseminaba a través del Messenger datos más que comprometedores a una velocidad de vértigo. Un/a chaval/a de trece años puede salir a las tantas de la madrugada (o quedarse chateando en casa sin control paterno) pero no puede colgar una foto en un blog del instituto. No sé, no sé.
No obstante, hay que andar con pies de plomo. Cuando trabajo con mis alumnos, en los blogs y las cuentas de correo les recomiendo que usen alias y que no hagan mención a la edad, al domicilio o a cuestiones familiares. No pierdo de vista sus blogs por si detecto intromisiones sospechosas de terceros. Insisto en que el uso debe ser educativo y que para otras cuestiones se creen sus propios blogs.
Y, como apuntaba Lu, en muchos casos les recuerdo que lo mejor es la imaginación: inventar vidas y personajes, algo que nos acerca mucho a lo literario.
Me gustaría que, del mismo modo que hay quienes ya trabajan una teoría del discurso de los blogs, surgiese un debate acerca de cómo preservar la privacidad de los alumnos cuando trabajamos en la Web educativa 2.0. Por mi parte tengo claro que si estas actividades no son públicas, dejarán de tener interés para los alumnos.

Crédito de la foto: 'this world hurts my eyes'
by: Christine