09 febrero 2011

Vidas interesantes

En 2 días no has cambiado tu estado, algo interesante habrás hecho.

Esto me lo recordaba hoy mi cuenta de Tuenti. Probablemente, Tuenti tiene razón y habré hecho infinidad de cosas interesantes en las últimas 48 horas: Sobrevivir varias veces en 2º de ESO, preparar materiales para Bachiller, recopilar recursos para jornadas que se avecinan, leer blogs, tuitear... y eso sin contar la vida privada. De ahí que haya sentido cierta desazón: "¿Por qué he dejado mi Tuenti abandonado dos largos días?".
Soy un adulto y siento la necesidad de comunicarme con mis semejantes; de hecho, en más de una ocasión tuiteo compulsivamente informaciones irrelevantes de las que me olvido al instante. ¿Cómo se sentirán entonces esos adolescentes cuyas redes sociales son la prolongación natural de sus vidas? Hemos de entender que esas vidas no tienen aún trazada la frontera entre lo profesional y lo privado, precisamente porque ambas facetas se unen en la jornada académica sin solución de continuidad. ¿Por qué nos espanta, pues, que acudan enseguida al Tuenti (al Facebook...) para compartir esas vidas interesantes? Nos choca esa actitud tan aparentemente impúdica y nos llena de temor que esa comunicación sea tan pública, tan "peligrosa". A muchos nos asusta pensar en ello con efecto retroactivo: ¿Imagináis que pudiérais acceder a un historial detallado de vuestras conversaciones de adolescentes? ¿Creéis que el fondo y la forma serían muy distintos de los que ahora podemos encontrar en cualquier red social? Todo aquello que nos parecía tan interesante en el día a día, observado con la perspectiva de los años se nos antoja banal, y aplicamos ese criterio a lo que vemos en los jóvenes de hoy. Para anticiparnos a ello, como adultos experimentados que ya hemos pasado por eso, querríamos salvarlos de ese desengaño, aun a costa de privarlos del placer de lo efímero.
Sin embargo, hay en ese salto generacional un elemento de distorsión. Nuestras voces se perdieron; nuestras fotos y esos pequeños objetos que guardamos como fetiches quedaron arrinconados en cajas polvorientas que nadie mira (o directamente acabaron en el rastrillo). Para los jóvenes de hoy no existe esa posibilidad: Sus vidas interesantes de un día están condenadas a la pública perpetuidad. No cabe el olvido. Subir una foto a Tuenti puede ser el primer paso de un fracaso en la vida; un comentario desafortunado puede convertirnos en monstruos (véanse los casos recientes de Bisbal o Vigalondo).
Los educadores estamos obligados a advertir de ciertos peligros, pero no podemos negarles esas herramientas de comunicación, pues ello impediría que creciesen a través de la relación con los demás. Al mismo tiempo, como educadores y como ciudadanos del siglo XXI, también deberíamos exigir el derecho al olvido, exigir que los cotilleos de un adolescente desaparezcan de la red con el tiempo, que sus errores puedan quedar arrinconados donde nadie los vea, que sus tonterías de juventud no se conviertan en testimonio perenne de su inmadurez. Es el único modo de conseguir que sus vidas sigan siendo interesantes minuto a minuto, sin remordimiento, sin miedo a que, desde el futuro, alguien les eche en cara lo jóvenes que eran.

ADDENDA 10/02/11:
Al hilo de lo anterior, incluyo la noticia aportada por Lu:
El 45% de los niños es más feliz con su vida online que en la realidad
También un titular del periódico de hoy referido a la Comunidad Valenciana:
Educación corta el acceso de los alumnos a las redes sociales en los colegios e institutos

No quisiera mostrarme negativo, pero una vez más la Escuela da la espalda a la realidad. Los jóvenes tienen teléfonos móviles que con un leve roce envían imágenes a sus redes, sin conectarse al instituto, sin ordenadores, sin permiso paterno. ¿Cuáles serán las próximas medidas? ¿Cacheos selectivos? ¿Inhibidores de frecuencia? ¿Mutilación de falanges? ¿Educar?

20 comentarios:

Silvia Gongo dijo...

Lo que más me gusta de tus entradas es que nunca ofreces una visión maniquea de los temas que tratas y sabes analizarlos con perspectiva y cierta distancia.

Aquí está claro que primero sería necesario entender y aceptar que las redes sociales forman parte de la vida de los adolescentes, y que es una de las maneras, importantísima, que tienen de comunicarse. Una vez que admitamos esto, ya sólo nos queda intentar educarles en el respeto y el sentido común. Dejo un enlace interesante al respecto: http://www.netiquetate.com/

Joselu dijo...

El mundo de las redes sociales no depende de nosotros. Dices "no podemos negarles esas herramientas de comunicación". ¿Quién soy yo para pensar que pudiera impedírselo? El mundo, la juventud, nosotros los blogueros, vivimos en red. Y la red tiene unas ventajas evidentes porque anima a la creación de conocimiento colectivo, pero también es un productor de inanidad en cantidades galácticas. Dices que tuiteas mensajes intrascendentes. A mí me cuesta encontrarme con ese formato. No tengo nada que decir en ciento cuarenta caracteres. Todo lo que pienso me parece banal, pero advierto la fiebre que existe en Twitter a través de mi lector que va recogiendo los continuos tuiteos de mis agregados. Me sorprende que haya cada día alguien que se agregue y siga mis tweets. ¿Cuáles?

Ciertamente tienes razón en cuanto a reivindicar el derecho al olvido sobre lo publicado en tuenti o facebook. No sé si es posible porque siempre quedan huellas de lo escrito. A veces me sorprenden las cosas tan íntimas que se publican, las fotos tan personales que se suben. Pienso que forma parte de una cultura de la exhibición de lo íntimo, aquello que durante un tiempo era considerado el castillo sagrado de las personas. Esto merecería también alguna reflexión. Les contaba el otro día a mis alumnos de bachillerato lo que era una confesión ante el cura al que se le contaban todos los pecados sexuales sobre todo, y ellos se hacían cruces. ¡Qué absurdo parece contar a un extraño que te has masturbado veinte veces pensando en Lolita! Si lo piensas es increíble pero lo hacíamos (bueno, yo lo hice). Ahora la confesión es pública y en la plaza transitada por todos. Y queda constancia. Creo que cabría preguntarse por lo que se considera íntimo, qué es la intimidad, y sobre todo si es un valor actual. Algún día lo plantearé en clase. De acuerdo contigo en todo. Un hermoso y ponderado post.

Marcos Cadenato dijo...

Hace ya mucho tiempo que alguien dijo que les hemos quitado la calle a los adolescentes y que, hoy por hoy, Tuenti, es su calle. En ella ríen, intercambian relaciones, charlas intrascendentes, fotos de viajes, fiestas o acontecimientos... en dos palabras: intercambian vida. Como, evidentemente, los usos y costumbres han cambiado en este siglo, también deberían cambiar los derechos y las normas que articulan estos servicios. No podemos posponer por más tiempo el debate de la identidad digital, la política de protección de datos y los derechos de imagen. ¡Debate ya!

Lu dijo...

Precisamente, ha caído en mis manos esta noticia, en la que se plantea uno de los temas que también apuntas. Nuestros jóvenes viven a caballo entre dos mundos, pero uno de ellos, el virtual, está ganando terreno sobre el otro.
Hablaba el otro día con mis alumnos de bachillerato sobre la necesidad de googlelizarse de vez en cuando (buscar el rastro que dejan en Internet) e hicimos la prueba con una alumna. La sorpresa fue mayúscula, pues aparecía en varias fotografías comprometedoras. Empiezo a dudar un poco de las bondades de las Redes sociales, porque he visto de todo y no siempre bueno.
Hay algo que me preocupa muchísimo. Estos jóvenes se están formando en la virtualidad sin más guía que las prácticas de la tribu, muchas de ellas poco recomendables (suplantación de perfiles, robo de contraseñas, etiquetado ofensivo de imágenes). Urge un debate en la escuela sobre los riesgos y las consecuencias a corto y largo de arrastrarse por la tendencia a la "extimidad".

eduideas dijo...

No sé si se les dará ese derecho al olvido, por eso deben ir con cuidado sobre lo que proclaman en la red. Una cosa es una conversación trivial e inmadura, la otra una imagen comprometedora; una cosa es explicar los pormenores de una ruptura sentimental, la otra pronunciarse a favor de ciertos radicalismos políticos. Lo segundo pasa más factura y ahí hemos de crearles conciencia

mjchorda dijo...

Es cierto que no debe espantarnos que los alumnos utilicen las redes sociales. Es un hecho, otra manera de comunicarse. Incluso los profes deberíamos, de algún modo entrar con ellos en esa otra forma de comunicación, aunque sólo sea para saber qué se cuece allí. El otro día me lo proponían unos de tercero.Me pareció genial tu idea de aunar tuenti y Luces de Bohemia, por ejemplo. Lo que no tengo tan claro es si luego son capaces de refrendar todos esos mensajes, todas esas palabras, en la vida "real". Todo esto me lo comentaban ellos el otro día en una guardia. Creo que el ordenador sigue siendo muy sufrido y después el cara a cara es otra cosa. Por cierto me parece bastante triste la noticia que apunta Lu.

Nacho Gallardo dijo...

Me gustaría comentar distintas ideas al hilo de tu entrada, que me ha parecido, como siempre, sugerente y directa al meollo de la cuestión.
En primer lugar, creo que miramos como adultos lo que ocurre en las redes sociales. Aún hay poca distancia para ver la importancia que, en un futuro, se dará a lo que fuera publicado en la adolescencia. De hecho, la tendencia es a impedir, por ejemplo, que los empresarios utilicen esa información (que se considera del ámbito privado y personal)como motivo de despidos o sanciones. Esos "pecadillos de juventud" los acabarán teniendo todos los futuros adultos, con lo que, creo, se terminará por restar importancia a los casos personales.
Por otro lado, es evidente que como educadores hemos de intervenir también en este ámbito, que forma parte de la competencia comunicativa que deben alcanzar nuestros alumnos, y que ni la sociedad ni la escuela puede desviar la vista ante la seguridad en la red y la construcción de la identidad digital. Sin embargo, ¿qué espacio de libertad dejamos a la adolescencia?¿Por qué sobreprotegemos tanto? ¿Por qué no les dejamos relacionarse a su manera, sin interferencias, sin abrirles repentinamente la puerta de sus cuartos o registrar sus cajones? ¿No recordamos nuestros quince años? Un adolescente de ahora tiene que estar en la red, y pavonearse de determinadas actitudes que rechazará cuando sea adulto.Nadie dijo que la dolescencia fuera un periodo fácil. La tecnología, sin embargo, la hace indeleble.
Creo que hay un cambio cultural hacia una sociedad más exhibicionista pero que,por contra, no es desgraciadamente más permisiva. Pero tendrá que serlo, tendrá que marcar nuevas fronteras entre lo personal y lo social, o avanzar en la defensa del derecho al olvido.
Aunque eso son solo presunciones. Mientras llega lo que tenga que llegar, seguiremos intentando educar, deshacer entuertos, protegerlos.llegue

blogge@ndo dijo...

Me ha entrado un poco de vértigo al leer tu entrada. Son unas reflexiones verdaderas, interesantes y ponderadas. Nos sitúan ante un cambio de una magnitud que no sé si somos capaces de prever y que además está ocurriendo a una velocidad de vértigo por lo que no tenemos demasiadas herramentas para gobernarlo.
Puede ser que nos arrastre casi sin darnos cuenta y el problema es que a los adultos, más o menos, nos pilla fogueados pero para los alumnos de ahora es su mundo, el único que han conocido.
La noticia que aporta Lu no quiero creérmela pero los datos están ahí. ¿qué se puede hacer ? Intentar aplicar sentido común y reflexión, diálogo y encarar la realidad sin querer poner puertas al campo que es un sistema que nunca funciona.

Evaristo Romaguera dijo...

Esto (Educación corta el acceso de los alumnos a las redes sociales en los colegios e institutos),¿quiere decir que no podrán consultar tu "tuenti de bohemia", ni el facebook de Jordi Sierra i Fabra, ....?
Las próximas medidas deberían estar claras: educar. Per es más fácil prohibir.
Perdieron la lucha contra los móviles y perderán su cruzada contra las redes sociales.

Antonio dijo...

Silvia: Los políticos (y la mala televisión) nos han acostumbrado al "conmigo o contra mí". Si defiendes las nuevas tecnologías, atacas el saber; si defiendes a los jóvenes, atacas a los docentes. Una pena.
Gracias por el netiquétate; sería un recurso imprescindible para las tutorías si las charlas sobre drogas y sexo dejasen lugar a ello.
Joselu: En las redes sociales hay mucho vacío, igual que en la televisión, o en las bibliotecas tradicionales (¿quién aguantaría una vida entera en una biblioteca medieval?). Los que empezamos con los blogs tuvimos que leer mucho para rescatar pequeñas dosis que nos resultaran interesantes; lo mismo ocurre en twitter, pero a otra escala: una proporción menor, pero con dosis ingeridas menores también. Lo que parece claro es que siempre hay algo interesante que decir y siempre hay alguien a quien eso le puede interesar. Y creo que sólo por eso vale la pena estar ahí.
En cuanto a los pecados de juventud, ya he dicho que produciría horror verlos todos agrupaditos en un historial (o en un feed).
Marcos: Me ha gustado lo de la calle. En nuestra época, sabíamos en qué portales nos podíamos sentar a comer pipas o a pelar la pava sin que nos riñesen. Hoy hemos blindado los portales, nos molestan los adolescentes en las plazas porque gritan y asustan a los niños, no tienen recreativos, sólo centros comerciales en los que consumir sin mesura. Igual resulta que tuenti los hace menos consumistas, fíjate. En lo del debate, ya ves que las instituciones prefieren reglamentar antes que debatir.
Lu: Gracias por el enlace: He incluido la referencia en una addenda. Lo que mencionas del acoso en redes está al orden del día. El gamberrismo de otras épocas se está trasladando a la red y allí los abusones se amparan en el anonimato. Sin embargo, la tribu debería mandar un mensaje de normalidad y no sembrar la opinión pública con noticias pavorosas. Normalización y educación.
eduideas: Fíjate qué paradoja: Las operadoras de móviles ofrecen casi gratuitamente aparatos que con un clic suben las fotos a tus redes sociales; los padres se los regalamos a los hijos enseguida; luego les pedimos que no lo hagan. ¿Qué falla?
Mª José: Si algo está prohibido, les llama la atención. En el momento en que limitamos el acceso, van a buscar alternativas. Ya lo hicieron con Metroflog, lo que supuso el despegue de Tuenti. Ahora se desplazarán a otro sitio. Poner puertas al campo...
Nacho: Interesante reflexión que podría abrir ese debate que piden Marcos y Lu. Sobreprotección a una generación que ha nacido y crecido entre algodones. En todo esto hay algo que complica las cosas: Lo público se mezcla con el anonimato y con la posibilidad de que haya adultos que se hagan pasar por jóvenes. Es todo muy complejo, pero cada época requiere soluciones para nuevos retos. Nunca esconder la cabeza.
blogge@ndo: Dedicamos un montón de recursos a educarlos en la salud, en el respeto a los demás, a decir no a las drogas, a que aprendan a leer y escribir... pero ¿qué planes globales se están adoptando para que aprendan a vivir en estas redes sociales? De hecho ¿existe ese mundo para los currículos? ¿Y para formar a los docentes? No veo movimientos en esa línea y, aunque hay talleres innovadores de uso educativo de las redes sociales, las instituciones apuestan por cerrar internet. Lamentable.
Evaristo: ¡Cuánta razón! Perderán todas las luchas, pues la única salida es educar. Yo pondría en los institutos consolas gratuitas para acceder a sus redes sociales; sería el signo de normalidad que conduciría a un uso racional.

Eva Cisma dijo...

Bastante complejo el tema de los menores y las redes sociales. Sobre todo porque carecemos de una experiencia previa.

Justamente hoy me ha empezado a seguir un menor o aparente menor en Twitter. ¿Bloquearlo o no bloquearlo? Esa ha sido la cuestión del día. De momento sigue ahí, para mí un incómodo seguidor.

Los críos entran en las redes sociales falseando datos, como cuando íbamos a la discoteca. ¡Ay! muy complicado.

Como siempre, la solución no la encontraremos en el todo o nada, sino educando y advirtiendo de las repercusiones que puedan tener sus actos.

Por desgracia, aunque esta sociedad cambie y el derecho al olvido y al perdón se convierta en una máxima, muchos van a pagar muy caro la ignorancia y el vacío de estos días.

Mientras se despejen esas incógnitas, me decanto por la campaña informativa en mi entorno más inmediato.

Interesantísima la entrada y los comentarios.

aomatos dijo...

Hola Antonio.
Aciertas de pleno en el hecho de que el tuenti (o la red que usen) es una extensión más de su vida y, como tal lo viven. Las redes sociales son las plazas, los bares, las reuniones del patio, las quedadas en el parque de antaño, teniendo en cuenta que tratan de compatibilizarlas con todo lo anterior que sigue existiendo.
Los adolescentes se muestran en ellas tal y comos son, por lo tanto, si los observamos desde una óptica de adulto, no nos va a agradar lo que vemos en la mayoría de los casos: ortografía, comentarios banales, etc... Creo igual que tu que no se diferencian mucho de nuestra adolescencia, con la diferencia de que antes nadie podía estar observando estos comportamientos.
En lo que no estoy de acuerdo es en la exigencia del derecho al olvido. Nosotros como profesores debemos de enseñar a los menores a vivir en la sociedad que les ha tocado, y, en esta, a nos ser que empiece la censura, no se puede evitar que el contenido en la red potencialmente pueda permanecer para siempre en la red. Tampoco exageremos y veámoslo desde un óptica más realista, los comentarios de los adolescentes van a desaparecer y, por lo general, casi todas sus tonterías de juventud. Te puedes plantear un reto: buscar tus entradas en twitter o facebook de hace un año.
En mis charlas, suelo hablar de que actualmente estamos viviendo generaciones distintas con ventanas distintas. Es decir, nuestra generación no tiene el pasado expuesto como pareces ser que lo van a tener los adolescentes y tenemos la ventana de la intimidad más a cerrada que ellos. Estas ventanas distintas nos llevan a juzgar de muy distinta manera y no nos damos cuenta que en unos años TODOS vamos a tener las ventanas similares y no podemos saber que es lo que pasará. Probablemente convivamos con naturalidad toda esta presencia del pasado.

He creado un artículo en mi blog sobre mi opinión : http://www.aomatos.com/2011/02/%C2%BFderecho-al-olvido/

Miguel dijo...

Ayer mismo un alumno de segundo de ESO me dijo que si quería ver el culo de su compañero que lo podía ver, porque él le había hecho una foto (con su permiso, claro) y la había colgado en la red. Y lo fuerte del caso es que el alumno que mostraba el culo estaba delante y sonreía asintiendo a lo que me decía su compañero. Yo, querido Antonio, cada vez entiendo menos a esos enanos locos que tenemos por alumnos. Y por ende, de estas nuevas tecnologías que nos invaden por los cuatro puntos cardinales.

Un abrazo.

wraitlito dijo...

Si no tienes inconveniente, me gustaría imprimir esta entrada para discutirla en el centro.
Saludos

el_profe dijo...

Muy interesantes todas las aportaciones, pero lo primero que salta a la vista es la dificultad para trazar el marco común de discusión, algo que sucede en prácticamente todos los debates sobre la red, que nunca suelen convertirse en conversaciones (de cum-versare) sino en monólogos enlazados de los que es difícil extraer conclusiones consensuadas.

Ejemplo claro es la Ley llamada Sinde donde nadie estipula el marco completo de la discusión -la propiedad intelectual- y todo parece una pelea por cobrar o descargar gratis, eso sí, cargándose de todas las razones posibles que esgrimir contra el adversario.

Lo que sí parece cierto es que la clásica distinción entre público y privado, entre lo íntimo y lo que es dado exhibirse ha desaparecido.

A mí todo esto me recuerda aquel invento surrealista de la casa transparente convertido en realidad (virtual). Para unos es el triunfo de la libertad y la espontaneidad del individuo soberano, para otros la pérdida del espacio de la intimidad. Para unos es la plena aceptación del individuo, para otros, el desamparo ante el perverso panóptico que nos mira para sancionarnos (pecadillos de juventud, etc) o para hacer negocios no siempre limpios a nuestra costa.

Por lo demás, supongo que el empleo o la desconexión a tuitter u otras redes dependerá en cada caso de los objetivos del centro o la asignatura.

Personalmente no he incorporado aún tuitter a mi práctica docente por varias razones, pero la principal tiene que ver con objetivos didácticos que persigo en el contexto concreto donde trabajo, como fomentar la reflexión, el sentido crítico y la autonomía intelectual o reivindicar la lectura estética de los textos, etc...

saludos a todos.

David dijo...

La verdad es que siempre es un placer leerte, también es muy recomendable la lectura de la "respuesta" e el blog de Antonio Omatos pues hace aportaciones muy interesantes.
Estoy convencido de que los límites respecto al concepto de privacidad van a cambiar. Los adolescentes hablan en la red como nosotros lo hacíamos en la "mesa de un bar", comparten lo mismo, con un tono parecido al nuestro, aunque seguramente con unos límites un poco más amplios. Lo que cambia es que ahora, entre otras muchas personas, sus profesores y sus padres pueden acceder a esa información. Eso a menudo les molesta, pues les parece que entramos en "su mundo".
Lo primero que hay que solucionar es la privacidad de los entornos, la complicidad con los adultos, el acompañamiento, ¿hasta dónde les acompañamos?¿Dónde está el punto de encuentro entre el "te estoy ayudando a entrar en el mundo digital" o el "te estoy controlando, vigilando... y de paso a tus amigos tb?
La Privacidad me preocupa como padre y como docente, intento que mis alumnos sean capaces de valorar su propia "identidad digital", analizarla y ver si realmente es la que quieren que sea, lo mismo que intento hacer con mis hijos, pero a la vez hay que dejarles espacio, darles pautas, normas, valores, RESPETO, que respeten a los demás, RESPONSABILIDAD.. que sean conscientes de que todo acto tiene una consecuencia... todo comentario puede tenerla, toda imagen inadecuada puede tenerla... pero una vez dada toda la información ellos son los que eligen cómo afrontan su vida digital, dónde está el límite entre lo que quieren mostrar de ellos y lo que no
Lo que realmente me preocupa es la cantidad de adolescents que llegan a la red sin información ni formación, sin ningún adulto que les ayude a dar los primeros pasos. Sólo los primeros... eso sí siempre sabiendo que estás allí para cuando quieran resolver cualquier duda o problema. Hemos de conseguir suficiente compliidad como para que cuando se sientan incómodos por cualquier cosa que les haya pasado en la red nos lo puedan explicar.

CMG dijo...

Creo que los tiempos han cambiado y también la manera de comunicarse. Nosotros mismos utilizamos internet continuamente, por tanto no nos debe extrañar que los adolescentes lo hagan.
El problema, como tú dices, es el uso que se hace, pues es importante que sepan que todo lo que "suban" dejará, inevitablemente, un rastro. Es importante advertirles sobre estos "pormenores" que ellos parecen desconocer para hacer un uso consciente de internet y las redes sociales.
En eso tenemos una asignatura pendiente, tanto los docentes como los padres.

speedy dijo...

Estoy de acuerdo contigo, comunicarse es una necesidad y hay que exigir el derecho al olvido. Desde muy pequeña me ha gustado escuchar la radio y creo que las redes sociales de antes eran los programas de radio. Había programas en los que la gente llamaba para dedicar canciones y otros en los que la gente llamaba para cantar o imitar (allí se oía de todo); en el consultorio de Elena Francis (todo un éxito) se leían cartas contando confidencias y la mayoría bajo una identidad falsa. Después en programas de madrugada y con público más joven también se leían cartas que eran mucho más subidas de tono, contando con pelos y señales experiencias vividas y dudas que les preocupaban a los adolescentes (la mayoría también usaban alias). Supongo que necesitamos contar nuestras cosas en público, pero es cierto que hay que andarse con cuidado.
Creo que esto no es nuevo pero antes había más prudencia y menos repercusión. Lanzar mensajes al mundo virtual es rápido, muy rápido y fácil, muy fácil; puede que tanta rapidez y facilidad no nos deje reflexionar sobre las consecuencias que puede tener lo que tecleamos sin pensarlo dos veces. Como siempre la cuestión es educar, no prohibir.
Me ha gustado mucho esta entrada. Un saludo

María dijo...

Un favor pequeñito ANTONIO

¿Podrías apagar la luz de tu vivienda, hoy a las 10 de la noche?

“Lo que hay que hacer es, durante los cinco minutos de apagón, desconectar el diferencial de la vivienda, porque sí no, no sirve de nada, puesto que hay infinidad de electrodomésticos y aparatos que siguen consumiendo, aunque sea de forma residual. 
En cinco minutos no da tiempo a que se descongele la nevera, ni se estropea ningún aparato, lo más, que se desprograme el despertador, pero vale la pena. De esta forma, el "agujero" pasará de notarse de un 30% a un 87%, tan sólo con la energía de los hogares, doméstica.

”

APROVECHA PARA DAR USO ROMANTICO A TANTAS VELAS, LINTERNAS, JUGUETES CON LUZ A PILAS, QUE TENEMOS ARRINCONADOS.
No te olvides...

¡¡CORRE LA VOZ, DE LA FORMA QUE PREFIERAS!!

¡¡SI CORTAS Y PEGAS ESTO EN CUANTOS MÁS BLOGS PUEDAS MEJOR!! 


ES UNA FORMA DISTINTA DE PROTESTAR...

LAS VOCES, EN ESTE PAÍS, YA NADIE LAS ESCUCHA...

¡¡ LOS GIGANTES, CÓMODAMENTE EN SU TRONO !!
LOS PEQUEÑOS, PAGANDO EL PATO, COMO SIEMPRE.


LAS ELECTRICAS CELEBRAN LA SUBIDA DE PRECIOS DEL 11% 
VAMOS A PASAR DEL CABREO A LOS HECHOS. 



¡¡APAGÓN GENERAL DÍA 15 DE FEBRERO, A LAS 22 HORAS !!

¡¡SÓLO UNOS MINUTOS, CON 5 VALE!!

POR ALGÚN SITIO HAY QUE EMPEZAR...

A lo mejor, no sirve de nada pero...
¿QUÉ PERDEMOS POR INTENTARLO?

Mil gracias, un beso


Antonio dijo...

Eva Cisma, Antonio Omatos, Miguel, Wraitlito, el_profe, David, Conxa, Speedy, María... gracias a todos por vuestros comentarios. Es un placer teneros por aquí y que dediquéis ese tiempo a la conversación bloguera. Quizá también nosotros estemos desplazando nuestra atención a las relaciones de la red.
Un saludo.