15 mayo 2007

Los raros y los largos (II)

Seguiré con la selección de 'rarilargos' (gracias, Tigre, por acertar con el nombre) que comencé en la nota anterior:

6.- Mijaíl A. Shólojov: El Don apacible.
Los autores rusos son famosos por esas novelas ladrillo con las que se puede asesinar a un zar a golpes. En algunas de las listas de mis colegas he visto Crimen y castigo de Dostoievski, impresionante e imprescindible, pero que uno sólo es capaz de recomendar a sus amigos ultra-lectores o a su pérfida casera. El Don apacible es una novela río, nunca mejor dicho, pues trata de esa región rusa bañada por el Don. Después de leer sus más de dos mil páginas, uno entiende mejor la revolución rusa, la vida de los cosacos y, sobre todo, conoce lo que es el frío.

7.- Ferdinand Céline: Viaje al fin de la noche.
Hay libros que merece la pena leerlos por algunas de sus frases. En la novela de Céline encontramos algunas joyas:
'El pobre de este mundo tiene dos grandes alternativas de diñarla: sea por la indiferencia absoluta de sus semejantes en tiempos de paz, o por la pasión homicida de los mismos cuando llega la guerra. Si empiezan a pensar en ti, sólo soñarán en torturarte, y nada más que en eso'
'Tener confianza en los hombres equivale a dejarse matar un poco'
'Casi todos los deseos del pobre están castigados con la cárcel'
Al margen de estos aforismos, la novela es un auténtico canto a la miseria humana.

8.- Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas.
Algo parecido se puede decir de Conrad. El avance de los personajes hacia el interior de la selva es paralelo al sofoco del lector, que acaba sintiendo una claustrofobia vital insoportable. Y ese final... Es conveniente acompañarla de la traducción de Coppola al cine.

9.- Alejandro Dumas: El conde de Montecristo.
¡Qué culebrón! La venganza es un plato que se sirve frío y que vale la pena esperar, aunque sea viendo a Dantés (Edmundo, no Leonardo, por favor) rascar durante años una pared con cucharilla (¿o eso es de Top secret?). Da igual que sepamos que Dumas mantenía un ejército de negros para su taller literario; da igual, porque en un folletín el estilo es lo de menos. En mi lista de lecturas juveniles, apunté una obra de este jaez, La araña negra de Blasco Ibáñez, con las intrigas de los jesuitas de por medio.

10.- Giovanni Bocaccio: El Decamerón.
Rescataría muchas obras medievales que merecen la pena para mi gusto, pero no sería imparcial después de haberlas diseccionado en mis estudios de Filología Hispánica. Así pues, anoto este divertido clásico, una de las recopilaciones de cuentos que mejor ha sobrevivido a los siglos. Vale la pena ofrecer a los alumnos más creciditos algún fragmento.

(continuará...)

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/98469445@N00/327471676

2 comentarios:

Joselu dijo...

De los que hoy citas he leído El corazón de las tinieblas y El conde de Montecristo, y parcialmente El Decamerón. El viaje al fin de la noche lo tengo en mi mesilla para atacarlo en la primera ocasión que encuentre. Es fantástico encontrarse con estos raros o grandes de la literatura. Ponen enorme distancia respecto a algunas lecturas contemporáneas tipo Dan Brown u otras semejantes. Yo a esta lista añadiría La montaña mágica, una novela ciertamente iniciática. Por cierto, he publicado un post en Profesor en la Secundaria. Un gozoso saludo.

Lu dijo...

Mi preferido de esta lista es el Decamerón. Siento verdadero delirio por la narrativa breve. Quizá es mi consuelo a la falta de tiempo.
Sea como sea, apuesto por él.

Bienvenido Joselu. Ahora me paso a hacerte una visita.