02 enero 2007

No importa qué


Un artículo sobre el vicio de leer, hoy en el diario Levante:


No importa qué

JUAN JOSÉ MILLÁS

Hay gente predispuesta a la lectura como hay gente predispuesta a la heroína. A cada ser humano le espera en un recodo de la vida una droga que es su droga. Si la prueba, quedará enganchado para siempre. Cuentan que la primera vez que Poe tomó un vaso de vino se volvió, literalmente, loco. Ya no pudo dejarlo. Yo no puedo dejar la lectura. Hace poco hice un viaje largo en avión. Con las prisas de última hora se me olvidó meter en el equipaje de mano un libro. Llegué a la cabina de pasajeros sin nada que echarme que a los ojos, de modo que leí de arriba abajo, con anuncios incluidos, la revista de a bordo. Después comencé a mirar al techo, intentando pensar, pero no me concentraba en nada. Necesitaba una dosis de lectura como otros necesitan una dosis de coca. O un Marlboro. Revolví en el bolso del asiento y encontré una bolsa para vomitar con instrucciones. Las leí varias veces, en español y en inglés. Estaban muy bien escritas. Parecía un poema. Continué revolviendo y di con un folleto de publicidad sobre Guatemala. Decía que los guatemaltecos eran fieles a las tradiciones de los antepasados y que había vuelos directos desde Madrid los martes, jueves y sábados. A continuación ofrecían varios paquetes. El más barato se llamaba «Guatemala básico». Duraba 9 días y siete noches y costaba 1.632 euros. Me pareció muy entretenido de leer. El precio incluía el viaje en línea regular, estancia en hoteles de categoría turista y varias excursiones en autocar con aire acondicionado. Como se trataba de un texto pequeño lo leía despacio para me durase más. Había otro paquete llamado «Guatemala, selvas y volcanes» y uno más denominado «Guatemala misteriosa». Este último era el más caro. No aclaraba en qué consistía el misterio. Me pregunté qué pasaría si habiendo contratado el paquete de «Guatemala básico», uno encontraba por casualidad un misterio, o un volcán, o una selva. En Guatemala, estas cosas te salen al paso. ¿Te cobrarían más? ¿Te prohibirían mirar? A partir de esta idea imaginé un cuento y se me pasó el viaje volando, valga la redundancia. Como dicen las autoridades sanitarias, lo importante es leer, no importa qué.

2 comentarios:

Joselu dijo...

Desde que me dedico al mundo de la blogosfera ha descendido mi disponibilidad lectora de obras literarias. Seguir la publicación de mis amigos blogueros, la redacción y corrección de mis posts me restan un tiempo que antes dedicaba a la lectura de libros. Me preocupa hasta cierto punto porque como dice Millás no importa el qué. Me reconozcon el él. Cuando no tengo que leer me leo las etiquetas de los envases. Las botellas de vino y de agua dan unas informaciones interesantísimas. Por las calles voy leyendo anuncios y carteles publicitarios. Es cierto, no importa el qué. Es una adicción.

Antonio dijo...

Y los menús de los restaurantes chinos, y las esquelas, y los lomos de los libros que aparecen de fondo en las revistas de interiorismo, y las listas de expropiados por el AVE, y...
Todo es literatura (¿pop-art?).