02 septiembre 2007

Arrastrando los pies

Parece que nos hayan dado cuerda con el asunto de las lecturas escolares. Lu, antes de irse de Educaparty, ha dejado un buen manojo de enlaces de los blogs que nos ocupamos de este asunto. Incluso llega a blogueros que no son profesores de lengua.
Pero la sorpresa ha sido mayúscula cuando, al comprar la revista Qué leer, me he encontrado un reportaje titulado: "Lectura escolar: ¿placer o tortura?" (creo que no está todavía en versión digital, pues parece que sólo cuelgan en internet los reportajes del mes anterior).
Se repiten, grosso modo, los mismos argumentos que hemos ido aportando en nuestros blogs. Sin embargo, no me resisto a extraer algunos fragmentos:

Reina Duarte, editora de Edebé: [Acerca de la frase "La lectura no admite el verbo obligar"] 'Todo esto es muy bonito, pero a veces hay que ser conscientes de que, si no hay adultos que se propongan hacer lectores, nunca los habrá'.
[Sobre la necesidad de educación literaria] 'Es como si le dan de comer a un niño el plato más sofisticado de Ferrán Adrià. No se lo va a poder tragar y le van a dar arcadas'.

Paco Antón, director editorial de Vicens Vives: 'La función del profesor es clave. La literatura se tiene que enseñar con pasión, pues es contagiosa (...) Del educador depende que los chicos odien la lectura o que se entusiasmen por ella'.

Jordi Sierra i Fabra, escritor superventas de literatura juvenil: 'Los maestros van un poco a lo fácil y práctico. Ponen un Sierra i Fabra porque saben que gustará en un 95 por ciento de los casos (...) Como a un profesor le funcione un libro, lo mantiene diez años'.

Eduardo Mendoza, escritor: [Sobre las visitas de los escritores a los institutos dice que antes iba, pero le parecía horroroso] 'Se querían marchar y jugaban, por eso dejé de ir'.

Jordi Sierra i Fabra [sobre las charlas a los alumnos en Latinoamérica] 'Doy charlas para 1500 personas. Allí es una fiesta. No como aquí, que te hacen estar cincuenta minutos y en horario de clase. En España, los estudiantes vienen arrastrando los pies'.

He confeccionado un extracto sucinto y muy focalizado. En general, el reportaje no está mal, pero sólo cuenta con la opinión de editores y escritores, olvidando a profesores y alumnos. Es como si, para un reportaje sobre la sanidad entrevistasen a laboratorios y farmacéuticos y dejasen de lado a médicos y enfermos.
Me da la impresión de que los editores saben muy bien qué les gusta a los alumnos y qué no, por lo que tratan de influir en el sistema educativo para ir colando lecturas fáciles. Los escritores, por otro lado, quieren que se les valore en su justa medida. Es curioso que sea Sierra i Fabra quien se lamente de que los profesores explotan diez años un libro que funciona. Debería sentirse orgulloso, pues un libro con ese éxito ya demuestra cierta calidad (al menos para las pretensiones con las que ha sido escrito).
En cuanto a las quejas de los escritores sobre la actitud de los alumnos españoles, supongo que es un síntoma más del descrédito generalizado por la educación y por las instituciones (ya sabéis que en algunas casas les suelen decir a los alumnos que los profesores -y todo el que pase por un instituto- están ahí para aguantarlos).

9 comentarios:

Diane dijo...

hola: ojala veas mi blogg poddrias hacer comentarios...soy estudiante de lengua inglesa...

aios sta bueno!!!

http://linguisticas.blogspot.com

Joselu dijo...

Escojo una de las frases que destacas, la de los platos sofisticados de Ferran Adrià. No sé si es significativo, pero yo que soy aficionado a innovar en la comida y me gustan los sabores de los distintos tipos de cocina internacional, no iría a comer al Bully por placer. Me parece puro esnobismo su concepción de la cocina. Admito su fama mundial y todo eso, pero no pagaría para degustar su cocina desestructurada, que en el campo de la literatura sería equivalente (?) a los experimentos narrativos de las décadas de los sesenta y setenta, línea que viene de Joyce, Faulkner... Y por supuesto que no recomendaría estos libros (ni la cocina de Adrià) a mis alumnos. Un buen libro ha de tener una buena historia que se pueda seguir sin demasiada dificultad, una historia emocionante e interesante para todo lector no sólo adolescente, una historia que no venda moral ni educación para la ciudadanía, que tenga personajes con cuerpo y que asombre bastante. El problema es cómo llevar a nuestros alumnos al gusto de la buena literatura (no desestructurada). Historias las hay. Hay que urdir mecanismos eficaces y atractivos. En eso estamos trabajando, no sé si para acabar en el más completo de los fracasos, pero intentarlo, pardiez, lo haremos, y nos dejaremos la piel a tiras en ello.

javier dijo...

Esto es estar al quite. Más leña. ¿Y ahora qué? ¿Los blogs podrán ayudar a mejorar la calidad y la cantidad de lectura de nuestros alumnos? ¿Cómo? Estos son mis interrogantes.

YOFFY dijo...

Sí el tema está candente...desde hace mucho tiempo. Ahora estaba leyendo sobre los folletines del siglo XIX, el éxito de la "pseudoliteratura" y comentando en la Universidad con profesores de Literatura me resultó sorprendente cómo aún hacen exámenes para comprobar que han leido a clásicos.¿Existe algún simposio práctico de profesores de Lengua y Literatura que saque conclusiones a desarrollar en clase?

Lu dijo...

Antonio, llego cansada de EducaParty, pero no resisto a pasar por aquí sin dejar mi opinión.

Lo que para nosotros es enseñar la lectura a los alumnos, para las editoriales y las revistas sobre libros es promocionar=vender la lectura. A veces, se nos olvida que la literatura forma parte de una industria y que los medios que ésta emplea son comerciales.
¿Te has fijado en que el título de "¿qué leer?" es una espada de doble filo: por un lado presenta a nuevos autores y libros, y por otra se beneficia de las editoriales que los venden.
El marketing hace lectores, lo ha demostrado Harry Potter.

Antonio dijo...

Veo que se abren nuevas líneas de debate. Habría que explicar cuál es la formación del profesorado en estos asuntos, pues parece que cada uno nos guiamos más por la intuición que por la formación recibida en las facultades de filología (¿existen profesores universitarios que sepan cómo funciona un aula de instituto hoy día?). Y habría que hablar del mercado editorial y sus (necesarias) influencias en nuestra labor docente.
Poco a poco iremos abriendo camino, I suppose...

el color del cristal dijo...

Recuerdo que empezó a interesarme la lectura cuando aprendí a escribir, no a juntar palabras, si no a tratar de expresar una idea sobre un papel.

Quise aprender cómo podía hacerlo mejor, cómo podía expresar lo que sentía o sencillamente quería contar, e intuitivamente comencé a leer con verdadero interés.

Si la lectura se enfoca como una tarea, no será nada más que eso, si se enfoca como una forma de comunicación que fluye en ambos sentidos, surge la necesidad de aprender a utilizar ese mismo medio.

Sería como aprender a comunicarse sin abrir la boca, te obliga a ordenar las palabras antes de escribirlas, a saber qué orden deben cumplir para que cualquiera que lo lea te comprenda.

Es un reto tan complejo, que cuando tratas de llevarlo a cabo, es cuando valoras en toda su inmensidad la literatura.

da-beat dijo...

Muy interesante, Antonio, a ver si puedo leer el artículo. Me ha llamado la atención el comentario de Sierra i Fabra "los profesores van a lo fácil". Precisamente uno de los libros que les pongo a mis alumnos es suyo (3l 4s3s1n4t0 d3l pr0f3s0r d3 m4t3m4t1c4s). Ya llevo haciéndolo 3 años, y seguiré haciéndolo hasta que encuentre alguno mejor. Es un libro que cumple con los objetivos por los que lo elijo: A los chicos les gusta (animación a la lectura), muestra el lado divertido de las matemáticas (es mi asignatura) y propone problemas curiosos.
Si mi intención es que a mis alumnos no les asusten las matemáticas, y que conozcan el gusto por la lectura, y este libro ayuda a las dos cosas, ¿por qué cambiarlo? (Eso no significa que yo no siga en busca de otras lecturas). ¿No es un poco absurdo buscar algo y, cuando lo encuentras, cambiarlo para "no hacer siempre lo mismo"?

Me arriesgo a poner una lectura obligatoria (de entrada, siempre me pasa lo mismo: "¿Leer un libro? ¿En mates?", como si leer fuera propiedad de alguna asignatura) y, en coordinación con el departamento de Lengua, un trabajo que, exceptuando la parte de vocabulario y resumen, es bastante personal. Hasta ahora, los resultados han sido muy satisfactorios tanto para mi, como para la mayoría de los alumnos, de modo que seguiré arriesgándome. Y seguiré buscando cosas nuevas que me ayuden con mis objetivos. Y cuando las encuentre, seguiré haciéndolas hasta que dejen de funcionar o encuentre otra mejor, sean 2, 10 o 20 años.

Saludos.

Darabuc dijo...

Me han llamado especialmente la atención los comentarios de los autores. En mi experiencia (que es corta y con chavales de primaria, o sea que puede haber muchas diferencias), es una experiencia muy gratificante cuando se dan ciertas condiciones de sentido común. Todavía no he ido a ningún centro con profesores motivados en el que no me lo haya pasado bien (y creo que eso se transmite a los críos). Los problemas mayores han venido cuando eran demasiados y de niveles demasiado distintos, cuando no había apenas sonoridad en el aula (por ejemplo, un comedor casi infinito), cosas así, más circunstanciales que hondas.