07 septiembre 2009

Vuelve el mono...gráfico

Recuperado de estos días de trabajo guadianero, vuelvo a la terapia bloguera con una nota sobre el Trabajo Monográfico de Investigación. Para los profanos, esta asignatura se oferta en la Comunidad Valenciana de manera obligatoria para todos los alumnos de 4º de ESO. Será éste el segundo año en el que se imparta y también será el segundo curso en que me presto a lidiar con ella en mi centro. Por lo que he oído, en cada instituto se organiza de un modo, sobre todo en función de tres variables: cuántos profesores la imparten y cuál es su especialidad, cuántos alumnos tiene cada grupo, y con qué equipamientos cuenta el centro. Evidentemente, si uno tiene que tutelar, en una hora a la semana, el trabajo de veintitantos alumnos, el seguimiento no puede ser el mismo que si tienes diez o doce; tampoco es igual trabajar en un aula convencional que en aula con ordenadores y acceso a internet. En mi caso, cuento con la ventaja de haber experimentado con ella y con mis pobres alumnos durante el curso pasado. Hablé de ello en la jornada de Novadors, en el mes de julio, y creo que puede ser interesante incluir aquí esas reflexiones como aviso para navegantes:

Anotaciones al margen de las TIC



En resumen, considero que esta asignatura, como dicta el propio currículo oficial, no se centra tanto en el resultado final como en el proceso que los alumnos deben llevar a cabo durante el curso. Por ello, mi enfoque se ha orientado en el trabajo con aplicaciones en red, fundamentalmente con Google docs y Nirewiki. También he insistido bastante con la necesidad de compartir esos trabajos con el resto de usuarios de la red, por lo que hemos usado Scribd y Slideshare para hacernos sociales.
Como expliqué en Novadors, los problemas iban surgiendo sobre la marcha y se iban solventando al mismo ritmo. Me queda la satisfacción de ver que los trabajos dan la medida del esfuerzo real de mis alumnos en una hora semanal y también la conciencia ecológica de que no hemos generado más papel que el de los boletines de notas.
Este año, si no me fallan las expectativas, podré contar con el aula de informática, así que uno de los principales escollos parece salvado. Ya veremos por dónde nos asaltan los tiburones.
Más información:

01 septiembre 2009

Lecturas III: De aulas tomar

En esta última entrega de lecturas veraniegas viene una selección de títulos que pueden usarse en distintos niveles de Secundaria. Para el primer ciclo de la ESO, he encontrado algunos títulos en la colección Tucán Rojo de la editorial Edebé. En El camino del faro, de Miquel Rayo, podemos encontrar una breve historia en la que un huérfano ayuda a un preso en el contexto de la dura posguerra en una isla balear. Es un relato intenso y realista sin apenas concesiones a ese mundo amable que suele poblar las historias adolescentes.
En El vecino prohibido, de Xavier Bertran, hay un misterio que resolver. Aquí la historia se mueve en lo sentimental, en la aceptación del otro a pesar de sus diferencias. El argumento está dosificado adecuadamente y el final bien resuelto.
Una casa con misterio familiar es también el contexto en el que se desarrolla Los ojos en el espejo (Edebé), otra aventura de José María Latorre, autor ya clásico en el género. Cementerios, secretos del pasado, cosas del abismo... ingredientes habituales en este tipo de historias que suelen tener lectores fieles.
Cambiando el miedo por el amor y los sentimientos, encontramos tres historias con muchos puntos en común (todas en la colección Periscopio de Edebé). Por un lado, Trece años de Blanca, de Agustín Fernández Paz (al que llegué gracias a Evaristo), es una novela de iniciación, con un tono que gustará mucho a las adolescentes de esas edades. Con un toque amargo, la historia de Pídeme la luna, de Care Santos, también cautivará a esos jóvenes en los que afloran nuevos modos de percibir la realidad. Con protagonista masculino, tenemos En Primaria todos éramos muy listos, de Enrique Gudín. Suspensos y reflexión sobre el futuro sin excesiva moralina.
Para el segundo ciclo de ESO y Bachiller, también he explorado algunas propuestas. En las listas de lecturas de Jorge Muruais encontré La guerra de las salamandras, de Karel Čapek. Es una novela en la línea de otras distopías como Un mundo feliz, 1984 o Fahrenheit 451, pero en la que el humor y la ironía compensan la dura crítica a nuestras "avanzadas sociedades". Está disponible en edición de bolsillo en Gigamesh, lo que permite recomendarla a lectores competentes.
Por recomendación de Joselu, leí Soy leyenda, de Richard Matheson, otra novela que escapa del género vampírico para sugerir una realidad estremecedora. Al ser un libro bastante breve, quizá se podría aprovechar para compararlo con la versión cinematográfica.
En la colección de adaptaciones de Vicens Vives, he encontrado también dos buenas propuestas. Los Cuentos de Canterbury, de Chaucer, pueden ser una buena opción para grupos de 3º de ESO buenos o para 1º de Bachiller. Se trata de una selección de trece cuentos con una adaptación que permite una lectura más fluida. También se ha adaptado (en extensión y en lenguaje) la Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, un libro que permite conocer la novela histórica del XIX salvando las dificultades del género.
Y, para terminar, un cómic: Arrugas, de Paco Roca, ofrece una narración original a partir de una historia cotidiana. El protagonista, afectado por el Alzhéimer, acaba cautivando al lector gracias a la habilidad técnica del autor (puede ser interesante para trabajar el concepto de narrador en el lenguaje gráfico).
Esto es todo, de momento. Pronto volveré con los clásicos.
Feliz septiembre.

Crédito de la imagen: 'Anschool II'

28 agosto 2009

Lecturas II: Los raritos

El colofón a la entrada anterior tendría que haber sido la Antología del relato policial (en Vicens Vives, a cargo de J. Santamaría y P.Alonso), una buena recopilación de historias criminales (con una interesante introducción sobre el género y propuestas didácticas). Sin embargo, quería aprovechar el último relato del libro para dar paso a las lecturas raras. Se trata de "No mire atrás", de Fredric Brown (se puede leer una versión íntegra en librosgratis), un relato que se escapa ya por los límites del género (algo parecido ocurre en 1280 almas, que citó Joselu en un comentario a la nota anterior). Es difícil encontrar una definición para los libros raritos: aunque casi todo el mundo tiene claro que un libro es "raro" cuando se tropieza con él, si hay que teorizar sobre ello resulta bastante complicado. Hace un tiempo dediqué unas notas a los "rarilargos" (*) (neologismo que inventó Eduardo Larequi). Es más, los raros sólo se recomiendan entre lectores compulsivos a los que no les importa dedicar horas de lectura a un libro que igual los deja sumidos en el estupor.
De estos libros raritos me ha abastecido en los últimos meses mi compañera María José, profesora de inglés a quien ya mencioné en la nota anterior. Empezó prestándome dos autores japoneses: Edogawa Ranpo (que se lee en japonés como Edgar Allan Poe) es un escritor de relatos que mezclan el kitsch al puro estilo Fu-Manchú con cierta ironía del género negro americano. En un volumen están recogidas "La lagartija negra" y "La bestia entre las sombras".
El otro escritor japonés es Akiyuki Nosaka, de quien leí dos relatos reunidos en un libro: "La tumba de las luciérnagas" es una historia desoladora sobre la guerra y sus consecuencias; como contrapunto, "Las algas americanas" es un relato agridulce sobre el choque cultural oriente-occidente.
También misterio y extrañeza (en este caso por ser una faceta desconocida de su autora) se pueden encontrar en los relatos de Richmal Crompton, la artífice de las aventuras de Guillermo Brown, recogidos en Bruma (Reino de Redonda). En ellos hay personajes aquejados de ataques de tristeza y soledad y teñidos de fantasía y sueño.
También me ha parecido extraña la novela Amor perdurable, de Ian McEwan; juega con las convenciones de las novelas de amores obsesivos hasta darles la vuelta y someterlas a escrutinio racional. Además, consigue que el lector viva la narración con el mismo estupor que el protagonista. Y, desde luego, el punto de partida de la historia es tan raro que parece incluso real.
Otro autor que me ha sorprendido ha sido Robertson Davies; he leído la Trilogía de Deptford (compuesta por las tres novelas El quinto en discordia, Mantícora y El mundo de los prodigios, editados por Libros del Asteroide) Como ocurre con McEwan, la habilidad consiste en convertir en verosímil el extraño mundo de los seres humanos que, al ser analizado con detalle, se transforma en una red de complejos azares e intrincadas relaciones sentimentales. Desde el punto de vista narrativo, el primer volumen es el más jugoso y en el que aparecen los hilos que se devanan en la trilogía; en los otros dos se resuelve toda la trama.
Y, para no agobiar mucho, cerraré esta nota con un libro cuya rareza es su carácter autobiográfico y su vinculación con el mundo de la física teórica. Se trata de la biografía novelada de Richard P. Feynman: ¿Está Ud. de broma, Sr. Feynman? (Alianza) Es un libro divertido (tranquilos, que no aborda con profundidad cuestiones técnicas), en el que sobresale la apología de la curiosidad y la inteligencia como estilo de vida. Así, con esa filosofía de fondo, resulta normal que un premio Nobel se dedique a reventar cajas fuertes o a decorar con sus cuadros bares de top-less. Os aseguro que es una vida digna de conocer, contada además con una solvencia entretenida.
(continuará)
(*) Los raros y los largos uno, dos, tres, cuatro, cinco

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/23727492@N00/2309874065

24 agosto 2009

Lecturas I: Verano negro

He pasado el verano con apenas tres o cuatro notas en el blog. Escribir poco ha servido para que lea mucho, algo que se agradece, sobre todo porque con el curso en marcha es difícil robar tiempo para lecturas privadas. No voy a hacer un recuento exhaustivo de mis lecturas, pero dejaré constancia de algunos títulos que me han gustado o me han sorprendido, que no tiene por qué ser lo mismo.
En esta primera entrega, confesaré mi entrega a la novela negra, un género en el que había picoteado de vez en cuando, pero nunca con tanta intensidad como en los últimos meses. Quizá como premonición de todo ello, en junio leí Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes, de Thomas de Quincey, una irónica apología del crimen perfecto. Me dejó el libro una compañera (gracias María José) que me ha descubierto varios autores de los que aparecerán en estas reseñas.
El primer hallazgo ha sido Fred Vargas, una escritora francesa que parece estar de moda, de quien he leído Que se levanten los muertos y El hombre de los círculos azules. Son novelas negras poco dadas a lo escabroso y en las que la narración discurre de un modo amable, con ciertos toques intelectuales y un punto de fino humor. En la primera, la resolución del crimen corre a cargo de un grupo de jóvenes historiadores (con una divertida pugna entre medievalistas, prehistóricos y modernos), mientras en la segunda, el peso de la investigación recae en el comisario Adamsberg, un policía intuitivo y poco comunicativo, con frecuentes ausencias y desvaríos.
Tampoco había leído nada de Petros Markaris. En Noticias de la noche se aborda la depredación informativa alrededor de las noticias de impacto. En este caso, el crimen es un pretexto para mostrar ese mundo de exclusivas y luchas por conseguir audiencia. Lástima que la realidad siempre supera a la ficción, como demostró hace unos días cierto periodista asesino. Las pesquisas corren a cargo de Kostas Jaritos, otro de esos inspectores que parecen representarse a sí mismos.
Al más puro estilo negro americano, gocé con La mirada del adiós, de Ross MacDonald. Escenarios que forman parte de nuestra memoria fílmica, personajes abandonados, tipos duros, pistolas que surgen a la mínima... en fin, los tópicos del género sublimados en una novela llena de traiciones y medias verdades. Su detective, Lew Archer, nada tiene que envidiar a sus colegas de ficción creados por Hammet o Chandler.
Siguiendo la estela del fenómeno Larsson, metí mano a Henning Mankell y a su inspector Wallander con Los perros de Riga. Además del frío báltico, sentí las emociones de unos personajes bien armados y una intriga mantenida hasta el final. Quizá, como ocurre en otros casos, el crimen es lo de menos y lo que importa realmente es desvelar los intrincados vericuetos del comportamiento humano.
Y, de vuelta a casa, recuperé un trozo de nuestra historia con el Asesinato en el Comité Central, de Vázquez Montalbán (admiración que heredé de Lu). En algunas cuestiones se acerca Pepe Carvalho a los anteriores; su lujuria gastronómica, que pone el colesterol de punta, quizá lo emparente con Wallander; su aire duro con las mujeres lo une a Archer; y la tendencia a la instrospección remite a Adamsberg. Pero Carvalho es irrepetible y, en esta novela, nos golpea con lo más miserable de nuestra guerra cainita.
También he atacado algunos libros juveniles del género, para sacarles rendimiento en el aula. El más destacado es La ratonera, de Agatha Christie, una versión teatral de su novela Tres ratones ciegos. A pesar de su esquematismo (o gracias a ello), se puede abordar en el aula (sobre todo en la optativa de Teatro, quienes la tengan). La editorial Vicens Vives tiene una edición bastante solvente.
El enigma N.I.D.O., de Fernando Lalana (Edebé), es una novela juvenil de intriga futurista, en la que las sectas deportivas controlan el mundo. En la línea de algunas novelas utópicas, plantea una realidad quizá no muy descabellada.
Por último, Elia Barceló es la autora de El caso del crimen de la ópera (en la línea de otro que comenté aquí, El caso del artista cruel -ambos en Edebé-), en la que un director musical es asesinado el día del estreno de su obra. El argumento está bien trazado y los personajes, aunque algo típicos, resultan creíbles.
(continuará)

Crédito de la imagen: http://www.flickr.com/photos/25178143@N04/2674293721

07 agosto 2009

Sesquidécada: agosto 1994

Esta sesquidécada de agosto ha venido a caer al lado de la de julio: cosas del verano y de la sequía bloguera (aunque ya he comprobado que muchos no han echado el cierre definitivo). En el lejano agosto de 1994 aproveché para leer a Pere Calders, Rubem Fonseca, Martin Amis y a la imprescindible Víctor Català (Solitud es una novela difícil de olvidar). Pero debo ser más conciso y me quedo con dos recomendaciones:
La fiebre amarilla, de Víctor Canicio, es un breve poemario del que ya hablé hace siglos en este blog que tiene el aliciente de ser lúdico, sugerente, y lleno de agudeza. Algunos de sus poemas parecen retos lingüísticos al modo de los que se proponen en Verbalia(*), otro sitio recomendable para verbívoros, en el que nos escondemos bajo seudónimo algunos profes de lengua. Además de los poemillas que ya recogí en aquella lejana nota, copio aquí otro:
RASPA
creo y destruyo
lo que quiero

por eso escribí versos
en papel de lija


La segunda recomendación tiene que ver con mi próximo regreso al 1º de Bachillerato, con lo que me reencontraré con el Romancero. Aunque no pueda afirmar que me leí el romancero en un mes, creo que fue a partir de aquella lectura veraniega cuando descubrí de verdad un género apasionante, también sintético a su manera, en el que cabía casi todo lo que merecía ser contado (¿era el romancero un precursor del blog?).
Unos años después, en un curso de doctorado sobre la literatura oral y el romancero (en el que coincidí con Laura Gallego), tuve la ocasión de profundizar en los vericuetos que convierten los romances tradicionales en cancioncillas populares de la España rural (hoy en declive gracias a la televisión e internet). Preparé un trabajo sobre la transmisión de un romance (en realidad no era más que una síntesis de un artículo de Diego Catalán) que abordaba el asunto del corazón de Durandarte; este héroe de la compañía de Roldán, al morir, encarga a su primo Montesinos que le saque el corazón y se lo lleve a su amada Belerma:
¡Oh Belerma!, oh Belerma!,
por mi mal fuiste engendrada!,
que siete años te serví
sin de ti alcanzar nada;
agora que me querías
muero yo en esta batalla.
No me pesa de mi muerte,
aunque temprano me llama;
mas pésame que de verte
y de servirte dejaba.
¡Oh mi primo Montesinos!
lo que agora yo os rogaba:
que cuando yo fuere muerto
y mi ánima arrancada,
vos llevéis mi corazón
adonde Belerma estaba
y servilda de mi parte,
como de vos yo esperaba (...)
(Ver romance completo)
Este trágico episodio de amor más allá de la muerte sirvió a Cervantes para una humorística parodia en la segunda parte de Don Quijote:
Al cabo y fin de las hileras venía una señora, que en la gravedad lo parecía, asimismo vestida de negro, con tocas blancas tan tendidas y largas, que besaban la tierra. Su turbante era mayor dos veces que el mayor de alguna de las otras; era cejijunta y la nariz algo chata; la boca grande, pero colorados los labios; los dientes, que tal vez los descubría, mostraban ser ralos y no bien puestos, aunque eran blancos como unas peladas almendras; traía en las manos un lienzo delgado, y entre él, a lo que pude divisar, un corazón de carne momia, según venía seco y amojamado. Díjome Montesinos como toda aquella gente de la procesión eran sirvientes de Durandarte y de Belerma, que allí con sus dos señores estaban encantados, y que la última, que traía el corazón entre el lienzo y en las manos, era la señora Belerma, la cual con sus doncellas cuatro días en la semana hacían aquella procesión y cantaban, o, por mejor decir, lloraban endechas sobre el cuerpo y sobre el lastimado corazón de su primo; y que si me había parecido algo fea, o no tan hermosa como tenía la fama, era la causa las malas noches y peores días que en aquel encantamento pasaba, como lo podía ver en sus grandes ojeras y en su color quebradiza. «-Y no toma ocasión su amarillez y sus ojeras de estar con el mal mensil, ordinario en las mujeres, porque ha muchos meses, y aun años, que no le tiene ni asoma por sus puertas; sino del dolor que siente su corazón por el que de contino tiene en las manos, que le renueva y trae a la memoria la desgracia de su mal logrado amante; que si esto no fuera, apenas la igualara en hermosura, donaire y brío la gran Dulcinea del Toboso, tan celebrada en todos estos contornos, y aun en todo el mundo.»
Don Quijote, 2ª parte, cap.XXIII
Y la historia llega, ¿finalmente?, a la montaña asturiana del siglo XX, donde los investigadores del equipo de Diego Catalán encuentran una versión en la que Belerma se convierte en "Guillerma", y la espada en "fusilín":
Caminaba Montesinos
por una verde montaña,
con el fusilín al hombro
como aquel que va de caza,
y encontrara un hombre muerto
en par de una verde faya.
(...)
Le levantó el sombrero
y le descubrió la cara.
-¡Oh mi amigo Montesinos,
mal nos fue en esta batalla,
que mataron a Guarín,
capitán de nuestra escuadra!
Me sacas el corazón
por la más pequeña llaga,
lo llevas al Paraíso,
a donde Guillerma estaba. (...)
Lo dejamos aquí, que los rigores del verano harán mojama de nuestro seso, aunque con la recomendación de dos sitios de referencia para encontrar romances:

Crédito de las imágenes: La fiebre amarilla; El Romancero.

(*) El alma de Verbalia es Màrius Serra. Hace muy poquitos días falleció su hijo Lluís, un luchador a quien dedico esta nota.

20 julio 2009

Sesquidécada: julio 1994

Hay lecturas que encajan casi a la perfección con el momento en el que se leen, ya sea por la edad del lector, por las circunstancias vitales que las rodean, o, simplemente, por la época del año en que se llevan a cabo. Echo la vista atrás quince años, como viene siendo costumbre, y recupero dos lecturas que, en sus extremos, se tocan precisamente por encajar en ese momento óptimo de lectura.
Cuando ya no importe, fue la primera novela que leí de Juan Carlos Onetti. Y quedé extrañamente enganchado al ambiente turbio y pegajoso de Santa María. Por ella desfilan algunos nombres inevitables en la obra del uruguayo: Brausen, Díaz Grey, Larsen... Las novelas de Onetti son artefactos difusos en los que no es fácil orientarse; sin embargo, dejan ese regusto extraño que persiste en la memoria más allá de estos quince años en los que regresa a mí. Onetti, para cualquier amante de la literatura, es una figura imprescindible, aunque sólo sea por esa capacidad de hacernos sudar con algunas de sus líneas. Si os interesa una visión cercana de Onetti, vale la pena leer Un posible Onetti, trabajo casi documental de Ramón Chao (sí, el padre de Manu Chao, ex-Mano Negra), a partir de unas entrevistas poco antes de la muerte del autor.
En el otro extremo, por experiencia y por planteamiento literario, se encuentra Historias del Kronen, de José Ángel Mañas. En aquel año fue muy celebrado y denostado el éxito de una novela que se comparó con El Jarama de Sánchez Ferlosio: ambas privilegiaban el diálogo como modo de narrar y coincidían en el mimetismo de una juventud paradigmática de su momento. Creo que el debate fue un poco artificial: hubo quienes marcaron como decisivo el giro marcado por los jóvenes escritores, y otros denunciaban que sólo existía afán económico por encontrar un mercado lector ávido de imágenes impactantes. Pasados los años, Historias del Kronen no es ni más ni menos que una muestra de lo que algunos llamaron posmodernidad.
Por la parte que me toca, me imagino a mí mismo, quince años atrás, viviendo los calores de julio en compañía de autores tan dispares, (también se colaron en aquel mes Rabelais, Pàmies o Kureishi) con esa ingenuidad lectora de quien todavía no acierta a adivinar lo que tiene por delante, los cientos de libros que le quedan por leer y los miles que nunca leerá. Y el ambiente caluroso de Santa María (o del Madrid del Kronen) se filtra por los poros de la memoria en un sortilegio que únicamente la literatura es capaz de conjurar.

13 julio 2009

No todo son vacaciones


La mala fama del gremio produce un molesto eco acerca de tres meses de vacaciones para los profesores. Es cierto que algunos docentes cierran el chiringuito a mediados de junio (también es cierto que tienen poco que vender durante el resto del año), pero muchos otros se mantienen activos, bien sea a través de la formación del profesorado o bien mediante cursos de reciclaje o autoformación (aunque sea preparando materiales en sus casas). En esa línea de profes que renuncian a unas horas de playa, quería comentar que hoy ha acabado el curso "Escribe y publica en la red", organizado por la Asesoría de Ámbito Lingüístico del CEFIRE de Castelló de la Plana (incluyo un especial agradecimiento a Aurora Bricio por solucionar los problemas que siempre surgen donde menos se los espera uno) y que he impartido en las aulas de informática de la Facultat de Ciències Humanes de la Universitat Jaume I. El programa del curso era bastante ambicioso y creo que se ha cumplido en su mayor parte (sólo hemos sustituido la última sesión por un taller de blogs). También creo que se han cumplido los objetivos del curso que eran éstos:
  • Conocer las principales herramientas de escritura digital.
  • Manejar los editores de texto en red.
  • Albergar y archivar recursos en red.
  • Conocer las aplicaciones TIC en el aula.
  • Practicar técnicas de escritura colectiva.
  • Adaptar técnicas tradicionales a las nuevas tecnologías.
  • Fomentar el uso de las nuevas tecnologías para la creación literaria.
Para ello, hemos trabajado sobre un blog cuyo nombre, aportado por una de las asistentes (gracias) era La pluma mecánica. Los asistentes (o mejor, las asistentes, pues en su mayoría eran profesoras) han participado y se han implicado de una manera sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta estas fechas tan complicadas. Fruto de ese buen clima han sido los resultados, de los que debo destacar el uso de Google docs como herramienta fundamental para el aula, las presentaciones de diapositivas con uso literario (a partir de haiku), la grabación de poemas con Audacity y el divertido experimento del wiki: La historia que crece, una actividad que permite extender hasta el infinito un argumento de base, mediante su ampliación con tipologías textuales diversas (narración, descripción, diálogo, texto académico, vídeo...).
Os dejo la lista de tareas propuestas para el curso en el blog citado.
Y, bueno, que llega el verano y este blog seguirá bajando su ritmo, aunque no creo que se apague del todo. Que disfrutéis.

05 julio 2009

La liebre salta en Novadors

Cuando menos lo esperas, salta la liebre. No hace mucho, Ana Ovando, con su irresistible capacidad de convocatoria, me invitó a participar en las Jornadas de Novadors (ya en su sexta edición, todo un clásico) que se celebraban este año en la Universitat Jaume I de Castellón. Preparé una comunicación sobre mi experiencia con la asignatura de Trabajo Monográfico y pensé que, a estas alturas del verano, aquel evento pasaría para mí como una hoja arrastrada por la corriente.
Sin embargo, las jornadas de Novadors (como ocurrió en Getxolinguae o en Espiral) han sido otro de esos momentos inolvidables para la vida bloguera, por constituir el punto de encuentro físico y carnal (en el buen sentido de la palabra) de personas de las que sólo conocemos su URL y a las que finalmente podemos poner cara, voz y sonrisa.
Así me he visto, frente a frente, con Fernando García Páez, ingenioso y luchador, pionero de las TIC y ejemplo para cualquiera que se acerque a este mundo de locos. He conocido a Ramón Barlam, docente y activista de nuevos modos de enfrentarse a la educación. Me encantó ser reconocido por Dolors Insa, artífice de uno de los mejores blogs de poesía infantil y juvenil, que, curiosamente, no pertenece al gremio docente, y eso que comparte muchas de las inquietudes que nos asaltan día a día; aprendí algo de animación lectora en su comunicación y hablamos de bibliotecas, de libros y de Glogster (gracias, blogge@ndo). Tuve la suerte de compartir momentos divertidos de backchannel con Linda Castañeda, a quien conocía de Twitter. También disfruté de una agradable "comida clásica" con Ana Ovando, Juanvi Santa Isabel y Mertxu Ovejas. Y el viernes, en la sesión de clausura, pude también charlar un rato con Dolors Reig, mente lúcida que nos abre el camino al incierto futuro de la red. Por supuesto, no me puedo dejar atrás a todos los miembros de Novadors, desde Vicent Campos a Jordi Adell, pasando por Josep Lluís Ruiz, Sergi Mestre, Miquel Ortells, Francesc Llorens, etc.
A todo esto, mientras se desarrollaban las jornadas, me iba enterando gracias a Twitter, de lo que ocurría en Getxo, en el encuentro Edublogs. Así, la conexión blogosférica nos ha tenido más unidos que nunca, aunque quizá lo mejor fuese organizar una quedada conjunta para el año que viene.
Total, que iba a contar algo sobre el Trabajo Monográfico de Investigación, pero tendrá que esperar, porque, cuando menos lo esperas, salta la liebre y te deja con la boca abierta de par en par.