08 abril 2011

¿Un futuro feliz?

Villemard, 1910 (BNF)
Justin Sarmiento y Rihanna Cabrerizo van juntos al instituto. Ambos lucen en su muñeca el último modelo de movileno y en un bolso de bandolera llevan el Q-A-Drno de clase. Justin anda con ojo de no golpear su bolso contra la pared; hace unas semanas, tuvo una bronca enorme en casa por haber roto el Q-A-Drno en un descuido, algo que había supuesto a sus padres la asistencia obligada a un curso de educación familiar (una hora de diez a once de la noche durante un mes). Rihanna va repasando fórmulas matemáticas y partituras musicales mientras revisa los módulos que debe completar ese día; la multitarea es ya una costumbre para ella, criada en la era de la hipercomunicación. En su historia de la música portátil zapea unas canciones de la otra Rihanna, aquella cantante de la que su madre era admiradora poco antes de nacer ella.
Justin y Rihanna llegan al ágora del instituto. No hay vallas sino una enorme plaza abierta con diversos edificios bajos alrededor. Los códigos de colores de los edificios coinciden con los planes de estudio cargados en sus Q-A-Drnos y que pueden consultar directamente desde el movileno, de modo que saben en cada momento a qué sitio han de acudir y qué objetivos cumplir ese día. Aunque tienen la misma edad, los niveles de ambos son distintos y sus tareas también son diferentes. El diseño curricular está centralizado en un sistema de gestión didáctica -Sensatus- que supervisa los objetivos y competencias alcanzados por los estudiantes de manera autónoma. En realidad, todo parece un inmenso videojuego en el que el alumnado va completando tareas y superando niveles
Los docentes-tutores tienen asignadas tareas de supervisión sobre diez estudiantes. El sistema avisa de los logros y de los tiempos muertos del alumnado y el tutor tiene comunicación directa con las familias a través de videoconferencia inmediata. La falta de respuesta ante una incidencia genera un aviso a la inspección que propone un 'expediente de asistencia familiar', que desemboca en cursos de educación familiar o sanciones administrativas.
En cada edificio, diversos profesores especialistas ayudan a los estudiantes a completar sus tareas. Ninguna tarea se deja a medias, aunque existe la posibilidad de diversificar el planteamiento de la misma a partir de adaptaciones curriculares. Por supuesto, aquellos que completan pronto y bien las tareas son bonificados con aprendizajes extraordinarios. El premio siempre es aprender más, no dejar de hacerlo.
Al final de la jornada, el sistema Sensatus remite a tutores, especialistas, familias y alumnado, un informe del avance de cada estudiante. Los informes sirven para generar aprendizajes cada vez más significativos, puliendo los posibles errores del sistema. Como en cualquier sistema de control informático, no están permitidas variables fuera de rango, como el absentismo o la acedia, que generan automáticamente 'expedientes de asistencia familiar'. Por contra, todo el alumnado tiene derecho a tiempos de descanso suficientes a lo largo de la jornada, siempre y cuando se compensen adecuadamente con el esfuerzo que se le exige.
Justin y Rihanna no vuelven juntos a sus casas. Justin ha completado un módulo de argumentación lógica y ha cumplido el mínimo diario, así que tiene activas sus extraescolares. Rihanna ha preferido quedarse un par de horas más experimentando con la cirugía virtual, ya que quiere estudiar Medicina. 
Sensatus, mientras tanto, procesa los informes y configura los parámetros con los que han de redactarse las próximas leyes educativas. Estas leyes automatizadas, al mantenerse lejos del alcance de los políticos, se adaptarán a las realidades del presente y a las necesidades del futuro.

P.D: La semana que viene asistiré al II Congreso Escuela 2.0 que se celebra en Zaragoza. Allí hablaré de un foro que modero y que se titula Educación e innovación ¿Qué sabemos del futuro con TIC? Podéis participar on-line.
Crédito de la imagen: Villemard. BnF

23 comentarios:

Lu dijo...

Antonio, no sé si será muy Sensatus un sistema en el que las adaptaciones o los planes personalizados se establecen entre un alumno y un sistema informático. Echo de menos en ese futuro-ficción el calor humano, el trato directo, el afecto...
Mi imaginación me hace ver a Justin y a Rihana inmersos en un decorado que tiene algo del Show de Truman. Si algo celebraría de ese mundo (¿lejano?) es que los planes de estudio no están sujetos a decisiones políticas. Superar este escollo, supondría una gran revolución en educación.

Ya nos harás un extracto de las conclusiones del Congreso.

eduideas dijo...

Sistema de aprendizaje ideal, faltaría explicar la parte educativa, que no puede ser un programa lineal por mucho que se adapte cada día. Ratios de 1/10 y premios para aprender sí forman parte de un futuro feliz

Héctor Monteagudo dijo...

Me he quedado con con ganas de saber un poco más de esta "Una educación feliz", como cuál sería el lugar de la lectura, la gestión del aula la resolución de conflictos o dónde venden el "sensatus".
Por otra parte, sería interesante comparar las vidas de Justin y Rihana de la utopía docente que has escrito con otra en la que prevalezcan los criterios de los padres, los alumnos o los políticos.

Maru (marudomenech@gmail.com) dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con Lu. Me falta la parte humana y me encanta que los políticos no sean los que diseñen los planes de estudios,que se quedan obsoletos incluso antes de ser aplicados y que dependen siempre de la variable "quien gobierna en ese momento". En Mallorca ni siquiera se han aplicado las competencias, llegan este año con las editoriales, las mensajeras del gobierno, y resulta que ya están pensando en eliminarlas al siguiente. Increible que la educación siempre a la merced de los mercenarios de turno. Gracias por tu artículo porque eres capaz de expresar y sintetizar ideas que al menos algunos, compartimos. Ojalá esa realidad virtual se convierta en presente pronto. Suerte en el Congreso.

mjchorda dijo...

Me gusta tu Blade Runner educativo, sobre todo el nombre del sistema, "Sensatus", que es la principal carencia del sistema educativo nuestro actual.Me sigue impresionando tu capacidad de trabajo. Suerte con todas tus acometidas.Yo, sin opos, estoy en plan más lúdico, el viernes acompaño a mi compa de latín y 18 alumnitos de a Sagunt, tenía muchas ganas de ir.

Estrella dijo...

Espero que "Sensatus" no incluya un gran hermano que vigile los pasos de profes y alumnos dentro y fuera del instituto. La parte afectiva no me preocupa, detrás de cada movileno y de cada Q-A-Drno hay personas de eso estoy segura y con profes que tutorizan a 10 alumnos, la dedicación debe ser total.
Supongo que en Madrid Justin que según Sensatus ha superado con brillantez la TESO (tecno-educación-sensata-obligatoria) pasará a un Bachillerplus, especial para alumnos "excelentes" mientras Rihanna que no ha logrado superar los niveles de la TESO con una media superior a 7, sólo podrá acceder al Bachillerdown o a la FP (formación precaria).
En cualquier caso Justin y Rihanna acabarán encontrándose el la cola... del INEM.
¡Pásalo bien en Zaragoza!

Loly dijo...

En la zona norte (o sur, lo mismo da), hay una valla que separa a estas alumnas de los que escaparon del sistema, esos que viven en cabañas y aprenden a cazar osos (o cualquier otro animal), a cultivar la tierra y que se bañan en un río.

Me da escalofríos.

Un saludo

Antonio dijo...

Lu: Los sistemas de gestión educativa personalizada aparecen en el informe Horizon como algo muy cercano (en enseñanza universitaria). Lo del show de Truman no es futuro, sino presente, me parece.
Eduideas: El sistema actual, como apunta Khan en el vídeo de El Caparazón que enlazo, permite que el alumnado que no entiende algo pase de curso y siga con esa laguna, al tiempo que otros que lo entienden a la primera tienen que volverlo a escuchar hasta la saciedad. Muchos días, yo mismo reconozco el hastío que producen ciertas explicaciones.
Héctor: Muchas preguntas para una utopía distópica. El concepto aula/grupo habría desaparecido, sustituido por agrupamientos circunstanciales de alumnos con un mismo objetivo didáctico. Los espacios serían abiertos, sin puertas, más parecidos a un salón recreativo que a un instituto. En ellos habría cómodos sillones aislados del ruido para leer, un tiempo que computa en el apartado correspondiente del aprendizaje (en bloques distintos según sea lectura académica o lectura lúdica).
Maru: Lo he dicho muchas veces y lo repetiré siempre: La sanidad, la justicia, las comunicaciones y la educación deberían quedar al margen de las disputas políticas mediante un sistema público muy definido y flexible en cuanto a la adaptación a los nuevos tiempos. Dejarlo en manos de idearios políticos o mercaderes (si no son lo mismo) lleva a situaciones como las que estamos viviendo.
Mª José: Iba a ponerle Ítaca, como el nuestro, pero ya sabemos que Ulises tardó 20 años en llegar a puerto y no conviene fiar las cosas de la educación tan largo. Gracias por tus deseos y suerte con la excursión.
Estrella: Lo que proponen en Madrid lo recoge la LOE con las buenas intenciones de promover la excelencia. Sin embargo, la perversidad consiste en agrupar a los más desfavorecidos en guetos educativos -compárese si no el reparto de inmigrantes en centros concertados y públicos de una misma zona- para justificar que es necesario rescatar a los mejores de esa 'chusma'. Es un discurso que roza los límites de los derechos constitucionales, eso sí, disfrazado de dulce abuelita.
Loly: Las sociedades modernas requieren sistemas modernos. Los más fervientes fascistas fueron los futuristas de Marinetti. Escapar del sistema tiene su halo de libertad, pero, como apuntas, uno se debe acostumbrar a servirse por sí mismo.
Gracias.

Joselu dijo...

Un extraño relato de pedagogía-ficción que remite a un futuro perfecto, en que todo está encuadrado, planificado y será acorde con la sensatez educativa y ni una brizna de conocimiento será desperdiciada o mal utilizada. Se han citado ya, por parte de otros comentaristas, alguna antiutopías que puede evocar este relato: Un mundo feliz, Blade Runner, El show de Truman... Al leerlo me cabía la duda acerca de tu intención al escribir este relato que no puede coincidir con tu sentir vital, y quizás con él, subrayas ese componente vivo de imperfección que es el sistema en que nos movemos y que lo hace cálido, escasamente pragmático y mal planificado. Hay a quien le ha producido escalofríos este mundo educativo feliz sin intervención de políticos en su diseño, lo que ha provocado a otros alguna admiración. El problema es que si no son políticos los que deciden, serán los tecnócratas los que lo hagan, y éste parece ser el resultado de este eficaz mundo educativo. No sé si detrás de este cuento hay alguna alusión velada al bachillerato de excelencia que se ha propuesto en Madrid. Es todo un género el tuyo y tus antiutopías irónico-pedagógicas.

Antonio dijo...

Joselu: Tu análisis es muy certero; cuando escribo estas notas, me mueve la ilusión de un mundo ideal y planteo un futuro en el que procuro mostrar enmiendas para fallos que veo en el presente, pero al acabar de describirlo me encuentro con realidades que dan un poco de miedo. Las conclusiones que se pueden extraer de ello es que lo humano es siempre imperfecto y que toda utopía tiene un peligroso punto de fuga hacia el totalitarismo. Gracias por el comentario.

Jorge dijo...

Para mí la parte más distópica es la que recoge las sanciones administrativas y medidas reeducadoras para las familias. No sólo las veo imposibles en un régimen no totalitario, sino que ese totalitarismo debería ser el más eficaz nunca visto. Ni siquiera la Alemania nazi o la URSS de Stalin consiguieron semejante poder reeducador sobre las familias.

Sé que las urgencias del presente y el desaliento de comprobar la dejación de funcionnes de muchas familias invita a fantasear con este tipo de soluciones, pero si en otras épocas no se daba en este grado era sobre todo a causa de una gran presión social con unos valores cívicos y morales ampliamente compartidos y estos no se imponen con sanciones administrativas ni, por desgracia, se aprenden en ninguna clase, como se puede comprobar a diario en nuestras escuelas.

CMG dijo...

Ahora falta saber si también se etiquetará a los alumnos en alfa, beta,..epsilon, como en la novela de Huxley.
Por cierto, también tomarán "soma" o en este caso "episteme" ja,ja.
Muy bueno, Antonio.
Me ha encantado la idea de despolitizar la educación y de dependamos de unos teóricos que nos imponen leyes deficientes ya antes de su entrada en vigor.

Carlota Bloom dijo...

Sin entrar en muchas profundidades (se acusa un trimestre tan largo), reconozco que la primera sensación que he tenido es también de cierto escalofrío, por eso de recordarme la novela de Huxley. Supongo que será por lo que señala Lu de la ausencia del calor humano, o por el exceso de perfección en el sistema. Como decía Radio Futura, "el futuro ya está aquí"...

Marcos Cadenato dijo...

Me causa un poco de inquietud imaginar este futuro que nos pintas, pero también he sonreído varias veces con tu fina ironía y tu humor tan fresco...
Por encima de las sanciones administrativas a las familias y la inexistente participación de los políticos en el sistema educativo, me quedo con el nuevo léxico del futuro: Q-A-Drnos, movileno, Sensatus... ¡me quito el cráneo, maestro!

Hyeronymus dijo...

Todo está muy bien. Alta tecnología para facilitar el estudio. Todo muy tecnológico pero, ¿qué sucederá cuando el Q-A-Drno falle. Muchos alumnos, dudo que tengan buena memoria.

Antonio dijo...

Jorge: Un régimen totalitario no necesita tomar esas medidas porque o bien nunca haría universal la educación (no existiría la ESO), o bien esa educación no sería democrática en el sentido en que la entendemos nosotros en términos legales -con derechos y deberes para todos-. Sin embargo, me parece penoso que la imagen de las familias siga siendo el "coco" para los educadores, quizá debido a que entre todos hemos publicitado mucho los derechos del alumnado y sus familias y muy poco las obligaciones, que también existen, aunque sean imposibles de exigir.
Conxa: El alumnado ya está etiquetado de una manera u otra: ¿cuántos hijos de políticos o empresarios están en la escuela pública?; dentro de un instituto, ¿no hay grupos buenos y malos? Falta que muchos se quiten la careta de demócratas y digan claramente que los buenos puestos en la educación y el futuro están reservados a unos cuantos.
Carlota: Da miedo que esto lo controle una máquina o un software, pero sabemos que en los claustros hay docentes que se comportan como versiones obsoletas del evaluator 1.0.
Marcos: Cuando te toque manejar esos aparatejos no te dará tanta risa... Ya te prestaré el Actualizator 3000 para profes blogueros del quiero y no puedo :-)
Hyeronimus: Como se apunta en la ficción, el sistema no admite variables fuera de rango, así que los aparatos, por definición, no se pueden estropear; si se rompen, lo pagan las familias con cursillos, lo mismo que si se pierden. En las horas de reposición, el alumnado recitará las viejas tablas de multiplicar o las cansinas listas de preposiciones: "a, ante, bajo, cabe -maestro, ¿qué es 'cabe'?-..."

Nacho dijo...

Me parece el sueño de todo enseñante. Que las máquinas se ocupen de ordenar el contenido y de hacer el seguimiento, que ya me encargaré yo de ofrecer las clases, de orientar a los alumnos.
Un alivio sería.

Jorge dijo...

No sé, Antonio, veo esencial en el escenario que imaginas una fortísima autonomía y responsabilidad del alumnado y, por lo tanto, una eficaz labor de las familias en la transmisión de estos valores. Si nuestro punto de partida es tan pobre en este sentido, ¿la revolución social que nos transformará en japoneses de dónde vendrá?

Me cuesta mucho imaginar cómo sería una clase reeducadora para una familia cuyo hijo tira los restos del almuerzo en el suelo de clase, escupe en el pasillo o se queda durmiendo en lugar de ir a clase.

También veo a muchos compañeros que celebran la ausencia de orientación política en Sensatus y me parece una ingenuidad. Toda orientación que se le quiera dar al sistema educativo parte de una forma de entender la sociedad y cuál es la mejor manera en la que ésta debe organizarse y, por lo tanto, es política. Al final, alguien tiene que programar el algoritmo de Sensatus. Esperemos al menos que no se lo encarguen a Marchesi o algún otro tecnócrata que ha padecido la educación en los últimos tiempos.

Silvia Gongo dijo...

Este sistema educativo de ficción me ha despertado "felicidad" y miedo a partes iguales. La felicidad de imaginar un sistema competente, organizado, "apolítico", y el miedo de la informatización como deshumanización, como barrera de las relaciones afectivas.
Me quedo, en cualquier caso, con la caída de las vallas de los colegios.
Excelente microficción, como siempre.

JLG dijo...

Antonio, como a Silvia, tu relato me ha producido una cierta desazón. Quiza sea porque todas las utopías esconden algo perverso.

En cualquier caso, es un relato brillante tanto por el contenido como por la forma.

Un abrazo.

Hyeronymus dijo...

Gracias por tu respuesta, Antonio, pero es el gobierno quien debería pagar los dispositivos tecnológicos. ¿O es este futuro que pintas una utopía que dudo que se consiga en estos tiempos de crisis?

amelche dijo...

¿Puedo dar clase en ese instituto?

Pedro Villarrubia dijo...

Miedo me da, Antonio, que en los comentarios figure sólo la hora, ya que escribo a las 22:22

Y esa cifra me recuerda que sólo dos alumnos nos muestras en el relato, obedientes, integrados, aislados, casi sin relación social entre ellos. ¿Y dónde estarán los demás?

No hay relación con el entorno, no hay cielo abierto no hay ejercicio físico, ¿qué ven, qué comen, qué hacen allí? tampoco veo sonrisas, ni opinión, ni expresión personal, parecen analistas del CSI en asépticos laboratorios de aprendizaje.

Y el profesorado, mero supervisor "especialista". Y la familia, inspeccionada por el gran hermano y sancionada si su hijo/a no alcanza los objetivos. ¿dónde irá el alumnado que no cumpla?

No sé, Antonio. Inquietante e interesante relato que resuelve factores cognitivos y oculta los personales, los emocionales, los físicos, los del desarrollo, los que nos hacen más humanos y menos máquinas.

Gracias por jugar con nuestra imaginación. Salud.