04 noviembre 2006

Más Millás

Estuve el jueves en una conferencia que nos regaló Juan José Millás dentro del ciclo 'Condición literal' de la Fundación Bancaixa. No sé si habéis tenido la suerte de ir alguna vez a escucharlo; si no es así, y tenéis ocasión, no os perdáis el acontecimiento. Porque es una gozada para los sentidos y para el buen humor.
Quienes leemos sus columnas con asiduidad reconocemos en esas charlas un universo de autocitas y de refritos propios, pero, a la vez, de guiños cómplices al lector avisado y de buena redacción, algo que echamos en falta en la vida cotidiana.
Nos habló Millás, como siempre, de su relación con las palabras en esa vida que es un juego de espejos, un ir y venir continuo entre la realidad y la ficción, entre el sueño y la vigilia.
Declaró algunos de sus modelos literarios: cuentos de Flaubert y de los grandes rusos decimonónicos; Mark Twain y los representantes del nuevo periodismo estadounidense, con Capote a la cabeza; y, cómo no, Kafka y La metamorfosis, novela que, para Millás, resume el siglo XX .
Confieso que me gusta más el Millás de las columnas que el novelista, quizá porque en las distancias cortas es donde un escritor se la juega. Y él casi siempre gana. No sé si su arte consiste en deconstruir el mundo y mostrar la extrañeza de lo cotidiano. No sé si es la mirada irónica y siempre crítica que no admite capitulación. Lo que sí sé es que, a veces, una columna suya produce más satisfacción literaria que toda una novela de sus grandes contemporáneos. Lástima que esos breves textos sigan siendo considerados por algunos como literatura menor.

P.D. He colgado en mi wiki unos enlaces de artículos de Millás. ¡Ah! Y tuve la ocasión de regalarle mi caja del esparadrapo tejido sin tejer: espero que le guste y que lo aproveche para una de sus columnas.

6 comentarios:

Lu dijo...

A mí me encantan los articuentos de Millás, especialmente los que aparecen bajo el epígrafe de "Asuntos lingüísticos".

Aquí te envío de obsequio el último que leí a mis alumnos.

Viva la gramática
Una red invisible de palabras planea sobre nuestras cabezas. Todas las conversaciones realizadas a través de los teléfonos móviles recorren la atmósfera antes de llegar a su destinatario. A las sucesivas capas de gas que rodean la Tierra habría que añadir ahora la alfabética. Esta capa, a diferencia de la de ozono, no tienen ningún agujero. Es más, no cabe una letra ya en este tejido. De no ser transparente, hace tiempo que viviríamos a oscuras. Sobrecoge la posibilidad de que un día esas palabras se solidifiquen de forma paranormal, como los aerolitos, y comiencen a caer sobre nosotros. Saldría uno al jardín y le caería a los pies una oración gramatical cualquiera: "Dile a tu madre que no voy a comer".
Si las palabras fueran materiales de construcción, hace tiempo que no se podría salir a la calle. De hecho, casi no se puede entrar ya en el tren o en el autocar de línea. Está uno intentando concentrarse en una novela de Simenon, cuando le cae encima la conversación del señor de atrás con su socio. El señor de atrás fabrica envases de plástico, aunque después de escucharle un rato, en detrimento de Simenon, se da uno cuenta de que lo que el señor de atrás fabrica son frases. Defectuosas, por cierto. En las dos horas que ha durado el viaje, y la conferencia telefónica por tanto, no ha hecho una sola construcción sintáctica como Dios manda. Espero que sus envases sean mejores, aunque lo que a él le gusta es la oratoria.
La industria del futuro es la industria sintáctica. Todo el mundo habla. No hacemos otra cosa que hablar. La atmósfera está completamente llena de conversaciones. Lo malo es que son conversaciones banales, malas, rotas, tristes, defectuosas. Tanta tecnología punta para preguntarle a la sufrida esposa dónde está la mahonesa. Pues en el tarro de la mahonesa, hombre de Dios, dónde quieres que esté. Vamos, que son mejores los teléfonos que las conversaciones. Pues bien, ahora que ya hemos conseguido una calidad impresionante en el aparato, sería hora de poner las frases a su altura. En otras palabras: viva la gramática, con permiso de Telefónica (con acento en la o).

Antonio dijo...
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Antonio dijo...

Gracias, Lu. No lo había leído y ya lo he colgado en el wiki (http://littera.wikispaces.com/
millas_viva_la_gramatica)

Joselu dijo...

Sigo a Millás desde hace muchos años. Leo sus artículos de El País los viernes. Los espero con expectación y esos mismos viernes le escucho en un programa de la Ser llamado La Ventana. A las cinco menos diez comienza su selección de relatos de la semana. Los lectores envían sus historias sobre el tema propuesto la semana anterior por Millás. He de decir en su favor que el libro Papel mojado funciona y muy bien en el segundo ciclo de secundaria. Es ameno y ágil y está lleno de ese magnífico humor absurdo que lo caracteriza. Hace muchos años unas alumnas de tercero de BUP le remitieron una entrevista para realizar un trabajo que yo les había propuesto sobre sus novelas. Ellas le preguntaban si su visión de la vida era tan negativa y desesperanzada como proyectaban sus novelas, vamos "una mierda". El contestó con un escueto y tremebundo: Sí. Un verdadero personaje al que me gusta seguir. Qué suerte haberle oído en directo.

Anónimo dijo...

Yo también lo escucho en la Ventana los viernes que puedo, me encanta su humor ácido.
Creo que voy a copiar la idea de Lu de regalarles un cuento a ms alumnos de tanto en tanto. Entraré en tu wiki para tomar ideas.
Por cierto, puse en práctica tu actividad del cuento de Quim Montsó cortado, el del móbil y los sudamericanos. ¡Genial! Les sorprendió muchísimo. A ver si tengo un rato y lo explico en un post.

Elisa dijo...

Te he dejado un meme en http://lengmoliner.blogspot.com. Elisa