22 agosto 2018

Sesquidécada: agosto 2003

En estos tiempos de coeducación y de lucha contra el machismo, debería ser inexcusable la lectura de Lisístrata, una de las más divertidas y reivindicativas comedias de Aristófanes. Hace quince años, todavía tenía muy fresca mi formación académica clásica y ello me permitía disfrutar de algunos autores no muy conocidos, como Luciano de Samósata o Julio Obsecuente. Así que fue una sorpresa encontrarme este clásico tan famoso que se me había pasado leer. Por suerte, es una obra muy viva que se sigue representando en la actualidad y que nunca pasará de moda, por su valor cómico y por sus otros valores: la defensa del pacifismo y el poder de las mujeres, entre otros. A diferencia de otros comediógrafos que usan el enredo amoroso como elemento satírico, Aristófanes coloca la huelga sexual de las mujeres en el eje de un conflicto que acerca más a la tragedia que a la comedia. Un gran acierto.
Lisístrata: Lampito, todas las mujeres toquen esta copa, y repitan después de mí: no tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Cleónica: No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Lisístrata: Aunque venga a mí en condiciones lamentables.
Cleónica: Aunque venga a mí en condiciones lamentables. (¡Oh Lisístrata, esto me está matando!)
Lisístrata: Permaneceré intocable en mi casa.
Cleónica: Permaneceré intocable en mi casa.
Lisístrata: Con mi más sutil seda azafranada.
Cleónica: Con mi más sutil seda azafranada.
Lisístrata: Y haré que me desee.
Cleónica: Y haré que me desee.
Lisístrata: No me entregaré.
Cleónica: No me entregaré.
Lisístrata: Y si él me obliga.
Cleónica: Y si él me obliga.
Lisístrata: Seré tan fría como el hielo y no le moveré.
Cleónica: Seré tan fría como el hielo y no le moveré.
(...) Lisístrata: ¿Todas han jurado?
Mirrina: Todas.
Otra lectura que rescato en esta sesquidécada es la novela El hereje, de Miguel Delibes. Después de haber leído el magnífico ensayo de Marcel Bataillon, Erasmo y España, la novela de Delibes se lee con el goce de una novela histórica bien documentada, con el placer de asomarse bien pertrechados a otros tiempos. Una lectura que reúne la mejor prosa del autor con el ambiente de una de las épocas más significativas de nuestra historia. Aunque parezca alejada de sus otras novelas, El camino, Las ratas, Cinco horas con Mario... El hereje sigue indagando en esos temas trascendentales que definen a Delibes y que lo unen a través del tiempo con las inquietudes de la Generación del 98. Una lectura muy recomendable.



Finalmente, rescato otra obra de teatro, más trágica que cómica, y también muy actual, como la de Aristófanes: Muerte accidental de un anarquista, de Dario Fo. Es tan breve que no vale la pena reseñar su argumento, así que os dejo que la descubráis, si aún no la conocéis, en estos pocos días que quedan de verano. Felices postrimerías de agosto. 

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