23 junio 2011

Sesquidécada: junio 1996

En junio de 1996, casi acabado 4º curso de Filología, con muchas alegrías por los descubrimientos literarios y también con bastantes decepciones por el mundillo universitario (aunque debo reconocer que, en el balance general, mayoritariamente tuve buenos profesores), dos periodos me tenían preso: La novela contemporánea y el tránsito del Renacimiento al Barroco. La primera mención de esta sesquidécada va para nuestra triste y gris posguerra. En el año 94, con motivo del XV aniversario de la muerte de Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite recogió algunos de sus recuerdos en un libro llamado Esperando el porvenir (podéis escuchar también una conferencia con el mismo título en la Fundación March). Esta obra, a mitad de camino entre el ensayo y las memorias, traza un recorrido personal por esa generación del "medio siglo", con recuerdos de figuras como Rafael Sánchez Ferlosio, la actriz Mayra O'Wisiedo, Alfonso Sastre, Manolo Mampaso, Jesús Fernández Santos, Josefina Aldecoa, Carlos Edmundo de Ory, Agustín García Calvo y, por supuesto, el imprescindible Ignacio Aldecoa, quizá uno de los mejores autores de cuentos de este periodo.
Guardo muy buen recuerdo de esta obra (que fue regalo de algunos amigos de la facultad), que proporcionó una dosis de intrahistoria necesaria para entender la literatura y la vida de la cultura bajo el franquismo.

La otra obra salvada en esta sesquidécada es El Buscón, de Quevedo, ya en la segunda lectura de una larga serie que todavía no ha concluido. Porque si algo define esta joya del humor, la sátira, el ingenio y la mala sombra, es que cumple con casi todos los puntos que recogía Italo Calvino como razones para leer un clásico. Comprobadlo y me lo decís.
Feliz cierre de curso.

8 comentarios:

Joselu dijo...

Soy un admirador de esa generación del medio siglo, tanto en su vertiente narrativa como poética. Ignacio Aldecoa es uno de los que me son más caros. Incluso tengo una extraña vinculación con él. Una vez, hacia mediada la década del noventa leí algún reportaje sobre él, y me sorprendió una afirmación que hacía en unas declaraciones antiguas. Decía que habían pasado una buena temporada en la isla La Graciosa, junto a Lanzarote. En ella ambientó su novela Parte de una historia. Decía Aldecoa que alli fue feliz como no lo había sido nunca. Aquello me marcó y decidí irme a pasar algún tiempo a La Graciosa. Estuvimos diez días en 1996 y luego posteriormente he vuelto con mis hijas. El grupo escolar de la pequeña isla se llama como el escritor. Es un paraje sorprendente. No sé si lo conocerás pero es un lugar propicio a leer su novela antes citada.

Aldecoa ha ido creciendo con el tiempo a pesar del ostracismo a que lo sometió Carlos Barral y su editorial que lo consideraba como alguien que no era de su cuerda. Sus relatos son magníficos y probablemente sobrevivirá más allá de los que lo cuestionaron y marginaron. Me gusta su sentido de la vida, su afición a las tabernas (que acabaron por matarle) y su contacto con la gente común, que es la menos común de la gente.

mjchorda dijo...

Siempre me ha caído bien Martin Gaite, he disfrutado con Retahílas, Entre visillos, Nubosidad variable y he compartido con los alumnos Caperucita en Manhattan. De todo ello ya hace años, creo que ahora no la pondría como lectura, entonces recuerdo que la leímos en clase por las tardes y les gustó. Me ha encantado el audio de la fundación (lo encuentras todo). Genial Italo Calvino y sus razones... ¿Has leído Memoria del mundo y otras cosmicómicas? y ¿Las ciudades invisibles?.

Virginia dijo...

La definición de Italo Calvino es insuperable. Del Buscón guardo un gran recuerdo porque la primera vez que lo reí me partí de risa. Y de Martín Gaite conozco Caperucita en Manhattan y Entre visillos. La verdad es que no me gustaron mucho pero su mérito como escritora es incuestionable.

Saludos y buen verano

Antonio dijo...

Joselu: Tomo nota de tu recomendación literaria(y quizá algún día del viaje). Creo que en esa generación de medio siglo se ha hinchado la fama de algunos y se ha ninguneado a otros, aunque el tiempo pondrá a todos en su sitio.
Mª José: La primera que leí de ella fue Nubosidad variable y luego su ensayo sobre usos amorosos de la posguerra y la versión de Caperucita. Es una autora de "tempo lento" que está fuera de la tendencia ultrarrápida de nuestros días. En cuanto a Calvino, es uno de mis autores preferidos y las ciudades invisibles es uno de esos libros que nunca olvidaré. El resto de su obra es también para gozar: Nuestros antepasados, las Cosmicómicas, Marcovaldo...
Virginia: Mi primera lectura del Buscón fue muy superficial y me costó entender algunas de sus gracias, pero a partir de la segunda, cada vez que lo leo encuentro una puya o un guiño nuevo. Una gozada de clásico.

Carlota Bloom dijo...

Yo también siento una extraña admiración por esta generación de luces literarias que vivió en unos años de sombras. De Martín Gaite me gustan sobre todos sus cuentos. Me apunto esta especie de memorias que recomiendas, no las he leído. En cuanto a El Buscón, quizá lo relea este verano: me encanta la mala baba de Quevedo.

Lu dijo...

Quevedo es grande en toda su obra. El Buscón es una de sus joyas en prosa, sin duda. Releerlo es siempre un placer. El retrato del Dómine Cabra es uno de los pasajes que siempre que puedo leo en clase.

En cuanto a Carmen Martín Gaite, tengo un especial recuerdo de "Entre visillos". En la obra está contenida toda una generación reprimida. Es un excelente retrato social.

Al hilo de lo que dice Joselu, Carlos Barral debió de ser un engreído. Leyendo la biografía de Carmen Laforet, se cuenta el episodio en que ella se traslada a Castelldefels a pasar las vacaciones al lado de los Barral. Éste la ignoró endiosadamente.
Uff, y ahora leo lo de Aldecoa.

En fin, las rencillas entre escritores siempre han dado mucho de sí. Ese intramundo siempre desvela secretos insospechados.

Miguel dijo...

Yo también paso por momentos en que me inclino más por un período u otro. Pero hay obras que son eternas. "El buscón" es un ejemplo.

Un abrazo.

Paco Bernal dijo...

Hola Antonio! Quería darte las gracias por el link a la fundación March !Es una mina! Si supieras lo que estoy disfrutando en el metro de Viena escuchando hablar sobre la Regenta y sobre Santa Teresa...Qué maravilla.

Un abrazo