22 septiembre 2008

Ignacio Soldevila

Ha muerto Ignacio Soldevila. Era hispanista y casi un desconocido, pues se prodigaba poco en los cenáculos críticos, vencido más por su modestia que por la calidad de su obra, inmensa, exhaustiva y rigurosa. Parece que fue ayer (¡qué frases más tópicas a ciertas edades!) cuando lo conocí y le pedí que me firmase su libro sobre la obra narrativa de Max Aub, un estudio que ha sido durante muchos años referente fundamental para el conocimiento de nuestro escritor exiliado, y han pasado ya quince años. Lo recuerdo vivamente en el transcurso del "I Congreso Internacional Max Aub y el laberinto español", en la Universidad de Valencia, en la Fundación Max Aub de Segorbe. Mi amigo Javi Lluch y yo, a la sazón cándidos estudiantes de 2º de Filología, le manifestábamos nuestra admiración por su trabajo, y él, modesto y casi avergonzado, nos animaba para que fuésemos el relevo generacional en la recuperación de Max Aub y su obra. Mis pasos se han encaminado hacia otros derroteros, pero Javi Lluch ha cumplido con aquel compromiso y se ha convertido en un digno sucesor de Ignacio Soldevila, investigador inagotable sobre Max Aub y su época. Me decía hoy Javi que acabaron siendo más que colegas y que su muerte nos priva de un auténtico humanista; también para él han resucitado aquellos recuerdos tan lejanos y cercanos a la vez.
Y también los dos nos hemos acordado de un cuentecillo que escribí por aquellos días. En el relato especulaba con una hipotética caída de Javi, después de una opípara comida en Segorbe, en la que arrastraba a Ignacio y a ciertos catedráticos universitarios que organizaban el congreso; a raíz de ello, a mi amigo lo desterraban a Italia. Uno de los personajes, precisamente el que vuela hasta Québec al principio, era Ignacio Soldevila. Ahora ha llegado a su destino y quedamos nosotros aquí, de verdad, desterrados de los años pasados.

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19 comentarios:

Fernando Valls dijo...

Buen re(paso) a la memoria. Saludos

Lu dijo...

A veces, la palabra se adelanta a nuestro destino.

Triste pérdida.

marcos c dijo...

Siento su pérdida y me apunto tus recomendaciones.

Javier Lluch dijo...

No me resisto a decirte una vez más gracias por rescatar ese relato, que tantas fibras remueve. Ficción o realidad, realidad y ficción... Si me hubieran leído la mano, o echado las cartas, dudo que me hubieran anticipado con tino cuanto la vida me ha deparado despúes de la ficticia caída. (Lo pensaste mientras bajábamos por unas escaleras detrás de Sobejano, Oleza, Soldevila y un largo etcétera.)

Seguiré escribiendo. Gracias por tu consejo de entonces y tu gesto de ahora, bien sabes que tuviste mucho que ver en animarme a seguir adelante por sendas letraheridas.

Un detalle más: a Ignacio le hubiera encantado leerte.

Y escribe

Emilia Deffis dijo...

Estimado Antonio:
Gracias por tu hermoso recuerdo de Ignacio.
Me permito corregir un detalle: el "In Memoriam" pertenece a la Asociación Canadiense de Hispanistas, y se lo debemos a otro valenciano, Toni Giménez Micó, quien mantiene apasionadamente al día nuestra página.

Emilia I. Deffis
Vicepresidenta de la ACH
Profesora
Universidad Laval
Quebec, Canadá

Eduardo Larequi dijo...

En determinada época de mi vida, fui asiduo de las publicaciones sobre literatura fantástica y narrativa española contemporánea de Soldevila y su colega Antonio Risco, allá en Québec.

Recuerdo que Soldevila me mandó hace años un email muy elogioso de una de mis reseñas de Lengua en Secundaria, seguramente sobre Merino. Me animaba a persistir, y a hacer algo de más fuste. Ay, si me viera ahora, olvidado de los libros, y perdido en los arcanos de WordPress...

Descanse en paz.

Antonio dijo...

Fernando: Gracias por la visita y por compartir esas impresiones tan personales sobre Ignacio Soldevila.
Lu: Algún día nos dedicaremos a montar clubes de lectura para jubilados en una urbanización junto al mar; compartiremos en la web 6.0 críticas literarias y seremos ancianos felices -por si se cumple ;-)
Marcos: Si no has leído a Max Aub, te lo recomiendo vivamente y, después, sigue las reseñas críticas de Ignacio: imprescindibles.
Javi: Ya te he comentado el efecto magdalena de Proust que ha supuesto esta noticia para mí. He recuperado de golpe un montón de buenos recuerdos, pero también la conciencia de unos años que han volado. Es cierto que acerté en algunas predicciones: te exiliaste en Italia, Ignacio te salvó y seguiste escribiendo. Ojalá tengas en tu carrera el reconocimiento que mereces por lo mucho que has entregado de tu vida a ello.
Emilia: Gracias por la puntualización; me dejé llevar por la url. Un saludo.
Eduardo: Gracias por el comentario. Al final, todos tenemos mucho en común, más de lo que imaginamos.

Joselu dijo...

Hice un curso de doctorado en la UAB sobre la figura de Max Aub dirigido por Manuel Aznar Soler. Tuve ocasión de oír a Soldevila a lo largo de aquel curso. Fue una voz entrañable, densa y profunda. Me entero de su muerte por tu post. No había visto el obituario de El País. Me uno al pesar por su pérdida.

Marisa dijo...

Acabo de dar con este blog y me ha encantado los recuerdos que aquí se plasman de su obra y de su persona, yo no pertenezco al grupo de profesores, pero si al de su familia, y además de todo lo que nos ha enseñado con respecto a la palabra, recordaremos siempre su enseñanza ante la vida.
Como le hubiera gustado leer este blog... Gracias a todos por este recuerdo.

Anónimo dijo...

Profe, esta tarde llueve en Alicante. Estoy escuchando el Concierto de Aranjuez. Me acuerdo de ti. No consigo quitarme esa costumbre de abrir el correo para ver si tengo noticias tuyas o para contarte mis cosas. Te añoro.
Sobra redundar en lo que otros han dicho porque todos los que te conocíamos sabíamos lo bueno que eras. ¡Cómo te entregabas a tus pasiones y cómo disfrutabas de ellas!
Recuerdo que cuando dábamos clase, solía llegar antes porque sabía que tú ibas a estar y de esta forma podía hablar con alguien que me hacía sentir tan enormemente bien.
Me indicaste el tema de mi tesis como un reto delante de toda la clase: briboncillo, sabías que me gustaban los retos y que estando ante todos no iba a decir ni pío.
Te esforzaste enormemente para que yo elaborara el proyecto que en principio era de los dos pero que esta maldita enfermedad nos arrebataba. Lo conseguiste y en la distancia me ayudaste, me empujaste, me levantabas cuando caía, me regañabas muy bajito y casi sin que se notara cuando había que hacerlo, me corregías, me alababas…
Fuiste mi guía y te convertiste en mi amigo, en mi referente.
Gracias profe por ser como dice Javier Lluch, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Tu alumna Susana.

Antonio dijo...

Joselu: También tú y yo hemos coincidido en muchos lugares, aunque sólo sea virtualmente.
Marisa: Gracias por el comentario. Ya ves que aquí lo humano trasciende lo académico.
Susana: Nos has impresionado con esos sentimientos. Es verdad que conocer a determinadas personas no sólo nos cambia la vida, sino que incluso determinan definitivamente nuestro futuro. Gracias por tu visita y tus palabras.

Anónimo dijo...

Era realmente una persona entrañable, he sentido mucho su pérdida.

algundiaenalgunaparte dijo...

Tal y como dices, un desconocido para el gran público, entre los que me encuentro yo, que lo he descubierto gracias a tu sentido Memorándum ("algo que hay que recordarse")

Bonito cuento. Un saludo,

José Enrique dijo...

Javier, aprovecho este blog que encuentro en internet para escribir unas letras sobre Ignacio en estos tristes días tras su fallecimiento.
La verdad es que a lo largo de su grave enfermedad me resistía a aceptar que Ignacio nos dejara un día, él encambio la recreó -para los demás claro- como un cuento, "comprendo que este estado de semiviudez con el difunto en casa" me comentaba en un correo, "la familia ya no sabe de que pie cojean por la falta de formalidad del supuesto difunto que persiste en plan de vivo", me comentaba en otro..
Ahora no menos me resisto a aceptar que Ignacio nos haya dejado.Siempre ejerció sobre mi -dentro de nuestro ambiente familiar- una tutela muy especial, nos llevabamos once años y en mi infancia ya me distiguió como su sretario particular, título que yo pomposamente ejercía escribiendo al dictdo sus cartas, sus pinitos literarios, cuando enfermaba ó se resistía perezosamente a levantarse de la cama los frios días del invierno en Xátiva.
Sí,su fina ironía y su desbordante generosidad eran muestras notorias de su calidad humana y de su talla intelectual que tú tan bien conoces y te has hecho intérprete. Pero no, Ignacio no nos ha dejado, como se ha comentado ya "nadie se muere del todo mientras que alguien lo recuerda", lo decía Ignacio recreandose en la vieja creencia unanimista, y tú Javier que ya nos has dado muetras excelentes -en el Epistolario- de su ingente obra, quiero pedirte hoy más que nunca que continues recordandolo, completando su obra bien hecha y así manteniendolo vivo entre todos los que le hemos querido y admirado.Gracias y gracias a tí Antonio autor de este blog que haces posible este recuerdo vivo de Ignacio.

Ana Casesnoves dijo...

Hola,
Solo soy un grano de arena, el recuerdo de una niña con una imaginación desbordante, la sobrina que un día se armó de valor y le pidió al genio de la lámpara que le corrigiera su novela, temblando de vergüenza.
Ignacio no sólo me concedió parte de su valioso tiempo, también me animó siempre, y esa confianza hizo que creciera dejando a un lado los complejos. Hizo tanto por mí que siempre me sentiré en deuda con él.
Me consuela pensar que los sabios no mueren nunca... y que si la muerte es dolor y oscuridad, al menos él, no se fue sufriendo, y cada vez que le recuerdo, lo veo sonriendo y radiante de color, porque de todas las personas que he conocido en mi vida, fue, sin duda, el ser mas luminoso.
Gracias.

Antonio dijo...

Agradezco los comentarios de todos los que estáis dejando testimonio de vuestro cariño por Ignacio. Aunque yo sólo sea un espectador mínimo y marginal en su vida, me complace no haberme equivocado en mi impresión sobre su persona.

Marian dijo...

Qué persona tan entrañable... Yo no lo he "conocido" hasta que la casualidad, Max Aub y tú me habéis traído hasta él. Es una pena que ya no esté.

graciela dijo...

Di con este blog y me reconforté con la palabra. Un gusto.

graciela dijo...

Recien llego a este blog. Me reconforté con la palabra, la opinión y el punto de vista. Un gusto