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30 julio 2026

Sesquidécada: julio 2011

Apuramos los últimos días de julio, ya casi cerrando las tareas de preparación del curso 2026-2027, con un repaso a algunas  lecturas de hace quince años que protagonizan esta sesquidécada.


En primer lugar, una obra que he utilizado durante años en 1º de bachillerato: El manuscrito de piedra, de Luis García Jambrina. Se trata de una novela policíaca ambientada en la Salamanca de finales del siglo XV, cuyo protagonista es el joven Fernando de Rojas, convertido en sagaz detective. Es una lectura muy interesante y que encaja bien con el currículo de bachiller, ya que aporta de manera ficcional cuestiones históricas, culturales y sociales que pueden ayudar a entender la literatura medieval y los orígenes del Renacimiento. García Jambrina inició con este libro una interesante saga protagonizada por Fernando de Rojas, que continúa con una segunda entrega, El manuscrito de nieve, también muy recomendable. Para amantes del género, podéis seguir todas las novelas de la serie.


En la siguiente novela, su protagonista se hace célebre a partir de un plagio y se ve envuelto en un enredo que incluye críticas al mundo de la investigación científica, el sueño americano, las energías renovables… Se trata de Solar, de Ian McEwan, una obra satírica, impregnada de ese humor británico tan particular, y que mantiene al lector atrapado gracias a algunas situaciones que rozan el absurdo y que configuran también un retrato de la hipocresía y la doble moral de nuestros tiempos.


Por último, una novela que muestra una visión cruda de la clase media, con reflexiones interesantes acerca de la moral y la educación: La bofetada, del autor australiano de origen griego Christos Tsiolkas. Para los profesionales de la educación, la situación de partida, una bofetada a un “niño repelente”, pone sobre la mesa el debate acerca entre los modelos de crianza permisivos o punitivos. Pero también encontramos críticas a la superioridad moral de ciertos colectivos y al racismo que impregna toda la sociedad. Una lectura inquietante en la que también descubrí buena música con las menciones a grupos de moda en su momento.


22 junio 2026

Sesquidécada: junio 2011


Hubo un tiempo en el que me encantaba la metaliteratura, esas obras que se interpelan a sí mismas como productos literarios y enlazan con otras de su especie en un juego casi infinito de espejos. Joyce, Italo Calvino... pero también Cervantes, Unamuno y mucho más cerca Enrique Vila-Matas. En esta sesquidécada aparece una novela de este último, Doctor Pasavento, la tercera de una trilogía metaliteraria que incluye Bartleby y compañía y El mal de Montano. Vila-Matas es un autor difícil, que requiere paciencia y mucho contexto erudito para disfrutarlo. Quizá en estos tiempos que corren, con la necesidad de la recompensa inmediata, no sea el autor más recomendable. Llegué a él gracias a El viaje vertical, que me gustó mucho, y luego fui leyendo casi todo lo que publicaba, hasta que me agoté con este Doctor Pasavento. La novela presenta a un escritor que trata de borrar su identidad como Robert Walser, Salinger o Pynchon. A través de un viaje por escenarios literarios y de búsqueda interior, Pasavento va desapareciendo en un laberinto de intertextos. Una locura.



Más llevadera es Sin hogar ni lugar, de la autora francesa Fred Vargas. En esta ocasión, el protagonista no es el habitual detective Adamsberg, sino otro expolicía que trata de esclarecer un crimen en el que el principal sospechoso es un joven discapacitado. El gran hallazgo de esta novela es poner en contacto al protagonista con otros ayudantes desclasados, como los Tres Evangelistas, eruditos venidos a menos, que configuran una especie de coro de antihéroes en la trama. Una autora muy recomendable de la que ya he hablado en otras ocasiones. Acercarse a sus novelas puede ser un buen plan para este verano, sin duda mejor que el intenso E. Vila-Matas (cuyo nombre al revés es Satam alive).

03 junio 2026

Sesquidécada: mayo 2011 (y aniversario del blog)

Pocas veces he publicado la sesquidécada fuera de su mes de referencia. En este caso, la huelga indefinida que estamos llevando a cabo los docentes de la Escuela Pública en la Comunidad Valenciana me ha tenido (y me tiene) ocupada la mente y el tiempo hasta el punto de relegar las notas del blog al último lugar de la lista de prioridades. Fijaos si es así, que hasta este momento ni siquiera he caído en la cuenta de que esta bitácora digital acaba de cumplir 20 años. Es probable que quede todavía alguno de aquellos lectores iniciales y quizá incluso se acuerde del objetivo original: compartir recursos y reflexiones sobre educación. Ahí sigo, 20 años después, con las mismas ilusiones de aquel comienzo, con la convicción intacta de ser una parte fundamental de los servicios públicos y la responsabilidad de educar a las generaciones futuras. En esta huelga que lleva ya 23 días en marcha, he encontrado esa ilusión en un montón de compañeros, en familias, en alumnado, en personas anónimas que nos aplauden en las calles y hacen suya esta lucha por lo público. Han sido 20 años en los que ha pasado de todo y en los que he visto pasar por delante a mucha gente, buena gente con la que he compartido compromisos, otros con los que he discrepado, y unos pocos, por suerte, que hubiera preferido no saber de su existencia. He vivido alegrías y he recibido felicitaciones, he discutido y me he equivocado, me han insultado y me he indignado, pero tengo tan tranquila mi conciencia que, a veces, repaso la hemeroteca y sigo republicando reflexiones de hace años sin ningún remordimiento ni arrepentimiento. Desde hace años vengo leyendo a algunos resentidos que me achacan ansias de medrar, pero aquí sigo, al borde de la jubilación, en mi centro de especial dificultad, rodeado de mis colegas y alumnos que son los que me hacen feliz, no como esa administración tan taimada y oscura que solo busca hundir aún más lo público, con la inestimable servidumbre de unos lacayos que viven de recompensas tan efímeras como el recuerdo que dejarán en su alumnado. En fin, que esta nota solo iba a ser una reseña de lecturas añejas de hace quince años, y casi se convierte en un epitafio bloguero. Vayamos, pues, a lo nuestro.



La primera lectura recuperada es la novela Expiación, de Ian McEwan, una obra que me dejó muy buenas sensaciones y que no descarto volver a visitar porque creo que las reseñas no le hacen justicia. Se trata de una novela con diferentes puntos de vista sobre la realidad y cómo esa perspectiva puede cambiar la vida de las personas. También del autor leí Chesil beach, otra lectura a la que guardo especial cariño.


Muy diferente es la novela de Cormac McCarthy Meridiano de sangre. Las obras de este autor no dejan a nadie indiferente, especialmente en lo que se refiere a la violencia más o menos gratuita (que nunca lo es). En esta ocasión esa violencia se viste con los ropajes de western para mostrarnos la barbarie de una sociedad sin valores. Desde luego, hay que leer en algún momento a este autor, empezando sin duda por La carretera.

22 abril 2026

Sesquidécada: abril 2011


Me hace ilusión escribir esta sesquidécada porque trae tres lecturas muy variadas, que seguro que os aprovechan a alguno de los que pasáis todavía por aquí.

En primer lugar tenemos el delicioso libro Mi familia y otros animales, del naturalista Gerald Durrell. Se trata de una obra inclasificable, entre el diario, la biografía, la divulgación y la literatura. Además del placer estético que supone disfrutar del paisaje de Corfú, el lector puede pasar unos buenos ratos con las divertidas anécdotas del autor, entre su familia y los animales, como señala el título. Aprovecho también para recomendar encarecidamente la serie de televisión Los Durrell, disponible en diversas plataformas.



En el ámbito de la literatura juvenil, recomiendo también una novela de Rosa Huertas que merece la pena leer con el alumnado de 3º o 4º de ESO, ya que aborda desde la época actual una investigación sobre Miguel Hernández. El libro se titula Mala luna y, sin abusar del tono didáctico, acerca la figura de nuestro poeta a los jóvenes, a través de un trabajo de clase que les abre la mirada y la conciencia. Rosa Huertas es un referente en la literatura juvenil y creo que esta se encuentra entre sus mejores obras (muy recomendables todas ellas).



Por último, para lectores exquisitos, un autor de culto: Flann O'Brien. La boca pobre es una de sus primeras novelas y en ella ya se atisban el humor y la ironía que culminarán en su mejor novela: El tercer policía. La boca pobre es una sátira de la pobreza irlandesa de principios del siglo XX, con la crudeza de Los santos inocentes y el tono de las novelas cómicas de Eduardo Mendoza, empapadas en el tono gris de los cuentos de Joyce. Una pequeña joya literaria que permite conocer a este autor en lengua gaélica poco conocido en nuestro país.   

25 marzo 2026

Caminos de agua. Ríos y literatura

El historiador Fernando Peña acaba de publicar una obra difícil de clasificar, Caminos de agua. Viajes literarios por los ríos, en la que nos lleva de la mano de diversos escritores a través de los ríos del mundo. No es este libro un ensayo sobre la geografía fluvial, ni tampoco de crítica literaria. Ni siquiera tiene aspiraciones de divulgación histórica. Es simplemente (o no tan simplemente) un elogio filosófico y sentimental de la magia de los ríos. Y como si fuese un río, la lectura fluye entre rápidos y meandros, surcando los siglos y llevándonos de Asia a América, pasando por Europa y África. No conviene aquí desmenuzar el listado de autores y ríos, pues creo que siempre agradecerá el lector ir descubriendo por sí mismo los caminos que ha trazado Fernando Peña al escribir esta pequeña joya literaria. Coincido con él en esa atracción por los ríos con toda su carga cultural y un tanto pasional. Los ríos siempre se relacionaron con la vida y la muerte, pero también con la aventura, con la vida, con el amor… 
Me ha encantado reencontrarme en este libro con algunos autores que admiro, como Mark Twain (autor de cabecera en mis lecturas juveniles) o Jerome K. Jerome (con una de las novelas con la que más me he reído en mi vida: Tres hombres en una barca), además de otros muchos nombres de referencia que podréis disfrutar desde la orilla de su lectura. Disfrutad con Fernando Peña de un remanso de paz entre estas aguas literarias y olvidad por unas horas la vorágine del mundo turbulento que se cierne más allá de sus orillas.

Más información:
Caminos de agua. Viajes literarios por los ríos. Fernando Peña Rambla

18 marzo 2026

De crímenes poco ejemplares: La verdad del caso de los hermanos Villar Lledías


En los primeros años de carrera descubrí a Max Aub y caí rendido ante su obra, algo que habréis notado en alguna ocasión en la que me he referido a él en este blog. No he podido leerlo todo y no creo que nadie lo haya conseguido, porque Max Aub era una máquina de escribir, literalmente: cuando no escribía, leía y nutría así aún más sus escritos. Más aún, Max Aub, bromeaban sus coetáneos cuando publicaba algo. Por esa afición a un autor que cultivó con solvencia todos los géneros posibles (y para mi gusto, la novela y el relato corto con maestría), ahora que me he encontrado con una lectura que convierte a Max Aub en el narrador de un relato casi policíaco, no tengo más remedio que recomendarla para los que pasáis por aquí. La verdad del caso de los hermanos Villar Lledías, de Pedro Tejada, narra las peripecias en la investigación de un crimen ocurrido en México D.F. en octubre de 1945. Los ancianos y hermanos usureros Miguel y Ángel Villar Lledías fueron asesinados en su casa con gran ensañamiento y, durante la investigación policial, hubo un gran revuelo mediático en la prensa escrita acerca de la autoría y de la posible implicación de su hermana María. Nos encontraríamos ante un true crime más de los muchos que se han puesto de moda en cine y televisión, si no fuese por ese Max Aub narrador que, bajo la maestría de Pedro Tejada, adopta un estilo muy similar al del Aub histórico; no en vano, Tejada es uno de los mayores investigadores de la obra de Aub, y eso se nota. Esta novela se construye bajo la muy probable hipótesis de que el propio Aub hubiese escrito alguna novela o relato a partir de los recortes de prensa hallados por el Pedro Tejada en el archivo de la Fundación Max Aub


Con ese punto de partida, Tejada va hilvanando un diario que nos lleva a través de las pesquisas de la policía, los bulos de los diarios y los chismes y chascarrillos de la “tertulia de los susodichos”. Pedro Tejada capta con gran destreza el tono y estilo de Aub para la narración y acierta también con las voces de los tertulianos, que casi constituyen una especie de coro tragicómico del crimen. Como correspondería a la obra de Aub, aparecen diferentes textos insertos al margen de los recortes (o recortaduras) de prensa: reflexiones, microrrelatos y epitafios, por ejemplo. Estos paratextos no deberían sorprender al lector que ya conoce la obra de Aub, y suponen un acierto más de Tejada a la hora de asumir esa voz aubiana. De este modo, La verdad del caso de los hermanos Villar Lledías acaba siendo algo más que una novela de crímenes, y se convierte en un diario, en una crónica de sucesos, en un esbozo de guion cinematográfico, en un homenaje a un autor que siempre hay que tener presente... Y no hay que olvidar que también es una novela llena de ironías y guiños dirigidos al lector de hoy, porque, en una época de posverdades, la literatura nos ofrece casi más certezas que la mera realidad.

Más información:
La verdad del caso de los hermanos Villar Lledías, Pedro Tejada Tello


16 marzo 2026

Sesquidécada: marzo 2011


Comenzamos la selección de lecturas de esta sesquidécada con una novela que es también una biografía, la de Leonora Carrington, de la mano de una autora maravillosa: Elena Poniatowska. Leonora es una novela que nos sumerge en la vida de una artista llena de luces y sombras, una vida azarosa en la que el brillo de la gente famosa se empaña con las ambiciones y desencantos de unos entornos en los que reina el egoísmo y la soberbia. Elena Poniatowska sabe construir un relato que huye de los datos para que el personaje histórico se convierta en un personaje literario lleno de matices y humanidad. Solo por ver desfilar a buena parte del mundo artístico de mediados del siglo XX vale la pena leerla.



De Manuel Chaves Nogales os recomiendo casi toda su obra. Creo que El maestro Juan Martínez que estaba allí fue la primera que leí y a partir de ella he ido avanzando en la producción de un autor imprescindible para entender el siglo XX. En ella, Chaves Nogales configura una novela a partir de las experiencias del bailarín y cantaor flamenco Juan Martínez, a quien pilla la revolución rusa en pleno corazón de Rusia. La prosa del autor convierte las peripecias del artista en una auténtica delicia para el lector, en un ejercicio magistral de periodismo literario. 





Por último un libro que más bien es un panfleto, pero que marcó un momento reseñable en nuestra historia reciente y que quizá habría que releer: ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel. En este breve texto se invita a la juventud a rebelarse contra las injusticias y los poderes que buscan una sociedad adormecida y conformista. En aquel momento, hace quince años, estuvimos leyéndolo en clase de bachiller y resultó muy estimulante. Es posible que hoy la respuesta fuese muy diferente. ¿Dónde están aquellos indignados? ¿Qué nos ha quedado del 15M?

23 febrero 2026

Sesquidécada: febrero 2011

Recupero las lecturas de hace quince años para esta sesquidécada con la satisfacción de encontrarme con una selección variada de libros, la mayoría de ellos todavía vigentes para quienes no los conozcan. Vamos allá con ellos.


Para empezar, un best seller de una autora española que merece la pena leer en algún momento: Julia Navarro. En Dime quién soy podemos encontrar una novela que recorre buena parte de la historia reciente en una trama de intrigas y aventuras que van desde la guerra civil a la Alemania nazi, pasando por la Unión Soviética. Como suele ocurrir en este tipo de libros, la sucesión de intrigas se superpone a casi todo lo demás, aunque debo reconocer que la prosa es ágil y que engancha al lector con facilidad. Un buen libro para entretenerse en vacaciones sin buscar profundidades ni literatura trascendental.


Para el aula, El pan de la guerra, de Deborah Ellis sigue siendo una buena opción, especialmente si queremos abordar el tema de los conflictos armados. Es una novela dura, con un fondo social y humano que muchos desconocemos pero que resulta muy cercano en el ámbito de los sentimientos. Ninguna concesión a la ficción, pero tampoco a la lágrima fácil. Tiene continuación en El viaje de Parvana, y ambas son muy apropiadas para lectores de 14 a 16 años.


Por último, un gran descubrimiento: un autor con una prosa impregnada de un humor fino y un estilo a la vez cuidado y cercano al lector. Hablo de Jorge Ibargüengoitia, en este caso con la novela Estas ruinas que ves. Se trata de una novela que aborda con cierta ironía el ambiente provinciano de ciertas clases burguesas, un modelo que trasciende la localización en México y que se hace extensivo a otros contextos más cercanos. Jorge Ibargüengoitia seguro que nos hubiese dejado otras grandes obras de no haber fallecido prematuramente en el accidente de Avianca de Mejorada del Campo, precisamente cuando acudía como invitado de García Márquez a un congreso de cutura iberoamericana. Como apunta el crítico Enric González: “Si no ha leído a Jorge Ibargüengoitia, compre alguno de sus libros y léalo. Es muy probable que no encuentre nada en las librerías españolas, lo que demuestra, una vez más, que la vida puede estar muy bien, pero el mundo está muy mal. Si tiene un amigo en México, consiga que le envíe las obras de Ibargüengoitia. Si no tiene ese amigo, laméntelo amargamente. Insisto: lea a Ibargüengoitia”

19 enero 2026

Sesquidécada: enero 2011


Reviso para esta sesquidécada las lecturas de aquel enero de 2011 y me sorprendo al ver cómo han variado mis propios gustos. Los tres libros que tengo anotados son bastante raros y creo que hoy no me atrevería con ellos, al menos para leerlos seguidos. Ni siquiera me atrevería a recomendarlos, porque apenas los recuerdo, excepto uno de ellos, del que sí guardo una sensación también extraña. Pero ya que el propósito de estas reseñas es recuperar esas sensaciones y emociones, voy a hacer un esfuerzo poniéndome a ello, sobre todo porque algunos de aquellos autores son casi imprescindibles.

El primero autor es Umberto Eco, al que por aquella época le tenía bastante afición, tanto por semiólogo como por novelista. Así leí desde ensayos como Obra abierta, que me fascinó, hasta novelas bizantinas como Baudolino. De Eco rescato en este mes El cementerio de Praga, una novela de la que solo recuerdo que trataba de conspiraciones y de documentos falsificados, quizá al estilo de El código da Vinci, pero sin duda, mejor documentada. También recuerdo que sería relativamente ligera para leer, ya que la incluí entre las lecturas recomendadas para bachilleres, aunque luego la sustituí por El nombre de la rosa. Eco es un autor que hay que leer, a pesar de que nunca me atreví con El péndulo de Foucault ni con La isla del día de antes, que quizá tengan algún día su propia sesquidécada.



El segundo autor es uno de nuestros raritos, Enrique Vila-Matas, de quien leí Dublinesca, un libro regalo de Reyes. Al igual que me pasaba con Eco, me dio una temporada por leer casi todo lo de Vila-Matas, un autor difícil al que hay que querer mucho para terminar de leerlo. En aquel momento me pilló con buen ánimo y me lo acabé, aunque de este sí que no recuerdo nada, incluso después de haber leído las reseñas que hay en la red, que hablan de una divertida intriga en Dublín. Probablemente me pilló también en la época de interés por Joyce o por Flann O'Brien, y nuestro paisano quedó relegado a un injusto segundo plano. 



El último libro es Sukkwan Island, de David Vann, una novela corta pero intensa que, ahora en la distancia, me recuerda en cierta medida a La carretera, de Cormac McCarthy. Es un libro duro que no hace concesiones al lector, que mantiene la intriga hasta el final y que deja esa sensación extraña que mencionaba al principio. Lo dicho, libros raros para un enero extraño. 

27 diciembre 2025

Sesquidécada: diciembre 2010

En la sesquidécada de este mes tenemos una recomendación genérica de poesía: Miguel Hernández. En diciembre de 2010 disfruté de la antología de Jesucristo Riquelme en la editorial ECIR, puede que hoy descatalogada: Miguel Hernández: un poeta para espíritus jóvenes. Se trata de un libro que incluye, además de una interesante selección de poemas, una biografía ilustrada con numerosas fotos del autor. En aquel curso 2010-2011 me tocaba preparar a mi grupo de 2º de bachillerato para una Selectividad que incluía como lecturas de referencia Luces de bohemia, de Valle-Inclán, los poemas de Miguel Hernández y La casa de los espíritus, de Isabel Allende. Quince años después, vuelvo a encontrarme con este nivel, pero las lecturas ya han cambiado no una, sino dos veces. Pasamos por Lorca, Buero Vallejo y Martín Gaite, para acabar en la actualidad en los cuentos de Emilia Pardo Bazán, los poetas del 27 y Tres sombreros de copa, de Mihura. Así que no hay vacaciones de Navidad en las que no esté presente, de alguna manera, la poesía del 27. Quizá algún día escriba una nota en el blog acerca de esas selecciones de lecturas para las EBAU, que dan para una reflexión profunda acerca del canon y de las curiosas relaciones entre los especialistas de las universidades y el profesorado del Bachillerato. En todo caso, se encuentre o no entre esos "imprescindibles", Miguel Hernández siempre merece ser leído y releído.



Para no quedarnos con una sola reseña en este mes, recupero también la novela Dientes de leche, de Ignacio Martínez de Pisón. Sí, es otra novela de la guerra y posguerra civil, pero creo que el autor ha acertado al elegir los personajes y el tono de la narración para conseguir que el lector disfrute con una trama que tiene ese tinte agridulce de una época también llena de contrastes. A través de tres generaciones se recorre buena parte de la historia reciente de nuestro país. Aprovecho para recordar una vez más que las lecturas ambientadas en este período son muy necesarias, especialmente entre una juventud que recibe cada día más una visión distorsionada del franquismo y la transición. Felices fiestas y felices lecturas.

26 noviembre 2025

Sesquidécada: noviembre 2010


Hace unos días saltó la polémica del premio Planeta, ese galardón que cada año genera un aluvión de indignación y críticas, con los consiguientes artículos de opinión que cuestionan el valor literario de un premio que parece más comercial que cultural. Justamente hace quince años leí uno de esos premios Planeta recién salidos del horno, un libro del que hablaré en esta sesquidécada. No soy muy aficionado a la lectura de esos premios. Revisando la lista, compruebo que solo he leído tres: Los mares del sur, de Vázquez Montalbán, El jinete polaco, de Muñoz Molina, y este Riña de gatos. Madrid 1936, de Eduardo Mendoza. Creo que los dos primeros son muy buenas obras, especialmente la de Muñoz Molina, a la que creo le ha pesado negativamente haber sido reconocida con este galardón. Pero vayamos con la novela de Mendoza.

Riña de gatos es una novela histórica ambientada en los inicios de la Guerra Civil española, con referencias a un cuadro de Velázquez, que configura la intriga de la obra. Probablemente, si esta novela la hubiese escrito Juan del Val, el último ganador, nos encontraríamos con un bodrio lleno de lugares comunes y una prosa cansina y didáctica, en el peor sentido de la palabra. Pero Eduardo Mendoza es un escritor que siempre acierta, con el estilo, con los personajes, con el manejo de la trama, con el ambiente... No me cabe duda que podría releer esta novela y disfrutar de ella como en aquel momento, porque cuando alguien sabe su oficio, nunca defrauda al lector. No es la mejor de sus novelas; para mí siguen estando por encima La verdad sobre el caso Savolta o La ciudad de los prodigios. En conclusión, no creo que vaya a leer ningún premio Planeta mientras se lo concedan a personajes de la farándula televisiva, por buenas que sean las críticas. Y aunque tampoco me apetece hacerlo con esos otros premiados que gozan de buena prensa en el mundillo literario, quizá en algún momento me anime a repasar la lista para intentar reparar el desprestigio que parece provocar la concesión de este premio.

24 septiembre 2025

Sesquidécada: septiembre 2010


La sesquidécada de septiembre podría contar con mucha novela juvenil, ya que es un periodo propicio para elegir libros del plan lector de centro. He revisado algunas de aquellas novelas y veo que ya están descatalogadas, así que me veo casi forzado a seleccionar lo que ha perdurado en el tiempo y la memoria.


La primera es un clásico de larga duración, Marina, de Carlos Ruiz-Zafón. Es una novela de intriga con un punto de terror que se sitúa en Barcelona y que suele funcionar bastante bien para los chavales de 14 a 16 años (y creo que también para adultos). Del mismo autor hay otras dos novelas de este estilo que también me han funcionado: El príncipe de las tinieblas y El palacio de la medianoche.



Otro autor imprescindible, con una novela que no pierde vigencia, es Fernando Lalana y La tuneladora. Aventuras en el subsuelo de la ciudad, intriga y suspense, forman una trama que resulta también atractiva a los jóvenes lectores. Casi todas las novelas de este autor desarrollan argumentos con un ritmo muy interesante, similar a los thrillers televisivos.


Por último, un autor al que le tengo mucho aprecio, tanto por sus relatos policíacos como por los de ciencia-ficción. Se trata de Fredric Brown, un narrador magnífico con un gran sentido del humor y una maestría excepcional para sorprender al lector. Os recomiendo todo lo que podáis leer de él. En este caso os dejo los relatos de Universo de locos y otras novelas de marcianos, que no necesita aclaración en cuanto al género. Disfrutad sin complejos de su lectura, porque lo podéis encontrar en ediciones actuales y en librerías de saldo.



25 agosto 2025

Sesquidécada: agosto 2010


En esta sesquidécada traigo dos novelas de ciencia-ficción, para uso particular, y una novela juvenil, por si os interesa para el aula de secundaria.

Pórtico, de Frederik Pohl, es un clásico de los viajes interestelares y el primero de la saga Heechee. Además de las intrigas propias del género de este tipo de viajes, sus riesgos y amenazas, tenemos una novela con pinceladas distópicas basadas principalmente en el colapso malthusiano. A pesar de su fama, se ha intentado en alguna ocasión llevarla a la pantalla como serie de televisión, pero aún no se ha llevado a cabo.



Otra novela que daría la talla en el cine es Muerte de la luz, de George R.R. Martin, sí, nuestro admirado procrastinador de la Canción de Hielo y Fuego. Curiosamente, esta novela se publicó el mismo año que la anterior, en 1977, aunque, a mi juicio, se mantiene más fresca y actual, lo que demostraría que este autor tiene más interés en el entretenimiento que en la reflexión filosófica. En esta novela se mezcla una historia de amor con el retrato elegíaco de una cultura condenada a perderse. Martin prefigura aquí su habilidad para enganchar al lector con una trama y una narración en la que no puedes dejar de avanzar.



Por último, una novela juvenil que suele funcionar muy bien para el alumnado de 13-15 años es Donde esté mi corazón, de Jordi Sierra i Fabra. No hace falta contaros mucho del autor, uno de los referentes de la literatura juvenil y, sin duda, el más prolífico. En cuanto a la novela, aborda una relación sentimental con algunos elementos añadidos que dan pie a tertulias y debates en clase. Podéis tenerla en cuenta para cuando volvamos en septiembre al aula, que eso ya está ahí, a la vuelta de la esquina. 

17 agosto 2025

Memòries ferroviàries i literàries

Si t’agrada viatjar, tens curiositat per la geografia i l’urbanisme, t’encanten els estudis d’humanitats i, sobretot, si t’apassionen els trens, Memòries d'un vagó de ferrocarril és un llibre que no podràs parar de llegir. Li afegiria a aquest llibre un subtítol més ample que el que té: història sentimental, ètica, estètica i política del corredor mediterrani. Antoni Martí Monterde és un assagista de primera (i per això ha sigut reconegut amb diversos premis d’aquest gènere), però és també un viatger impenitent, curiós i valent, que és capaç de renunciar a les comoditats de l’alta velocitat en aras del sacrifici dels trens regionals.

L’autor comença el relat en la infantesa i joventut a la ciutat de València, amb la memòria dels trens de via estreta i la poderosa imatge de l’Estació del Nord, alçada com a tòtem durant bona part del llibre. Amb l’evolució personal i professional, ens anirà portant a Barcelona i les seues estacions, tant de la ciutat com del contorn nord, i després a Girona, on s’ha establert definitivament, si n’hi ha alguna cosa definitiva al món. Més tard, ens mostrarà els apèndixs cap a Portbou i Cervera, i cap a la Pobla de Segur i Canfranc, en un recorregut que voreja les fronteres amb França per un i altre costat.

Tot això pel que fa a la geografia, però ja hem dit que també tenim altres tòpics. Per exemple, les reflexions sobre les cantines ferroviàries i les relacions amb els cafès, els llocs on es forgen molts dels moviments artístics i polítics dels últims segles. Perquè en aquest assaig la política està ben present, sobretot en allò relatiu a la vertebració del territori, el sistema radial del ferrocarril heretat i mantingut per polítics centralistes que només gestionen pensant en alta velocitat amb epicentre en Madrid.

També tenim prou referències literàries i artístiques, relacionades amb les estacions i els que viatjaven per elles, en especial figures com Josep Pla. Imprescindible el capítol dedicat a Walter Benjamin i Portbou, amb totes les reflexions sobre ciutadania i fronteres que s’hi deriven.

Després de la lectura comprenem millor que l’Espanya buidada s’hauria de replantejar com a Espanya desballestada, primer per una planificació deficient i després per una manca de visió de futur que es permet tancar línies i serveis públics que resulten fonamentals per a mantenir viu el territori. També entenem que l’abandonament que sofreix el corredor mediterrani (no només a les relacions interurbanes, sinó també a les rodalies) no és casual, sinó que respon a una deliberada intenció d’afavorir altres eixos econòmics i logístics.

Però, com apassionat dels trens, allò que més m’ha agradat és acompanyar l’autor pels paisatges i memòries ferroviàries, molts dels quals compartisc amb ell. Compartisc les alegries de viatjar per línies abandonades, de descobrir restes d’antigues estacions i traçats urbans abandonats, de perdre el temps mirant per la finestra… Compartisc la ràbia de vore desmantellades infraestructures que donaven servei a territoris, de sofrir uns trens, uns horaris i uns preus insoportables entre València i Barcelona, de mirar amb enveja les relacions ferroviàries europees… I també, com ell, pense que “Europa serà ferroviària, o no serà”.



Memòries d'un vagó de ferrocarril. Història sentimental del corredor mediterrani

Antoni Martí Monterde. Editorial Bromera. 2024

22 junio 2025

Sesquidécada: junio 2010


La primera novela rescatada para esta sesquidécada vino a mi lista de lecturas para refrescar el tórrido ambiente veraniego de aquel junio de 2010. Se trata de La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Høeg, una de las primeras novelas negras nórdicas que cayeron en mis manos. Un crimen rodeado de nieve y de intuiciones, del que apenas recuerdo una sensación plácida de frío y bruma, como abrir la nevera y meter la cabeza dentro. Fue una novela que tuvo bastante éxito y que llegó a convertirse en película. Para mí fue una invitación a conocer autores del norte de Europa, entre los que he ido encontrando interesantes hallazgos.



El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apostolos Doxiadis, es la segunda lectura seleccionada para este mes. A mitad de camino entre la novela y el ensayo, es una lectura que invita a reflexionar sobre el mundo de las matemáticas, la vocación científica y los descubrimientos de un joven que indaga sobre la vida de su tío. Es una obra diferente, con un fondo divulgativo que no empaña lo literario.



La última lectura es un clásico entre los profesores de literatura: La casa de los espíritus, de Isabel Allende. Creo que aquella fue mi primera lectura de esta novela, a la que volvería en alguna ocasión para preparar las clases de 2º de Bachillerato, en una época en la que esta obra era una de las de referencia para la Selectividad. La leí con cierta condescendencia después de haber leído muchas obras del boom latinoamericano y del realismo mágico, pero descubrí una buena novela que solo había tenido la mala suerte de que Cien años de soledad estuviese planeando sobre ella como inevitable punto de comparación. Aunque es cierto que la obra de García Márquez es superior en calidad, las novelas de Allende merecen también su lugar en el canon, aunque solo sea por haber llegado a miles de lectores desde la voz de una mujer. Convendría recordar aquí que la idolatrada La colmena de Cela no deja de ser una copia barata de Manhattan transfer de Dos Passos.

20 mayo 2025

La península de las casas vacías contra el olvido


No sé por dónde empezar. Soy lector compulsivo, incluso en estos últimos años en los que apenas tengo tiempo de leer, por trabajo o por cansancio, cosas ambas atribuibles a la edad y la falta de disciplina a la hora de perder horas en tonterías. Leo mucho y muy desordenado, lo que me hace olvidar a veces lo que he leído. Quizá por eso reconozco una buena novela cuando me da una patada en el estómago y deja esa sensación que presagia un dolor o un placer duraderos. Recuerdo que en mis años universitarios me sucedió con algunos clásicos, pero también con novelas contemporáneas como Juegos de la edad tardía, de Landero o Las ciudades invisibles, de Calvino, entre otras. 



La península de las casas vacías, de David Uclés, es la novela que me gustaría haber escrito. Eso no tiene demasiada importancia, siendo como soy un insignificante lector. Sin embargo, creo que sería también la novela que escribiría hoy Max Aub, si se alzase de su tumba y viese, con mayor estupor si cabe, la España que describió en La gallina ciega. Creo que Aub sería capaz de escribir algo parecido si uniese la magia de su prosa casi novecentista de, por ejemplo, Fábula verde, con la fantasía de relatos como La gabardina, con el sarcasmo de sus Crímenes ejemplares y con la observación de personajes de La calle de Valverde. Pero el Aub que afloraría en paralelo a la novela de Uclés sería el del autor del Laberinto mágico, la saga de novelas sobre la guerra civil de la que inevitablemente se han de acordar los lectores de esta novela que bucea en el horror de aquellos años. Los lectores de Aub pasearán por los campos de esta península de casas vacías como lo hicieron por los otros Campos, el abierto y el cerrado, el del Moro y el de los almendros, aunque en esta ocasión la realidad objetiva se verá deformada por los espejos de ese realismo mágico, heredado más de Valle-Inclán que de García Márquez. 

Esta novela de David Uclés es un regalo para los buenos lectores, para los que saben aprovechar las referencias históricas y culturales, para los amantes de la literatura, para los poetas, para los desengañados y los optimistas... Es un regalo por su prosa y por su técnica, por lo que se cuenta y por lo que se esconde. Es una novela de la que se aprovecha todo, hasta el narrador. Esta novela merece dedicarle la atención que hoy nos quitan otras distracciones, porque con ella nos reconciliamos (o no) con nuestra condición de españoles, productos de esa paradoja de querer serlo y no serlo a la vez. Si hubiese una Generación del 98 un siglo después, Uclés merecería formar parte de ella por indagar en el quién y el qué de España, una Iberia cainita y olvidadiza de la que no se puede huir. Como dice el narrador acerca de unos de sus personajes, "me daba pena que, en cuatro décadas, despertaran en una sociedad que, en lugar de tratar la guerra con una firme memoria histórica, firmará un pacto de silencio y dedicará únicamente un par de páginas en los libros de texto al conflicto." Decía Max Aub en 1972, tras su visita, que no regreso, a España: "España seguirá siendo lo que es, no lo que queramos que sea. Lúcida, orgullosa, ignorante y creyente en Dios y en todos los santos (algunos laicos) y con la suficiente dosis de anticlericalismo para mantener viva la Iglesia." Necesitamos más novelas como La península de las casas vacías para no olvidar de dónde venimos, para que no venza la ignorancia sobre la lucidez. 

05 mayo 2025

Vulnerables y a menudo invisibles

 

Hace un par de años hice la primera reseña de un libro de Lola Cabrillana, La maestra gitana, que no era su primera obra, porque ya había publicado una interesante novela Voces color canela, que no debería pasar desapercibida. En aquel momento a Lola la conocíamos muchos docentes por su perfil reivindicativo en redes sociales. Dos años después, no creo que haga falta presentarla, porque ya se ha convertido en una autora más que reconocida. Vulnerables, su última novela, sigue la estela de las obras ya mencionadas y también de Las cuatro esquinas del mar, su anterior éxito. Son todas novelas con un elemento en común: sus personajes sufren algún tipo de exclusión, son víctimas de prejuicios o directamente son marginados por la sociedad que los rodea. En Vulnerables, las protagonistas son tres chicas que sin conocerse comparten un destino peligroso, demasiado peligroso. Se trata de un thriller que bien podría convertirse en película, igual que ocurre con otras de sus novelas anteriores, pues engancha con una trama de tres historias de las que queremos saber más, tres tramas que nos atrapan en una red en la que el lector tiene que ir abriéndose paso para desenredar los anzuelos en los que se vieron atrapadas sus protagonistas. En este sentido, la estructura fragmentaria con sus diferentes puntos de vista me ha recordado bastante a la primera obra de Lola, que ya he mencionado arriba. Vulnerables nos interpela además como ciudadanos adultos para que asumamos la responsabilidad social de proteger a nuestros menores, a todos los menores, pero especialmente a los que tienen todo en contra, a los que por circunstancias diversas solo pueden acogerse a la protección de la tribu. Y en todas las novelas de Lola Cabrillana hay también una dimensión particular de interpretación, la que nos señala como educadores, como docentes o como instituciones públicas, en quienes cae también buena parte de la responsabilidad de detectar y comunicar las situaciones de desprotección de esos menores a nuestro cargo. Vale la pena recordar esto después de leerla: los vulnerables necesitan alguien que los escuche y les tienda una mano, y eso puede hacerlo la escuela pública, no lo olvidemos.

Vulnerables. Lola Cabrillana
Penguin libros. Grijalbo. 2025

30 abril 2025

Sesquidécada: abril 2010

En abril de 2010 florecieron varias lecturas que se movían entre lo distópico y lo fantástico. Creo que fue para mí un momento de descubrimiento de la ciencia-ficción clásica que me llevaría a una auténtica euforia lectora de obras de este género. Así que vamos a ver en esta sesquidécada algunos de los títulos destacados de aquel mes.


Tenemos primero El día de los trífidos, de John Wyndham, una novela apocalíptica que encajaría perfectamente en los gustos de las series actuales (de hecho, hay una versión televisiva de 2009). Se trata de una distopía en la que unos seres mitad vegetal mitad animal tratan de apoderarse de las ciudades dejando ciegos a los humanos y devorándolos después. Como sucede en otras novelas del género (pensemos en el Ensayo sobre la ceguera de Saramago), el caos generado por los trífidos sirve también para reflexionar sobre la condición humana y su organización social. Una novela tan entretenida como angustiosa.



En la segunda lectura rescatada tenemos una novela de ciencia-ficción también con un punto desconcertante, incluso metafísico. Se trata de Estación de tránsito, de Clifford Simak. Plantea la existencia de estaciones espaciales en lugares perdidos del campo que sirven de puente para viajes por la galaxia a velocidad luz. Estos puntos serían una especie de isla en el espacio-tiempo, custodiadas por personas que ven alterada su resistencia al paso del tiempo. Es una novela clásica con elementos bastante curiosos, como las relaciones del protagonista con una chica sordomuda o la aparición de algún ser de otro planeta. Solo apta para incondicionales del género.



Por último, otra lectura extraña, que mezcla la novela negra con el ensayo filosófico: Una investigación filosófica, de Philip Kerr. En ella se enredan los nombres en clave de varios filósofos con las víctimas de un crimen que se ha de resolver. Una entretenida intriga policíaca que busca la complicidad del lectora a través de guiños intelectuales. Es un buen punto de partida para acercarse a la obra de este autor que tiene interesantes novelas de misterio.





09 abril 2025

Teníamos 15 años... con luces y sombras

 

La última novela de Nando López, Teníamos 15 años, en colaboración con el ilustrador Nicolás Castell, que ejerce de contrapunto narrativo con sus brillantes viñetas, es una invitación a zambullirse en el río de Heráclito para comprobar que todo parece repetirse, pero que nunca serán las mismas aguas ni las mismas experiencias las que nos envuelvan.

Teníamos 15 años es una novela que rinde homenaje a una generación que tiene hoy entre 45 y 55 años, una generación que tiene muy buena memoria para el ocio, la música o el cine de los maravillosos 80 y 90, pero muy mala memoria para los horrores de una sociedad a la que le faltaban varias vueltas de microondas. La nostalgia selectiva que enaltece aquella época, también en lo educativo, deja de lado el machismo, la homofobia y el casticismo más tóxico de una generación anterior que todavía no se había sacudido de los vetos y prejuicios del franquismo.

Pero, al margen de esos guiños a una generación encantada de conocerse, tenemos también el aviso a navegantes para la juventud actual. Ese viajero en el tiempo que revive ahora como docente su época como estudiante va a comprobar que el río de Heráclito todavía arrastra maleza que creía extinguida. Maleza en los actos de los jóvenes de ahora y en la herencia de sus padres que parece perpetuarse como la mala hierba. 

Estamos ante una novela breve, muy bien armada en dos tiempos y en dos modos de contar historias que confluyen, con unos personajes con los que es fácil completar los silencios y con un mensaje siempre claro (como en toda la obra de Nando López): ni las convenciones sociales ni las ideologías políticas o religiosas pueden estar por encima de lo que somos y de lo que amamos. Por eso vale la pena darse siempre el chapuzón en sus libros. 


Teníamos 15 años

Nando López y Nicolás Castell

Loqueleo. 2025

28 marzo 2025

Sesquidécada: marzo 2010

Hace quince años se pusieron de moda algunos pastiches literarios que mezclaban los clásicos con el género gore: Sentido y sensibilidad y monstruos marinos, Orgullo y prejuicio y zombis, etc. Al hilo de esa tendencia global, algunos literatos hispánicos se lanzaron con sus versiones mestizas, algunas de las cuales protagonizan esta sesquidécada.



Digna de ser recordada es La casa de Bernarda Alba zombi, una obra que incluye hasta un estudio crítico nada desdeñable. Os recomiendo que la leáis sin prejuicios y paséis un rato divertido, porque me parece un juego metaliterario bastante interesante. No creo que sea necesario explicar el argumento de la obra, salvo por ese pequeño añadido de los muertos vivientes.


En la misma línea está Lazarillo Z: matar zombies nunca fue pan comido. Quizá menos trabajado que el anterior, cuenta con la ventaja de ser una narración más popular, lo que engancha mejor al lector. Se llegó a editar en bolsillo y es fácil encontrarlo en librerías de saldo. También hay una versión ilustrada muy curiosa. Debo reconocer que estos experimentos me parecieron divertidos, incluso para trabajarlos en clase, aunque era consciente de que se trataba de una moda pasajera (o no tanto). Yo mismo perpetré una versión zombi del primer acto de Luces de bohemia que todavía se puede leer en la red.


Y como no todo es broma, también recupero en esta sesquidécada un libro no muy famoso de Ray Bradbury, El vino del estío, mezcla de memoria, fantasía y descubrimiento, en una narración sugerente y llena de nostalgia. Guardo buen recuerdo de su lectura, muy distinta de sus relatos más conocidos.