Mostrando entradas con la etiqueta McEwan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta McEwan. Mostrar todas las entradas

30 julio 2026

Sesquidécada: julio 2011

Apuramos los últimos días de julio, ya casi cerrando las tareas de preparación del curso 2026-2027, con un repaso a algunas  lecturas de hace quince años que protagonizan esta sesquidécada.


En primer lugar, una obra que he utilizado durante años en 1º de bachillerato: El manuscrito de piedra, de Luis García Jambrina. Se trata de una novela policíaca ambientada en la Salamanca de finales del siglo XV, cuyo protagonista es el joven Fernando de Rojas, convertido en sagaz detective. Es una lectura muy interesante y que encaja bien con el currículo de bachiller, ya que aporta de manera ficcional cuestiones históricas, culturales y sociales que pueden ayudar a entender la literatura medieval y los orígenes del Renacimiento. García Jambrina inició con este libro una interesante saga protagonizada por Fernando de Rojas, que continúa con una segunda entrega, El manuscrito de nieve, también muy recomendable. Para amantes del género, podéis seguir todas las novelas de la serie.


En la siguiente novela, su protagonista se hace célebre a partir de un plagio y se ve envuelto en un enredo que incluye críticas al mundo de la investigación científica, el sueño americano, las energías renovables… Se trata de Solar, de Ian McEwan, una obra satírica, impregnada de ese humor británico tan particular, y que mantiene al lector atrapado gracias a algunas situaciones que rozan el absurdo y que configuran también un retrato de la hipocresía y la doble moral de nuestros tiempos.


Por último, una novela que muestra una visión cruda de la clase media, con reflexiones interesantes acerca de la moral y la educación: La bofetada, del autor australiano de origen griego Christos Tsiolkas. Para los profesionales de la educación, la situación de partida, una bofetada a un “niño repelente”, pone sobre la mesa el debate acerca entre los modelos de crianza permisivos o punitivos. Pero también encontramos críticas a la superioridad moral de ciertos colectivos y al racismo que impregna toda la sociedad. Una lectura inquietante en la que también descubrí buena música con las menciones a grupos de moda en su momento.


03 junio 2026

Sesquidécada: mayo 2011 (y aniversario del blog)

Pocas veces he publicado la sesquidécada fuera de su mes de referencia. En este caso, la huelga indefinida que estamos llevando a cabo los docentes de la Escuela Pública en la Comunidad Valenciana me ha tenido (y me tiene) ocupada la mente y el tiempo hasta el punto de relegar las notas del blog al último lugar de la lista de prioridades. Fijaos si es así, que hasta este momento ni siquiera he caído en la cuenta de que esta bitácora digital acaba de cumplir 20 años. Es probable que quede todavía alguno de aquellos lectores iniciales y quizá incluso se acuerde del objetivo original: compartir recursos y reflexiones sobre educación. Ahí sigo, 20 años después, con las mismas ilusiones de aquel comienzo, con la convicción intacta de ser una parte fundamental de los servicios públicos y la responsabilidad de educar a las generaciones futuras. En esta huelga que lleva ya 23 días en marcha, he encontrado esa ilusión en un montón de compañeros, en familias, en alumnado, en personas anónimas que nos aplauden en las calles y hacen suya esta lucha por lo público. Han sido 20 años en los que ha pasado de todo y en los que he visto pasar por delante a mucha gente, buena gente con la que he compartido compromisos, otros con los que he discrepado, y unos pocos, por suerte, que hubiera preferido no saber de su existencia. He vivido alegrías y he recibido felicitaciones, he discutido y me he equivocado, me han insultado y me he indignado, pero tengo tan tranquila mi conciencia que, a veces, repaso la hemeroteca y sigo republicando reflexiones de hace años sin ningún remordimiento ni arrepentimiento. Desde hace años vengo leyendo a algunos resentidos que me achacan ansias de medrar, pero aquí sigo, al borde de la jubilación, en mi centro de especial dificultad, rodeado de mis colegas y alumnos que son los que me hacen feliz, no como esa administración tan taimada y oscura que solo busca hundir aún más lo público, con la inestimable servidumbre de unos lacayos que viven de recompensas tan efímeras como el recuerdo que dejarán en su alumnado. En fin, que esta nota solo iba a ser una reseña de lecturas añejas de hace quince años, y casi se convierte en un epitafio bloguero. Vayamos, pues, a lo nuestro.



La primera lectura recuperada es la novela Expiación, de Ian McEwan, una obra que me dejó muy buenas sensaciones y que no descarto volver a visitar porque creo que las reseñas no le hacen justicia. Se trata de una novela con diferentes puntos de vista sobre la realidad y cómo esa perspectiva puede cambiar la vida de las personas. También del autor leí Chesil beach, otra lectura a la que guardo especial cariño.


Muy diferente es la novela de Cormac McCarthy Meridiano de sangre. Las obras de este autor no dejan a nadie indiferente, especialmente en lo que se refiere a la violencia más o menos gratuita (que nunca lo es). En esta ocasión esa violencia se viste con los ropajes de western para mostrarnos la barbarie de una sociedad sin valores. Desde luego, hay que leer en algún momento a este autor, empezando sin duda por La carretera.

29 enero 2024

Sesquidécada: enero 2009

Pues ya estaría: las sesquidécadas cumplen 15 años y con ello se muerden la cola, recogiendo lecturas contemporáneas a su aparición como género en este blog. Esta circunstancia exige una nueva norma, la de no reseñar como lecturas añejas las propias relecturas que exigía la sesquidécada, lo que nos llevaría a un bucle de lecturas sin fin. Decía en aquel enero de 1994:

...he decidido empezar una de esas colecciones inútiles que pienso ir publicando en el blog mientras me duren las ganas y no haya algaradas entre los visitantes. Se trata de recuperar algunas de mis lecturas de hace quince años (...) he recuperado los repertorios en los que voy apuntando todas esas lecturas y, de ellos, seleccionaré no más de tres lecturas por mes. ¿Por qué quince años? Quizá porque esa es la edad de algunos de mis alumnos y con ello cierro una especie de círculo lector: recuerdo lo que leía yo cuando nacieron quienes han de leer ahora. Como no tenía un buen nombre para este coleccionable, he probado a inventar sesquidécada -y que me perdonen los académicos-, que funciona de igual modo que "sesquihora" o "sesquicentenario".

Y aquí sigo, casi con las sesquidécadas como leit motiv del blog, que, salvo algunas reseñas, cada vez recoge menos reflexiones educativas por razones que serían largas de explicar. Pero veamos qué leía en aquel año en el que el aburrimiento me llevó a iniciar esta serie.

Ahora que está tan de moda el metaverso, conviene recordar que es un término que tiene largo rodaje en la ciencia-ficción. Precisamente, la primera novela de esta sesquidécada es Snow crash, de Neal Stephenson, una distopía futurista en la que aparecen palabras que luego tendrían gran éxito, como avatar. Al igual que ocurre con Neuromante, de William Gibson, se trata de un relato encuadrado en el género del ciberpunk, con referencias al mundo de la tecnología, internet, los videojuegos y otros aspectos más prosaicos de la vida urbana, como el oficio de repartidor de pizzas, las franquicias o los hackers. Una novela imprescindible para los amantes del género.


Muy diferente es Chesil beach, de Ian McEwan, una novela intimista, con un erotismo que impregna todos los diálogos con una sutileza extrema, con una habilidad que consigue atrapar al lector en una historia llena de sueños, logros y renuncias. Ian McEwan es un autor con un estilo muy particular y sugerente, un autor que siempre merece la pena leer, y esta novela es un buen punto de partida.



La última obra reseñada es una novela apta para todos los públicos, una novela que se puede recomendar, por ejemplo, en los últimos cursos de la ESO o en Bachiller. Se trata de Cometas en el cielo, de Khaled Hosseini. Es una historia de amistad, de memorias de infancia y adolescencia, pero también un retrato del azar, del miedo y de la desesperanza. Es posible que la situación de la población afgana haya incluso empeorado en los últimos años, pero creo que lo importante de este novela es lo que menos caduca, la lucha por la vida y el valor de la amistad.