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27 diciembre 2025

Sesquidécada: diciembre 2010

En la sesquidécada de este mes tenemos una recomendación genérica de poesía: Miguel Hernández. En diciembre de 2010 disfruté de la antología de Jesucristo Riquelme en la editorial ECIR, puede que hoy descatalogada: Miguel Hernández: un poeta para espíritus jóvenes. Se trata de un libro que incluye, además de una interesante selección de poemas, una biografía ilustrada con numerosas fotos del autor. En aquel curso 2010-2011 me tocaba preparar a mi grupo de 2º de bachillerato para una Selectividad que incluía como lecturas de referencia Luces de bohemia, de Valle-Inclán, los poemas de Miguel Hernández y La casa de los espíritus, de Isabel Allende. Quince años después, vuelvo a encontrarme con este nivel, pero las lecturas ya han cambiado no una, sino dos veces. Pasamos por Lorca, Buero Vallejo y Martín Gaite, para acabar en la actualidad en los cuentos de Emilia Pardo Bazán, los poetas del 27 y Tres sombreros de copa, de Mihura. Así que no hay vacaciones de Navidad en las que no esté presente, de alguna manera, la poesía del 27. Quizá algún día escriba una nota en el blog acerca de esas selecciones de lecturas para las EBAU, que dan para una reflexión profunda acerca del canon y de las curiosas relaciones entre los especialistas de las universidades y el profesorado del Bachillerato. En todo caso, se encuentre o no entre esos "imprescindibles", Miguel Hernández siempre merece ser leído y releído.



Para no quedarnos con una sola reseña en este mes, recupero también la novela Dientes de leche, de Ignacio Martínez de Pisón. Sí, es otra novela de la guerra y posguerra civil, pero creo que el autor ha acertado al elegir los personajes y el tono de la narración para conseguir que el lector disfrute con una trama que tiene ese tinte agridulce de una época también llena de contrastes. A través de tres generaciones se recorre buena parte de la historia reciente de nuestro país. Aprovecho para recordar una vez más que las lecturas ambientadas en este período son muy necesarias, especialmente entre una juventud que recibe cada día más una visión distorsionada del franquismo y la transición. Felices fiestas y felices lecturas.

26 noviembre 2025

Sesquidécada: noviembre 2010


Hace unos días saltó la polémica del premio Planeta, ese galardón que cada año genera un aluvión de indignación y críticas, con los consiguientes artículos de opinión que cuestionan el valor literario de un premio que parece más comercial que cultural. Justamente hace quince años leí uno de esos premios Planeta recién salidos del horno, un libro del que hablaré en esta sesquidécada. No soy muy aficionado a la lectura de esos premios. Revisando la lista, compruebo que solo he leído tres: Los mares del sur, de Vázquez Montalbán, El jinete polaco, de Muñoz Molina, y este Riña de gatos. Madrid 1936, de Eduardo Mendoza. Creo que los dos primeros son muy buenas obras, especialmente la de Muñoz Molina, a la que creo le ha pesado negativamente haber sido reconocida con este galardón. Pero vayamos con la novela de Mendoza.

Riña de gatos es una novela histórica ambientada en los inicios de la Guerra Civil española, con referencias a un cuadro de Velázquez, que configura la intriga de la obra. Probablemente, si esta novela la hubiese escrito Juan del Val, el último ganador, nos encontraríamos con un bodrio lleno de lugares comunes y una prosa cansina y didáctica, en el peor sentido de la palabra. Pero Eduardo Mendoza es un escritor que siempre acierta, con el estilo, con los personajes, con el manejo de la trama, con el ambiente... No me cabe duda que podría releer esta novela y disfrutar de ella como en aquel momento, porque cuando alguien sabe su oficio, nunca defrauda al lector. No es la mejor de sus novelas; para mí siguen estando por encima La verdad sobre el caso Savolta o La ciudad de los prodigios. En conclusión, no creo que vaya a leer ningún premio Planeta mientras se lo concedan a personajes de la farándula televisiva, por buenas que sean las críticas. Y aunque tampoco me apetece hacerlo con esos otros premiados que gozan de buena prensa en el mundillo literario, quizá en algún momento me anime a repasar la lista para intentar reparar el desprestigio que parece provocar la concesión de este premio.

31 octubre 2025

Sesquidécada: octubre 2010

Llegamos al último día del mes para recordar las lecturas de octubre de hace quince años y de mi lista de libros, casi todos novelas juveniles, solo he podido rescatar para esta sesquidécada el recuerdo de este libro de Jeffery Deaver, El hombre evanescente, una novela policíaca de intriga, protagonizada por el detective tetrapléjico Lincoln Rhyme. Es una novela con aires de thriller televisivo, con un asesino escurridizo y con bastantes golpes de efecto. Una novela para no complicarse la vida y mantenerse despierto cuando lees por la noche. Del mismo autor hay varias obras del mismo estilo, incluso del mismo protagonista. Muy recomendable para los amantes del género y para lectores que necesiten un respiro entre lecturas más enjundiosas.

24 septiembre 2025

Sesquidécada: septiembre 2010


La sesquidécada de septiembre podría contar con mucha novela juvenil, ya que es un periodo propicio para elegir libros del plan lector de centro. He revisado algunas de aquellas novelas y veo que ya están descatalogadas, así que me veo casi forzado a seleccionar lo que ha perdurado en el tiempo y la memoria.


La primera es un clásico de larga duración, Marina, de Carlos Ruiz-Zafón. Es una novela de intriga con un punto de terror que se sitúa en Barcelona y que suele funcionar bastante bien para los chavales de 14 a 16 años (y creo que también para adultos). Del mismo autor hay otras dos novelas de este estilo que también me han funcionado: El príncipe de las tinieblas y El palacio de la medianoche.



Otro autor imprescindible, con una novela que no pierde vigencia, es Fernando Lalana y La tuneladora. Aventuras en el subsuelo de la ciudad, intriga y suspense, forman una trama que resulta también atractiva a los jóvenes lectores. Casi todas las novelas de este autor desarrollan argumentos con un ritmo muy interesante, similar a los thrillers televisivos.


Por último, un autor al que le tengo mucho aprecio, tanto por sus relatos policíacos como por los de ciencia-ficción. Se trata de Fredric Brown, un narrador magnífico con un gran sentido del humor y una maestría excepcional para sorprender al lector. Os recomiendo todo lo que podáis leer de él. En este caso os dejo los relatos de Universo de locos y otras novelas de marcianos, que no necesita aclaración en cuanto al género. Disfrutad sin complejos de su lectura, porque lo podéis encontrar en ediciones actuales y en librerías de saldo.



25 agosto 2025

Sesquidécada: agosto 2010


En esta sesquidécada traigo dos novelas de ciencia-ficción, para uso particular, y una novela juvenil, por si os interesa para el aula de secundaria.

Pórtico, de Frederik Pohl, es un clásico de los viajes interestelares y el primero de la saga Heechee. Además de las intrigas propias del género de este tipo de viajes, sus riesgos y amenazas, tenemos una novela con pinceladas distópicas basadas principalmente en el colapso malthusiano. A pesar de su fama, se ha intentado en alguna ocasión llevarla a la pantalla como serie de televisión, pero aún no se ha llevado a cabo.



Otra novela que daría la talla en el cine es Muerte de la luz, de George R.R. Martin, sí, nuestro admirado procrastinador de la Canción de Hielo y Fuego. Curiosamente, esta novela se publicó el mismo año que la anterior, en 1977, aunque, a mi juicio, se mantiene más fresca y actual, lo que demostraría que este autor tiene más interés en el entretenimiento que en la reflexión filosófica. En esta novela se mezcla una historia de amor con el retrato elegíaco de una cultura condenada a perderse. Martin prefigura aquí su habilidad para enganchar al lector con una trama y una narración en la que no puedes dejar de avanzar.



Por último, una novela juvenil que suele funcionar muy bien para el alumnado de 13-15 años es Donde esté mi corazón, de Jordi Sierra i Fabra. No hace falta contaros mucho del autor, uno de los referentes de la literatura juvenil y, sin duda, el más prolífico. En cuanto a la novela, aborda una relación sentimental con algunos elementos añadidos que dan pie a tertulias y debates en clase. Podéis tenerla en cuenta para cuando volvamos en septiembre al aula, que eso ya está ahí, a la vuelta de la esquina. 

25 julio 2025

Sesquidécada: julio 2010

Gozosos tiempos en los que podía leer en julio decenas de libros... meses en los que cuesta elegir tres lecturas entre tantas, cuando ahora apenas llego a ese mínimo. Esta sesquidécada recoge, una vez más, lecturas de dos géneros con los que empecé a engancharme tarde, la ciencia-ficción y la novela policíaca. De regalo, también un relato de viajes. Vamos allá.


No quisiera estar en sus zapatos es un relato policíaco de William Irish (también conocido como Cornell Woolrich), un autor que siempre merece la pena leer. Ya ha aparecido varias veces reseñado en este blog, incluso como recomendación para el aula de la ESO. Es el autor del relato que inspiró La ventana indiscreta, y tiene como seña de identidad el uso del azar en la resolución de intrigas con falsas evidencias. Una buena lectura para el verano.



Hyperion, de Dan Simmons, es la primera novela de una tetralogía impresionante, obra cumbre de la ciencia-ficción moderna. Tanto la estructura de la trama como el universo creado son espectaculares, con el añadido de unos referentes literarios que no pasan desapercibidos. Creo que es algo así como el equivalente al Señor de los Anillos en la novela de fantasía. Una delicatesssen para los fanáticos del género.



Los relatos de viajeros por España en tiempos pasados son una fuente jugosa de curiosidades y detalles que nos dan idea de lo que fuimos y lo que seguimos (o no) siendo. Entre los clásicos de este género está Aventuras de un irlandés en España, de Walter Starkie, un autor que también escribió acerca de los gitanos en nuestro país. Starkie viaja por España en 1931 y muestra un país que vive casi en la Edad Media, pero que se prepara para cambios que tardarán una cuantas décadas en llegar. Es un libro que engancha desde el primer momento, por esa mezcla entre la mirada objetiva y las propias valoraciones o prejuicios del autor. Hay una edición moderna que podéis encontrar fácilmente en las librerías.


Por último, fuera del formato habitual de la sesquidécada, en estos tiempos en los que la censura de la administración educativa bloquea cursos del profesorado sobre memoria democrática, tengo que recordar este libro de mi compañero de instituto, Fernando Peña: El precio de la derrota. La ley de responsabilidades políticas en Castellón, 1939-1945. En él se da cuenta de algunos procesos llevados a cabo al amparo de dicha ley, que tenía como base la venganza y la humillación de todos aquellos que votaron al Frente Popular (así aparece textualmente, excluyendo a quienes votaron a las derechas): vamos, un total de cinco millones de sospechosos, más sus familias, herederas del oprobio aunque el acusado ya en su día hubiese sido depurado o fusilado. Un libro que, sin entrar en la valoración moral o política, muestra la perversión de ciertas personas que nunca han pagado (ni pagarán ya) las injusticias cometidas a sabiendas. 


22 junio 2025

Sesquidécada: junio 2010


La primera novela rescatada para esta sesquidécada vino a mi lista de lecturas para refrescar el tórrido ambiente veraniego de aquel junio de 2010. Se trata de La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Høeg, una de las primeras novelas negras nórdicas que cayeron en mis manos. Un crimen rodeado de nieve y de intuiciones, del que apenas recuerdo una sensación plácida de frío y bruma, como abrir la nevera y meter la cabeza dentro. Fue una novela que tuvo bastante éxito y que llegó a convertirse en película. Para mí fue una invitación a conocer autores del norte de Europa, entre los que he ido encontrando interesantes hallazgos.



El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apostolos Doxiadis, es la segunda lectura seleccionada para este mes. A mitad de camino entre la novela y el ensayo, es una lectura que invita a reflexionar sobre el mundo de las matemáticas, la vocación científica y los descubrimientos de un joven que indaga sobre la vida de su tío. Es una obra diferente, con un fondo divulgativo que no empaña lo literario.



La última lectura es un clásico entre los profesores de literatura: La casa de los espíritus, de Isabel Allende. Creo que aquella fue mi primera lectura de esta novela, a la que volvería en alguna ocasión para preparar las clases de 2º de Bachillerato, en una época en la que esta obra era una de las de referencia para la Selectividad. La leí con cierta condescendencia después de haber leído muchas obras del boom latinoamericano y del realismo mágico, pero descubrí una buena novela que solo había tenido la mala suerte de que Cien años de soledad estuviese planeando sobre ella como inevitable punto de comparación. Aunque es cierto que la obra de García Márquez es superior en calidad, las novelas de Allende merecen también su lugar en el canon, aunque solo sea por haber llegado a miles de lectores desde la voz de una mujer. Convendría recordar aquí que la idolatrada La colmena de Cela no deja de ser una copia barata de Manhattan transfer de Dos Passos.

23 mayo 2025

Sesquidécada: mayo 2010

La sesquidécada de mayo se centra en la ciencia-ficción con dos obras clave, muy diferentes entre sí, pero con la grandeza de erigirse como clásicos de dos subgéneros: el ciberpunk y la novela ucrónica.

La primera lectura es Neuromante, de William Gibson. Se trata de una novela de 1984 (bonito azar) en la que aparecen elementos que hoy ya tenemos normalizados como la inteligencia artificial, la matriz o los piratas informáticos. Por sus referencias transmedia y su ambiente distópico, es una novela ideal para ser adaptada al cómic, a la televisión o al videojuego, como así ha ocurrido. Tiene el encanto del ciberpunk, ese género que mezcla lo digital con el anarquismo activista o decadente, según la mirada del lector. La trama es lo bastante compleja para que nos sintamos tan perdidos en ella como el protagonista. Conspiraciones, sabotaje, extorsión y amor se enredan también en un argumento que brilla más por su desarrollo que por su desenlace. Lo dicho, un clásico de un género que se explica por sí solo.


En el otro extremo del género tenemos El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, un autor que no necesita presentaciones. En esta novela se plantea un mundo en el que Alemania y Japón han ganado la Segunda Guerra Mundial y se han repartido el planeta. Los Estados Unidos han quedado divididos bajo el mandato de las dos potencias y se ha generado un conflicto político y social en el que los protagonistas han de tomar partido. Al hilo de esa situación, se plantean interesantes cuestiones acerca de cómo sería ese régimen global y cómo sería "la resistencia", de la que es líder el hombre en el castillo. Una ficción curiosa que años más tarde vería una analogía en la novela La conjura contra América de Philip Roth. 



30 abril 2025

Sesquidécada: abril 2010

En abril de 2010 florecieron varias lecturas que se movían entre lo distópico y lo fantástico. Creo que fue para mí un momento de descubrimiento de la ciencia-ficción clásica que me llevaría a una auténtica euforia lectora de obras de este género. Así que vamos a ver en esta sesquidécada algunos de los títulos destacados de aquel mes.


Tenemos primero El día de los trífidos, de John Wyndham, una novela apocalíptica que encajaría perfectamente en los gustos de las series actuales (de hecho, hay una versión televisiva de 2009). Se trata de una distopía en la que unos seres mitad vegetal mitad animal tratan de apoderarse de las ciudades dejando ciegos a los humanos y devorándolos después. Como sucede en otras novelas del género (pensemos en el Ensayo sobre la ceguera de Saramago), el caos generado por los trífidos sirve también para reflexionar sobre la condición humana y su organización social. Una novela tan entretenida como angustiosa.



En la segunda lectura rescatada tenemos una novela de ciencia-ficción también con un punto desconcertante, incluso metafísico. Se trata de Estación de tránsito, de Clifford Simak. Plantea la existencia de estaciones espaciales en lugares perdidos del campo que sirven de puente para viajes por la galaxia a velocidad luz. Estos puntos serían una especie de isla en el espacio-tiempo, custodiadas por personas que ven alterada su resistencia al paso del tiempo. Es una novela clásica con elementos bastante curiosos, como las relaciones del protagonista con una chica sordomuda o la aparición de algún ser de otro planeta. Solo apta para incondicionales del género.



Por último, otra lectura extraña, que mezcla la novela negra con el ensayo filosófico: Una investigación filosófica, de Philip Kerr. En ella se enredan los nombres en clave de varios filósofos con las víctimas de un crimen que se ha de resolver. Una entretenida intriga policíaca que busca la complicidad del lectora a través de guiños intelectuales. Es un buen punto de partida para acercarse a la obra de este autor que tiene interesantes novelas de misterio.





28 marzo 2025

Sesquidécada: marzo 2010

Hace quince años se pusieron de moda algunos pastiches literarios que mezclaban los clásicos con el género gore: Sentido y sensibilidad y monstruos marinos, Orgullo y prejuicio y zombis, etc. Al hilo de esa tendencia global, algunos literatos hispánicos se lanzaron con sus versiones mestizas, algunas de las cuales protagonizan esta sesquidécada.



Digna de ser recordada es La casa de Bernarda Alba zombi, una obra que incluye hasta un estudio crítico nada desdeñable. Os recomiendo que la leáis sin prejuicios y paséis un rato divertido, porque me parece un juego metaliterario bastante interesante. No creo que sea necesario explicar el argumento de la obra, salvo por ese pequeño añadido de los muertos vivientes.


En la misma línea está Lazarillo Z: matar zombies nunca fue pan comido. Quizá menos trabajado que el anterior, cuenta con la ventaja de ser una narración más popular, lo que engancha mejor al lector. Se llegó a editar en bolsillo y es fácil encontrarlo en librerías de saldo. También hay una versión ilustrada muy curiosa. Debo reconocer que estos experimentos me parecieron divertidos, incluso para trabajarlos en clase, aunque era consciente de que se trataba de una moda pasajera (o no tanto). Yo mismo perpetré una versión zombi del primer acto de Luces de bohemia que todavía se puede leer en la red.


Y como no todo es broma, también recupero en esta sesquidécada un libro no muy famoso de Ray Bradbury, El vino del estío, mezcla de memoria, fantasía y descubrimiento, en una narración sugerente y llena de nostalgia. Guardo buen recuerdo de su lectura, muy distinta de sus relatos más conocidos.

26 febrero 2025

Sesquidécada: febrero 2010

Tengo anotado en las lecturas de febrero de 2010 un libro de Luis Landero del que apenas me acuerdo; lo mismo me ocurre con otro de Herta Müller, que había obtenido el Nobel el año anterior. Es frecuente que en mi recuperación de lecturas de hace quince años para estas sesquidécadas me encuentre con libros de los que no consigo recordar nada. Sin embargo, me sorprende en esta ocasión que ocurra con un autor que me encanta, Landero, y con otra autora que seguramente leí con mucho interés, Müller. Podría culpar al ebook y la lectura en pantalla, pero justamente tengo apuntado que esos libros los saqué de la biblioteca, así que solo lo puedo atribuir al inexorable paso del tiempo y a las cosas de la edad.



Aun así, tengo dos libros de aquel mes que sí han dejado buen recuerdo en mi memoria. El primero es La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, una novela que tuvo notable éxito en aquellos días y que llegó incluso al cine. Es una obra con ingredientes que no suelen fallar: una mujer mayor con muchas experiencias de vida para contar y una niña superdotada con muchas inquietudes y curiosidades que saciar. A esto hay que añadir numerosas referencias literarias y una narración ágil que engancha al lector desde el primer momento. Buena recomendación para cualquier lector y para cualquier edad.



El segundo es un clásico que no me explico por qué no había leído hasta entonces: Crónicas marcianas, de Ray Bradbury. No creo que merezca la pena extenderme en dar razones para leerlo, porque forma parte del canon y porque es un referente en la ciencia-ficción de calidad. Un conjunto de relatos que habla más de nosotros que de los marcianos; un conjunto de relatos lúcidos, divertidos y críticos. Un libro imprescindible. 

20 enero 2025

Sesquidécada: enero 2010


Al repasar las lecturas de aquel enero de 2010 me ha alegrado comprobar que guardaba buen recuerdo de todas ellas, algo poco habitual cuando redacto estas sesquidécadas, en las que en más de una ocasión tengo que rebuscar en el fondo de armario de la memoria (y de internet) algún detalle o incluso la trama principal de esas lecturas antiguas, incluso de las que recuerdo con cariño.

Tres novelas traigo, tres, hermosas y diferentes, y recomendables las tres a pesar del tiempo pasado. La primera es una novela de un autor que seguro ya conocéis: George R.R. Martin, pero no se trata de su célebre saga de la Canción de Hielo y Fuego, sino de una obra que remite por un lado a la novela gótica y por otro a las narraciones sureñas del estilo Mark Twain o de William Faulkner. Sueño del Fevre es un relato vampírico maravilloso, con todo el encanto del terror sutil del siglo XIX y el ambiente de los vapores fluviales del Misisipi. Por cierto, de este autor de sagas podríamos saltar a otra saga actual de ríos sureños, también con elementos fantásticos: Blackwater. Ahí dejo el anzuelo.



La otra novela recomedada va de trenes y túneles y se trata de Los túneles del paraíso, de Luciano García Egido. Es una ficción basada en la historia real de la construcción de la línea ferroviaria entre Salamanca y Portugal, concretamente la que unía la Fregeneda y Barca d'Alva. En la novela se aprecia el esfuerzo titánico de tanta gente de la zona y de forasteros atraídos por el sueño de una vida mejor. Casi quince años después pude visitar esa zona, con la línea tristemente cerrada a pesar de su atractivo paisajístico y patrimonial, y dar sentido a muchas de las historias que se entrelazan en la novela. Recomiendo por tanto su lectura y la visita a este camino de hierro que, una vez más, demuestra el poco aprecio que tenemos en este país por el patrimonio histórico ferroviario.



Por último, una curiosa novela policíaca en la que las detectives son Las ovejas de Glennkill. La escritora alemana Leonie Swann alcanzó bastante notoriedad con esta intriga en la que un rebaño de ovejas ha de resolver la muerte del pastor. Con buenas dosis de ingenio y humor, el lector irá descubriendo con ellas los entresijos de un crimen pastoril. Divertida y ligera para empezar el año con buen humor.