20 febrero 2021

Sesquidécada: febrero 2006

Febrero de 2006 me pilló leyendo cuentos del certamen internacional Max Aub, lo que hace que esta sesquidécada sea más ligera que otras. En aquella época participaba en el comité de preselección, que elegía los relatos con mayor calidad para que pasasen a la siguiente fase. Con aquellas experiencias iba descubriendo lo difícil que es escribir y hacerlo bien. Había magníficas historias mal contadas y tramas anodinas presentadas con maestría. Aprendí mucho, aunque no creo que llegue a dedicarme nunca a escribir de manera profesional: me falta constancia y paciencia para ello (y quizá un tiempo que debería quitar de otros menesteres).

También en aquel lejano febrero empecé a leer Fortunata y Jacinta, de Pérez Galdós. Me pareció una novela brillante, en la línea de otras que ya había leído del autor. Impresiona la capacidad de Galdós de sumergir al lector en un Madrid lleno de matices y detalles; la habilidad al mostrar el contraste de los personajes y sus circunstancias; la riqueza de la prosa y la variedad de registros... Sé que no es una novela para leer con prisas, que necesita su ritmo y su tiempo, pero merece la pena dedicárselo en algún momento. Galdós es siempre un valor seguro.

24 enero 2021

Sesquidécada: enero 2006


Dos libros singulares abren la serie de sesquidécadas de 2006. Libros singulares para unos tiempos extraños, así que todo en orden. El primero de ellos es El regreso de Don Quijote, de G.K. Chesterton, una fábula moderna en su tiempo, que reúne el particular sentido del humor británico, la crítica social y la recuperación de nuestro clásico universal. Chesterton requiere tranquilidad y reposo en su lectura, porque sus personajes y situaciones, lejos de ser accesorios, configuran un entramado que sostiene una finalidad satírica en diversos niveles; el autor, como se suele decir, nunca da puntada sin hilo. En la obra que nos ocupa, la aventura quijotesca nos acerca aun más a este autor imprescindible.


El segundo rescatado es el Viaje por España, de Hans Christian Andersen. Conocido por su labor como recopilador de la tradición cuentística, Andersen era también un prolífico autor de obras de todo tipo, entre ellas esta crónica de su viaje en 1862 por España. Si no sois habituales del género de viajeros extranjeros por España (especialmente en el siglo XIX), os lo recomiendo, porque hallaréis auténticas joyas del costumbrismo y de la etnología patria. El relato de Andersen no es el más detallado, pero es muy ameno y variado. Podéis encontrarlo en versión digital en la página del CVC: Un viaje por España. De paso, podéis investigar también sobre la azarosa y viajera vida de Andersen, un autor del que algunos solo conservábamos la edulcorada imagen de Danny Kaye silbando por el bosque. 

19 diciembre 2020

Sesquidécada: diciembre 2005


Hace quince años estaba preparando mi primera petición de plaza definitiva después de haber aprobado la oposición. Ya estaba en Castelló, pensando que sería más viable obtener una vacante cerca de aquí que de Valencia, que era mi lugar de origen. Tuve mucha suerte y me dieron un instituto en Castelló, un centro que tenía cierta mala fama y que no resultaba muy atractivo para que otros lo pidiesen en el concurso de traslados. Todavía sigo en aquel centro, en el que aterricé en el curso 2006-2007, y en el que quizá me jubile. Quince años después, es momento de recordar las lecturas que acompañaron aquel puzzle de códigos y localidades, aquella lista de promesas de futuro, de universos paralelos que nunca llegarían a existir. 

Como corresponde a aquel momento tan existencial, recupero en esta sesquidécada un autor que me parece imprescindible: Dino Buzzati. Ya había leído su magistral novela El desierto de los tártaros, una obra que te deja sin aliento y que ocupa muchas de las listas de mejores novelas del siglo XX. En diciembre de 2005 leí Los siete mensajeros y otros relatos, una antología de cuentos que recomiendo encarecidamente. Aunque no los recuerdo todos, sé que varios de ellos me dejaron impresionado, por ejemplo "El colombre", "Los siete mensajeros" o "La capa". Este último puede entrar también en el parnaso de los mejores relatos cortos de todos los tiempos, con una estructura e intensidad difícilmente igualables. 


Por otro lado, recupero una novela juvenil de una autora que estuvo muy de moda en aquella época: Cornelia Funke. Se trata de El señor de los ladrones, una novela de aventura y misterio que entronca con muchos de los temas del género y recuerda a Mark Twain, Barrie o incluso a nuestro Lazarillo. Una novela para regalar a chavales de diez o doce años. Felices fiestas y felices lecturas.

06 diciembre 2020

Menos mal que nos queda #poema27 (y van 13)


Un diciembre más regresa el acontecimiento poético por excelencia: #poema27. Esta edición es la número 13, muy apropiada para este año 2020. Para los más despistados, hay que recordar que esta cita anual celebra el acto fundacional de la Generación del 27, cuando en los próximos días 16 y 17 de diciembre se cumplan los 93 años del encuentro de algunos autores de ese movimiento literario en el Ateneo de Sevilla. Este aniversario poético lo celebramos llenando la red de poemas y versos de aquellos poetas. Cada año, docentes, alumnado y aficionados a la poesía en general, se suman a esta invitación y comparten en redes sus poemas o versos preferidos.

Así pues, a lo largo de la semana del 14 al 20 de diciembre podéis publicar cualquier homenaje poético en los blogs, en Facebook, en Instagram y, por supuesto, en Twitter, bajo la etiqueta #poema27. La nómina de autores es bastante extensa y podéis encontrar suficientes poemas de ellos en la red. Es también una oportunidad para llenar las aulas de poesía y para jugar en familia con la narrativa digital. Os dejo unos ejemplos y variados enlaces al final por si queréis investigar. En nuestras clases vamos a repartir poemas de una antología del 27, confeccionada ex profeso para el aula, para ser grabadas en vídeo de manera voluntaria. Nos quedan diez días para pensar y programar, siempre con la poesía por delante. ¿Os animáis?







Mis homenajes:
Año 2017: Al final de la tarde (Ernestina Champourcín)
Año 2016: Underwood girls (Pedro Salinas)
Año 2015: La tarde... Josefina de la Torre
Año 2014: Dos poemas y más
Año 2013: Canción que nunca pone el pie en el suelo (Rosales)
Año 2012: Al oído de una muchacha (Lorca)
Año 2011: Amor oscuro (Altolaguirre)
Año 2010: Cernuda y Morente
Año 2009: Cernuda

29 noviembre 2020

Contener la respiración

La memoria de este trimestre debería empezar por una retractación: durante varios meses, antes de empezar el curso, afirmé que los centros educativos no estaríamos abiertos ni siquiera un mes. Han pasado casi tres y ahí seguimos. También hay que decir que han confluido muchos factores para que esto ocurra, incluido el azar, que nunca se debe menospreciar en una pandemia. Esos factores decisivos son principalmente dos: la reducción de ratio y el respeto de los protocolos por parte de toda la comunidad educativa. El primero, lamentablemente nos ha costado dejar a los grupos de 2º y 3º de ESO en semipresencialidad por falta de espacio en el instituto, un centro que está diseñado para 600 alumnos y que tiene actualmente una matrícula de 750. Hemos hecho cuanto hemos podido para solucionar este inconveniente, desde buscar espacios alternativos, hasta llamar personalmente a las familias por si querían voluntariamente cambiar de centro. No ha podido ser. La semipresencialidad no es la mejor medida y solo es positiva para reducir el número de alumnos en el centro; quizá por eso hemos tenido tan poca incidencia de contagios, prácticamente ninguna imputable al contacto en las aulas. El coste es alto para esos grupos que vienen día sí, día no, a los que el profesorado trata de adaptar las programaciones para que no pierdan la mitad del currículo. En ello estamos.


En mi aula, este año tengo un 3º de ESO, uno de esos grupos que vienen semana sí, semana no (pues ha coincidido así en mi horario), con los que hemos trabajado la argumentación, la historia de la lengua y la literatura medieval; también hemos leído En el mar hay cocodrilos, de Fabio Geda, un libro a partir del cual intentaremos llevar a cabo un proyecto de concienciación sobre las migraciones. Coincido con algunos colegas en que es más fácil dar clase, sobre todo, clase magistral, por el menor número de alumnos, porque están separados a metro y medio y porque están todos con mascarilla sin moverse. Me he tenido que adaptar también a ese modelo, ya que prefiero que puedan trabajar juntos en proyectos y ahora solo lo pueden hacer de manera telemática. Concretamente, para la Edad Media, aprovechando la idea y el material de mi compañera Anna Navarro, les propusimos un Draw my life. Los resultados son muy irregulares, pero os dejo este sobre la Celestina que me parece especialmente brillante:

Por otro lado, tengo dos horas de codocencia en los ámbitos de 1º de ESO. Esas horas son financiadas por el Fondo Social Europeo para el refuerzo en competencias clave en 1º o 2º de ESO. En nuestro caso, tenemos asignadas 12 horas, que repartimos entre los diez grupos de 1º de ESO. Las hemos configurado para que uno de los docentes del ámbito lingüístico-social imparta una hora semanal junto al compañero/a del ámbito científico-matemático y ayude en tareas de tipo transversal. Por el momento, hemos planteado actividades como las siguientes:

  • Lectura de una entrevista a un científico: escribir un texto en el que se cuente cómo se despierta una vocación.
  • A partir del análisis de las células: escribir un relato biográfico como si fueses una célula.
  • A partir de la clasificación de seres vivos: realizar y compartir una presentación en GDrive.
  • Sobre los reinos animales: mezclar dos animales y generar una ficha de un animal híbrido fantástico.
  • Después de un visita a los microscopios del laboratorio: realizar una ficha de observación.
  • A partir de la lectura de un relato de Millás: escribir un cuento en el que los protagonistas son números.



Este enfoque nos ha permitido desarrollar junto con las competencias comunicativa o científico-matemática, la creatividad y la iniciativa personal, además de la competencia digital, con interesantes reflexiones sobre la privacidad, la seguridad de los datos, el trabajo cooperativo en red, etc. Es para mí una de las mejores horas de la semana.


Por último, tengo también tres horas de compensatoria en Casa Camarón, con el alumnado gitano. Este año estamos notando con mayor intensidad el absentismo de este colectivo, un absentismo fundamentado principalmente en el miedo al contagio, un miedo que hace todavía mayor el recelo hacia una institución educativa en la que confían poco, en parte por las bajas expectativas de éxito y en parte por el escaso apoyo familiar a los asuntos de la escuela. Aunque estamos colaborando con varias asociaciones, nos falta mucho para conseguir que ese absentismo se reduzca a niveles razonables.


En el ámbito de la función directiva, la pandemia nos ha puesto en una situación muy compleja, tanto académica como organizativamente. Apenas hemos podido hacer reuniones, claustros o consejos escolares, por la dificultad de hacerlo presencialmente y porque la maquinaria del centro está sometida a unos requerimientos tan estrictos que apenas hay margen para tomar decisiones. Vivimos el día a día conteniendo la respiración, tratando de minimizar riesgos sin que eso afecte a las relaciones entre los miembros de la comunidad educativa. Con todas las precauciones, decidimos hacer reuniones presenciales de familias con los tutores/as, porque consideramos que era importante que viesen las aulas y las condiciones en las que están sus hijos e hijas. Mantenemos con ellas un contacto bastante fluido a través de las plataformas educativas. Intentamos responder a todas las dudas y consultas que llegan a diario; el motivo más importante de queja es, evidentemente, la semipresencialidad, para el cual no tenemos solución. Por suerte, los resultados de la 1ª evaluación han sido bastante buenos, a pesar de todos los condicionantes. Incluso en la convivencia se ha notado una mejora sustancial, pues hemos pasado de unos 100 incidentes en años anteriores a apenas 20 este año. El esfuerzo del profesorado y del alumnado en esta "nueva normalidad" está dando sus frutos; también hemos de agradecer que la administración eche una mano rebajando la presión burocrática y ayudando en los problemas puntuales que surgen. Ojalá se mantuviesen estas ratios de aquí en adelante, sin el sacrificio del virus y de la semipresencialidad. 

Como siempre, quedan muchos retos e historias por contar, proyectos que están todavía germinando, actividades que apenas están esbozadas. Espero tener tiempo y ganas de contarlas más adelante, cuando ya no tengamos que contener la respiración cada vez que suena el teléfono o nos busca el conserje.

15 noviembre 2020

Sesquidécada: noviembre 2005

No es fácil encontrar lecturas juveniles que perduren en el tiempo, que sigan enganchando a los jóvenes lectores pasados unos años. A veces, ni siquiera los clásicos soportan esa presión de las modas y quedan relegados para el disfrute de los lectores más exigentes o más aguerridos. Casualmente, hace quince años encontré dos lecturas que cumplían con los requisitos necesarios para mantenerse en las recomendaciones de los primeros cursos de la ESO, y acerté con ellas, porque todavía hoy permanecen en el aula con relativo éxito. Vamos con el primero de esos libros.

El ojo de cristal. Charlie saldrá esta noche, de Cornell Woolrich, recoge dos relatos de intriga protagonizados por chavales que se ven inmersos en una trama policíaca llena de riesgo y tensión hasta el final. Llevamos años manteniéndolo como lectura para 1º de ESO; en mi caso, lo leemos en clase dedicando un día de la semana a avanzar. Aunque se pueden encontrar en internet los relatos de manera separada, vale la pena que compren el libro, porque las ilustraciones de Tha son excelentes. Al final del libro hay tareas por si se quiere trabajar la comprensión lectora y la expresión escrita, aunque nada mejor que una tertulia guiada a partir de la lectura. El año pasado, además, estuvimos comprobando la invisibilidad de las mujeres en los relatos policíacos clásicos, así que da mucho juego. Os recomiendo además que busquéis más información sobre el autor, una vida y una obra que bien merecen un acercamiento detallado (si queréis otra recomendación de este autor y editorial, echad un vistazo a Aprendiz de detective. Un robo muy costoso). Por último, aprovecho para felicitar a Vicens Vives por esa colección Cucaña en la que se ofrecen lecturas muy valiosas para el aula, editadas con buen gusto y a buen precio.


Otro gran hallazgo fue La piel de la memoria, de Jordi Sierra i Fabra, el rey Midas de la literatura juvenil. Es un libro que trabajamos sobre todo en 2º de ESO y nos permite abordar los temas de las migraciones, de la explotación infantil, de los niños soldado y del colonialismo comercial, entre otros. Como es habitual en los relatos de este autor, tiene los elementos fundamentales para enganchar al joven lector: personajes verosímiles y cercanos, amistad, amor, dolor, castigos y recompensas. Es un buen libro y por ello se mantiene año tras año entre los mejor valorados por nuestro alumnado. En otras ocasiones ya he comentado que, a partir de su lectura, hemos trabajado textos periodísticos, el podcast o la tertulia. Os dejo la ficha de lectura por si os resulta útil.

Finalmente, en tiempos de bulos, desinformación y conspiraciones, vale la pena recuperar la novela Enterrar a los muertos, de Ignacio Martínez de Pisón, un gran autor al que admiro, que cuenta un episodio histórico de intriga, política y periodismo, con el telón de fondo de la guerra civil, la visita a España de John Dos Passos y la muerte de su traductor, el republicano José Robles. Periodismo novelado o ficción documental, da igual, una delicia de lectura. 

Es una pena que no me quede más hueco en esta sesquidécada para hablar de una novela que me gustó y que no ha tenido después demasiada repercusión: La piel fría, de Albert Sánchez Piñol, una buena muestra de ciencia-ficción ecléctica en español y catalán. 



17 octubre 2020

Sesquidécada: octubre 2005

El mes de octubre de 2005 está ocupado únicamente por una novela extensa e intensa: Bomarzo, de Manuel Mujica Lainez. Era una novela que había estado esperando bastante tiempo en la lista de deseos, recomendada por buenos amigos, pero que no acababa de encontrar su momento. Se trata de una novela otoñal o crepuscular, y quizá por eso me animé a hincarle el diente en aquel octubre. Hay novelas veraniegas, invernales, primaverales y otoñales, todo el mundo lo sabe, y en Bomarzo casi se oyen caer las hojas sobre las monstruosas figuras del jardín de los Orsini mientras uno pasa las otras hojas del libro. No voy a desvelar nada de la trama, un argumento bastante sencillo, ya que el valor de Bomarzo es la capacidad de sugestión de su prosa, la habilidad del autor para introducirnos en el mundo casi mágico de una familia extraña, envueltos por el ambiente aun más exótico del parque de los monstruos, un lugar que ya he añadido a mis lugares literarios dignos de ser recorridos y recordados.

Hoy, un sábado por la tarde, en este octubre lejano, al escribir esta sesquidécada, recupero con algunos fragmentos de la novela la humedad de la hiedra en las rocas y el olor a abandono que me resulta tan atractivo en ciertos momentos. Como retales de un mundo que no volveremos a ver, la literatura nos permite asomarnos a lo que fuimos y a lo que sentimos quizá por última vez en nuestras vidas, sin que ni tan siquiera fuésemos conscientes de ello. Leamos y vivamos, que puede que el mundo se apague y nos pille con una lista inacabada de lecturas y de vivencias demasiado larga.

21 septiembre 2020

Sesquidécada: septiembre 2005

Septiembre es un mes de lecturas casi otoñales y por eso no me extraña encontrar en el registro de esta sesquidécada unos libros cargados de melancolía. Son tres novelas que, cada una a su manera, reflejan pérdidas en la vida y hallazgos en la memoria. Tres novelas muy diferentes, pero unidas por ese regusto amargo de la nostalgia. Vamos allá.


Un puente sobre el Drina, del serbio Ivo Andrić, es una de esas obras que una vez leídas no olvidas jamás. Le dediqué una nota en el blog hace años, con motivo de la guerra de Kosovo; es la novela que siempre recuerdo cuando estalla una guerra civil, porque el puente sobre el Drina es el testigo milenario de los encuentros y desencuentros de quienes circulan por sus orillas, de quienes se ven obligados a cruzarse par pasar de un lado a otro. Es una novela que representa a la perfección el sinsentido de las fronteras, el obstinado choque entre quienes tienden puentes y quienes los dinamitan. Una novela imprescindible para entender la historia y para entendernos. Pero para eso hace falta voluntad de hacerlo.


Mucho más cerca se sitúa una novela intimista, Historia universal de Paniceiros, de Xuan Bello. Es un relato mosaico, un collage de historias, impresiones y recuerdos alrededor de un pequeño pueblo asturiano. Como decía al principio, es un libro otoñal que invita a la nostalgia, al olor de leña en la chimenea, al roce de las mantas, al dolor sordo de algo que perdimos y no volverá... En estos momentos de pandemias hasta en la sopa, puede ofrecer al lector el refugio de una arcadia aislada de su tiempo.


Por último, como aún estamos a tiempo de recomendar lecturas para el aula de Secundaria, os dejo esta novela que me gustó bastante en su momento: La foto de Portobello, de Vicente Muñoz Puelles. Durante un tiempo la estuve recomendando en 2º y 3º de ESO. Es una historia sencilla, verosímil y humana, que no incurre en las desmesuras de las novelas juveniles de acción o drama. Es un relato de autoconocimiento que aporta puntos de vista interesantes sobre algunos de los problemas que sufren los jóvenes y que, a menudo, permanecen invisibles para los adultos. Tal vez no es la novela que guste a todos, pero sí es una novela para recomendar de manera individual. Seguro que alguien lo agradece.