06 diciembre 2018

Con nostalgia de Felipe Zayas, vuelve #poema27

Vuelve por diciembre una nueva edición del acontecimiento poético por excelencia: #poema27, siendo ya la undécima ocasión para compartir poesía en las redes. Esta cita anual celebra el acto fundacional de la Generación del 27, cuando en los próximos días 16 y 17 de diciembre se cumplan los 91 años del encuentro de algunos autores de ese movimiento literario en el Ateneo de Sevilla. Este aniversario poético lo celebramos llenando la red de poemas y versos de aquellos poetas. La edición de este año tiene un punto triste, que es la ausencia de Felipe Zayas, inspirador de todo este enredo, pues en diciembre de 2009, el maestro escribió una nota en su blog recordando el Día de la Lectura en Andalucía, que tomaba como referencia la reunión de los poetas del 27 que daría origen a esa "generación". En un comentario apunté la idea de convertirlo también en un día poético en las redes, en una época en que por redes se entendía el mundo de los blogs, y hasta hoy, así ha sido. Por eso, esta convocatoria va especialmente dedicada a Felipe y a su incomensurable amor por la poesía y por la educación.

Os animo a que publiquéis poemas (o versos) en los blogs, en Facebook, en Instagram y, por supuesto, en Twitter, bajo la etiqueta #poema27. La nómina de autores es bastante extensa y podéis encontrar suficientes poemas de ellos en la red. Es también una oportunidad para llenar las aulas de poesía y para jugar en familia con la narrativa digital. Os dejo unos ejemplos y variados enlaces al final por si queréis investigar. En mi clases de 1º y 2º de ESO he repartido poemas de una antología del 27, confeccionada ex profeso para el aula, cuyas copias he ofrecido de manera voluntaria para ser grabadas en vídeo. Nos quedan diez días para pensar y programar, siempre con la poesía por delante. ¿Os animáis?







Mis homenajes:
Año 2017: Al final de la tarde (Ernestina Champourcín)
Año 2016: Underwood girls (Pedro Salinas)
Año 2015: La tarde... Josefina de la Torre
Año 2014: Dos poemas y más
Año 2013: Canción que nunca pone el pie en el suelo (Rosales)
Año 2012: Al oído de una muchacha (Lorca)
Año 2011: Amor oscuro (Altolaguirre)
Año 2010: Cernuda y Morente
Año 2009: Cernuda

30 noviembre 2018

Sesquidécada: noviembre 2003


Dos lecturas, dos niveles, dos estilos. La selección de lecturas de aquel noviembre de hace quince años, me lleva a puntos muy dispares. Una recomendación quizá os valdrá para el aula, y la otra para vuestro propio disfrute, un disfrute un tanto doloroso.

Cuando leí Hoyos, de Louis Sachar, me pareció una novela ideal para Secundaria. Creo que la utilicé unos cuantos años en 3º y 4º de ESO y luego cayó de mi catálogo, si no recuerdo mal, porque habían sacado una película que reducía su lectura a un nivel demasiado básico de interpretación. Hoyos es una buena novela juvenil, con una estructura muy bien trazada y con un fondo de reflexión muy interesante sobre la culpa, el castigo y la consideración de los menores como un problema social. Al margen de todo ello, es también una novela entretenida, con intriga y con buenas dosis de azar o serendipia. Recuperarla para esta sesquidécada me ha traído gratos recuerdos y tal vez me anime en algún momento a devolverla al aula.

La segunda lectura que reseño es Desgracia, de J.M. Coetzee, que en aquella época recibió el premio Nobel. Se trata de una novela dura, sin el más mínimo espacio para las alegrías, una novela que aborda problemas sobre las decisiones personales y sobre los dramas sociales. Desgracia es una de esas obras que te dejan con una sensación terrible de desamparo. Una lectura no apta para malas rachas... o sí.

17 noviembre 2018

Evaluación decente

Centros pequeños con seis o siete docentes y grandes institutos con centenares de ellos. Escuelas rurales y colegios urbanos. Barrios de lujo y áreas marginales. Funcionarios interinos que no han pasado nunca por una oposición y funcionarios de carrera que han aprobado varias. Interinos que han aprobado muchos exámenes y ninguna oposición y funcionarios de carrera que, por azar, aprobaron a la primera. Docentes que se esfuerzan en cada clase como si les fuese la vida en ello y profes que huyen de sus responsabilidades como si fuese la peste. Buenas personas y malas personas. Buenos profesionales y malos profesionales... Este es el sistema, esto es lo que hay. Seas docente, familia o alumno, te toca la lotería de tu centro, aunque siempre puedes huir a probar suerte en otro.
Se está hablando mucho de evaluación docente y también yo creo que es necesaria, precisamente para que la educación de todos no sea una lotería. Hace falta una evaluación que corrija los errores del sistema y sus desigualdades. Una evaluación que facilite la mejora profesional y el rendimiento de los centros y del alumnado. Evaluarse es sano y muchos lo hacen. No como se está diciendo en las redes, con una evaluación diaria ante la comunidad educativa, porque sabemos que un mal profe, detectado y comprobado en su mala praxis, es una "patata caliente" que queda enquistada en un departamento como una dolencia crónica, si es funcionario de carrera, o va pasando de centro en centro, si es interino. Nos molesta hablar de ello y tratamos de defender nuestra integridad como colectivo, pero una buena evaluación ayudaría a que estos casos minoritarios no empañasen la imagen del profesorado, y tal vez les ayudase a ellos también para tomar conciencia de sus fallos. Es necesaria la evaluación para que los centros aprovechen sus recursos. Es necesaria también para que los proyectos educativos tengan sentido para toda la comunidad educativa. Evaluar es dar valor a lo que nos importa a todos.
Tras este panegírico de la evaluación docente llega la cruda realidad: es imposible una evaluación docente ahora. Ni docente ni decente. Y probablemente lo sea en los próximos años. Toda la evaluación del sistema pasa por asumir la diversidad de contextos que se mencionan al inicio de esta nota, así que no se pueden establecer criterios generales para hacerlo. Una evaluación que no tenga en cuenta el contexto educativo y la diversidad de los miembros que lo conforman es errónea desde la base. Es más, la propia presencia de contextos anormales (guetos educativos, escuela concertada, centros bilingües o de excelencia) dificulta que los resultados de una evaluación tengan valor más allá del aquí/ahora. Por ejemplo, evaluar positivamente a un profe en un centro sin apenas alumnado de compensatoria ¿lo hace competente para trabajar en otro barrio con alto índice de inmigración? Es más, los contextos no son fijos, cambian con el tiempo, con lo cual, la evaluación debería realizarse con cierta frecuencia, lo que exige recursos.
Hablando de recursos para evaluar, se habla poco de quién o quiénes tendrían que realizar esa evaluación del profesorado o de los centros. ¿Una empresa externa? ¿La inspección educativa? ¿Los equipos directivos? No vale la pena extenderse en esto. Las empresas externas no saben lo que es enseñar ni podrán nunca comprender en una o dos sesiones de evaluación la dificultad que entraña nuestro trabajo. Imaginad al auditor que vaya a un centro un lunes a primera hora y a otro el viernes a última. Ah, no, ellos solo medirán la documentación, es decir, no evaluarán la práctica docente, sino las programaciones, las rúbricas, etc. Así sí, claro. En cuanto a la inspección, tal vez en algún caso estén en condiciones de evaluar un centro, pero ni tienen recursos ni capacidad para hacerlo con los docentes, en la mayoría de casos pertenecientes a un nivel o asignatura distinto, e incluso a épocas o ideas educativas distantes. Finalmente, los equipos directivos somos parte implicada y por ello no deberíamos asumir más que aspectos organizativos de esa evaluación y ser también evaluados. Por cierto, imagino que si llega a hacerse esa evaluación, también habría que establecer criterios para evaluar a la inspección, al personal de administración y servicios, ¿a las familias...?
Pero, si hay algo que definitivamente impida la evaluación docente hoy día es el "para qué". Arriba he explicado mis ideas acerca de los objetivos de la evaluación, centrados especialmente en la mejora profesional. Sin embargo, con unos políticos incapaces de ponerse de acuerdo en las líneas generales de la educación, unos políticos que usan la Escuela como un tablero de batalla política, ideológica e incluso religiosa, unos políticos que con una mano aplauden a los profes mientras con la otra les recortan recursos imprescindibles para su trabajo, con esos políticos, la evaluación se convierte en una maquinaria de terror, el instrumento para justificar que no funcionan las cosas que a ellos no les gustan y que hay que promover las que ellos diseñan. Evaluar, para muchos, es una manera de castigar al disidente y premiar al lisonjero. También, si se hace para racionar (que no racionalizar) recursos, se puede convertir en la excusa para privatizar, segregar, excluir... Lo hemos visto demasiadas veces y los resultados han sido demoledores. No, la Escuela no se va al garete por los innoveitors ni por los guruses ni por los profesaurios, tampoco por la LOGSE ni por la LOMCE; la Escuela no arranca porque no hay un pacto de estado a largo plazo que siente las bases de un horizonte educativo en el que todos podamos avanzar hacia objetivos comunes. No existe ese pacto y por tanto no hay ni recursos ni financiación justa. Con una visión de futuro se pueden detectar las carencias y reducir ratios donde haga falta, asignar profesorado para paliar desequilibrios sociales o familiares, trazar mapas escolares con sentido común, eliminar conciertos donde no sean necesarios, potenciar la Escuela pública inclusiva, etc. Por eso, hablar ahora de evaluación docente, cuando hay tantas cosas que solucionar antes, es un tanto temerario, por no decir inconsciente. Espero que a nuestros gestores se les pase esta fiebre evaluadora tan poco meditada y se pongan de verdad a solucionar los problemas de la educación, que empiezan justamente en esa gran pregunta: ¿para qué queremos la Escuela? Mientras tanto, cuenten con que la mayoría de docentes seguirán esforzándose en su trabajo docente y decente, como siempre.

Crédito de la imagen: 'IMG_0037' y 'Feet Direction'

10 noviembre 2018

Sesquidécada: octubre 2003

Creo que es la primera vez que me pasa. Desde que comenzase estas sesquidécadas hace ya casi diez años, no se me había olvidado esta cita mensual del blog, pero resulta que el mes de octubre se ha pasado tan rápido que, cuando me he dado cuenta, estoy casi a mitad de noviembre. Tal vez sea que la lectura de un novelón de Galdós me ha tenido tan absorto, que los días pasaron sin que lo notase. Pongamos, pues, remedio a este olvido con dos reseñas rápidas de aquel octubre de hace quince años.

Asesinato en el Orient Express, de Agatha Christie, no requiere mucha presentación. No sé si aquella fue mi primera lectura o no de este clásico de la novela policíaca. Sé que lo hice por si podía recomendarla en las aulas, aunque no recuerdo a qué conclusión llegué, aunque unos años más tarde sí que leímos en 4º de ESO La ratonera, de la misma autora. Tanto la novela del crimen ferroviario como la película son una auténtica delicia que vale la pena leer y ver, si no se ha tenido todavía ocasión. Lo único malo de Agatha Christie es que puedes morir por sobredosis de crímenes si abusas de sus libros.

He hablado en el blog otras veces de Laura Gallego y de su literatura. En aquellos días leía El valle de los lobos, la primera entrega de lo que luego se convertiría en una saga. Aunque ya no tiene tanto tirón en las estanterías juveniles, Laura Gallego ha sido la gran protagonista en nuestro país de la literatura "adultescente" o young adult. A ella debemos una considerable cantera de lectores actuales que se iniciaron con sus relatos de literatura fantástica. El valle de los lobos contiene todos los ingredientes del género: misterios, amor, transformaciones, seres imaginarios... Después de terminar aquella saga, no he vuelto a leer nada de ella, excepto Finis mundi y el primer volumen de las Memorias de Idhún. Espero que siga brindándonos con el tiempo más éxitos para jóvenes o adultos.

27 octubre 2018

Leyendo en clase

Estamos a finales de octubre y en los dos grupos que tengo de 1º y 2º de ESO, si exceptuamos algunas pruebas iniciales, no hemos hecho otra cosa que leer. En 1º de ESO hemos leído El reino de las Tres Lunas, de Nando J. López, y en 2º de ESO, La piel de la memoria, de Jordi Sierra i Fabra. Los hemos leído enteros, en el aula, en voz alta, participando todo el alumnado. Es posible hacerlo y, bajo mi punto de vista, muy rentable, pues garantiza la lectura sin necesidad de controles ni trabajos en casa. He comprobado la enorme diferencia de niveles de lectura entre alumnos de la misma edad: chavales que pronuncian bien, incluso palabras que no conocen, que hacen las pausas, que modulan la voz según la situación o las marcas de entonación, junto a chavales que se atascan en palabras aparentemente sencillas, que no respetan los acentos, que se saltan la puntuación... Es necesario oírlos para darse cuenta de que muchos de ellos están abocados al fracaso si no tomamos medidas, pues, al no leer bien, no entienden lo que leen, a pesar de que abordamos relatos sencillos. Si en esto se pierden ¿cómo van a comprender una explicación de Historia, de Biología, de Física...?

La lectura en el aula da pie a detenerse periódicamente y explicar el significado de una palabra, de resumir algún pasaje que quizá haya resultado confuso, de retomar día a día una historia que acaban viviendo como algo cercano. Hemos dedicado más de un mes a leer, solo a leer, sin otra distracción, educación sin prisas, festina lente. A partir de ahora comenzaremos a escribir sobre la lectura y, en esta nueva orientación, seguro que vamos introduciendo otros contenidos interesantes, no solo gramaticales o textuales, sino saberes que trascienden de la asignatura de lengua y literatura. Por ejemplo, esta semana que viene, además de la tertulia sobre la lectura como la que ya hemos realizado en otras ocasiones, confeccionaremos los mapas de relaciones de personajes y la ficha de lectura para que no se nos vayan olvidando los detalles. Aquí tenéis el modelo de una de ellas:

Más adelante nos pondremos con las tareas que he diseñado para empezar a trabajar el ABP en estos niveles. En ambos niveles tomaremos como eje los textos periodísticos; en 2º de ESO nos centraremos en un diario impreso, y en 1º de ESO vamos a hincar el diente a los podcasts. Dentro de Bovalar Proyecta ya estamos coordinándonos con colegas de otras asignaturas para ver si llegamos a ser del todo interdisciplinares. Os dejo también el modelo:

Radio Tres Lunas by on Scribd

Por último, si os interesa saber algo más sobre mis enfoques de la lectura en el aula, podéis leer el artículo sobre pautas de animación lectora en Secundaria que preparé hace poco para Carmen Iglesias en IneveryCrea, cuyo vídeo recupero a continuación:

28 septiembre 2018

Sesquidécada: septiembre 2003

Me gustan mucho las novelas de Pérez Galdós. Ojalá tuviese tiempo de leer toda su obra, que me parece un retrato panóptico de su época. Sin embargo, me tengo que conformar con haberme acercado a sus obras más conocidas: Fortunata y Jacinta, Doña Perfecta, Miau, Misericordia... y solo uno de sus episodios nacionales, el que protagoniza esta sesquidécada: Trafalgar.

Casi me avergüenzo de ello, solo una de esas novelas históricas... Leí Trafalgar hace quince años y no he retomado la serie desde entonces, a pesar de reconocer su valía. Tal vez he sucumbido a la sociedad líquida (o gaseosa) que no tiene tiempo para zambullirse en ese tipo de lecturas. Galdós no es un escritor aburrido, sabe mantener el ritmo de la narración y dosificar las descripciones para que el lector no se canse. "No eres tú, soy yo", le diría ahora a don Benito, para justificar mi alejamiento de su obra, para pedirle perdón porque ya hace once años de la última novela suya que leí, Marianela

Por eso, esta sesquidécada, además de dedicársela en exclusiva a él (dejando en el tintero a David Foster Wallace o Andrés Trapiello, entre otros), ha de ser también un propósito de enmienda, una manifiesta declaración de intenciones para retomar su obra, sean episodios nacionales o cualquiera de sus otras novelas, como La fontana de oro o Tormento, a las que todavía no me he arrimado. Si no cumplo la promesa, me someteré a la penitencia que me marquen los lectores de este blog. Ahí queda eso.

Crédito de la imagen: Retrato de Pérez Galdós, por Ramón Casas (MNAC)

24 septiembre 2018

Lo que tengo y lo que quiero

Arrancar el curso es un ejercicio complicado para cualquier docente. En los equipos directivos también lo es, especialmente si se desea que no haya imprevistos y que todo ruede sin complicaciones. Como balance de inicio de curso, en este tercer año del proyecto de dirección, las cosas han ido un poquito mejor que en cursos anteriores, quizá porque casi todos conocemos las líneas de ese proyecto y el horizonte al que nos dirigimos. De los puntos que mencionaba en notas anteriores, hemos ido poniendo en marcha la mayoría. Nos falta mucho por hacer, eso siempre he de decirlo, porque un centro educativo (o un equipo directivo) que considere que todo está hecho sin duda pasa algo por alto. En ese balance inicial, me gustaría contar lo que tengo y lo que quiero, para dejar constancia de las luces y sombras de una gestión que requiere la implicación de muchos. Lo hago también a modo de balance contable, por si algún día la administración quiere saldar cuentas con sus gestores de base. Ahí va esa contabilidad:
  • HABER:
Claustro: tenemos 74 profes, de los cuales 18 son nuevos. Este curso casi todos han llegado a tiempo de empezar. Los hay definitivos, interinos, en comisión, compartidos o a jornada parcial, pero todos ellos participan plenamente de la vida del centro. Tratamos por todos los medios de que se sientan escuchados y acompañados. Es nuestro principal valor.
P.A.S: dicen que son el poder en la sombra y hay algo de razón en ello, ya que su trabajo es fundamental para que el centro funcione. De nuevo, reconozco que tenemos una gran suerte de tener dos conserjes y dos administrativas excelentes, por no hablar de la educadora y el personal de limpieza.
Plan de Formación: orientado hacia el desarrollo de las competencias clave, hemos ido trabajando el ABP, la tutoría, la creación de materiales audiovisuales, las TIC, la evaluación, etc. Este año seguimos en ello, con la participación de más del 70% del claustro en el Plan de Formación en Centros.
Desdobles y refuerzos: las horas de desdobles y refuerzos del Plan de Actuación para la Mejora han permitido que los grupos de 1º y 2º de ESO puedan contar con unos 20 alumnos en casi todas las asignaturas (excepto Música, Educación Física y algunas optativas). 
Atención de PT: disponer de una PT de centro, otra a media jornada y una tercera para la Compensatoria nos facilita la atención para el alumnado con dificultades, aunque los horarios no siempre permiten llegar a todos.
Banco de libros: todos los alumnos del centro tienen derecho a libros o materiales educativos gratuitos. En un centro CAES es una garantía educativa para las familias con menos recursos y un alivio para las economías de todos. La gestión ha sido un extra para el profesorado, que quizá hubiese agradecido una ayuda, pero el esfuerzo vale la pena.
Transporte: la gestión del transporte escolar nos ocupa muchísimo tiempo, a veces más de lo razonable, pero entendemos que es un servicio necesario para las familias y por ello tratamos de alcanzar al mayor número de beneficiarios.
Recursos materiales y equipamiento: contar con un centro relativamente nuevo nos ha permitido ofrecer espacios dignos para la comunidad educativa. Ahora mismo están dotadas casi todas las aulas con ordenador y proyector. Las aulas-materia facilitan el trabajo por proyectos o agrupaciones diferentes en cada asignatura; es una pena que la progresiva masificación del centro dificulte cada día más esta ventaja de los espacios.
Convivencia: este año comenzamos a trabajar la tutoría entre iguales. Es un paso más en la lucha por mejorar la convivencia en el centro. Poco a poco se han ido reduciendo los conflictos graves y queda pendiente la mejora en esos otros choques que se pueden solucionar entre el propio alumnado.
Familias: salvo mínimas excepciones, las familias del centro, a través del AMPA o a título particular, confían en el centro y en sus profesionales. Era algo que también sabíamos desde el principio, que hay que buscar la participación activa y mantener una sana transparencia para que sientan el centro como algo propio.
Colaboración externa: agradezco infinitamente el apoyo de colegas de la universidad, del Cefire, de la inspección educativa, del claustro virtual, de las asociaciones que colaboran con el centro, y de toda esa gente que viene por aquí y nos echa una mano desinteresada de vez en cuando. Es siempre un poco de oxígeno para todos nosotros.
  • DEBE:
Profesorado: aunque la dotación es la que establece la ley, echamos en falta profesorado para que los desdobles estén garantizados en todos los niveles y asignaturas, al menos hasta 3º de ESO. Como he dicho, hay desdobles en 1º y 2º, pero son desdobles parciales (de dos grupos hacer tres ,o de tres hacer cuatro); recuerdo un tiempo en el que los desdobles eran de verdad dos profesores para cada grupo, lo que permitiría, por ejemplo, abordar la docencia compartida. En el fondo, lo que se debería garantizar es una reducción de la ratio en toda la ESO hasta un máximo de unos 20 alumnos por grupo.
Personal no docente: cada día es más necesaria la dotación de personal especializado en convivencia y en bienestar social: profesores técnicos de servicios a la comunidad, educador o trabajador social, enfermero... La compleja vida de un centro educativo requiere tareas para las que no estamos formados los docentes.
Contable o gestor: mucha tarea de los equipos directivos se orienta a campos que requieren una formación administrativa y contable específica. Inventarios, contabilidad, pagos a la tesorería, auditoría... Tal vez un contable compartido entre varios centros bastaría para aligerar esa faena. 
Asistencia técnica: cada día hay más equipamiento tecnológico en las aulas y eso requiere un mantenimiento y asistencia eficaz, que ahora mismo no se da, porque las aulas se han ido dotando con material de retirada de aulas de informática obsoletas. Los profes de informática del centro hacen más faena de la que les toca solo por salvar el día a día. Hace falta más planificación TIC y más recursos para ello.
Aulas: el crecimiento del centro nos está dejando casi sin aulas. Muy pronto estaremos desbordados, pues el instituto estaba pensado para 600 alumnos y ya vamos por más de 700. Con un centro masificado no se puede ofrecer una buena educación.
Familias: solo un tercio de las familias está dada de alta en la web familia, la plataforma que informa de faltas, retrasos e incidentes. Eso quiere decir que dos de cada tres alumnos pueden faltar a clase o recibir amonestaciones sin que se enteren en su casa. Si hay un conflicto de convivencia, los docentes llaman a casa, pero esas otras faltas no se detectan. Insistimos mucho para que las familias participen, pero quizá nos haga falta una escuela de padres y madres para que todos tomemos conciencia de que esa falta de comunicación solo perjudica a los menores.
Agentes sociales: hay mil campañas en marcha, de la policía, de servicios sociales, de Cruz Roja, de asociaciones, etc. pero la sensación es que vienen al centro, dan la charla y luego todo queda en nada. Necesitamos la implicación constante y diaria, no campañas puntuales, sino acción directa, con personas que entren en las aulas y trabajen codo con codo con los profes. Menos dispersión y acciones más intensivas.
Burocracia: a la administración solo le pediría que dejase de abrumarnos con los papeles, con tener que rellenar un mismo trámite por vías diferentes, con hacer tres papeles para una gestión que se soluciona con una llamada telefónica. Es agotador que, tras resolver la tarea importante del día, se tenga que dedicar una hora extra a rellenar formularios o a clicar ítems.


Seguro que me dejo muchas cosas por contar, pero de momento esto es lo que más necesitaba airear. Nada de esto sería posible, como he dicho, sin la colaboración de todo el claustro y del resto del equipo directivo y coordinadores. Ojalá durante este curso crezca el saldo positivo de este balance contable.

Crédito de la imagen: 'Pide un deseo (132/365)'

22 agosto 2018

Sesquidécada: agosto 2003

En estos tiempos de coeducación y de lucha contra el machismo, debería ser inexcusable la lectura de Lisístrata, una de las más divertidas y reivindicativas comedias de Aristófanes. Hace quince años, todavía tenía muy fresca mi formación académica clásica y ello me permitía disfrutar de algunos autores no muy conocidos, como Luciano de Samósata o Julio Obsecuente. Así que fue una sorpresa encontrarme este clásico tan famoso que se me había pasado leer. Por suerte, es una obra muy viva que se sigue representando en la actualidad y que nunca pasará de moda, por su valor cómico y por sus otros valores: la defensa del pacifismo y el poder de las mujeres, entre otros. A diferencia de otros comediógrafos que usan el enredo amoroso como elemento satírico, Aristófanes coloca la huelga sexual de las mujeres en el eje de un conflicto que acerca más a la tragedia que a la comedia. Un gran acierto.
Lisístrata: Lampito, todas las mujeres toquen esta copa, y repitan después de mí: no tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Cleónica: No tendré ninguna relación con mi esposo o mi amante.
Lisístrata: Aunque venga a mí en condiciones lamentables.
Cleónica: Aunque venga a mí en condiciones lamentables. (¡Oh Lisístrata, esto me está matando!)
Lisístrata: Permaneceré intocable en mi casa.
Cleónica: Permaneceré intocable en mi casa.
Lisístrata: Con mi más sutil seda azafranada.
Cleónica: Con mi más sutil seda azafranada.
Lisístrata: Y haré que me desee.
Cleónica: Y haré que me desee.
Lisístrata: No me entregaré.
Cleónica: No me entregaré.
Lisístrata: Y si él me obliga.
Cleónica: Y si él me obliga.
Lisístrata: Seré tan fría como el hielo y no le moveré.
Cleónica: Seré tan fría como el hielo y no le moveré.
(...) Lisístrata: ¿Todas han jurado?
Mirrina: Todas.
Otra lectura que rescato en esta sesquidécada es la novela El hereje, de Miguel Delibes. Después de haber leído el magnífico ensayo de Marcel Bataillon, Erasmo y España, la novela de Delibes se lee con el goce de una novela histórica bien documentada, con el placer de asomarse bien pertrechados a otros tiempos. Una lectura que reúne la mejor prosa del autor con el ambiente de una de las épocas más significativas de nuestra historia. Aunque parezca alejada de sus otras novelas, El camino, Las ratas, Cinco horas con Mario... El hereje sigue indagando en esos temas trascendentales que definen a Delibes y que lo unen a través del tiempo con las inquietudes de la Generación del 98. Una lectura muy recomendable.



Finalmente, rescato otra obra de teatro, más trágica que cómica, y también muy actual, como la de Aristófanes: Muerte accidental de un anarquista, de Dario Fo. Es tan breve que no vale la pena reseñar su argumento, así que os dejo que la descubráis, si aún no la conocéis, en estos pocos días que quedan de verano. Felices postrimerías de agosto.