14 mayo 2022

La educación en la encrucijada

Poco antes de la pandemia tuve la ocasión de visitar la exposición La Nueva Educación, un recorrido por lo que supuso el Instituto-Escuela de la Institución Libre de Enseñanza, en el centenario de su fundación. Nuestro instituto, el IES Bovalar, estaba representado en esta exposición con algunos de los proyectos que en aquel curso se habían desarrollado en las aulas y que ejemplificaban en parte el espíritu de renovación y reforma educativa que habían impulsado Giner de los Ríos y los suyos. Tuve ocasión entonces de conocer algunas de las interesantes experiencias y actividades que se promovían en la ILE heredera de aquella y en la Fundación Giner de los Ríos

Por eso, cuando hace poco se pusieron de nuevo en contacto conmigo para una mesa debate sobre evaluación, en un ciclo denominado La educación en la encrucijada, no tuve dudas y acepté encantado. Estas charlas se organizan en colaboración con el Capítulo Español del Club de Roma, y tienen lugar en la propia sede de la ILE, en un entorno histórico singular, la reformada casa en la que, en 1884, Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío instalaron la sede de la Institución Libre de Enseñanza, una quinta ajardinada en las entonces afueras de Madrid, y hoy en pleno paseo del General Martínez Campos. 

En la mesa debate, que llevaba por título Evaluar el aprendizaje, medir el rendimiento, moderada por Luis Lizasoain (Universidad del País Vasco), participé junto con Analía Leite, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Málaga. Tras la presentación del vicepresidente del Club de Roma y de Luis Lizasoain, los ponentes resumimos en unos quince minutos nuestras reflexiones sobre la evaluación y el aprendizaje, para dar paso posteriormente a un coloquio en el que se respondían las preguntas del público presencial y online. Aquí podéis ver el vídeo del encuentro: 

Debo agradecer a los organizadores la oportunidad de darnos voz a un centro público de Secundaria y también el trato cordial y amable, tanto del Capítulo del Club de Roma como de la Institución Libre de Enseñanza, con especial mención a Carlos Wert y Celia Armenteras, que me dieron ocasión de alojarme en la Residencia de Estudiantes y cumplir así con el sueño de cualquier filólogo o enamorado de la Generación del 27.