Mostrando entradas con la etiqueta McCarthy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta McCarthy. Mostrar todas las entradas

03 junio 2026

Sesquidécada: mayo 2011 (y aniversario del blog)

Pocas veces he publicado la sesquidécada fuera de su mes de referencia. En este caso, la huelga indefinida que estamos llevando a cabo los docentes de la Escuela Pública en la Comunidad Valenciana me ha tenido (y me tiene) ocupada la mente y el tiempo hasta el punto de relegar las notas del blog al último lugar de la lista de prioridades. Fijaos si es así, que hasta este momento ni siquiera he caído en la cuenta de que esta bitácora digital acaba de cumplir 20 años. Es probable que quede todavía alguno de aquellos lectores iniciales y quizá incluso se acuerde del objetivo original: compartir recursos y reflexiones sobre educación. Ahí sigo, 20 años después, con las mismas ilusiones de aquel comienzo, con la convicción intacta de ser una parte fundamental de los servicios públicos y la responsabilidad de educar a las generaciones futuras. En esta huelga que lleva ya 23 días en marcha, he encontrado esa ilusión en un montón de compañeros, en familias, en alumnado, en personas anónimas que nos aplauden en las calles y hacen suya esta lucha por lo público. Han sido 20 años en los que ha pasado de todo y en los que he visto pasar por delante a mucha gente, buena gente con la que he compartido compromisos, otros con los que he discrepado, y unos pocos, por suerte, que hubiera preferido no saber de su existencia. He vivido alegrías y he recibido felicitaciones, he discutido y me he equivocado, me han insultado y me he indignado, pero tengo tan tranquila mi conciencia que, a veces, repaso la hemeroteca y sigo republicando reflexiones de hace años sin ningún remordimiento ni arrepentimiento. Desde hace años vengo leyendo a algunos resentidos que me achacan ansias de medrar, pero aquí sigo, al borde de la jubilación, en mi centro de especial dificultad, rodeado de mis colegas y alumnos que son los que me hacen feliz, no como esa administración tan taimada y oscura que solo busca hundir aún más lo público, con la inestimable servidumbre de unos lacayos que viven de recompensas tan efímeras como el recuerdo que dejarán en su alumnado. En fin, que esta nota solo iba a ser una reseña de lecturas añejas de hace quince años, y casi se convierte en un epitafio bloguero. Vayamos, pues, a lo nuestro.



La primera lectura recuperada es la novela Expiación, de Ian McEwan, una obra que me dejó muy buenas sensaciones y que no descarto volver a visitar porque creo que las reseñas no le hacen justicia. Se trata de una novela con diferentes puntos de vista sobre la realidad y cómo esa perspectiva puede cambiar la vida de las personas. También del autor leí Chesil beach, otra lectura a la que guardo especial cariño.


Muy diferente es la novela de Cormac McCarthy Meridiano de sangre. Las obras de este autor no dejan a nadie indiferente, especialmente en lo que se refiere a la violencia más o menos gratuita (que nunca lo es). En esta ocasión esa violencia se viste con los ropajes de western para mostrarnos la barbarie de una sociedad sin valores. Desde luego, hay que leer en algún momento a este autor, empezando sin duda por La carretera.

03 enero 2023

Sesquidécada: enero 2008

Vamos a por el decimoquinto año de sesquidécadas, un año que me llevará a un curioso bucle de lecturas y relecturas, ya que al acabar coincidiré con el inicio de estas sesquidécadas, en enero de 2009. ¿Tendré que reseñar entonces aquellas relecturas y doblar como un calcetín la sesquidécada o habré de ceñirme exclusivamente a las lecturas contemporáneas? Eso me pasa por no prever con antelación que quince años no son nada...

En cualquier caso, tengo por delante todo un año para reflexionar sobre ello, incluso con la azarosa probabilidad de que deje de escribir aquí o que cierren definitivamente los blogs, cumpliéndose aquel pronóstico que viene de tan lejos. Pero, dejémonoso de elucubraciones y vayamos al lío.


Tenemos en esta sesquidécada un trío de lecturas variadas. Para empezar, un clásico de los superventas, que sigue siendo una buena propuesta para el aula, aunque ya hay película: El niño con el pijama de rayas, de John Boyne. No es necesario explicar su argumento, centrado en los campos de concentración nazis, porque casi todo el mundo ha oído hablar de ello. Es una novela ligera, con un enfoque bastante original y sin demasiados elementos melodramáticos, si exceptuamos su desenlace. Como digo, puede ser una lectura recomendada para trabajar en el aula, ampliando su sentido hacia cualquier tipo de exclusión o xenofobia. 


La segunda novela me marcó bastante en su momento. Se trata de La carretera, de Cormac McCarthy. Es una narración dura, muy en la línea de su autor, con una sobriedad que ayuda a marcar la soledad y devastación que rodea a sus protagonistas. Una road movie distópica que también habla de afecto y esperanza, a su manera. Creo que es un clásico de nuestra época, una obra que ha creado escuela y que merece la pena leer.

Finalmente, recomiendo un ensayo de José Antonio Millán, Perdón, imposible, un libro divulgativo muy ameno sobre cuestiones referidas a la puntuación. Al margen de las cuestiones ortográficas o de estilo, el autor utiliza unos ejemplos y textos sugerentes, que evitan que se convierta en una lectura demasiado técnica. Ideal para ese gramático que todos llevamos dentro. 



10 noviembre 2019

Intemperie: de la literatura al cine (y la educación)

En la primavera del 2013 reseñaba en este blog la impresionante novela de Jesús Carrasco, Intemperie. Seis años después, la incansable Mercedes Ruiz, dentro de las iniciativas de fomento del cine en el ámbito educativo, a través de Cero en conducta, nos ofreció participar en el preestreno de la adaptación cinematográfica de Benito Zambrano, que se estrena oficialmente el próximo 22 de noviembre. Acompañado de varios colegas (María José Chordá, Inma Sánchez, Pilar Pérez Esteve...) pudimos disfrutar de esta película cuya reseña os dejo a continuación:

Intemperie: el rastro de una tierra arrasada

No, Intemperie no es un western, por mucho juego que pueda dar la estética del filme en los carteles y en los tráilers. Intemperie pertenece al género patrio de la España asolada, un género que va desde las Hurdes de Buñuel a El olivo, de Bollaín, pasando, cómo no, por Los santos inocentes, de Camus: películas que no son homenajes a los colonos americanos ni a sus bravos soldados, sino rastros de una tierra arrasada por la miseria, el odio y la codicia. Intemperie, al igual que Los santos inocentes, tiene también detrás a Delibes, un Delibes de lo sórdido, que parece poseído en la distancia por el sangriento espíritu de Cormac McCarthy. Intemperie nos enseña qué le ocurre a un país cuando se entrega como despojo de guerra a las alimañas, pero también nos enseña que doblegarse no es la única solución: doblarse no es doblegarse y, si eres flexible, no te rompes. La película de Benito Zambrano construye un relato impresionante sobre el paisaje y la desolación, el paisaje que nos rodea y el que llevamos dentro. 
Construye además un relato diferente de la novela de Jesús Carrasco en la que se basa. No se encontrará el espectador una adaptación, sino una reconstrucción que mantiene la dureza y el tono angustiado de la novela, pero aportando una dimensión diferente, mucho más sensorial, más centrada en las relaciones de los personajes que en la introspección. Y, de fondo, ese paisaje literario, el vacío de la Región de Benet, el sofoco de los campos de Níjar de Goytisolo, el desamparo de los caminos de Aldecoa... todos ellos refundidos en una soberbia fotografía que nos deja sin aliento.
En cuanto a los personajes, poco se puede decir sin desvelar la trama. Sus nombres bien podrían formar parte de un auto sacramental, casi una danza de la muerte en la que todos parecen invitados a bailar. Incluso podríamos pensar en el valor alegórico de la película, un valor que se condensaría en esta brillante frase: “no culpéis a los niños de la maldad de los adultos”. Una frase que todo educador debería llevar grabada a fuego en el pecho.


#Intemperie en Twitter