Pocas veces he publicado la sesquidécada fuera de su mes de referencia. En este caso, la huelga indefinida que estamos llevando a cabo los docentes de la Escuela Pública en la Comunidad Valenciana me ha tenido (y me tiene) ocupada la mente y el tiempo hasta el punto de relegar las notas del blog al último lugar de la lista de prioridades. Fijaos si es así, que hasta este momento ni siquiera he caído en la cuenta de que esta bitácora digital acaba de cumplir 20 años. Es probable que quede todavía alguno de aquellos lectores iniciales y quizá incluso se acuerde del objetivo original: compartir recursos y reflexiones sobre educación. Ahí sigo, 20 años después, con las mismas ilusiones de aquel comienzo, con la convicción intacta de ser una parte fundamental de los servicios públicos y la responsabilidad de educar a las generaciones futuras. En esta huelga que lleva ya 23 días en marcha, he encontrado esa ilusión en un montón de compañeros, en familias, en alumnado, en personas anónimas que nos aplauden en las calles y hacen suya esta lucha por lo público. Han sido 20 años en los que ha pasado de todo y en los que he visto pasar por delante a mucha gente, buena gente con la que he compartido compromisos, otros con los que he discrepado, y unos pocos, por suerte, que hubiera preferido no saber de su existencia. He vivido alegrías y he recibido felicitaciones, he discutido y me he equivocado, me han insultado y me he indignado, pero tengo tan tranquila mi conciencia que, a veces, repaso la hemeroteca y sigo republicando reflexiones de hace años sin ningún remordimiento ni arrepentimiento. Desde hace años vengo leyendo a algunos resentidos que me achacan ansias de medrar, pero aquí sigo, al borde de la jubilación, en mi centro de especial dificultad, rodeado de mis colegas y alumnos que son los que me hacen feliz, no como esa administración tan taimada y oscura que solo busca hundir aún más lo público, con la inestimable servidumbre de unos lacayos que viven de recompensas tan efímeras como el recuerdo que dejarán en su alumnado. En fin, que esta nota solo iba a ser una reseña de lecturas añejas de hace quince años, y casi se convierte en un epitafio bloguero. Vayamos, pues, a lo nuestro.
La primera lectura recuperada es la novela Expiación, de Ian McEwan, una obra que me dejó muy buenas sensaciones y que no descarto volver a visitar porque creo que las reseñas no le hacen justicia. Se trata de una novela con diferentes puntos de vista sobre la realidad y cómo esa perspectiva puede cambiar la vida de las personas. También del autor leí Chesil beach, otra lectura a la que guardo especial cariño.
Muy diferente es la novela de Cormac McCarthy Meridiano de sangre. Las obras de este autor no dejan a nadie indiferente, especialmente en lo que se refiere a la violencia más o menos gratuita (que nunca lo es). En esta ocasión esa violencia se viste con los ropajes de western para mostrarnos la barbarie de una sociedad sin valores. Desde luego, hay que leer en algún momento a este autor, empezando sin duda por La carretera.
1 comentario:
Primero, felicidades por el aniversario, soy de los que te leo (casi) desde el principio, y tus memorias de trimestre, las sesquidécadas y las actividades, especialmente de los grupos camarón etc siempre han sido muy inspiradoras. Ánimo por la huelga y enhorabuena por perseverar: en las reivindicaciones, en tu centro y aquí mismo
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