25 abril 2014

Sesquidécada: abril 1999

El protagonista de esta sesquidécada es bien conocido: Ramón del Valle-Inclán. Más de una vez he declarado mi veneración por Luces de bohemia, la que considero su obra maestra. Sin embargo, la relectura de otras de sus obras me llevan a considerar a Valle como una de las figuras más destacadas de la literatura y cultura del siglo XX. Pienso en sus Comedias bárbaras, en las Sonatas, en las novelas del Ruedo ibérico, en el Tirano Banderas... tan distintas unas de otras, tan magistrales todas ellas y creo que tardaremos bastante en encontrar una figura de tamaña valía.

Recupero en esta ocasión una de sus obras menores, los esperpentos que configuran Martes de carnaval: Los cuernos de don Friolera, La hija del capitán y Las galas del difunto (por suerte, podemos ver incluso su versión televisiva). Aunque la unidad del conjunto reside en las referencias al estamento militar y al concepto del honor, creo que lo más valioso es su estilo y la agudeza de su visión crítica. Parece que detrás de cada palabra haya una carga de profundidad hacia una sociedad entumecida y anclada en lo más rancio y trasnochado. 
Quisiera aprovechar también para rescatar una pequeña obrita que aparece en mi edición de Espasa titulada ¿Para cuándo son las reclamaciones diplomáticas? Es tan breve que se puede leer en apenas unos minutos. ¿Lo probáis? 

Son solo unos minutitos...

Si la habéis leído os animo a compararla con alguna de las viñetas de Néstor Alonso, como esta que ilustra mi nota o con otras del mismo estilo. ¿Tanto se diferencian estos tipos grises de los de Valle?

Me hubiese gustado disponer de una máquina del tiempo para ver la España de Valle y poder compararla con la nuestra. O quizá mejor traerme a Valle a esta España del siglo XXI que tan poco se ha distanciado de la suya en muchos aspectos. Como dice Curro en Los cuernos de don Friolera, "en general, la clase de oficiales es decente. El mal está en los altos espacios. ¡Allí no entienden si no es por miles de pesetas!".
Valle seguro que nos hubiese ilustrado bien sobre la marca España y el casticismo, aunque me da la impresión de que el esperpento se le quedaría corto en ocasiones.

6 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Valle-Inclán es otro escritor completamente olvidado,es más, y también poco entendido. Cuando hoy podemos comprobar que los escritores actuales ponen a hablar a sus protagonistas por igual,Valle ya les daba a cada uno una voz personal,porque nadie se expresa por igual en la vida real.Valle tenía oído para eso. Valle funda para siempre la novela latinoamericana con su Tirano Banderas,que nadie de aquel país quiere reconocer. ¿Quién sino él es todo el teatro de la generación del 98? Valle sigue siendo moderno aunque escriba de las guerras carlistas.Valle está con nosotros en nuestra España esperpéntica contemporánea. El golpe de estado,sin ir más lejos,con aquel tipo de los mostachos y el cinto mal puesto y pegando tiros: situación y personaje Valleinclanesco.
Siempre recomiendo,a las nuevas generaciones, para adentrarse en él que lean Los botines blancos de piqué,de Francisco Umbral.Insuperable.

Un saludo,después de tanto tiempo.

Toni Solano dijo...

Gracias, Francisco, por tu comentario de lujo :) Por cierto, habría que recomendar también la biografía de Valle que hizo Ramón Gómez de la Serna, un retrato valleinclanesco de primera calidad.

Joselu dijo...

El Bigotes, Bárcenas, Urdangarín, Esperancita, Camps, El Pocero y una larga pléyade de castizos chorizos o corruptos hubieran dado para una serie de esperpentos magistrales en la pluma de Valle. Sin duda, hay materia prima, pero yo me pregunto si el ciudadano medio español se pasa la vida en la taberna o yendo a los toros o practicando la vida cañí que tan bien caricaturiza Valle. Es bien cierto que los españoles seguimos siendo muy diferentes del resto de Europa. En una manzana de casas de una ciudad española hay más bares que en todo Estocolmo, la cultura no ocupa un lugar privilegiado en las preocupaciones de la gente, seguimos considerando el trabajo como una maldición bíblica, y eso sí somos especialistas en aquello que se llamó en el siglo XVI con el nombre de arbitristas que sabían en dos palabras cómo arreglar todo en dos jetazos. Me pregunto si hay algo de atávico en el carácter español cuna y gloria del esperpento, y a la vez del genio como Ramón y Cajal, Ortega, María Zambrano, Picasso, Menéndez Pidal, Unamuno, Valle… No sé si la realidad es como aquella, si nosotros nos vemos reflejados en el Rey de Portugal, la Pisabien, la mujer con el niño muerto en brazos, la Lunares, don Lati, Picalagartos… ¿Hemos cambiado o somos sucesores de aquellos personajes?

eduideas dijo...

Creo que ya comenté en otra sesquidécada que de Valle Inclán yo me quedo con las Sonatas, aunque el esperpento, ese humor ácido y grotesco deja sus huellas en muchos libros, incluso series televisivas. Es ese humor lo que quizá es más próximo a los alumnos y por ahí podrían acercarse al creador del esperpento.

Vicente Torres dijo...

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Carlota Bloom dijo...

¿Qué puedo hacer, sino quitarme el cráneo o ponerme estupenda? Pues nada, solo decir que me pasa lo que a ti, Toni, que cuanto más lo leo, más me gusta, y más pienso que efectivamente es difícil encontrar un creador capaz de llegar a su altura, por muchos motivos: su extraordinaria capacidad de manejar el lenguaje y, como dice Francisco Machuca, de hacer que cada personaje tema su peculiar manera de hablar, por su mirada certera, ácida, distante nada complaciente sobre el mundo que le rodea; por su dominio de lo dramático -qué valor en esos años pensar en una "Comedias bárbaras", o en yuxtaponer escenas como en "Luces...", o tratar el tema del honor o de los cuernos como lo hace en "Martes..."-. Tomo nota de las recomendaciones de los comentaristas. Me encanta descubrir lo que me queda por leer.
Un abrazo (y no te enternezcas ;-)