21 agosto 2012

Sesquidécada: agosto 1997

Los meses de agosto producen casi siempre lecturas desordenadas y con cierta tendencia al caos. En esos catálogos veraniegos lo mismo se puede hallar un best seller que un sesudo ensayo, un breve opúsculo o un tocho de mil páginas. En el agosto de 1997 encuentro junto a las recopilaciones de cuentos de verano, regaladas por revistas de la época, un monográfico sobre la filosofía del amor en la literatura española de los Siglos de Oro; pegadito a las historias del Padre Brown, del divertido Chesterton, hallo un librito de divulgación acerca de criptografía. Pero como una sesquidécada debe ceñirse a la selección de entre uno y tres libros, debo rescatar sin duda la magnífica novela Sostiene Pereira, del recientemente fallecido Antonio Tabucchi. Se trata de una obra impresionante en cuanto al estilo y en cuanto al contenido. Ambientada en la ciudad de Lisboa durante la dictadura de Salazar, el personaje de Pereira representa la libertad de prensa y de conciencia, así como la lucha contra el totalitarismo. El ritmo de la narración llega por momentos a ser tan opresor como el contexto en el que se desarrolla la trama.
En aquel de agosto de 1997 también leí los Evangelios, pero abordar mis impresiones sobre su lectura en este blog, tanto en lo literario como en lo político-religioso, puede convertirse en un ejercicio de riesgo extremo para este otro tranquilo mes de agosto en el que aún nos quedan unos cuantos días para disfrutar de lecturas al sol. Por cierto, desde principios de año voy recopilando mis lecturas en un tablero de Pinterest; lo digo por si alguien se anima a compartir también las suyas.

8 comentarios:

eduideas dijo...

Miro Pinterest pero la verdad es que prefiero esperar a la sesquidécada con sus conentarios. De lo que reseñas solamente he leído Pereira, pero se ha hablado demasiado de este libro, así que prefiero decir que sí, que en agosto se dan las lecturas más extrañas porque muchas veces esperamos a vacaciones para tener tiempo de leer alguna cosa especial, rara o que requiere de otra actitud. ¿Qué tal estaba el ensayo sobre el Siglo de Oro? Sobre los evangelios, hace poco publicaron una edición que incluye tanto los canónicos como los apócrifos ¿la has visto?

Antonio dijo...

Eduideas: Pinterest es una herramienta curiosa, muy visual y con el componente social inevitable en esta época. Como dices, frente al mero catálogo de Pinterest, las sesquidécadas exigen selección, dejar fuera mucho y pensar bien cuál es el poso de ese caos. El ensayo de literatura y amor era demasiado técnico, creo recordar, e iba orientado a los referentes clásicos de algunos de los tópicos literarios del momento. Aquel interés por descifrar las fuentes originales es el que me llevó también a la Biblia, aunque con un enfoque totalmente literario. No he leído los apócrifos, aunque algún día me animaré. Quedé muy decepcionado con la lectura tergiversada que hacen todas las religiones de textos que están muy por encima de cualquier imposición dogmática e interesada de unas minorías. No me cabe duda de que si Jesucristo regresase hoy día, volvería a ser crucificado por los jerarcas religiosos.

Carmen Iglesias dijo...

Sin palabras, cada día me dejas más alucinada. De dónde sacas tiempo para tanto, mejor dicho, pásame la fórmula para aprovechar tan bien el tiempo.

Nos vemos pronto

Joselu dijo...

No suelo apuntar los libros que leo, lo que es algo muy poco útil, pero sí recuerdo este verano de 1997 puesto que mi hija Clara tenía cuatro meses y nos fuimos con ella a Tenerife. Leía mientras ella dormía. Y recuerdo una relectura gozosa de Cien años de soledad, y una incursión en la literatura brasileña con Gabriela, clavo y canela de Jorge Amado y Capitanes en la arena del mismo autor. Mis lecturas van unidas a la maravilla de tener un bebé cerca de mi. También aquello está unido en mi recuerdo en julio de 1997 al asesinato de Miguel Ángel Blanco.

He leído Sostiene Pereira y recuerdo que me gustó mucho pero he olvidado completamente su lectura, y eso no está bien. He de volver a él en cuanto llegue a Barcelona.

Este está siendo uno de los veranos más intensos de lectura que recuerdo. Me paso el día devorando libros con un ansia que solo puede ser explicada por mi atonía lectora anterior. Ahora estoy en la biblioteca de Foz con mi sobrino de ocho años al que, como a todos, le absorben los aparatos electrónicos, pero este espacio puede ser una excepción rodeado de libros apetecibles.

En cuanto a los evangelios... acabo de leer una interpretación judía que los considera un apéndice mínimo de la Biblia. Es curioso y sobrecogedor que se llegara a asesinar por los medios más crueles a miles y miles de personas durante tantos siglos en nombre de estos textos sagrados. Probablmente solo nos quede La historia universal de la infamia como tituló Borges a aquel espléndido libro de relatos. Un cordial saludo.

Antonio dijo...

Carmen: Es una suerte poder leer sin límites, gracias a las bibliotecas y ahora a los libros electrónicos. No son las sesquidécadas una fanfarria para exhibir cantidades devoradas, sino más bien un ejercicio de reconstrucción pública de los recuerdos lectores. Gracias por el comentario y espero que te animes a crear tu propio panel en Pinterest :)
Joselu: El 97, en otoño, fue también el año de estreno de mi paternidad, algo que marca también las lecturas. Tu reflexión acerca de los libros sagrados es muy reveladora y coincido en ese sentimiento de desolación al comprobar que lo que para nosotros es fuente de goce lector para otros no es más que la excusa para oprimir, excluir y aniquilar. Un abrazo.

Emili dijo...

He leido Sostiene Pereira y me ha parecido muy interesante. Gracias por la reseña.

Lu dijo...

Suelo apuntar los libros que leo, bueno, solo los que verdaderamente me han gustado. Tengo un diario de lecturas algo selectivo. Por cierto, en él figura el título de otra obra de Tabucchi que quizá conozcas: "La cabeza perdida de Damasceno Monteiro". A mí me encantó.

La maternidad también fue un período vinculado a la lectura. Recuerdo que entre las dos primeras tomas nocturnas de mis dos hijos, leía y leía y leía. Luego por las mañanas, el sueño me vencía, pero era placentero recordar el silencio robado a la noche.

Antonio dijo...

Emili: Gracias por pasarte por aquí y por comentar. Bienvenido al blog.
Lu: Creo que una lista de lecturas es simplemente un acta notarial; por eso defiendo y mantengo estas sesquidécadas que me obligan a trillar y espigar. Gracias por la recomendación de esa otra novela de Tabucchi, que ya tengo a medias en mi ebook :)