17 marzo 2010

Sesquidécada: marzo 1995

Apenas una semana después del día de la mujer, por azares caprichosos y paradójicos del espacio-tiempo, conmemoro en esta sesquidécada la lectura de uno de los grandes misóginos de nuestra literatura castellana: Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talavera. Su obra homónima, más conocida como Corbacho, es una muestra de esa literatura moralizante medieval anclada en la repetición de consignas de los Padres de la Iglesia. No es, pues, una excepción en su época, pero es verdad que destaca entre otras obras de la misma calaña por la fijación perversa en la maldad del sexo femenino, a quien dedica todo un tratado (aunque en el resto de la obra tampoco se priva de seguir despotricando contra las mujeres). En el tratado segundo, podemos encontrar títulos tan sugerentes como estos:
  • De los vicios y tachas y malas condiciones de las perversas mujeres, y primero digo de las avariciosas
  • De cómo la mujer es murmurante y detractadora
  • De cómo las mujeres aman a diestro y a siniestro por la gran codicia que tienen
  • Cómo la mujer es envidiosa de cualquiera más hermosa que ella
  • Cómo la mujer según da no hay constancia en ella
  • Cómo la mujer es cara con dos haces
  • Cómo la mujer es desobediente
  • De cómo la mujer soberbia no guarda qué dice ni hace
  • Cómo la mujer es dotada de vanagloria ventosa
  • De cómo la mujer miente jurando y perjurando
  • Cómo se debe el hombre guardar de la mujer embriaga
  • De cómo la mujer parlera siempre habla de hechos ajenos
  • Cómo las mujeres aman a los que quieren de cualquier edad que sean
Allí se recogen toda clase de ejemplos y avisos contra las mujeres, muchos de ellos de carácter folclórico que estaban presentes en obras como el Espill, de Jaume Roig o el Sendebar. Y, por si no quedaba claro, nuestro Arcipreste, en algún otro punto, lo sentencia:
¿Cuántos enemigos tiene el mezquino del hombre? El mundo, el diablo y la mujer.
Estas burlas y denuestos contra la mujer sabemos que se perpetúan a lo largo de los siglos, con algún repunte en autores como Quevedo, que afila su pluma satírica en esta prolongada tradición.
Había pensado traer a esta sesquidécada otra lectura (de Viktor Sklovski), pero mejor lo dejo para otra ocasión. Prefiero apuntar unas reflexiones al hilo de la misoginia que nos llevarían de la Edad Media hasta nuestros días.
Y, como cierre, comparad los textos del ínclito Arcipreste con este anuncio de hace cuatro días, a ver si notáis la diferencia:

14 comentarios:

Joselu dijo...

La verdad es que el anuncio de Soberano es tronchante. Y el arcipreste de Talavera también, y Quevedo en los Sueños. La misoginia es una corriente siempre viva. Existe una dialéctica entre los dos sexos que pervive. Afortunadamente hemos avanzado en este país mucho, pero hay quienes lamentan que ya no veamos los hombres a las mujeres como mujeres sino como seres asexuados, mientras que muchas mujeres sí que ven a los hombres como hombres sexuados. En mis conversaciones con amigos jamás sale el motivo sexual. Si existe, lo guardo para mi mundo interior. Yo no sabría compartirlo con nadie y menos con un hombre. Yo no hice despedida de soltero, pero las amigas de la que fue mi mujer sí que le hicieron una pícara despedida llena de referencias. No sé si las mujeres ahora se han convertido en las que expresan más libremente sus deseos y los hombres en general nos hemos quedado en un terreno asexuado, como decía. En todo caso, cuando leo El corbacho no dejo de sonreírme por esa diatriba hilarante sobre las maldades del sexo femenino que sigue existiendo en el mito de la mujer fatal en el cine y en la literatura. Las mujeres son lo mejor de este mundo, pero que no te toque ninguna perversa, porque entonces sabrás lo que es bueno. Un cordial saludo.

Marcos Cadenato dijo...

Jodé con el tratado segundo del de Talavera y ¡sin copita de Soberano!, olé... Y el anuncio tiene todos esteorotipos que se han ido destarrando, afortunadamente, en estos últimos años: mujer sumisa, vidente avispada y marido alcohólico... ¡políticamente correcto, oiga usted!

Carlota Bloom dijo...

El Corbacho me pareció un horror, y no sólo por el contenido misógino -qué iba a hacer el hombre, tan medieval él- sino por el tono tan panfletario: da la sensación de que se tiene que convencer a sí mismo de las maldades femeninas de las que habla; el de Hita, al menos, tiene más gracia con las serranas. Es muy fecunda esta tradición de la literatura misógina; hace poco, en clase de Literatura universal, hemos leído algunos cuentos de El Decamerón y el amigo Bocaccio también se las trae. Y a la que le dan ganas de atizarse una copa de lo que sea después de ver el anuncio es a mí (menos de Soberano, que es cosa de hombres...)

Antonio dijo...

Joselu: Suena a topicazo, pero a ciertos hombres -con conciencia- nos ha tocado vivir la peor época, pues debemos pedir perdón continuamente por los errores de nuestros ancestros y de nuestros congéneres cabestros todavía por educar. El ejemplo que citas es muestra de ello. Como tantas otras cosas de este país, estamos pasando de un extremo a otro, y nos queda esperar que el péndulo marque algún día el equilibrio.
Marcos: Todo un lujo de anuncio, pero si rastreas por la red verás que no es caso único. Hasta el arcipreste se queda corto en la comparación....
Carlota: Quizá como mujer no puedas leerlo sin alterarte ;-) Para los hombres, acostumbrados como andamos al chiste fácil, el Arcipreste tiene ese punto de 'colega machista pesado' que sólo cuenta chistes malos de mujeres. En fin, que somos de neurona liviana.

RFT dijo...

¡Qué curioso y sincrónico es todo esto!
Tengo 55 años. Soy un maldito abogado. En octubre comencé el Máster de Formación de Profesorado de Secundaria y Bachillerato en la UAM y, tras un módulo genérico, en enero inicié la especialidad de lengua y literatura. Es lo que sustituye al antiguo CAP y un desastre, pero somos la primera promoción.
Intento sobrevivir a las presiones de este nuevo Máster y a sus fallos. También intento seguir trabajando. Seguramente no pueda opositar. Me voy a vivir a Barcelona y necesitaré acreditar un pequeño nivel de Catalán. Tampoco me quedan muchos años para una vida docente activa.
Llevo dos semanas de prácticas en un centro, entre juicio y juicio, y le leo a usted hace mucho, comparando sus comentarios y trabajos con lo que yo veo, incluso lo que veo en la sala de profesores y lo que usted ve.
Ya tuve un enlace con usted muy curioso a raíz de La Celestina y esas cosas que han dicho sus alumnos sobre que Calisto era el primer "ni-ni"
Pero lo mejor es que hace unas dos horas he enviado un trabajo sobre un texto del capítulo VII, segunda parte, del Corbacho y usted tiene ese libro en primera línea. Lo he hecho como parte de la asignatura de Tendencias Lingüísticas actuales y me he divertido mucho con las opiniones de Ángel del Río y con la cantidad de libros que en esa época debatieron la situación de la mujer.
Debía contárselo.
Buenas noches.
Muchas gracias.

Eduardo Larequi García dijo...

Ayer leí tu entrada por la noche, en la PDA, y me dije que iba a comentarla, pero el artefacto es bastante desagradable para tales usos (además, el navegador no permite reproducir los vídeos en Flash embebidos).

Ahora, delante de un monitor como Dios manda, se me ocurre que Carlota tiene mucha razón: probablemente el Arcipreste de Talavera si siquiera se cree del todo lo que está escribiendo.

En cambio, me permito discrepar levemente de lo que ha señalado Joselu. Yo también soy muy celoso de mi intimidad, especialmente en ciertos temas, pero tengo que reconocer que las conversaciones sicalípticas (con las debidas precauciones) son uno de los grandes placeres de la vida, aunque no lo solamos reconocer.

JLG dijo...

Antonio, menudo viaje que le arreas al pobre arcipreste. Por lo menos, reconocerás que el libro tiene partes ágiles y graciosas.

En una ocasión, hicimos unas lecturas dramatizadas de algunos fragmentos y mis alumnas se divirtieron mucho porque, en lo esencial, se reconocían en los textos.

Estoy de acuerdo con Eduardo en que las conversaciones sicalípticas (con las debidas precauciones) son uno de los grandes placeres de la vida. Por cierto, vaya palabra. No la veía desde La Perla. Colección de lecturas sicalípticas, sarcásticas y voluptuosas. ^___^

Saludos.

blogge@ndo dijo...

Sólo he tenido un pensamiento positivo al ver el anuncio: que me ha parecido tremendamente antiguo y fuera de onda. Sin embargo, creo que hoy la cuestión va por caminos quizás más peligrosos: ver "I love Escasi"

Antonio dijo...

RFT: Muchísimas gracias por tu comentario (aquí se pierde siempre el usted, que hay confianza). Me alegra que hayas pasado para dejar esas impresiones sobre las que apuntaré alguna cuestión: Nunca digas nunca jamás; también yo empecé Filología por placer, sin pensar que llegaría a dedicarme a ello profesionalmente, y ya me ves. Las salas de profesores y las aulas son entidades dispares, a veces de realidades lejanas e incompatibles; unos viven el pasado y otros el futuro y sólo la voluntad de presente nos une. Y del Corbacho, por lo menos ha servido para que siglos después aún sigamos hablando de él. Un saludo y vuelve cuando quieras.
Eduardo: Ya te veo que estás hiperconectado, tanto a la literatura como a las veleidades de la vida y las relaciones humanas ;-)
José Luis: Al Arcipreste le sigo viendo el punto de amargado, a pesar de que algunas de sus historias tengan un toque cómico. Esa visión intrascendente sí que la noté en Jaume Roig, que tiene el morro de decir que todas las mujeres son unas ... excepto la Virgen y su propia madre; ¡cómo lo vas a tomar en serio!
blogge@ndo: ¡Cuánta razón! Los modelos que ofrecen los programas de masas son demoledores: las mujeres famosas lo son por haberse acostado con hombres famosos por su oficio. Y no hablemos ya de las teleseries... todo eso cala en los jóvenes de una manera espantosa, hasta el punto de que algunas chicas reconocen que sin un hombre no serían nada... chicas del siglo XXI.

Felipe Zayas dijo...

Lo que más me ha gustado de esta conversación ha sido la expresión "conversaciones sicalípticas", usada por el amigo Eduardo. Me muero de ganas de volver a encontrarme con él y tener una de estas conversaciones, pues yo tampoco le hago ascos (con todas las debidas precauciones que quiera poner Eduardo).

Antonio dijo...

Felipe: Se nota que la primavera hace revivir, al menos, el gusto por las palabras. Según una maliciosa etimología la palabra sicalíptico viene del griego sikov, higo, y aleyxis, acción de untar, frotar (se non è vero, è ben trovato); de ahí que el diccionario de la RAE ofrezca este significado: "Malicia sexual, picardía erótica". Me quedo con lo de picardía ;-)

Lu dijo...

La selección de títulos constituye un verdadero tridecálogo de los vicios y defectos de la mujer. (La literatura siempre dando ideas a los publicistas).
No sé si ando equivocada, pero cuando el tema de la misoginia se remonta a épocas pasadas, se minimiza su trascendencia y hasta despierta simpatías. No a mí, claro.

Miguel dijo...

Hoy sería casi un pecado emitir un anuncio como el que tú nos propones. Hoy, por suerte, se han superado muchas barreras que desde la noche de los tiempos había entre el hombre y la mujer. Hoy, en teoría, hay igualdad y se respetan los sexos. La práctica, en cambio, nos dice todo lo contrario. Si no, no hay más que ver las barbaridades que se cometen en este mundo actual. Por supuesto, me estoy refiriendo a los crímenes machistas y el maltrato. No sé si la teoría servirá para algo, porque un país que enarbola la bandera de la igualdad con orgullo, no puede tenenr estas cifras de crímenes por razón de sexo.

Un abrazo.

Antonio dijo...

Lu: La literatura se nutre de la vida; no quiero ni pensar en la situación de la mujer medieval viendo cómo estaban hace treinta años. En cuanto al humor machista, como todo, hemos llegado al extremo de no saber reírnos de nosotros mismos, quizá porque detrás de todo ello hay dolor y muerte.
Miguel: No creo que estos estereotipos estén desterrados en la actualidad; la publicidad ha sublimado esos tópicos y los vende con un aire de modernidad. Basta ver anuncios de coches, de colonias, de licores... para detectar el mismo poso machista.