22 junio 2009

Sesquidécada: junio 1994

Una vez más, en lugar de elegir dos lecturas, prefiero elegir dos autores. La elección se debe a que las obras que leí de ellos en este mes no son las más representativas, ni siquiera las mejores. Podía haber elegido otras lecturas de aquel mes de junio de hace quince años, pero ya he hablado aquí de Cortázar o Rulfo, y quizá con estos calores no apetezca hablar de Valera o Ruiz de Alarcón, que son escritores más de chimenea que de playa. La cuestión es que voy a contar algo sobre Julio Llamazares y sobre Howard Phillips Lovecraft.
El primer libro de Llamazares que leí fue, cómo no, La lluvia amarilla. Creo que muchos lectores se han enganchado a las letras contemporáneas con este libro, al menos los de mi edad. Fue un bombazo que corrió de boca en boca hasta convertirse en un best seller: la memoria del habitante de un pueblo del Pirineo que va quedando despoblado. En la estela de aquél, fui leyendo todo lo que Llamazares publicaba: Luna de lobos, En Babia, El río del olvido, Escenas de cine mudo. Esta última es la que corresponde a aquel junio de 1994, cuando el escritor tenía más eco en las páginas de los suplementos dominicales que en las librerías. Hace cuatro años publicó El cielo de Madrid, una especie de novela en clave sobre el retiro voluntario de un escritor (¿él mismo?). Preparada para este verano tengo Las rosas de piedra, un viaje literario por las catedrales españolas. Como curiosidad, en otra nota de este blog, hace ya dos veranos, hablé de paisajes reales que había visitado por influjo literario; la montaña leonesa fue uno de ellos (Valporquero, el Curueño, Babia, el valle de Luna...) y fue de la mano de los textos de Llamazares (y de mis buenos amigos leoneses, claro), cuyo pueblo fue inundado por las aguas de una presa diseñada por otro escritor: Juan Benet.
En otro mundo, en otra realidad un tanto enfermiza, se encuentra H.P. Lovecraft, creador de un Terror con mayúsculas, el miedo a los orígenes, a lo que se quiere ocultar, a lo invisible. Leer a Lovecraft en estos tiempos se puede considerar literatura política, pues los miedos de sus personajes siguen siendo miedos atávicos, irracionales, que podemos ver casi a diario en las calles, en los medios, personalizados muchas veces en "el otro", en quien ha de venir a despojarnos de todo cuanto somos (sin darnos cuenta de que es el propio miedo lo que nos hace distintos). Aunque por aquellas fechas estaba leyendo El sepulcro, los relatos más famosos de Lovecraft son los que se encuadran en lo que se conoce como Mitos de Cthulhu, en los que han participado autores como Robert Howard, August Derleth, Robert Bloch... Igual de desconcertante es la historia de En las montañas de la locura, que recuerda al espanto final de una no muy conocida novela de Edgar Allan Poe: La narración de Arthur Gordon Pym. En esa línea de delirio y terror discurren la mayoría de relatos de un autor cuya vida merecería un buen repaso.
También la pasión por Lovecraft me llevó al deseo de conocer sus paisajes literarios. Algunos de sus relatos están ambientados en Innsmouth, una ciudad ficticia de la costa de Massachusetts. Poco antes de aprobar las oposiciones de Secundaria, me presenté a dos programas de profesores visitantes en EEUU; llegué incluso a las entrevistas que hacían los inspectores norteamericanos en Madrid. En uno de aquellos intentos desesperados, elegí el estado de Massachussets y la mala suerte del 11-S hizo que redujesen el número de plazas, con lo que quedé fuera de la selección (bueno, mi inglés chapucero tampoco ayudó). Quizá, de no haber sido por aquellos locos asesinos, hoy andaría dando clases de Español en Nueva Inglaterra, mirando con recelo un océano bajo el que se oculta una legión de monstruos anfibios que algún día vendrán a recordarnos quiénes somos y de dónde venimos.

Crédito de las imágenes: La crónica de León; Bruce Timm

8 comentarios:

Gemma dijo...

La narración de Arthur Gordon Pym, qué libro tan increíble, qué calidad literaria. En alguna ocasión lo he puesto de lectura en 3º(lector), siempre con éxito. Qué decir de Lovecraft...Y LLamazares, me gusta mucho, lo he leído todo y te recomiendo, que seguro conocerás: La lentitud de los bueyes. Memoria de la nieve Poemarios muy impactantes, muy buenos y, apropiados para estudiar su lenguaje poético. Tomo nota de Las rosas de piedra para este verano, seguro que no nos decepcionará.

caperucitazul dijo...

Tomo nota de Llamazares para el verano. Es increíble como la lectura trasciende nuestro mundo cerrado...parecido a lo que cuentas de EEUU pero al revés, me ocurrió a mi: de niña mi padre era un fanático de una serie de televisión que seguro recuerdas, Bonanza; pues yo me sentaba con él para verla: en una escena de un capítulo, uno de los protagonistas comentaba (de pasada), mientras leía un libro: "Este Dickens..." Así que investigué quién era el tal Dickens y leí algunos de sus libros; en otro episodio aparecía Mark Twain, así que investigué quién era y leí "Tom Sawyer". Y esto me llevó a conocer la geografía americana y, de mayor, solicitar esas mismas plazas para EEUU que tú solicitaste, aunque todo se torció para aprobar la plaza y no irme...qué cosas tiene la vida y la literatura ¿verdad?

Eduardo Larequi dijo...

Coincidimos en gustos y en lecturas, Toni, aunque mi primera experiencia de Llamazares sea de 1988 (también, cómo no, con La lluvia amarilla). Lo que he leído después, artículos y El cielo de Madrid, no me ha gustado tanto.

También hubo una época en que leí a Lovecraft desaforadamente. El misántropo de Providecence es un escritor interesante, pero al que hay que dosificar, pues llega a cansar si uno se dedica a leerlo en bloque, como hice yo entre 1981 y 1985. Después prácticamente no lo he vuelto a tocar.

Lu dijo...

No sé si tenemos la misma edad, pero sí puedo decir que Llamazares influyó en mi generación y Lovecraft, por supuesto. Pero será porque soy chica que en mi sesquidécada aparecen Patricia Highsmith y Marguerite Yourcenar.

Por cierto, el final de tu nota me ha hecho reflexionar. A saber qué hubiera sido de nosotros si las parcas hubieran tejido otra trama en nuestras vidas. Tú en Nueva Inglaterra y yo... (en privado te lo cuento).

Antonio dijo...

Gemma: Me alegra coincidir contigo en la novela de Poe; me la regalaron a los 16 y todavía no la he olvidado. Algunos poemas de Llamazares están disponibles en la red (amediavoz) y son un placer para cualquier lector. Gracias por recordarlo.
Caperucitazul: Nos hemos criado en la cultura cinéfila norteamericana y eso debería notarse (por ejemplo, yo sabía ubicar todos los estados de Norteamérica y sus capitales); sin embargo, ahora los jóvenes, a pesar de estar empapados en gustos USA, no tienen mucho interés cultural de ese tipo. Y vaya casualidad lo de los profes visitantes (yo me apunté a los del ministerio y a los del VIF program).
Eduardo: Sabía que aparecerías por aquí en cuanto invocase el nombre de Lovecraft ;-) Es verdad que muchas lecturas apasionadas en determinados momentos, quedan después arrinconadas. Quizá el furor por las novelas vampíricas rescate el gusto por ese terror telúrico.
Lu: Uuuy, lo de la literatura masculina y femenina. No he leído a Highsmith y empecé Memorias de Adriano y me agobié a mitad; sin embargo, otras escritoras me apasionan. Sobre caminos vitales inconclusos y vías muertas, quizá valga la pena lanzar algún meme de verano.

Carlota Bloom dijo...

"La lluvia amarilla" es de las ¿novelas? más impactantes que he leído nunca. Hace poco he leído "El río del okvido" y, efectivamente, dan ganas de soltarlo todo, coger la mochila y seguir los pasos del "viajero". Un tipo interesante este Llamazares.

speedy dijo...

Esta entrada me trae buenos recuerdos. Entre los pocos libros que he leído, uno de ellos es precisamente El río del olvido; al revés que tu, primero hice el recorrido del Curueño de la mano de un buen amigo y después leí el libro. Por supuesto me gustó y nunca lo he olvidado. Gracias Antonio.

Antonio dijo...

Carlota: Tentado estoy de coger la mochila y repetir la experiencia (seguro que estaría más fresco que aquí).
Speedy: La vida está llena de viajes y viajeros, de senderos que se cruzan sin que nos demos cuenta. Si algún día soy millonario (desde luego no gracias al blog) me buscaré una casita en Babia y me dedicaré a contemplar "la lentitud de los bueyes". Gracias por las gracias.