13 marzo 2008

Pequeños placeres

Disfruto en ocasiones del placer de visitar librerías y de poder comprar en ellas los libros para la biblioteca del instituto. La ventaja de mi centro es que tenemos cierto presupuesto para gastar en libros, un lujo que debería ser común en la enseñanza, pero que normalmente no está al alcance de todos los centros públicos (en algún instituto teníamos que ahorrar en luz y calefacción, así que de libros, ni hablar).
Ahora me permito salir una vez al mes y seleccionar los libros que ampliarán la incipiente biblioteca del instituto. No soy un experto en bibliotecas escolares y por tanto me limito a mi especialidad. Suelo diversificar mi selección:
  • Libros juveniles que no consigo a través de los comerciales de las editoriales (siempre pido que me manden libros de muestra, pero se hacen los remolones).
  • Literatura actual para Bachillerato (y para el profesorado, aunque ellos no suelen visitar mucho este lugar), sobre todo de autores reconocidos en ediciones de bolsillo.
  • Clásicos literarios de interés general.
En algún caso he comprado obras de filología, pero no lo considero una prioridad, de momento. Ahora, también, pienso ir introduciendo novelas gráficas o cómics reconocidos.
Es una dedicación compleja, pero placentera, pues a medida que selecciono los libros, voy pensando a qué alumno/a se lo prestaré, a quién le gustará, qué profesores lo hojearán, etc.
Ya veis con qué simplezas disfruta un profesor de lengua mientras espera las vacaciones de Pascua, que aquí no empiezan hasta el miércoles que viene (eso sí, duran hasta el uno de abril).

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/48600106280@N01/9494042

7 comentarios:

Lu dijo...

Cuando una vive en un pueblo en el que las librerías son escasas y con un escaparate "okupado" por bestsellers, ¿puedes imaginarte lo que es viajar a Barcelona y visitar una librería tras otra...?

Compartimos placeres.

M.C.F. dijo...

Somos tres. Pasar horas en una librería mirando libros, pasando páginas, comprobando, es un placer.
Algo que no sé si ya se puede hacer en grandes ciudades de España (en mi tierra no) es tomarte un café en la cafetería de la librería mientras te lees un libro, que puedes o no comprar...o sentarte en un sofá de los varios repartidos a lo largo y ancho del local, y pasar dos, tres, cuatro horas tranquilamente leyendo, y si no te gusta lo dejas y coges otro...

En EE.UU. es una de las pocas cosas que me gustan. En Buenos Aires, rehabilitaron un teatro como librería (El Ateneo), y te puedes sentar en un palco a leer uno de sus millones de libros, o simplemente chequear todos los libros...

Es curiosa, esa sensación de estar solo ante tanto saber, ante tanto que otros han dicho...y sin embargo sentirse tan acompañado, envuelto en una red de complicidad entre escritores y lectores.

Francisco Machuca dijo...

Visito su blog con sumo placer.Para mí los libros representa mi memoria y mi vida.Las librerías,por desgracia,están cambiando,como los tiempos.Grandes superficies que generan más angustia que placer.Chicas inexpresivas en las cajas.Las otras librerías;las de siempre,también cambian.Los libreros están todo el día con sus cabezas dentro de los ordenadores dando entradas y salidas.Son antipáticos,quizá porque peligra ese propio espacio y sus puestos de trabajo.Evidentemente,no estoy generalizando,pero lo vengo notando desde hace ya mucho tiempo.
Un cordial saludo.

Ana dijo...

Ay, Antonio, que de cuando en cuando sí que vamos pasando los profes a leer alguna cosita... y es genial saber que se van renovando libros, y que cada vez tenemos más donde elegir. Gracias por tu labor.
A ver cuál me recomiendas para la próxima lectura...

Antonio dijo...

Creo que pasar horas en las librerías ha sido una constante en mi vida desde que era pequeño; sobre todo en las librerías de saldo, donde encontraba libros baratos y curiosos. En Valencia y en Castellón ya hay librerías que tienen cafetería; se puede hojear los libros mientras se toma el café. Nada que ver con esos centros comerciales fríos y desangelados, en los que los libros están pegaditos a las bolsas de aspirador.
Y, como dice Ana, sé que algunos profesores también disfrutan de la lectura, aunque insisto en que la biblioteca escolar, en nuestro centro, es un lugar poco frecuentado. Y por recomendarte un libro que no quede: Buzón de tiempo, de Mario Benedetti, o Historia universal de Paniceiros, de Xuan Bello (éste no está en la biblioteca, lo siento).

Mª José Reina dijo...

¡Qué recuerdos de aquellas tardes, cuando no teníamos un blog que echarnos al lector de RSS, y nos pasábamos las horas muertas en la biblioteca, o en la librería de turno hojeando las novedades!

Por cierto, tanto la bibliotecaria de mi centro como yo estamos pez, lo que se dice pez, en cómics, y a nuestros alumnos les encantan. (Tanto que un alumno "negadillo" aprendió a hacer la cita bibliográfica de uno para encargarlo a la librería).
Ya nos recomendarás algunos que estén bien ...

M.C.F. dijo...

Antonio, si te gustan las librerías de saldo, de viejo, de segunda mano...encontrarás el paraíso, como yo lo hice, en la avenida Corrientes de Buenos Aires. Descubrir unas 50 librerías de segunda mano una tras otra, y todas con cosas sorprendentes, fue una sensación estupenda.

Como ves, te vendo Buenos Aires, pero es que es, creo, el mejor lugar del mundo para los que les gusta leer.

Me interesa mucho eso de los comics igualmente. Tendré que pensar en introducirlo a nivel universitario también en la enseñánza de idiomas. Acá les doy a veces comics que compro en España de Zipi y Zape y Mortadelo y Filemón y a los estudiantes les encanta aprender con ellos.

Un abrazo