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22 julio 2018

El lento declive de la web 2.0

He pasado el fin de semana purgando, exportando y guardando contenido de algunas de mis páginas de Wikispaces, que anunció su cierre definitivo para finales de este mes de julio. Algunos de esos contenidos ya los doy por perdidos, como ocurre con la antología poética colaborativa que sirvió de homenaje espontáneo por la muerte de Ángel González. En 2008, a través de la conexión de blogs educativos (no había Twitter), un grupo de profes y simpatizantes nos lanzamos a grabar podcasts con los poemas de Ángel González. Los recogí en un wiki en Nirewiki, que cerró en 2011, obligándome a migrar a Wikispaces. En aquella exportación ya se habían perdido la mayoría de podcasts, los de Odeo o los de Divshare; con los años también se perderían los de Goear. Creo que ahora ya no queda ninguno de ellos activo. 

También desaparecerán, como lágrimas en la lluvia, los contenidos de las dos ediciones de "Callejeros literarios en Castellón y Borriol". Permanecerán los vídeos y los documentos del alumnado (si no han cerrado ya sus cuentas), pero no la plataforma que los agrupaba, a no ser que me tome el trabajo de clonar una a una sus páginas. 
De igual modo desaparecerá Littera, un intento de portfolio personal en el que he ido publicando recursos propios y enlaces de interés a lo largo de años. Este wiki lo he redistribuido en dos páginas del blog, el currículum vitae y una página de recursos y proyectos. El resto de contenidos lo he ido almacenando en documentos de Google Drive para que no se pierda.

Este trasiego me lleva a pensar qué ocurrirá el día que me toque rescatar todo lo que tengo en Google Drive, Blogger, Slideshare, Scribd o cualquier otra plataforma de esas que aun resisten y que tanto y tantos usamos. También me hace pensar que los principios de colaboración y difusión que dieron origen a aquella web 2.0 quizá hayan caducado con la misma rapidez. Cada día cuesta más encontrar profes que comparten actividades y tareas de manera organizada, más allá del tuit, más allá de una comunicación en unas jornadas o congreso. Pocos mantienen vivos los blogs educativos y muchos menos ofrecen un portafolio docente con sus experiencias de aula. No es una crítica, sino una reflexión en voz alta. Puede que nos hayamos cansado de compartir, que no tengamos tiempo de ello, que la red no ofrezca ya la retroalimentación positiva que suponía en su origen, que las críticas negativas desanimen a muchos a la hora de compartir, que la desconfianza de esas plataformas efímeras nos haga más cautos... Puede haber tantas razones para compartir como para no hacerlo. Es una pena que esté ganando el silencio, un vacío que otros llenarán con productos de mercado.

17 agosto 2014

Sesquidécada: agosto 1999


El mundo ha cambiado bastante en los últimos años. Preparando esta sesquidécada que recupera lecturas de hace 15 años me he dado cuenta de cómo hemos modificado ciertos hábitos que parecían inmutables y cómo nos hemos acostumbrado fácilmente a ciertas comodidades por aquel entonces impensables.
En agosto de 1999 existía internet, claro, pero el ADSL solo empezaría a desplegarse en los años posteriores, así que no resultaba fácil ver vídeos o fotos en la red. Además, en el ámbito de la cultura, los sitios web eran todavía escasos y con recursos muy limitados.
Digo esto porque las dos antologías que reseño aquí son casi reliquias de tiempos pasados, tiempos en los que los lectores inquietos teníamos que rebuscar en catálogos de librerías y pedir por correo libros que nunca obtendríamos de otro modo.

La palabra imaginada es un compendio de poesía visual editado en 1999 por la Casa de Cultura de Don Benito (como para buscarlo entonces en la FNAC). Hoy basta teclear esas palabras en Google para encontrar miles de poemas visuales de todo el mundo. En aquella época, exceptuando las joyas de Joan Brossa, poco podíamos hallar para ilustrar una clase con poesía visual, ni siquiera a Chema Madoz, inalcanzable.

De la "palabra imaginada" saqué más de un ejemplo para mostrar en el aula y, en las actividades de creación poética, tenía siempre alguna fotocopia de la "Historia de amor" o de "Mar de dudas". En el siguiente vídeo he seleccionado unos pocos poemas visuales.

 

La otra antología es de microrrelatos y se llama Dos veces cuento, editada por Joseluis González. Junto a figuras consagradas como Luis Mateo Díez, Gabriel García Márquez, Max Aub, Alfonso Sastre, José María Merino, Franz Kafka o Eduardo Galeano, aparecían otros autores que han conseguido hacerse un nombre en el género como Pilar Pedraza, Fernando Iwasaki o Pedro Ugarte, hasta alcanzar el más de medio centenar de microrrelatos que ofrece esta edición. Al igual que ocurría con los poemas visuales, resulta bien fácil encontrar hoy en internet miles de ejemplos para llevar al aula. Cualquiera puede acceder tras una simple búsqueda a textos como "Ecosistema", "El pozo", "Soledad", "Alas" ... incluso se pueden hallar algunas versiones en podcast.

De la antología utilizaba a menudo como dictado en clase el siguiente relato de Tanith Lee:

Eustace

Amo a Eustace a pesar de que me lleva cuarenta años, es totalmente mudo y no tiene ningún diente. Me da igual que Eustace esté completamente calvo- excepto los pelos esos que se le ven entre los dedos de los pies-, que cuando ande se le note la joroba y a veces se caiga en medio de la acera. Si cree que tiene que emitir uno de esos cortos sonidos agudos suyos como silbando, o si se le da por mordisquear con su boca sin dientes en el sofá o irse a dormir al jardín, yo lo acepto todo como cosas bastante normales. Porque le amo. A Eustace le amo porque es el único hombre del mundo al que no le importa que yo tenga tres piernas.


Los tiempos han cambiado y gracias a ello podemos disfrutar de poemas visuales compartidos en las redes, algunos exquisitos y otros de dudoso gusto (quizá ahí se echa en falta la habilidad de un buen editor). También gracias a la red disfrutamos de microrrelatos excelentes, como los que nos ofrecen colegas como Aster Navas o Elisa de Armas. Ya pocos piden libros por catálogo; si acaso, algunos descatalogados se pueden encontrar en librerías digitales. Lo que no cambia es la emoción del hallazgo, el feliz encuentro con una lectura que parecía destinada para ser leída por ti.


Crédito de la imagen: '15'

12 abril 2013

Sesquidécada: abril 1998

Esta sesquidécada iba dedicada en un principio a Calderón, un clásico del blog, y a su drama El mágico prodigioso, una obra sobre la que diserté en aquel abril de 1998 dentro del curso "La posibilidad de una tragedia española en el Barroco", dirigido por Evangelina Rodríguez Cuadros. Sin embargo, descubrí entre mis lecturas el Manual de crítica textual de Alberto Blecua y recordé, de repente, las motivaciones que me habían llevado a leerlo. Entonces se me hizo la luz, porque aquellas circunstancias constituyen quizá un elemento germinal de lo que soy y de las derivas que me llevaron hasta aquí.
Quienes conocen la carrera de Filología saben que las salidas profesionales se reducen básicamente a la docencia y a la edición de textos. Paradójicamente, la carrera estaba planteada sobre todo hacia la erudición, pues había poca formación pedagógica y mucha menos sobre la edición crítica de textos. De hecho, al margen de las ilustraciones de los libros de texto, pocos hemos podido ver de cerca textos antiguos, manuscritos, códices o borradores originales de escritores modernos, ni siquiera en versiones facsimilares.

Así que, para suplir esa carencia, en abril de 1998 estaba también inmerso en un curso de doctorado sobre la "Edición de textos en formato electrónico", que impartía José Luis Canet. Hay que recordar que en 1998 el correo electrónico era una tecnología emergente y los textos digitales una rareza. Por ejemplo, la Biblioteca Miguel de Cervantes estaba a la sazón empezando su andadura y reclutando becarios para digitalizar materiales. José Luis Canet había sido el responsable de la Biblioteca de la Universitat de València y había comenzado la tarea de digitalizar los ficheros. Debió de comprender entonces la necesidad de digitalizar también los textos de difícil acceso, por lo que nos ofreció a sus estudiantes la posibilidad de convertir el curso de doctorado en una práctica de edición y digitalización. Vuelvo a recordar que hablamos de 1998, con el dominio del navegador Explorer y la alternativa de Netscape, una época en la que más allá del editor de FrontPage de Microsoft, el código HTML había que trabajarlo artesanalmente, incluso utilizando ASCII para los acentos, las ñ o las cedillas.

En mi caso, escogí dos relaciones de sucesos, impresas en un pliego suelto de 1588, sobre las que tuve que trabajar en la edición y en la interpretación. Había que diseñar también la presentación digital, que se hacía con frames (no existía ni flash, ni CSS, ni nada parecido). Había que comprobar que el código HTML servía para Explorer y Netscape (lo que invalidaba, por ejemplo, las conversiones de FrontPage) y también la visibilidad en las distintas resoluciones de pantalla de los monitores de entonces. El trabajo fue un poco desesperante en ocasiones, sobre todo la parte técnica que requería dejarse los ojos con el HTML. Sin embargo, el resultado está ahí, válido 15 años después, no muy atractivo visualmente pero funcional y operativo:


Como decía al principio, la intrahistoria del manual de Blecua me ha llevado hacia dos asuntos que luego han resultado fundamentales en mi carrera: el mundo digital por un lado, y las relaciones de sucesos por otro, un tema que se convertiría en eje de mi tesis doctoral, aunque todavía ni yo mismo lo supiera. También gracias a aquella iniciativa colaborativa en red -antes de que existieran las redes sociales-, podemos disponer de textos digitales curiosos en la página de Lemir. Para quienes coleccionan anécdotas literarias, una recién licenciada y nada famosa aún Laura Gallego compartió este curso y nos dejó una versión digital del Claribalte. Algún día regresaré a estos asuntos, pues no fue esta mi única aportación a ese proyecto.

18 marzo 2013

Google Reader: Et in Arcadia ego

"Et in Arcadia ego":  yo, la muerte, reino incluso en la Arcadia... Recurrir al funesto tópico del memento mori para hablar del cierre de Google Reader puede parecer exagerado, lo sé, pero quisiera reflexionar no solo sobre lo que supone el fin de este servicio de suscripción de blogs y feeds diversos, sino también sobre el fin de un modo de leer en la red. 
Allá por el 2007 explicaba en este blog que Google Reader había supuesto para mí la conversión de ser un cazador-recolector en la red a ser un habitante del Neolítico 2.0. Cuatro años más tarde, empezaron a vislumbrarse los signos del cambio, que en realidad eran los síntomas de la muerte, el auténtico memento mori del que hablo al principio: también el Neolítico debe dejar paso a nuevas eras.

Dejaré este lenguaje tan críptico y voy a intentar explicar en breves líneas mi juicio sobre estos cambios. En la era de los blogs, estas herramientas como Reader, Bloglines, Netvibes, etc. resultaban indispensables para seguir lo que se publicaba en la red. Sin embargo, cinco o seis años más tarde, el modo de publicar, el modo de compartir información y el modo de leer es radicalmente distinto. Basta con echar un vistazo a las numerosas alternativas a Google Reader que se vienen ofreciendo en los últimos días para descubrir que se agrupan en dos frentes: los que apuestan por lectores de feeds nostálgicos y los que lo hacen por los innovadores. Voy a tratar de analizar a qué tipo de usuarios van destinados unos y otros:

A) Los nostálgicos: Si los gerentes de Google dicen que cierran Reader por falta de usuarios, habrá que creerlos. ¿Quiénes usamos Reader? No tengo datos, pero me parece que en ese grupo estamos muchos de los que empezamos en el mundo de los blogs y algunos más jóvenes que han seguido el ejemplo y han descubierto sus posibilidades. Cumplimos ciertas características que se podrían resumir en: a) voraces lectores, b) apasionados de los blogs, c) ansias de vivir actualizados en el mundo de las noticias. Inspirados  por movimientos como el 15M o el mayo del 68 somos capaces de reunir firmas para que Reader no se cierre o incluso inventar una especie de Harley Davidson de los agregadores: el Old Reader.

B) Los innovadores: Han crecido en el mundo de las redes sociales y de los dispositivos móviles. Su modo de lectura es más visual y fragmentario, frente a la linealidad de los nostálgicos. No necesitan tanto clasificar, ordenar o marcar como no leídos los artículos que consumen, pues más que lectores son consumidores de información.

Antes de que me lluevan críticas de usuarios que son excepciones, diré que realmente de lo que se trata es de un cambio en el paradigma lector, de un profundo cambio en los hábitos de lectura y consumo de información en la red (¿la modernidad líquida de la que hablaba Bauman, quizá?). Ahora le ha llegado el turno a Google Reader porque pocos leemos ya de manera continua la red, como si fuese un periódico, pero mañana tal vez desaparezcan los marcadores sociales -ya pasó con Delicious, por ejemplo-, porque cada día nos preocupamos menos de clasificar o etiquetar: si algo es de calidad pensamos que siempre estará ahí, replicándose en un bucle infinito. 
En cuanto a mi propia decisión sobre qué alternativa de Reader escoger, he optado finalmente por abandonar la nostalgia del neolítico y apostar por Feedly. Quizá en el tránsito pierda viejas costumbres, pero no creo que pierda el placer de seguir leyendo a mis buenos amigos de la red.

12 octubre 2012

A los cuatro vientos


Los centros educativos de secundaria de esta comunidad han recibido esta semana los resultados de las pruebas diagnósticas realizadas hace unos meses a los alumnos de 2º de ESO. Personalmente, los datos numéricos carecen para mí de cualquier valor -no creo que necesite decir por qué-, pero resulta revelador que seguimos fallando, dentro del área de comunicación, en la expresión escrita, la destreza que mayor atención metodológica requiere por parte del profesorado. Con los resultados viene, de regalo, la exigencia de elaborar un Plan de Mejora. Comenté en su día la trampa que supone esto de los planes de mejora; de hecho, a finales del curso pasado presentamos uno muy completo al que no han hecho el menor caso, para variar. Reducir recursos materiales y humanos con una mano y reclamar mejoras con la otra es habitual ya en nuestra administración educativa, por lo que no deberíamos hacer demasiado caso a estos tirones de orejas de cara a la galería. Pero lo que resulta preocupante es que el discurso culpabilizador de los gestores educativos haya calado entre el profesorado sin atisbos de crítica. Ante la renuncia a realizar proyectos o a asumir nuevas responsabilidades profesionales, se dice muy a menudo que los docentes queremos trabajar lo mínimo. Es otra de esas falacias que, a fuerza de repetirse, acabará considerándose cierta. Los docentes, muchos docentes, estamos ya trabajando lo máximo, y si ha descendido la calidad de nuestro trabajo es precisamente por eso, porque trabajamos más, no porque trabajemos menos. Pongan ustedes a Ferrán Adrià, por ejemplo, a preparar de lunes a viernes croquetas en la cantina de una fábrica y díganle luego que no saben igual que cuando las deconstruía en el Bulli. Claro que hay profes que han aprovechado estos tiempos de desánimo para bajar el ritmo, pero me atrevería a decir que son los mismos que leían el periódico en clase o quienes se perpetuaban por los siglos de los siglos con las mismas fotocopias (por cierto, no sé cómo habrán logrado algunos hacer menos de lo que hacían...). El resto de profesionales que conozco trabajan ahora más que nunca, con una diversidad inasumible en grupos más numerosos que nunca y con unas condiciones que apenas garantizan llegar al viernes con vida. Como para exigir croquetas deconstruidas...
A pesar de ello, el discurso oficialista sigue transmitiendo que trabajamos poco y mal. ¿Qué podemos hacer para salir de esta batalla entre lo que piensa la sociedad y lo que realmente se vive en nuestras aulas? Para mí, la clave reside en lo dicho arriba: convencer a los ciudadanos de este país de que el descenso de la calidad educativa se debe a que trabajamos más y en peores condiciones. Y esto solo se puede conseguir con técnicas de agitprop, es decir, haciendo visible nuestro trabajo, difundiendo experiencias, contando siempre que podamos lo que hacemos en el aula. Ese fue el espíritu que impulsó el nacimiento de la blogosfera educativa y las redes sociales de docentes. Sin embargo, basta con acudir a un congreso, a unas jornadas, a unos cursillos, para encontrarte con decenas de colegas que te cuentan experiencias que llevan a sus aulas pero que no se atreven a contar en público por miedo a resultar banales o de poco interés. Hay que romper con esos temores y con esos silencios, hay que conseguir que las familias conozcan de primera mano que sus hijos e hijas aprenden y trabajan en clase, que el colegio y el instituto no son guarderías ni almacenes de niños. Si conseguimos esa propaganda positiva, quienes se atrevan a demonizarnos como colectivo tendrán que desmentir también nuestros logros públicos. Esos logros nunca van a conseguirse redactando Planes de Mejora irreales que nadie leerá, sino trabajando más y mejor, en el aula, con el alumnado, con las familas, con los compañeros... sin olvidarse luego de contarlo a los cuatro vientos.

Crédito de la imagen: 'Megaphon' 

17 noviembre 2011

De vuelta a Internet... en el aula

Algunas historias de la red docente deberían escribirse para que no caigan en el olvido. Sumidos como estamos en el ajetreo de blogs y redes sociales, es normal que no tengamos tiempo para detenernos y mirar hacia atrás, hacia los orígenes de todo lo que hoy nos envuelve. No voy a escribir una nota nostálgica ni reivindicar los tiempos pasados, pero sí quiero aprovechar para recordar la existencia de la red docente Internet en el aula y contar lo que supuso en su día. Es extraño que haya todavía docentes que no conozcan esta red que cuenta casi con 10000 miembros de todo el mundo. Recuerdo perfectamente que a principios de marzo de 2008 recibí una invitación de Felipe Zayas para formar parte de ella. La había creado José Luis Cabello con motivo del Congreso Internet en el Aula que se iba a celebrar de manera virtual y presencial simultáneamente (si no me equivoco, fue la primera vez que se nos ofrecían congresos virtuales, tan habituales hoy día). Me llamó la atención el crecimiento exponencial que vivió esta red en unos días, a pesar de  lo poco que sabíamos entonces de las redes sociales en general y del funcionamiento de Ning en particular.
En apenas dos meses había más de mil personas compartiendo lo que sabían en Internet en el aula. Para mí, uno de los momentos especiales fue el debate sobre el reconocimiento oficial del trabajo con las TIC en el aula, un asunto que había surgido cuando a Lu le negaron, para un mérito al que optaba, la validez de sus magníficos materiales y experiencias. La red se convirtió en un torbellino de ideas y en un foro de debates apasionados del que surgieron amistades que perduran hasta hoy. Quiero pensar que pusimos un granito de arena para que el trabajo en la red dejase de ser tarea de cuatro friquis y pasase a tener un apoyo institucional. De hecho, cuando en 2010 la red Ning avisó de que se convertía en una herramienta de pago, el Instituto de Tecnologías Educativas acabó haciéndose cargo de ella, y comenzó un nuevo ciclo con recursos, actividades, foros y talleres para todos sus miembros.
Por toda esta intrahistoria, cuando me ofrecieron facilitar un Taller Abierto de Aprendizaje en Colaboración sobre Lengua y Literatura, no me pude negar a aportar un poquito de lo que sé a esa red que es de todos, recopilando en un sitio web algunos recursos básicos y comprometiéndome a enseñar lo que yo mismo aprendo día a día. Porque, con independencia de que participes mucho o poco, es importante saber que hay un lugar en el que encontrar colegas y en el que conocer experiencias educativas de todo tipo. Os animo a (re)descubrirlo.

09 febrero 2011

Vidas interesantes

En 2 días no has cambiado tu estado, algo interesante habrás hecho.

Esto me lo recordaba hoy mi cuenta de Tuenti. Probablemente, Tuenti tiene razón y habré hecho infinidad de cosas interesantes en las últimas 48 horas: Sobrevivir varias veces en 2º de ESO, preparar materiales para Bachiller, recopilar recursos para jornadas que se avecinan, leer blogs, tuitear... y eso sin contar la vida privada. De ahí que haya sentido cierta desazón: "¿Por qué he dejado mi Tuenti abandonado dos largos días?".
Soy un adulto y siento la necesidad de comunicarme con mis semejantes; de hecho, en más de una ocasión tuiteo compulsivamente informaciones irrelevantes de las que me olvido al instante. ¿Cómo se sentirán entonces esos adolescentes cuyas redes sociales son la prolongación natural de sus vidas? Hemos de entender que esas vidas no tienen aún trazada la frontera entre lo profesional y lo privado, precisamente porque ambas facetas se unen en la jornada académica sin solución de continuidad. ¿Por qué nos espanta, pues, que acudan enseguida al Tuenti (al Facebook...) para compartir esas vidas interesantes? Nos choca esa actitud tan aparentemente impúdica y nos llena de temor que esa comunicación sea tan pública, tan "peligrosa". A muchos nos asusta pensar en ello con efecto retroactivo: ¿Imagináis que pudiérais acceder a un historial detallado de vuestras conversaciones de adolescentes? ¿Creéis que el fondo y la forma serían muy distintos de los que ahora podemos encontrar en cualquier red social? Todo aquello que nos parecía tan interesante en el día a día, observado con la perspectiva de los años se nos antoja banal, y aplicamos ese criterio a lo que vemos en los jóvenes de hoy. Para anticiparnos a ello, como adultos experimentados que ya hemos pasado por eso, querríamos salvarlos de ese desengaño, aun a costa de privarlos del placer de lo efímero.
Sin embargo, hay en ese salto generacional un elemento de distorsión. Nuestras voces se perdieron; nuestras fotos y esos pequeños objetos que guardamos como fetiches quedaron arrinconados en cajas polvorientas que nadie mira (o directamente acabaron en el rastrillo). Para los jóvenes de hoy no existe esa posibilidad: Sus vidas interesantes de un día están condenadas a la pública perpetuidad. No cabe el olvido. Subir una foto a Tuenti puede ser el primer paso de un fracaso en la vida; un comentario desafortunado puede convertirnos en monstruos (véanse los casos recientes de Bisbal o Vigalondo).
Los educadores estamos obligados a advertir de ciertos peligros, pero no podemos negarles esas herramientas de comunicación, pues ello impediría que creciesen a través de la relación con los demás. Al mismo tiempo, como educadores y como ciudadanos del siglo XXI, también deberíamos exigir el derecho al olvido, exigir que los cotilleos de un adolescente desaparezcan de la red con el tiempo, que sus errores puedan quedar arrinconados donde nadie los vea, que sus tonterías de juventud no se conviertan en testimonio perenne de su inmadurez. Es el único modo de conseguir que sus vidas sigan siendo interesantes minuto a minuto, sin remordimiento, sin miedo a que, desde el futuro, alguien les eche en cara lo jóvenes que eran.

ADDENDA 10/02/11:
Al hilo de lo anterior, incluyo la noticia aportada por Lu:
El 45% de los niños es más feliz con su vida online que en la realidad
También un titular del periódico de hoy referido a la Comunidad Valenciana:
Educación corta el acceso de los alumnos a las redes sociales en los colegios e institutos

No quisiera mostrarme negativo, pero una vez más la Escuela da la espalda a la realidad. Los jóvenes tienen teléfonos móviles que con un leve roce envían imágenes a sus redes, sin conectarse al instituto, sin ordenadores, sin permiso paterno. ¿Cuáles serán las próximas medidas? ¿Cacheos selectivos? ¿Inhibidores de frecuencia? ¿Mutilación de falanges? ¿Educar?

23 octubre 2010

Alzado del suelo

Quienes me conocen saben que es raro verme vencido por el desánimo; sin embargo, hace unos días estuve a punto de tirar no la toalla, sino la sección entera de ropa de hogar. El detonante de esta cuasi derrota fue descubrir que, desde los ordenadores del instituto, no se podía acceder a Scribd, quizá el mayor repositorio de documentos de la red y uno de los que más empleamos en los blogs de aula. Unos días antes había constatado que el filtro de contenidos de la consellería impedía también el acceso a Dropbox y a Box.net, discos duros virtuales en los que almaceno mis materiales y en los que se aloja el Departamento Virtual de Lengua Castellana (programaciones, informes, etc.). Envié una petición al SAI y traté de llamarlos por teléfono, pero no hay respuesta; por otra parte, el profesor de Informática del centro está al borde del colapso, pues tiene que montar tres aulas de informática e innumerables puntos de conexión del centro, atender las consultas de todos los que nos cruzamos con él y dar sus clases (no sé cómo no ha asesinado a alguien todavía -quizá yo sea la primera víctima-).
Reconozco que me sentí frustrado, con las TIC especialmente, porque estos problemas sólo nos afectaban a quienes andamos enredados en este asunto, y pasaban inadvertidos para los demás. Por si fuera poco, en el aula, las condiciones tampoco son para echar cohetes: Como ya comenté, nos encontramos con numerosos alumnos que necesitan adaptaciones significativas (ACIS) y para los que no hay personal que pueda atenderlos; de nuevo nos vemos con grupos de 2º de ESO en los que se hallan cuatro o cinco ACIS, dos o tres nouvinguts (extranjeros que acaban de incorporarse), y otros tantos alumnos con perfiles difíciles por diversas circunstancias.
Con este panorama, se estaba complicando el inicio de curso, por muy ilusionante que resulte estrenar instituto. Pero, hete aquí que lancé mis dolorosas quejas en Twitter y, enseguida, aparecieron voces de compañeros que pasaban por trances similares o que, simplemente, me lanzaban palmadas virtuales en la espalda. De modo que, cual ballena alzada por los pajaritos, levanté el ánimo y me propuse recoger la toalla y ordenar de nuevo la sección completa de ropa de hogar.
A esta remontada moral también contribuyeron dos circunstancias: Les propuse a mis alumnos de 2º de Bachillerato que podríamos comentar Luces de bohemia (obra de referencia para Selectividad) escena a escena en Twitter, pero ellos preferían que lo hiciésemos en Tuenti; así que abrí una cuenta allí (con la tutela espiritual de @jlgj) y en esas estamos, comentando a Valle-Inclán en Twitter y en Tuenti a la vez. Por otro lado, a partir de los resultados de una encuesta en 3º de ESO, consideré oportuno montar un blog para los dos grupos que tengo en ese nivel. El nombre lo eligieron ellos, por votación soberana, y acaba de ponerse en marcha: Radio Patio Bovalar. Probablemente, si no se arreglan las cosas, no podremos subir documentos a Scribd, ni compartir materiales en Box.net. Pero, una vez más, parece que el alumnado está muy por encima de la administración en cuanto a sentido común: Ellos siempre saben mirar hacia adelante.

Crédito de la imagen: 'Smile & Frown'

29 abril 2010

Harán de mí un pirata

El pasado fin de semana, un artículo en El País preparaba el terreno para una de las polémicas que se avecinan: La entrada del libro digital en el mercado de consumo al por mayor. Con el tono catastrofista con el que suelen tratarse todos los asuntos que afectan a las redes (sin que nadie señale que gracias a internet somos cada día más sabios y libres), se deshojan los inconvenientes que genera la piratería en el negocio editorial: "Los piratas ponen rumbo al libro", no hay más que decir.
Sin embargo, en el artículo se recogen algunas ideas que ya llevan tiempo comentándose en las redes y en los foros especializados. Por ejemplo, no existe una oferta seria de libros digitales; no hay apenas portales de distribución, especializados o generalistas, de libros digitales; no hay una proporción en el precio que se corresponda a los gastos reales de producción del libro digital.
De hecho, muchos usuarios reconocen que se descargan versiones escaneadas de manera irregular porque la versión digital no existe o se ofrece a un precio incluso superior al libro en papel (???). No parece lógico que, después de haber reducido gastos de papel, distribución, almacenaje, etc., el libro digital se ofrezca a 20 euros, sobre todo si quien ha de comprarlo es consciente de que existe un mercado negro gratuito (habría que recordar que parte de la piratería musical se debe al afán de lucro desmesurado de las discográficas, quienes, al pasar del vinilo al CD, redujeron gastos de producción mientras hinchaban injustificadamente los precios de venta al público).
Tal y como está el patio, si las editoriales no mueven ficha pronto, los libros seguirán el camino de la música. Y hay cosas que atentan contra la lógica: Un amo de casa que hace la compra no ha de ir a cada una de las empresas que fabrican el queso, el arroz, el detergente, el aceite, etc. pagando en cada una de ellas sus respectivos añadidos de distribución, etc.; para eso se inventaron las tiendas o los supermercados. Sin embargo, el lector que desea un libro digital ha de ir rebuscando de web en web, rellenando registros interminables, desconfiando del material o de quien lo vende, y siempre con la sospecha de que le van a cobrar más de lo que toca. Y no entro a valorar la oferta de libros digitales, porque si sólo vamos a encontrar best-sellers o autores a quienes sólo los conoce su presidente de escalera, apaga y vámonos...
Imagino que no es fácil encontrar un modelo que beneficie y contente a todos los implicados. Se me ocurre que podría funcionar un sistema parecido a los círculos de lectores: Varios portales especializados en los que se pague una suscripción razonable (30 euros al año) con derecho a un libro por semestre y con un catálogo amplio de libros a un precio también razonable (quizá 8/10 euros una novedad y 3/5 euros los libros de fondo) -por cierto, os animo a que dejéis vuestras propuestas y ofertas en los comentarios-. Si el catálogo fuese interesante (y ahí estaría la habilidad de los editores digitales) yo mismo me apuntaría para alimentar mi booq. Pero de ese nuevo bichito hablaré en la próxima entrada...

Para saber más:

09 noviembre 2009

Pulgartuito

En una casa en medio del bosque 2.0 vivía una familia de blogueros. Los padres escribían largas notas en sus blogs, sin apenas imágenes, tochos en los que hablaban de lo divino y lo humano. Con una mayor profusión de widgets, los hijos siguieron la tradición y mantuvieron blogs temáticos: Garrapunto.com, Microciervos, Mantasverdes, Motosierrapasion, etc. Sin embargo, el más pequeño de todos ellos, tras un curso de escritura zen por correspondencia, decidió que sus escritos nunca superarían los 140 caracteres, unas frases que se pueden tapar apenas con un pulgar; por eso, lo llamaron Pulgartuito.

Los padres blogueros advertían siempre a sus hijos de los peligros que acechaban en el bosque 2.0.
-Tened cuidado, que hay mucho troyano tras los arbustos -decía papá Blogger.
-A ver si un psicopedagogo desalmado os hace una adaptación curricular on-line -apuntaba mamá Wordpress.

Y los niños, alocados como corresponde a su edad y condición, nunca hacían caso de sus padres y paseaban por el bosque de feed en feed sin la mayor preocupación. Pulgartuito era sin duda el más avispado de todos ellos. La filosofía zen había impregnado su espíritu, y sus notas rebosaban sabiduría e ingenio. Por eso, cuando sus padres les avisaron de que los ingresos publicitarios eran cada vez más bajos y que quizá tendrían que cerrar los blogs, Pulgartuito convenció a sus hermanos para ir, cruzando el bosque, en busca de patrocinadores.
Aquella misma tarde, salieron con sus netbooks, sembrando el camino de tags, hashtags, pingbacks y trackbacks, una idea que se le había ocurrido a Pulgartuito para no perderse. Sin embargo, al caer la noche, descubrieron que tanto Twitter como Blogger se habían colgado por un ataque masivo de monjas-bulo antigripales.
-¿Qué vamos a hacer ahora :-((((?- lloraba desconsolado uno de los hermanos que sólo posteaba vídeos de niños riéndose o llorando.
-¡Nunca volveremos a casa! -sollozaba otro, conocido en toda la blogosfera por sus powerspoint de frases sobre la amistad con fondo de paisajes y música new age.
-Llorad como cobardes. Pensaré como un valiente -lanzó Pulgartuito en un arrebato tuitero de primer orden.

Y, sin miedo alguno, Pulgartuito, alzado por la ballena de Twitter, descubrió en un claro del bosque una casa de colorines. Hacia allí se dirigieron, con tan mala fortuna que se trataba de una sede de Microsoft Corporation.
-Pasad, pasad, chicos. Soy el Hada Messenger y también escribo y me comunico en la red, como vosotros. Os podéis quedar a dormir, pero debo esconderos. Mi padre Windows vendrá pronto y a él siempre le apetece comerse todo lo que se mueve por el bosque 2.0.

De este modo, los chicos se escondieron en un repositorio de archivos ocultos, intentando no hacer ruido al teclear sus notas. Pero, cuando llegó Windows, la tragedia se mascaba en el ambiente.
-¡Cuidadito conmigo, que vengo caliente! Otra vez se me han adelantado los niñatos de Google con su computación en la nube... En la nube, en la nube... ¿quién demonios va a pagar por algo que no se puede vender en una cajita de colores?... Estoy que me comería tres wikis y dos redes sociales. Pero..., ¿a qué huele aquí?

Abriendo carpetas y subcarpetas, ignorando sus propias advertencias de que el ecosistema podría dejar de funcionar si se removían los archivos, Windows encontró a los niños escondidos entre una pila de librerías dll.
-¡Vaya, vaya! Unos sabrosos niños blogueros. Y, este pequeñajo, ¿quién es?
-Soy Pulgartuito y, aunque pequeño, tengo ya más de tres mil followers.
-Eso, a mí, me la trae al pairo. Acabo de firmar planes exclusivos con algunas comunidades autónomas para instalar mi sistema operativo de Siete leguas.
Y, diciendo esto, Windows cerró todas las carpetas de golpe y los dejó allí encerrados.
-Mañana daré buena cuenta de vosotros.

Pulgartuito y sus hermanos se quedaron allí, rodeados de archivos temp, de registros de configuraciones polvorientos... Pero, Pulgartuito, tras hacerles un retuit de urgencia a varios followers desesperados que pedían su ayuda, se puso a hurgar en un ejecutable malicioso que un antivirus gratuito había guardado en un baúl y consiguió resetear la habitación. Mientras sonaba la sintonía de Windows, Pulgartuito y sus hermanos se calzaron unas botas ADSL de 20 megas reales y huyeron de aquella casa maldita.
-¡Qué flipe! -decía uno de los chicos, que siempre llenaba su blog de gifs animados.
-¡Quién iba a pensar que existían de verdad los 20 megas reales...! -gritaba lleno de alborozo otro que llevaba tres meses sin meterse con la SGAE.

De este modo, veloces como el viento, Pulgartuito y sus hermanos llegaron a su casa en un periquete.
-¡Por fin, hijos! ¡Pensábamos que habíais sido víctimas de las redes P2P!
-Padre, madre -dijo Pulgartuito-, no debéis preocuparos más por Google AdSense y sus anuncios inteligentes. Aquí os traigo lo que nos sacará de la ruina.
Y abriendo su netbook, descargó el código secreto de Windows: Una ristra de unos y ceros -más ceros que unos, en realidad- se derramó por el salón e inundó los verdes prados del bosque 2.0. convirtiendo toda la flora y la fauna en un ecosistema copyleft.
-Bien está lo que bien acaba -tuiteó Pulgartuito-. Y se puso en modo off.


Este cuento surge a iniciativa de Juanjo Muñoz y su Caperucita 2.0., en una serie que han seguido otros ilustres blogueros con más salero que yo:

03 octubre 2008

De todo un poco

Las normas más elementales de escritura en los blogs desaconsejan escribir artículos con asuntos heterogéneos. Pero, cuando se me acumulan demasiadas cosas a lo largo de los días, prefiero contravenir la netiqueta y publicar estas notas cajón de sastre:
Terminé el curso que impartía en el CEFIRE de Castellón. Los últimos días estuvimos experimentando con algunas propuestas como el manual ortográfico, la caza de gazapos o la fotonovela.
Durante este curso, desde el Departamento de Castellano coordinaremos la revista de centro, que pretende ser un instrumento de integración del instituto con otras asociaciones del barrio. El próximo número estará dedicado al Planeta Tierra. Aunque hemos empezado con un blog, se aceptan sugerencias para la confección y difusión digital.
A muchos profesores nos gustaría que se nos reconociese el trabajo durante todo el año y no sólo un día. Especialmente interesante y polémica la reflexión de Antonio Avendaño: "Los padres nunca debieron salir de casa".

¿Red centrípeta o red centrífuga? Interesante artículo en el diario Público sobre la lucha entre Microsoft y Google, o sobre dos maneras muy distintas de entender el futuro.

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/19907278@N00/46051506

20 abril 2008

Encadenado

Vivo dulcemente encadenado a mi agregador de noticias. Es Google Reader y casi se ha convertido en mi compañero inseparable a lo largo del día. Es el Aleph, el orificio por el que me asomo a la red y descubro todo lo que se mueve, con una velocidad y frecuencia que me asustan. Además, con su diseño espartano, no admite distracciones ni veleidades que me lleven a la dispersión.
Es dulce porque me trae los escritos de mis amigos, de mis conocidos, de mis colegas, porque me mantiene al día de los temas que me interesan, de los temas que me distraen. Pero es también mi condena, porque es mi página de inicio y me amenaza continuamente con cincuenta, con cien, doscientos artículos sin leer. He probado a borrar sitios, a pasarlos a carpetas-purgatorio, pero no paran de crecer las suscripciones (casi doscientas a día de hoy). Y tengo remordimientos de marcar como leídos artículos que no he visitado, pues pienso que en ellos tal vez hubiese algo interesante, de suma importancia.
De este modo, me da miedo abrir el navegador, si tengo trabajo pendiente, pues empiezo a deambular por el mar de artículos, a dejar comentarios aquí y allá, a marcarme los sitios curiosos, a compartir las entradas de interés... y así se me van las horas.
A quienes empiezan les recomiendo que se acostumbren a los agregadores, pues es el modo más sensato de mantenerse actualizado en esta blogosfera tan vertiginosa. Pero, por otro lado, me pregunto si no sería mejor asumir nuestra humanidad y nuestras limitaciones para manejar información.
Amigos, yo ya no puedo escapar, pero quizá vosotros aún estéis a tiempo de salvaros: Controlad el botón de "suscribir"; no leáis todo; no comentéis en todos los sitios; si os marcháis de fin de semana, borrad todo sin mirar; si volvéis de vacaciones, encargad a algún conocido que marque todo como leído. Hacedme caso y ganaréis en tiempo y salud (Benito Julepe no hizo caso y le embargaron su casa).
Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/22371451@N06/2247242701

24 enero 2008

Quien calla otorga

Vuelvo a impartir los cursos para el profesorado que tienen como objetivo iniciarse en las TIC como herramientas imprescindibles en el aula. Uno de los asuntos que surge en las clases es la privacidad de los alumnos cuando utilizamos aplicaciones de Internet. Alguna vez he comentado que este tema también me preocupa, pero que debemos encontrar soluciones para ello sin escudarnos en las hipotéticas situaciones de riesgo. Internet, para un alumno que trabaja bajo la tutela de un profesor, ofrece menos riesgos que un rincón oculto del patio de recreo.
En cierta medida, la actual ley nos ampara al respecto. En el REAL DECRETO 1631/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria, podemos encontrar el Anexo I en el que se definen las competencias básicas. En la definición del Tratamiento de la información y competencia digital encontramos esto:
...esta competencia permite procesar y gestionar adecuadamente información abundante y compleja, resolver problemas reales, tomar decisiones, trabajar en entornos colaborativos ampliando los entornos de comunicación para participar en comunidades de aprendizaje formales e informales, y generar producciones responsables y creativas. (...)
Igualmente permite aprovechar la información que proporcionan y analizarla de forma crítica mediante el trabajo personal autónomo y el trabajo colaborativo, tanto en su vertiente sincrónica como diacrónica, conociendo y relacionándose con entornos físicos y sociales cada vez más amplios.
Además de utilizarlas como herramienta para organizar la información, procesarla y orientarla para conseguir objetivos y fines de aprendizaje, trabajo y ocio previamente establecidos.
Y en el Anexo II, en el que se establecen los contenidos de las distintas materias, concretamente para la Lengua castellana y literatura, establece como aportación a las competencias básicas algunas de las prácticas que ya usamos con las TIC:
La materia contribuye al tratamiento de la información y competencia digital al tener como una de sus metas proporcionar conocimientos y destrezas para la búsqueda y selección de información relevante de acuerdo con diferentes necesidades, así como para su reutilización en la producción de textos orales y escritos propios. La búsqueda y selección de muchas de estas informaciones requerirá, por ejemplo, el uso adecuado de bibliotecas o la utilización de Internet, la realización guiada de estas búsquedas constituirá un medio para el desarrollo de la competencia digital. A ello contribuye también el hecho de que el currículo incluya el uso de soportes electrónicos en la composición de textos de modo que puedan abordarse más eficazmente algunas operaciones que intervienen en el proceso de escritura (planificación, ejecución del texto, revisión) y que constituyen uno de los contenidos básicos de esta materia.
También pueden contribuir al desarrollo de esta competencia el uso en esta materia de los nuevos medios de comunicación digitales que implican un uso social y colaborativo de la escritura y de los conocimientos.
Por ello, lejos de asustarnos como tiernos infantes, hemos de ofrecer alternativas prácticas para trabajar en Internet y asegurarnos de que los padres, madres o tutores conocen estas exigencias. En este curso, para los alumnos de 3º de ESO he realizado un modelo de autorización TIC. Como ya sé que cuesta conseguir que devuelvan algo firmado, lo he planteado a la inversa: Deben firmar quienes NO estén de acuerdo en que sus hijos participen de este tipo de actividades. Como nadie lo ha devuelto firmado, considero que cuento con su autorización. Os dejo el enlace del PDF con una plantilla en blanco y el de Google docs por si queréis 'tunearlo':

Plantilla Autorización (PDF)
Plantilla Autorización (Docs)

Crédito de la imagen: www.flickr.com/photos/74418275@N00/358352515

16 abril 2007

Agujetas digitales


Algunas constataciones después de la pausa:
1.- Se puede vivir una semana sin internet tras varios años en los que mi máximo periodo de carencia han sido cuatro días (una alegría muy grande que me llevo, después de esas dudas razonables del adicto).
2.- Es insostenible, injusta, ineficaz, insultante, increíble... la marea de SPAM que se acumula en este tiempo. Creo que la red debe poner fin a ese tráfico indeseado de mensajes que dificultan tanto la comunicación.
3.- Tras revisar buzones y demás, he descubierto que mi dedicación diaria a la red se parece bastante a la adicción a los culebrones, telenovelas y folletines: Mientras vives para ellos, toda nimiedad te parece relevante y cautivadora, pero, si eres ajeno o te has perdido una temporada, te encuentras con que todo sigue igual, con la exasperante sensación de que las intrigas sólo son bucles sin fin que miras arrobado con escasas posibilidades de escapar. ¡Qué cosas tiene la red!
4.- Me duelen los dedos -¿las agujetas del novato?- por falta de práctica .
www.flickr.com/photos/35335781@N00/67486122

28 noviembre 2006

Asimétrico


Horror de horrores. Lo peor de sufrir una desconexión de Internet no es la molestia de buscar medios alternativos, que los hay, sino la pesadilla de lidiar con la incompetencia humana. Desde el sábado he tenido que explicar una y mil veces que mi ordenador (tanto el fijo como el portátil) podían recibir información, pero no mandar paquetes de más de 1k., vamos que me encontraba asimétrico total. Parece simple de explicar y entender, ¿no? Pues he oído barbaridades y he sufrido desplantes que ruborizarían a cualquiera, como que la culpa era de mi Firewall (que no tengo activado y mucho menos en los dos ordenadores). El caso es que tres días después parece que los técnicos van solucionando poco a poco el problema (aún no funciona la red inalámbrica y tengo que escribir de pie, como orador en púlpito).
Menos mal que mis colegas blogfesores entendieron el grito de socorro y aliviaron mi silencio forzado. Prometo corresponderles si algún día sufren tamaño mal (que San Bilgates no lo quiera)
Un saludo.