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30 agosto 2010

Lectores del presente para lecturas del futuro

Hace unos meses amenacé con seguir hablando de lecturas y de libros electrónicos, y aquí estoy de nuevo. Con la perspectiva que ofrece el uso de un lector de libros electrónicos durante seis meses, me aventuro a comentar algunos aspectos sobre este tipo de aparatos y sobre el aprovechamiento particular que he hecho de ello.
Mi lector es muy sencillo, un booq ligero, que comercializa Luarna, y que permite leer y poco más. Creo que es importante destacar que en la lucha por el mercado de libros digitales se está perdiendo el norte: La mayoría de aparatos que se ofrecen a precios escandalosos son en realidad pequeños ordenadores y no meros lectores; mi libro permite pasar hojas y, en todo caso, dejar una lista de mp3 sonando de fondo, suficiente para quien sólo quiere leer un libro tranquilamente.
Como ventajas de uso destacaré las siguientes:
  • Ligero: Pesa muy poquito y se puede llevar en el bolsillo de una chaqueta.
  • Sencillo: No ofrece complicaciones para su uso. La actualización de software viene con tutoriales sencillos, aunque podría mejorarse la interfaz para versiones futuras. No obstante, el servicio técnico on-line funciona bastante bien y resuelven las dudas al instante. Tiene un puerto mini-USB para la recarga y para conectarse a un ordenador y una salida para los auriculares. Tiene una ranura en la que se puede insertar una tarjeta SD para las actualizaciones de software.
  • Capacidad: Además de los 300 títulos de obras libres que venían con el aparato, dado que obras como Guerra y paz ocupan poco más de un mega, es posible morirse sin haber agotado su memoria. En cualquier caso, se puede usar la tarjeta SD para disponer de memoria adicional.
  • Versatilidad: Para los viajeros, es una herramienta más que útil, pues, además de los libros digitales, almacena y permite visualizar documentos de texto, PDF, presentaciones, etc. La autonomía es considerable (al menos yo he podido leer perfectamente dos libros de 300 páginas sin cargar la batería).
Para no ser parcial, algunos inconvenientes:
  • Lentitud en el arranque: Unos 25 segundos para que esté operativo y otros tantos para llegar a la página que leíamos. Aunque el sistema tiene un historial de lectura que nos remite a donde lo dejamos, cuando uno tiene ganas de leer, todo le parece exasperadamente lento.
  • Actualizaciones de software: Necesarias para pulir algunos fallos. En la última versión, el lector ha solucionado los problemas de historial y de cuelgue al iniciar. Faltan versiones de software más operativas para los menúes de música y los diccionarios.
  • Formatos: El formato EPUB va de maravilla. Es muy útil contar con el programa gratuito Calibre de gestión de libros electrónicos para suministrar versiones en este formato. No obstante, se pueden leer PDF, aunque resulta problemático si tienen imágenes o son muy pesados.
Como balance general, estoy bastante satisfecho. He realizado sesiones intensas de lectura y no he notado la vista cansada; el lector no tiene iluminación y es preciso disponer de una fuente externa de luz, lo que más que un inconveniente es una ventaja para la vista. Recomiendo el uso de una funda rígida, pues la que se ofrecía con el lector (una especie de calcetín elástico) resulta poco útil.
¿Y qué libros he leído? Bueno, al principio recurrí a Scribd y busqué dos libros a los que tenía bastantes ganas y que no encontraba en mis librerías: El gaucho insufrible, de Roberto Bolaño y El vino del estío, de Ray Bradbury. A partir de ahí, tuve una visión: Dedicaría el libro electrónico sobre todo a la ciencia-ficción. De modo que rescaté lecturas recomendadas de mis amigos (Eduardo Larequi, Joselu, Wraitlito, Eduideas..) y las fui buscando por las redes (*). Así han ido cayendo grandes clásicos de este género: El mundo sumergido, de J.G. Ballard, Solaris, de Stanislav Lem, Pórtico, de Frederik Pohl, Hyperion, de Dan Simmons, El día de los trífidos, de John Wyndham, Neuromante, de William Gibson, El hombre en el castillo, de Phillip K. Dick, Estación de tránsito, de Clifford Simak o Misión de gravedad, de Hal Clement. Hasta tal punto me he enganchado a la sci-fi, que me he animado a saltar al formato tradicional, pero ya hablaré de ello en otra ocasión.

(*) En la nota que enlazo al inicio ya comentaba que harían de mí un pirata: A día de hoy, resulta caro y complicado conseguir estos clásicos en formato digital. Las iniciativas como Libranda no parecen tampoco muy centradas, por lo que el lector acostumbrado a las descargas en la red obtiene lo que busca por el camino más fácil. Una ocasión perdida para las editoriales.

29 abril 2010

Harán de mí un pirata

El pasado fin de semana, un artículo en El País preparaba el terreno para una de las polémicas que se avecinan: La entrada del libro digital en el mercado de consumo al por mayor. Con el tono catastrofista con el que suelen tratarse todos los asuntos que afectan a las redes (sin que nadie señale que gracias a internet somos cada día más sabios y libres), se deshojan los inconvenientes que genera la piratería en el negocio editorial: "Los piratas ponen rumbo al libro", no hay más que decir.
Sin embargo, en el artículo se recogen algunas ideas que ya llevan tiempo comentándose en las redes y en los foros especializados. Por ejemplo, no existe una oferta seria de libros digitales; no hay apenas portales de distribución, especializados o generalistas, de libros digitales; no hay una proporción en el precio que se corresponda a los gastos reales de producción del libro digital.
De hecho, muchos usuarios reconocen que se descargan versiones escaneadas de manera irregular porque la versión digital no existe o se ofrece a un precio incluso superior al libro en papel (???). No parece lógico que, después de haber reducido gastos de papel, distribución, almacenaje, etc., el libro digital se ofrezca a 20 euros, sobre todo si quien ha de comprarlo es consciente de que existe un mercado negro gratuito (habría que recordar que parte de la piratería musical se debe al afán de lucro desmesurado de las discográficas, quienes, al pasar del vinilo al CD, redujeron gastos de producción mientras hinchaban injustificadamente los precios de venta al público).
Tal y como está el patio, si las editoriales no mueven ficha pronto, los libros seguirán el camino de la música. Y hay cosas que atentan contra la lógica: Un amo de casa que hace la compra no ha de ir a cada una de las empresas que fabrican el queso, el arroz, el detergente, el aceite, etc. pagando en cada una de ellas sus respectivos añadidos de distribución, etc.; para eso se inventaron las tiendas o los supermercados. Sin embargo, el lector que desea un libro digital ha de ir rebuscando de web en web, rellenando registros interminables, desconfiando del material o de quien lo vende, y siempre con la sospecha de que le van a cobrar más de lo que toca. Y no entro a valorar la oferta de libros digitales, porque si sólo vamos a encontrar best-sellers o autores a quienes sólo los conoce su presidente de escalera, apaga y vámonos...
Imagino que no es fácil encontrar un modelo que beneficie y contente a todos los implicados. Se me ocurre que podría funcionar un sistema parecido a los círculos de lectores: Varios portales especializados en los que se pague una suscripción razonable (30 euros al año) con derecho a un libro por semestre y con un catálogo amplio de libros a un precio también razonable (quizá 8/10 euros una novedad y 3/5 euros los libros de fondo) -por cierto, os animo a que dejéis vuestras propuestas y ofertas en los comentarios-. Si el catálogo fuese interesante (y ahí estaría la habilidad de los editores digitales) yo mismo me apuntaría para alimentar mi booq. Pero de ese nuevo bichito hablaré en la próxima entrada...

Para saber más:

21 febrero 2009

Elogio del bolsillo

El suplemento cultural de El País, Babelia, rinde tributo hoy al libro de bolsillo con algunos artículos interesantes bajo el título Refugio de bolsillo:
No voy a extenderme aquí en lo que ha supuesto para muchos lectores de clase media el libro de bolsillo. La mayor parte de mi biblioteca está formada por esos libros de bolsillo que me han acompañado toda la vida. Ediciones de Alianza, Espasa, Bruguera, Rtve, Seix Barral, Plaza & Janés, Planeta, Ebro, Orbis, etc. han viajado conmigo en bolsillos, mochilas, carpetas, maletas... Recuerdo pocas ocasiones en las que no haya tenido un libro cerca. Es verdad que son libros que envejecen mal y son poco vistosos en las estanterías, pero también tienen el glamour de lo clandestino, de lo revolucionario.
Hace poco, en La bitácora del Tigre, Eduardo Larequi recordaba la colección Reno (y Jet) de Plaza & Janés, y lo hacía a través de Solzhenitsyn, un autor ruso. También es ruso Mijail Sholojov, el autor de El Don apacible, una novela de la que también habla este suplemento de Babelia. La editorial Debolsillo rescata esta novela río (nunca mejor dicho) en cuatro volúmenes. Es una novela ambientada en la revolución rusa, inmensa e inolvidable, de la que ya hablé en una lejana serie de rarilargos. Creo que disponer de esta edición en bolsillo es una buena oportunidad para disfrutar de una historia que no nos dejará indiferentes. Y si a alguien le apetece, también preparé hace años un breve ensayo sobre ella, que tiene casi el mismo sabor añejo que esas ajadas ediciones de bolsillo de mi biblioteca.

10 febrero 2007

Libros detesto

Nueva ley, nuevos libros de texto. Horror de horrores: con lo que cuesta acostumbrarse a uno, para que anden cambiándolos a toda hora. Encima, con estas programaciones pensadas para una realidad de hace quince años, pretenden dar respuesta a los ciudadanos del futuro.
Odio la esclavitud del libro de texto, pero tal y como están los currículos oficiales, es la única manera de sobrevivir y no ser denunciado por padres o inspectores alevosos. En alguna ocasión, en centros privados, me forzaban a terminar los temas del libro, porque los padres se quejaban si alguna lección no se daba. Nada acerca de objetivos, nada de valorar los progresos educativos, nada de haber sobrevivido a la mala educación. Cantidad, no calidad.
Por suerte, ahora puedo seguir los libros de texto con mayor libertad, con cierta insumisión, a veces. Pero me gustaría que mis alumnos fuesen capaces de hacer frente a una educación desligada de tantos kilos de papel.
Sé que ahora comenzarán las visitas de los comerciales y el embeleso (y embeleco) editorial para fidelizar clientela.
Ante tal panorama se me ocurren algunas cuestiones a las que me gustaría que aportaseis vuestra opinión. Teniendo en cuenta que casi todos los libros de texto son igual de buenos / malos:
1.- ¿Existe alguna manera objetiva de comprobar la calidad de un libro de texto? ¿En qué parámetros habría que fijarse?
2.-¿Es lícito aceptar el 'soborno editorial' aunque sea en forma de beneficios materiales para el centro?
3.- ¿Debemos ceder a la progresiva dispersión de su formato en apartados, recuadros, anexos, ampliaciones, etc.?
4.- ¿Encontraremos alguna vez un libro de texto que explique bien la morfosintaxis?
Por último, me gustaría que anotaseis las dos o tres editoriales en las que confiáis para la asignatura de Lengua Castellana y Literatura (con los comentarios, quizá dé para una pequeña guía de orientación para quienes siempre estamos empezando en el oficio).
Crédito de la foto: Instalación de Alicia Martín, Madrid, octubre 2003.