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08 septiembre 2015

Temporada de MOOC

Llega el inicio de curso y lo hace como siempre, con toda la intensidad con la que empiezan las cosas de aula: frenesí, vértigo, emoción, prisa, sueños, ilusiones... También empieza, para algunos, la hora de actualizarse, la hora de la formación. En la Escuela, la formación más efectiva, según he ido comprobando, es la que se hace entre iguales, sobre todo si se puede establecer una comunidad de aprendizaje en común que tenga suficientes elementos de contagio, es decir, que formador y alumno compartan intereses y desempeñen funciones similares. El problema de esta formación es que los docentes de aula no tenemos tiempo durante el curso para entrar en otras aulas o para que otros docentes entren a la nuestra (como ya he defendido hace muy poco). De ahí la necesidad de otro tipo de formación del profesorado: la que ofrecen los CEFIRE (CEP, CPR, etc.), la formación a distancia y, sobre todo, la autoformación, algo que hay que tener en consideración si tenemos en cuenta que todos los docentes somos personas con estudios universitarios y por ello potencialmente capaces de aprender por nosotros mismos. 
En este sentido, especial importancia cobra en los últimos tiempos la formación que ofrece el INTEF, bien sea a través de los cursos tutelados de Formación en Red o bien a través de los MOOC, cursos masivos y abiertos en red. Por suerte, he podido participar en ambas modalidades tanto de alumno como de tutor, y sé que tienen bastantes virtudes y algún que otro defecto. Entre las primeras están la posibilidad de conectar con muchos docentes en la red, el acceso a herramientas y recursos que pueden ser útiles para el aula, el seguimiento por parte de tutores que han puesto en práctica esas tareas, el trabajo en equipo... Quizá esta última virtud sea también fuente del principal defecto, la dificultad de organizar tareas en grupo desde un curso virtual, sobre todo por el escaso hábito de los docentes a la hora de trabajar en equipo. No obstante, la satisfacción personal tras mi experiencia como curador de contenidos en el #ABPMooc_INTEF, cuyos materiales siguen a vuestra disposición, me lleva a animaros a conocer estos MOOC, en los que uno puede marcarse sus propios objetivos y en los que el único compromiso es aprender y compartir, poniendo siempre un poco de voluntad. 

La oferta actual es la siguiente y podéis encontrar más información en el blog de Educalab del INTEF:
  • Enseñar y evaluar la competencia digital (2ª edición)
  • Entornos personales de aprendizaje (2ª edición)
  • Aprendizaje basado en proyectos (2ª edición)
  • Cómo introducir la programación y la robótica educativa en todas las materias
  • Uso Educativo de la Narración Digital
  • eTwinning en abierto (2ª edición)

14 mayo 2015

Comienza otra aventura: #ABPmooc_INTEF


En la Escuela siempre he detectado entre los docentes un miedo exagerado al cambio, una prevención casi proverbial ante las novedades. Algunos hablan de renuncia a salir de la zona de confort, pero yo creo que es más una cuestión de precaución o de inseguridad, motivada tal vez por la excesiva responsabilidad ante un posible fracaso. Sin embargo, me parece fundamental que los docentes experimenten métodos nuevos, que se arriesguen a buscar por su cuenta, solos o con ayuda, alguna experiencia que les permita descubrir nuevos caminos. En esa búsqueda estamos inmersos en las redes educativas desde hace tiempo, con los blogs, con las TIC, con los proyectos, siempre trasteando con herramientas o con metodologías que tienen mayor o menor éxito. En mis cursos de formación siempre incluyo un corolario que dice: "si tratas de ser mejor, tienes todo el derecho a equivocarte". Ese corolario y el verso de Machado "se hace camino al andar" son los elementos de partida para una aventura a la que os quiero invitar desde el blog: el curso ABP MOOC del INTEF, un curso masivo, abierto y online dedicado a iniciarse en el Aprendizaje Basado en Proyectos. Se trata de un curso coordinado por Fernando Trujillo, gran profesional y buen amigo de la red desde hace muchos años, en el que Belén Rojas se encarga de dinamizar las tareas y en el que yo me ocuparé de la selección y difusión de contenidos destacados, a través de las redes (con el hashtag #ABPmooc_INTEF) y del blog del MOOC.

¿Por qué apuntarse a este curso?
  • Porque nos anima a poner en práctica metodologías distintas.
  • Porque permite conocer herramientas nuevas.
  • Porque pone en contacto a docentes con afinidades educativas.
  • Porque nos fuerza a salir del anonimato.
  • Porque nos ayuda a perder el miedo a los cambios.
  • Porque un docente no puede renunciar a seguir aprendiendo.
  • Porque es un curso abierto en el que todos aprendemos un poco.
Y ¿cómo sé todo esto? Porque el proyecto "20 años después...", que estamos trabajando actualmente en el aula, surgió de un curso que hice como éste, y porque muchos de los profes cuyos proyectos envidio hoy día los conocí en aquel viaje virtual. Así que os animo a que os apuntéis y hagáis realidad el verso de Machado.



13 abril 2015

No soy yo, son ellos


Aunque es habitual entre los profes usar las palabras que dan título a esta nota como muestra de una fingida modestia, no es este el propósito con el que las recojo en esta ocasión. He visitado Gijón hace muy poco para impartir (o compartir, mejor) unas jornadas formativas en diversos foros y me he encontrado varias veces con unos elogios que agradezco pero que debo matizar. Al acabar mis exposiciones, algunos profes comentaban: "¡qué trabajos más interesantes haces!", a lo que siempre tenía que responder: "lo que he enseñado no son mis trabajos, sino los de mis alumnos".
Es posible que mi mayor mérito sea el de ser pesado y de no cansarme de mostrar lo que hacemos en clase. Desde hace tiempo, en el blog, en las redes o en los eventos educativos, insisto en la necesidad de difundir el trabajo de aula, independientemente de lo llamativo o innovador que sea. Los profes tenemos que asumir esa tarea de abrir el aula como algo fundamental. Muchos de los trabajos que muestro en jornadas y cursos no son brillantes: tienen fallos, son simples, esconden vicios o descuidos garrafales... pero son los trabajos de mis alumnos, con sus luces y sus sombras. Está claro que suelo enseñar los más originales, pero todos los demás también están en la red y, lo que es más importante, también está visible en parte la trastienda de todos ellos. Esta era otra de las cuestiones que quería comentar: mi trabajo no es que mis alumnos hagan vídeos divertidos o creativos; eso es un elemento más de las tareas, pero no el objetivo final. En todos los proyectos hay una gran parte del trabajo que no sale a la luz, como en un iceberg. Cuando trabajamos con Google Drive es fácil colgar los documentos de trabajo (portfolios o sitios web de algunos proyectos, por ejemplo), pero en otras ocasiones, ese esfuerzo queda en las libretas o en borradores que permanecen en la sombra. Esos trabajos -textos expositivos, instructivos, guiones, resúmenes, biografías, etc.- también son tareas suyas, tareas en las que ejerzo mi tutela curricular tanto como en el desarrollo de las competencias digitales o la alfabetización audiovisual. Por eso, son mis alumnos y alumnas quienes merecen todos los elogios. Y por ellos seguiré contando todo lo que pase en el aula.

En cuanto a mi ponencia en Gijón, os dejo los materiales, tanto la presentación como el vídeo del streaming. Como dije en la charla, si durante un tiempo hemos permanecido al margen de la ley desarrollando metodologías que muchos consideraban cuanto menos dudosas, quizá valga la pena seguir siendo un forajido educativo y tratar de promover un cambio para ese posible BOE de 2020. No creo que sea fácil, pero tampoco es sencillo para muchos de nosotros resignarnos al fracaso o a la rutina. ¿Cuáles serían esos objetivos?
  • Dar prioridad a las competencias 
  • Abolir los deberes 
  • Flexibilizar etapas y niveles 
  • Aprendizaje móvil y ubicuo 
  • Trabajo por ámbitos 
  • Pedagogía de la lentitud 
  • Invisibilidad de las TIC 
  • Derribar los muros de aulas y centros
  • Desaparición de las notas numéricas 
  • Leyes educativas del siglo XXI
De momento, sólo una lista de aspiraciones y deseos, que quizá se vayan cumpliendo si nos empeñamos en empezar a cambiar nosotros mismos.

Por último, aprovecho para mostrar mi agradecimiento: a mi amigo Xulio Berros, que me acompañó en el periplo asturiano como un estupendo cicerone; a Lucía Álvarez y Alberto García, a quienes admiro desde hace tiempo y con quienes pude charlar un rato; a los equipos docentes del CPR Gijón Oriente, del IES Emilio Alarcos, del CP El Lloréu y de la CEPA de Gijón, que me abrieron sus puertas y mostraron su gran profesionalidad y una gran cordialidad; a Queli Fueyo y a sus alumnos de Pedagogía, por la magnífica iniciativa de compartir experiencias reales de aula con alumnado de Primaria; y finalmente a todos los profes que dedicaron un poco de su tiempo a escuchar todas estas experiencias de las que solo soy un mero relator, porque el protagonista no soy yo, son ellos.

02 marzo 2015

El ABP y la paella


Estamos en los albores de marzo y brotan con la primavera los proyectos en las aulas. Ahí tenemos, por ejemplo, Quijote News o las Infografías educativas o Van Gogh 2015, entre otros. También florecen cursos de formación, como los que organiza el INTEF y otros más cercanos como las jornadas y el curso de Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) en el que he participado recientemente, organizado por el Cefire de Castellón, del que hablaré al final de esta nota.

Llevamos ya mucho tiempo compartiendo proyectos en las redes, la mayoría de ellos colaborativos. No sé si todos los que he llevado al aula han seguido al pie de la letra los postulados del ABP. Eso sí, cuando leí la Orden del BOE, que apunta las orientaciones metodológicas para trabajar por proyectos (léanse las páginas 17-18 del documento), por lo menos me sentí identificado en la acción y en la intención. Conozco la teoría del ABP bastante bien y me gusta; por eso siempre he tratado de cambiar mi aula en la línea de esos enfoques. Sin embargo, como ocurre con la paella, hay tantas fórmulas del ABP como docentes, o más bien habría que decir como aulas. Porque, al igual que la paella, cada docente debe elaborar su plato con los ingredientes que tiene a mano y con la tradición que ha heredado. Por estas tierras, por ejemplo, a la paella se le pone costilla de cerdo, un anatema para los de pueblos más al sur; en otros lares, añaden romero o tomillo, incluso cebolla. Los puristas se echan las manos a la cabeza porque no conciben semejantes atropellos. Parece evidente que el "arroz con cosas" que se ofrece en muchos lugares no debería llamarse paella, pero, ¿dónde está el límite?
Como decía, algo similar ocurre con el ABP, que también tiene sus puristas y exegetas. ¿Hay ABP sin trabajo cooperativo? ¿Hay ABP sin uso de las TIC? ¿Hay ABP sin socialización fuera del aula? ¿Y sin pregunta o producto final? De todo esto se habla en los cursos y jornadas sobre ABP, y yo me acuerdo entonces de la paella con costillas, que bien buena está. Los de lengua conocemos bien una dicotomía saussuriana fundamental, la de lengua y habla, esto es, el sistema ideal y abstracto, y su ejecución real y concreta. Llevar el Aprendizaje Basado en Proyectos al aula como sistema abstracto es imposible, tanto como encontrar la receta original de la paella, pero cada docente debería saber actuar en su aula de acuerdo con los principios que lo rigen, adaptándose a las circunstancias propias de su formación, de sus intereses y del propio contexto educativo en el que se halla. Sin embargo, deberíamos reflexionar en esos cursos y jornadas acerca de cuáles son los límites que separan el ABP de los "proyectos con cosas". Por si sirve de consuelo, tampoco yo los tengo claros, aunque intento cada vez aproximarme más al ideal. 

Después de este preludio gastronómico, doy paso a la crónica de las Jornadas #CsABP. En estas jornadas pude charlar un rato con buenos colegas como Jordi Doménech, Jordi Martí o Ramón Paraíso, además de otros muchos docentes a los que veo más a menudo. Por mi parte, estuve contando los aciertos y errores de un proyecto que llevé a las aulas hace un par de años: "Vamos a venderlo todo". Como ya lo expliqué aquí, os dejo los vídeos (gracias a Sergio Mestre) y el enlace a la presentación:

Para cerrar las jornadas, alguien tuvo la idea de contratar a dos farsantes (en su acepción más literal) para hablar de ABP y TIC con el tono de una charla intrascendente de taberna. Solo os dejo una imagen que puede dar idea aproximada del resultado. Por suerte, mi histriónico compañero Juanfra Álvarez supo dar el toque de seriedad que la ocasión requería (*).


Tras las jornadas, ha dado comienzo un curso de ABP en siete días cuya sesión inicial corrió a cargo de mi compañero de centro (y de PQPI) Francesc Collado y de un servidor. Se trataba de un minitaller para abrir boca y para esbozar in situ un proyecto. Es evidente que los límites de tiempo no dieron para mucho, pero resultó curioso comprobar que hay numerosos docentes que apuestan por el cambio metodológico y que está dispuestos a formarse para ello, lo que es sin duda motivo de alegría en estos tiempos inciertos.




(*) ADENDA 7/03/15:
Disponible el vídeo de la charla sobre ABP y TIC:



25 octubre 2014

Enredado en el ABP

A veces ocurre que uno anda buscando algo y resulta que lo lleva puesto. Lo curioso es observar que también sucede cuando hablamos de metodología docente. Quienes se adentran en el mundo del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP o PBL) reconocen que llevaban tiempo haciendo algo parecido o, al menos, se hallaban en el camino que conducía a ello. En efecto, nada nuevo hay bajo el sol; el ABP bebe de diversas fuentes que desde hace años ofrecen alternativas a los métodos tradicionales. El ABP resurge ahora con fuerza para tratar de dar respuesta al fracaso escolar y a las exigencias del mundo actual; para ello se ha sistematizado el método y se ha enriquecido con el aporte de las TIC.
Personalmente, cuando llegué a la teorización del ABP, me encontré con el andamiaje que echaba en falta en mis escarceos metodológicos. Ya conocéis proyectos como Callejeros literarios o Piénsame el amor..., de modo que no es necesario explicar que se puede trabajar por proyectos en el aula de Secundaria o Bachiller, que siempre es posible adaptar la metodología del ABP a cualquier contexto, mientras mantengamos la mirada puesta en lo importante, en las competencias.
En estos días hemos comenzado un nuevo curso del INTEF sobre ABP, del cual soy tutor. A pesar de que circularán por la red gran cantidad de recursos actualizados, aprovecho esta nota del blog para recopilar algunos de los recursos propios que he ido acumulando en los últimos tiempos. También aprovecho para animar a mis colegas para que apliquen enfoques didácticos basados en la acción, sea el ABP, la clase invertida o cualquier otro método que exija la implicación y participación del alumnado en la construcción de aprendizajes significativos (y que ello no sea palabrería hueca de burocracia docente).


También os pueden interesar algunas reflexiones sobre la evaluación en los cursos del profesorado:

30 mayo 2014

La práctica hace al maestro... o no


El lunes pasado este blog cumplió ocho años. En todo este tiempo de vida bloguera apenas he hablado de un asunto que ocupa buena parte de mi oficio: la formación del profesorado. Es ésta una faceta en la que me inicié de manera activa en 2007 y en la que todavía sigo interviniendo con bastante asiduidad. Reconozco que empecé a impartir cursos de formación porque no me gustaban los que recibía; no se me entienda mal: no sugiero que mis cursos sean mejores que los de los demás, sino simplemente que como alumno me aburría y como profe no puedo hacerlo por el empeño que pongo en ello. Es algo así como lo que dicen las parejas rotas, "no ha sido culpa tuya, sino mía".
La formación del profesorado es un tema del que no resulta fácil hablar sin tapujos. Me parece que este oficio nuestro es de los pocos en los que los grandes profesionales se atreven a jactarse de que no necesitan formación, alegando que "la práctica hace al maestro". Si lo pensáis bien, nada impide que un pésimo licenciado esté toda su vida dando clase sin tener ni remota idea de lo que hace. Al menos mientras mantenga un alto índice de aprobados. La formación en nuestro colectivo está entendida tradicionalmente como "asistencia o participación en cursos", nunca vinculada a su aprovechamiento, asimilación o relación con la práctica de aula. De hecho, parece que hay una desconexión total entre "formación" y "práctica docente", como si ambas esferas fuesen universos paralelos que nunca se han de tocar. Podríamos hablar incluso de la "burbuja formativa", esa oferta de los últimos años en la que había cursos de todo y para todos, cursos que ofrecían propuestas, enfoques o métodos cuyo contacto con la realidad del aula era pura ficción. Todos hemos sido cómplices, sí, de esa burbuja que solo servía para conseguir créditos y afianzar sexenios: una formación por encima de nuestras posibilidades.
No sé cuál es el camino correcto para abordar la formación docente. He hablado con muchos asesores que se muestran preocupados porque ya no saben cómo promover cursos: incluso ofertando en el propio centro, los docentes se resisten a participar. Por ello, la administración, aplicando aquello de "a grandes problemas, grandes soluciones", ha apostado por la formación on line, probablemente tan efectiva, pero más barata. La clave de todo ello es que tal vez, como ocurre con la política, hayamos llegado al punto de no tomarnos en serio algo que deberíamos considerar fundamental. Digo fundamental porque sé bien que la formación es muy necesaria, no solo para la mejora y la innovación, sino también para la calidad docente.
Para ilustrar estas afirmaciones, voy a poner un ejemplo personal reciente. Quienes me conocen saben que llevo más de cuatro años colaborando en el diseño e implementación de proyectos educativos en el aula. Para hacerlo con mediano éxito, he tenido que formarme y autoformarme: sobre todo lo he hecho leyendo blogs, artículos didácticos, aprendiendo de compañeros, etc. La parte práctica la tenía consolidada, sin duda, y podría haberme quedado ahí, señor de mi rutina, pontífice de mi saber hacer. Sin embargo, cuando a finales del año pasado tuve la ocasión de ejercer de tutor de un curso de "Aprendizaje Basado en Proyectos" para el INTEF, pude comprobar que me faltaban bases teóricas y que desde la atalaya de la tutoría de otros docentes estaba aprendiendo también sobre mis propios errores. De nuevo podría haberme quedado ahí, pues ya tenía la teoría y la práctica; pero me faltaba el tercer lado del triángulo formativo: la visión del aprendiz. Después de tantos años, no había sido juzgado ni evaluado, lo que ponía de manifiesto esa carencia en mi metodología. Así que, en el último MOOC sobre ABP, en el que he participado como "alumno raso" he podido ver lo complicado que resulta a veces cumplir con los deberes, completar tareas, colaborar con colegas, tomar decisiones... y, en especial, lo duro que resulta ser evaluado. 
El punto de la evaluación es el último que quería tratar. Los docentes nos formamos poco y mal. Al menos en la formación estándar, esa que da créditos, porque otra cosa son los eventos educativos y la autoformación. Nos formamos mal porque no nos creemos que otros sepan más o enseñen mejor, porque no nos interesa tanta teoría, porque, mientras el profe explica, buscamos ofertas de viaje o hacemos dibujitos hipnóticos en la libreta, porque firmamos y nos vamos... pero, sobre todo, porque aceptamos de mala gana que nos evalúen. Si dicen que el médico es el peor enfermo, el docente es sin duda el peor alumno. Tanto en el curso del INTEF como en el MOOC que acabo de mencionar han sido muy frecuentes las quejas por evaluaciones injustas, bien por la falta de feedback o comentarios que aclarasen los puntos negativos o bien porque evaluadores y/o evaluados no habían siquiera leído las rúbricas. Yo mismo he tratado de colar algunas tareas un poco flojas y he sido descubierto por colegas que me lo han hecho notar; aún así, en otras ocasiones, he recibido calificaciones bajas sin ninguna aclaración, lo que me ha hecho pensar: "¿Son tan rigurosos esos profes consigo mismos como lo son con los demás?" Reconozco que ese tema ha sido para mí una auténtica "caída del caballo" que me ha hecho reflexionar sobre mi propio modo de evaluar (incluso lo hice explícito en mi blog del MOOC). ¿Qué garantías tenemos de que evaluamos bien a nuestros alumnos? ¿Recibimos u ofrecemos comentarios acerca del acto de evaluar? ¿Qué nos hace pensar que estamos trabajando bien? ¿Quién le dice al profe que lo hace mal? ¿Quién le pone el cascabel al gato?
Cómo veis, había empezado a hablar de formación y acabo haciéndolo de evaluación. No puedo ofrecer respuestas acerca del mejor modo de formar a los docentes, porque en ello hay factores que escapan a mi control (cuánto dinero dedicar, quién debe diseñar la formación de un centro, quiénes están en condiciones de evaluar a un docente....). No obstante, creo que debemos tomar conciencia de que sin formación real, sin someternos periódicamente a una evaluación de nuestras capacidades docentes, es muy probable que estemos viviendo en una burbuja de satisfacción profesional que poco tiene que ver con la realidad. Tal vez sea cierto que la práctica hace al maestro, pero no sabemos si lo hace bueno, regular o malo.



24 noviembre 2013

Comunicar es verbo de acción


En los próximos días ponemos fin a un curso que he impartido sobre "Didáctica de las Competencias Comunicativas", dirigido a docentes de diversos niveles (Primaria, Secundaria, Audición y Lenguaje...), en el que hemos abordado distintos aspectos metodológicos que tenían en común los enfoques comunicativos. La primera cuestión que se presenta es esta: ¿los enfoques comunicativos son patrimonio exclusivo del profesorado de lenguas? Evidentemente, no. Los enfoques comunicativos van encaminados al desarrollo de la competencia comunicativa, a través de tareas significativas e integradas en contextos de comunicación lo más reales posibles. Esa competencia comunicativa "es la habilidad basada en un conjunto de conocimientos (dominios, experiencias, destrezas, hábitos, etc.) que hacen posible que los integrantes de un grupo social (hablante/ oyente/escritor/lector) comprendan y produzcan eficazmente mensajes con significado sobre cualquier aspecto del mundo por diferentes medios y códigos, y en diversos contextos de la vida social". Por tanto, cuando hablamos de la competencia comunicativa no estamos hablando de enseñar lengua y literatura (que sería una mínima parte de la subcompetencia lingüística o de la cultural), sino de desarrollar estrategias globales para que la comunicación entre individuos sea correcta, eficaz y satisfactoria. Por tanto, trabajar esta competencia es tarea de todas las áreas y asignaturas, y así se recoge en los currículos, en las indicaciones para integrar las competencias en el aula, en los desarrollos de planes lectores o planes lingüísticos de centro, etc. Conviene recordarlo e insistir en ello cuanto sea preciso: la lectura, la escritura, la expresión oral, el debate, los portafolios, los diarios de aula... todas esas tareas encaminadas a trabajar, supervisar y mejorar la competencia comunicativa son responsabilidad conjunta del equipo docente y ello implica que se deben conocer las metodologías más eficaces para abordarlas. "Comunicar" es un verbo de acción y no hay modo de hacerlo desde enfoques pasivos.

Al hilo de este curso he ido publicando en el blog De textos algunas notas recopilatorias sobre distintos aspectos de los enfoques comunicativos. Estos recursos los he recopilado también en un sitio web: Enfoques comunicativos, para que queden a disposición de quienes los necesiten. También allí agradezco las aportaciones de muchos colegas que han abordado este tema, aunque la lista se haría interminable si tuviese que mencionar a todos los que de una manera u otra me han iluminado el camino.
Dejo para el final algunas reflexiones surgidas a partir de las intervenciones en el curso:

  • ¿Puede un docente del siglo XXI trabajar la competencia comunicativa con sus alumnos si ni siquiera conoce experiencias didácticas de su propio claustro o de colegas cercanos?
  • ¿Se puede trabajar la competencia comunicativa exclusivamente con un libro de texto?
  • ¿Se garantiza la competencia en comunicación cuando más del 80% de tareas están centradas en la escritura?
  • ¿Se puede desarrollar y evaluar la competencia comunicativa cuando más del 80% de tareas se hacen fuera del aula?
  • ¿Qué formación se está ofreciendo a los docentes para que conozcan y desarrollen metodologías comunicativas del siglo XXI?
  • ¿Han aprendido alguna vez los docentes técnicas de comunicación?
  • ¿Puede un docente que permanece al margen de redes sociales y entornos digitales instruir adecuadamente a sus alumnos en la comunicación de hoy día?
  • ¿Es más importante para nuestro futuro tener alumnos bilingües que alumnos alfabetizados en contextos comunicativos digitales?
  • ¿Cómo es posible que unos enfoques comunicativos que llevan tantos años en marcha (aprendizaje por tareas, por proyectos, por problemas...) sigan siendo minoritarios en unas aulas invadidas por actividades mecanicistas y descontextualizadas?
  • ¿A quién echaremos las culpas cuando lo que se aprenda en el aula no sirva para nada en la realidad?

08 julio 2012

Y sin embargo, nos movemos


La semana pasada fue una semana intensa. El claustro del lunes desveló que no sabíamos nada de nuestro futuro, que todo está en el aire, horas de refuerzo, número de profesores, programas de atención a la diversidad... una maravilla de organización para fomentar que el profesorado prepare sus materiales para el curso que viene. Y es que somos muchos los que de verdad aprovechamos el mes de julio para actualizarnos, que no todo es reivindicar con una mano y salir luego corriendo con los dos pies. Por ejemplo, esta semana pasada me he encontrado con casi trescientos docentes en Novadors12, en Alcoi, un encuentro de ensueño que ha sido posible básicamente al empeño de Juanfra Álvarez y otros pocos locos como él. En esas jornadas presenté la PechaKucha que abre esta nota, sobre el proyecto colaborativo El Quijote sincopado, del que ya hablé en este blog. Gracias a ello he podido conocer en persona a J.Daniel García, mi compañero de proyecto a quien 'solo' conocía de la red; esa es la grandeza de todo este tinglado de la red, que permite afinidades electivas más allá del espacio geográfico y el tiempo de dedicación en el aula. 
Clausuradas las jornadas Novadors12, viajé un poco más al sur, hasta Lorca, para participar en Ticemur-Expertic, un encuentro institucional dirigido sobre todo a docentes de la Región de Murcia, pero que acoge también a numerosos profesionales de otros ámbitos. Era la primera vez que participaba en este evento y me ha sorprendido encontrar a más de cuatrocientos profes de todos los niveles dispuestos a compartir experiencias educativas durante tres días. En esta ocasión, me tocaba intervenir como experto junto a Julio Cabero, catedrático de la Universidad de Sevilla, y junto a mi amigo Fernando García Páez, maestro y motor de los proyectos del cole San Walabonso de Niebla; nos tocaba explicar lo que suponía para cada uno de nosotros la Educación en la nube. Debo decir que la sesión estuvo orientada sobre todo a ofrecer un panorama teórico-práctico con el fin de que los asistentes -presenciales y online- pudiesen sugerir dudas y cuestiones al respecto. El desarrollo de estas jornadas fue intenso y muy positivo, pues nos permitió conocer numerosas experiencias prácticas en el aula. También quisiera destacar el magnífico trabajo de los organizadores del encuentro, a quienes siempre les toca lidiar con frentes muy diversos.
De todo lo anterior, para no extenderme demasiado, extraigo algunas conclusiones a vuelapluma:
  • La comunidad docente, a pesar de los palos que está recibiendo, no renuncia a formarse para poder dar a sus alumnos lo mejor de sí mismos. 
  • No debemos esperar a que las administraciones nos formen; somos capaces de autoformarnos y colaborar con otros para aprender.
  • Los encuentros educativos son un complemento necesario para quienes trabajamos en red, pues nos permiten poner cara y voz a muchos de nuestros colegas. 
  • Los eventos presenciales favorecen, además, que numerosos compañeros que no se han lanzado todavía a la difusión de sus tareas en la red conozcan de primera mano a quienes ya están trabajando en ello. 
  • La diversidad de ámbitos -educativos, organizativos y geográficos- de los asistentes ofrece un panorama mucho más rico que aquel en que acostumbramos a movernos a diario. 
  • En estos encuentros, generalmente se aprende más en pasillos, reuniones improvisadas a la hora del aperitivo o conversaciones de sobremesa, que en las propias ponencias y comunicaciones: nunca hay que subestimar el factor humano. 
  • Por último, resultaría imposible mencionar a todos los buenos colegas con los que he coincidido en estos encuentros, y a otros tantos a los que he tenido la suerte de conocer. Seguro que en el camino seguiremos encontrándonos. 
Y me queda una reflexión final sobre la que tengo que volver con tranquilidad más adelante. Una gran cantidad de docentes está haciendo auténticas maravillas en sus aulas, con las TIC o sin ellas. En muchas ocasiones, el miedo al error o la percepción equivocada de que las tareas son de escaso calado paraliza a los docentes en el desarrollo o difusión de interesantes proyectos de aula. Desaprovechar el poder de las redes para compartirlas es una lástima. No deberíamos permitirnos que se pierda esa riqueza colectiva y tendríamos que pensar de qué modo podemos hacerlos visibles para que esa labor llegue a todos. Lo dejo como deberes de verano.

14 mayo 2011

Podcast y docentes renovadores


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Hemos terminado hoy el Taller de podcast y videocast impartido por Novadors en la Universitat Jaume I para los docentes del M.R.P. Castelló, en su Escola d'Hivern. En las dos sesiones del curso he tenido la ocasión de disfrutar de profesionales que mostraban un interés poco usual en estos eventos, haciendo preguntas prácticas y con evidentes ganas de poner en marcha algunas de las recetas mostradas. La duración de las sesiones apenas ha dado para abrir el apetito y dar a conocer algunas herramientas básicas, con breves indicaciones acerca de sus posibilidades educativas. También ha servido para darme cuenta de la cantidad de objetos multimedia que he ido generando en el aula en los últimos años y de lo mucho que se implica el alumnado en su realización.
En el curso he coincidido con otros ponentes, compañeros de Novadors, como Anna Sorolla, Josep Lluís Ruiz, Sergio Mestre o Jaume Olmos (también me he reencontrado allí con Vanesa Marín, premio Espiral 2010). Sin embargo, como he apuntado, me quedo con el grato sabor de compartir unas horas con profes ilusionados y con mucha energía, que dan credibilidad a su lema de "movimiento de renovación pedagógica". Un auténtico lujo.

13 marzo 2011

¿Pared o ventana?

No había querido hablar del Curso de Pizarra Digital que estoy impartiendo hasta haberlo acabado, pero este fin de semana, de la mano de Jaime Olmos (@olmillos para los amigos tuiteros) y de varios colegas más, se ha difundido la presentación que preparé para la primera sesión del curso. Como en Internet todo caduca tan pronto, avanzaré en esta nota algunas de las conclusiones parciales sobre el uso de las pizarras digitales a las que voy llegando en estos días. Intentaré ser esquemático, aunque sabéis lo mucho que me cuesta.

TIENE SENTIDO:
  • Disponer de pizarras digitales (interactivas o no) en todas las aulas.
  • Formar al profesorado para su uso.
  • Recopilar recursos y etiquetarlos en marcadores sociales para que sirvan a otros.
  • Utilizar materiales que ofrecen las editoriales o las instituciones como apoyo a la docencia.
  • Aprovechar la red para compartir desde y hacia el aula.
NO TIENE SENTIDO:
  • Una pizarra digital (o dos) para todo el instituto/escuela.
  • Tener que pedir hora para usarla o tener que dedicar veinte minutos a montar y desmontar.
  • Crear o generar contenidos propios para cada clase.
  • Usarla exclusivamente como superficie en la que escribir.
  • Usarla exclusivamente para 'ver' Internet.

Resumiendo:
a) Los docentes no han tenido que escribir nunca los libros de texto ni las enciclopedias, por tanto me resulta absurdo que ahora tengamos que dedicar buena parte de nuestro tiempo a crear ejercicios interactivos o recursos multimedia; a eso se dedican las editoriales. Si además, ese producto se enlata en un CD o en una memoria USB, será un esfuerzo baldío que sólo aprovecha a un docente.
b) En este oficio, y con el desbordamiento de recursos e información disponible en la red, se está haciendo imposible trabajar con los hábitos individuales y acumulativos de los eruditos decimonónicos. Etiquetar y compartir recursos es nuestra tabla de salvación. No tiene ningún sentido volver a hacer algo que ya está hecho (a no ser para mejorarlo, claro).
c) Las actividades interactivas pueden tener, gracias a la Pizarra Digital Interactiva, una nueva vida, pues permiten socializar aprendizajes individuales; sin embargo, siguen siendo actividades mecanicistas.
d) Una pizarra digital 'al lado' de una tradicional implica que la primera no es más que un plan B de la segunda, un accesorio del que podemos prescindir. Hagan la prueba: Vayan al salón, coloquen en el lugar de la tele el microondas y desplacen la tele hacia el rincón y ahora digan "ahí sí que se ve bien".
e) Por último, no olvidemos que nuestras programaciones se hacen a partir de los 'objetivos' del currículo y que la enseñanza (incluida la 2.0) no debería basarse tanto en contenidos como en procesos para conseguir esos objetivos. Las estrategias para que esos procesos se consigan no forman parte del software de la pizarra, sino de la competencia del docente.

16 octubre 2007

De textos y web 2.0

He comenzado ya las tres sesiones en las que tengo que explicar brevemente en qué consiste la Web 2.0. Para demostrarlo con hechos he asistido al curso con las manos en los bolsillos, de modo que quede claro que es posible disponer de todo lo necesario para la docencia mediante herramientas virtuales. Para ello había preparado un blog de soporte logístico que queda a partir de ahora a disposición de todos vosotros: De textos. He de decir que las completas instalaciones del aula de informática de la Universitat Jaume I permiten esta especie de osadía.
Además, he tenido la ocasión de poner en práctica algunas de las herramientas disponibles en Google Docs, como la posibilidad de compartir presentaciones en red, con el que incluso no es necesario tener instalado ningún programa para verlas a pantalla completa. Podéis ver aquí un ejemplo de la presentación que he empleado en este curso.
Además, la parte práctica de estas jornadas será realizar una presentación mediante un proyecto colaborativo con esta herramienta. Así que ya os contaré qué tal sale.

Crédito de la imagen: http://web54.fortrabbit.de/wp-content/uploads/2006/08/web-20-bubble.jpg