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19 febrero 2011

Sesquidécada: febrero 1996


Para febrero de 1996 podría dedicar una sesquidécada plurilingüe en la que se hallarían los Autos del portugués Gil Vicente haciendo compañía al Llibre de Evast i Blanquerna, de Ramon Llull. Pero ambos autores han tenido la mala suerte de coincidir en el mismo mes en que leí Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Quienes conozcan la mítica novela del colombiano no van a necesitar glosas ni alabanzas. A quienes no lo han hecho todavía, únicamente acierto a dejarles el impresionante inicio y, si son capaces de resistirse, poco puedo hacer para convencerlos de que disfruten con una de las mejores novelas en lengua castellana.
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.