17 enero 2014

Sesquidécada: enero 1999


"Lo esencial es invisible a los ojos: solo se ve bien con el corazón." Antoine de Saint-Exupéry

Esa cita me acompañó durante años. Estaba en un cartel bien visible de un lugar que por entonces frecuentaba; no había leído nunca El Principito, porque mi maestro del cole, don Arturo, había preferido que leyésemos a Azorín. Como adolescente, me conformaba con anotar alguna cita y recordar ésta tan famosa que encabeza la primera sesquidécada del año. Así que ya había yo entrado en mi treintena, en enero de 1999, cuando me decidí a leer el clásico de Saint-Exupéry, y lo hice disfrutando de la versión original en francés. El Principito, con su complejidad existencial, vino a sumarse entonces a esa lista de libros que parecen escritos para niños pero que en absoluto lo son. Una larga lista que incluye la deliciosa prosa poética de Alfanhuí, la divertida burla política de Los viajes de Gulliver, la agridulce crítica social de Canción de Navidad, el alegato contraeducativo de Pinocho, la subversión moral de Pippi Calzaslargas, el despertar a la vida de La isla del tesoro, o el absurdo desorden del mundo en Alicia en el País de las Maravillas. Tal vez este 2014, cuando se cumplen 100 años de la primera edición de Platero y yo, sea un momento ideal para leer o releer esos "clásicos para niños" con la mirada que les corresponde. 

Crédito de la imagen: 'Le Petit Prince'

11 comentarios:

Eingel dijo...

Yo siempre he pensado que algunos de esos libros es mejor no leerlos antes de los quince años, para evitar que te quede en la mente como una obra infantil, y disfrutar de su contenido

Esther Escorihuela dijo...

Tuve la suerte de tener un maestro sensible que nos hizo descubrirl El principito con 14 años. Pienso que fue el momento idóneo, en esa adolescencia en que cuestionamos el absurdo mundo de los adultos que han olvidado las verdades esenciales y la capacidad de asombro. Después he vuelto más veces y siempre su lectura me aporta y me conmueve.

eduideas dijo...

Creo que estos libros deben leerse dos veces: en la infancia, porque si no muchos alumnos no accederían nunca a ellos, y ya conscientes del mensaje que encierran. Justamente a veces al plantearlos en según qué etapas educativas les puede lo infantil, hay que saber buscar el equilibrio. Pero es una prueba de que entre los teóricos libros para niños hay joyas (en contra de los que denostan aún la LIJ) y que el sentido figurado y connotativo es inherente a la buena literatura, algo que hay que aprender a decodificar en clase. Al margen de consideraciones didácticas, sin duda El Principito es una joya y merece protagonizar cualquier sesquidécada.

Lu dijo...

Yo tuve la suerte de tener un padre amante de la literatura y de compartirla conmigo y con mi hermana, al calor de la noche, en ese momento mágico que está entre la vigilia y el sueño. De su mano, me llegaron varios títulos de los que citas (salvo Alfanhuí, que leí en la escuela). Ni Pinocho, ni Alicia, ni Gulliver entraron en mi recorrido lector por mediación de la escuela. Y no es un reproche, porque el recuerdo de mi padre hablando de la reina mala, de Geppeto (él lo pronuciaba a la italiana), de los liliputienses es entrañable.
Toni, Exupéry inicia El Principito con una exelente dedicatoria a su amigo León Werth. Viene a decir que las personas mayores pueden entenderlo todo, incluso los libros para niños. Y así es, pero se nos olvida.

Gemma Serrano dijo...

Yo tuve que ¿leer? Platero y yo en quinto de EGB... No entendí nada... Este año le prometo un homenaje... :)

mjchorda dijo...

Quizá a esa lista podríamos añadir Peter Pan de James M. Barrie.Tengo una edición con prólogo de Leopoldo Panero que dice: " Nadie que yo sepa, ha connotado hasta ahora la inefable rareza de la literatura infantil. Del mismo modo, nadie que yo sepa, ha admitido hasta hoy lo que del niño se escapa de la concepción normal del niño, la inefable rareza de la subjetividad infantil." Y sí, yo leí El Principito en plena adolescencia, en el instituto. Recuerdo que en el grupito, iba de mano en mano, subrayando y anotando frases como la que citas. Todo un hallazgo, ver impresas ideas que creías que solo tú pensabas y que de repente formaban parte de un libro. Adictivo en aquella época, bueno...y ahora :)

Joselu dijo...

No recuerdo haber leído El principito hasta que lo leí con alguna de mis dos hijas cuando tenía unos siete años. Me di cuenta de la complejidad interpretativa y simbólica de este relato de apariencia sencilla. Creo que es una lectura a varios niveles posibles, la infantil como la que yo hice aunque quedara su sentido hermético para los oídos de mi hija. La belleza del relato es suficiente para seducir a un niño. El viaje del principito por los planetas es misterioso, la relación con la rosa también. He leído varios libros de Saint-Exupery, quedándome con Vuelo nocturno como uno de los libros más maravillosos que he leído jamás, y en él late ese temblor existencial que crea sugerencia también en El principito. No, no es un libro sencillo, del mismo modo que tampoco lo es Platero y yo, un libro que habla esencialmente sobre la muerte y la transitoriedad de la belleza. Eso no quiere decir que no se pudieran leer en otro tiempo a edad temprana. Ahora no, evidentemente. No está el horno para joyas simbolistas y existenciales, unos códigos que han periclitado en la era del móvil. Pienso que los adolescentes no son como los plantea Esther Escorihuela, cómo ávidos de asombrarse y que cuestionan el mundo absurdo de los adultos. Eso pudo ser, pero ya no lo es, por la saturación de información que se padece, por la brutal dimensión de las imágenes que cualquier adolescente ha visto ya a través de todos los medios tecnológicos y que van desde la violencia extrema, a la pornografía de toda laya, por lo que es difícil ya sorprender a uno de estos adolescentes que difícilmente captarán la magia de textos como estos que requerirían de un mundo más lento e ingenuo.

Toni Solano dijo...

Eingel: Es en verdad un riesgo clasificar las lecturas a partir del poso que dejamos en ellas al leerlas de niños, pero también es cierto que se disfrutan de otro modo. Pienso en el caso de Pippi Calzaslargas, alucinante tanto para lectores jóvenes como mayores. Gracias por pasarte y comentar :)
Esther: Claro que nuestros catorce años son terreno ideal para soñar con las estrellas, sobre todo para los amantes de la lectura. Es en cierta medida una pena que lo audiovisual haya sustituido hoy a esas lecturas juveniles.
Eduideas: Tu propuesta es sensata y satisface ese doble nivel de comprensión de estos textos (algo similar a lo que ocurre hoy con Los Simpsons, por ejemplo). En cuanto a la literatura juvenil, sigue siendo una desconocida para buena parte de profes, que aún mantienen como canon sus libros de la infancia, trasnochados por décadas.
Lu: Mi primer acercamiento a Pinocho fue la magnífica serie de TV de los años 70. Tanto me marcó que me compré el libro y lo leí varias veces, disfrutando de cada lectura como la primera vez. No siempre el cine o la televisión matan la lectura,
Gemma: Me parece alucinante que se siga mandando Platero y yo como lectura a los niños (al menos sin el debido acompañamiento y solo determinados fragmentos o adaptaciones). Ya conocía fragmentos y era buen lector cuando hinqué el diente a Platero y aún así me pareció un libro tan complejo como delicioso. Recomendarlo a edades tempranas sin ayuda es como llevarte a un niño a comer al Bulli.
Mª José: Aunque no te lo creas, Peter Pan todavía está en mi lista de pendientes :)
Joselu: Seguiremos durante años hablando de libros, de lectores y de hábitos de lectura sin llegar a conclusiones certeras, si las hay. Es verdad que los jóvenes de ahora no tienen interés por la lectura ni como evasión ni como fuente de placer, pero insisto en que no hacemos bien nuestro trabajo (los profes, las familias, las administraciones...) y eso contribuye a que la brecha se abra cada vez más. ¿Quieres que tus alumnos disfruten con Platero? Deja todo de lado y monta en tu aula un taller de lectura y escritura con Platero como eje. Que vivan Moguer, que huelan Moguer, que críen un burro, que jueguen como los niños del libro... El mundo de la lectura no les interesa porque no les abre puertas, sino que les cierra las que tienen abiertas. Las puertas cerradas siguen siendo las del aula, un lugar cuyo único atractivo es que los pone en contacto directo con sus amigos. El resto, lecturas descontextualizadas y profesores que parecen haber memorizado la wikipedia. Y bien sabes que no lo digo por ti, que sigues siendo excepción.

jaramos.g dijo...

Si esos libros no son para niños (al menos para que los niños lleguen hasta lo hondo), imaginemos la ristra de los "clásicos" que se estudian en las aulas, desde Berceo hasta Luis Montero, pasando por Garcilaso, Quevedo o Feijoo. Y ahí siguen, intactos, claro está. Salud(os).

Marcos Cadenato dijo...

Me encanta la lista de libros de esta nota, Toni, me encanta y me enternece recordar a Pinocho, Alicia, Gulliver, el principito, Peter Pan, Platero...
De todos ellos -lo confieso, tengo verdadera debilidad- el personaje de Saint Exupéry siempre me ha cautivado: por su simpleza, su complejidad, su magia, su profundidad, sus planetas y su rosa.... Es una obra que me fascina y me atrae inexplicablemente y atesoro objetos relacionados con el libro (calendarios, lápices, plumíeres, mollesquines, bolígrafos, chapas....) y por supuesto las diferentes ediciones de la obra. Este año pasado ha salido la del 75 Aniversario, pero también es una joya la del Cincuentenario. Mi colección de principitos habla muchos idiomas -mis amigos y yo viajamos bastante- pero siempre me ha llamado la atención las diferentes ediciones existentes en lo que se llama actualmente España: español o castellano, catalán, gallego, euskera, fabla aragonesa, bable y leonés adornan mis estanterías, en donde los ejemplares se disputan la rareza o singularidad de la librería escogida -que estampa su sello en la página en blanco- a lo largo y ancho de todos los continentes... Francés, italiano, alemán, noruego, ruso, chino, japonés, árabe, polaco, checo.... incluso conservo una edición en Brailly...
¡Son impagables los recuerdos que me traen a la memoria las páginas de un libro, pero en este caso...!

Carlota Bloom dijo...

Creo, como eduideas, que muchos de estos libros tienen varias lecturas a lo largo de la vida. A mí "El principito" y "Platero y yo" me fascinaron de niña, supongo que sin entender muchas cosas, pero me quedo con la impresiones que conservo desde entonces. La lectura del adulto fue distinta y también gozosa, por otros motivos. Leí a "Platero" en la escuela y es uno de los mejores recuerdos que tengo del colegio. Es verdad, como dice Joselu, que los adolescentes tienen menor capacidad de asombro, pero aún veo cómo se abren algunos ojos ante determinadas lecturas que hacemos en clase y caras abstraídas entre las letras. Dura poco, es verdad, y a veces creo que es un espejismo fugaz, pero hay que insistir: las horas de lectura en clase son horas ganadas.