29 febrero 2008

Contra la mala memoria

Hoy decía Fernando Trujillo en De estranjis que estaba enfadado. Sus motivos creo que eran los que soliviantan a cualquier persona de bien cuando oye a diestro y siniestro soflamas contra los inmigrantes, como si todos los males que aquejan a este país proviniesen de fuera. Quienes hemos estudiado mínimamente la historia del mundo sabemos que lo más sencillo es culpar al extranjero: judíos, moriscos, gitanos, franceses -ahora celebramos el 1808, ya ves-, etc. han sido gentuza que venía a destrozar el país.
Basta pasear por nuestras ciudades para darse cuenta de quién hace la faena que los españoles no queremos. Tenemos a nuestros hijos ganduleando en casa, con el botellón o con el tunning, mientras vienen de fuera a recoger la naranja o a subirse al andamio. Y mientras, nos quejamos de que los extranjeros son unos mafiosos ladrones. Si lo dice una jubilada o un señor sin estudios, vale, pero que lo repitan sin cesar sesudos periodistas, tertulianos y políticos de dudosa catadura, eso es demagogia pura y dura. ¿No había manguis en los años setenta? ¿No había pandilleros? ¡Ay!, esos eran de los nuestros, ¿verdad? También nos queda añorar los años de la dictadura: ¡qué felices! Nadie robaba; los jóvenes en edad de delinquir estaban en Alemania o Francia currando, y a los que se quedaban aquí, ¿qué les iban a robar? ¿los piojos?
Por favor, que nos dure la memoria más de cuatro años.

Vale. Venía a hablar de literatura.
He leído, en lo que va de año, varias novelas que tratan precisamente sobre xenofobia y sus odios satélites. La primera es El niño con el pijama de rayas, de John Boyne, que ya se ha convertido en un clásico. Es una novela que se puede tratar en clase (lástima que todavía no esté en edición de bolsillo), y sobre la que Jesús Pérez ha preparado estupendos materiales. Gracias al enfoque narrativo sobre el niño protagonista, el lector mantiene hasta el final esa ingenuidad de los inocentes.
Mucho más dura es la novela gráfica Maus, de Art Spiegelman, un cómic ganador del premio Pulitzer, que cuenta el holocausto desde un punto de vista personal y metanarrativo. Es una historia cruel como la vida misma, pero llena de humanidad, la que le otorgan sus personajes, seres reales que cuentan el día a día de la supervivencia. En este sentido, el propio Vladek, protagonista de la novela, cae en esa desmemoria que yo mismo criticaba al comienzo de esta nota: cuando, ya anciano, vive libre en Estados Unidos, menosprecia a los negros, después de haber sufrido en sus carnes el odio racial.
La última novela de la que quiero hablar es El señor Ibrahim y las flores del Corán, de Eric-Emmanuel Schmitt, de la que incluso hay versión cinematográfica. Es una obra muy breve, que se lee en un suspiro. Llegué a ella gracias a las recomendaciones de Joselu. Tiene ese punto extraño e inquietante de obras como El Principito -aunque bastante menos cándida-, en las que el lector se encuentra perdido sin saber qué intenciones alberga el autor. También tiene su poquito de rebeldía y otro tanto de solidaridad. Cuenta Joselu que sus alumnos quedaron arrobados con la lectura en clase. No debemos olvidar que la lectura, igual que la música, tiene el don de amansar a la fieras.

14 comentarios:

Lu dijo...

Me esperan unos días de convalecencia, por lo que voy a aprovechar para leer tus recomendaciones.

El cómic no es mi fuerte. Visto que lo incluyen en los contenidos de la LOE me tengo que poner al día. Así que será lo primero que lea.

¡Ah! La memoria está en la base de todo aprendizaje (histórico, académico o vital).

Jesús dijo...

Si no fuera porque es patético daría risa. Algunos de los mejores alumnos del insti de aquí de Utebo son inmigrantes. Los hay también que llegaron demasiado tarde. En cualquier caso no son fuente de conflictos.
El otro día me preguntaban en el aula de inmersión que a quién iba a votar. Tire de manual y les hable de la democracia. Pero no se chupaban el dedo. Entendían que alguno de los contendientes decía cosas poco amables sobre ellos.

Tomo nota de las recomendaciones. Creo que es un asunto a seguir esto de la novela gráfica. Tengo una alumna polaca que se mueve en el cómic y que me ha puesto en la pista de Neil Gailman. Ojeé en una librería unas historias sobrea York de Nueva York de Will Eisner que me parecieron interesantes. Todo sea por abrir nuevos espacios. Indocta ignorancia la mía.

Jesús dijo...

addenda a lo anterior. Suspendáseme en ortografía (tiré y les hablé).
Sorry

Antonio dijo...

Aparte de las irreverencias de El Jueves, crecí en unos años en los que el cómic era síntoma de rebeldía. Soy incondicional de Carlos Giménez, cuya lectura habría que recuperar también como patrimonio histórico (sobre todo, Paracuellos). Will Eisner es un viejo conocido de los cómics underground (Cimoc, Comix Internacional, Cairo, 1984, etc.); tiene un estilo depurado que recuerda a autores como Bashevis Singer o Auster.

gemma dijo...

Tomo nota, de la primera ya me habían hablado muy bien, de la última, ¿qué tal para tercero? Por cierto, a tus "pitufos" les ha llegado un premio...en "Escribiendo que es gerundio"

Antonio dijo...

Gemma: Gracias por el premio. Ya veremos a quien eligen para continuar la cadena. En cuanto a la lectura de Ibrahim, te recomiendo que lo leas tú primero (se lee en poco más de una hora), porque tiene unas escenas un poco comprometidas (más que nada, cuando el adolescente se va de putas con asiduidad). Quizá el problema de recomendarlo como referencia es que son 11 euros, pocas páginas y con peligro para los padres.

Jorge dijo...

He utilizado las novelas gráficas en 4º ESO este curso y la verdad es que han funcionado muy bien. Aparte de Maus, me permito hacer tres sugerencias más:

- Persépolis, de Marjane Satrapi. También hay películas recientemente estrenada.

- Contrato con Dios, del citado Will Eisner.

- Pyongyang, de Guy Delisle.

Un saludo

Antonio dijo...

Gracias, Jorge. Tomo buena nota de ello.

Anónimo dijo...

Me gustó muchísimo el pijama de rayas con visión de incorporarlo a lecturas de aula (un 3º, 4º...) pero como lectora "adulta" me defraudó. Te diré que mereció la pena la tarde de domingo sólo por ese estremecedor final... que lo convierte en imposible para un 1º o un 2º...
Un cordial saludo
Redonna

Mújol dijo...

He llegado aquí como llegamos todos. A través de alguien que lee mi blog, que también escribe, y que también recibe comentarios sobre lo que escribe. Es decir, a través de internet. Andaba pensando de forma muy inocente que suponía que habría más profesores con un diario. Acabo de encontrarlo.
Gracias.

Antonio dijo...

Hola, Mújol, y bienvenido a este rincón entre amigos. Esto es lo que tiene la red, que arrieros somos... Supongo que el eslabón está en Viena, pero eso es lo de menos.
Por cierto, ¿por qué no presentas ese blog de aula Cadalso a los premios Edublogs? Lo importante es participar, conocer a más gente y que te conozcan.
Un saludo.

Felipe Zayas dijo...

Antonio, no tengo tu email para invitarte a la red social "Internet en el aula". Pásate por allí, porque está animado:
http://internetaula.ning.com/

He creado un subgrupo sobre lectura en el que me gustaría que estuvieras.
Saludos.

Mª José Reina dijo...

Gracias, Antonio, por las recomendaciones, y por la cita al material de Jesús Pérez.
Al igual que le pasa a Lu, el cómic no me gusta mucho (me quedé en Zipi y Zape y de allí no me mueven). Es curioso, generalizando un poco (lo observo en la biblio), pero el cómic "adulto" es cosa de chicos (creo).

Maria dijo...

Qué curioso. Me tocó hacer mi primera sustitución hace poco en un instituto de secundaria, en diversificación, y por azares del destino, les recomendé a mis alumnos Maus y Adolf (acababan de ver La vida es bella en clase de audiovisual o algo similar, me pierdo en las nuevas asignaturas). Me miraron con caras algo raras, pero me dió la impresión de que si en ese momento hubieran tenido el cómic delante se hubieran animado a leerlo.

También aprecié en ese instituto algo curioso, y es que se castigaba a los alumnos expulsándolos a la biblioteca... Mala asociación.