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03 diciembre 2023

Regresa #poema27


Esta será la decimosexta edición de #poema27, la cita anual que celebra el acto fundacional de la Generación del 27. Conviene recordar que los próximos días 16 y 17 de diciembre se cumplirán los 96 años del encuentro de algunos autores de ese movimiento literario en el Ateneo de Sevilla. Este aniversario poético lo celebramos llenando la red de poemas y versos de aquellos poetas. Cada año, docentes, alumnado y aficionados a la poesía en general, se suman a esta invitación y comparten en redes sus poemas o versos preferidos.

Así pues, a lo largo de esta semana podéis publicar cualquier homenaje poético en los blogs, en Facebook, en Instagram y, por supuesto, en Twitter, bajo la etiqueta #poema27. La nómina de autores es bastante extensa y podéis encontrar suficientes poemas de ellos en la red, sin olvidar a las mujeres de la Generación, esas olvidadas que tímidamente asoman en los últimos años bajo la etiqueta de Las sinsombrero, como si necesitaran unirse para ser escuchadas tantos años después. Es también una oportunidad para llenar las aulas de poesía y para jugar en familia con la narrativa digital. Os dejo unos ejemplos y variados enlaces al final por si queréis investigar. Para el aula se pueden repartir poemas (por ejemplo, esta antología del 27), para ser grabados en podcast o vídeo de manera voluntaria. ¿Os animáis?


Mis homenajes:
Año 2017: Al final de la tarde (Ernestina Champourcín)
Año 2016: Underwood girls (Pedro Salinas)
Año 2015: La tarde... Josefina de la Torre
Año 2014: Dos poemas y más
Año 2013: Canción que nunca pone el pie en el suelo (Rosales)
Año 2012: Al oído de una muchacha (Lorca)
Año 2011: Amor oscuro (Altolaguirre)
Año 2010: Cernuda y Morente
Año 2009: Cernuda

13 diciembre 2021

Vuelve a su cita #poema27

Algunas Sinsombrero en el Lyceum Club Femenino.

Por diciembre vuelve el acontecimiento poético por excelencia: #poema27, en su edición número 14. Para los más despistados, hay que recordar que esta cita anual celebra el acto fundacional de la Generación del 27, cuando en los próximos días 16 y 17 de diciembre se cumplan los 94 años del encuentro de algunos autores de ese movimiento literario en el Ateneo de Sevilla. Este aniversario poético lo celebramos llenando la red de poemas y versos de aquellos poetas. Cada año, docentes, alumnado y aficionados a la poesía en general, se suman a esta invitación y comparten en redes sus poemas o versos preferidos.

Así pues, a lo largo de esta semana podéis publicar cualquier homenaje poético en los blogs, en Facebook, en Instagram y, por supuesto, en Twitter, bajo la etiqueta #poema27. La nómina de autores es bastante extensa y podéis encontrar suficientes poemas de ellos en la red, sin olvidar a las mujeres de la Generación, esas olvidadas que tímidamente asoman en los últimos años bajo la etiqueta de Las sinsombrero, como si necesitaran unirse para ser escuchadas tantos años después. Es también una oportunidad para llenar las aulas de poesía y para jugar en familia con la narrativa digital. Os dejo unos ejemplos y variados enlaces al final por si queréis investigar. Para el aula se pueden repartir poemas (por ejemplo, esta antología del 27), para ser grabados en podcast o vídeo de manera voluntaria. ¿Os animáis?


Mis homenajes:
Año 2017: Al final de la tarde (Ernestina Champourcín)
Año 2016: Underwood girls (Pedro Salinas)
Año 2015: La tarde... Josefina de la Torre
Año 2014: Dos poemas y más
Año 2013: Canción que nunca pone el pie en el suelo (Rosales)
Año 2012: Al oído de una muchacha (Lorca)
Año 2011: Amor oscuro (Altolaguirre)
Año 2010: Cernuda y Morente
Año 2009: Cernuda

23 diciembre 2012

Sesquidécada: diciembre 1997

Esta última sesquidécada del año comienza con un relato real con visos de ficción:

Corría el año 1627 y en un convento de Madrid empiezan a ocurrir extraños sucesos. Una monja sufre espasmos, delirios y convulsiones, acompañados de palabras sacrílegas. A juicio de su confesor, el demonio la ha poseído y necesita penitencia. Durante los meses siguientes, hasta una treintena de monjas padecen los mismos síntomas, un fenómeno que llama la atención de curiosos de alto rango: se llega a comentar en los mentideros de la época que el mismo Felipe IV y su Conde Duque visitan a hurtadillas el convento por un pasadizo secreto para contemplar los exorcismos. El suceso llega a su fin con la intervención del Santo Oficio, que en 1628 encausa al capellán y a veinticuatro monjas en un largo proceso que nunca acabó de esclarecer debidamente los hechos.

Los protagonistas de esta historia, como dije arriba, son reales, igual que el escenario en el que se desarrolla. Se trata del convento de la Encarnación o de San Plácido, en el centro de Madrid. Dicho convento fue fundado por Jerónimo de Villanueva para albergar a su examante Teresa Valle de la Cerda, la principal protagonista de las posesiones. El tercero en discordia sería el confesor Juan Francisco García Calderón, a quien muchos atribuyen la maquinación del montaje. Versiones tenemos para todos los gustos: hay quienes defienden lo paranormal, otros prefieren imaginar una especie de burdel de alto postín, otros atribuyen el suceso a la desaforada imaginación de unas monjas muy devotas, y otros atisban quizá la versión más probable, la influencia perversa del confesor sobre unas jóvenes de las que quería abusar. Al final de esta nota dejo los enlaces para que cada cual investigue y elija su versión. Además, merece la pena conocer la historia de este convento que recibió solemnes visitas de Felipe IV y del Conde Duque de Olivares; se dice que el famoso Cristo de Velázquez fue su regalo al convento por una cuestión de amoríos frustrados.

Hasta aquí la historia con la que arranca esta sesquidécada; ya que 'regalo' y 'relato' comparten muchas letras, podéis considerarla mi obsequio navideño ¿Cómo llegué hasta ella? Ya dije que en diciembre de 1997 estaba investigando para mi trabajo de doctorado sobre Literatura, mujeres y conventos. En mis pesquisas encontré abundante bibliografía en la que se relacionaba a las mujeres con el demonio. Uno de los estudios más curiosos se llamaba Mujer y Demonio: una pareja barroca (treinta monjas endemoniadas en un convento)de Beatriz Moncó Rebollo; de ahí salió la historia de San Plácido, con la que luego fui topando en nuevas ocasiones (incluso, hace poco, encontré en una librería de saldo una versión novelada del suceso a cargo de la misma autora: Los demonios de Teresa).
Revisando mis apuntes, he podido rescatar numerosas reseñas con citas sobre el tema. Hay historias espeluznantes en las que se mezcla religión y sexo, mística y sadismo, devoción divina y pasión humana. En la mayoría de casos, las mujeres son las víctimas de una sociedad en las que no encuentran lugar, bien por sus orientaciones sexuales o bien por reclamar su autonomía personal o intelectual. Cerrando esta nota tenéis un documento en el que he recogido aquellos apuntes y la bibliografía relacionada, por si alguien encuentra una historia digna de salvarse del olvido. Pero no solo las mujeres fueron marginadas en aquella época: muchas minorías quedaron también apeadas de la historia de la literatura. Con motivo del curso "Minorías y literatura en los Siglos de Oro", dirigido por Julio Alonso Asenjo, pude adentrarme en el sorprendente mundo de los gitanos, pero eso queda para la próxima sesquidécada, para el próximo año, que será ya el cuarto en sesquidécadas...



La imagen de la mujer en los siglos de oro (reseñas)

25 noviembre 2012

Sesquidécada: noviembre 1997


Hoy es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Tal vez por azar, esta sesquidécada de noviembre tiene mucha relación con la condición de la mujer y con su lugar en este mundo gestionado por hombres. En aquel lejano noviembre de 1997, uno de los cursos de Doctorado que realicé en mi carrera sin rumbo fijo tenía el apasionante título de "La imagen de la mujer en el Siglo de Oro". Lo impartía Teresa Ferrer y creo que fue el primer trabajo de investigación serio que abordé, y además lo hice con un entusiasmo desbordado. Las primeras lecturas iban encaminadas a mostrarnos los programas de educación de la mujer en el siglo XVI. Los autores de referencia: Juan Luis Vives y Fray Luis de León. Ambos pertenecían al estamento religioso y ambos fueron perseguidos por sus correligionarios. Veamos qué ideas tenían acerca del papel de la mujer.
Juan Luis Vives fue uno de los más lúcidos humanistas del siglo XVI. Tal vez por ello tuvo que marcharse de España, iniciando así una larga nómina de cerebros fugados que llega hasta nuestros días. Tras su éxito como intelectual en toda Europa, sus amigos españoles insistían en que volviese del exilio, pero Vives, que había visto exhumar los huesos de su madre para ser quemados por judaizante, prefirió morir lejos de España antes que convertirse en mártir por decir las cosas claras.
Por lo que respecta a las mujeres, la obra más conocida es Instrucción de la mujer cristiana, dedicada a Catalina de Aragón. Pretendía servir de modelo pragmático de conducta para las mujeres de la clase alta urbana de Europa. En ella se define a la mujer como un ser inclinado al placer sensual, mudable, con inclinación al mal, envidioso, necesitado de amparo... y se dan una serie de recomendaciones para que sea obediente, casta y doméstica. Este programa de educación incluye una serie de lecturas virtuosas para conseguir tal fin: Séneca, Cicerón, San Jerónimo...

Pocos años más tarde, será Fray Luis de León quien vuelva al tema con otra obra similar: La perfecta casada. El público al que va destinada esta obra es también de clase alta y pretende la misma ejemplaridad que Luis Vives. Insiste en los mismos defectos de la mujer: ánimo flaco, inclinada al ocio y al gasto, habladora en exceso, falta de ingenio, rencillosa y falta de cordura y seso. Los remedios que propone van en la línea que ya conocemos: matrimonio, vida ocupada, honestidad, silenciosa, ahorradora... 

Ambos autores toman como punto de partida las cartas de San Pablo Ad Corintios, aunque matizadas con las ideas de Erasmo en la Institución del matrimonio cristiano, también presente en los Coloquios matrimoniales de Pedro Luján.
Con los siglos, la lectura de estos autores tal vez nos parezca rancia y misógina en extremo. Sin embargo, no debemos olvidar, como he apuntado arriba, que los dos fueron personas adelantadas a su tiempo, con unas ideas bastante renovadoras que les llevaron incluso a la cárcel o el exilio. Los programas de ambos sitúan a la mujer en un lugar concreto del mundo, el hogar o la familia, un ámbito reducido sí, pero al menos con unas ciertas atribuciones y poder. Hemos de considerar que 'los otros', quienes dominaban los púlpitos ni siquiera tenían un programa educativo para la mujer, porque para ellos ni siquiera merecían atención por ser seres inferiores. De este modo se explica que, por ejemplo, Giambattista Porta, en su Magiae naturalis, dedicado a Felipe II diga que "las mujeres durante su periodo menstrual pueden infectar los pepinillos y los melones por el mero hecho de tocarlos o mirarlos haciendo que los mismos se marchiten (...) Contaminan con su sangre melancólica a otros seres humanos a través de los ojos...". El fraile Castañega aconseja vestir a los niños con "unos pedazos de espejo pegados a los cabellos sobre la frente" para protegerlos de la mirada de "las viejas que han dejado de purgar sus flores". Gaspar Navarro, en 1631, afirma que "este sexo femenino es más flaco de cabeza y las cosas naturales o ilusiones del Demonio las tienen por del Cielo, y de Dios; sueñan más que los hombres y piensan que son verdades apuradas... son más imaginativas que los hombres, pues como tengan ellas menos juyzio y discurso, y menos prudencia, más se inclina el Demonio a engañar a las mugeres". Estos 'pensamientos mágicos' acerca de la mujer, compartidos por la mayoría de intelectuales del clero, o fuera de él, siguieron dominando el mundo durante varios siglos más, hasta la llegada de la Ilustración.
Por suerte, los programas educativos de los humanistas fueron evolucionando y hoy en día cualquier mujer tiene las mismas oportunidades que un hombre, cobra el mismo salario, tiene la misma consideración social y puede decidir por sí misma sin ser considerada un ser inferior, con lo que la celebración de este día contra la Violencia de Género pronto dejará de tener sentido, ¿o no?

27 noviembre 2011

Sesquidécada: noviembre 1996


Numerosos colegas se hicieron eco el pasado 25 de noviembre del día contra la violencia de género. En esta sesquidécada aprovecharé para deslizar alguna referencia femenina dentro de mis lecturas de noviembre de 1996. 

La primera mención va para La venus mecánica de José Díaz Fernández, de quien hablaba no hace mucho mi amiga Conxa en su blog. Es una novela ligada a las vanguardias españolas, en la línea de los experimentalismos de Gómez de la Serna, Benjamín Jarnés, Mauricio Bacarisse, Juan José Domenchina, Jaime Torres Bodet o Ernesto Giménez Caballero -recomiendo la antología de Buckley y Crispin en Alianza editorial-. Esta venus mecánica representa el espíritu de la mujer moderna y revolucionaria, una heroína que rompe con el papel tradicionalmente reservado a la mujer en su época. Todas estas novelas de los años 20 y 30 del siglo XX tienen ese extraño aire de modernidad y utopía que pronto se vendría abajo con la guerra civil y la Segunda Guerra Mundial. José Díaz Fernández supo ver en su ensayo El nuevo romanticismo el cambio estético que llevaría de la deshumanización del arte de Ortega y Gasset a una atención por los aspectos humanos y éticos, un cambio que quedaría reflejado a la perfección en las poéticas de la Generación del 27. 

El segundo reseñado es el gran Valle-Inclán, que coloca en este mes dos obras con referente femenino de distinto alcance: La Corte de los Milagros y Sonata de otoño.
La primera de ellas es una novela panorámica de nuestro periodo isabelino en la que se muestra el esplendor de la prosa ácida de Valle a expensas de la caricatura de Isabel II y su degradado entorno cortesano. Es un retrato despiadado, tanto de la reina como de su consorte. No necesito dar detalles de la otra obra, que forma parte de las Sonatas, joya del modernismo decadentista en el que las mujeres representan un trofeo para el Marqués de Bradomín, ese galán feo, católico y sentimental. En el caso mencionado se entrega patéticamente a una mujer de edad avanzada. El grotesco final lo dejo en el aire para no desvelar la esperpéntica puesta en escena del autor.


Por último, no quiero dejar en el tintero una novela particular, a mitad de camino entre el teatro y la novela, entre la literatura y el ensayo. Se trata de La velada en Benicarló de Manuel Azaña, considerada el testamento político del que fuera presidente de la República Española. Esta obra fue escrita en Barcelona entre abril y mayo de 1937 en plena guerra civil. Reproduce un (im)posible diálogo entre varios personajes que coinciden en un albergue de Benicarló y que representan las corrientes de opinión política y social de la época. Es una obra fundamental para entender nuestra historia reciente y resulta además muy esclarecedora acerca de la dificultad de entendimiento dialogado entre las facciones en lucha. Si alguien se anima a leerla, puede acceder a ella en formato digital. Dado que esta sesquidécada pretende hacerse eco en parte de la situación femenina, recojo una cita al respecto:

Muchos varones españoles no han llegado a darse cuenta cabal de su posición como cabezas de familia. Abundan los mantenedores de una autoridad marital moruna. Se creen los amos. En un pie de igualdad se tendrían por deshonrados. "¡Cómo se entiende que la mujer...!" "¡Qué iba yo a tolerar...!" Con relegarla aparentemente a los cuidados del hogar y envanecerse de ella cuando es bonita, mantienen una tradición que llaman española.
Lamentablemente, parece ser que las 'tradiciones españolas' pasan casi siempre por la tortura de unos a manos de otros. Nos queda un largo camino por delante para que todo esto cambie.

Crédito de la imagen: Fotograma de Metrópolis, de Fritz Lang

17 marzo 2010

Sesquidécada: marzo 1995

Apenas una semana después del día de la mujer, por azares caprichosos y paradójicos del espacio-tiempo, conmemoro en esta sesquidécada la lectura de uno de los grandes misóginos de nuestra literatura castellana: Alfonso Martínez de Toledo, Arcipreste de Talavera. Su obra homónima, más conocida como Corbacho, es una muestra de esa literatura moralizante medieval anclada en la repetición de consignas de los Padres de la Iglesia. No es, pues, una excepción en su época, pero es verdad que destaca entre otras obras de la misma calaña por la fijación perversa en la maldad del sexo femenino, a quien dedica todo un tratado (aunque en el resto de la obra tampoco se priva de seguir despotricando contra las mujeres). En el tratado segundo, podemos encontrar títulos tan sugerentes como estos:
  • De los vicios y tachas y malas condiciones de las perversas mujeres, y primero digo de las avariciosas
  • De cómo la mujer es murmurante y detractadora
  • De cómo las mujeres aman a diestro y a siniestro por la gran codicia que tienen
  • Cómo la mujer es envidiosa de cualquiera más hermosa que ella
  • Cómo la mujer según da no hay constancia en ella
  • Cómo la mujer es cara con dos haces
  • Cómo la mujer es desobediente
  • De cómo la mujer soberbia no guarda qué dice ni hace
  • Cómo la mujer es dotada de vanagloria ventosa
  • De cómo la mujer miente jurando y perjurando
  • Cómo se debe el hombre guardar de la mujer embriaga
  • De cómo la mujer parlera siempre habla de hechos ajenos
  • Cómo las mujeres aman a los que quieren de cualquier edad que sean
Allí se recogen toda clase de ejemplos y avisos contra las mujeres, muchos de ellos de carácter folclórico que estaban presentes en obras como el Espill, de Jaume Roig o el Sendebar. Y, por si no quedaba claro, nuestro Arcipreste, en algún otro punto, lo sentencia:
¿Cuántos enemigos tiene el mezquino del hombre? El mundo, el diablo y la mujer.
Estas burlas y denuestos contra la mujer sabemos que se perpetúan a lo largo de los siglos, con algún repunte en autores como Quevedo, que afila su pluma satírica en esta prolongada tradición.
Había pensado traer a esta sesquidécada otra lectura (de Viktor Sklovski), pero mejor lo dejo para otra ocasión. Prefiero apuntar unas reflexiones al hilo de la misoginia que nos llevarían de la Edad Media hasta nuestros días.
Y, como cierre, comparad los textos del ínclito Arcipreste con este anuncio de hace cuatro días, a ver si notáis la diferencia:

07 marzo 2010

Siempre la mujer

Un día para la mujer parece poca cosa, pero así se vende todo en esta realidad llena de días con nombre propio. Después de tantos siglos de humillación y sometimiento, merecerían las mujeres algo más que veinticuatro horas de reparación que, en el mejor de los casos, se reducen a grandes palabras brindadas al sol. Que nadie se engañe: A las mujeres les queda todavía mucho espacio que conquistar. En las aulas veo que siguen siendo marginadas y ninguneadas, a veces por sus compañeros, otras por las propias familias. Cambiar los patrones sociales requiere mucho esfuerzo, no sólo en la educación de los jóvenes, sino en los modelos que viven en sus casas, en sus barrios o en sus culturas. Para conmemorar este día, he rescatado un trabajo de mi etapa como doctorando en el que indagaba sobre la condición de las monjas escritoras en los Siglos de Oro. En aquella investigación 1.0, fue una sorpresa descubrir que, paradójicamente, muchas mujeres encontraban la libertad creativa precisamente en la reclusión conventual. Pero, a la vista de lo que ocurre hoy día, después de tantos siglos, no me siento muy optimista, pues me parece mentira que la mujer siga siendo vigilada por una asociación masculina de solteros que se empeña en controlar su 'imperfecta' condición, bajo todo tipo de excusas morales que no se aplican a sí mismos. En fin, que éste es un blog de literatura y, en el fondo, de literatura y otras hierbas se habla en este trabajo:
 

Literatura, mujeres y conve... by tonisolano

También os dejo un par de enlaces a recursos educativos relacionados con el Día de la Mujer y la Coeducación:
Crédito de la imagen: 'Embroidered Venus Symbol'

21 octubre 2006

Las cabalas femeninas

Decía la LOGSE que el oficio de tutor era inherente al de profesor, vamos, que todos somos tutores 'en potencia'. Que, además, lo seamos 'en acto' depende de los caprichos del azar y de la habilidad de nuestros colegas para el escaqueo sibilino. Por suerte, he tenido la desgracia de que me haya tocado siempre ser tutor (¿me verán la cara?), y digo por suerte porque, aún sabiendo los trastornos que dicha función conlleva, he aprendido mucho gracias a las tutorías y, hasta el momento, me ha supuesto las mejores experiencias en cuanto a las relaciones entre profesor, alumnos y familias.
Todo esto, como siempre, a cuento de una noticia que venía hoy en El País, que nos puede proporcionar material para el debate en la clase de tutoría (o en la de Lengua, por qué no).
Copio la noticia, que de verdad lo merece:

El género de los números
Un experimento demuestra que las mujeres sacan peor nota si creen sufrir una dificultad innata para las matemáticas
JAVIER SAMPEDRO - Madrid
EL PAÍS - Última - 21-10-2006


El rumor de que un valor se va a desplomar en Bolsa es un ejemplo de verdad autocumplida. La predicción acaba acertando, pero sólo gracias a sí misma. El psicólogo Steven Heine ha descubierto que la torpeza femenina con las matemáticas pertenece a la misma categoría: se vuelve verdad si la mujer cree que lo es.
Heine y un colega de la Universidad de British Columbia, en Vancouver, han reclutado a 120 mujeres de unos 20 años, las han dividido en grupos y las han sometido a un examen peculiar: dos ejercicios de matemáticas separados por un entremés de comprensión de lectura. Los experimentos psicológicos suelen esconder un truco, y en este caso está en el entremés.
Cada grupo de mujeres recibió un ensayo distinto para la supuesta prueba de comprensión de la lectura. Uno sostenía que las diferencias de habilidad matemática entre hombres y mujeres son de origen genético. Otro, que se deben a la experiencia. Y un tercero, que no hay tales diferencias.
Los resultados se publicaron ayer en la revista Science. Los tres grupos de mujeres sacaron una puntuación similar en el primer ejercicio. Pero las mujeres que leyeron el ensayo genético hicieron el segundo ejercicio claramente peor que las otras dos. "El estudio demuestra que la amenaza de los estereotipos puede reducirse, o incluso eliminarse, si las mujeres aprenden a adjudicarlos a la experiencia".
El experimento de Heine no sirve para aclarar si, en efecto, el talento para las matemáticas depende del sexo. Otros estudios anteriores han revelado una situación compleja: los hombres suelen puntuar mejor que las mujeres en las pruebas geométricas, y peor en las aritméticas. Además, si sólo se consideran hombres y mujeres con igual aptitud matemática, ellos siguen eligiendo carreras de ingeniería mucho más que ellas: el talento, en este caso, pesa menos que la motivación.
Pero el experimento sí indica que, sea cual sea el peso de los genes, más vale no pensar en ellos antes de un examen. Cuando una ecuación se le resista, acháquelo a una mala experiencia: ese mero pensamiento puede subirle un punto.