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23 abril 2011

Sesquidécada: abril 1996

http://www.agapea.com/Alianza-Editorial-S-A-/Guerra-del-tiempo-y-otros-relatos-i0n14456.jpgEl día del libro siempre es propicio para hablar de libros, aunque, como en este caso, sean libros leídos hace quince años. Esta nueva sesquidécada, correspondiente a abril de 1996, se halla escindida en dos bloques literarios: Autores latinoamericanos y autores en lengua catalana medievales. Juan Carlos Onetti, Ricardo Piglia, César Vallejo, Alejo Carpentier, Cristina Peri Rossi, Rubén Darío y José Martí, frente a Jaume Roig, Bernat Metge y Francesc Eiximenis. Puesto que yo mismo tasé estas sesquidécadas en un máximo de tres autores, me quedaré con los siguientes:
Alejo Carpentier tiene un delicioso libro de cuentos llamado Guerra del tiempo y otros relatos. Ya conocía la prosa de este autor gracias a El siglo de las luces, una novela imprescindible para los que quieran disfrutar del idioma, del estilo y de la técnica narrativa. Si os apetece algo más ligero, no os perdáis "Viaje a la semilla"  o "El camino de Santiago", incluidos en esta recopilación que he citado (podéis encontrarlos en Scribd).
 
http://famouspoetsandpoems.com/pictures/middle/cesar_vallejo.jpg

Otra sorpresa fue Trilce, de César Vallejo. Tal vez, si hubiese llegado a este autor desde cualquier otra obra suya, el impacto no hubiese sido tan fuerte. Sin embargo, la lectura de los poemas salvajes de Trilce pone a prueba la resistencia literaria del lector más avisado. Es como si uno se acercase a los cuadros de Francis Bacon después de haber tenido que limpiar sus pinceles y su estudio. Los poemas de Trilce son la cara B de la poesía, una trastienda en la que reina el caos, con unos versos que dejan al lector desamparado. No me atrevo a dar consejos, pero quien no conozca a Vallejo, tal vez deba empezar su lectura con otros poemarios, como España, aparta de mí ese cáliz, un punto más inteligible. 

http://www.escriptors.cat/autors/roigj/7365spill_p.jpgSalvar a Jaume Roig con su Spill o llibre de les dones constituye un pequeño acto de provocación. En estos días en los que Francia veta a Céline por su antisemitismo, conviene mirar a nuestras figuras literarias clásicas, para ver si alguno se salvaba de la quema. Jaume Roig sería uno de los que habría que vetar, como a buena parte de nuestros moralistas castellanos -el Arcipreste de Talavera, sin ir más lejos-, pues encabeza el comando de "misoginia exhaustiva" medieval, políticamente incorrecto hoy día. Aunque sus diatribas contra la mujer son recopilaciones de escritos anteriores -sobre todo eclesiásticos-, no deja de sorprender ese empeño en convertir a la mujer en origen de todo mal. Mirando la consideración que tiene hoy la mujer a los ojos de la mayor parte de religiones, sorprende también comprobar lo poco que hemos avanzado desde la época de Jaume Roig; tal vez no no sea tarde para que incluso lo canonicen.

18 noviembre 2009

Sesquidécada: noviembre 1994

En el mes de noviembre de 1994, leí en dos días el Libro de Apolonio, en cuatro, El Conde Lucanor, en otros cuatro, el Cantar de mío Cid (y por ahí en medio otros tres o cuatro librillos de menor talla y trascendencia). Era un periodo febril de lecturas con fines académicos. Recuerdo que el Libro de Apolonio me gustó bastante más que El Conde Lucanor, quizá por las locas peripecias de sus protagonistas y por lo fantástico de su trama (una historia que, actualizada, daría para un best-seller de mayor calidad que algunos de los que circulan con relativo éxito).
También por aquellos días estaba sumido en el estudio de la Narratología, con Gérard Genette como figura señera. Cualquier texto literario que caía en mis manos era sometido a análisis minucioso: "Narrador homodiegético, focalización cero, analepsis parcial, etc.". Sin darme cuenta, había perdido la inocencia lectora y me había convertido en un "microbiólogo literario". Tardaría muchos años en darme cuenta de que es necesario separar "ocio y negocio", ámbitos que, en nuestro oficio, por suerte o por desgracia, van íntimamente ligados en ocasiones.
Con este panorama de fondo, no es de extrañar, pues, que no pudiese disfrutar de otra de aquellas lecturas sesquidecádicas. Me refiero a El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. Invadido por mi taxidermia lectora aproveché bien poco la prosa del cubano, más atento de los juegos con la trama y el narrador que del delicioso lenguaje con el que están narradas las vidas de unos personajes inolvidables.
Con el tiempo, he tenido muchas oportunidades de revisar los clásicos que he citado arriba. Pocos resisten relecturas agradables (a excepción quizá del Cantar de mío Cid). Sin embargo, no he vuelto a visitar a Carpentier. Quizá sea esta nota la excusa apropiada para hacerlo.

Crédito de la imagen: : '105119'