Los docentes de lengua y literatura (y también los de otras especialidades) necesitamos enseñar la argumentación a nuestro alumnado. Enseñar la argumentación, sin embargo, no es explicar la teoría y poner preguntas sobre ello, sino poner en marcha las estrategias y tareas necesarias para desarrollar esa competencia, la de leer, comprender, analizar críticamente y ser capaz de defender racionalmente una tesis (o la contraria). El libro de Weston es un manual ligero para adentrarse en algunas de esas habilidades, con las pautas precisas para identificar argumentos y para planificar los nuestros. También es un buen método para reconocer y evitar las falacias. Nunca lo he propuesto como lectura para el alumnado (podría encajar en el Bachiller, pero tienen demasiada carga de lecturas como para añadir una más), pero sí que he extractado pasajes y les he dado indicaciones que les sirvan de ayuda en sus textos. Demasiadas veces decimos que el alumnado no sabe argumentar, pero lo que veo es que muy pocas veces los hemos acompañado sistemáticamente en la construcción de textos argumentativos bien armados. En una época como la actual, llena de bulos y postverdades, las claves de una buena argumentación son también una vacuna contra la desinformación y el maniqueísmo.
Para los profesores de lengua y literatura, este blog pretende ser la Cueva de Alí Babá, en la que encontrar alguna idea, algún germen que permita abrir caminos, sembrar dudas, avivar el seso de los más inquietos.
19 diciembre 2021
Sesquidécada: diciembre 2006
20 noviembre 2021
Sesquidécada: noviembre 2006
24 octubre 2021
Sesquidécada: octubre 2006
11 septiembre 2021
Sesquidécada: septiembre 2006
Abril rojo, de Santiago Roncagliolo, es una novela que combina los ingredientes del thriller policíaco con la mitología andina y con la novela negra de corte psicosocial. Destaca la habilidad del autor para integrar todos esos ingredientes en una trama verosímil, aunque quizá demasiado cargada de violencia, muy acorde con los gustos de la época y con esa corriente de realismo sucio de autores como Fernando Vallejo.
Muy diferente es la novela Delirio, de Laura Restrepo, una obra introspectiva que utiliza diferentes puntos de vista para representar la locura, no solo del ser humano sino de la sociedad que lo rodea. Me pareció una novela original, con una técnica compleja que, sin embargo, acompañaba con esmero al lector por su viaje a la conciencia desordenada.
13 agosto 2021
Sesquidécada: agosto 2006
La sesquidécada de agosto de 2006 nos lleva de viaje por partida triple, un viaje en el tiempo, otro en la geografía y otro en la literatura. Pónganse cómodos que vamos con ello.
El viaje geográfico lo haremos de la mano del cineasta David Mamet con un pequeño relato por el paisaje otoñal de Vermont: Al sur del edén. No es un libro de viajes, ni una guía, ni siquiera una novela, solo impresiones sobre una geografía que evoca sueños, sentimientos, recuerdos y pensamientos tejidos entre los bosques y ríos de un territorio todavía a salvo del deterioro humano. Es en definitiva un libro ligero para refrescarse en las tórridas tardes de verano, soñando con un edén más o menos inalcanzable.
Finalmente, el viaje literario se lo dejamos a Orhan Pamuk y una novela imprescindible: Me llamo Rojo. Se trata de una novela que moviliza buenos recursos literarios para trazar una intriga que en realidad se convierte en una excusa para reflexionar sobre el arte, la cultura, el amor, la escritura, la pintura, la religión... No alcanzo a recordar la trama, pero sí la sensación de estar embarcado en un relato muy rico y vivo, en el que las referencias culturales acompañaban al lector en un viaje sugerente por el mundo de los libros en el imperio otomano del siglo XVI. Una joya literaria.
17 julio 2021
Sesquidécada: julio 2006
01 julio 2021
Sesquidécada: junio 2006
23 mayo 2021
Sesquidécada: mayo 2006
25 abril 2021
Sesquidécada: abril 2006
Sí que hubo otras lecturas en aquel mes, lecturas juveniles y otras más técnicas, pero ya veis que ha salido el tema friqui que me gusta y que ha acabado acaparando toda mi atención. En otro momento volveremos a lecturas de gente normal.
31 marzo 2021
Sesquidécada: marzo 2006
En marzo de 2006 llegué a un clásico de la literatura juvenil: Rebeldes, de Susan E. Hinton. Conocía la historia y me sonaba incluso haber visto la versión cinematográfica, pero no había leído aún la novela. Por supuesto, me gustó mucho y fue durante bastante tiempo una lectura recomendada para mis grupos de la ESO, especialmente los de tercero. Es posible que a día de hoy no se perciba como una lectura cercana a los jóvenes, pues las pandillas callejeras se han convertido en grupos de wasap que se enfrentan más en lo virtual que en lo real, pero sigue teniendo ese atractivo de la transgresión, de la juventud en estado efervescente, del amor al riesgo y las emociones. Por eso sigo recomendándola a pequeñas dosis, a alumnos en particular que se pueden sentir atraídos por la historia o el fondo. Lo bueno de los clásicos es que siempre hay alguien que te agradece que lo hayas llevado hasta ellos.
También leí Pandora en el Congo, la segunda novela de Albert Sánchez Piñol, que también podéis leer en catalán. No fue una decepción, porque la novela se sostiene en un razonable mundo de ficción, con un montaje bastante solvente, pero a mi juicio no está a la altura de La piel fría, su obra más conocida. En esta ocasión, explora también los territorios del miedo telúrico, con evocaciones de Lovecraft o de los grandes novelistas de aventuras de principios del siglo XX, pero me da la impresión de que el resultado no impacta tanto al lector como en su predecesora. Como digo, si os apetece acercaros a este autor, empezad con La piel fría y daréis por bien aprovechada esta sesquidécada.
20 febrero 2021
Sesquidécada: febrero 2006
También en aquel lejano febrero empecé a leer Fortunata y Jacinta, de Pérez Galdós. Me pareció una novela brillante, en la línea de otras que ya había leído del autor. Impresiona la capacidad de Galdós de sumergir al lector en un Madrid lleno de matices y detalles; la habilidad al mostrar el contraste de los personajes y sus circunstancias; la riqueza de la prosa y la variedad de registros... Sé que no es una novela para leer con prisas, que necesita su ritmo y su tiempo, pero merece la pena dedicárselo en algún momento. Galdós es siempre un valor seguro.

















