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17 marzo 2019

Sesquidécada: marzo 2004

Las lecturas de marzo de 2004 fueron más variadas que las de meses anteriores. En aquel año saltó a las librerías el éxito de Carlos Ruiz Zafón La sombra del viento, que supuso un hito reseñable en la historia de los best sellers patrios. En la estela de El código da Vinci y otros títulos como El club Dumas, Ruiz Zafón cocina unos ingredientes muy atractivos para el lector: misterio, libros, elementos con tintes fantásticos, historia, ambientes brumosos, ciudades con encantos ocultos... Había leído algunas de las novelas juveniles del autor y el estilo encajaba bien con su trayectoria, tanto que algunos de esos títulos juveniles se reeditaron como si fuesen novelas para el público general. Aunque me gustó bastante La sombra del viento, no continué con ninguno de los otros libros de la saga, una serie que continúa hasta la actualidad y que no creo que me despierte ya tanta curiosidad como aquella primera obra.


Muy distinto es el caso de Hay algo que no es como me dicen, una extraña obra de ensayo sociopolítico de Juan José Millás sobre el caso de Nevenka Fernández e Ismael Álvarez. Leí esta obra con el corazón encogido, quizá porque todavía no existían las redes sociales y uno no alcanza a imaginar lo que puede ocurrir cuando se mezcla el acoso sexual con la política, la corrupción y el abuso de poder. Lamentablemente, el caso de Nevenka no sirvió para que los partidos políticos fuesen más transparentes ni para que los hombres dejasen de ser tan machistas. La protagonista ganó en los tribunales pero perdió en todo lo demás. Y quince años después siguen saltando a los medios casos similares.

El último libro reseñado en esta sesquidecada es El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, de Robert Louis Stevenson. No es una obra que requiera mucha explicación, pero debo destacar que releerla con cierta edad me proporcionó un nivel de lectura mucho más rico que el de la lectura juvenil que suele plantearse en el aula. El monstruo genera un terror y compasión que se vuelve demasiado cercano cuando se entiende desde la psicología humana. Dicen que los clásicos son libros que nunca pierden vigencia y que ofrecen una y otra vez lecturas cada vez más enriquecedoras: eso pasa con esta novela, viva hoy más que nunca.

23 julio 2016

Sesquidécada: julio 2001

En época veraniega, la selección de lecturas para estas sesquidécadas se decanta hacia lo lúdico, dejando orillados algunos libros más densos y enjundiosos. Por ello no hablaré aquí ni de la prosa festiva de Quevedo ni los orígenes judíos de Luis Vives, textos que incluso a mí me sorprende haber leído bajo la canícula de aquel julio de 2001.

El primer libro seleccionado merecería casi una nota en exclusiva, aunque apenas necesite presentación: La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson. Un libro de verano, de invierno y de todas las estaciones, el paradigma de la novela de aventuras, una delicia para disfrutar en cualquier tiempo y edad. Resulta curioso que llegase a mi lista de lecturas de manera tardía, pero eso tiene su explicación: la mayoría de clásicos juveniles los había leído en aquellas colecciones de tebeos de Clásicos Ilustrados Bruguera, de modo que me resultaban tan familiares John Silver o Jim Hawkins como cualquiera de los personajes de Julio Verne, de Dickens y tantos otros. Como digo, La isla del tesoro no necesita recomendación, sino ser leída y releída con la misma ilusión de un niño disfrazado de pirata.

Aprovechando la reivindicación de las Humanidades en el sistema educativo y del valor de esa Filosofía que casi se ha extirpado del Bachillerato, recupero una extraña novela policíaca con fondo filosófico: Filosofía a mano armada, de Tibor Fischer. Es una intriga protagonizada por un profesor de filosofía entregado al atraco de bancos con continuas referencias a los grandes del pensamiento. Sólo para valientes lectores de Humanidades.

Por último, otro clásico de la novela centroeuropea del siglo XX: Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hašek . Se trata de una divertida parodia de la novela bélica, con un protagonista tan ingenuo como histriónico, que acaba trazando con sus fracasos una mordaz crítica a la guerra y al absurdo mundo de las jerarquías militares. Como el tiempo termina cerrando círculos sobre sí mismo, quince años después acabo de leer otra novela muy similar, la Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin, de Vladímir Voinóvich. El absurdo de la guerra reducido al humor; lástima que el ser humano no haya sido capaz de leer más y disparar menos.