Estamos viviendo con algo de estupor el nacimiento de esos nuevos países balcánicos. Ahora le ha tocado a Kosovo, pero no sé si acabará ahí la cosa. Todo el mundo habla -muchas veces sin saber nada de ello- del polvorín de los Balcanes, de la intolerancia religiosa entre musulmanes, ortodoxos, cristianos, y de un choque salpicado además matices étnicos entre serbios, croatas, albaneses, bosnios, etc.Me ha resultado siempre difícil pensar cómo han llegado hasta ahí, cómo se puede distinguir un bosnio de un serbio hasta el punto de asesinarse por la calle. No hace mucho leí una magnífica novela ambientada en esa zona: El puente sobre el Drina. En ella, Ivo Andriĉ, narra al modo de las novelas río, la historia de la ciudad de Visegrad (Bosnia), situada a orillas del río Drina. Desde su apogeo en la Edad Media, cuando se configura como hito imprescindible entre el mundo cristiano y el islámico, hasta los conflictos de principios del siglo XX (y podríamos extenderlo hasta hoy día), la ciudad se muestra ante el lector como escenario de una arrolladora sucesión de generaciones en conflicto, un siempre inestable equilibrio entre fuerzas diversas.
Después de leer las atrocidades de unos y otros, entiendo un poco mejor los miedos atávicos de sus pobladores, el rencor persistente durante generaciones, la envidia hacia el vecino, el lento esperar a ver si se vuelve la tortilla y llegan los míos.
Por eso me produce recelo lo que está ocurriendo en Kosovo: por esa irreprimible tendencia del ser humano a la venganza. También me da miedo lo que pueda ocurrir en España algún día si los políticos no cesan de avivar los miedos de la gente hacia los inmigrantes. Aquí en Castellón hay ya una comunidad importante de rumanos. Si los políticos calientan el ambiente con soflamas en contra de la inmigración no tardaremos en ver a unos y otros circular por aceras distintas, ir a bares diferentes, utilizar cada cual sus propios recursos (y no exagero, pues ya está ocurriendo). Nos estamos cargando los puentes que aseguran la convivencia entre seres humanos; estamos abriendo brechas entre vecinos. Antes de seguir con esos discursos o apoyarlos abiertamente, vale la pena pensar que quizá estemos configurando, ahora y aquí, unos nuevos Balcanes.