Mostrando entradas con la etiqueta Barker. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Barker. Mostrar todas las entradas

10 diciembre 2022

Sesquidécada: diciembre 2007


La literatura de terror no es mi género preferido, aunque sí que he disfrutado muchísimo con autores como H.P. Lovecraft, Richard Matheson, Robert Bloch o los clásicos como Poe o Maupassant. En diciembre de 2007 me acerqué a un autor relativamente actual que me habían recomendado: Clive Barker, cuyos Libros de sangre protagonizan esta breve sesquidécada. Se trata de un conjunto de relatos de terror variados y originales, que combinan el horror con el suspense, en unas tramas ágiles e inquietantes. Estan recogidos en diversos volúmenes, pero os recomiendo que os acerquéis al primero y echéis un vistazo primero, no sea que el miedo se apodere de vosotros y no tengáis ánimo de seguir con el resto (aquí podéis leer uno de ellos). En serio, vale la pena su lectura y creo que incluso algunos de ellos se han convertido en película o serie. 

Tengo asimismo anotadas en mi registro un par de comedias de Plauto, supongo que para contrarrestar el pánico: también para eso sirven los clásicos.   

10 julio 2016

Túneles y literatura


Tal vez hayáis visto este vídeo de promoción de la secuela de Cazafantasmas: una estación de metro, unos andenes semivacíos y unos fenómenos paranormales. Nada más verlo, recordé un relato que leí hace años en la revista Cacumen, Un subte llamado Moebius, de A.J. Deutsch. En ese cuento se plantea una red subterránea tan topológicamente compleja que adopta la estructura de la banda de Moebius, ese cuerpo tan singular que sólo tiene una cara y una arista. Os dejo el relato por si os apetece compararlo y comprobar que la realidad acaba pareciéndose a la ficción: Un metropolitano llamado Moebius

Aprovechando esa coincidencia, he descubierto que voy acumulando lecturas diversas que tienen como escenario los túneles que horadan montañas y ciudades, túneles que, siendo para algunos tan cotidianos, encierran a menudo misterios y fantasmagorías. Por ejemplo, sin ir muy lejos, seguro que conocéis la historia de las estaciones fantasma del metro de Madrid o de las cercanías de Barcelona.

Al margen de esos pequeños engaños y abandonos de la realidad, es en la literatura donde se vuelve más interesante el tránsito por los túneles. Así nos encontramos en primer lugar con el imprescindible Julio Cortázar, del que vale la pena recuperar un relato inquietante como casi todos los suyos: Texto en una libreta


Gentes que entran en túneles pero que no salen, un auténtico universo oculto... La salida de un túnel es también un elemento central en uno de los relatos más conocidos de Charles Dickens, El guardavía, un cuento salpicado por el misterio y lo sobrenatural que podrían haber firmado Edgar Allan Poe o el propio Cortázar.

Siguiendo con historias de miedo y avanzando hacia el horror, encontramos un cuento de Clive Barker, uno de los escritores más sanguinarios (no os perdáis los Libros de Sangre) de los últimos tiempos. Se trata de el Tren de la Carne de Medianoche, una de esas historias que te quitan las ganas de viajar a deshora.

De la ficción a la ciencia-ficción, para encontrarnos con una novela de Dmitri Glujovski, Metro 2033, ambientada en el Moscú postapocalíptico de esa misma fecha. Es una historia tan interesante como claustrofóbica, aunque encierra un mensaje bastante profundo, nunca mejor dicho.

Para los más jóvenes, quizá convenga recordar uno de los títulos de la serie Los tres investigadores (y Alfred Hitchcock), Misterio del dragón, que transcurre en una ciudad costera que esconde unos túneles de un metro inacabado. En esta aventura, Júpiter, Pete y Bob tendrán que esforzarse por resolver las apariciones de un extraordinario monstruo que, como es habitual, esconde unos entresijos de lo más prosaicos.

Cerraré este monográfico de túneles con una novela cuyos protagonistas son precisamente los túneles: Los túneles del paraíso, de Luciano G. Egido. No es una novela metropolitana, sino un homenaje literario a los esforzados trabajadores de la línea ferroviaria que unía La Fregeneda con Barca d'Alva, una línea clausurada que encierra un tesoro paisajístico singular y una obra civil descomunal. Literatura y realidad unidas por los túneles de la lectura.