06 diciembre 2021

Un trimestre de claroscuros


Estamos por aquí de nuevo para hacer balance de los avances en este oficio tan rico como imprevisible. Como es habitual, desgloso la memoria en dos bloques, el de mi labor como docente de lengua y literatura y el de la función directiva. Este curso tengo un 1º de Bachillerato por primera vez desde hace mucho. Cuando empecé en la dirección tuve claro que había que estar en los cursos bajos, que es donde se cuece la convivencia y donde se sientan las bases del futuro del centro. Por eso he tenido siempre grupos de 1º y 2º de ESO, junto con la compensatoria, que es también fundamental. Este año, a petición del jefe de departamento, los profes definitivos hemos asumido los grupos de bachiller (no todos) para que no queden tampoco a merced de los azares de las bolsas de interinos. Eso me ha devuelto a un nivel en el que había puesto en práctica proyectos como Piénsame el amor... o la Celestina, que he retomado con ligeros cambios. Así hemos ido comentando durante cinco lunes La Celestina, mientras avanzábamos en la literatura medieval, el comentario de textos y la morfología. 


Por otro lado, tengo también una codocencia en el ámbito lingüístico y social de 1ESO, en la que entro con una compañera del Departamento de Historia a reforzar competencias comunicativas. Si recordáis, el curso pasado estas codocencias se hacían entre un ámbito y el otro, lo que facilitaba la transversalidad. Este nuevo modelo en el que docentes de lengua entran con docentes de historia tiene sus ventajas e inconvenientes: ventajas como la seguridad para abordar determinados contenidos más específicos, inconvenientes como confiar esos contenidos a la hora en la que entra el otro docente en lugar de integrarlos en el ámbito. Poco a poco iremos ajustando esos detalles.
Finalmente, tengo también docencia en dos programas de atención a la diversidad que se engloban en el PAM (Plan de Actuación para la Mejora). Uno de ellos ya lo conocéis, porque llevo con él seis años: Casa Camarón, para atender al alumnado gitano. Estos alumnos han sufrido aun más los efectos de la pandemia, que ha agravado en ellos el absentismo. Tendemos a echarles a ellos la culpa de ese abandono y desapego escolar, cuando son víctimas de un modelo que los ha excluido a ellos y a sus familias, un modelo que establece y mantiene guetos que hacen inviable casi todo intento de integración, como hemos podido comprobar en los cursos de formación que hemos desarrollado junto al Secretariado Gitano. Hablo de un alumnado que ha perdido el tren del currículo, 15 o 20 chavales que ya no pueden seguir las clases, aunque quisieran. Por suerte, cada día tenemos más que sí lo hacen, que se adaptan y van avanzando poco a poco (este año, por ejemplo, hemos tenido a la primera alumna gitana que ha titulado en la ESO, la primera en 17 años que llevo en el centro). Casa Camarón es un reto diario para los que hemos asumido ese programa, un reto que agota nuestra paciencia en más de una ocasión, pero que también nos proporciona alegrías, la mayor parte de las veces cuando salen del centro y continúan sus estudios, donde vemos claramente que la educación es una inversión de futuro.
El otro programa lo hemos puesto en marcha este curso y consiste en detectar y atender las altas capacidades. Algunos alumnos ya venían con el diagnóstico y otros los estamos valorando; en total son unos siete alumnos/as de 1ESO. De momento, solo salen algunas horas de clase para reforzar áreas concretas: lenguas, plástica, historia, música y matemáticas. Es un proyecto piloto que necesita seguimiento y supervisión para que realmente sea eficaz. Os iré contando.
En la función directiva, este es el sexto curso de mi ejercicio del cargo y sigo viéndome como un novato, cada día con más dudas y proyectos para abordar. Quizá ahora mantenga un cierto sosiego que no me lleva a la exasperación de los primeros momentos, aunque hay cosas que siguen sacándome de mis casillas. Por ejemplo, la burocracia acumulada, burocracia repetida, en lo analógico y digital: sin ir más lejos, hace poco fueron las elecciones a Consejo Escolar; para una misma acta hay que entrar en tres plataformas, además de imprimirla y de enviarla por correo. Así con casi todo. Las mañanas se convierten a menudo en una comedia (negra) en la que enviar un correo puede llevarte dos o tres horas, entre interrupciones y pérdidas de login. Por no hablar de la renovación del certificado digital... Por contra, la relación con los docentes, las familias y el alumnado acaban siendo lo más gratificante, de manera general, ya que casos puntuales negativos hay en todo. También hemos recuperado el seminario de formación de directores y directoras que coordino y que sirve de punto de encuentro y de solución de dudas para muchos, especialmente los nuevos y nuevas.


En cuanto a los resultados de este primer trimestre, se observa que tanto la mejora académica como la de convivencia se han estancado. Si bien no hemos tenido ningún expediente disciplinario, sí que se está notando un incremento sustancial de los partes de convivencia, en la mayoría de casos por incumplimiento de los protocolos del plan de contingencia contra el COVID. La ratio de 20 del curso pasado (y los grupos de semipresencialidad) ha dado paso a una ratio de 23 en toda la ESO (excepto algunos grupos de 3/4 ESO), lo que ha generado más incidentes diarios y una peor atención de la diversidad. Hay que decir que el centro, diseñado para 600 alumnos, alberga actualmente a 830, lo que no puede ser bueno. No tenemos espacios comunes, las aulas específicas han desaparecido, también la biblioteca y el aula de usos múltiples. Lo que hemos ganado en reducción de ratio lo hemos perdido en espacios. Cuando vuelvan las "ratios de siempre" no sé qué haremos, sobre todo con los cada día más frecuentes trastornos mentales (autolesiones, depresión, ansiedad...). Debo decir que, por lo menos, hemos tenido un incremento de profesorado para mantener esas ratios: de los 65 profesores de hace cinco años hemos pasado a más de 90, eso sí con una subida de matrícula de 150 alumnos. Todas estas cifras condicionan el funcionamiento del centro: imposibilidad de hacer claustros o reuniones de delegados presenciales, dificultad para encontrar espacios para encuentros presenciales o actividades complementarias, compleja coordinación de equipos docentes (que apenas se conocen), etc. Ya veremos cómo evoluciona el centro en el futuro, un centro que está desbordado y que no puede ya cumplir con la demanda de toda la zona Oeste de la ciudad.
Seguro que me dejo muchas cosas en el tintero, como siempre. La vida docente y la función directiva son una montaña rusa, que para eso sí que somos un parque de atracciones. Hay mañanas en las que empiezas como docente, sigues como psicólogo, avanzas como policía y terminas como contable. Otras mañanas te querrías ocultar en una cueva donde nadie te encontrase. Otras disfrutas de la guardia de patio como un niño de 12 años. Es la grandeza de este trabajo. Es el propio claroscuro de la vida.

1 comentario:

eduideas dijo...

Agradecemos nuchos estas memorias. Felicidades por la alumna gitana que ha titulado, la próxima que vaya a la universidad, eso es un avance real. Espero más datos del programa de altas capacidades, los eternos olvidados, y confío en que no solo salgan del aula (que también) sino que a la larga se los atienda en clase como necesitan. El tema de salud mental será cada vez más importante en nuestros centros, y el estilo de crianza actual lo está agravando. Veremos cómo evoluciona pero siempre es un placer leerte.