Septiembre se convierte en el año nuevo de los profesores. No sé por qué no celebramos por estas fechas una especie de Nochevieja en la que descorchar el cava y en la que lucir los oropeles que nos acompañarán el resto del curso (ya sabéis: carpetas, agendas, portatizas, libretas, libretitas, post-it...).Puede que seamos los docentes quienes más percibimos el paso del tiempo, pues, al margen de los que nos rodean en lo personal, arrastramos la marea de alumnos que llegan, crecen y se pierden ante nosotros en algo así como un tiovivo de nombres y apellidos sin fin. Si al menos no les cogiésemos tanto cariño...
Y en ese torbellino de cursos que se suceden en un abrir y cerrar de ojos, vamos entregando nuestra vida del mejor modo que podemos. Por eso me he acordado en estos días de este soneto de Guillermo Valencia que os dejo como regalo de lo que debería ser nuestra particular celebración de los Reyes Magos, casi en vísperas de empezar de verdad el año.
Cuna. Babero. Escuela. Libros. Tesis. Diploma.
Pobreza. Pleitos. Jueces. Las Cortes. Ruido.
Comités. Elecciones. Tribuna. Gloria. Olvido.
Viajes. El bosque. Londres. París o Roma.
Regreso. Novia. Enlace. Rorros. Dientes. Aroma.
Ilusión. Señoritas. La sociedad. Marido.
Bailes. Celos. Pesares. Esclavitud. Gemido.
Nietos. Babero. Escuela. Griego. Latín y Doma.
Vejez. Gota. Desvelos. Desilusión. Novenas.
Ceguera. Gripe. Vértigos. Callos. Penas.
Abandono. Esquiveces. El patatús. La fosa.
Llanto. Duelo. Discursos. Decreto. Paz. Sonrisa.
Risa. Chalets. Pianola. Paseos. Una misa.
Tumba. Silencio. Ortigas. Ausencia. Cruz mohosa.
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