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08 julio 2015

Quizá callados hubiésemos estado mejor


Querido diario:
Hoy hemos tenido claustro y nos han repartido la carga horaria de los departamentos. Uno ya no se espera sorpresas, ni siquiera en estos tiempos convulsos, por eso no me ha extrañado que nos hayan asignado por primera vez la Literatura Universal o la Coordinación TIC (no, nunca lo he sido...), con lo mucho que hemos peleado por que el centro oferte la primera y por que se haga efectiva la segunda. Lo que no se espera uno es que con ese regalo vengan tres tutorías, lo que hace incompatibles las reducciones horarias para esa labor y para la coordinación de biblioteca y Plan Lector. Tampoco se espera uno que no manden un profesor más al departamento, como venimos pidiendo desde hace cinco años. Así que, puestos a echar cuentas horarias, hemos visto que la faena asignada superaba los límites de lo que humanamente se puede hacer con dignidad en un aula.
Querido diario, podría haberme callado, podríamos habernos callado y haber repartido esa carga horaria entre los cuatro profes definitivos. No hubiéramos salido mal parados: cogemos los dos bachilleres, el segundo ciclo de ESO y algún curso de 1º y 2º que hubiésemos podido desdoblar. Al profe número 5, ese profe que será interino o en comisión de servicios le hubiese caído el gordo: grupos enteros de 1º y 2º sin desdoblar, tutoría y la mirada altiva de sus compañeros de Clase A.
Pero, querido diario, hemos vuelto a meter la pata por no saber callar y hemos pedido por escrito al director de personal, una vez más (y ya van cinco), que nos mande otro profe. Para que viese que esa demanda es legítima, le hemos dado a la directora el reparto de grupos con seis profesores, donde se ajusta la carga docente al horario legal; por desgracia, también le hemos dado la versión recortada, es decir, el reparto con cinco profes, sin apenas desdobles, sin refuerzos en 1º de ESO y renunciando a la Literatura Universal, a la coordinación TIC y al Plan Lector. Me temo que al director de personal no le va a importar mucho si no se hace nada de eso: un profe menos es un profe menos y quizá una medalla más, no sé.
Querido diario, hoy me he sentido fatal, como mis compañeros de departamento, como mi directora, que se excusaba diciendo que estamos todos igual. A mí eso no me consuela. A mí no me consuela saber que mis alumnos van a aprender en peores condiciones y con unos profes al límite. No me consuela saber que hemos renunciado a una optativa que puede ayudar a un chaval a sacar mejores notas en Selectividad. No me consuela renunciar a la coordinación TIC por tener que elegir entre eso o trabajar por proyectos en 2º de ESO. ¿Sabes lo que me consolaría, querido diario? Que todos los que han visto venir esta sangría de recursos se hubiesen quejado cuando tocaba. Que el silencio no fuese la tónica general ante la sinrazón. Pero eso es mucho pedir.
Por eso, querido diario, hoy vuelve a ser un día tristón, porque sé que estos despropósitos tienen un coste y que los principales afectados seguramente no se van a enterar de ello. Como mucho, alguna familia protestará al ver que nuestro centro siempre está en la cola de resultados académicos, pero eso se arregla llevándose al niño a otro centro, si te lo aceptan. Ojalá nuestro director de personal se asomase alguna vez a este diario y leyese esta elegía. Ojalá me tocase desdecirme de estas palabras y celebrar que por fin nos han hecho caso. Ojalá viniese a mi centro para que le pudiese mostrar en vivo la diferencia entre trabajar bien en el aula y sobrevivir en ella.
Pero, querido diario, de momento solo pienso que quizá callados hubiésemos estado mejor.

13 septiembre 2013

Lo hacemos por tu bien... aunque te duela


Ya es costumbre que nuestra administración educativa recorte a puñados con una mano para repartir migajas con la otra. "Lo hacemos por mejorar la calidad, lo hacemos por tu bien y el de tus alumnos", dicen. Generalmente, este cambalache (o timo de la estampita) consiste en la conversión de un recurso al que tienes derecho en un objeto de mercadillo con el que se pueden negociar vacantes o cargos. Hablé de ello con motivo de los contratos-programa (por cierto, contratos que no se cumplieron ni en lo económico ni en la dotación de profesorado) y del distrito único, pero siento la necesidad de recordarlo una vez más en este deprimente inicio de curso. Digo deprimente porque no encuentro otro adjetivo para designar el estado de ánimo que se le queda a uno cuando, después de cinco años desarrollando la docencia compartida en los grupos más necesitados de 2º de ESO, ha de resignarse a echar por tierra ese trabajo y empezar de nuevo. Somos cinco profesores de Lengua y Literatura para más de 600 alumnos. Hace años que renunciamos a dar optativas (ya perdimos las horas para la revista, para la optativa de prensa, no pudimos ofertar Literatura Universal...) porque ello suponía dejar sin refuerzos y desdobles el Primer Ciclo de ESO, donde llegamos a alcanzar en varios grupos el 90% (no es una errata, no) de fracaso escolar. Llevamos años pidiendo por escrito otro docente en el Departamento, sin que nadie conteste siquiera. El profesor completo de lengua para Educación Compensatoria de hace años (conviene recordar que estamos en un centro CAES, es decir, con alto porcentaje de alumnado en situación de exclusión social o de marginalidad) se convirtió en media jornada de un maestro de Pedagogía Terapéutica para refuerzo y ha acabado convertido en tres horas semanales de apoyo para Necesidades Educativas Especiales. En resumidas cuentas, hemos pasado de 6 profesores para 350 alumnos a 5 profesores para 650. 
Sé que todos los que nos dedicamos a esto estamos sufriendo situaciones parecidas y que es mala época para plantos y elegías. Pero reconozco que estoy enfadado, y mucho. Enfadado porque la administración educativa nos manda profesores de otras especialidades cuando no sabe qué hacer con ellos, incluso sabiendo que va a haber que improvisarles carga horaria deprisa y corriendo; indignado porque, mientras mi centro tiene grupos completos cuyos alumnos repetidores llevan años sin aprobar una sola asignatura, otros centros organizan grupos de Excelencia Educativa; airado porque ni siquiera me puedo plantear la mitad de actividades que realizaba en 2º de ESO, a menos que deje desatendidos a buena parte de alumnos de cada clase; sublevado porque cuando lleguen las pruebas diagnósticas de mayo, el alumnado de este centro no se va a examinar ni de Tecnología, ni de Música, ni de Historia, ni de Biología, ni de Religión... se va a examinar, entre otras cosas, de competencias lingüísticas y comunicativas de las que es responsable mi departamento, y que dichas pruebas arrojarán de nuevo deprimentes resultados para cerrar este ciclo de penuria profesional.
Con este panorama, solo me faltaba leer que la administración educativa (la misma que me priva de impartir clases con calidad y dignidad), esforzándose por el bien de las familias, va a premiar a quienes confeccionen sus propios materiales. ¿Saben qué les digo? Váyanse al carajo.

Crédito de la imagen: 'Shouting worm'

21 enero 2012

Romance de los recortes


ROMANCE DE LOS RECORTES

Érase una vez que se era
un reino loco y sin norte,
reino asaz atolondrado,
desde la plebe a la corte.
Sus jerarcas sin mesura
gastaban a troche y moche
mientras todos jaleaban
el despilfarro y derroche.
Tal como tiernos infantes
babeaban día y noche,
agradecidos y mansos.
Sin censuras ni controles
alzaban templos y casas,
mil palacios de deportes,
parques y aeropuertos
incluso en medio del monte.
Ninguno osa protestar,
ninguno mesura pone,
nadie se atreve a cesar
el despropósito torpe.
En los años de bonanza,
algunos el lujo acogen
sin acordarse que el tiempo
en las locuras pone orden.
Muchos jerarcas y acólitos
llenan sus maletas y odres,
saqueando el bien ajeno
y cubriéndose de podre.
Mas llegan las vacas flacas
y la gota colma el borde:
quienes antes derrochaban
comienzan con los recortes.
"Habéis sido manirrotos,
caprichosos y glotones;
merecéis un buen castigo",
dicen con encono enorme.
Mientras los jerarcas sabios
a muy buen recaudo ponen
salarios, rentas y ahorros,
la paz del pueblo se rompe.
Ya no hay trabajo, ni viajes;
no más casitas ni coches.
Tras largos días de playa,
les llega una negra noche.
Mucho dinero gastaron,
pero más necesita la corte,
pues empeñaron sin tino
hasta el sueño de su prole.
Es triste de ver ahora
aquel reino de alto porte
arrastrado por los pelos,
sin nadie que lo conforte.
En desbandada sus jefes
huyen raudos cual hurones,
otros, altivos mendaces,
al juez sus hurtos esconden;
capaces son de negar
dádivas, lujo y derroche,
aunque repletos de alhajas
vayan hijos y consortes.
Las pobres gentes de a pie
viven llenas de temores
y lloran con gran dolor,
medrosas de que les roben
lo poco que les dejaron
esa panda de ladrones.
Sus médicos han perdido,
escuelas sin profesores,
asilos abandonados,
víctimas de los recortes.
Y mientras, allí en lo alto,
envueltos en su cohorte,
se ríen de todo ellos
preparando un nuevo golpe.