25 agosto 2025

Sesquidécada: agosto 2010


En esta sesquidécada traigo dos novelas de ciencia-ficción, para uso particular, y una novela juvenil, por si os interesa para el aula de secundaria.

Pórtico, de Frederik Pohl, es un clásico de los viajes interestelares y el primero de la saga Heechee. Además de las intrigas propias del género de este tipo de viajes, sus riesgos y amenazas, tenemos una novela con pinceladas distópicas basadas principalmente en el colapso malthusiano. A pesar de su fama, se ha intentado en alguna ocasión llevarla a la pantalla como serie de televisión, pero aún no se ha llevado a cabo.



Otra novela que daría la talla en el cine es Muerte de la luz, de George R.R. Martin, sí, nuestro admirado procrastinador de la Canción de Hielo y Fuego. Curiosamente, esta novela se publicó el mismo año que la anterior, en 1977, aunque, a mi juicio, se mantiene más fresca y actual, lo que demostraría que este autor tiene más interés en el entretenimiento que en la reflexión filosófica. En esta novela se mezcla una historia de amor con el retrato elegíaco de una cultura condenada a perderse. Martin prefigura aquí su habilidad para enganchar al lector con una trama y una narración en la que no puedes dejar de avanzar.



Por último, una novela juvenil que suele funcionar muy bien para el alumnado de 13-15 años es Donde esté mi corazón, de Jordi Sierra i Fabra. No hace falta contaros mucho del autor, uno de los referentes de la literatura juvenil y, sin duda, el más prolífico. En cuanto a la novela, aborda una relación sentimental con algunos elementos añadidos que dan pie a tertulias y debates en clase. Podéis tenerla en cuenta para cuando volvamos en septiembre al aula, que eso ya está ahí, a la vuelta de la esquina. 

17 agosto 2025

Memòries ferroviàries i literàries

Si t’agrada viatjar, tens curiositat per la geografia i l’urbanisme, t’encanten els estudis d’humanitats i, sobretot, si t’apassionen els trens, Memòries d'un vagó de ferrocarril és un llibre que no podràs parar de llegir. Li afegiria a aquest llibre un subtítol més ample que el que té: història sentimental, ètica, estètica i política del corredor mediterrani. Antoni Martí Monterde és un assagista de primera (i per això ha sigut reconegut amb diversos premis d’aquest gènere), però és també un viatger impenitent, curiós i valent, que és capaç de renunciar a les comoditats de l’alta velocitat en aras del sacrifici dels trens regionals.

L’autor comença el relat en la infantesa i joventut a la ciutat de València, amb la memòria dels trens de via estreta i la poderosa imatge de l’Estació del Nord, alçada com a tòtem durant bona part del llibre. Amb l’evolució personal i professional, ens anirà portant a Barcelona i les seues estacions, tant de la ciutat com del contorn nord, i després a Girona, on s’ha establert definitivament, si n’hi ha alguna cosa definitiva al món. Més tard, ens mostrarà els apèndixs cap a Portbou i Cervera, i cap a la Pobla de Segur i Canfranc, en un recorregut que voreja les fronteres amb França per un i altre costat.

Tot això pel que fa a la geografia, però ja hem dit que també tenim altres tòpics. Per exemple, les reflexions sobre les cantines ferroviàries i les relacions amb els cafès, els llocs on es forgen molts dels moviments artístics i polítics dels últims segles. Perquè en aquest assaig la política està ben present, sobretot en allò relatiu a la vertebració del territori, el sistema radial del ferrocarril heretat i mantingut per polítics centralistes que només gestionen pensant en alta velocitat amb epicentre en Madrid.

També tenim prou referències literàries i artístiques, relacionades amb les estacions i els que viatjaven per elles, en especial figures com Josep Pla. Imprescindible el capítol dedicat a Walter Benjamin i Portbou, amb totes les reflexions sobre ciutadania i fronteres que s’hi deriven.

Després de la lectura comprenem millor que l’Espanya buidada s’hauria de replantejar com a Espanya desballestada, primer per una planificació deficient i després per una manca de visió de futur que es permet tancar línies i serveis públics que resulten fonamentals per a mantenir viu el territori. També entenem que l’abandonament que sofreix el corredor mediterrani (no només a les relacions interurbanes, sinó també a les rodalies) no és casual, sinó que respon a una deliberada intenció d’afavorir altres eixos econòmics i logístics.

Però, com apassionat dels trens, allò que més m’ha agradat és acompanyar l’autor pels paisatges i memòries ferroviàries, molts dels quals compartisc amb ell. Compartisc les alegries de viatjar per línies abandonades, de descobrir restes d’antigues estacions i traçats urbans abandonats, de perdre el temps mirant per la finestra… Compartisc la ràbia de vore desmantellades infraestructures que donaven servei a territoris, de sofrir uns trens, uns horaris i uns preus insoportables entre València i Barcelona, de mirar amb enveja les relacions ferroviàries europees… I també, com ell, pense que “Europa serà ferroviària, o no serà”.



Memòries d'un vagó de ferrocarril. Història sentimental del corredor mediterrani

Antoni Martí Monterde. Editorial Bromera. 2024

25 julio 2025

Sesquidécada: julio 2010

Gozosos tiempos en los que podía leer en julio decenas de libros... meses en los que cuesta elegir tres lecturas entre tantas, cuando ahora apenas llego a ese mínimo. Esta sesquidécada recoge, una vez más, lecturas de dos géneros con los que empecé a engancharme tarde, la ciencia-ficción y la novela policíaca. De regalo, también un relato de viajes. Vamos allá.


No quisiera estar en sus zapatos es un relato policíaco de William Irish (también conocido como Cornell Woolrich), un autor que siempre merece la pena leer. Ya ha aparecido varias veces reseñado en este blog, incluso como recomendación para el aula de la ESO. Es el autor del relato que inspiró La ventana indiscreta, y tiene como seña de identidad el uso del azar en la resolución de intrigas con falsas evidencias. Una buena lectura para el verano.



Hyperion, de Dan Simmons, es la primera novela de una tetralogía impresionante, obra cumbre de la ciencia-ficción moderna. Tanto la estructura de la trama como el universo creado son espectaculares, con el añadido de unos referentes literarios que no pasan desapercibidos. Creo que es algo así como el equivalente al Señor de los Anillos en la novela de fantasía. Una delicatesssen para los fanáticos del género.



Los relatos de viajeros por España en tiempos pasados son una fuente jugosa de curiosidades y detalles que nos dan idea de lo que fuimos y lo que seguimos (o no) siendo. Entre los clásicos de este género está Aventuras de un irlandés en España, de Walter Starkie, un autor que también escribió acerca de los gitanos en nuestro país. Starkie viaja por España en 1931 y muestra un país que vive casi en la Edad Media, pero que se prepara para cambios que tardarán una cuantas décadas en llegar. Es un libro que engancha desde el primer momento, por esa mezcla entre la mirada objetiva y las propias valoraciones o prejuicios del autor. Hay una edición moderna que podéis encontrar fácilmente en las librerías.


Por último, fuera del formato habitual de la sesquidécada, en estos tiempos en los que la censura de la administración educativa bloquea cursos del profesorado sobre memoria democrática, tengo que recordar este libro de mi compañero de instituto, Fernando Peña: El precio de la derrota. La ley de responsabilidades políticas en Castellón, 1939-1945. En él se da cuenta de algunos procesos llevados a cabo al amparo de dicha ley, que tenía como base la venganza y la humillación de todos aquellos que votaron al Frente Popular (así aparece textualmente, excluyendo a quienes votaron a las derechas): vamos, un total de cinco millones de sospechosos, más sus familias, herederas del oprobio aunque el acusado ya en su día hubiese sido depurado o fusilado. Un libro que, sin entrar en la valoración moral o política, muestra la perversión de ciertas personas que nunca han pagado (ni pagarán ya) las injusticias cometidas a sabiendas. 


22 junio 2025

Sesquidécada: junio 2010


La primera novela rescatada para esta sesquidécada vino a mi lista de lecturas para refrescar el tórrido ambiente veraniego de aquel junio de 2010. Se trata de La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Høeg, una de las primeras novelas negras nórdicas que cayeron en mis manos. Un crimen rodeado de nieve y de intuiciones, del que apenas recuerdo una sensación plácida de frío y bruma, como abrir la nevera y meter la cabeza dentro. Fue una novela que tuvo bastante éxito y que llegó a convertirse en película. Para mí fue una invitación a conocer autores del norte de Europa, entre los que he ido encontrando interesantes hallazgos.



El tío Petros y la conjetura de Goldbach, de Apostolos Doxiadis, es la segunda lectura seleccionada para este mes. A mitad de camino entre la novela y el ensayo, es una lectura que invita a reflexionar sobre el mundo de las matemáticas, la vocación científica y los descubrimientos de un joven que indaga sobre la vida de su tío. Es una obra diferente, con un fondo divulgativo que no empaña lo literario.



La última lectura es un clásico entre los profesores de literatura: La casa de los espíritus, de Isabel Allende. Creo que aquella fue mi primera lectura de esta novela, a la que volvería en alguna ocasión para preparar las clases de 2º de Bachillerato, en una época en la que esta obra era una de las de referencia para la Selectividad. La leí con cierta condescendencia después de haber leído muchas obras del boom latinoamericano y del realismo mágico, pero descubrí una buena novela que solo había tenido la mala suerte de que Cien años de soledad estuviese planeando sobre ella como inevitable punto de comparación. Aunque es cierto que la obra de García Márquez es superior en calidad, las novelas de Allende merecen también su lugar en el canon, aunque solo sea por haber llegado a miles de lectores desde la voz de una mujer. Convendría recordar aquí que la idolatrada La colmena de Cela no deja de ser una copia barata de Manhattan transfer de Dos Passos.

23 mayo 2025

Sesquidécada: mayo 2010

La sesquidécada de mayo se centra en la ciencia-ficción con dos obras clave, muy diferentes entre sí, pero con la grandeza de erigirse como clásicos de dos subgéneros: el ciberpunk y la novela ucrónica.

La primera lectura es Neuromante, de William Gibson. Se trata de una novela de 1984 (bonito azar) en la que aparecen elementos que hoy ya tenemos normalizados como la inteligencia artificial, la matriz o los piratas informáticos. Por sus referencias transmedia y su ambiente distópico, es una novela ideal para ser adaptada al cómic, a la televisión o al videojuego, como así ha ocurrido. Tiene el encanto del ciberpunk, ese género que mezcla lo digital con el anarquismo activista o decadente, según la mirada del lector. La trama es lo bastante compleja para que nos sintamos tan perdidos en ella como el protagonista. Conspiraciones, sabotaje, extorsión y amor se enredan también en un argumento que brilla más por su desarrollo que por su desenlace. Lo dicho, un clásico de un género que se explica por sí solo.


En el otro extremo del género tenemos El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, un autor que no necesita presentaciones. En esta novela se plantea un mundo en el que Alemania y Japón han ganado la Segunda Guerra Mundial y se han repartido el planeta. Los Estados Unidos han quedado divididos bajo el mandato de las dos potencias y se ha generado un conflicto político y social en el que los protagonistas han de tomar partido. Al hilo de esa situación, se plantean interesantes cuestiones acerca de cómo sería ese régimen global y cómo sería "la resistencia", de la que es líder el hombre en el castillo. Una ficción curiosa que años más tarde vería una analogía en la novela La conjura contra América de Philip Roth. 



20 mayo 2025

La península de las casas vacías contra el olvido


No sé por dónde empezar. Soy lector compulsivo, incluso en estos últimos años en los que apenas tengo tiempo de leer, por trabajo o por cansancio, cosas ambas atribuibles a la edad y la falta de disciplina a la hora de perder horas en tonterías. Leo mucho y muy desordenado, lo que me hace olvidar a veces lo que he leído. Quizá por eso reconozco una buena novela cuando me da una patada en el estómago y deja esa sensación que presagia un dolor o un placer duraderos. Recuerdo que en mis años universitarios me sucedió con algunos clásicos, pero también con novelas contemporáneas como Juegos de la edad tardía, de Landero o Las ciudades invisibles, de Calvino, entre otras. 



La península de las casas vacías, de David Uclés, es la novela que me gustaría haber escrito. Eso no tiene demasiada importancia, siendo como soy un insignificante lector. Sin embargo, creo que sería también la novela que escribiría hoy Max Aub, si se alzase de su tumba y viese, con mayor estupor si cabe, la España que describió en La gallina ciega. Creo que Aub sería capaz de escribir algo parecido si uniese la magia de su prosa casi novecentista de, por ejemplo, Fábula verde, con la fantasía de relatos como La gabardina, con el sarcasmo de sus Crímenes ejemplares y con la observación de personajes de La calle de Valverde. Pero el Aub que afloraría en paralelo a la novela de Uclés sería el del autor del Laberinto mágico, la saga de novelas sobre la guerra civil de la que inevitablemente se han de acordar los lectores de esta novela que bucea en el horror de aquellos años. Los lectores de Aub pasearán por los campos de esta península de casas vacías como lo hicieron por los otros Campos, el abierto y el cerrado, el del Moro y el de los almendros, aunque en esta ocasión la realidad objetiva se verá deformada por los espejos de ese realismo mágico, heredado más de Valle-Inclán que de García Márquez. 

Esta novela de David Uclés es un regalo para los buenos lectores, para los que saben aprovechar las referencias históricas y culturales, para los amantes de la literatura, para los poetas, para los desengañados y los optimistas... Es un regalo por su prosa y por su técnica, por lo que se cuenta y por lo que se esconde. Es una novela de la que se aprovecha todo, hasta el narrador. Esta novela merece dedicarle la atención que hoy nos quitan otras distracciones, porque con ella nos reconciliamos (o no) con nuestra condición de españoles, productos de esa paradoja de querer serlo y no serlo a la vez. Si hubiese una Generación del 98 un siglo después, Uclés merecería formar parte de ella por indagar en el quién y el qué de España, una Iberia cainita y olvidadiza de la que no se puede huir. Como dice el narrador acerca de unos de sus personajes, "me daba pena que, en cuatro décadas, despertaran en una sociedad que, en lugar de tratar la guerra con una firme memoria histórica, firmará un pacto de silencio y dedicará únicamente un par de páginas en los libros de texto al conflicto." Decía Max Aub en 1972, tras su visita, que no regreso, a España: "España seguirá siendo lo que es, no lo que queramos que sea. Lúcida, orgullosa, ignorante y creyente en Dios y en todos los santos (algunos laicos) y con la suficiente dosis de anticlericalismo para mantener viva la Iglesia." Necesitamos más novelas como La península de las casas vacías para no olvidar de dónde venimos, para que no venza la ignorancia sobre la lucidez. 

05 mayo 2025

Vulnerables y a menudo invisibles

 

Hace un par de años hice la primera reseña de un libro de Lola Cabrillana, La maestra gitana, que no era su primera obra, porque ya había publicado una interesante novela Voces color canela, que no debería pasar desapercibida. En aquel momento a Lola la conocíamos muchos docentes por su perfil reivindicativo en redes sociales. Dos años después, no creo que haga falta presentarla, porque ya se ha convertido en una autora más que reconocida. Vulnerables, su última novela, sigue la estela de las obras ya mencionadas y también de Las cuatro esquinas del mar, su anterior éxito. Son todas novelas con un elemento en común: sus personajes sufren algún tipo de exclusión, son víctimas de prejuicios o directamente son marginados por la sociedad que los rodea. En Vulnerables, las protagonistas son tres chicas que sin conocerse comparten un destino peligroso, demasiado peligroso. Se trata de un thriller que bien podría convertirse en película, igual que ocurre con otras de sus novelas anteriores, pues engancha con una trama de tres historias de las que queremos saber más, tres tramas que nos atrapan en una red en la que el lector tiene que ir abriéndose paso para desenredar los anzuelos en los que se vieron atrapadas sus protagonistas. En este sentido, la estructura fragmentaria con sus diferentes puntos de vista me ha recordado bastante a la primera obra de Lola, que ya he mencionado arriba. Vulnerables nos interpela además como ciudadanos adultos para que asumamos la responsabilidad social de proteger a nuestros menores, a todos los menores, pero especialmente a los que tienen todo en contra, a los que por circunstancias diversas solo pueden acogerse a la protección de la tribu. Y en todas las novelas de Lola Cabrillana hay también una dimensión particular de interpretación, la que nos señala como educadores, como docentes o como instituciones públicas, en quienes cae también buena parte de la responsabilidad de detectar y comunicar las situaciones de desprotección de esos menores a nuestro cargo. Vale la pena recordar esto después de leerla: los vulnerables necesitan alguien que los escuche y les tienda una mano, y eso puede hacerlo la escuela pública, no lo olvidemos.

Vulnerables. Lola Cabrillana
Penguin libros. Grijalbo. 2025

30 abril 2025

Sesquidécada: abril 2010

En abril de 2010 florecieron varias lecturas que se movían entre lo distópico y lo fantástico. Creo que fue para mí un momento de descubrimiento de la ciencia-ficción clásica que me llevaría a una auténtica euforia lectora de obras de este género. Así que vamos a ver en esta sesquidécada algunos de los títulos destacados de aquel mes.


Tenemos primero El día de los trífidos, de John Wyndham, una novela apocalíptica que encajaría perfectamente en los gustos de las series actuales (de hecho, hay una versión televisiva de 2009). Se trata de una distopía en la que unos seres mitad vegetal mitad animal tratan de apoderarse de las ciudades dejando ciegos a los humanos y devorándolos después. Como sucede en otras novelas del género (pensemos en el Ensayo sobre la ceguera de Saramago), el caos generado por los trífidos sirve también para reflexionar sobre la condición humana y su organización social. Una novela tan entretenida como angustiosa.



En la segunda lectura rescatada tenemos una novela de ciencia-ficción también con un punto desconcertante, incluso metafísico. Se trata de Estación de tránsito, de Clifford Simak. Plantea la existencia de estaciones espaciales en lugares perdidos del campo que sirven de puente para viajes por la galaxia a velocidad luz. Estos puntos serían una especie de isla en el espacio-tiempo, custodiadas por personas que ven alterada su resistencia al paso del tiempo. Es una novela clásica con elementos bastante curiosos, como las relaciones del protagonista con una chica sordomuda o la aparición de algún ser de otro planeta. Solo apta para incondicionales del género.



Por último, otra lectura extraña, que mezcla la novela negra con el ensayo filosófico: Una investigación filosófica, de Philip Kerr. En ella se enredan los nombres en clave de varios filósofos con las víctimas de un crimen que se ha de resolver. Una entretenida intriga policíaca que busca la complicidad del lectora a través de guiños intelectuales. Es un buen punto de partida para acercarse a la obra de este autor que tiene interesantes novelas de misterio.