Mostrando entradas con la etiqueta instituto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta instituto. Mostrar todas las entradas

31 julio 2024

Memoria de un curso complejo

Esta semana se cierra un curso más, un curso tan extraño como complejo. Decir que este curso ha sido muy complejo podría inducir a pensar que otros no lo han sido, pero hay que reconocer que en el 2023-2024 hemos tenido demasiados frentes abiertos, algunos felizmente solucionados y otros no tanto. Vamos con ello.


Empezamos con mal pie, con una sentencia que anulaba los proyectos interdisciplinares y que desembocaba en una supresión de horas cuando ya estaban las plantillas solicitadas. El nuevo gobierno, que se estrenaba en julio, lanzó una resolución el 31 de agosto que obligaba a rehacer los horarios que la anterior administración había suprimido. En 1ESO se añadieron una hora de inglés y otra de matemáticas, pero para 2º y 3º de ESO se configuró una falsa asignatura sin currículo ni calificación AHP (ampliación de horario PAM), que era de obligatoria asistencia. Esta circunstancia nos ha llevado a tener a los alumnos de esos niveles ocupados durante dos horas a la semana en actividades diversas; imaginad el resultado, sin programación, sin objetivos, sin evaluación... Los horarios de septiembre provocaron las primeras susceptibilidades, porque ya ni siquiera se trataba de respetar desideratas, sino de comparar el horario de agosto con el de septiembre, con los correspondientes disgustos y malas caras.


El otro caballo de batalla ha sido la reducción de horas de codocencia, derivadas de la renuncia a impartir ámbitos en 1ESO, tras una reñida votación de 43 votos a favor y 46 en contra. Por tanto, este curso volvimos a las asignaturas separadas en 1º de ESO, no con el éxito que cabría esperar, a la vista de los resultados académicos y de convivencia, a pesar de tener casi 50 alumnos menos en ese nivel. De hecho, el profesorado de cinco departamentos ha solicitado la vuelta a la organización por ámbitos el curso que viene, y ya tenemos configurados los grupos para poder reducir la ratio en ese nivel de 1º de la ESO en el que es tan importante cuidar la transición de Primaria a Secundaria. En este sentido, también hemos recuperado las jornadas de intercambios de tutores de 1ESO/6º de Primaria.


Tampoco fue buena noticia la pérdida de horas en la asignación del Plan de Actuación para la Mejora (PAM), esas horas con las que se desarrollan los programas de mejora del centro: proyecto futuro, Casa Camarón, patios lúdicos, Stonewall, compensatoria, etc. De las 50 o 54 horas de otros cursos, pasamos a solo 6 horas este. Evidentemente, eso ha provocado numerosas desatenciones en el alumnado vulnerable: alumnos que no entraban en clase y se quedaban por el pasillo, incremento del absentismo, falta de recursos para el alumnado recién llegado, etc. Es increíble que un centro de especial dificultad no tenga garantizada la dotación horaria estable para un alumnado que tiene ese perfil tan complicado. 



La gestión de la convivencia ha sido extremadamente difícil, con alumnado y profesorado sobrepasado por la impotencia de no poder atender casos a los que ni siquiera los servicios sociales sabían o podían dar respuesta. El absentismo, las notificaciones de desprotección y los protocolos de conductas autolesivas acaban consumiendo un tiempo y unos recursos que no tenemos, por lo que se dejan en suspenso otras actuaciones que habían dado buenos resultados. No es sencillo entender que con la situación actual de los centros educativos no existan figuras como el trabajador o educador social o el técnico de servicios a la comunidad, que serían recursos excelentes para que los docentes y los equipos directivos no ocupemos infinidad de horas en una tarea para la que no estamos formados.


Pero no todo han sido quejas y lamentos. Hemos renovado el Consejo Escolar y van entrando caras nuevas, lo que siempre es motivo de satisfacción, a pesar de la baja participación de la comunidad educativa en un órgano colegiado que no sienten como suyo (o para el que no esperan demasiadas atribuciones). También he renovado por segunda vez el proyecto de dirección, con una necesaria actualización después de ocho años. Probablemente sea mi última legislatura, si todo va bien. Con un contexto tan cambiante y tan complicado, la decisión no fue sencilla, y debo agradecer a mis compañeras de equipo y a la gran mayoría del claustro su apoyo para seguir en el cargo otros cuatro años más. Espero no perder ilusiones ni fuerzas para ello.



Asimismo, ha sido motivo de alegría ver la graduación de otra promoción de bachilleres, la más numerosa de nuestra historia, y de titulados de la ESO, algunos contra viento y marea, como dos chicas gitanas que se suman a una tercera que ya tituló hace un par de años, excepciones en un contexto educativo que sigue mirando hacia otro lado en la compensación de desigualdades de un colectivo que tiene casi todo en contra: si un payo se porta mal en un instituto, a nadie se le ocurre decir que todos los payos son iguales...



Tenemos también la suerte de contar, además de una unidad específica de alumnado TEA, con dos programas de formación básica adaptados para alumnado de necesidades especiales, uno de jardinería y el otro de administración. Este alumnado nos demuestra cada día la importancia de la diversidad en los centros, así como la necesidad de aplicar estrategias inclusivas para que puedan compartir espacio y tiempo con los compañeros de grupos ordinarios. Recibir a final de curso la mención de centro inclusivo por parte de la Asociación Síndrome de Down compensa todo el esfuerzo de los grandes profesionales que se ocupan de este alumnado y del resto de compañeros que facilitan su inclusión en el aula.


Hemos desarrollado proyectos al hilo de un plan lector sobre el cine, con diversas actividades interesantes -muestras de proyectos, actuaciones de teatro, murales, agendas...-, que luego se han difundido en las jornadas de formación "Compartim", que ya van por su octava entrega con notable seguimiento. Hemos trabajado también con PLANEA tanto en el pilotaje de  algunas de sus propuestas y recursos para el aula, como con la intervención directa de artistas, en este caso el fotógrafo Julián Barón, que ha diseñado una intervención muy interesante sobre "Adolescencia móvil", que se convertirá seguramente en caja de recursos para aprovechar en otros centros. También fuimos sede de uno de sus cursos de verano, concretamente "Odiseamix" para trabajar las habilidades de DJ en el aula. Mucho éxito tuvo también un taller de situaciones de aprendizaje que montaron varias compañeras dentro del plan de formación en centros, algo que ayudó a entender un poco mejor el enfoque por competencias y el ajuste de las programaciones a la LOMLOE.


Al final de curso, nos sentimos satisfechos con las encuestas de autoevaluación del proyecto de dirección, en las que la valoración del equipo directivo (y en general del funcionamiento del centro) por parte de las familias, profesorado y alumnado son positivas en su mayoría. De ellas se extraen numerosas propuestas de mejora, especialmente en la gestión de la convivencia, aunque no siempre coinciden las valoraciones de toda la comunidad educativa. Hay que destacar también que se valora especialmente la comunicación del profesorado con las familias, ya que es el principal motivo de queja de los descontentos. El otro elemento de disputa es la atención del alumnado con algún tipo de problema de conducta o aprendizaje, que no siempre recibe la atención que necesita.

Ha sido también el año en el que se nos desgajó el nuevo IES Crémor, que se ha llevado consigo uno de los colegios adscritos y la FP agraria. Esto ha permitido descongestionar momentáneamente el centro, con unos sesenta o setenta alumnos menos. Gracias a ello hemos podido recuperar entre este curso y el que viene la distribución de aulas materia, aunque con una ocupación de aulas casi rayando el 100%. Esperamos reducir la masificación que ahora tenemos en 3º de ESO con siete grupos y poder llegar en breve a la configuración de un centro normalizado, en el que no sea tan evidente el fracaso y el abandono escolar como lo era hace unos años. Las estadísticas parecen darnos la razón en esta evolución lenta pero segura hacia la "normalidad". 



También nos ayuda a tomar decisiones el seguimiento de las repeticiones y las promociones automáticas que, desde el curso pasado, nos indican que somos más efectivos cuando analizamos bien el perfil del alumnado y sus posibilidades de mejorar o no si repite curso, al margen del número de suspensos. En los cursos altos de la ESO, el nivel de acierto es bastante mayor que en los cursos bajos, pero ya podéis imaginar la cantidad de variables que entran en juego en esas decisiones y en el posterior desarrollo del alumnado.



Por último, solo queda agradecer un año más a todos los compañeros del claustro (y al personal no docente) su colaboración en esta tarea educativa en la que hay demasiados días complejos, con situaciones de auténtica desesperación que afectan al alumnado y a sus familias -y por contagio o incluso por circunstancias propias, al profesorado-, con cuestiones que, sin ser propias de la Escuela, acaban afectando a quienes vivimos en ella, a menudo con la impotencia de no saber o poder hacer nada por solucionarlas. Sé que es fácil decir que no podemos con todo, que sería incluso más fácil decir que la culpa es de otros, pero por suerte hay muchos profesionales que no se resignan y a menudo ponen buena cara al mal tiempo, al menos frente a los menores que están a nuestro cargo, porque el lugar en el que se reclaman los recursos y las condiciones dignas es otro, y para ello hay que mojarse. 

Os deseo que paséis un feliz verano y nos vemos en septiembre.

10 febrero 2024

El estupor de educar


El oficio de enseñar no es fácil de explicar a los profanos. Parece que todos hemos sido enseñantes en alguna ocasión de nuestras vidas, en la infancia con nuestros amigos, de adultos con nuestros hijos o sobrinos... Todos creemos saber transmitir conocimientos que nosotros dominamos, pero los que nos dedicamos al oficio como profesionales sabemos de sobra que "enseñar" no es solo eso, que el hecho de explicarle a alguien cómo se hace una raíz cuadrada o cómo se analiza una oración no nos convierte en maestros o profesores. 
Hay en cartelera dos magníficas películas que tratan de la educación y de sus retos. Por un lado, El maestro que prometió el mar, una historia basada en hechos reales, ambientada en los momentos previos al alzamiento militar contra la república española, y Sala de profesores, una cinta alemana que plantea un conflicto actual. Más allá de la distancia entre una escuela rural de la España de los años treinta del siglo pasado y un instituto alemán del siglo XXI, hay varios puntos en común entre ambas películas: el desafío continuo del docente ante realidades que cambian por factores que escapan a su control, la importancia de los aspectos emocionales en el acto de enseñar, el compromiso ético y profesional del buen educador, la frecuente incomprensión de la sociedad en el complejo acto de educar... Pero también hay notables diferencias entre ellas, como señalaré a continuación.

En El maestro que prometió el mar, dirigida por Patricia Font y protagonizada por Enrique Auquer, encontramos a un maestro rural imbuido por los principios de una educación laica y de calidad para todos, al margen de los condicionantes del origen social, económico o familiar. Son los principios heredados de la Institución Libre de Enseñanza, con muchos puntos en común con ciertas cuestiones que todavía hoy se ponen en duda: el aprendizaje por proyectos, el contacto del alumnado con la realidad exterior, el enfoque comunicativo, el descubrimiento, la motivación... La actitud cercana y familiar de Antoni Benaiges (el maestro real en el que se basa el filme) supondrá para el alumnado una sensación novedosa que contrasta con el autoritarismo y los castigos del párroco que ejercía anteriormente de maestro. También encontrará resistencias entre algunas familias del pueblo, pero, poco a poco, irá ganando la confianza al mostrar los avances en el aula. Incluso superará la visita del inspector, que ya es decir. Antoni Benaiges representa el espíritu de renovación educativa que emprendió la república y que pronto se vio zanjado por la rebelión militar, devolviéndonos al siglo XIX con la purga de maestros y con la entrega del sistema educativo al credo e idelogía fascista de los insurrectos. Cuando casi un siglo después, todavía seguimos discutiendo sobre la presencia de la religión en los centros sostenidos con fondos públicos, cuando casi un siglo después todavía seguimos discutiendo sobre la necesidad de contextualizar el aprendizaje en la realidad del alumnado, cuando casi un siglo después todavía seguimos discutiendo sobre el valor de lo emocional en el aprendizaje... poco hemos aprendido de la historia, por mucho que digamos que es esencial conocerla para no repetir sus errores.



Muy diferentes son las cuestiones que se entrelazan en Sala de profesores, una película angustiosa que se desarrolla en su totalidad entre las paredes de un centro de secundaria. La protagonista es una profesora, Carla Nowak, tutora de un grupo similar a nuestro 1º de ESO, en un instituto alemán en el que estudia alumnado muy diverso. Alrededor de la sala de profesores pivotan varios conflictos desencadenados a partir de unos hurtos. Esos conflictos van abriéndose en un abanico de cuestiones que casi todos los docentes conocemos: la xenofobia, la autoridad del profesorado, la presión de las familias, la privacidad, los bulos y rumores, la envidia, el compromiso profesional... En el centro de todos ellos se encuentra Carla, que trata de apagar fuegos mientras enciende otros de manera más o menos involuntaria. La narración adopta técnicamente el estilo del thriller para generar en el espectador una desazón que va creciendo hasta un final demasiado simbólico a mi parecer. Creo que la película es demasiado ambiciosa sembrando interrogantes que no llega a resolver. En este sentido, el papel de la protagonista queda también desdibujado, aunque tal vez sea esa la intención del director, Ilker Çatak. Personalmente, como docente, nada de lo que se cuenta en la película me sorprende: creo que casi todos hemos visto o padecido situaciones similares o incluso peores; es posible que un espectador no docente vea la historia con la distancia que requiere y llegue a conclusiones diferentes. En todo caso, es una película que merece la pena descubrir, aunque solo sea para asomarse a las intrigas de los centros educativos actuales.


Dos películas sobre educación, muy distintas en temas y técnicas, pero con el eje común del oficio docente. Antoni y Carla, separados por el espacio y el tiempo, pero unidos en ese asombro de enfrentarse al reto de enseñar, unidos en el estupor de educar. 

26 noviembre 2023

Sesquidécada: noviembre 2008

Es habitual en los últimos meses que aparezca alguna noticia o entrevista de profesores quemados con el oficio y con las condiciones en las que tienen que desempeñar su tarea docente. Un sector del claustro virtual señala como culpables a la LOMLOE (esa ley que todavía ni siquiera se aplica -algunos de ellos dicen que no la entienden ni la piensan aplicar-), a los móviles, a los políticos o a las familias enfurecidas. Revisando para esta sesquidécada mis lecturas de hace quince años, me he encontrado una novela deliciosa de Natsume Sôseki, Botchan, protagonizada por un profesor que se parece en algunos aspectos al que he reseñado en mi nota Miedo y asco en las aulas


Botchan es un profesor que abandona Tokyo para dar clases de matemáticas en un instituto de provincias. En la novela se desgranan sus impresiones sobre el oficio docente, con un desapego y condescendencia que recuerdan al narrador de El guardián entre el centeno. Se pueden encontrar dos bloques de personajes, el colectivo de alumnos, que aparecen retratados como brutos indeseables y miserables, y el profesorado del instituto, a los que Botchan pone motes, y que, desde el principio, le parecen un montón de mamarrachos egoístas que solo buscan aprovecharse de él.

Os dejo algunos fragmentos:

El carácter de Botchan es recto, flexible y resistente como el de una vara de bambú, pero su impulsividad me preocupa. Si se dedica a poner imprudentemente motes a los demás y se enteran, le cogerán manía.

Pero excusar el comportamiento de unos alumnos insolentes que se han burlado de un profesor nuevo sin ninguna razón, empañaría la reputación de nuestro instituto. Educar no es sólo impartir conocimientos. Educar es también forjar caracteres nobles, rectos y con fuertes principios, en los que no cabe la vulgaridad, la superficialidad y la arrogancia.

Desde mi punto de vista, sólo había dos opciones: o se castigaba a los alumnos díscolos, o yo presentaba mi dimisión. Si prevalecía la opinión de Camisarroja, estaba decidido a levantarme allí mismo, irme a la pensión y hacer las maletas.

No creo que sea fácil alcanzar tal grado de maldad. Aquellos muchachos eran unos auténticos cerdos.

Las mismas escuelas deberían enseñarte a mentir mejor, a desconfiar de los demás y a tomarle el pelo a la gente.

Es un relato interesante que nos permite ver ciertos patrones en el funcionamiento de los institutos, más allá de las fronteras físicas y temporales. Lo mejor de este novela es que es un clásico en su país, Japón, tan ejemplar en la educación para algunos de nosotros. Un clásico que se publicó en 1906, antes de los móviles y también antes de la LOMLOE. 


30 julio 2023

Memoria de un curso masificado


Hubo un tiempo en el que me daba la vida para hacer memorias trimestrales en este blog. Ahora casi me conformo con hacer un somero repaso anual destacando lo más importante. Este ha sido el séptimo año en el equipo directivo del IES Bovalar, un año muy complicado, muy intenso y, en ocasiones, duro de sobrellevar. La principal causa de todo ello ha sido la masificación del único centro de Secundaria de la zona oeste de la ciudad de Castellón, un centro planificado hace 23 años para 600 alumnos y que va ya por 900, un centro al que acuden transportados más de 300 alumnos de otras zonas de la ciudad porque no hay otro instituto en el que alojarlos. Esa masificación ha provocado numerosos efectos adversos: la pérdida de las aulas-materia, que tan buenos resultados nos habían dado en años anteriores; la supresión del salón de actos, la biblioteca, las aulas de música y dibujo; la ocupación de espacios como pasillos y distribuidores para uso educativo; la imposibilidad de realizar guardias con más de un grupo (excepto en el patio); la falta de aulas para reuniones o actividades que durasen más de una hora o que requiriesen de más de 25 sillas... Esto en cuanto a espacios, porque los efectos sobre la metodología, sobre la coordinación de actividades o sobre la tutoría, son inexplicables: tened en cuenta que teníamos nueve grupos de 1ESO y otros tantos de 2ESO. Todos esos achaques han paralizado buena parte de las iniciativas previstas en el proyecto de dirección actual, lo que ha supuesto una gran decepción profesional para todos los que lo habíamos diseñado.

Como era de esperar, a pesar de las ratios reducidas (23 alumnos en 1ESO y alrededor de 26 en el resto de niveles, excepto Bachiller), los problemas de convivencia han aumentado notablemente, eso sí, manteniéndose muy por debajo de los 700 partes y 45 expedientes de hace ocho años. La imposibilidad de hacer tutorías conjuntas ha mermado la eficacia del programa TEI, que nos había beneficiado bastante desde su implantación. Para el curso que viene volveremos a ello, combinándolo con la mediación, a ver qué tal sale. 

¿Qué panorama se presenta para el curso que viene en cuanto a este problema? La creación de un nuevo instituto aliviará en parte la presión sobre 1º de ESO donde reducimos dos grupos. También, con gran pesar, nos abandona la FP de jardinería y arreglos florales. Solo nos quedamos con dos PFQB de necesidades educativas especiales, con grupos muy reducidos. En septiembre, después de tres años, recuperaremos la biblioteca y el salón de actos, y parte de la organización por aula-materia. Seguiremos sin aulas de música ni dibujo y con 900 alumnos (más de 200 solo en 2º de ESO), pero al menos nos queda la esperanza de ir bajando grupos desde la base.


Los resultados académicos han ido en la línea de otros cursos, siempre con una leve mejora respecto a cursos anteriores. Las estadísticas de repetición siguen siendo tristes, pero, con la nueva ley, solo repiten los que consideramos que pueden aprovechar esa repetición, que es algo bastante positivo. Por primera vez hemos hecho un análisis de los resultados de los repetidores, algo que trasladaremos a cursos sucesivos, no solo con los repetidores, sino también con aquellos a los que se ha promocionado con bastantes asignaturas suspendidas. Esperamos sacar conclusiones a medio-largo plazo, si nos dejan. Estas son las conclusiones de este año:


Esto desmiente la creencia de que en la ESO nadie repite o que las repeticiones siempre son excepcionales y por el bien del alumno. Es cierto que tras muchos de esas cifras hay situaciones de absentismo, pero, incluso en esos casos, la repetición perjudica más que ayuda, pues deja a esos alumnos en una situación de mayor vulnerabilidad y desapego del sistema escolar, en grupos con compañeros unos años menores que ellos. También hay que desmontar la interesada cantinela de que se regalan títulos. En un estudio longitudinal que compara los matriculados de 1ESO en un curso y los titulados cuatro años después, se pone en evidencia que en algunos centros, como el mío, no llegamos ni al 55% de titulados en ESO.

Por lo demás, el centro sigue sus dinámicas habituales en cuanto a la atención a la diversidad y la inclusión (unidad CiL, PFQB, compensatoria, Comisión Stonewall...), con la satisfacción, entre otras, de tener a la primera titulada gitana, primero en la ESO y luego en el Grado Medio de FP, con premio autonómico incluido. La votación de los ámbitos de 1ESO dejó un resultado muy ajustado de 43 a favor frente a 47 en contra, por lo que el curso que viene volveremos a la organización por asignaturas en este nivel; con ello perdemos también las 45 horas de codocencia que correspondían a este recurso. La supresión de la asignatura del Proyecto Interdisciplinar se lleva también por delante la radio y la revista de centro que habían empezado a funcionar este curso. El cambio de gobierno autonómico nos preocupa por dos cuestiones que deberían garantizarse por ley: el mantenimiento (o bajada) de ratios (ya he comentado que tenemos ratios bajas desde hace tres años) y la inclusión educativa con recursos. Nos queda ver cómo va evolucionando la política educativa en estos aspectos, porque el discurso y el programa electoral apuntaba hacia el refuerzo de la escuela concertada, lo que me hace temer un nuevo recorte en la pública, como ya hemos vivido en otras épocas. 

En cuanto a mis clases, por primera vez en veinte años no he tenido grupos de 1/2 ESO, aunque me he ocupado del aula de convivencia y de Casa Camarón (ya en fase de extinción, como explicaré en algún momento). Desde la jefatura del departamento se nos conminó a los definitivos a ocuparnos del Bachiller, ya que casi nadie quiere hacerse cargo de ellos. De hecho, este próximo curso vuelvo a tener un grupo de 2º de Bachiller porque no hay voluntarios. En este nivel no hay lugar para innovaciones ni proyectos, porque el objetivo, mientras no cambien las pruebas de acceso, es aprobar la Selectividad. Por supuesto, seguiré vinculado a la comisión de convivencia y a la compensatoria, porque solo se puede gestionar un centro de especial dificultad desde la cercanía con el alumnado y familias más vulnerables, con ese 45% del alumnado a quien nadie le regala ni sobresalientes ni títulos.

Nos queda todavía un día de trabajo, un día para terminar de pulir horarios, grupos, logística y otros detalles de un nuevo curso que comenzaremos con ilusión, como siempre. Por último, solo queda agradecer su inmensa labor a mis compañeras de equipo, a mis colegas del claustro, que han sufrido la masificación en primera línea, y a toda la comunidad educativa del Bovalar (AMPA, familias, alumnado, PAS...), que cada día es más grande y más digna. 

12 marzo 2022

Sesquidécada: marzo 2007

Mi regalo de cumpleaños en marzo de 2007 fue un libro que me ayudó bastante a situarme en mi mundo profesional. Ese libro es El profesor, de Frank McCourt, y protagoniza en exclusiva y con honores esta sesquidécada.

No nos tenemos que engañar: se trata de una ficción autobiográfica del autor centrada en su vida como docente en diversos institutos estadounidenses. También recoge algunos recuerdos de su etapa como estudiante en Irlanda. No es un manual de pedagogía y tampoco es un libro de memorias fiable, como corresponde a una obra de ficción. Muchos episodios están claramente novelados para darles emoción o intriga, otros son demasiado anecdóticos como para poder generalizar. Pero el libro de McCourt sirve para sacar varias conclusiones: primera, que ningún tiempo pasado fue mejor, y segunda, que dedicarse a la enseñanza es un oficio complejo que no se resuelve con cuatro recetas. En mi caso, como he dicho al principio, me ayudó a descubrir que lo que pasaba en mis clases, en aquellas clases de un centro de difícil desempeño, no era algo que me ocurriese a mí solo. También me ayudó a situarme ética y profesionalmente ante una realidad que trascendía a lo educativo, una realidad complicada que abarcaba al contexto sociofamiliar del alumnado, una realidad que no se podía dejar de lado. Por eso, mientras releía algunos fragmentos esta semana, me he vuelto a encontrar con aquella sensación de ejercer uno de los trabajos más fascinantes y complicados, un trabajo que va mucho más allá de entrar en una clase y soltar el rollo de siempre. Por eso vale la pena seguir en esto, por todas esas pequeñas historias que hay detrás de cada clase, de cada alumno, de cada curso. Porque ser docente, ser un docente que se preocupa por su alumnado, te daría para escribir no una novela, sino una saga completa, la gran tragicomedia educativa.

Os dejo a continuación algunos fragmentos destacados. 

Las universidades puedes dar la clase leyendo sus apuntes viejos y manoseados. En los institutos públicos de secundaria jamás podrías hacerlo así. Los adolescentes estadounidenses son expertos en los trucos de los profesores y, si intentas embaucarlos, te paran los pies. (...) Hacer frente a docenas de adolescentes todos los días te hace poner los pies en la tierra. A las ocho de la mañana a ellos les da igual cómo te sientas. Piensas en el día que tienes por delante: cinco clases, hasta 175 adolescentes americanos, volubles, hambrientos, enamorados, angustiados, excitados, enérgicos, desafiantes. No hay escapatoria. Estan allí, y tú estás aquí, con tu dolor de cabeza, tu indigestión, con ecos de la discusión que has tenido con tu cónyuge, con tu amante, con tu casero, con tu hijo insoportable que quiere ser Elvis, que no agradece nada lo que haces por él. Anoche no pudiste dormir. (...) Si levantas la voz o les hablas en tono cortante, los pierdes. Así es como les tratan en general sus padres y los centros educativos, alzándoles la voz y en tono cortante. Si ellos contraatacan con la ley del silencio, estás acabado en el aula.

El Departamento de Lengua Inglesa se reunía en un aula todos los meses de junio para leer, evaluar, calificar el examen final del estado de Nueva York en lengua inglesa. Apenas la mitad de los estudiantes lo aprobaban. A la otra mitad había que ayudarlos. Intentábamos hinchar las notas de los suspendidos desde los cincuenta y tantos puntos sobre cien hasta los 65 que se exigían para aprobar.

Llevo 10 años ejerciendo la enseñanza tengo 38 años y si debiera valorarme a mí mismo diría: estás dando de ti lo que puedes. Hay profesores que enseñan y les importa un pedo de violinista lo que piensan de ellos sus alumnos. El temario es rey. Estos profesores son poderosos. Dominan sus aulas con una personalidad respaldada por la gran amenaza la del bolígrafo rojo que escribe en el boletín de notas el temido suspenso. Lo que dan a entender a sus alumnos es: “soy vuestro profesor, no vuestro orientador, ni vuestro confidente, ni vuestro padre. Enseño una asignatura: la tomáis o la dejáis”

Descubre qué es lo que te gusta y céntrate en ello. A eso se reduce todo. Reconozco que no siempre me gustó enseñar. Estaba perdido. En el aula estás solo, un hombre o mujer, ante cinco clases todos los días, cinco clases de adolescentes. Una unidad de energía contra 175 unidades de energía, contra 175 bombas de relojería. Y tienes que buscarte modos de salvar la vida. Puede que te aprecien, incluso que te quieran, pero son jóvenes y los jóvenes tienen el deber de expulsar del planeta a los viejos. Sé que estoy exagerando, pero es como cuando sube un boxeador al ring o como cuando sale un torero al ruedo. Pueden dejarte KO o darte una cornada, y allí acabará tu carrera profesional en la enseñanza. Pero si aguantas, aprendes los trucos. Es difícil, pero tienes que ponerte cómodo en el aula. Tienes que ser egoísta. Las líneas aéreas te dicen que, si falta oxígeno, lo primero que debes hacer es ponerte tu mascarilla, aunque tú instinto te mueva a salvar primero al niño.


06 diciembre 2021

Un trimestre de claroscuros


Estamos por aquí de nuevo para hacer balance de los avances en este oficio tan rico como imprevisible. Como es habitual, desgloso la memoria en dos bloques, el de mi labor como docente de lengua y literatura y el de la función directiva. Este curso tengo un 1º de Bachillerato por primera vez desde hace mucho. Cuando empecé en la dirección tuve claro que había que estar en los cursos bajos, que es donde se cuece la convivencia y donde se sientan las bases del futuro del centro. Por eso he tenido siempre grupos de 1º y 2º de ESO, junto con la compensatoria, que es también fundamental. Este año, a petición del jefe de departamento, los profes definitivos hemos asumido los grupos de bachiller (no todos) para que no queden tampoco a merced de los azares de las bolsas de interinos. Eso me ha devuelto a un nivel en el que había puesto en práctica proyectos como Piénsame el amor... o la Celestina, que he retomado con ligeros cambios. Así hemos ido comentando durante cinco lunes La Celestina, mientras avanzábamos en la literatura medieval, el comentario de textos y la morfología. 


Por otro lado, tengo también una codocencia en el ámbito lingüístico y social de 1ESO, en la que entro con una compañera del Departamento de Historia a reforzar competencias comunicativas. Si recordáis, el curso pasado estas codocencias se hacían entre un ámbito y el otro, lo que facilitaba la transversalidad. Este nuevo modelo en el que docentes de lengua entran con docentes de historia tiene sus ventajas e inconvenientes: ventajas como la seguridad para abordar determinados contenidos más específicos, inconvenientes como confiar esos contenidos a la hora en la que entra el otro docente en lugar de integrarlos en el ámbito. Poco a poco iremos ajustando esos detalles.
Finalmente, tengo también docencia en dos programas de atención a la diversidad que se engloban en el PAM (Plan de Actuación para la Mejora). Uno de ellos ya lo conocéis, porque llevo con él seis años: Casa Camarón, para atender al alumnado gitano. Estos alumnos han sufrido aun más los efectos de la pandemia, que ha agravado en ellos el absentismo. Tendemos a echarles a ellos la culpa de ese abandono y desapego escolar, cuando son víctimas de un modelo que los ha excluido a ellos y a sus familias, un modelo que establece y mantiene guetos que hacen inviable casi todo intento de integración, como hemos podido comprobar en los cursos de formación que hemos desarrollado junto al Secretariado Gitano. Hablo de un alumnado que ha perdido el tren del currículo, 15 o 20 chavales que ya no pueden seguir las clases, aunque quisieran. Por suerte, cada día tenemos más que sí lo hacen, que se adaptan y van avanzando poco a poco (este año, por ejemplo, hemos tenido a la primera alumna gitana que ha titulado en la ESO, la primera en 17 años que llevo en el centro). Casa Camarón es un reto diario para los que hemos asumido ese programa, un reto que agota nuestra paciencia en más de una ocasión, pero que también nos proporciona alegrías, la mayor parte de las veces cuando salen del centro y continúan sus estudios, donde vemos claramente que la educación es una inversión de futuro.
El otro programa lo hemos puesto en marcha este curso y consiste en detectar y atender las altas capacidades. Algunos alumnos ya venían con el diagnóstico y otros los estamos valorando; en total son unos siete alumnos/as de 1ESO. De momento, solo salen algunas horas de clase para reforzar áreas concretas: lenguas, plástica, historia, música y matemáticas. Es un proyecto piloto que necesita seguimiento y supervisión para que realmente sea eficaz. Os iré contando.
En la función directiva, este es el sexto curso de mi ejercicio del cargo y sigo viéndome como un novato, cada día con más dudas y proyectos para abordar. Quizá ahora mantenga un cierto sosiego que no me lleva a la exasperación de los primeros momentos, aunque hay cosas que siguen sacándome de mis casillas. Por ejemplo, la burocracia acumulada, burocracia repetida, en lo analógico y digital: sin ir más lejos, hace poco fueron las elecciones a Consejo Escolar; para una misma acta hay que entrar en tres plataformas, además de imprimirla y de enviarla por correo. Así con casi todo. Las mañanas se convierten a menudo en una comedia (negra) en la que enviar un correo puede llevarte dos o tres horas, entre interrupciones y pérdidas de login. Por no hablar de la renovación del certificado digital... Por contra, la relación con los docentes, las familias y el alumnado acaban siendo lo más gratificante, de manera general, ya que casos puntuales negativos hay en todo. También hemos recuperado el seminario de formación de directores y directoras que coordino y que sirve de punto de encuentro y de solución de dudas para muchos, especialmente los nuevos y nuevas.


En cuanto a los resultados de este primer trimestre, se observa que tanto la mejora académica como la de convivencia se han estancado. Si bien no hemos tenido ningún expediente disciplinario, sí que se está notando un incremento sustancial de los partes de convivencia, en la mayoría de casos por incumplimiento de los protocolos del plan de contingencia contra el COVID. La ratio de 20 del curso pasado (y los grupos de semipresencialidad) ha dado paso a una ratio de 23 en toda la ESO (excepto algunos grupos de 3/4 ESO), lo que ha generado más incidentes diarios y una peor atención de la diversidad. Hay que decir que el centro, diseñado para 600 alumnos, alberga actualmente a 830, lo que no puede ser bueno. No tenemos espacios comunes, las aulas específicas han desaparecido, también la biblioteca y el aula de usos múltiples. Lo que hemos ganado en reducción de ratio lo hemos perdido en espacios. Cuando vuelvan las "ratios de siempre" no sé qué haremos, sobre todo con los cada día más frecuentes trastornos mentales (autolesiones, depresión, ansiedad...). Debo decir que, por lo menos, hemos tenido un incremento de profesorado para mantener esas ratios: de los 65 profesores de hace cinco años hemos pasado a más de 90, eso sí con una subida de matrícula de 150 alumnos. Todas estas cifras condicionan el funcionamiento del centro: imposibilidad de hacer claustros o reuniones de delegados presenciales, dificultad para encontrar espacios para encuentros presenciales o actividades complementarias, compleja coordinación de equipos docentes (que apenas se conocen), etc. Ya veremos cómo evoluciona el centro en el futuro, un centro que está desbordado y que no puede ya cumplir con la demanda de toda la zona Oeste de la ciudad.
Seguro que me dejo muchas cosas en el tintero, como siempre. La vida docente y la función directiva son una montaña rusa, que para eso sí que somos un parque de atracciones. Hay mañanas en las que empiezas como docente, sigues como psicólogo, avanzas como policía y terminas como contable. Otras mañanas te querrías ocultar en una cueva donde nadie te encontrase. Otras disfrutas de la guardia de patio como un niño de 12 años. Es la grandeza de este trabajo. Es el propio claroscuro de la vida.

18 junio 2021

Se acaba la función

Hoy ha sido el último viernes del curso y ya podemos decir que se acaba la función de este inefable curso. Nos quedan aún tres días de clase, pero serán unas jornadas de mero trámite que convertirán el instituto en una cinemateca improvisada o en un recreo expandido. Son los últimos días de un curso terrible. Hasta que no hemos visto de cerca que se acaba no hemos tomado conciencia del esfuerzo denodado que ha supuesto llegar hasta aquí desde el mes de septiembre pasado (o desde el mes de julio para los equipos directivos). Creo que todos hemos llevado una máscara de normalidad en una situación que ha sido cualquier cosa menos normal. Hemos llevado esa máscara el profesorado y también alumnos y familias. Hemos compartido esa ilusión de que la escuela era un lugar seguro y de que estábamos a salvo. Es cierto que no ha sido el desastre que muchos vaticinábamos, aunque también habría que aclarar que ahora sabemos cosas que desconocíamos, por ejemplo, que el riesgo de contagio por contacto a través de objetos es casi nulo, algo que seguro que nos ha salvado del cierre. Las escuelas no eran más seguras que los hogares o que cualquier otro puesto de trabajo. Si ha habido menos contagios ha sido por el comportamiento ejemplar de la comunidad educativa. Y de toda esa comunidad, hay que rendir homenaje al alumnado por haber aguantado la presión de un curso duro, de unas restricciones que han limitado su movilidad, sus relaciones, su vida como niños o adolescentes. Si hay héroes este año son ellos y ellas, los que han resistido seis horas en un aula con la mascarilla puesta, mientras muchos adultos protestaban por tener que llevarla dentro de un bar. Nuestros alumnos de 1º de ESO, pequeños héroes que han aterrizado en un instituto en el que no conocen a nadie sin mascarilla y en el que tampoco nadie los identifica sin ella. Los de 3º ESO que han sufrido la injusta semipresencialidad. Los alumnos de 2º de Bachiller del curso pasado que se fueron sin su graduación y sin despedida. Todo ese alumnado de paso que no habrá visto la cara de sus compañeros ni la de sus profesores, que dejará atrás el instituto como convalecientes tras pasar por quirófano.

Hoy es el último viernes del curso y, entre reuniones y trámites interminables, apenas he tenido tiempo de asomarme a la puerta para verlos salir como el resto de viernes del curso. Casi mejor, porque la máscara de normalidad se me estaba deshaciendo y quizá hubieran atisbado en mi rostro el agotamiento y la incertidumbre ante el futuro. A partir de la semana que viene, estoy seguro de que muchos de mis colegas se resistirán a quitarse la mascarilla preceptiva porque no se les vean también esas caras rendidas. Pero, como siempre, al acabar la función, se retirarán al camerino y volverán a preparar la representación del curso que viene, sin saber si han de desempolvar las máscaras de comedia o las de drama, si la normalidad que se imponga será real o fingida. Para ellos, para nosotros, lo único cierto es que la Escuela debe continuar.

Crédito de la imagen: 'Tragedy and Comedy'

04 abril 2021

Normalidad, pero no mucha

Hay que aprovechar los días de vacaciones para poner en orden los recuerdos y las memorias, especialmente las del trimestre, aquellas que nos permiten ir evaluando los objetivos fijados, a la vez que trazamos otros nuevos. La anterior memoria se remonta a finales de noviembre, con el curso pandémico en ascenso y más incertidumbre que certeza sobre el desarrollo de los acontecimientos sanitarios y educativos. En esta memoria del segundo trimestre, han cambiado algunas cosas que merecen ser contadas. Cosas de esta normalidad extraña que me hacen sentir contento, pero con matices que me mantienen con la mosca detrás de la oreja. Así que allá vamos.

En el ámbito de mis clases, tenemos en marcha en 3º de ESO el proyecto "Te escribiré cuando llegue", que aborda las migraciones y la invisibilidad de sus protagonistas, con el mar Mediterráneo como telón de fondo. Es un proyecto en el que nos embarcamos la vicedirectora Patricia García, el coordinador de proyectos, Francesc Collado, mi compañera de departamento, Anna Navarro, y algunos colegas más de varias asignaturas (Historia, Filosofía, Tecnología y Religión), en colaboración con PLANEA y Bovalar projecta, y que tendremos ocasión de contar más adelante, cuando tengamos todo el mapa desplegado. De momento, en mi grupo, hemos leído dos novelas que pueden ayudarles a inventar un relato de migrantes: En el mar hay cocodrilos, de Fabio Geda, y el Lazarillo, este clásico de un migrante avant la lettre. Con esos mimbres y con los documentos compartidos de Google drive, se han documentado y han esbozado unos guiones sobre los cuales montarán sus relatos, que culminarán en diversos productos audiovisuales. Por cierto, sobre el Lazarillo también han realizado algún draw my life, como en el trimestre pasado:

Ha sido especialmente emocionante también la actividad de Bibliotecas humanas (una iniciativa de Valencia acoge, gestionada a través de Javier Molinero), en las que personas de diversos orígenes, les han relatado los pormenores de sus viajes y de sus experiencias como migrantes dentro y fuera de sus países.

Una actividad que han valorado muy positivamente los estudiantes en una encuesta anónima, solicitando que se haga más a menudo. Por cierto, ¿sabéis qué han pedido los alumnos como sugerencia? Sorpresa...

También hemos realizado actividades divertidas y enriquecedoras en la codocencia del ámbito científico-matemático de 1º de ESO. Ya os conté que hemos dedicado unas horas de refuerzo del Fondo Social Europeo a que entren profesores de un ámbito en el otro, para promover tareas transversales. Hemos aprendido algo sobre Fibonacci, hemos leído versos sobre frutos, árboles y plantas, leyendas míticas sobre animales, y hemos jugado con los animales extraños, como ya conté en Twitter:

En Casa Camarón las cosas llevan otro ritmo. La pandemia ha agudizado el absentismo en algunos alumnos que, progresivamente, han ido solicitando atención telemática por problemas médicos. Eso se traduce en una desconexión total del entorno educativo, lo que nos hace retroceder muchos pasos en esa lucha contra el monstruo del fracaso y abandono escolar entre el alumnado gitano. Por suerte, los que vienen parecen interesados en el programa y gracias a ello la convivencia ha mejorado sustancialmente. Las actividades propuestas suelen ser la lectura y comentario de noticias relacionadas con la cultura, el trabajo o la educación en el mundo gitano, pero también hemos visto episodios de Black mirror ("Arkangel"), que nos han abierto camino a jugosos debates. Muy emocionante fue ver que el último día de clase aparecieron antiguos alumnos gitanos preguntando si podían venir algún día al instituto a participar en Casa Camarón: en 16 años que llevo en el centro es la primera vez que esto ocurre.

En el terreno de la función directiva, también puedo compartir algunos avances. En plenas vacaciones de navidad, se nos comunicó que podría ampliarse plantilla para garantizar la presencialidad en 2º de ESO, cuyo alumnado hasta diciembre venía en días alternos por falta de espacio. En un tiempo récord, habilitamos dos aulas y ajustamos horarios y conseguimos dos grupos más de 2º de ESO. Un mes más tarde, se aprobó el programa PROA +, lo que nos permitió solicitar más recursos humanos: 28 horas de apoyo para codocencia en 1º y 2º de ESO, lo que nos da un total de 40 horas de codocencia en esos mismo niveles. Ya sabéis que siempre he defendido la codocencia como un arma indispensable para atender la diversidad y mejorar la convivencia y los resultados académicos; ahora no estoy solo en la lucha, pues han sido muchos los colegas que han solicitado ese recurso. Ojalá nos llegasen más horas.

En línea con lo anterior, hemos realizado la supervisión y auditoría del Plan de Actuación para la Mejora (PAM) y hemos comprobado que la inversión de recursos tiene sus recompensas: mejores resultados académicos, menos conflictos y más satisfacción del profesorado, alumnado y familias. El único punto negro es la semipresencialidad en 3º de ESO por falta de aulas: el centro ha crecido por encima de sus posibilidades. 

También hemos evaluado la implantación de los ámbitos en 1º de ESO; en contra de lo que se escucha por ahí, la valoración es bastante positiva. Eso sí, ojalá hubiese más formación y más profesores para hacer codocencia en ellos. Y por supuesto, mantener la ratio actual de 20 alumnos por grupo. Os dejo algunas de las conclusiones gráficas del cuestionario anónimo:



Finalmente, antes de marcharnos de vacaciones tuvimos la oportunidad de ser vacunados. El proceso de vacunación ha incluido a toda la comunidad educativa: docentes, PAS, educadores, personal de limpieza, alumnado de prácticas, conductores y monitores del transporte escolar y cantina. Se estableció un día y hora y con una puntualidad y eficacia inusuales, en menos de media hora, estábamos las 110 personas del centro vacunadas. Desde aquí mi más sincera enhorabuena a todos los organizadores, y, especialmente, a los sanitarios por su paciencia y profesionalidad.

Ahora nos queda por delante menos de un trimestre para enfilar el final de este curso anormal. Ahí tenemos unas oposiciones en las que, aunque consiga librarme de participar como tribunal, nos tocará ser sede, de modo que mucha faena a la vista. También nos han confirmado ya que se mantienen las adaptaciones por la pandemia en el sistema de evaluación y titulación, lo que volverá a generar bastante incertidumbre, al depositar en la junta de evaluación decisiones que, si bien ya están recogidas en la ley, a menudo son demasiado imprecisas. El mayor reto para nosotros, sin embargo, será ver cómo afrontamos el curso 2021-2022, con poco espacio y mucha matrícula, sabiendo que gran parte de los avances que hemos reseñado y evaluado se deben a la reducción de ratio. Esperemos que esa reducción no sea a costa de la semipresencialidad ni del sacrificio de espacios comunes. Ojalá.

29 noviembre 2020

Contener la respiración

La memoria de este trimestre debería empezar por una retractación: durante varios meses, antes de empezar el curso, afirmé que los centros educativos no estaríamos abiertos ni siquiera un mes. Han pasado casi tres y ahí seguimos. También hay que decir que han confluido muchos factores para que esto ocurra, incluido el azar, que nunca se debe menospreciar en una pandemia. Esos factores decisivos son principalmente dos: la reducción de ratio y el respeto de los protocolos por parte de toda la comunidad educativa. El primero, lamentablemente nos ha costado dejar a los grupos de 2º y 3º de ESO en semipresencialidad por falta de espacio en el instituto, un centro que está diseñado para 600 alumnos y que tiene actualmente una matrícula de 750. Hemos hecho cuanto hemos podido para solucionar este inconveniente, desde buscar espacios alternativos, hasta llamar personalmente a las familias por si querían voluntariamente cambiar de centro. No ha podido ser. La semipresencialidad no es la mejor medida y solo es positiva para reducir el número de alumnos en el centro; quizá por eso hemos tenido tan poca incidencia de contagios, prácticamente ninguna imputable al contacto en las aulas. El coste es alto para esos grupos que vienen día sí, día no, a los que el profesorado trata de adaptar las programaciones para que no pierdan la mitad del currículo. En ello estamos.


En mi aula, este año tengo un 3º de ESO, uno de esos grupos que vienen semana sí, semana no (pues ha coincidido así en mi horario), con los que hemos trabajado la argumentación, la historia de la lengua y la literatura medieval; también hemos leído En el mar hay cocodrilos, de Fabio Geda, un libro a partir del cual intentaremos llevar a cabo un proyecto de concienciación sobre las migraciones. Coincido con algunos colegas en que es más fácil dar clase, sobre todo, clase magistral, por el menor número de alumnos, porque están separados a metro y medio y porque están todos con mascarilla sin moverse. Me he tenido que adaptar también a ese modelo, ya que prefiero que puedan trabajar juntos en proyectos y ahora solo lo pueden hacer de manera telemática. Concretamente, para la Edad Media, aprovechando la idea y el material de mi compañera Anna Navarro, les propusimos un Draw my life. Los resultados son muy irregulares, pero os dejo este sobre la Celestina que me parece especialmente brillante:

Por otro lado, tengo dos horas de codocencia en los ámbitos de 1º de ESO. Esas horas son financiadas por el Fondo Social Europeo para el refuerzo en competencias clave en 1º o 2º de ESO. En nuestro caso, tenemos asignadas 12 horas, que repartimos entre los diez grupos de 1º de ESO. Las hemos configurado para que uno de los docentes del ámbito lingüístico-social imparta una hora semanal junto al compañero/a del ámbito científico-matemático y ayude en tareas de tipo transversal. Por el momento, hemos planteado actividades como las siguientes:

  • Lectura de una entrevista a un científico: escribir un texto en el que se cuente cómo se despierta una vocación.
  • A partir del análisis de las células: escribir un relato biográfico como si fueses una célula.
  • A partir de la clasificación de seres vivos: realizar y compartir una presentación en GDrive.
  • Sobre los reinos animales: mezclar dos animales y generar una ficha de un animal híbrido fantástico.
  • Después de un visita a los microscopios del laboratorio: realizar una ficha de observación.
  • A partir de la lectura de un relato de Millás: escribir un cuento en el que los protagonistas son números.



Este enfoque nos ha permitido desarrollar junto con las competencias comunicativa o científico-matemática, la creatividad y la iniciativa personal, además de la competencia digital, con interesantes reflexiones sobre la privacidad, la seguridad de los datos, el trabajo cooperativo en red, etc. Es para mí una de las mejores horas de la semana.


Por último, tengo también tres horas de compensatoria en Casa Camarón, con el alumnado gitano. Este año estamos notando con mayor intensidad el absentismo de este colectivo, un absentismo fundamentado principalmente en el miedo al contagio, un miedo que hace todavía mayor el recelo hacia una institución educativa en la que confían poco, en parte por las bajas expectativas de éxito y en parte por el escaso apoyo familiar a los asuntos de la escuela. Aunque estamos colaborando con varias asociaciones, nos falta mucho para conseguir que ese absentismo se reduzca a niveles razonables.


En el ámbito de la función directiva, la pandemia nos ha puesto en una situación muy compleja, tanto académica como organizativamente. Apenas hemos podido hacer reuniones, claustros o consejos escolares, por la dificultad de hacerlo presencialmente y porque la maquinaria del centro está sometida a unos requerimientos tan estrictos que apenas hay margen para tomar decisiones. Vivimos el día a día conteniendo la respiración, tratando de minimizar riesgos sin que eso afecte a las relaciones entre los miembros de la comunidad educativa. Con todas las precauciones, decidimos hacer reuniones presenciales de familias con los tutores/as, porque consideramos que era importante que viesen las aulas y las condiciones en las que están sus hijos e hijas. Mantenemos con ellas un contacto bastante fluido a través de las plataformas educativas. Intentamos responder a todas las dudas y consultas que llegan a diario; el motivo más importante de queja es, evidentemente, la semipresencialidad, para el cual no tenemos solución. Por suerte, los resultados de la 1ª evaluación han sido bastante buenos, a pesar de todos los condicionantes. Incluso en la convivencia se ha notado una mejora sustancial, pues hemos pasado de unos 100 incidentes en años anteriores a apenas 20 este año. El esfuerzo del profesorado y del alumnado en esta "nueva normalidad" está dando sus frutos; también hemos de agradecer que la administración eche una mano rebajando la presión burocrática y ayudando en los problemas puntuales que surgen. Ojalá se mantuviesen estas ratios de aquí en adelante, sin el sacrificio del virus y de la semipresencialidad. 

Como siempre, quedan muchos retos e historias por contar, proyectos que están todavía germinando, actividades que apenas están esbozadas. Espero tener tiempo y ganas de contarlas más adelante, cuando ya no tengamos que contener la respiración cada vez que suena el teléfono o nos busca el conserje.

05 abril 2020

Querido Viernes

Querido Viernes, aquí andamos confinados una semana más. Me gustaría decirte que ya me he acostumbrado a esta rutina, pero no es así. Aunque hemos trabajado con ahínco, nos queda mucho por delante.
Los primeros días fueron un poco a lo loco, con profes cayendo del guindo de las TIC en el aula, como si las nuevas tecnologías fuesen nuevas de verdad y no llevasen más de diez o quince años en marcha. También cayeron del guindo quienes pensaban que las plataformas oficiales podían dar respuesta a ese mundo digital al que le llevan dando la espalda desde hace tiempo.
Porque aquí, Viernes, somos muy de hacer cosas en inglés, que hasta debería llamarte Friday, pero con la competencia digital nos hemos confiado pensando que los estudiantes sabían apañarse solitos, por eso de ser nativos, como tú. Y ahora resulta que hay que enseñarles a profes y alumnos cómo mandar correos con copia oculta, porque es una norma básica, y hay que enseñar que se pueden proponer tareas interesantes más allá de los horizontes de mi asignatura y de mi “tema 3: el sintagma nominal”. Ahora algunos entienden que el desarrollo de las competencias hubiese sido fundamental para no colapsar las plataformas ni los correos de los niños, porque una tarea serviría para varios profes y para varios niveles. Pero, Viernes, las competencias son por aquí el demonio, porque algunos creen que vienen a llevarse los contenidos, que vienen a secuestrar el conocimiento. 
Así que ya ves, amigo, una semana después tenemos plataformas que no funcionan, profes estresados porque la administración les obliga a hacer programaciones en las nubes y castillos en la arena, y familias multitarea que no pueden ni salir a aplaudir a los sanitarios porque tienen que entregar los ejercicios 5, 6, 7, 8 y 9 de la página 234. 
Menos mal que los jóvenes son flexibles y sobrevivirán a esto, Viernes, porque todos estamos haciendo lo posible por atenderlos y escucharlos, más allá de las dificultades, más allá de las barreras tecnológicas. 
Algún día, Viernes, nos rescatarán y se nos olvidará todo esto. Algún día todo volverá a ser igual, pero alguno se quedará con el vago recuerdo de que hay que cambiar muchas cosas para que todo sea mejor y no igual.

[Este artículo se escribió a petición de mi apreciada Carmen Iglesias para ser publicado junto con otros 18 textos de docentes en tiempo de pandemia. Podéis leer el texto de todos ellos y ellas en IneveryCrea: Educar en tiempos de Coronavirus]
Crédito de la imagen: 'DSC_1521

23 diciembre 2019

De nuevo, memoria del trimestre

Renunciando a mi tendencia a la retórica, voy a tratar de resumir este primer trimestre en una nota casi navideña. Este año tengo dos grupos de 1º de ESO en codocencia con Anna Navarro, gracias al programa de refuerzo financiado por el Fondo Social Europeo. Debo decir que, a pesar del coste en burocracia infinita, vale la pena gozar de estas horas para poder desarrollar una programación centrada de verdad en las competencias, con una atención casi personalizada de verdad. Por si fuera poco, tengo la suerte de que mi compañera Anna es una profe inquieta que aporta ideas geniales y con la que aprendo día a día (además, ella comparte grupo en codocencia con Ángel Gil, de modo que métodos e iniciativas se enriquecen aun más con una nueva perspectiva). Al margen de esos niveles ordinarios, tengo mi grupo de Compensatoria de Casa Camarón, chicos y chicas a los que tratamos de salvar del absentismo y de la segregación social.

En 1º de ESO hemos desarrollado el proyecto "Mujer, tu música me suena", ligado al plan lector de centro, "Invisibles", con las mujeres como centro de atención. Optamos por asignar cantantes y artistas a cada alumno/a para que buscasen información y la presentasen oralmente mediante un lapbook. La última fase es la grabación de un videoclip sobre la letra de una de sus canciones. La nómina de artistas era muy variada, desde Aretha Franklin o P.J Harvey, hasta Dua Lipa o Pantones.
Hemos utilizado para ello diversos instrumentos de evaluación, incluyendo una rúbrica de autoevaluación, y diversos espacios: aula de informática, aula ordinaria con disposición individual y en grupos, pasillos y patios para las grabaciones, etc. No hemos grabado las exposiciones orales, pero podéis ver las fotos de algunos lapbooks en el instagram de LenguaBovalar. También en esa cuenta hemos compartido los vídeos de homenaje a la Generación del 27 (#poema27) que han ocupado la última semana de clase de diciembre. Han leído poesía y han decorado sus libretas y el aula con los versos de unos poetas que muy pocos conocían y que quizá algunos no olvidarán. 


También hemos dado forma al Banco de Palabras, una actividad que el año pasado se hallaba en fase germinal con #aciertalapalabra, y que este año Anna Navarro ha configurado como una tarea gamificada, con "voquis" para los que traigan palabras que el resto de compañeros no conocen, y "voqui de oro" para el que nos cuele alguna que no conocemos los profes. Esas palabras van quedando expuestas en un panel del aula para que no caigan en el olvido. También están confeccionando anticuadernos con diversos retos que propone Anna, a partir de la idea de Berta Ocaña
La lectura de referencia ha sido El reino de las tres lunas, de Nando López, que se ha leído en clase hasta la mitad, dejando después dos sesiones para tertulia de lo leído en casa. No había control de lectura.
En Casa Camarón, sin embargo, la vida fluye más despacio. El absentismo hace estragos en cualquier programación prevista. Hemos abordado algunos estereotipos del mundo gitano, haciendo hincapié en que hay quienes escapan de ese determinismo abrumador. De momento, estamos consiguiendo que baje el índice de faltas de asistencia y la aplicación de sanciones disciplinarias. Son pequeños avances, como conseguir que participen en #poema27 leyendo y palmeando poemas del Romancero Gitano de Lorca. Sentirse escuchados y apreciados, como si estuviesen en casa, es mucho para ellos.


En el ámbito de la dirección de centro, este año me tocaba renovar por un periodo de cuatro años más. Hasta el último momento he estado pensándolo. Factores que me hacían optar por el sí: el apoyo del resto del equipo directivo y del claustro, el buen ambiente con las familias y el alumnado, las satisfactorias relaciones con la inspección, entre otros. Factores que me volcaban hacia el no: la insoportable carga burocrática, la persistente comparación con "otros tiempos mejores" que no tienen nada que ver con la actualidad, o el postureo de la administración en asuntos como la formación del profesorado, el plurilingüismo y la inclusión educativa, que tienen más de brindis al sol que de dotación real de recursos. Finalmente, la ilusión por continuar un proyecto que va dando sus frutos ha vencido a esos fantasmas del desaliento que nos acechan a diario.


Por eso seguimos animando a todo el centro para que todas las iniciativas contribuyan a la mejora de la convivencia y la superación del fracaso y abandono escolar. De momento, hemos reducido casi a la mitad los partes de incidencia y los expedientes disciplinarios, gracias a la implementación de la Tutoría entre Iguales y la puesta en marcha de diversos protocolos de convivencia. También hemos mejorado los resultados académicos (como se observa en la captura de pantalla adjunta) y el índice de repeticiones de curso, especialmente en 1º de ESO, con la concentración de recursos de desdobles, codocencia y trabajo por proyectos en esos niveles. Un año más, hemos puesto en marcha el intercambio de tutores de 6º de Primaria con los de 1º de ESO, para establecer una transición más fluida.
En cuanto a los resultados de la Selectividad, la posición del centro en las estadísticas generales demuestra que el trabajo por proyectos o la reducción de deberes no afectan en absoluto a las notas de acceso a la universidad. En cualquier caso, el respeto por la diversidad de métodos sigue siendo nuestra premisa. 
Al final, he sucumbido a la retórica y me ha salido una nota demasiado larga. Espero que la próxima memoria sea más concisa. Felices fiestas.