El próximo viernes este blog cumplirá once años, que en la vida de los humanos es casi una eternidad. Cuando en 2008 recibí el premio Espiral Edublogs, escribí acerca de los blogs, poniendo en relación su crecimiento con la biografía de las personas; blogobiografía lo llamé en su momento. No sé si este blog, siguiendo aquella lejana disertación, se encuentra atravesando la edad madura o ha cruzado ya la frontera hacia la vejez. Debo reconocer que, desde que celebré la década el año pasado, he notado que el ritmo de la escritura en el blog ha cambiado, que las notas se van espaciando y que las preocupaciones también son distintas. No hace mucho explicaba cómo escribo en el blog: el período de incubación de los escritos, la necesidad de dejar madurar cada nota antes de publicarla. Quizá mi ritmo actual de trabajo, con poco tiempo para reposar las ideas, con la inmediatez de una agenda frenética que solapa un día con otro, una semana con otra, impide que las reflexiones se decanten y dejen el poso necesario para fraguarse en el blog. A lo largo de estos meses he tenido en mente muchos artículos para el blog que se han quedado en notas nonatas (¡qué bonito sintagma!), unas veces porque han caducado, otras porque nuevas preocupaciones han tomado el relevo. También es cierto que muchos días me da una pereza enorme sentarme ante el ordenador por la noche, después de haber pasado todo el día haciendo cosas en Ítaca*.
Sin embargo, este viernes, a pesar de la mil veces anunciada muerte de los blogs, a pesar de las intermitencias de esta escritura reflexiva, a pesar de los achaques de una bitácora que se hace mayor, cumpliremos mi blog y yo once años en las redes educativas. Once años compartiendo más alegrías que sinsabores, porque de eso se trata, de que haya siempre lugar para la esperanza, para soñar con una Escuela mejor más allá de la frontera de nuestros miedos y prejuicios. Espero que sigáis por aquí para verlo.
* Aunque suene paradójico, "hacer cosas en Ítaca" es algo muy poco poético, ya que se refiere a pasar horas introduciendo o extrayendo datos de la plataforma de gestión docente de esta comunidad. Demasiado a menudo, una ventana emergente te recuerda que no debes usar la tecla de borrar cuando te equivocas escribiendo. Imaginad el tormento que ello supone para grafómanos como un servidor.
Crédito de la imagen: 'Bingo Number 11'







