Hubo un tiempo en el que me encantaba la metaliteratura, esas obras que se interpelan a sí mismas como productos literarios y enlazan con otras de su especie en un juego casi infinito de espejos. Joyce, Italo Calvino... pero también Cervantes, Unamuno y mucho más cerca Enrique Vila-Matas. En esta sesquidécada aparece una novela de este último, Doctor Pasavento, la tercera de una trilogía metaliteraria que incluye Bartleby y compañía y El mal de Montano. Vila-Matas es un autor difícil, que requiere paciencia y mucho contexto erudito para disfrutarlo. Quizá en estos tiempos que corren, con la necesidad de la recompensa inmediata, no sea el autor más recomendable. Llegué a él gracias a El viaje vertical, que me gustó mucho, y luego fui leyendo casi todo lo que publicaba, hasta que me agoté con este Doctor Pasavento. La novela presenta a un escritor que trata de borrar su identidad como Robert Walser, Salinger o Pynchon. A través de un viaje por escenarios literarios y de búsqueda interior, Pasavento va desapareciendo en un laberinto de intertextos. Una locura.
Para los profesores de lengua y literatura, este blog pretende ser la Cueva de Alí Babá, en la que encontrar alguna idea, algún germen que permita abrir caminos, sembrar dudas, avivar el seso de los más inquietos.
22 junio 2026
Sesquidécada: junio 2011
19 enero 2026
Sesquidécada: enero 2011
El primero autor es Umberto Eco, al que por aquella época le tenía bastante afición, tanto por semiólogo como por novelista. Así leí desde ensayos como Obra abierta, que me fascinó, hasta novelas bizantinas como Baudolino. De Eco rescato en este mes El cementerio de Praga, una novela de la que solo recuerdo que trataba de conspiraciones y de documentos falsificados, quizá al estilo de El código da Vinci, pero sin duda, mejor documentada. También recuerdo que sería relativamente ligera para leer, ya que la incluí entre las lecturas recomendadas para bachilleres, aunque luego la sustituí por El nombre de la rosa. Eco es un autor que hay que leer, a pesar de que nunca me atreví con El péndulo de Foucault ni con La isla del día de antes, que quizá tengan algún día su propia sesquidécada.
El segundo autor es uno de nuestros raritos, Enrique Vila-Matas, de quien leí Dublinesca, un libro regalo de Reyes. Al igual que me pasaba con Eco, me dio una temporada por leer casi todo lo de Vila-Matas, un autor difícil al que hay que querer mucho para terminar de leerlo. En aquel momento me pilló con buen ánimo y me lo acabé, aunque de este sí que no recuerdo nada, incluso después de haber leído las reseñas que hay en la red, que hablan de una divertida intriga en Dublín. Probablemente me pilló también en la época de interés por Joyce o por Flann O'Brien, y nuestro paisano quedó relegado a un injusto segundo plano.
El último libro es Sukkwan Island, de David Vann, una novela corta pero intensa que, ahora en la distancia, me recuerda en cierta medida a La carretera, de Cormac McCarthy. Es un libro duro que no hace concesiones al lector, que mantiene la intriga hasta el final y que deja esa sensación extraña que mencionaba al principio. Lo dicho, libros raros para un enero extraño.
29 agosto 2017
Sesquidécada: agosto 2002
18 mayo 2016
Sesquidécada: mayo 2001






