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22 junio 2026

Sesquidécada: junio 2011


Hubo un tiempo en el que me encantaba la metaliteratura, esas obras que se interpelan a sí mismas como productos literarios y enlazan con otras de su especie en un juego casi infinito de espejos. Joyce, Italo Calvino... pero también Cervantes, Unamuno y mucho más cerca Enrique Vila-Matas. En esta sesquidécada aparece una novela de este último, Doctor Pasavento, la tercera de una trilogía metaliteraria que incluye Bartleby y compañía y El mal de Montano. Vila-Matas es un autor difícil, que requiere paciencia y mucho contexto erudito para disfrutarlo. Quizá en estos tiempos que corren, con la necesidad de la recompensa inmediata, no sea el autor más recomendable. Llegué a él gracias a El viaje vertical, que me gustó mucho, y luego fui leyendo casi todo lo que publicaba, hasta que me agoté con este Doctor Pasavento. La novela presenta a un escritor que trata de borrar su identidad como Robert Walser, Salinger o Pynchon. A través de un viaje por escenarios literarios y de búsqueda interior, Pasavento va desapareciendo en un laberinto de intertextos. Una locura.



Más llevadera es Sin hogar ni lugar, de la autora francesa Fred Vargas. En esta ocasión, el protagonista no es el habitual detective Adamsberg, sino otro expolicía que trata de esclarecer un crimen en el que el principal sospechoso es un joven discapacitado. El gran hallazgo de esta novela es poner en contacto al protagonista con otros ayudantes desclasados, como los Tres Evangelistas, eruditos venidos a menos, que configuran una especie de coro de antihéroes en la trama. Una autora muy recomendable de la que ya he hablado en otras ocasiones. Acercarse a sus novelas puede ser un buen plan para este verano, sin duda mejor que el intenso E. Vila-Matas (cuyo nombre al revés es Satam alive).

25 agosto 2024

Sesquidécada: agosto 2009


Entre diversas lecturas juveniles y adaptaciones de clásicos, el agosto de 2009 estuvo teñido de lecturas serias, de novela negra, de melancolía y drama. Veamos algunas de ellas rescatadas para esta sesquidécada.


Quizá no conozcáis la trilogía de Deptford, de Robertson Davies, una serie compuesta por tres novelas con un crimen como hilo conductor: El quinto en discordia, Mantícora y El mundo de los prodigios. Es una obra difícil de encasillar, ya que no es novela negra ni drama, pero tiene elementos de ambos géneros. La narración es muy sugerente y también el estilo. Una buena recomendación lectora para este próximo otoño.



Otra novela rescatada, esta vez sí que del género negro, es El hombre de los círculos azules, de la autora francesa Fred Vargas. Se trata de la primera novela de la serie del comisario Adamsberg, un detective que protagoniza numerosas novelas muy recomendables de esta autora.



Por último, un drama que se ha llevado también al cine protagonizado por Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, así que ya os podés hacer una idea de su intensidad. Se trata de Vía revolucionaria, de Richard Yates, otra de esas novelas que pone en entredicho el afamado sueño americano. No he visto la película, pero la novela me dejó esa sensación triste de vivir en un mundo que nos llena de expectativas que nunca se cumplen y deseos que se alejan en cuanto los tienes al alcance de la mano.

30 junio 2024

Sesquidécada: junio 2009

En aquellos años en los que no formaba parte del equipo directivo, junio era el mes en el que empezaban mis lecturas juveniles: decenas de libros que leía para valorar y proponer como referencia en los distintos niveles en los que me tocaría dar clase en el curso siguiente. Ahí podría rescatar un montón de títulos y autores: José María Latorre, Agustín Fernández Paz, Fernando Marías, Care Santos, Fernando Lalana, Elia Barceló, Ana Alcolea...


De ellos voy a recuperar para esta sesquidécada a Laura Gallego, que a día de hoy sigue publicando buenas novelas de aventuras y fantasía. En aquel momento me leí Finis mundi, una de sus obras más conocidas. Coincidí con Laura en un curso de doctorado sobre novelas y romances de caballerías, así que puedo dar fe de su competencia literaria en el mundillo medieval y también de su pasión por la escritura. Creo que es muy necesario este género como fidelización de jóvenes lectores, que vienen desde Primaria con ansias de historias que los enganchen y que, a veces, en Secundaria pierden el hábito lector por no tener unas lecturas que compitan en interés con los reels y virales de tiktok.

También el verano es momento de novela negra o policíaca: La ratonera, de Agatha Christie, Que se levanten los muertos, de Fred Vargas, Noticias de la noche, de Petros Markaris... 

Dos obras breves destacan entre esas dos tendencias mencionadas arriba: Hadjí Murat, una novela corta de Leon Tolstoi que habla de lucha y resistencia, y el inclasificable ensayo de Thomas de Quincey Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes, una obra maestra de la ironía y del humor inglés. Ambos clásicos son un buen punto de partida lector para comenzar el verano. Disfrutadlo.

24 agosto 2009

Lecturas I: Verano negro

He pasado el verano con apenas tres o cuatro notas en el blog. Escribir poco ha servido para que lea mucho, algo que se agradece, sobre todo porque con el curso en marcha es difícil robar tiempo para lecturas privadas. No voy a hacer un recuento exhaustivo de mis lecturas, pero dejaré constancia de algunos títulos que me han gustado o me han sorprendido, que no tiene por qué ser lo mismo.
En esta primera entrega, confesaré mi entrega a la novela negra, un género en el que había picoteado de vez en cuando, pero nunca con tanta intensidad como en los últimos meses. Quizá como premonición de todo ello, en junio leí Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes, de Thomas de Quincey, una irónica apología del crimen perfecto. Me dejó el libro una compañera (gracias María José) que me ha descubierto varios autores de los que aparecerán en estas reseñas.
El primer hallazgo ha sido Fred Vargas, una escritora francesa que parece estar de moda, de quien he leído Que se levanten los muertos y El hombre de los círculos azules. Son novelas negras poco dadas a lo escabroso y en las que la narración discurre de un modo amable, con ciertos toques intelectuales y un punto de fino humor. En la primera, la resolución del crimen corre a cargo de un grupo de jóvenes historiadores (con una divertida pugna entre medievalistas, prehistóricos y modernos), mientras en la segunda, el peso de la investigación recae en el comisario Adamsberg, un policía intuitivo y poco comunicativo, con frecuentes ausencias y desvaríos.
Tampoco había leído nada de Petros Markaris. En Noticias de la noche se aborda la depredación informativa alrededor de las noticias de impacto. En este caso, el crimen es un pretexto para mostrar ese mundo de exclusivas y luchas por conseguir audiencia. Lástima que la realidad siempre supera a la ficción, como demostró hace unos días cierto periodista asesino. Las pesquisas corren a cargo de Kostas Jaritos, otro de esos inspectores que parecen representarse a sí mismos.
Al más puro estilo negro americano, gocé con La mirada del adiós, de Ross MacDonald. Escenarios que forman parte de nuestra memoria fílmica, personajes abandonados, tipos duros, pistolas que surgen a la mínima... en fin, los tópicos del género sublimados en una novela llena de traiciones y medias verdades. Su detective, Lew Archer, nada tiene que envidiar a sus colegas de ficción creados por Hammet o Chandler.
Siguiendo la estela del fenómeno Larsson, metí mano a Henning Mankell y a su inspector Wallander con Los perros de Riga. Además del frío báltico, sentí las emociones de unos personajes bien armados y una intriga mantenida hasta el final. Quizá, como ocurre en otros casos, el crimen es lo de menos y lo que importa realmente es desvelar los intrincados vericuetos del comportamiento humano.
Y, de vuelta a casa, recuperé un trozo de nuestra historia con el Asesinato en el Comité Central, de Vázquez Montalbán (admiración que heredé de Lu). En algunas cuestiones se acerca Pepe Carvalho a los anteriores; su lujuria gastronómica, que pone el colesterol de punta, quizá lo emparente con Wallander; su aire duro con las mujeres lo une a Archer; y la tendencia a la instrospección remite a Adamsberg. Pero Carvalho es irrepetible y, en esta novela, nos golpea con lo más miserable de nuestra guerra cainita.
También he atacado algunos libros juveniles del género, para sacarles rendimiento en el aula. El más destacado es La ratonera, de Agatha Christie, una versión teatral de su novela Tres ratones ciegos. A pesar de su esquematismo (o gracias a ello), se puede abordar en el aula (sobre todo en la optativa de Teatro, quienes la tengan). La editorial Vicens Vives tiene una edición bastante solvente.
El enigma N.I.D.O., de Fernando Lalana (Edebé), es una novela juvenil de intriga futurista, en la que las sectas deportivas controlan el mundo. En la línea de algunas novelas utópicas, plantea una realidad quizá no muy descabellada.
Por último, Elia Barceló es la autora de El caso del crimen de la ópera (en la línea de otro que comenté aquí, El caso del artista cruel -ambos en Edebé-), en la que un director musical es asesinado el día del estreno de su obra. El argumento está bien trazado y los personajes, aunque algo típicos, resultan creíbles.
(continuará)

Crédito de la imagen: http://www.flickr.com/photos/25178143@N04/2674293721