31 octubre 2006

Paradojas del lenguaje

Hay quien se asombra todavía de tener en sus aulas 'estudiantes' que no estudian, de mandar 'lecturas' que nadie lee, y de tener 'compañeros profesores' que ni acompañan ni profesan. Son las paradojas del lenguaje.
Están tan presentes en la vida cotidiana que ya las pasamos por alto. Acabo de volver del Mercadona y he comprado un esparadrapo que, como veis en la foto, está 'tejido sin tejer'. Lo he abierto y he comprobado que es posible tejer algo sin tejerlo; igual que leer sin leer y profesar sin vocación.
Bueno, que os animo para que recojáis en clase y en vuestras vidas ejemplos de paradojas del lenguaje y con ellas igual creamos un blog o un wiki interesante.

28 octubre 2006

Las cosas del leer

Una breve nota para aportar dos artículos que quizá ya conozcáis en relación con la animación lectora.

El primero es un artículo de Julián Montesinos que plantea un interesante enfoque sobre la lectura en secundaria. Gracias a la ayuda de Ana, he sabido colgarlo en mi wikispace, todavía muy rudimentario, casi en pañales.

El otro es un artículo de Emili Teixidor en el que da ideas magníficas acerca de estimular la pasión lectora. El enlace lo he sacado de la página de Carlos Rull, otro mundo lleno de sorpresas y recursos interesantes.

Anoche soñé que volvía a Sagunt...

Después de una semana ajetreada, llena de reuniones de padres, de evaluaciones iniciales y de -¡oh, sorpresa!- pruebas diagnósticas plagadas de irregularidades y de sinsentidos (para el que no lo sepa, en esta Comunidad Valenciana han pasado una pruebas de nivel a 3º de ESO, tan confidenciales que las corregíamos los mismos profesores. No quiero pensar qué resultados obtendrán en los colegios privados), casi se me había olvidado la magnífica experiencia del encuentro de blogfesores en Sagunt: el famoso Blogs & B.E.E.R.S. organizado por Toni Navarro y sus secuaces.
De la cita ya han contado bastante en sus blogs Ana Ovando y Felipe Zayas, entre otros (salud, Gianpiero), así que solo voy a destacar el ambiente cordial del encuentro y la oportunidad de conocer de cerca a algunos de mis corresponsales blogueros.
Allí aprendí muchas cosas que no sabía y tomé conciencia de otras que no sabía que sabía. También se ha organizado un grupo de trabajo para reflexionar y aportar ideas sobre la aplicación de las TIC en la enseñanza (y sobre el 'apostolado digital', o cruzada en pos del uso masivo de las TIC entre los docentes escépticos).
Me quedo con algunas ideas que me llamaron la atención:

-Los alumnos actuales, sobre todo los que Felipe Zayas llama proletariado digital, necesitan alfabetización tecnológica básica, es decir, aprender a manejar un teclado y a operar con las herramientas de ofimática e internet.
-Esta tarea corresponde a quienes ocupamos asignaturas marginales (Cultura Popular, Redacción y Diseño de Prensa, etc.), ya que las troncales exigen un sometimiento mayor a la programación curricular, que mantiene las TIC como algo accesorio e instrumental.
-El desarrollo de nuevas metodologías en el campo de las TIC está estrechamente vinculado con el concepto de la Web Educativa 2.0, una comunidad colaborativa que no debe restringirse únicamente al ámbito de la enseñanza, sino que debe extenderse por otros niveles de la sociedad.

Supongo que, poco a poco, irán surgiendo nuevas ideas de este grupo de trabajo. Y daré cumplida cuenta de ellas, si la burocracia inútil no lo impide.

25 octubre 2006

Quiero más


Al final tendré que dedicar una bitácora en exclusiva al asunto de la lectura en el aula, pues me doy cuenta de que se ha convertido en una de mis obsesiones y en uno de los proyectos a los que dedico más tiempo (junto a la re-creación de textos a partir de noticias).
He hablado en otras notas del tipo de lecturas que propongo en clase. Algunos piensan que esas lecturas juveniles convierten el acto de leer en algo banal y fácil, cuando la lectura debe suponer un acto de voluntad, un esfuerzo reflexivo y consciente. Estoy de acuerdo, en parte, y yo tampoco quiero acabar convertido en un filtrador de novedades editoriales destinadas al aula. Pero lo que parece evidente es que mis alumnos (buena parte de ellos, al menos) no tienen competencia lectora suficiente para enfrentarse a las lecturas literarias que el currículo de Lengua y Literatura Castellana presupone para ellos. Así que debemos enseñar a andar poquito a poquito.
Ya he comentado también que todo lo que sea obligatorio se hace de mala gana, y leer de mala gana es no leer. Así que sólo sugerir: llevar a clase un puñado de libros y dejarlos sobre la mesa, sin decir nada y esperar a que pregunten; y prestarlos; y, por supuesto, nada de planificar un trabajo previo a la lectura:
-Profe, ¿qué hay que hacer?
-Nada, leer.
-Y ¿cuando acabemos?
-Ya te diré.
Lo más que me atrevo a mandar es una opinión personal (si me aseguro que se lo han leído, si no, les encasqueto un trabajo y que por lo menos se lo busquen en el rincón del vago, porque de los que leen de verdad no se lo van a copiar)
Parece un trabajo que no vaya a dar resultados, que si no mandamos nada obligado, ellos no harán nada tampoco. Sin embargo, hoy, apenas diez días después de sugerir un libro, una alumna de 4º de ESO me ha entregado la opinión personal de 97 formas de decir 'te quiero', de Sierra i Fabra, cómo no. Empieza diciendo: En una palabra, alucinante... Y acaba con una declaración que nos debe hacer pensar en lo que sería capaz de leer ahora esta alumna si su afán lector hubiese empezado en 1º de la ESO:
Ha sido mi primer libro en toda mi vida que me ha gustado, ahora sé lo que es leerse un libro con ganas y sin pensar que te lo están obligando a leer. Me lo volvería a leer una y mil veces más.
Y me siento feliz, añado yo.

23 octubre 2006

Enganchado al preservativo

Conforme avanzamos por el universo de los textos argumentativos, me salen al paso géneros con los que disfruto un montón.
Uno de ellos es la RECLAMACIÓN, un tipo de texto que se debería poner en práctica en el aula mucho más que otros clásicos. Resulta sorprendente ver que los chavales no tienen ni idea de los pasos que deben dar para reclamar algo, y mucho menos para redactar una reclamación con un mínimo de corrección textual.
Desde hace tiempo vengo usando una noticia de la que sólo conservo el recorte por lo que no puedo escribiros el enlace. La vi publicada en el Diario Levante hacia septiembre de 1999, así que es cierta. El texto viene a decir lo siguiente (la copia no es literal):

Atrapado en una máquina de condones
Cuatro horas. Este es el tiempo que estuvo un joven enganchado en una máquina de condones de una zona de bares de Cádiz. Al ir a recoger los preservativos, se quedó enganchado en la máquina expendedora. Ante la dramática situación, sus amigos intentaron ayudarle para sacar los dedos del orificio de salida de los condones, pero no lo consiguieron. Al final, llamaron a los bomberos que, después de intentar infructuosamente extraer la mano, soltaron la máquina entera de la pared y se llevaron a sus locales a la máquina expendedora y al joven todavía unidos.

Y, como siempre, a los alumnos se les pide que se pongan en el pellejo (!!!) del desafortunado joven y que reclamen a la empresa profiláctica. Por supuesto, previamente habremos explicado las características y ejemplificado con ejercicios del libro de texto.

22 octubre 2006

Quién dijo miedo

En estos días voy definiendo las lecturas que propondré a lo largo del curso. La innovación es una libretita donde anoto los nombres de los alumnos con un espacio suficiente para registrar sus lecturas de todo el curso (es la primera vez que sé de antemano que continuaré el año siguiente en el mismo centro). Espero que esto me sirva para ir configurando los perfiles lectores de los alumnos.
Muchos de ellos me piden libros de miedo e, inevitablemente, recurro a las numerosas antologías (Alfaguara, SM, Vicens-Vives, etc. -donde procuro que esté La pata de mono, de W.W. Jacobs-). También sugiero a Poe, aunque me doy cuenta de que les cuesta mucho soportar el ritmo moroso de algunas de sus narraciones, acostumbrados como están a la rapidez de la tele, el cine o los videojuegos. Para los más inquietos, sobre todo los bachilleres, apunto hacia Lovecraft y el resto de autores de los Mitos de Cthulhu, que fueron de mi devoción cuando tenía su edad. También Horacio Quiroga y los cuentos de locura y de muerte. De entre los libros juveniles, he encontrado pocos que den miedo, aunque anoto alguno que habría que revisar:
Los caminos del miedo, de Joan Manuel Gisbert (Col. Nautilus) Planeta.
Juegos. Robin Klein. Anaya.
Encuentro en el abismo. José María Latorre. SM.
El Castillo de Otranto. Horace Walpole. Anaya.
Algunas de estas lecturas las he sacado del Servicio de Orientación Lectora, una herramienta útil en ocasiones.
Y, por último, me viene al pelo la propuesta del diario 20 minutos, en la que buscan el mejor libro de miedo. Piensan publicar el resultado de las votaciones y sugerencias de los lectores antes de Halloween (que ha sustituido definitivamente nuestra celebración de difuntos, -¡pobre Tenorio!-). Ánimaos y votad.

21 octubre 2006

Las cabalas femeninas

Decía la LOGSE que el oficio de tutor era inherente al de profesor, vamos, que todos somos tutores 'en potencia'. Que, además, lo seamos 'en acto' depende de los caprichos del azar y de la habilidad de nuestros colegas para el escaqueo sibilino. Por suerte, he tenido la desgracia de que me haya tocado siempre ser tutor (¿me verán la cara?), y digo por suerte porque, aún sabiendo los trastornos que dicha función conlleva, he aprendido mucho gracias a las tutorías y, hasta el momento, me ha supuesto las mejores experiencias en cuanto a las relaciones entre profesor, alumnos y familias.
Todo esto, como siempre, a cuento de una noticia que venía hoy en El País, que nos puede proporcionar material para el debate en la clase de tutoría (o en la de Lengua, por qué no).
Copio la noticia, que de verdad lo merece:

El género de los números
Un experimento demuestra que las mujeres sacan peor nota si creen sufrir una dificultad innata para las matemáticas
JAVIER SAMPEDRO - Madrid
EL PAÍS - Última - 21-10-2006


El rumor de que un valor se va a desplomar en Bolsa es un ejemplo de verdad autocumplida. La predicción acaba acertando, pero sólo gracias a sí misma. El psicólogo Steven Heine ha descubierto que la torpeza femenina con las matemáticas pertenece a la misma categoría: se vuelve verdad si la mujer cree que lo es.
Heine y un colega de la Universidad de British Columbia, en Vancouver, han reclutado a 120 mujeres de unos 20 años, las han dividido en grupos y las han sometido a un examen peculiar: dos ejercicios de matemáticas separados por un entremés de comprensión de lectura. Los experimentos psicológicos suelen esconder un truco, y en este caso está en el entremés.
Cada grupo de mujeres recibió un ensayo distinto para la supuesta prueba de comprensión de la lectura. Uno sostenía que las diferencias de habilidad matemática entre hombres y mujeres son de origen genético. Otro, que se deben a la experiencia. Y un tercero, que no hay tales diferencias.
Los resultados se publicaron ayer en la revista Science. Los tres grupos de mujeres sacaron una puntuación similar en el primer ejercicio. Pero las mujeres que leyeron el ensayo genético hicieron el segundo ejercicio claramente peor que las otras dos. "El estudio demuestra que la amenaza de los estereotipos puede reducirse, o incluso eliminarse, si las mujeres aprenden a adjudicarlos a la experiencia".
El experimento de Heine no sirve para aclarar si, en efecto, el talento para las matemáticas depende del sexo. Otros estudios anteriores han revelado una situación compleja: los hombres suelen puntuar mejor que las mujeres en las pruebas geométricas, y peor en las aritméticas. Además, si sólo se consideran hombres y mujeres con igual aptitud matemática, ellos siguen eligiendo carreras de ingeniería mucho más que ellas: el talento, en este caso, pesa menos que la motivación.
Pero el experimento sí indica que, sea cual sea el peso de los genes, más vale no pensar en ellos antes de un examen. Cuando una ecuación se le resista, acháquelo a una mala experiencia: ese mero pensamiento puede subirle un punto.

18 octubre 2006

Los jóvenes leen

Esta tarde me he acercado a la librería Babel de Castelló, una de las más premiadas del país por sus iniciativas culturales. Quería asistir a la presentacíón del último libro de Laura Gallego, Panteón, que cierra la trilogía, editada por SM, Memorias de Idhún. Confiaba en poder saludar a la autora, con quien coincidí en un curso de doctorado sobre el Romancero y, después, cuando empezaba su salto a la fama, en una invitación al IES Cueva Santa de Segorbe (la última vez que hablamos me dijo que pensaba dedicarse a la enseñanza; me habría gustado saber si, con la popularidad que arrastra, sigue con aquella idea).
Traigo al caso todo este rollo para desmentir a quienes pintan de negro los niveles de lectura entre los jóvenes. El local estaba abarrotado, con una cola que serpenteaba entre mostradores. Más de un centenar de jóvenes cargados con dos y tres libros de la autora esperaban pacientes su turno para intercambiar unas palabras, hacerse la foto de rigor y guardar celosamente una firma dedicada.
Conozco a algunos de ellos: son o han sido alumnos míos. Y me emociona verlos tan emocionados. Ya sé que Laura Gallego no es todavía Ana María Matute, o Carmen Martín Gaite. Pero no necesita más. He leído sus libros: están bien escritos y enganchan. Y ese modelo quiero aplicar a mi docencia. Conseguir que la lectura sea ese acto emocionante que arrastra a un chico o chica hasta una librería para ver a su ídolo. Por mucho que yo lo intente, nunca irán a saludar a Javier Marías o a Juan José Millás. Es más, en el momento en que relacionen literatura (entendida como la historia de la literatura que estudian en sus libros de texto) y lectura, dejarán de apasionarse con el acto de leer. Porque, para ellos, todos esos autores 'serios' son aburridos, aunque nos empeñemos en convencerlos de lo interesantes, comprometidos, innovadores, pioneros, ingeniosos, etc. que son o han sido.
Así que, de momento, y pesándome mucho tener que sacrificar a algunos de mis clásicos, procuraré ofrecerles lecturas que los emocionen. Y solo a los valientes, les reservaré los auténticos 'pata negra'.
Por cierto, al final ni siquiera pude saludar a Laura: aquello era la rebelión de las masas.