
Hora tonta: 1. f. Momento en que se hacen concesiones por debilidad o torpeza.
Es difícil explicar a mis compañeros y conocidos la sustancia de los blogs. Me refiero al sentido de dedicar horas a estos escritos más allá de su utilidad didáctica. Incluso para mí resulta difícil en ocasiones, y más de una vez me ronda el fantasma del abandono (algo que ya han contado algunos de mis maestros en estas artes y en lo que no insistiré, de momento). Es difícil explicar que escribir una nota en el blog me ahorra pesadillas; al menos durante unas noches. O que, una vez escrita y publicada, sienta la comezón de que era una estupidez y tenga que superar la tentación de borrarla (y que no lo hago porque ya la habrán distribuido los agregadores de noticias). Que en el momento de aparecer los comentarios ya me sienta bobaliconamente feliz y mantenga la sonrisa un par de días mientras devuelvo las visitas. No es fácil explicar que con cada nota que escribo crezco un poco, porque me conozco mejor y aprendo a situarme en relación con los demás. Que mantengo la mente activa, pues el acto de escribir es como una bola de nieve que crece y crece. A mí mismo me sorprende que, después de escribir algo que me ha costado bastante fraguar, justo en ese instante de publicar, ya esté pensando en la próxima nota, en el siguiente escalón de la interminable torre del blog.
Pero, al margen de tanta entelequia inexplicable, hay cosas sencillas y fáciles de entender que me mantienen al filo del blog. Por ejemplo que Elisa Armas, a quien admiro desde hace mucho, me dedique el mejor regalo que pueda recibir un filólogo; o que Gabriela Monzón se acuerde de mí desde la otra punta del mundo, desde su mundo lleno de novelas fantásticas; o que Patxo me recuerde de vez en cuando que tengo su casa abierta este verano; o que nunca me falten las palabras de Lu, de Joselu, de las chicas de blogge@ndo, de Angus, de Gemma, de Ana y de tantísimos otros que me tendrían la noche en vela enumerando (y a quienes, salvo error u omisión podéis encontrar en la barra lateral, siempre en continuo crecimiento).
Es difícil hallar razones para dedicar horas a esto de los blogs, a costa de bastante sueño y unas migajas de razón. Pero más difícil es renunciar ya a vuestra compañía.
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