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11 abril 2009

La infanzona y el hidalgo

Entre lluvias, letanías y vacaciones malogradas, compruebo que muchos profesores no abandonan la versión 2.0 de su oficio y continúan publicando y comentando por estas redes del señor.
En la nota anterior lanzaba una pregunta sobre la canción de Cecilia Doña Estefaldina. Marcos Cadenato, siempre al filo de la tiza y el ratón, daba con la respuesta casi de inmediato. El poema es de Ramón María del Valle-Inclán, y se llama La infanzona de Medinica. No lo he visto completo en la red, así que reproduzco la versión que recoge Pere Gimferrer en la Antología de la poesía modernista (Ed. Península. Barcelona. 1981):
LA INFANZONA DE MEDINICA

Doña Estefaldina teje su calceta,
puesta de mitones, cofia y pañoleta,
en el saledizo de su gran balcón.
Doña Estefaldina nunca fue casada,
así que en la falda, de cintas picada,
tres gatos malteses hacen el ron-ron.

Doña Estefaldina odia a los masones,
reza por que mengüen las contribuciones,
reprende a las mozas si tienen galán.
Oprime en las rentas a sus aparceros,
los vastos salones convierte en graneros,
da buenas palabras al que llora pan

Doña Estefaldina los puntos recuenta,
y al pie de una silla cose una sirvienta
que prende en el moño cintado cairel.
El busto en el ruedo del halda amarilla
parece un chamizo que enciende Castilla:
bayeta amarilla es grito de hiel.

Bajo el roto alero de hierbas nacido,
con el garabato de un vuelo atrevido
fulmina el vencejo su torvo zig-zás.
¡Caserón de Vargas, viejos artesones,
pinturas de santos, desnudos salones,
Caserón de Vargas, en el polvo das!

Desfila un ringlero de seminaristas,
bayetas peladas como los sopistas,
tricornios jaranos, negrura montés.
Cencerra la recua de mulos hastiales
negros y zancudos, sin goces nupciales,
y el mulero canta canto aragonés.

Doña Estefaldina recuenta los puntos,
del tiempo y las siembras haciendo barruntos,
y cuando la plaza cruza el capellán,
dobla la calceta, pide el rebocillo,
se prende alfileres, y con un banquillo
corre a la novena con trote de can

Doña Estefaldina, sangre de los Vargas,
teje su calceta en las tardes largas
bajo el torvo alero que pica el gorrión
¡Con qué ceremonia en los ademanes
responde al saludo de los capellanes
Doña Estefaldina desde su balcón!
Y si alguien tiene remordimientos por sus vacaciones de maestro, que dedique el tiempo a leer la estupenda biografía sui generis de Valle-Inclán (en la colección Austral de Espasa-Calpe), a cargo de Ramón Gómez de la Serna, que lo conoció de primera mano:
Roto, desvigorizado, desengañado de la esperanza de vivir mejor, me dijo:
-Créame usted... No vale la inmortalidad la vida ésta... La estoy perdiendo a chorros...
Hizo una pausa y continuó:
-Lo malo de la muerte es que hay que volver a ver a todos aquellos que afortunadamente perdimos de vista.
Una cita para tener en consideración en estos días de muertes y resurrecciones.

07 abril 2009

Damas, damas

Por azares del destino, la escritura en el blog está siempre llena de casualidades. Estaba ya prevista una nota sobre una cantautora española y precisamente hoy muere otra cantante de la misma época. Así quedan unidas en el tiempo y el espacio de este blog Cecilia y Mari Trini.
Hoy ha fallecido la voz singular de Mari Trini. Confieso que nunca he sido seguidor de sus discos, quizá porque no soy devoto de los cantautores en castellano, pero reconozco que las letras de muchas de sus canciones son buenas y la voz, desde luego, inconfundible.


Las canciones tienen un uso bastante eficaz en el aula. Los profesores de Español como Lengua Extranjera (ELE) lo saben muy bien y es muy frecuente que compartan sus actividades en el foro FORMESPA, algo de lo que ya he hablado aquí. Es un foro muy activo, tanto para encontrar ofertas de empleo, como para compartir recursos y encontrar ideas; por eso, algunos profesores de castellano como L1 también permanecemos allí agazapados, aprendiendo.
Pero, antes de tan desgraciado acontecimiento, tenía pensado hablar de Cecilia, pues es otra artista de la canción que falleció prematuramente después de habernos dejado canciones que marcaron una época. La mayoría de sus letras y melodias son rentables académicamente, pues son reflejo de una época y de sus inquietudes, como si se tratase de poemas de la década de los setenta.


Quién no recuerda, además de ese Dama, dama, otras canciones que acaban apareciendo en todos esos programas antológicos de la transición española: Mi querida España, Amor de medianoche o la inevitable Ramito de violetas.
Pero, como este es un blog con vocación trascendental, siempre hay un enredo literario entre bambalinas. Y viene a propósito de esta canción:


La canción se llama Doña Estefaldina y, por el personaje que la protagoniza, es muy apropiada para este tiempo de rezos y recogimiento. Sin embargo, ese personaje no está inspirado en la España católica del franquismo, pues remite a una época distinta. En realidad, Estefaldina y sus andanzas están sacadas de un poema de un célebre escritor español. Seguro que muchos sabéis de quién se trata, ¿a que sí?